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Sunday, January 25, 2026

La Cleptocracia: El Gobierno a Través del Fraude y del Robo




Hay una leyenda folklórica que a lo largo de muchos siglos nos ha llegado a través del cine, el teatro y la música. Esa leyenda nos cuenta la historia de un hombre que se dice fue un Cruzado. Otros lo imaginan como un noble al que le fueron arrebatadas sus tierras.

Se llama Robin Hood.

Hasta Disney utilizó ese personaje en uno de sus clásicos.

Hay quienes piensan que la historia de este misterioso caballero puede que date del siglo XIII, otros lo llevan al siglo XIV.

Pero los que vivimos en este siglo XXI, lo conocemos básicamente como un experto arquero y genio ecuestre que roba a los ricos para beneficiar a los pobres.

En nuestro análisis de hoy me gustaría que estudiáramos con detenimiento la leyenda de Robin Hood.

Historiadores tienen razones para pensar que este misterioso personaje podría haber dejado su huella más allá del gore y la leyenda.

¿Pero por qué es importante la analogía de Robin Hood?

Robin Hood, desde la retórica social comunista de nuestros tiempos, es una herramienta extraordinaria para convencer a una masa de población que el socialismo busca beneficiar a las clases trabajadoras, haciendo que los más afluentes de alguna manera paguen por ese pecado llamado “capitalismo.”

Cuando una población es endeble, idiota y buenista, un Robin Hood es un héroe que siempre verá por su bienestar, mientras el empresario y el autónomo son vistos como egoístas y viles señores feudales que no tienen derecho a haber acumulado una fortuna cuantiosa.

Para las élites actuales, Robin Hood es un ejemplo de bondad y de caridad.

Hasta el momento, en nuestro despertar diario y en nuestra propia cruzada para estabilizar el mundo, tenemos más que claro que el oxígeno y el credo de estas élites es, precisamente, el manejo oscuro de un capitalismo maltrecho y maquiavélico—pero capitalismo al fin de cuentas.

También estamos al tanto de esa narrativa fake de los globalistas y la izquierda donde los políticos y personajes mediáticos viven como dioses, pero mantienen a la población con hambruna física, emocional y espiritual.

Cuando nos ponemos a ver el fondo de toda la narrativa de nuestros enemigos encontramos que la figura de un Robin Hood, en teoría, está queriendo ser representada por el tirano que se alza como gobernante y en las plutocracias que por medio de la mentira y la falsa empatía te pueden hacer pensar que “no tendrás nada y serás feliz.”

Un lema que sustenta las propuestas de la Agenda 2030.

Pero me gustaría que pusiéramos la lupa por un instante en la frase que define a Robin Hood en el folklore: "ROBA a los ricos para darle a los pobres.”

Repito, "ROBA a los ricos para darle a los pobres."

La palabra clave es ROBAR.

Si leemos los cuentos de Robin Hood nos daremos cuenta de que hay una fineza en esa manera de robar. Robin Hood, como ya hemos aclarado, es un caballero, posiblemente de origen noble con una pericia inigualable en el manejo de armas y de oratoria.

Podrían haber incluso similitudes con el personaje de Lancelot, un mercenario que se hace con Camelot y con la mujer de Arturo, pero que es más un antihéroe que un villano.

¿Por qué hago este inciso? Porque es muy importante que cuando nos referimos a Robin Hood no imaginemos un carterista o un miembro furtivo de las cortes malandras de Venezuela.

Robin Hood es fino. Robin Hood tiene estrategias. Robin Hood tiene un plan y tiene destreza.

Entonces para recapitular lo que hemos dicho hasta ahora…

Las élites global socialistas utilizan el discurso buenista de que hay que desplomar al rico y castigarlo por la osadía de tener fortuna.

El pueblo ve en esa intención nobleza y no envidia y fraude.

El pueblo vota a Robin Hood para que represente sus intereses.

Las élites practican un capitalismo sin fisura alguna y mantienen una idiocracia en todos los ámbitos de cualquiera sea la sociedad en que se hagan estas prácticas.

Hoy por hoy, Occidente casi entero se deja regir por estas propuestas.

¿Pero qué pasaría si yo les dijera que estas plutocracias se han mantenido en la cima, y han evadido su destrucción porque utilizan el hurto para enriquecerse a sí mismos?

Siempre hemos hecho alusión—y esta debe continuar—a los inmensos arsenales de riquezas que se han llegado a acumular tanto en organizaciones supuestamente sin fines de lucro (desde la Cruz Roja hasta cualquier chiringuito pro LGTB) como en manos privadas.

La destrucción del Chavismo en Venezuela, por poner un ejemplo, ha dejado al descubierto, que la plutocracia de Miraflores se extendía por todo un continente y tenía nexos en Medio Oriente.

Sabemos que el Castro Chavismo durante más de un cuarto de siglo robó a manos llenas, algo que prometió Hugo Chávez que con él se acabaría, porque lo de él iba a ser un gobierno del pueblo.

El gobierno de Chávez fue un titánico esquema satánico (literal y figurativamente) donde el robar fue sinónimo de gobernar, y gobernaban auténticos delincuentes de cuello blanco, tanto venezolanos como sus socios narco chavistas tanto en España, Colombia, Brasil, Nicaragua, como en el Cono Sur, con un peronismo nefasto que se había propuesto no morir jamás.

El gobierno de los que roban es el tema que hoy nos atañe.

A esto lo llamamos “cleptocracia.”

La cleptocracia, del griego kleptes (ladrón) y kratos (poder), es una forma de gobierno corrupto donde los líderes utilizan el poder político para saquear la riqueza pública y los recursos del Estado en beneficio propio.

¿Conocen ustedes los Diez Mandamientos de Dios?

Pues el séptimo en la lista es “No Robarás.”

Si sabemos que robando actuamos en contra de los preceptos de Dios, toda la leyenda de un Robin Hood se cae en pedazos. No hay perdón para Robin Hood si su heroísmo lo consigue pecando.

Seguimos…

Atentos a esta frase: “el pobre es pobre porque quiere.”

Sí.

Y a esto volveremos en unos instantes.

El afortunado declive y debilitamiento de las élites globalistas, han podido permitirnos hacer un arduo trabajo de arqueología ideológica que nos ha llevado a descubrir que la terrible corrupción de Occidente está basada, entre otros muchos métodos, en el robo. El asalto. 

La cleptocracia sería explicada, usando la analogía de Robin Hood, como el robo a las instituciones que estarían sirviendo para instaurar y manejar cualquier gobierno, para dárselo a los ricos.

Pero hay más…

Atención con esto…

Un empresario puede no estar an tanto de ser parte de us esquema de cleptocracia. Un empresario que se precie de serio cumplirá con sus obligaciones fiscales. El problema de fondo está en que esas "obligaciones fiscales," podrían estar impuestas por una cúpula de poder corrupta.

Estas plutocracias podrían estarse lucrando a través del robo de un dinero que podría estar ligado a fondos públicos, o dinero de instituciones gubernamentales. 

Mantener una cleptocracia es muy complicado.

No todos los empresarios son corruptos, al igual que no todos los políticos son corruptos. Al menos no en primera instancia.

Pero el sistema de gobierno que dice ser democrático, es decir, del pueblo, es una fantasía de Walt Disney.

Los gobiernos, hasta el momento, lo controlan élites invisibles y lo controlan organismos internacionales que se alimentan de dinero de contribuciones muy cuantiosas, y que en apariencia tienen una función benéfica y filantrópica.

Pero eso es sólo eso, una fachada…

Lo que funciona detrás de esa fachada, el hombre detrás de la cortina para utilizar la analogía del Mago de Oz, es una fuente de entramados de corrupción y crimen organizado que no tenemos, por el momento, capacidad de desmembrar completamente.

Pero saber que existen es un extraordinario y más que urgente comienzo.

Sin embargo, robar al Estado no es lo mismo que asaltar a un banco de esquina.

Robar a una organización internacional o una Cruz Roja no es lo mismo que vaciar la caja a un supermercado a punta de pistola.

Al igual que la prosa de las leyendas de Robin Hood es fina y cuidadosa, el entramado que existe en una cleptocracia es también muy muy fino y depende de muchísimos cómplices, incluso cómplices que no tienen conciencia de serlo.

El Kirchnerismo en Argentina y el Chavismo venezolano tienen un sin fin de ejemplos de cleptocracias que sólo vinieron a ver la luz con la llegada de estos nuevos “vengadores” de la nueva derecha que sí tienen intención de restaurar la democracia.

Pero ninguna de estas naciones que han podido empezar a ver la luz al final del túnel, tiene el impacto global—casi podría decirse universal—que tienen los Estados Unidos.

En este segundo período de Donald Trump, afortunadamente, el mandatario se ha propuesto, por fin, drenar el “pantano” de Washington, que posiblemente, esconde en sus aguas una de las cleptocracias más sofisticadas de toda la historia.

Minnesota, un estado del que quizá no siempre hemos oído hablar como protagonista o antagonista de nada extraordinario; un estado más bien gris y empobrecido, se ha puesto en el mapa como el centro de operaciones de un robo de magnitudes impresionantes.

Robo a las instituciones del Estado. Por estado entendamos el gobierno federal.

Minnesota se ha llenado en los últimos tiempos de inmigrantes de origen musulmán. Muchos de ellos ilegales.

Específicamente de residentes de Somalia.

El gobernador de Minnesota, Tim Walz, es una figurita de torta, mediocre y manipulable que, como buen  fanático Demócrata, apoya todo lo peor de todas las diferentes ramas del wokismo existentes.

Walz saltó a la palestra por ser el candidato a la Vicepresidencia de Kamala Harris, otro títere.

Walz no sólo apoya la inmigración ilegal, sino que ha convertido su estado en un campo de refugiados somalíes de dudosa procedencia.

Otro personaje francamente aberrante en el pantano del gobierno de Minnesota es la diputada Ilhan Omar. A lo largo de los últimos diez años, este personaje se ha encargado de ser la voz cantante del terrorismo yihadista; es anti Israel hasta los huesos y se sabe que se casó con su propio hermano para obtener la residencia de Estados Unidos.

Sabremos más temprano que tarde que la llegada de Omar, así como la de Zohran Mamdani, tienen detrás dinero negro y dinero lleno de sangre.

Tanto Omar como Mamdani han llegado a infiltrarse en la política Estadounidense de la mano de la organización terrorista de los “Hermanos Musulmanes", financiada por dinero de Catar y de Irán primordialmente.

Aparte de la ideologización y la destrucción moral de nuestra civilización judeo cristiana, la presencia musulmana en Occidente ha probado ser un cajero automático para las cleptocracias de Oriente Medio.

Por qué es imprescindible saber quién es quién en el gobierno de Minnesota, porque en Minnesota se creó un esquema casi perfecto que está impactando no sólo al estado per se, sino a la nación completa.

De una manera muy sencilla esto es lo que pasó en Minnesota con la complicidad tanto de Walz, de Omar y de muchísimos otros funcionarios.

Estados Unidos contribuye anualmente con millones de dólares para ayudas a los ciudadanos de bajos recursos. Entre estos servicios tenemos el cuidado de menores de edad y bebés en guarderías.

A lo largo de muchos años, Minnesota tomaba este dinero público y en vez de darlo y administrarlo como debía, se lo robaba.

Hasta el momento se hablan de más de $9 BILLONES en fondos públicos y se estima que el fraude podría haber comenzado en el año 2018.

En medio de toda esta trama estaban residentes tanto legales como ilegales de Somalia que para beneficiarse de comisiones provenientes de estos pagos federales, abrían guarderías y centros de cuidado infantil fantasmas.

Tim Walz habría permitido que estas operaciones se llevaran a cabo en la más absoluta clandestinidad y la Diputada Omar, igualmente.

De hecho, Omar llegó a Estados Unidos con una cuenta bancaria que no pasaba de los $50,000. Hoy en día tiene una fortuna de más de $30 millones.

Para que tengamos una idea, esta señora sólo recibe un salario de $174,000 al año. Con eso lo digo todo.

Las investigaciones de la corrupción en Minnesota no han terminado, y no sólo no han terminado, sino que ya se sabe que estados como California, también a manos de los Demócratas han estado haciendo exactamente lo mismo durante años, y en California las cifras son bastante más escandalosas.

El gobierno de Trump, como es debido, ha suspendido todas las transacciones de las arcas públicas hacia Minnesota. Los ciudadanos somalíes ilegales están siendo arrestados y hay una investigación en el Congreso para la señora Omar que podría acabar con su deportación.

Pero lo más triste es descubrir que hemos mantenido y protegido una cleptocracia con nuestro propio dinero, es estudiar cómo pueden primero instaurarse y luego mantenerse por años sin ser destruidas por completo.

Para llevar a cabo un fraude de esta magnitud se deben tener en lugares estratégicos cerebros tanto brillantes como diabólicos.

El pueblo debe estar no sólo ignorante, a la par que adormecido y profundamente ideologizado, y por esto es que, volviendo al principio de este análisis, la figura de Robin Hood es un ente propagandístico excelente.

La mediocrización de toda una sociedad es menester para mantener una cleptocracia y muchísima gente está conforme y contenta con vivir en la miseria tanto económica como moral.

Las ansias de superación de millones de personas es limitada o completamente nula.

De ahí que debamos traer a colación esa frase tan trillada pero tan cierta como es “el pobre es pobre porque quiere.”

Una democracia perfecta es una especie en extinción. Quizá ya está extinta. 

Pasamos, en el caso de Europa, de monarquías absolutistas a sistemas bipartidistas que son, y lo vamos descubriendo, cómplices o protagonistas de cleptocracias.

La Unión Europea que recoge millones en contribuciones e impuestos de los países miembros, vamos viendo como se ha enriquecido a través de comisiones y de crear agendas tóxicas que destruyen toda posibilidad que un ciudadano de a pie pueda vivir del fruto de su esfuerzo.

La fundación del ex-presidente Bill Clinton podría ser, alegadamente, una cleptocracia que se ha alimentado de la buena fe de muchos ciudadanos.

El actor Paul Walker, fallecido en extrañas circunstancias en el 2013 en un accidente de carro, era también un activista de causas humanitarias que viajó a Haití como embajador de la Fundación Clinton y lo que pudo haber descubierto y que quiso que se supiera, lo llevó a un posible homicidio del que sólo ahora empezamos a esclarecer los detalles.

Desmantelar una red de crimen organizado es quizá de lo más arriesgado que existe, porque a pesar de la infinita frustración que nos causa el no ver a los culpables entre rejas, la mala gestión en un operativo de esta magnitud podría desestabilizar la economía global.

El proceso debe ser cauteloso y lento, pero como ya hemos dicho, el saber de la existencia de estas minas de oro subterráneas de nuestros gobiernos, es ya un paso imprescindible.

Mientras las autoridades hacen su trabajo (una operación que podría tardar décadas) nosotros como ciudadanos tenemos opciones.

Quizá la opción más importante nos debe hablar desde nuestra propia alma y es dejarnos consumir por una pasión sin precedentes de estar informados y de desterrar el buenismo y todo lo que entendemos por políticamente correcto.

El político, cómplice o partícipe de una plutocracia cleptómana, va a querer seguir alimentando leyendas de héroes sin capas y quiere que el ciudadano se acostumbre a una vida de tercera calidad.

Está en nuestro poder el denunciar a esta masa de gente y el de instaurar un nuevo orden de pensamiento que nos pueda llevar a la reconquista de esta civilización tan vilipendiada y abusada.

Seamos optimistas pero no conformes.

Seamos bondadosos pero no buenistas.

Seamos humildes pero no pobres.

Seamos sencillos pero no mediocres.

En esta alborada de la celebración de los 250 de la República de Estados Unidos de América, recordemos las palabras de Thomas Jefferson grabadas a fuego en la Declaración de la Independencia:

“Consideramos que estas verdades son sagradas e innegables: que todos los hombres son creados iguales e independientes, que de esa igualdad en la creación derivan derechos inherentes e inalienables, entre los cuales se encuentran la preservación de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.”

Que no puedan robarnos nunca lo que nos ha sido dado por Dios. Ejercer nuestro derecho divino es nuestra manera de dar gloria a Dios.

¡Hagamos a la humanidad grande otra vez!

Sunday, January 4, 2026

El Aislacionismo Tiene los Días Contados



La captura de Nicolás Maduro el día 3 de Enero del 2026, podría ser un parte aguas en la propuesta política de Donald Trump.

Para muchos, entre los que me incluyo, es una hazaña extraordinaria de un mandatario que no se anda por las ramas y tiene visión láser para acabar con la tiranía de un Chavismo que después de 25 años ha dejado destrucción, miseria y sangre que ni un millón de años de cárcel podrán saldar para los responsables.

Maduro es sólo la punta del iceberg.

Trump en su indiscutible estilo y con una tromba mediática hambrienta ya ha mandado mensajes a Cuba, a Colombia y México.

Su Canciller, Marco Rubio, también aseguró que se vienen cambios muy radicales en la geopolítica del continente americano.

Muchos votamos por estas medidas y muchos disfrutamos del “elemento sorpresa” encarnado en el mandatario norteamericano.

Otro grupo de personas, tan conservadoras como el mismo Trump, están en desacuerdo. Dicen estos, estar de acuerdo con el resultado mas no con las “formas” en que Trump asaltó la madrugada caraqueña con sus aviones Caza y sus imponentes Blackhawks.

Rubio confirma, ya con Maduro esposado rumbo a Nueva York donde será llevado a juicio, que a Nicolás Maduro se le dieron varias oportunidades para abandonar el poder que ilegítimamente sustentaba desde Miraflores.

Mientras tanto sus esbirros y los chavistas seguían desestabilizando Venezuela creando titulares espeluznantes.

La excusa para toda esta operación de inteligencia militar llamada “Resolución Absoluta,” fue el narcotráfico. 

Venezuela lleva años siendo un hervidero de tráfico de drogas producido en Colombia, mayoritariamente, y transportada en narcolanchas que la llevan a los puertos de Estados Unidos.

A Trump sólo le interesaba que la droga no entrara en territorio Norteamericano.

Primero destruyó a los narcos en las lanchas y su golpe final lo dio con la captura de Nicolás Maduro, uno de los cabecillas junto a Diosdado Cabello y Vladimir Padrino del Cártel de los Soles, una red de narcos quizá más peligrosa que el Cártel de Sinaloa, y con eso lo digo todo.

La gran mayoría del equipo MAGA, y nuestros aliados internacionales, han celebrado la caída del régimen Chavista.

Los comunistas y los Demócratas ya han, como era de esperarse, puesto sus pruritos. 

Como se desarrolle la política de Venezuela será un capítulo maravilloso de explorar y de estudiar en una era donde la mayoría de las decisiones se hacen cara a la viralización de narrativas e imágenes en redes sociales.

Los gobernantes de las nuevas democracias son máquinas de propaganda digital. Unos para el mal, otros para hacer el bien y convertirse en íconos del incipiente pero tumultuoso siglo XXI.

Trump es un genio de las negociaciones, pero también es brillante para callar bocas.

Ejemplos puedo poner tantos como para llenar enciclopedias, pero voy a dar uno muy interesante.

Volviendo al tema de los apoyos que obtuvimos de nuestros aliados en el exterior, adivinen quién se ha declarado en contra?

CATAR.

Con una pluma muy fina, el gobierno catarí se ha puesto a favor de la narrativa de la izquierda.

Con esto, señores míos, Trump nos deja en evidencia a un país que todos sabemos que está financiando todos los actos terroristas habidos y por haber, y que no tienen las manos limpias.

Ni siquiera se puede seguir negando que Catar robó la sede del Mundial 2022 a Estados Unidos.

Es una movida tenaz de Estados Unidos porque ahora los ciudadanos que estamos despiertos y en perenne alerta roja, sabemos quiénes son los personajes antagónicos, enemigos de la libertad.

Pero es imprescindible estudiar, a partir de los acontecimientos en Caracas, la otra la cara de la moneda.

Quiénes y por qué esta movida histórica tiene detractores.

Atención con esto: los detractores también votan y este año en Noviembre tenemos elecciones decisivas.

El Presidente Trump desde el primer día creó un lema, un moto, que nos acompañará de por vida: “America First.”

América Primero.

Este lema podría ser el elemento más importante para entender la nueva política conservadora.

Tengamos en cuenta que ese “America First” también lo adoptan todos los líderes Europeos y los mandatarios en Hispanoamérica como Milei y ahora Kast.

Tenemos a Santiago Abascal abanderando ese “España Primero,” Orban con el “Hungría Primero,” o Meloni con un “Italia Primero,” aunque a veces la veamos teniendo que aguantar el chaparrón de Bruselas sin remedio, ya que gobierna con una especie de Frankenstein de derecha moderada y centrista.

Pero ese “America First,” en el caso de Estados Unidos ha sido la piedrita en el zapato para los que no terminan de comprender que Norteamérica vuelve a ser el país más poderoso del mundo. Y ya era hora!

El “America First” se ha convertido en la principal bandera de los “paleoconservadores,” análisis que por este mismo medio hemos tocado a fondo.

Estos conservadores son primordialmente “aislacionistas.”

En muy breves palabras, el aislacionista no desea ver a Estados Unidos lidiando con asuntos internacionales, ni diplomática ni militarmente. Punto.

A lo largo de las últimas décadas, los aislacionistas estuvieron, valga la redundancia, aislados.

Fuesen conservadores o liberales, la política estadounidense se ha involucrado en asuntos de política exterior a diestra—y en varios casos–muy siniestra.

El Presidente Trump no gobierna para los aislacionistas resentidos.

Trump es, incluso por su personalidad, imposible de ignorar, pero muy fácil de odiar.

Trump tiene en mente crear unas bases en EEUU, tanto económicas como morales, que pongan el acento en la grandeza de Norteamérica, grandeza y lustro que le han robado el wokismo y el globalismo, a partir de figuras maléficas como George Soros o mismo Bill Gates, un oportunista que en los últimos meses se quiere codear con Trump y ser visto en los jardines de Mar-a-Lago.

Otro punto en contra de los aislacionistas es la vuelta a los valores religiosos de Estados Unidos. Pero oído al tambor, no protestantes, sino católicos.

Hay una ceremonia planeada para la conmemoración de los 250 Años de la República donde se encomendará a Estados Unidos al Sagrado Corazón.

Luego estaría un factor que los aislacionistas han querido sacar a colación: la impecable alianza de Estados Unidos con Israel.

Israel ha sido un punto clave para separar a los hombres de las bestias en cuanto a la política de Trump.

El americano ha sido antisemita desde hace mucho, mucho tiempo.

Las historias de la Segunda Guerra Mundial y la colaboración de figuras de élite con el Tercer Reich hielan la sangre.

Con la llegada del internet se han envalentonado voces que hasta la llegada de Trump habían tenido relevancia pero poco alcance.

Hablamos de gentuza como Tucker Carlson o Candace Owens y múltiples imitadores como Nick Fuentes, un redomado neo-nazi que de pronto ve su número de seguidores en alza con su discurso anti-Israel.

Pero el antisemitismo para los paleoconservadores tiene una variante: el movimiento sionista.

De la noche a la mañana no se habla de antisemitismo sino de antisionismo.

Nos toman a los judíos por imbéciles y eso ya está pasando factura.

La guerra entre Rusia y Ucrania se mueve a un segundo plano frente al conflicto de Israel con Gaza, donde los Tuckers mediáticos se nos ponen filantrópicos sin tomar en cuenta que Hamas, quien controla Gaza desde el 2005 (maldito el día!) masacró a más de 1,200 judíos el 7 de Octubre del 2023.

Ya quisiéramos muchos judíos que Israel no dependiese tanto de Washington, pero allí, entre las dos naciones, se ha creado una simbiosis que podría ser, por el momento, el único dique de contención de la programada invasión yihadista a Occidente y al continente Africano donde ya se han registrado subidas de hasta un 500% en ataques en contra de judíos y cristianos.

El aislacionista pretende que EEUU, primera potencia global (que no tan globalista desde la llegada de Trump) se quede de brazos cruzados para contentar a unos pocos muy equivocados.

Pero hay que hacer un inciso…

La política de Occidente es un conjunto de plutocracias veladas.

La llamada “nueva derecha” pretende quitar poder a esas élites para devolverlo al pueblo.

Pero el ciudadano americano, y todo hay que decirlo, es un pueblo con una cultura general muy básica.

Es fácil engatusar, engañar y manipular a una masa de personas que no saben cómo informarse más allá de los medios convencionales y un uso básico de redes y plataformas independientes.

Estados Unidos tiene casi 350 millones de habitantes.

El movimiento MAGA, si bien caló en más de 80 millones, debe pelear una guerra civil con varios y peligrosos frentes.

Trump es pro-Israel como no lo ha sido nadie, pero su vicepresidente tiene otras políticas menos santas. El hijo de Tucker Carlson trabaja para JD Vance. En una entrevista hace unas pocas semanas, Vance se negó a condenar las diferentes retóricas antisemitas de Carlson reiterando que el periodista es un gran amigo.

Saquen ustedes sus propias conclusiones.

Hay algo imprescindible que hay que entender. Mucha atención a este punto.

El movimiento aislacionista del siglo XXI es una cortina de humo para acabar con las políticas de Trump y de los líderes que quieran seguir su estela.

El aislacionista se ha convertido en un ser macabro y altamente subvencionado.

Es propaganda pura y dura, aliada con los enemigos de Occidente.

Todos estos personajes que hemos nombrado en este artículo están en nómina de nada más y nada menos que Catar.

Repito, Catar estuvo en contra de la liberación del Chavismo, con quien tendrían “buenas migas” puesto que a Maduro se le juzgará por tráfico de armas, junto con el petróleo, una de las fuentes de mayor ingreso de muchas mafias de Medio Oriente.

Recordemos que altísimos funcionarios de Hamas (hoy en el infierno) vivían en Catar.

Para las fiestas de Acción de Gracias del año pasado, muchas de estas figuritas de torta como Carlson fueron invitadas a Catar a cobrar y a recoger un guión para sus respectivos panfletos y canales de YouTube.

Para concluir…

El Presidente Trump, al menos en teoría, sólo podría gobernar hasta el 2028. Su apresurada agenda tanto nacional como internacional está limitada a los próximos 2 años.

Dicho esto, los que entendemos que el aislacionismo es una cortina de humo caduca y corrupta, tenemos el deber de reventar ese movimiento y dinamitar sus bases para que ya, por fin, muera y no se siga expandiendo.

¡Si eso significa acabar con las carreras políticas de republicanos con vocación presidencial, sea!

Las opciones están sobre la mesa.

Nos levantamos y construimos una estrategia y una gran Cruzada sin precedentes o nos dejamos arrastrar por el fango narco globalista que nutre a Occidente y que ya ha dejado un saldo económico y moral sin precedentes.

El lema “America First” junto a todas sus franquicias no significa aislamiento. Significa dar gloria y visibilidad a nuestras grandezas y nuestros recursos tanto intelectuales como espirituales para ser testigos de un renacimiento de nuestros valores y nuestro poderío.

Pensemos que hay que dejar un legado firme a las nuevas generaciones y que hay mucho héroe que a lo largo de siglos de historia han tenido fe, que Occidente es la mejor civilización, con creces, que se ha visto.

Y esa civilización comanda ejércitos que alzan hasta el mismo cielo el brillo inconfundible de las tradiciones judeo cristianas.

Este es nuestro momento.

El que se aisle se asila y pierde. Su nombre del polvo viene y en polvo se convertirá.

Sunday, December 28, 2025

La Polarización: Palabra Clave del Año 2025


El balance de este año 2025 es complicado y hasta agridulce. No por ello, claro está, deja de ser un año fascinante.

El 2025 es, si así lo queremos, un parte aguas entre lo que hemos venido creyendo y construyendo hasta ahora y lo que está por venir a partir del 2026.

La última década, tanto en lo político, lo cultural y lo espiritual, no puede definirse como menos que una revolución con tintes, por un lado, muy violentos, y, por otro, extraordinariamente esenciales para la reconquista de Occidente y nuestra civilización decadente.

Una palabra, en mi opinión, resume esta especie de “Estado de la Unión” de nuestro entorno:

La polarización.

Según la Real Academia Española (RAE) el verbo “polarizar” y su sustantivo “polarización” se definen como situaciones o elementos que dividen un conjunto en direcciones completamente opuestas.

Esto puede aplicarse a la psicología e incluso a la física.

Pero hoy por hoy, y lo que más nos concierne en este análisis, es la polarización en el ámbito sociopolítico y espiritual.

Según la definición oficial, por decirlo así, del verbo polarizar, lo primero que tendríamos que hacer es aclarar cuáles son esos polos opuestos hacia los que gravitamos los unos y los otros.

En infinidad de debates en medios de información, panfletos propagandísticos y redes sociales, se habla de la “nueva derecha” para definir a un grupo de personas que se han dedicado a rescatar a nuestra civilización Occidental del globalismo, la ideología woke y la invasión masiva del yihadismo.

Yo me incluyo en este grupo.

Pero si definimos una “nueva derecha,” por ende también se asume que existe una “nueva izquierda.”

Esto no es en lo absoluto cierto. Sin entrar en detalles históricos y fechas concretas, la izquierda ha sido siempre la misma. El comunismo sigue siendo una ideología peligrosa y falsaria, y como diríamos coloquialmente, una ideología para “engaña bobos” ultra radical que busca destruir el capitalismo sano de una sociedad democrática.

De igual manera, una “nueva derecha” tampoco es un término apropiado. Lo que sucede es que hemos ido despertando, muchos a cuenta gotas, otros, abruptamente.

Por siglos la propaganda ha sido manipulada y manejada para el mal.

Las redes sociales, muy rápidamente, se dejaron contagiar por esta misma propaganda siniestra e hicieron caja con ello.

Por primera vez habemos personas que hemos visto que la sociedad ha sido drogada con un éter ideológico que lleva, inevitablemente, a un precipicio.

Nuestra labor es colocarnos como barricadas frente a ese precipicio para salvar a la humanidad, muy especialmente, a las nuevas generaciones.

Quizá para muchos de ustedes puede parecer pretencioso que utilicemos la palabra “salvación,” puesto que esta palabra está íntimamente ligada a Dios, y en los cristianos del mundo, Jesús.

Pero sin ningún tipo de soberbia, si esta marcada división de nuestra sociedad no tiene sobre sus hombros la firme intención de cambiar, sanar, reconquistar—y sí, señor, salvar, podemos dar nuestra enorme Cruzada por perdida.

Cuando hablamos de polarización, y esto es importante, tampoco debemos perder de vista que ésta, no sólo ocurre en las altas esferas en medio de una cúpula intocable.

No.

Pasa a diario en nuestra vida personal, laboral y en nuestra necesidad de tomar decisiones cabales y correctas.

Hasta el momento las reglas las han puesto los protagonistas antagónicos.

De a poco, la balanza se ha inclinado a nuestro favor.

La polarización ha sido una meta, un propósito y una propuesta de los que buscan la destrucción.

De hecho, la polarización se ha producido, precisamente, porque el eje del mal es el que ha ganado estas primeras guerras—que son muchísimas.

Digamos que hasta el presente, quienes han avanzado con sus estrategias más destructivas, pero exitosas, siguen el principio de esa frase “divide y vencerás.”

Esta frase estaría atribuida al rey Felipe II de Macedonia.

Es lo que se busca con las políticas globalistas y con ese teatro absurdo de imponer cien géneros por minuto y dinamitar a la familia como ente básico de nuestra sociedad.

De los derechos para los homosexuales, ahora se exige que le demos también “derechos” a los pedófilos, en vez de mandarlos al paredón.

De pronto tenemos hasta el Vaticano hablándonos día sí y día también de una falsa crisis climática y dando la bendición a travestis y paneles de hielo.

Pero la idiotización de nuestra civilización es tierra fértil para estas tropelías y aberraciones.

Primero se abona el terreno, luego siembras. Ergo, la cosecha será abundante.

La solución estaría en no ver esa falsa abundancia y ver el terreno como un terreno que ha sido invadido por mala hierba e incendiarlo sin que nos quede ningún remordimiento.

Que arda hasta las cenizas y luego recomenzar el proceso de fertilización pero con más cuidado de no atraer pestes y frutos podridos.

¿Se entiende esta analogía?

Pero volviendo al concepto de la división, tenemos que tomar en cuenta que la división, si bien se crea para las masas, como hemos visto, esa masa se va reduciendo hasta llegar a núcleos mucho más pequeños, haciendo la polarización insoportable, dolorosa, pero inevitable.

Doy un ejemplo clásico:

Donald J. Trump.

En un diccionario de política y actualidad, la palabra Trump estaría definida como: catarsis para la polarización mundial.

No es broma.

No ha habido en el último siglo un elemento más polarizante que la figura del actual presidente de Estados Unidos.

Estamos los que lo apoyamos y están los que lo odian al punto de querer verlo muerto (y que han intentado tres veces cumplirlo)

Trump durante 50 años fue un empresario muy exitoso y un personaje mediático que se codeaba con todas las esferas sociales y políticas. Era demócrata y pro-aborto. Hasta que se casó con su actual mujer, Melania, un mujeriego empedernido.

Pero por encima de todo, un amante incondicional de su país y un alma agradecida a Dios por todo lo que pudo tener y hacer.

Cuando vio que el momento político de Estados Unidos ya estaba resquebrajado y Washington era un pantano venenoso, da el salto a la política y gana con una inesperada mayoría y una victoria aplastante, sobre todo en su segundo término.

Intentó tener su propio partido, pero entendió que la estrategia de dividir para ganar era, en su caso, equivocada y entró por el aro: se hizo Republicano.

Una vez electo presidente se dedica a cambiar las bases de ese partido para hacerlo copycat de su visión particular.

Pero el elemento problemático no es Trump, con todo y su personalidad a veces tóxica y narcisista.

Es lo que él representa y su absoluta convicción de que su país fuera grande y volviese a ser respetado después de que el movimiento globalista de extrema izquierda lo pisoteara y nos convirtiera, de alguna manera, en un felpudo.

Pero ha sido tal la propaganda en contra de esta figura en estos diez años que la división entre los que lo apoyan y lo odian, ya no sólo lo vemos en el Congreso o las élites de Silicon Valley, sino en las familias mismas.

De pronto una pareja muy bien avenida, donde uno es Demócrata, el otro Republicano, se ven las caras en un juzgado para un divorcio por “diferencias irreconciliables.”

Los dos son la misma persona que hacía veinte años atrás, pero, no, uno apoya a Trump, el otro a Biden: hay que divorciarse.

Mismo dentro de nuestro actual partido Republicano y con Trump victorioso tenemos que sobrevivir la polarización con dos alas opuestas de personajes conservadores.

Tenemos a los conservadores que queremos seguir luchando por acabar con el wokismo y ver que Estados Unidos sea valorada y respetada como la potencia que es.

De pronto descubrimos, que sin darnos cuenta, en la alborada de nuestro movimiento conocido como MAGA (Make America Great Again) dejamos entrar el ala paleoconservadora, aislacionacionista y con tendencias neo-nazis que han hecho que el antisemitismo sea más inflamable que nunca antes.

Es el mismo partido Republicano, repito, pero ha sido polarizado por la inclusión de propaganda fascista y la influencia de una cúpula económica de Catar, un tema que merece, sin duda, su propio análisis.

Divide y vencerás.

¿Quién vence?

Nuestros enemigos: el wokismo, el islam radical y el antisemitismo, que se sigue cobrando vidas en una persecución constante, ahora también desde el campo conservador que hasta estos últimos años había sido inequívocamente pro Israel.

Otro elemento a tomar en cuenta es que si bien la polarización es masiva y desde los cuatro puntos cardinales, los que planean cuidadosamente este apocalipsis son unos muy pocos con recursos económicos ilimitados.

Una plutocracia estructurada para bombardear a masas con gases tóxicos.

Por eso, volviendo al principio, el balance de estos 12 meses ha sido tan complicado y nos ha dejado un saldo de muertes súbitas que ahora nos tiene de luto.

Los muertos, sin embargo, son personas muy vivas con las que simplemente no podemos seguir compartiendo espacio.

Esto hay que aceptarlo.

Este cisma ideológico no tiene vuelta atrás.

Cuando en el siglo XVI se introdujo el Protestantismo en Europa, con todo y la Inquisición ardiendo (nunca mejor dicho!) todavía hoy convivimos con los millones de apóstoles de Lutero y Calvino.

Dicho esto tenemos que aceptar que el wokismo y el comunismo seguirán existiendo por lo que nos queda de siglo y de milenio. Lo que no podemos permitir es que tengan poder.

Allí está la clave.

Lo que está dividido se debe intentar unir y sanar. Pero lo que no tiene remedio alguno, se debe descartar. Lo dejamos claro con la analogía de la quema de la maleza de un terreno que estaba fértil pero se llenó de mala hierba.

El lado positivo de esta situación que vivimos es que nos hace reflexionar hacia un posible “darwinismo” en nuestra civilización.

Lo fuerte se seguirá reproduciendo y vencerá el tiempo y los elementos antagónicos, lo débil se irá diluyendo de a poco y esperamos poder verlo en estas próximas décadas.

Pongo un ejemplo: La Agenda 2030.

La Agenda más destructiva de nuestra actual esfera cultural y política estuvo diseñada en los 80s con la intención de que se implementara para el 2030.

La Agenda 2030 se nutre de falsa propaganda y de la idiotización de las personas y de los sistemas democráticos.

El dinero que recaudan los pro Agenda 2030 lo hacen a través de impuestos impensables y de un tráfico de drogas, armas y personas de los que convenientemente sólo hablamos los que habitamos en el polo llamado “sentido común.”

Afortunadamente, con todo y la avalancha de las políticas verdes y el wokismo exacerbado, vemos que a cinco años del “deadline” la Agenda 2030 sabemos está fracasando, aunque sus padres y madres fundadores sigan queriendo hacer daño.

La lucha contra esta destrucción masiva y este genocidio moral es imparable y nuestra intención cada vez es más afilada.

Pero si bien nuestro equipo vence de a poco, seguimos siendo un David frente a un Goliat que sólo caerá si el suelo que pisa se vuelve un terreno de arenas movedizas y en la mano no tengamos una simple honda con una piedra sino una bazuca o una espada katana.

Como judíos siempre vamos a ver la lucha de David con un extraordinario e imbatible acto de fe.

Y nosotros debemos seguir ese ejemplo.

Pero también vivimos tiempos donde el Goliat bíblico tiene mil personalidades y está aplaudido por lo peor de la humanidad.

David, como posteriormente los gladiadores romanos, tendría su honda (los romanos, espadas y lanzas) y sabría hacia donde moverse para que el sol, por ejemplo, le diese en la cara a su rival y disparar la piedra cuando este estuviese encandilado.

Eso no lo tenemos por seguro porque no estábamos allí, pero proponerlo como estrategia nos daría una certeza de cómo vencer sin vuelta atrás.

Goliat era un gigante en tamaño, pero tenía una nuez de cerebro.

David era, mental y espiritualmente hablando, un Goliat.

El tiempo apremia porque el enemigo sabe como seguir su camino de conquista y de invasión.

Las democracias se han convertido en meras ilusiones ópticas y le hemos dado paso a figuras como Trump que son más dictadores que tienen nuestro voto y venia para actuar.

Para poder seguir adelante sugiero que nos estudiemos los principios del Arte de La Guerra, atribuida comúnmente a Sun Tzu (494-544 A.C.) pero que podía haber sido escrita más de un siglo después del estratega y filósofo chino.

Estudiar El Arte de la Guerra es materia esencial incluso en clases de biología para servir de guía en cómo nuestro cuerpo lucha contra agentes dañinos y tóxicos.

El Arte de la Guerra, tema que podríamos analizar individualmente, tiene tres principios básicos, todos ellos aplicables a nuestra batalla en pleno siglo XXI.

Debemos evitar guerras prolongadas. La lucha contra la A-2030 ya va para 50 años. Eso es mucho tiempo. Nuestro despertar ha sido tardío y ahora nos toca a nuestra generación ponernos por delante de los Millennials y los jovencitos.

No todos tienen la fuerza que se requiere para una victoria decisiva.

La inteligencia. El estudio de cuál es el enemigo. Cómo actúa. Cuál es su fuerte. Cuál es su talón de Aquiles.

Por último, la preparación.

Conocernos a nosotros mismos es clave, nos dijo Sun Tzu, pero es más que hacer psicología. Es conocernos espiritualmente hablando. Es vivir con conciencia plena de cuál es nuestro propósito y actuar de la mano de Dios.

Juana de Arco, aun siendo analfabeta hasta su muerte, posiblemente estaría inspirando su estrategia en contra de los borgoñones y los ingleses, en El Arte de la Guerra.

Decía la Doncella de Orléans: “Actúen y Dios actuará.”

El año 2026 deberá ser crucial para Occidente y Estados Unidos quiere ser el Rey del tablero político, económico y social.

De la semilla ideológica propuesta por un Trump, ya germinan por Europa e Hispanoamérica, dignos guerreros patriotas con principios sólidos y hambre de victoria.

De ellos será el Reino de los Cielos.

Con su liderazgo y persistencia, nosotros, cada uno armado con fe y nuestra honda, venceremos al enemigo que buscaremos encandilar para acabarlo de una vez por todas.

El tiempo es oro.

Nuestra civilización judeo cristiana vale su peso (sapiencia, inteligencia y perseverancia) en platino y diamante.




Sunday, December 7, 2025

La Cruzada de Occidente Contra El Buenismo


En la tauromaquia, cuando un toro en el ruedo se repliega, recula y se niega a embestir, se dice que este toro es “manso.”

En la mayoría de los casos, para no alargar la faena, el toro es escoltado por cabestros (bueyes castrados) hasta el chiquero.

Para un ganadero es la peor vergüenza del mundo, y para el público, la mayor frustración que existe.

De hecho, es el público, desde los tendidos, el que pide el cambio del animal.

Para estos casos, la ganadería ofrece uno o dos toros que se lidian en caso de que los toros principales o escogidos o se hagan daño o sean mansos para las exigencias y los altos estándares del toreo.

En el toreo, no hay mayor orgullo para un diestro que un toro bravo, bravísimo, que lo pueda llevar a la gloria durante cada tercio.

El torero, frente a un ejemplar manso, tiene el deber de despertar al animal, sabiéndolo citar de acuerdo con la naturaleza que éste, el maestro, estudia en el animal que tiene por delante.

Grandes maestros han logrado sacarle orejas y hasta rabo a un toro manso.

A estas corridas, que parecen casi milagrosas, se les denomina “corridas de resurrección.”

Este Lázaro bovino pone en evidencia la complejidad del toreo, pero da gloria infinita al torero, al ganadero y sobre todo al público que se rompe en aplausos.

En la vida diaria, a los seres humanos “mansos,” se les llama buenistas.

Ese buenismo es el que hoy nos atañe en este análisis, y es quizá el mayor problema en esta lidia y lucha diaria contra todos los elementos que buscan destruirnos.

Nuestro rol en esta cruzada imprescindible es devolver la bravura perdida a una persona que ha perdido sus fuerzas, ha negado su fe y ha crecido pensando que en él no hay bravura presente ni posible—ni nada que se le parezca.

Utilizando nuestra analogía taurina, hay dos virtudes que un toro bravo debe poseer, ambas heredadas de la vaca, la madre.

Una es la bravura. La bravura es la naturaleza del toro desde que nace y bebe sus primeros sorbos del calostro materno.

El becerro, poseído por su innata fuerza, embiste y se enfrenta, muchas veces teniendo que ser auxiliado por una madre coraje que asusta a un depredador del que su hijo no se percata.

Esta bravura es la locomotora de una faena y por probar esta bravura, el torero arriesga su propia existencia.

La otra virtud, que es muy importante entenderla, es la llamada “nobleza.”

Aquí no van, obviamente, elementos principescos, la nobleza es la absoluta convicción que tiene un toro bravo de lo regio y fuerte que es, no sólo físicamente, sino también su postura frente a otros toros y a los ganaderos y sus asistentes, conocidos como los mayorales.

Ese convencimiento no ha de hacer pensar a nadie que él, el toro, es manso o atontado.

Todo lo contrario.

Cuanto más seguro de sí mismo, más noble.

Un toro bravo y noble será escogido para plazas de primera categoría.

Los toros amansados son llevados a ferias menores—o al matadero.

En esta sociedad que vivimos, el concepto de nobleza (aparte de la aplicada a la realeza) está completamente desviado de su camino; manipulado a conveniencia de quienes evitan que nos sublevemos y nos apacigüemos ante miedos muy bien administrados, a cuenta gota, pero en vena.

El resultado de esa manipulación es el buenismo.

El buenismo es una falsa percepción de lo que es la bondad, la tolerancia, la disposición hacia una persona o circunstancia. 

Un individuo, víctima de esa especie de lente rosa que es el buenismo, se ha de encontrar, sin ninguna duda, decepcionado y engañado—si logra despertar a tiempo.

Por este mismo medio, hace ya algún tiempo, hicimos un análisis sobre lo que llamamos “libre albedrío.”

Para hablar del buenismo, es imprescindible recordar que, técnicamente hablando, el libre albedrío es la capacidad que tenemos de diferenciar entre el bien y el mal.

La gran crisis ideológica a la que nos enfrentamos, precisamente, busca, con narrativas falsas, hacernos ver que lo que está mal, no lo está.

De paso, y esto es importante, se nos acusa de diferentes maneras: se nos llama nazis, fascistas, xenófobos, incultos, y una amplia retahíla de insultos de los que, lógicamente, nadie quiere ser culpable.

Si esta fórmula es aplicada a individuos intelectualmente idiotizados, los verdugos ideológicos nos ejecutarán con mucha facilidad y ni nos daremos cuenta de que hemos sido llevados a un cadalso con los ojos vendados y sin habernos podido defender.

Nos han robado nuestra bravura y nuestra nobleza.

Occidente ha pasado de ser una de las civilizaciones más fuertes y soberanas que se conocen, a ser una de las más debilitadas y aberrantes que existen.

Todo, en mucho, gracias al buenismo.

La condición del ser humano, y esto hay que decirlo cuantas veces haga falta, es la de la nobleza y la fuerza espiritual e intelectual. La física está presente, pero condicionada a las circunstancias y ante todo, al género.

De los DOS géneros, el hombre es, físicamente, más dotado que una mujer.

Esta realidad se puede ver a lo largo y ancho del reino animal, al cual pertenecemos.

El llevarnos al matadero es una tarea muy meticulosa en la cual se han empleado décadas de observación minuciosa de nuestro comportamiento y el estudio psicológico de nuestros valores familiares y sociales.

Ana Frank decía que los seres humanos eran, por naturaleza, buenos. Ella murió de manos de la peor calaña de seres humanos que existen.

Del buenismo de los judíos hablaremos en un momento.

Luego tenemos esa frase dilapidante del filósofo inglés Thomas Hobbes: “homo homini lupus,” que se traduce comúnmente como “el hombre es el lobo del hombre.”

La era que nos está tocando vivir obedece más a los principios de Hobbes, que a la fantasía de Ana Frank, con el más supremo respeto a su memoria.

Volviendo al ejemplo de nosotros, los judíos.

No hay pueblo más fuerte, valiente y resiliente que el nuestro.

Duela a quien duela, somos grandes maestros del mundo, y de nuestra filosofía de vida y nuestra religión se han hilado los principios de la civilización Occidental.

Nuestra presencia ha sido, en reinos varios, una corroboración que hay un sólo Dios, y que la abundancia existe, en todos los aspectos.

Hemos traído prosperidad y sabiduría, y quizá seamos las personas más nobles que existen.

El antisemitismo, el odio a los judíos, y esa nueva variante tan repugnante llamada “antisionismo,” nos han vuelto, aun en pleno siglo XXI, la piedrita en el zapato de muchos.

Las persecuciones a los judíos son protagonistas de nuestra historia que ya lleva casi 6,000 años.

Pero el genocidio de parte de los Nazis, esa aniquilación sistemática de más de 6 millones de los nuestros, durante la Segunda Guerra Mundial, ha marcado un antes y un después en nuestra consciencia y en la manera de pensar de muchos hebreos—por desgracia.

Sobrevivientes del Holocausto ya quedan muy pocos (benditas sean las memorias de todos y cada uno de los que murieron) pero estos sobrevivientes, aunque ya no estén con nosotros, dejaron un legado de mucho dolor, pero también, de cinco o seis generaciones que hoy, junto a todos nosotros, los judíos del mundo, debemos evitar que una tragedia de tal magnitud se pueda volver a ver.

Pero resulta que muchas de esas generaciones se han vuelto presas de un miedo atroz y ese miedo les ha marcado de por vida. 

¿El resultado? El buenismo más preocupante que existe.

Un buenismo que vuelve a ponernos en peligro y deshonra nuestras raíces.

Muchos judíos deben tener a David revolviéndose en su tumba.

Por infinitamente menos de los que hacen hoy POR SER JUDÍOS, David ya hubiera declarado cien guerras—y vencido cada una de ellas sin miramientos.

Como ejemplo tenemos La Masacre del 7 de Octubre que ha tenido a muchos judíos atrincherados viendo como una cuerda de mequetrefes y amebas funcionales se burlan de Israel.

¿Cómo es posible que haya habido tanto judío en Nueva York votando a Zohran Mamdani que nos odia con cada fibra de su asqueroso ser?

Al judío se le ha enseñado que debe ser tolerante porque esa tolerancia es la que va a combatir el antisemitismo.

CRASO ERROR.

Israel está rodeado de enemigos que nos desearían muertos mañana mismo. Hay aproximadamente 57 naciones musulmanas en nuestro perímetro, varias de ellas teocráticas que se rigen, sin tapujos, por la Ley Sharia.

Pero Israel decidió que lo mejor es ser una democracia tolerante, abierta y buenista, con un alto porcentaje de centros LGTBQ en ciudades como Tel Aviv, una ciudad gay-friendly a nivel mundial.

No podemos olvidar jamás cuando Yair Lapid izó el trapo de arcoíris en el Ministerio de Defensa. No en el patio de su casa. No, no, no. En la sede del Ministerio de Defensa, donde décadas antes dejó huella Moshe Dayan.

Eso no es tolerancia. Eso es buenismo trillado, caduco, rancio y cobarde.

Nuestros enemigos no se la pensarían para llevar a las grúas a cualquier individuo homosexual.

Hablando de homosexuales, vemos las redes sociales repletas de fotos de parejas homosexuales con una bandera palestina.

Lo peor del caso es que los árabes, frente a estas demostraciones, no hacen más que tener confrontaciones y golpizas porque su homofobia es de armas tomar (literal y figurativamente)

Vuelvo a repetir, el buenismo no es una actitud normal e innata de los seres humanos.

Somos, por naturaleza, criaturas muy bravas. Milenios enteros de guerras y conflictos nos han preparado para el enfrentamiento.

El mal llamado progresismo, es quizá el culpable número uno de esta decadencia moral que padecemos.

El buenismo es el camino más seguro a la aniquilación moral que podamos conocer.

La propaganda mal empleada, utilizada ésta para el mal, ha creado una élite “Goebbeliana” que se ríe y se mofa de nuestra debilidad de carácter.

A esta discusión, una vez más, hay que agregar otro elemento que es la compensación que se recibe obedientemente por ser buenistas, una comparación que hicimos ya con los perros de Pávlov.

Veamos otro ejemplo.

El activista y pintor Norteamericano Scott LoBaido, seguido en redes sociales por casi 800,000 personas, ha dado un testimonio maravilloso para explicar la actitud de Estados Unidos frente a la inmigración ilegal.

LoBaido cuenta que de niño, su familia para Navidad y para el día de Acción de Gracias, solía abrir las puertas de su hogar a personas sin hogar para que tuvieran una cena caliente y un techo donde celebrar esas fiestas.

Obviamente, estas personas tenían un agradecimiento infinito, y por una noche tenían cobijo, cariño y comida.

Pero el problema de la inmigración de hoy (y atención con esto que voy a decir a mis lectores en España) no ha hecho más que mostrar una despreciable ingratitud y ha llegado sólo a causar penurias y cometer crímenes.

LoBaido en su testimonio agrega que si por esas cosas de la vida, uno de sus “invitados” hubiese hecho una burla de cualquiera de la familia o de la casa donde estaba cenando, el padre lo hubiera puesto de patitas en la calle y que se congelara. Es decir, le daba su merecido.

Pero el pintor sabe que el americano de hoy en día, si el pordiosero le pide a la señora de la casa que se cambie su vestido verde por uno morado, pues iría la “missus” a cambiarse de ropa.

Eso es buenismo concentrado.

Esta conducta ya es el pan nuestro de cada día en Europa, donde la inmigración musulmana es ya casi primera fuerza y a base de miedo y de colonización mental han vuelto al ciudadano un absoluto imbécil.

Si el ciudadano es un imbécil, elegirá imbéciles y así la cadena se hace irrompible y el teatro del absurdo se llena cada vez más con cada función.

El buenismo es el umbral a la destrucción total de nuestra civilización.

El buenismo y la tolerancia llevaron a seis millones de judíos a las cámaras de gas.

Muchos de los que se negaron a obedecer la orden de kappos y la mismísima SS, murieron también, pero murieron habiendo sido valientes.

Otros con suerte, como en Sobibor, saborearon la libertad dejando a Alemania en visto.

Ahora, perseguidos por la culpa, los alemanes lideran una de las mayores tasas de invasión musulmana. ¿Y qué han hecho estos yihadistas de mala muerte?

Asesinar niños en los mercados navideños, al punto que se han tenido que prohibir los mercados navideños o tienen que tener más seguridad que La Casa Blanca.

¿Tiene sentido eso?

Claro que no…

Pero el buenismo impera.

El buenismo es el nuevo genocida de millones de personas.

Sin embargo, aquí hay que hacer una aclaratoria.

Oído al tambor…

El buenismo, ciertamente, nos mata ideológica e intelectualmente.

Pero no nos mata físicamente. Nos debilita, sí, pero podemos vivir siendo buenistas. De hecho, en los casos más extremos, el buenista piensa que esta conducta les puede salvar la vida.

¿Pero por qué hago este inciso?

Porque las personas que nos han querido convertir en títeres animados, nos quieren vivos. Quieren un mundo lleno de buenismo y apaciguados porque en esa nube de anestesia nos pueden controlar sin remedio—y sin obstáculos.

El buenismo es lo opuesto a la nobleza.

En el ruedo de nuestra sociedad, nos quieren mansos y se castiga y silencia al bravo y al valiente.

En el caso de los musulmanes, son muchos los que han pensado que las élites buscan lucrarse con un cambio radical de demografía.

Así como en una plaza el ganadero lleva a sus sobreros por si el toro es manso, las élites globalistas ya tienen negocios y chiringuitos con miles de organizaciones (entre ellas la misma Cruz Roja) para traer a millones de musulmanes con sus “costumbres” asquerosas y su adoración a la violencia más extrema y cruel que existe.

Esta teoría antes velada y vetada por ser “conspiranoica” cada día toma más vigencia y consume más oxígeno—el nuestro.

Este apocalipsis es reversible.

Pero debemos ser honestos si tenemos las condiciones para ello.

Lamentablemente, nos vemos en la triste tarea de aplicar una especie de Darwinismo, donde, inequívocamente, tenemos que dejar que las especies más débiles del ser humano perezcan víctimas del veneno del buenismo que les han inyectado a lo largo de su vida.

Mientras tanto los anti-buenistas (que deberíamos ser todos, francamente hablando) nos tenemos, una vez más, que prepararnos para una nueva ola de Cruzadas.

En el ruedo de una plaza que se precie de seria, a un toro manso se le devuelve al chiquero, donde es cambiado por uno bravo.

Tenemos dos opciones, o al buenismo se le deja atrás por inservible y débil, o nos volvemos diestros, tan pero tan hábiles que levantamos y despertamos la bravura de todos.

Me gusta lo segundo.

La Cruzada de hoy ha de ser, en lo posible, una Cruzada de resurrección.

¡Y que tiemblen nuestros enemigos y huyan al infierno de donde salieron!

Tuesday, November 11, 2025

La Idiocracia, el TNT de Occidente



La palabra “idiota” es un peyorativo que usamos para insultar a un político inútil, a un activista descerebrado o simplemente a un personaje de ficción en una película. Usamos la palabra ligeramente y la vemos inflada y viral en redes sociales.

Para nuestro análisis de hoy me gustaría que nos remontemos a los orígenes etimológicos de “idiota.”

Para ello nos vamos a la antigua Grecia. 

“Idiōtēs” (ἰδιώτης) en griego hacía referencia a un individuo aislado de la vida pública sin muchas aspiraciones y con poco talento.

Lo que ha quedado vigente hasta nuestros días y se ha ido moldeando en nuestro vocabulario es lo segundo.

Un personaje sin talento y sin vocación alguna; moldeable; manipulable, y en ocasión hasta manipulador.

En Grecia, un idiota se excluía de cargos importantes. Se le dejaba de lado.

No era ilegal ser idiota, pero era problemático.

Hoy en día ser un idiota es lo correcto, lo útil y lo imprescindible.

Se paga a los idiotas.

Se contrata a idiotas.

Se vota a los idiotas.

El siglo XXI se ha convertido en la era de las “idiocracias.”

En una sociedad idiota, la mediocridad es una reina y el ciudadano se pone a su servicio.

Agustín Laje, politólogo e influencer argentino, publicó hace dos años un libro llamado “La Generación Idiota,” y el haber puesto tan irreverente título causó mucho inri entre los críticos y, claro está, la izquierda radical.

Pero Laje supo defender el título de su obra, precisamente, porque la intención no era propiciar insultos, sino definir la palabra “idiota,” como es menester entenderla.

En su libro, Laje se enfoca en la generación Z, la batalla cultural y lo que él define como una sociedad con mente de adolescente.

Pero la idiotez no tiene ni edad ni género.

En una idiocracia todos buscan ser idiotas porque de ser idiota se come y se vive bien.

Pero idiotizar a una civilización entera no es una tarea fácil ni es un virus que vuela en el aire y contagia como una gripe.

La “idiofilia” es propicia en mentes muy brillantes y muy poderosas.

La Alemania Nazi, y, en consecuencia, todos los territorios invadidos por el Nazismo en los 30s y 40s, se concentró en idiotizar a millones de ciudadanos que durante décadas pasaron de un Kaiser a una república impúdica y decadente y a una miseria y una hambruna que era anatema para una potencia como la germana.

La idiotización del pueblo que apoyó a los Nazis no estaba siendo controlada por un pobre diablo, sino por Joseph Goebbels, para el mal, una de las personas más inteligentes y talentosas del siglo XX.

En este medio hemos analizado las leyes de la propaganda.

A una población desesperada, la idiotización y la manipulación es extraordinariamente sencilla.

Joseph Stalin y todos los líderes comunistas alrededor del mundo en el último siglo eran impresionantemente geniales y su ambición por obtener poder y control era insaciable.

Idiotizar a la población bajo el mando de estos tiranos costó más de 100 millones de vidas.

Los creadores de las redes sociales, esos millennials consentidos de Silicon Valley son bastante responsables de la idiotización de cientos de millones de individuos que a través de un arroba tienen un altavoz que muchas veces debería quedarse mudo.

Las nuevas tecnologías han sido un “parabéns” para las élites que sádicamente disfrutan de ver a idiotas germinar como mala hierba.

Gobernantes de países del primer mundo gozan de ver como los de su propio entorno (escogidos a dedo) aplauden todas las gracias y cumplen a rajatabla con las agendas ideológicas que mantendrán a la sociedad anestesiada.

El analista Victor Davis Hanson participó en el pódcast “The Independent” (El Independiente) con el Dr. Scott Atlas, experto en política y salud.

Hanson, cuando se le pregunta por los inicios de este cambio social y mental de las generaciones actuales, responde sin titubeos que en los EE. UU. todo se inició en la era de Barack Obama.

Obama hoy por hoy es un personaje tristón, empequeñecido y vapuleado hasta por su propia esposa. Está desprestigiado y cada día salen más y más datos que evidencian el supremo daño que su mandato del 2008 al 2016 hizo a la sociedad estadounidense, más que a nivel económico, a un nivel cultural y espiritual.

Obama sabemos hoy en día es lo que en inglés se conoce como un “middle man,” es decir él, por sí mismo, no es nadie, pero detrás de su campaña y sus acciones había recursos cuasi infinitos, mentes maquiavélicas y, por supuestísimo, el islam radical.

Los Obama fueron entrenados para irrumpir en el panorama político y muy poca gente los conocía de primera mano. Esto, tal vez, fue una mala señal que los americanos ignoraron por completo frente a esta figurita de torta que venía a la Casa Blanca con tonito dicharachero y con un discurso trillado sobre la “injusticia social.”

El, sí, él, Barack Obama es también un idiota.

Pero hasta el sol de hoy Estados Unidos padece la pandemia de los años peligrosos de una administración que quiso, desde el minuto uno, convertir a Estados Unidos en una idiocracia.

No subestimemos el recuento de los daños.

Obama con todo y que es una persona servil y venida a menos puso, en su día, la primera piedra para que hace pocos días la ciudad de Nueva York eligiese a Zohran Mamdani como alcalde de la Gran Manzana.

Mamdani es, si cabe, más radical y más peligroso que el mismo Obama, y sólo tiene 34 años.

Es el títere perfecto que atrajo el voto de las "Barbies" feministas, todas ellas idiotizadas por una misoginia desaforada y por chiringuitos que quieren pagar al primer postor.

Los “idiota makers” no son, en muchos casos, caras visibles.

Son, como en El Mago de Oz, el hombre detrás de las cortinas.

El perfil psicológico de un idiota es muy predecible y si nos adentramos en su biografía, en el caso de personajes públicos, vamos a ver casi sin excepción, traumas y bullying y, en el caso de las mujeres, el abuso psicológico e incluso sexual de hombres cercanos a su entorno.

Si un presidente de la república puede ser definido como un idiota, poco podemos esperar del ciudadano común.

Pero ese ciudadano ordinario no se hace idiota solo.

Hanson, en el podcast con el Dr. Atlas da en el clavo cuando analiza con lujo de detalles como ese proceso de idiotización colectiva ha sido por obra y gracia de las universidades.

Y no de ayer, ojo.

Desde hace décadas y en las universidades que creeríamos más prestigiosas y más serias se ha creado una pandemia pro socialismo y anti casi todo lo bueno entre pizarrones y pupitres y charlas en cafetines.

Yo, en lo personal, tuve mucha suerte de que en los 90s, la Universidad de la Florida Central, donde me gradué de periodismo y ciencias políticas en 1995, no estaba politizada ni ideologizada, al menos no en la cátedra de periodismo—y miren que pudo haberlo estado!

El mismo Hanson recuerda que en sus estudios de postgrado en la década de los 70s, tres cuartos de lo mismo, cero ideologización.

En Venezuela, en cambio, siempre escuché que, efectivamente, las universidades públicas sí estaban invadidas tanto por estudiantes como profesores abiertamente de izquierdas.

Pero el ambiente político de hispanoamérica siempre ha sido complejo y caldeado.

Volviendo al caso de los Estados Unidos que es el que tendría más repercusión y relevancia, la idiotización ha sido fríamente calculada, premeditada, y exquisitamente financiada por entidades que hoy sabemos no son ni americanas ni son trigo limpio.

Catar y China han aportado billones a las universidades privadas con la sola finalidad y condición, por ejemplo, que se agilice la apertura de cátedras proislamistas y de chiringuitos de estudiantes con lemas furiosamente antisemitas y antiamericanos.

La universidad Complutense de España, hasta hace pocas décadas, icónica, es hoy por hoy un nido de personajes esperpénticos que con su puño en alto se han hecho devotos y sacerdotisas del wokismo más estridente y del comunismo que, junto a Pedro Sánchez (un idiota de manual) conforman un gobierno de extrema izquierda.

Cada mañana las noticias en redes sociales nos hablan de algún imputado de la cúpula en Moncloa.

No existe un sólo personaje en el gobierno español que sea salvable.

España está hipnotizada por el péndulo de Bruselas que riega a las naciones de Europa con ideología de género, animalismo fétido y castigo tras castigo para la economía del campo que se seca adrede o se quema paulatinamente para saciar la ambición de los políticos idiotas con aquello del “cambio climático.”

Me gustaría que nos quedáramos en España por un momento quizá porque España, muy tristemente, pueda ser ya una idiocracia definida y estructurada.

Vuelvo y repito la cara de los idiotizadores del Reino de España está oculta más allá, incluso de Bruselas, donde Úrsula Von der Leyen es la emperatriz del idiotismo europeo.

No sabemos quién ha puesto a un “Lázaro político” como Sánchez en el poder. Pero se habla muy posiblemente de un George Soros y de los líderes del grupo Bilderberg que ya no son actores de una conspiración, sino que sabemos sus nombres y sus apellidos.

Al igual que los comunistas de la España guerracivilista de los 30s, Sánchez y su séquito de bufones son crueles, tiránicos y corruptos.

Las máscaras se caen, pero Moncloa sigue sin derrumbarse.

Pero a Sánchez lo protegen aliados muy cercanos.

A Sánchez, y esto es interesante, prestemos atención, lo mantiene en el poder una institución que él aborrece: la monarquía.

El gobierno del PSOE es ateo y republicano sin condiciones, pero Sánchez ha encontrado en el mismísimo Rey de España a su idiota perfecto.

Con la publicación de tantas biografías donde se comentan los pormenores de la vida privada de los actuales monarcas, y con la venia de su íntima amiga, Letizia Ortíz, Sánchez ha podido manipular a Felipe VI hasta convertirlo en un bufón de su corte.

Los discursos amorales y globalistas del rey son cada vez más frecuentes y ver a los reyes retratados con jefes de estado de izquierda es lo que adorna las portadas de HOLA.

Letizia, ella toda, una villana consumada abiertamente comunista, atea y anti-España, no pone límites a su ambición de seguir dinamitando la institución convirtiendo a sus dos hijas, la heredera, la Princesa Leonor y a su hermana, la Infanta Sofía, en dos peones inservibles para que vejen a su abuela, la Reina Emérita Sofía.

Esa desvergüenza en España es el pan nuestro de cada día.

Pero el que piense que Letizia Ortíz es una líder, se vuelve a equivocar.

Letizia es de la peor calaña de idiotas que existen, la más servil y la más dañada.

Sexo y ambición la han llevado al Palacio de la Zarzuela y ahora ella misma quiere convertir a la Infanta Sofía en una inútil.

Ha salido a la luz que los monarcas pondrán a su segunda hija a cursar en una universidad llamada “Forward College” una institución con su sede principal en Malasia y con franquicias como la de Lisboa donde entrará la infanta.

“Forward College” es una universidad donde se puede obtener un diploma de idiota pagando cientos de miles de euros.

No hay exámenes. Los estudiantes se centran en participar en charlas y se crean soldaditos rasos para el activismo de la Agenda 2030.

Estas universidades elitistas están planeadas para ser atendidas por estudiantes que nunca tendrían que preocuparse por trabajar y ganar un sueldo, pero son pro activismo radical rojo amapola.

Casi todos los alumnos provienen de casas reales, aristocracia rancia y niños mantenidos por sus padres con mansiones en los Hampton.

Cuando se han desgranado las protestas violentas en las universidades estadounidenses se recalca el papel protagónico de este tipo de alumnado. Muchos de ellos han llegado, incluso, a quemar sus diplomas en protesta de sus causas inútiles como la de “Free Palestine.”

Hanson comenta que muchas empresas de prestigio ya han optado por no aceptar candidatos que vienen de las conocidas “Ivy Leagues” como Harvard o Columbia, dado que estos empleados lo único que hacen es polarizar, politizar y poner en visto a sus compañeros y colegas.

El germen de la idiotización empieza en las escuelas y en los hogares.

Cada vez hay más mujeres que anteponen sus ambiciones profesionales sobre la crianza de los menores.

La violencia e hipersexualidad de nuestra cultura del entretenimiento ha creado madres solteras por montones y los “idiota makers” promueven cualquier cantidad de políticas que dejen en sus víctimas visibles e irreparables traumas como es, por poner un ejemplo, el aborto.

El idiota paga por seguir viviendo en la comodidad de su idiotez.

De allí que los idiotizadores hayan construido minas de oro que superarían en tamaño, con creces, la altura del Monte Everest.

El idiotizador es creativo en su labor de fabricar imbéciles, pero es inmune a sus propias estrategias.

Puede que uno u otro caiga en la cárcel por crímenes o fraudes, pero las cabecillas se echan aire en Mónaco y veranean en Dubai.

Afortunadamente, el vaporizador que idiotiza ya ha saturado tanto el ambiente que se ha empezado a ver el efecto contrario a lo que inicialmente se habría querido lograr.

Muchos ya llevamos máscara anti gas y estamos inmunes al proceso de idiotización masiva.

Esto es un plus, pero es, por el momento, un proceso lento.

En política, el antídoto ha sido la elección de muchos líderes que no son políticos profesionales.

El caso de Donald Trump o el de Javier Milei saltan a la vista.

El otro antídoto que ha probado ser exitoso es la popularidad, es el despertar del orgullo patrio y la vuelta de los jóvenes a los valores culturales y religiosos tradicionales.

Volviendo al caso de España, es la generación Z la que cunde las plazas de toros y las manifestaciones del partido patriota y soberanista Vox, con Santiago Abascal a la cabeza, que huyó hace más de una década del Partido Popular que cayó en la idiotización globalista de Bruselas.

El auge maravilloso de lo que yo llamo “patrioterapia” ha sido menester para verle a nuestra civilización moderna la luz al final del túnel.

Pero el enemigo, el “idiotalover,” no tiene ganas de rendirse ni remotamente.

Las elecciones de Nueva York, la de Irlanda y la triste derrota de Geert Wilders en los Países Bajos son señales de que hay más idiotas que lo que pensábamos, sólo que estaban escondidos como a la expectativa.

No habían pasado ni 24 horas del fatídico triunfo de Mamdani cuando de pronto Time Square en Manhattan quedó invadido por mahometanos rezando cara a su Meca.

El islamismo necesita su propio análisis.

Pero entre los idiotizadores del mundo, se cuentan varios Mohammeds y Alíes.

Ahí lo dejamos.

La Cruzada anti idiota apenas comienza y tiene alcance y tiene toda la esencia de ser una batalla por la salvación de Occidente. Una batalla de índole divina, sin duda, que nos hace a todos un poco más cada día, un templario del siglo XXI.

Entender de raíz que se busca mediocrizar a una sociedad entera nos lleva a encontrar la salida a la luz.

Nuestra lucha es de “aliado makers.”

La pira fúnebre de los socialistas y globalistas caídos en desgracia se acrecienta política y mentalmente hablando.

La fumigación ideológica, como la libertad avanza con prisa y sin pausa!

Decía el político y escritor francés Víctor Hugo (1802-1885):

“Nada hay más estúpido que vencer, la verdadera gloria está en convencer”

El idiota de manual quiere tener la razón en todo e ir por la vida como una cabeza de ratón engañando a diestra y siniestra al que quiere ver en él un león fornido.

El león del siglo XXI no va con pompa ni busca el estallido de bombas.

Su integridad convence al que el que con ínfulas pretende hacer creer que vence.


Sunday, October 26, 2025

El Halloween: Un Caldero Ideológico Oscurantista y Peligroso


Comenzaremos este análisis de una forma inusual...con un fake news!

¡Aquí va!

El Presidente Nayib Bukele, acaba de anunciar en la televisión nacional que se prohíben en El Salvador todas las celebraciones de Halloween.

Bukele las ha denominado “las fiestas del Diablo.”

En su lugar El Salvador tendrá fiestas dedicadas a Dios. Sería, agregó el mandatario, “una fiesta de la luz.”

Esto es falso. Corrió por redes como pólvora y hechizó a muchos usuarios.

No es cierto, pero si lo fuese tuviese todo el sentido del mundo.

El enorme esfuerzo que ha hecho Bukele de espantar a las Maras Salvatruchas y sus M13 para despacharlas a La CECOT, no es sólo un trabajo de las autoridades terrenales.

Es obvio que para Bukele levantar a los salvadoreños de la oscuridad y el terror es una Cruzada sacra y personal.

No debería extrañarnos que aunque "fake news" el mismo Presidente Bukele haya querido que esa medida suya, sin precedentes, fuese viral.

Pero vamos a plantearnos una hipótesis.

Pudiera ser necesario acabar con las celebraciones a nivel mundial de Halloween?

Empecemos.

¿Es el Halloween, denominada también La Fiesta de las Brujas, un instrumento ideológico para dañar a las masas?

Por daño nos referimos, claramente, a un daño irreversible mental y espiritual.

Primero que nada recordemos que el Halloween no empezó siendo una noche de disfraces y de caramelos para los niños.

Los orígenes de lo que se conoce como “Halloween” se deriva de las fiestas paganas de los Celtas, durante la celebración del “Samhain,” la época de recoger la cosecha.

Para ahuyentar a los “malos espíritus” los campesinos solían ir disfrazados y creaban hogueras gigantescas para celebrar su buena fortuna.

La conquista de los territorios celtas por la Iglesia Católica, adoptó estas fiestas denominando el día 1.º de noviembre como “El Día de Todos los Santos.”

En inglés es “All Hallows Day.” La palabra “hallow” es un término reverencial para los santos.

El día previo, es decir, el día 31 de octubre, se denominó “All Hallows Eve.”

De allí se generó, o quizá deberíamos decir, se “degeneró,” la festividad de Halloween.

Halloween está arraigado con mucha profundidad en la cultura Norteamericana y la Canadiense.

A partir de la última semana de septiembre y todo el mes de octubre, Halloween hace una marcha triunfal por el calendario, los comercios, las calles, las fachadas de los edificios públicos y, claro está, los hogares.

De esto hablaremos en profundidad en unos instantes.

Afortunadamente, mi familia no celebró nunca el Halloween cuando éramos niños. Quizá mucho tenía que ver con que, por un lado, en mi lado paterno, todos son Católicos, y para el catolicismo, al menos en teoría, el Halloween es anatema.

Por otro lado, mi familia materna, y yo, personalmente, somos judíos.

El judaísmo por estas fechas celebra el Sukkot, también haciendo alusión a la cosecha y Simchat Torah, el comienzo de las lecturas de nuestro libro sagrado, y, desde hace dos años, una fecha donde recordamos La Masacre del 7 de Octubre y la liberación de los rehenes. Casualmente (o maravillosa serendipia) ambos sucesos ocurrieron en los días de Simhat Torah.

Quizá los horrores del 7 de octubre serán eternamente lo más cercano a un Halloween, pero Halloween siempre se quedaría corto.

Bueno, volviendo a nuestro tema.

Halloween es una fecha celebrada a nivel mundial, dada la influencia de Estados Unidos, culturalmente hablando, en todos los rincones del planeta.

Durante la noche del 31 de octubre, muchas personas se reúnen para tener en casa una fiesta de disfraces.

En el caso de Florida donde hay tantos parques temáticos, todos, sin excepción tienen noches de Halloween con decoraciones y entretenimiento bastante extremo con efectos de sonido, actores, efectos de luces y muchas imágenes perturbadoras.

El que menos quizá sea Disney.

Y, sí, ciertamente, fue con Disney que yo conocí las historias de Halloween.

En una compilación de historias cortas con Mickey Mouse, que incluía segmentos con todos los personajes principales de Disney, conocimos, por ejemplo, la leyenda del Jinete sin Cabeza.

Pero esa película la veíamos en cualquier momento del año, no en Halloween específicamente.

Aquí quiero que hagamos una reflexión.

Las fiestas de Halloween tienen mucho que ver, o diría yo, casi todo que ver, con niños y adolescentes.

¿Por qué?

Porque lo más llamativo del 31 de octubre es que cientos de miles de niños van de puerta en puerta pidiendo caramelos y chocolates, todos ellos con disfraces muy originales y hasta podría decirse hasta que adorables, y allí podría estar el truco.

De hecho esa actividad que parece tan inocente se llama en inglés “trick or treat” (truco o trato)

Esta tradición también tiene sus orígenes celtas durante la festividad del Samhain.

Los campesinos iban de puerta en puerta intercambiando la cosecha por canciones u oraciones.

A partir del siglo XX, para los niños, ir de puerta en puerta a por caramelos y dulces es una estampa de Halloween para la que no se escatiman esfuerzos ni gastos.

Hay que decir que esta colecta de los pequeños se hace bajo mucho escrutinio y los pequeños van acompañados por chaperones, o mismo, por sus padres.

Como no han faltado las tragedias y los casos de envenenamiento, muchas actividades de “truco o trato” se hacen en centros comerciales o en ambientes muy controlados.

Pero no hay resguardo en estas fiestas para el alma.

Aquí nos vamos a adentrar en una temática controversial pero imprescindible de mencionar y denunciar.

No sólo los antiguos y los neo paganos celebran el Samhain y no sólo los católicos celebran a sus santos.

El Satanismo ha incorporado Halloween como una de las “fiestas” más importantes de su calendario oscurantista.

El Satanismo es un culto a Satanás, tal y como lo describen las escrituras religiosas y con una imaginaria trinidad paralela a la del Cielo.

Un satánico besa los pies de una entidad ficticia. Eso lo tenemos claro.

Pero alrededor de esta figura hay rituales esperpénticos, sacrificios, magia negra y una devoción demoníaca que ha atraído a muchísimos jóvenes que se han querido “rebelar” contra los principios judeo-cristianos.

Halloween en los últimos tiempos se ha vuelto más extremo y más oscuro.

Los disfraces son cada vez más tétricos y, es quizá desde el Satanismo donde se han expuesto los peores horrores que suceden en nuestras comunidades en preparación para el Halloween.

La cadena CBN (Christian Broadcasting Network), muy popular entre el público americano, ha tenido entrevistas con varios ex-satanistas que, aparte de dar testimonios de fe, hablan sin tapujos de lo que es el Halloween desde un punto de vista religioso.

El caso de Riaan Swiegelaar, por ejemplo.

Swiegelaar fue un alto sacerdote en la “Iglesia de Satán” hasta el 2022, donde tuvo una epifanía y se convirtió al cristianismo.

En su paso por CBN así como numerosos pódcasts, el ahora activista cristiano, que es oriundo de Sudáfrica, explica la gravedad de que tantas familias se hayan adherido a celebrar Halloween sin tener ni remotamente en cuenta el daño espiritual de estas fiestas oscurantistas.

El otro caso, muy interesante, es el del Pastor John Ramírez, un hispano que fue practicante satánico desde los 8 años hasta los 33 años.

En esos años, adquirió “prestigio” en los altares de “Satán,” se casó un día de Halloween y su ceremonia fue toda inspirada en rituales satánicos. Luego introdujo a su hija en las prácticas.

Desesperado y habiendo visto múltiples horrores, se convirtió al cristianismo y, al igual que Swiegelaar, dio testimonio de su fe y se ha creado un amplio grupo de seguidores a los que ayuda a salirse de religiones paganas y del satanismo.

Ramírez, en una entrevista de la CBN, dice algo que no debe pasar desapercibido. El detalle de los caramelos y chocolates.

Dice él que no se sabe qué puede haber pasado con esos chocolates y que de primera mano sabe que hay muchas familias que “rezan” y hacen rituales utilizando los caramelos como “ofrendas” para luego dárselo a los niños.

Swiegelaar, personalmente, ha ido a más.

El activista sabe que durante el mes de octubre aumentan estrepitosamente los casos de personas desaparecidas y de animales callejeros.

Las personas en cuestión son los más vulnerables, como personas sin hogar o vagabundos.

¿Por qué?

Porque son raptados para sacrificios, muchos de ellos de las iglesias satánicas.

Más que asustarnos como una novela de Stephen King, debe hacernos saltar las alarmas, porque no nos debe caber la menor duda de que esto, lo más seguro, es verdad.

¿Por qué no se habla con más soltura o con más conocimiento de causa?

Quizá la respuesta está en que, como tantos intentos de idiotizarnos o ideologizarnos, los medios convencionales vetan este tipo de conversaciones.

Vivimos en una era donde el “piensa mal y acertarás” va a misa.

Cada día nos damos cuenta de que somos un conejito de Indias para todo tipo de experimentos sociales y, sí, espirituales.

A una sociedad adormecida e ignorante es fácil meterle gato por liebre y hacerle creer lo que sea que convenga a las grandes élites económicas e ideológicas.

Al lado de estos rufianes, y sus aliados en la política y los activistas pro terrorismo y barbarie, la supuesta Iglesia Satánica es un niño de pecho.

La sociedad Occidental tiene un problema con Dios gravísimo.

Subconscientemente, cada vez más el Halloween toma más importancia y no nos debe extrañar el porqué.

La razón es muy sencilla…

Atentos a este dato…

Este 2025, las celebraciones de Halloween (mercancía, entradas de eventos, disfraces y decoración) proyecta recibir alrededor de $13 BILLONES.

BILLONES.

¿Nos vamos entendiendo?

Pelearse con Dios y abrir portales espirituales tenebrosos es un negocio.

Un gran negocio.

¿Y quién está al centro de ese negocio?

Dos de los pilares fundamentales de nuestra sociedad: los niños y las familias.

Es importante ser repetitivos.

El Halloween en estos últimos tiempos se ha vuelto extremo.

Si nos adentramos en cualquier vecindario, incluyendo el mío, vamos a ver decoraciones funestas en los jardines y porches de muchas casas.

Esta es un área de casas grandes de familia con niños y adolescentes.

Las fachadas están cubiertas de luces que titilan.

Las paredes tienen muñecos animados con los ojos rojos titilando y cuando se acerca alguien emiten sonidos de terror y risas macabras.

He visto muñecas ahorcadas colgando de los árboles con el rostro de la niña del Exorcista o la “Niña de la Curva.”

Da miedo.

Soy una mujer adulta, pero pasar al lado de estas casas me provoca mucho temor.

¿Por qué alguien querría tener esta fantasía fantasmagórica en su propia casa? ¿Delante de sus jardines, alrededor de niños?

Muy fácil…

Se ha entregado al mensaje de que todo parezca un juego, una diversión.

No quiero parecer esotérica, pero estas imágenes tienen un poder energético y lo que más inspiran es horror.

Tanto Swiegelaar como Ramírez están profundamente preocupados de que familias que se dicen cristianas hayan caído en una trampa donde unos se lucran y ellos se condenan.

Para los satánicos todo tiene una simbología.

Pero para el resto del vulgo, aún los no religiosos, este extremismo y ese querer arrimar el hombro al ocultismo podría estar creando, si nos apoyamos en las leyes universales, como la Ley de La Atracción, una terrible nube negra de la que ahora queremos libranos, siendo nuestra sociedad la que la puso sobre nuestros cielos.

Para ilustrar esto, hagamos un inciso del que ya hemos comentado en un artículo que publicamos sobre Haití, su deplorable decadencia y su hundimiento económico.

Un estudio publicado en los 90s, en los cuales basé mi reflexión, daban crédito a que mucha de la miseria de Haití podría provenir de la abierta práctica del voodoo y otras religiones oscurantistas.

En Venezuela, santeros y paleros también son vistos en auge.

En México los rituales a la “Santa Muerte” son parte de la tradición.

Queriendo ser muy inclusivo, al fallecido Papa Francisco se le vio departiendo en una ceremonia a La Pachamama.

Se ha hecho muy accesible, material e ideológicamente hablando, diluir la presencia de Dios en nuestros hogares y en nuestro día a día.

De a poco, muchos valientes en redes denuncian prácticas oscurantistas de parte de los artistas e ídolos de la juventud.

Jennifer López, por ejemplo, pertenece a la Santería hace muchos años, con un grado equivalente a sacerdotisa.

Hay detalles escabrosos donde, alegadamente, López, hizo sacrificio a un gallo, para invocar protección a su matrimonio con el también actor Ben Affleck.

Pues el gallo murió en vano, puesto que la pareja se divorció sin haber llegado a los dos años juntos.

Pero el paganismo y el voodoo y ahora también el satanismo se han hecho ver como una diversión, y de ninguna manera, una provocación, que es lo que es.

Tener la mente abierta no siempre es la solución.

En una mente abierta pueden entrar pensamientos manipulados y no nos vamos a dar cuenta. Hay poco o cero discernimiento y está también esa costumbre de seguir a las masas.

Si mi vecino tiene una calabaza, yo tengo diez.

Si mi vecino tiene un esqueleto en su puerta, yo voy a emular La Casa Embrujada de Disney (donde, por cierto, acaba de morir una mujer del susto, al tener una condición cardíaca que no había sido diagnosticada)

Es menester decir que el puritanismo radical o el pensar en un Tribunal de la Inquisición no es, en lo absoluto, ideal.

Pero una consciencia de que estamos atrayendo miseria y oscuridad a nuestro entorno, eso hay que enfatizarlo.

Nuestra sociedad está corroída y corrompida moral, política e ideológicamente.

Estamos luchando a capa y espada para traer cordura y eliminar cuanta agenda exista donde la diana sean precisamente los menores de edad.

No debe ser noticia que Walt Disney World, como empresa, se haya querido meter de cabeza en la celebración de un Halloween.

Lo de ellos es, y siempre ha sido, tomar una jugosa parte de este pastel ideológico que ha contribuido a que todos los mensajes anti familia y anti tradicionalismo corran por los hogares y los comercios como pólvora.

El reacondicionamiento de una sociedad perdida es arduo.

Victorias hemos contado muchas en estos pocos años, pero los que son enemigos de esta vuelta a la sensatez tienen armas secretas, ases maquiavélicos y tienen aliados escondidos detrás de estas casas demoníacas que pretenden parecer casas familiares.

En Estados Unidos sería imposible prohibir el Halloween.

La difusión del verdadero significado detrás de ese “truco o trato” o la abiertísima alusión al oscurantismo con imágenes de terror debería ser muy bien explicada.

Sí que hay, por supuesto, decoración muy infantil que no pareciera hacer daño alguno, pero de esas decoraciones y de un Disney lleno de calabazas se asciende a que una casa pareciera el plató del Exorcista o la casa de Michael Myers (el protagonista, precisamente, del clásico ochentero Halloween, donde Myers es un asesino en serie)

La fiesta dedicada a los santos debe ser una fiesta solemne. 

Es muy posible, que la canonización del ahora San José Gregorio Hernández, haya tenido que esperar muchos años dado que su imágen estaba, y seguro sigue estando, ahora con más auge, en los altares paleros o Marialionceros de Venezuela.

Es un proceso de renovación de nuestros valores y un giro de 180 grados en nuestra educación.

Hay daños irreversibles.

Pero nos hace falta, y aunque se lea como un lugar común trillado y cansino, ser un dique de contención.

A partir de ser resistencia y poner un alto a la destrucción, nos hacemos ingenieros y guerreros de la luz y reconstruimos los puentes que nos acercan a Dios, como nunca y más que nunca, jurando que jamás los quemaremos—y a nuestras almas con ellos.






Sunday, October 19, 2025

La Bandera como Símbolo de Decadencia Ideológica



Quisiera recordar aquellos tiempos en que mirar una bandera, especialmente, la nuestra, la de nuestro país, tenía un significado, un valor.

En Venezuela, en nuestro colegio, ese momento de izar la bandera era el más solemne cada mañana, junto al himno y el “Padre Nuestro.”

No estudié en un colegio religioso, pero sí en una institución con tradiciones.

En mi caso–mis banderas, técnicamente tengo tres banderas reales (Estados Unidos, Francia y Venezuela) y dos simbólicas (Israel por ser judía; España por sefardita)

Pero volviendo al tema.

Llamamos a nuestra bandera, un “símbolo patrio.”

Símbolo.

Vamos a poner el acento en esa palabra. 

Una bandera representa algo. Una bandera es un idioma universal frente a un edificio público o una plaza o, incluso, todos esos tan degradados organismos internacionales.

La bandera es un estandarte.

En las Cruzadas se llevaban estandartes para dejar en alto el nombre de Dios y de una nación.

Juana de Arco, hasta el momento de su captura, y en cada guerra, llevaba en alto una bandera, un estandarte, con las palabras “Jesús-María” y la Flor de Lis.

Viendo a esa bandera y quién la portaba, inspiró a los soldados a cambiar el rumbo de Francia y hacer de una niña campesina una leyenda viva.

Pero, de pronto, con la entrada del siglo XX, y sin duda, en este primer cuarto del XXI, la bandera, una bandera, tiene otro significado—y otras funciones, no menos que siniestras y cuestionables.

Hemos comentado en muchas ocasiones lo que sucedió en la década de los 80s con la mediatización y la consciencia que se creó con el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA)

De un momento a otro el foco se puso entero sobre la homosexualidad y las prácticas alternativas de interacción sexual y afectiva.

Grandes celebridades como fue el caso de Elizabeth Taylor se hicieron de la noche a la mañana activistas en pro de hacer toda investigación posible sobre el SIDA.

Taylor había perdido a un gran amigo y colega, Rock Hudson, que nadie podía imaginar fuese gay—pero lo era, muy promiscuo, por cierto, y murió de esta terrible enfermedad.

La aparición del SIDA también trajo consigo una ola de controversia, donde el homosexual era señalado exponiendo su privacidad, cuando, por décadas, su sexualidad era un secreto con siete llaves.

¿Qué sucedió después, a partir de los 90s y con la entrada del nuevo milenio?

La politización, y por ende, la monetización, de las prácticas de la homosexualidad abiertamente y de los supuestos grupos que defendían los “derechos” de los gays.

El hombre o la mujer gay, pareciera que eran de otra especie, ajena a la humana, que necesitaba de protección lo mismo que un chimpancé o un tigre siberiano.

¿Qué pasó?

Se había creado una fórmula de hacer dinero y robar recursos a diestra y siniestra. Que no nos quede la menor duda.

La aparición de lo que definimos como “lobbys” se popularizó hasta en Hollywood y la agresividad de este activismo no vio límites.

En los últimos años, precisamente, de esta “moda ochentera,” por decirlo de alguna manera, se ha creado esta degeneración a la que muchos denominamos “wokismo,” y que es el pan nuestro de cada día de esta izquierda radical que sólo recluta odio y promueve miseria.

Estos mismos lobbys y activistas de pronto tuvieron una idea de utilizar el calendario para designar el mes de junio, como el mes del “Orgullo Gay.”

De los primeros en adoptar estas tradiciones fue la compañía Walt Disney World.

Hablo de primera mano, porque yo trabajé allí cuando en el mes de junio se instauró el primer “Gay Day” en el Magic Kingdom, una velada para parejas homosexuales donde iban a disfrutar de los restaurantes y el entretenimiento.

De a poco, las fiestas del Orgullo ya no eran sólo exclusivas, muchas de ellas de noche, sino en plena luz del día—y con la presencia de menores de edad en el entorno.

Al principio los padres ponían el grito en el cielo…y luego fueron los mismos gays los que se empezaron a convertir en padres y ya no era un día o un fin de semana, sino todo un mes, y así, casi que el año entero es dedicado a promover el fetichismo gay y las aberraciones más inesperadas.

Pero estas fiestecitas del orgullo en el 2019, por ejemplo, en la ciudad de Los Ángeles (CA) generaron más de $74 millones.

Esto es sin contar la mercancía a nivel nacional; la propaganda hecha en redes sociales y la saturación de películas con apariciones clave de parejas homosexuales sin censura y con coreografías sexuales grotescas.

Paulatinamente, la homosexualidad fue tomando terreno y, como era de esperarse, alzaron bien alto su bandera.

El trapito de arcoíris era izado en edificios públicos y hasta el Ministerio de Defensa israelí, alguna vez dirigido por el magistral Moshe Dayan, también llegó a portar la bandera multicolor.

En estos tiempos tan turbulentos, cuando pensamos que nada podía ir a peor, la idea de crear nuevas banderas y acostumbrarnos a verlas, y casi obligarnos a portarlas, se incrementó en un mil por cien preocupante.

Quisiera, por otro lado, aclarar algo que es importante. Plantear este análisis y hacer las críticas que se deben hacer, no nos hace, en lo absoluto, homofóbicos.

He trabajado por muchos años con gente homosexual y no tengo, en lo personal, nada en contra de ellos. Pero no me adhiero a los lobbys ni permito que me ideologicen.

Como dato curioso, sobre todo, en períodos electorales, se puede constatar que hay muchos votantes gays que son de derecha, y muy convencidos de ello.

La razón? Pues que nosotros los tratamos como seres normales y no como extraterrestres a los que hay que señalar como gente fuera de orden, como ya hemos mencionado.

Otra bandera que vamos a mencionar es la de la “transexualidad.”

Una persona transexual es un hombre o una mujer biológicos que alegadamente sufrían “disforia de género,” es decir se sentían fuera de lugar con el género con el que habían nacido.

Esto es real, pero muy muy poco común.

Sin embargo, de los creadores de los lobbys gays ahora también se ofrecía “protección” a una serie de condiciones que estaban cumpliendo un propósito en las agendas ideológicas de las que hemos tenido que aprender a defendernos.

Hagamos un inciso.

Ninguna de estas fiestas del orgullo o la promoción de la “transexualidad” sería posible en una población no condicionada para ello.

Es un proceso.

Para que de pronto Occidente caiga, o mejor dicho, decaiga, en esta oscuridad sin piedad ni fondo, hubo que condicionarnos a ser tolerantes y buenistas.

Los incentivos económicos, sin vuelta de hoja, ayudaron infinitamente.

Pero es que para izar estas banderas hacen falta muchas manos, no crean.

Me gustaría que volviésemos a la temática de los transexuales para ilustrar esta hipótesis.

Una persona que siente que no ha nacido en el cuerpo correcto, no nace loca. 

La vuelven loca.

Primero hay que destacar que la nuestra es una sociedad sin Dios.

Cuando sacamos a Dios de la ecuación, vemos con nuestros ojos un inevitable apocalipsis de principios y de sensatez.

Luego hemos de enumerar cuántas personas se benefician de estos seres desquiciados que de verdad se creen haber nacido en un cuerpo opuesto al que tienen.

Cabe recalcar que son poquísimos los transexuales que admiten abiertamente que sufren una enfermedad mental. La disforia de género es una enfermedad mental (como lo fue la homosexualidad hasta los años 50s)

Pero ante la posibilidad de hacer caja, son muchas las personas que se llevan su buena porción del pastel: falsos terapistas, farmacéuticas, activistas y políticos.

Entre uno y otro hay subcategorías.

La terapia hormonal, por decir un caso, puede costar entre $30 a $500 por sesión.

Agarren una calculadora y multipliquen estas cifras por la cantidad de víctimas de la propaganda que se someten a estas terapias, e incluso a operaciones de alta cirugía para transformar su cuerpo.

Viendo el rotundo éxito de llevar banderas como “modus vivendi", había que implementar medidas para seguir acaparando supuestas víctimas de la incomprensión social y así han llegado a los niños.

De acuerdo con el diario digital español, La Gaceta de la Iberosfera, la ciudad de Berlín, la capital de Alemania, registra más de 2.400 cambios de sexo, 194 en menores y uno en un niño de 4 años!!

¿Qué puede saber un niño de 4 años de género? Nada.

Pero se ha comprobado que las madres son un componente fundamental en el activismo pro transexualidad en menores.

La abierta propaganda de que hay que iniciar a los niños en terapias hormonales proviene de las redes sociales sin control alguno y de las consignas más que falsas, de que cualquier inquietud de un niño o un adolescente es porque es transgénero.

Pero hay más...

Para dar visibilidad máxima a lo que se conoce como el colectivo LGTB, la política no ha hecho más que ser un amplificador desvergonzado de estas ideologías.

Quién puede olvidar la fiesta del "Orgullo Gay" que ostentó Joe Biden junto a Kamala Harris con la asistencia de drag queens y de activistas transexuales en paños menores?

Fue inaceptable.

Quizá esta imagen de bacanalia en la casa del Presidente de Estados Unidos haya contribuido a que los Demócratas hayan perdido las elecciones.

Tema para otro ensayo.

En los últimos años hay estudios y encuestas realizadas donde se ha comprobado que la “bandera” de los transexuales es más una especie de "banderilla" en nuestra sociedad, para picarla y excitarla y hacerla embestir con sus peores instintos, dado que un altísimo porcentaje de violencia y crímenes son perpetrados por transexuales o personas afines a ellos

Tal fue el caso de Charlie Kirk el pasado 10 de Septiembre a manos de un joven que estaba teniendo relaciones con un hombre biológico que estaba transicionando a mujer (aparte que tenía nexos con grupos radicales como ANTIFA)

Y esto, precisamente, nos lleva al análisis de otra bandera y muy negra: las de grupos terroristas.

Las banderas de grupos terroristas como ANTIFA o Isis agrupan odios colectivos y son un llamado a la violencia y el horror y la crueldad.

Estas banderas también tienen detrás un ejército de relevantes inversores como el caso de un George Soros o Catar que se divierten cambiando el orden del mundo y viendo caer los valores judeo cristianos como barajitas.

Hablamos de billones, no donaciones de $5 mensuales.

Pero, muy afortunadamente para nosotros, nuestras batallas, aunque muy a cuentagotas, se han ido despertando y contamos con victorias cada vez más relevantes.

La llegada de Donald Trump al poder en EEUU o un Viktor Orbán en Hungría, Giorgia Meloni en Italia, y claro está Javier Milei y Bukele, son excelentes banderas para luchar en contra de los constantes ataques a la sensatez y la cordura moral.

El ingeniero argentino y también influencer Manuel García Scrimizzi publicó un vídeo en las redes sociales que, precisamente, habla de lo absurdo que ha sido el apostar por banderas ideológicas.

García habla específicamente de una bandera chocante y de paso ficticia como es la bandera de Palestina, un estado nulo y no existente, representado por el grupo armado terrorista Hamas, que acaba, por cierto, de romper el alto al fuego que había negociado con Trump e Israel.

Pero esto es otro tema.

García, muy acertadamente, habla de la absurda tomadura de pelo de salir a abogar por causas perdidas a modo de cambiar el rumbo de nuestra sociedad.

Es una moda, agrega el influencer. Nunca mejor dicho.

Pero hay millones que comen de esa insensatez y otros cuantos millones más que han aprendido a aceptar este buenismo falso que amenaza con destruir la mejor de las civilizaciones que han existido.

Volviendo al principio de este análisis, no debemos dudar que los cerebros maquiavélicos que han diseñado banderas para sus causas se han valido de esa devoción y ese respeto que, desde niños, hemos dado a una bandera.

Lo que lleva bandera merece respeto.

Y vemos que no sólo esto es falso, sino muy, muy peligroso.

Recuerdo yo, y se que muchos de ustedes también, que se nos prohibía que la bandera nacional tocase el suelo.

Pues con estas banderas de destrucción masiva, no debemos ser en lo absoluto pasivos y es lo debido arrastrarlas por el suelo sin demora y condenarlas a muerte.

Los activistas quieren ganar la partida.

Vemos como los primeros en hacer jura de las banderitas ideológicas son los ricos y famosos. La mayoría se las pone al cuello como hacen con los hijabs, pero los pocos que se rehúsan a su defensa son acosados y amenazados hasta por sus supuestos fans, como se ha podido ver con la escritora J.K. Rollins (autora de Harry Potter) y la actriz británica Keira Knightley, nominada al Oscar en dos ocasiones.

A nuestro favor también debemos contar las repercusiones tan negativas que ha tenido la bandera del supuesto feminismo, que no ha servido para más nada que para promover una misoginia absurda y aupar la violencia, mismo entre las mujeres.

El antídoto lo sabemos de sobra, puesto que cada consigna y cada idiotez promovida por la izquierda woke, se puede rebatir fácilmente con la realidad que muestra hasta la propia biología.

No hay 300 géneros, sólo dos.

La lucha de cada uno de nosotros es válida y urgente y el último año por ejemplo ha visto, gracias a Dios, un declive sustancial en todas las actividades promovidas en el mes de junio y las grandes empresas ya no abrazan consignas con tanta desfachatez.

Elon Musk en días pasados, alzó una nueva bandera instando a todos los usuarios de su red social, X (antes Twitter) a cancelar sus suscripciones a Netflix, dado que el servicio de streaming estaba promoviendo películas con alta carga pro-transexual de menores de edad.

La iniciativa hizo meña y el gigante del entretenimiento perdió más de $15 billones!

Nuestras banderas son más grandes y más fuertes, pero no tan visibles.

Allí está el detalle.

¡Tenemos que emular a los Cruzados con estandartes que casi llegaban al cielo!

Las banderas hablan y hablan a veces de una forma estridente.

¿Quien puede olvidarse de la bandera del Tercer Reich?

Occidente estará condenado a repetir sus desgracias si llevamos la bandera incorrecta a cuestas.

Nuestras banderas se han de izar con palabras y con denuncias.

No hay tal bobería como una bandera heterosexual, pero si podemos prohibir que en nuestros lugares públicos se lleven banderas impúdicas que no hacen más que exaltar que somos una sociedad aberrada y débil.

El Presidente Trump, y pueden pensar lo que quieran de sus formas, ha comprado con su propio dinero un par de banderas de más de 27 metros de altura para los jardines de la Casa Blanca.

Esas banderas son los estandartes de la nueva América, que vuelve a tener los ejes del mundo y con ellas ese mundo honra y respeta lo que es ser Norteamericano.

Dijo el General George Marshall (1880-1959) con respecto a la bandera Estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial:

“Estamos decididos a que antes de que el sol se ponga sobre esta terrible lucha, nuestra bandera será reconocida en todo el mundo como un símbolo de la libertad, por un lado, y de una fuerza arrolladora sobre el otro.”

Llevar una bandera en alto es una consigna que ha de ser minimalista:

Primero por Dios.

Luego por la moral y los valores.

Tercero, por la patria.

Cualquier otra bandera, a la hoguera por apostasía e imperdonable herejía!

Seamos Guerreros de la Luz---no de Tablero!

En el año 73 AC, Roma vio los cimientos de su República temblar como pocas veces. Revueltas habían sido vividas. Hazañas habían sido contada...