Sunday, January 25, 2026

La Cleptocracia: El Gobierno a Través del Fraude y del Robo




Hay una leyenda folklórica que a lo largo de muchos siglos nos ha llegado a través del cine, el teatro y la música. Esa leyenda nos cuenta la historia de un hombre que se dice fue un Cruzado. Otros lo imaginan como un noble al que le fueron arrebatadas sus tierras.

Se llama Robin Hood.

Hasta Disney utilizó ese personaje en uno de sus clásicos.

Hay quienes piensan que la historia de este misterioso caballero puede que date del siglo XIII, otros lo llevan al siglo XIV.

Pero los que vivimos en este siglo XXI, lo conocemos básicamente como un experto arquero y genio ecuestre que roba a los ricos para beneficiar a los pobres.

En nuestro análisis de hoy me gustaría que estudiáramos con detenimiento la leyenda de Robin Hood.

Historiadores tienen razones para pensar que este misterioso personaje podría haber dejado su huella más allá del gore y la leyenda.

¿Pero por qué es importante la analogía de Robin Hood?

Robin Hood, desde la retórica social comunista de nuestros tiempos, es una herramienta extraordinaria para convencer a una masa de población que el socialismo busca beneficiar a las clases trabajadoras, haciendo que los más afluentes de alguna manera paguen por ese pecado llamado “capitalismo.”

Cuando una población es endeble, idiota y buenista, un Robin Hood es un héroe que siempre verá por su bienestar, mientras el empresario y el autónomo son vistos como egoístas y viles señores feudales que no tienen derecho a haber acumulado una fortuna cuantiosa.

Para las élites actuales, Robin Hood es un ejemplo de bondad y de caridad.

Hasta el momento, en nuestro despertar diario y en nuestra propia cruzada para estabilizar el mundo, tenemos más que claro que el oxígeno y el credo de estas élites es, precisamente, el manejo oscuro de un capitalismo maltrecho y maquiavélico—pero capitalismo al fin de cuentas.

También estamos al tanto de esa narrativa fake de los globalistas y la izquierda donde los políticos y personajes mediáticos viven como dioses, pero mantienen a la población con hambruna física, emocional y espiritual.

Cuando nos ponemos a ver el fondo de toda la narrativa de nuestros enemigos encontramos que la figura de un Robin Hood, en teoría, está queriendo ser representada por el tirano que se alza como gobernante y en las plutocracias que por medio de la mentira y la falsa empatía te pueden hacer pensar que “no tendrás nada y serás feliz.”

Un lema que sustenta las propuestas de la Agenda 2030.

Pero me gustaría que pusiéramos la lupa por un instante en la frase que define a Robin Hood en el folklore: "ROBA a los ricos para darle a los pobres.”

Repito, "ROBA a los ricos para darle a los pobres."

La palabra clave es ROBAR.

Si leemos los cuentos de Robin Hood nos daremos cuenta de que hay una fineza en esa manera de robar. Robin Hood, como ya hemos aclarado, es un caballero, posiblemente de origen noble con una pericia inigualable en el manejo de armas y de oratoria.

Podrían haber incluso similitudes con el personaje de Lancelot, un mercenario que se hace con Camelot y con la mujer de Arturo, pero que es más un antihéroe que un villano.

¿Por qué hago este inciso? Porque es muy importante que cuando nos referimos a Robin Hood no imaginemos un carterista o un miembro furtivo de las cortes malandras de Venezuela.

Robin Hood es fino. Robin Hood tiene estrategias. Robin Hood tiene un plan y tiene destreza.

Entonces para recapitular lo que hemos dicho hasta ahora…

Las élites global socialistas utilizan el discurso buenista de que hay que desplomar al rico y castigarlo por la osadía de tener fortuna.

El pueblo ve en esa intención nobleza y no envidia y fraude.

El pueblo vota a Robin Hood para que represente sus intereses.

Las élites practican un capitalismo sin fisura alguna y mantienen una idiocracia en todos los ámbitos de cualquiera sea la sociedad en que se hagan estas prácticas.

Hoy por hoy, Occidente casi entero se deja regir por estas propuestas.

¿Pero qué pasaría si yo les dijera que estas plutocracias se han mantenido en la cima, y han evadido su destrucción porque utilizan el hurto para enriquecerse a sí mismos?

Siempre hemos hecho alusión—y esta debe continuar—a los inmensos arsenales de riquezas que se han llegado a acumular tanto en organizaciones supuestamente sin fines de lucro (desde la Cruz Roja hasta cualquier chiringuito pro LGTB) como en manos privadas.

La destrucción del Chavismo en Venezuela, por poner un ejemplo, ha dejado al descubierto, que la plutocracia de Miraflores se extendía por todo un continente y tenía nexos en Medio Oriente.

Sabemos que el Castro Chavismo durante más de un cuarto de siglo robó a manos llenas, algo que prometió Hugo Chávez que con él se acabaría, porque lo de él iba a ser un gobierno del pueblo.

El gobierno de Chávez fue un titánico esquema satánico (literal y figurativamente) donde el robar fue sinónimo de gobernar, y gobernaban auténticos delincuentes de cuello blanco, tanto venezolanos como sus socios narco chavistas tanto en España, Colombia, Brasil, Nicaragua, como en el Cono Sur, con un peronismo nefasto que se había propuesto no morir jamás.

El gobierno de los que roban es el tema que hoy nos atañe.

A esto lo llamamos “cleptocracia.”

La cleptocracia, del griego kleptes (ladrón) y kratos (poder), es una forma de gobierno corrupto donde los líderes utilizan el poder político para saquear la riqueza pública y los recursos del Estado en beneficio propio.

¿Conocen ustedes los Diez Mandamientos de Dios?

Pues el séptimo en la lista es “No Robarás.”

Si sabemos que robando actuamos en contra de los preceptos de Dios, toda la leyenda de un Robin Hood se cae en pedazos. No hay perdón para Robin Hood si su heroísmo lo consigue pecando.

Seguimos…

Atentos a esta frase: “el pobre es pobre porque quiere.”

Sí.

Y a esto volveremos en unos instantes.

El afortunado declive y debilitamiento de las élites globalistas, han podido permitirnos hacer un arduo trabajo de arqueología ideológica que nos ha llevado a descubrir que la terrible corrupción de Occidente está basada, entre otros muchos métodos, en el robo. El asalto. 

La cleptocracia sería explicada, usando la analogía de Robin Hood, como el robo a las instituciones que estarían sirviendo para instaurar y manejar cualquier gobierno, para dárselo a los ricos.

Pero hay más…

Atención con esto…

Un empresario puede no estar an tanto de ser parte de us esquema de cleptocracia. Un empresario que se precie de serio cumplirá con sus obligaciones fiscales. El problema de fondo está en que esas "obligaciones fiscales," podrían estar impuestas por una cúpula de poder corrupta.

Estas plutocracias podrían estarse lucrando a través del robo de un dinero que podría estar ligado a fondos públicos, o dinero de instituciones gubernamentales. 

Mantener una cleptocracia es muy complicado.

No todos los empresarios son corruptos, al igual que no todos los políticos son corruptos. Al menos no en primera instancia.

Pero el sistema de gobierno que dice ser democrático, es decir, del pueblo, es una fantasía de Walt Disney.

Los gobiernos, hasta el momento, lo controlan élites invisibles y lo controlan organismos internacionales que se alimentan de dinero de contribuciones muy cuantiosas, y que en apariencia tienen una función benéfica y filantrópica.

Pero eso es sólo eso, una fachada…

Lo que funciona detrás de esa fachada, el hombre detrás de la cortina para utilizar la analogía del Mago de Oz, es una fuente de entramados de corrupción y crimen organizado que no tenemos, por el momento, capacidad de desmembrar completamente.

Pero saber que existen es un extraordinario y más que urgente comienzo.

Sin embargo, robar al Estado no es lo mismo que asaltar a un banco de esquina.

Robar a una organización internacional o una Cruz Roja no es lo mismo que vaciar la caja a un supermercado a punta de pistola.

Al igual que la prosa de las leyendas de Robin Hood es fina y cuidadosa, el entramado que existe en una cleptocracia es también muy muy fino y depende de muchísimos cómplices, incluso cómplices que no tienen conciencia de serlo.

El Kirchnerismo en Argentina y el Chavismo venezolano tienen un sin fin de ejemplos de cleptocracias que sólo vinieron a ver la luz con la llegada de estos nuevos “vengadores” de la nueva derecha que sí tienen intención de restaurar la democracia.

Pero ninguna de estas naciones que han podido empezar a ver la luz al final del túnel, tiene el impacto global—casi podría decirse universal—que tienen los Estados Unidos.

En este segundo período de Donald Trump, afortunadamente, el mandatario se ha propuesto, por fin, drenar el “pantano” de Washington, que posiblemente, esconde en sus aguas una de las cleptocracias más sofisticadas de toda la historia.

Minnesota, un estado del que quizá no siempre hemos oído hablar como protagonista o antagonista de nada extraordinario; un estado más bien gris y empobrecido, se ha puesto en el mapa como el centro de operaciones de un robo de magnitudes impresionantes.

Robo a las instituciones del Estado. Por estado entendamos el gobierno federal.

Minnesota se ha llenado en los últimos tiempos de inmigrantes de origen musulmán. Muchos de ellos ilegales.

Específicamente de residentes de Somalia.

El gobernador de Minnesota, Tim Walz, es una figurita de torta, mediocre y manipulable que, como buen  fanático Demócrata, apoya todo lo peor de todas las diferentes ramas del wokismo existentes.

Walz saltó a la palestra por ser el candidato a la Vicepresidencia de Kamala Harris, otro títere.

Walz no sólo apoya la inmigración ilegal, sino que ha convertido su estado en un campo de refugiados somalíes de dudosa procedencia.

Otro personaje francamente aberrante en el pantano del gobierno de Minnesota es la diputada Ilhan Omar. A lo largo de los últimos diez años, este personaje se ha encargado de ser la voz cantante del terrorismo yihadista; es anti Israel hasta los huesos y se sabe que se casó con su propio hermano para obtener la residencia de Estados Unidos.

Sabremos más temprano que tarde que la llegada de Omar, así como la de Zohran Mamdani, tienen detrás dinero negro y dinero lleno de sangre.

Tanto Omar como Mamdani han llegado a infiltrarse en la política Estadounidense de la mano de la organización terrorista de los “Hermanos Musulmanes", financiada por dinero de Catar y de Irán primordialmente.

Aparte de la ideologización y la destrucción moral de nuestra civilización judeo cristiana, la presencia musulmana en Occidente ha probado ser un cajero automático para las cleptocracias de Oriente Medio.

Por qué es imprescindible saber quién es quién en el gobierno de Minnesota, porque en Minnesota se creó un esquema casi perfecto que está impactando no sólo al estado per se, sino a la nación completa.

De una manera muy sencilla esto es lo que pasó en Minnesota con la complicidad tanto de Walz, de Omar y de muchísimos otros funcionarios.

Estados Unidos contribuye anualmente con millones de dólares para ayudas a los ciudadanos de bajos recursos. Entre estos servicios tenemos el cuidado de menores de edad y bebés en guarderías.

A lo largo de muchos años, Minnesota tomaba este dinero público y en vez de darlo y administrarlo como debía, se lo robaba.

Hasta el momento se hablan de más de $9 BILLONES en fondos públicos y se estima que el fraude podría haber comenzado en el año 2018.

En medio de toda esta trama estaban residentes tanto legales como ilegales de Somalia que para beneficiarse de comisiones provenientes de estos pagos federales, abrían guarderías y centros de cuidado infantil fantasmas.

Tim Walz habría permitido que estas operaciones se llevaran a cabo en la más absoluta clandestinidad y la Diputada Omar, igualmente.

De hecho, Omar llegó a Estados Unidos con una cuenta bancaria que no pasaba de los $50,000. Hoy en día tiene una fortuna de más de $30 millones.

Para que tengamos una idea, esta señora sólo recibe un salario de $174,000 al año. Con eso lo digo todo.

Las investigaciones de la corrupción en Minnesota no han terminado, y no sólo no han terminado, sino que ya se sabe que estados como California, también a manos de los Demócratas han estado haciendo exactamente lo mismo durante años, y en California las cifras son bastante más escandalosas.

El gobierno de Trump, como es debido, ha suspendido todas las transacciones de las arcas públicas hacia Minnesota. Los ciudadanos somalíes ilegales están siendo arrestados y hay una investigación en el Congreso para la señora Omar que podría acabar con su deportación.

Pero lo más triste es descubrir que hemos mantenido y protegido una cleptocracia con nuestro propio dinero, es estudiar cómo pueden primero instaurarse y luego mantenerse por años sin ser destruidas por completo.

Para llevar a cabo un fraude de esta magnitud se deben tener en lugares estratégicos cerebros tanto brillantes como diabólicos.

El pueblo debe estar no sólo ignorante, a la par que adormecido y profundamente ideologizado, y por esto es que, volviendo al principio de este análisis, la figura de Robin Hood es un ente propagandístico excelente.

La mediocrización de toda una sociedad es menester para mantener una cleptocracia y muchísima gente está conforme y contenta con vivir en la miseria tanto económica como moral.

Las ansias de superación de millones de personas es limitada o completamente nula.

De ahí que debamos traer a colación esa frase tan trillada pero tan cierta como es “el pobre es pobre porque quiere.”

Una democracia perfecta es una especie en extinción. Quizá ya está extinta. 

Pasamos, en el caso de Europa, de monarquías absolutistas a sistemas bipartidistas que son, y lo vamos descubriendo, cómplices o protagonistas de cleptocracias.

La Unión Europea que recoge millones en contribuciones e impuestos de los países miembros, vamos viendo como se ha enriquecido a través de comisiones y de crear agendas tóxicas que destruyen toda posibilidad que un ciudadano de a pie pueda vivir del fruto de su esfuerzo.

La fundación del ex-presidente Bill Clinton podría ser, alegadamente, una cleptocracia que se ha alimentado de la buena fe de muchos ciudadanos.

El actor Paul Walker, fallecido en extrañas circunstancias en el 2013 en un accidente de carro, era también un activista de causas humanitarias que viajó a Haití como embajador de la Fundación Clinton y lo que pudo haber descubierto y que quiso que se supiera, lo llevó a un posible homicidio del que sólo ahora empezamos a esclarecer los detalles.

Desmantelar una red de crimen organizado es quizá de lo más arriesgado que existe, porque a pesar de la infinita frustración que nos causa el no ver a los culpables entre rejas, la mala gestión en un operativo de esta magnitud podría desestabilizar la economía global.

El proceso debe ser cauteloso y lento, pero como ya hemos dicho, el saber de la existencia de estas minas de oro subterráneas de nuestros gobiernos, es ya un paso imprescindible.

Mientras las autoridades hacen su trabajo (una operación que podría tardar décadas) nosotros como ciudadanos tenemos opciones.

Quizá la opción más importante nos debe hablar desde nuestra propia alma y es dejarnos consumir por una pasión sin precedentes de estar informados y de desterrar el buenismo y todo lo que entendemos por políticamente correcto.

El político, cómplice o partícipe de una plutocracia cleptómana, va a querer seguir alimentando leyendas de héroes sin capas y quiere que el ciudadano se acostumbre a una vida de tercera calidad.

Está en nuestro poder el denunciar a esta masa de gente y el de instaurar un nuevo orden de pensamiento que nos pueda llevar a la reconquista de esta civilización tan vilipendiada y abusada.

Seamos optimistas pero no conformes.

Seamos bondadosos pero no buenistas.

Seamos humildes pero no pobres.

Seamos sencillos pero no mediocres.

En esta alborada de la celebración de los 250 de la República de Estados Unidos de América, recordemos las palabras de Thomas Jefferson grabadas a fuego en la Declaración de la Independencia:

“Consideramos que estas verdades son sagradas e innegables: que todos los hombres son creados iguales e independientes, que de esa igualdad en la creación derivan derechos inherentes e inalienables, entre los cuales se encuentran la preservación de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.”

Que no puedan robarnos nunca lo que nos ha sido dado por Dios. Ejercer nuestro derecho divino es nuestra manera de dar gloria a Dios.

¡Hagamos a la humanidad grande otra vez!

Sunday, January 4, 2026

El Aislacionismo Tiene los Días Contados



La captura de Nicolás Maduro el día 3 de Enero del 2026, podría ser un parte aguas en la propuesta política de Donald Trump.

Para muchos, entre los que me incluyo, es una hazaña extraordinaria de un mandatario que no se anda por las ramas y tiene visión láser para acabar con la tiranía de un Chavismo que después de 25 años ha dejado destrucción, miseria y sangre que ni un millón de años de cárcel podrán saldar para los responsables.

Maduro es sólo la punta del iceberg.

Trump en su indiscutible estilo y con una tromba mediática hambrienta ya ha mandado mensajes a Cuba, a Colombia y México.

Su Canciller, Marco Rubio, también aseguró que se vienen cambios muy radicales en la geopolítica del continente americano.

Muchos votamos por estas medidas y muchos disfrutamos del “elemento sorpresa” encarnado en el mandatario norteamericano.

Otro grupo de personas, tan conservadoras como el mismo Trump, están en desacuerdo. Dicen estos, estar de acuerdo con el resultado mas no con las “formas” en que Trump asaltó la madrugada caraqueña con sus aviones Caza y sus imponentes Blackhawks.

Rubio confirma, ya con Maduro esposado rumbo a Nueva York donde será llevado a juicio, que a Nicolás Maduro se le dieron varias oportunidades para abandonar el poder que ilegítimamente sustentaba desde Miraflores.

Mientras tanto sus esbirros y los chavistas seguían desestabilizando Venezuela creando titulares espeluznantes.

La excusa para toda esta operación de inteligencia militar llamada “Resolución Absoluta,” fue el narcotráfico. 

Venezuela lleva años siendo un hervidero de tráfico de drogas producido en Colombia, mayoritariamente, y transportada en narcolanchas que la llevan a los puertos de Estados Unidos.

A Trump sólo le interesaba que la droga no entrara en territorio Norteamericano.

Primero destruyó a los narcos en las lanchas y su golpe final lo dio con la captura de Nicolás Maduro, uno de los cabecillas junto a Diosdado Cabello y Vladimir Padrino del Cártel de los Soles, una red de narcos quizá más peligrosa que el Cártel de Sinaloa, y con eso lo digo todo.

La gran mayoría del equipo MAGA, y nuestros aliados internacionales, han celebrado la caída del régimen Chavista.

Los comunistas y los Demócratas ya han, como era de esperarse, puesto sus pruritos. 

Como se desarrolle la política de Venezuela será un capítulo maravilloso de explorar y de estudiar en una era donde la mayoría de las decisiones se hacen cara a la viralización de narrativas e imágenes en redes sociales.

Los gobernantes de las nuevas democracias son máquinas de propaganda digital. Unos para el mal, otros para hacer el bien y convertirse en íconos del incipiente pero tumultuoso siglo XXI.

Trump es un genio de las negociaciones, pero también es brillante para callar bocas.

Ejemplos puedo poner tantos como para llenar enciclopedias, pero voy a dar uno muy interesante.

Volviendo al tema de los apoyos que obtuvimos de nuestros aliados en el exterior, adivinen quién se ha declarado en contra?

CATAR.

Con una pluma muy fina, el gobierno catarí se ha puesto a favor de la narrativa de la izquierda.

Con esto, señores míos, Trump nos deja en evidencia a un país que todos sabemos que está financiando todos los actos terroristas habidos y por haber, y que no tienen las manos limpias.

Ni siquiera se puede seguir negando que Catar robó la sede del Mundial 2022 a Estados Unidos.

Es una movida tenaz de Estados Unidos porque ahora los ciudadanos que estamos despiertos y en perenne alerta roja, sabemos quiénes son los personajes antagónicos, enemigos de la libertad.

Pero es imprescindible estudiar, a partir de los acontecimientos en Caracas, la otra la cara de la moneda.

Quiénes y por qué esta movida histórica tiene detractores.

Atención con esto: los detractores también votan y este año en Noviembre tenemos elecciones decisivas.

El Presidente Trump desde el primer día creó un lema, un moto, que nos acompañará de por vida: “America First.”

América Primero.

Este lema podría ser el elemento más importante para entender la nueva política conservadora.

Tengamos en cuenta que ese “America First” también lo adoptan todos los líderes Europeos y los mandatarios en Hispanoamérica como Milei y ahora Kast.

Tenemos a Santiago Abascal abanderando ese “España Primero,” Orban con el “Hungría Primero,” o Meloni con un “Italia Primero,” aunque a veces la veamos teniendo que aguantar el chaparrón de Bruselas sin remedio, ya que gobierna con una especie de Frankenstein de derecha moderada y centrista.

Pero ese “America First,” en el caso de Estados Unidos ha sido la piedrita en el zapato para los que no terminan de comprender que Norteamérica vuelve a ser el país más poderoso del mundo. Y ya era hora!

El “America First” se ha convertido en la principal bandera de los “paleoconservadores,” análisis que por este mismo medio hemos tocado a fondo.

Estos conservadores son primordialmente “aislacionistas.”

En muy breves palabras, el aislacionista no desea ver a Estados Unidos lidiando con asuntos internacionales, ni diplomática ni militarmente. Punto.

A lo largo de las últimas décadas, los aislacionistas estuvieron, valga la redundancia, aislados.

Fuesen conservadores o liberales, la política estadounidense se ha involucrado en asuntos de política exterior a diestra—y en varios casos–muy siniestra.

El Presidente Trump no gobierna para los aislacionistas resentidos.

Trump es, incluso por su personalidad, imposible de ignorar, pero muy fácil de odiar.

Trump tiene en mente crear unas bases en EEUU, tanto económicas como morales, que pongan el acento en la grandeza de Norteamérica, grandeza y lustro que le han robado el wokismo y el globalismo, a partir de figuras maléficas como George Soros o mismo Bill Gates, un oportunista que en los últimos meses se quiere codear con Trump y ser visto en los jardines de Mar-a-Lago.

Otro punto en contra de los aislacionistas es la vuelta a los valores religiosos de Estados Unidos. Pero oído al tambor, no protestantes, sino católicos.

Hay una ceremonia planeada para la conmemoración de los 250 Años de la República donde se encomendará a Estados Unidos al Sagrado Corazón.

Luego estaría un factor que los aislacionistas han querido sacar a colación: la impecable alianza de Estados Unidos con Israel.

Israel ha sido un punto clave para separar a los hombres de las bestias en cuanto a la política de Trump.

El americano ha sido antisemita desde hace mucho, mucho tiempo.

Las historias de la Segunda Guerra Mundial y la colaboración de figuras de élite con el Tercer Reich hielan la sangre.

Con la llegada del internet se han envalentonado voces que hasta la llegada de Trump habían tenido relevancia pero poco alcance.

Hablamos de gentuza como Tucker Carlson o Candace Owens y múltiples imitadores como Nick Fuentes, un redomado neo-nazi que de pronto ve su número de seguidores en alza con su discurso anti-Israel.

Pero el antisemitismo para los paleoconservadores tiene una variante: el movimiento sionista.

De la noche a la mañana no se habla de antisemitismo sino de antisionismo.

Nos toman a los judíos por imbéciles y eso ya está pasando factura.

La guerra entre Rusia y Ucrania se mueve a un segundo plano frente al conflicto de Israel con Gaza, donde los Tuckers mediáticos se nos ponen filantrópicos sin tomar en cuenta que Hamas, quien controla Gaza desde el 2005 (maldito el día!) masacró a más de 1,200 judíos el 7 de Octubre del 2023.

Ya quisiéramos muchos judíos que Israel no dependiese tanto de Washington, pero allí, entre las dos naciones, se ha creado una simbiosis que podría ser, por el momento, el único dique de contención de la programada invasión yihadista a Occidente y al continente Africano donde ya se han registrado subidas de hasta un 500% en ataques en contra de judíos y cristianos.

El aislacionista pretende que EEUU, primera potencia global (que no tan globalista desde la llegada de Trump) se quede de brazos cruzados para contentar a unos pocos muy equivocados.

Pero hay que hacer un inciso…

La política de Occidente es un conjunto de plutocracias veladas.

La llamada “nueva derecha” pretende quitar poder a esas élites para devolverlo al pueblo.

Pero el ciudadano americano, y todo hay que decirlo, es un pueblo con una cultura general muy básica.

Es fácil engatusar, engañar y manipular a una masa de personas que no saben cómo informarse más allá de los medios convencionales y un uso básico de redes y plataformas independientes.

Estados Unidos tiene casi 350 millones de habitantes.

El movimiento MAGA, si bien caló en más de 80 millones, debe pelear una guerra civil con varios y peligrosos frentes.

Trump es pro-Israel como no lo ha sido nadie, pero su vicepresidente tiene otras políticas menos santas. El hijo de Tucker Carlson trabaja para JD Vance. En una entrevista hace unas pocas semanas, Vance se negó a condenar las diferentes retóricas antisemitas de Carlson reiterando que el periodista es un gran amigo.

Saquen ustedes sus propias conclusiones.

Hay algo imprescindible que hay que entender. Mucha atención a este punto.

El movimiento aislacionista del siglo XXI es una cortina de humo para acabar con las políticas de Trump y de los líderes que quieran seguir su estela.

El aislacionista se ha convertido en un ser macabro y altamente subvencionado.

Es propaganda pura y dura, aliada con los enemigos de Occidente.

Todos estos personajes que hemos nombrado en este artículo están en nómina de nada más y nada menos que Catar.

Repito, Catar estuvo en contra de la liberación del Chavismo, con quien tendrían “buenas migas” puesto que a Maduro se le juzgará por tráfico de armas, junto con el petróleo, una de las fuentes de mayor ingreso de muchas mafias de Medio Oriente.

Recordemos que altísimos funcionarios de Hamas (hoy en el infierno) vivían en Catar.

Para las fiestas de Acción de Gracias del año pasado, muchas de estas figuritas de torta como Carlson fueron invitadas a Catar a cobrar y a recoger un guión para sus respectivos panfletos y canales de YouTube.

Para concluir…

El Presidente Trump, al menos en teoría, sólo podría gobernar hasta el 2028. Su apresurada agenda tanto nacional como internacional está limitada a los próximos 2 años.

Dicho esto, los que entendemos que el aislacionismo es una cortina de humo caduca y corrupta, tenemos el deber de reventar ese movimiento y dinamitar sus bases para que ya, por fin, muera y no se siga expandiendo.

¡Si eso significa acabar con las carreras políticas de republicanos con vocación presidencial, sea!

Las opciones están sobre la mesa.

Nos levantamos y construimos una estrategia y una gran Cruzada sin precedentes o nos dejamos arrastrar por el fango narco globalista que nutre a Occidente y que ya ha dejado un saldo económico y moral sin precedentes.

El lema “America First” junto a todas sus franquicias no significa aislamiento. Significa dar gloria y visibilidad a nuestras grandezas y nuestros recursos tanto intelectuales como espirituales para ser testigos de un renacimiento de nuestros valores y nuestro poderío.

Pensemos que hay que dejar un legado firme a las nuevas generaciones y que hay mucho héroe que a lo largo de siglos de historia han tenido fe, que Occidente es la mejor civilización, con creces, que se ha visto.

Y esa civilización comanda ejércitos que alzan hasta el mismo cielo el brillo inconfundible de las tradiciones judeo cristianas.

Este es nuestro momento.

El que se aisle se asila y pierde. Su nombre del polvo viene y en polvo se convertirá.

Sunday, December 28, 2025

La Polarización: Palabra Clave del Año 2025


El balance de este año 2025 es complicado y hasta agridulce. No por ello, claro está, deja de ser un año fascinante.

El 2025 es, si así lo queremos, un parte aguas entre lo que hemos venido creyendo y construyendo hasta ahora y lo que está por venir a partir del 2026.

La última década, tanto en lo político, lo cultural y lo espiritual, no puede definirse como menos que una revolución con tintes, por un lado, muy violentos, y, por otro, extraordinariamente esenciales para la reconquista de Occidente y nuestra civilización decadente.

Una palabra, en mi opinión, resume esta especie de “Estado de la Unión” de nuestro entorno:

La polarización.

Según la Real Academia Española (RAE) el verbo “polarizar” y su sustantivo “polarización” se definen como situaciones o elementos que dividen un conjunto en direcciones completamente opuestas.

Esto puede aplicarse a la psicología e incluso a la física.

Pero hoy por hoy, y lo que más nos concierne en este análisis, es la polarización en el ámbito sociopolítico y espiritual.

Según la definición oficial, por decirlo así, del verbo polarizar, lo primero que tendríamos que hacer es aclarar cuáles son esos polos opuestos hacia los que gravitamos los unos y los otros.

En infinidad de debates en medios de información, panfletos propagandísticos y redes sociales, se habla de la “nueva derecha” para definir a un grupo de personas que se han dedicado a rescatar a nuestra civilización Occidental del globalismo, la ideología woke y la invasión masiva del yihadismo.

Yo me incluyo en este grupo.

Pero si definimos una “nueva derecha,” por ende también se asume que existe una “nueva izquierda.”

Esto no es en lo absoluto cierto. Sin entrar en detalles históricos y fechas concretas, la izquierda ha sido siempre la misma. El comunismo sigue siendo una ideología peligrosa y falsaria, y como diríamos coloquialmente, una ideología para “engaña bobos” ultra radical que busca destruir el capitalismo sano de una sociedad democrática.

De igual manera, una “nueva derecha” tampoco es un término apropiado. Lo que sucede es que hemos ido despertando, muchos a cuenta gotas, otros, abruptamente.

Por siglos la propaganda ha sido manipulada y manejada para el mal.

Las redes sociales, muy rápidamente, se dejaron contagiar por esta misma propaganda siniestra e hicieron caja con ello.

Por primera vez habemos personas que hemos visto que la sociedad ha sido drogada con un éter ideológico que lleva, inevitablemente, a un precipicio.

Nuestra labor es colocarnos como barricadas frente a ese precipicio para salvar a la humanidad, muy especialmente, a las nuevas generaciones.

Quizá para muchos de ustedes puede parecer pretencioso que utilicemos la palabra “salvación,” puesto que esta palabra está íntimamente ligada a Dios, y en los cristianos del mundo, Jesús.

Pero sin ningún tipo de soberbia, si esta marcada división de nuestra sociedad no tiene sobre sus hombros la firme intención de cambiar, sanar, reconquistar—y sí, señor, salvar, podemos dar nuestra enorme Cruzada por perdida.

Cuando hablamos de polarización, y esto es importante, tampoco debemos perder de vista que ésta, no sólo ocurre en las altas esferas en medio de una cúpula intocable.

No.

Pasa a diario en nuestra vida personal, laboral y en nuestra necesidad de tomar decisiones cabales y correctas.

Hasta el momento las reglas las han puesto los protagonistas antagónicos.

De a poco, la balanza se ha inclinado a nuestro favor.

La polarización ha sido una meta, un propósito y una propuesta de los que buscan la destrucción.

De hecho, la polarización se ha producido, precisamente, porque el eje del mal es el que ha ganado estas primeras guerras—que son muchísimas.

Digamos que hasta el presente, quienes han avanzado con sus estrategias más destructivas, pero exitosas, siguen el principio de esa frase “divide y vencerás.”

Esta frase estaría atribuida al rey Felipe II de Macedonia.

Es lo que se busca con las políticas globalistas y con ese teatro absurdo de imponer cien géneros por minuto y dinamitar a la familia como ente básico de nuestra sociedad.

De los derechos para los homosexuales, ahora se exige que le demos también “derechos” a los pedófilos, en vez de mandarlos al paredón.

De pronto tenemos hasta el Vaticano hablándonos día sí y día también de una falsa crisis climática y dando la bendición a travestis y paneles de hielo.

Pero la idiotización de nuestra civilización es tierra fértil para estas tropelías y aberraciones.

Primero se abona el terreno, luego siembras. Ergo, la cosecha será abundante.

La solución estaría en no ver esa falsa abundancia y ver el terreno como un terreno que ha sido invadido por mala hierba e incendiarlo sin que nos quede ningún remordimiento.

Que arda hasta las cenizas y luego recomenzar el proceso de fertilización pero con más cuidado de no atraer pestes y frutos podridos.

¿Se entiende esta analogía?

Pero volviendo al concepto de la división, tenemos que tomar en cuenta que la división, si bien se crea para las masas, como hemos visto, esa masa se va reduciendo hasta llegar a núcleos mucho más pequeños, haciendo la polarización insoportable, dolorosa, pero inevitable.

Doy un ejemplo clásico:

Donald J. Trump.

En un diccionario de política y actualidad, la palabra Trump estaría definida como: catarsis para la polarización mundial.

No es broma.

No ha habido en el último siglo un elemento más polarizante que la figura del actual presidente de Estados Unidos.

Estamos los que lo apoyamos y están los que lo odian al punto de querer verlo muerto (y que han intentado tres veces cumplirlo)

Trump durante 50 años fue un empresario muy exitoso y un personaje mediático que se codeaba con todas las esferas sociales y políticas. Era demócrata y pro-aborto. Hasta que se casó con su actual mujer, Melania, un mujeriego empedernido.

Pero por encima de todo, un amante incondicional de su país y un alma agradecida a Dios por todo lo que pudo tener y hacer.

Cuando vio que el momento político de Estados Unidos ya estaba resquebrajado y Washington era un pantano venenoso, da el salto a la política y gana con una inesperada mayoría y una victoria aplastante, sobre todo en su segundo término.

Intentó tener su propio partido, pero entendió que la estrategia de dividir para ganar era, en su caso, equivocada y entró por el aro: se hizo Republicano.

Una vez electo presidente se dedica a cambiar las bases de ese partido para hacerlo copycat de su visión particular.

Pero el elemento problemático no es Trump, con todo y su personalidad a veces tóxica y narcisista.

Es lo que él representa y su absoluta convicción de que su país fuera grande y volviese a ser respetado después de que el movimiento globalista de extrema izquierda lo pisoteara y nos convirtiera, de alguna manera, en un felpudo.

Pero ha sido tal la propaganda en contra de esta figura en estos diez años que la división entre los que lo apoyan y lo odian, ya no sólo lo vemos en el Congreso o las élites de Silicon Valley, sino en las familias mismas.

De pronto una pareja muy bien avenida, donde uno es Demócrata, el otro Republicano, se ven las caras en un juzgado para un divorcio por “diferencias irreconciliables.”

Los dos son la misma persona que hacía veinte años atrás, pero, no, uno apoya a Trump, el otro a Biden: hay que divorciarse.

Mismo dentro de nuestro actual partido Republicano y con Trump victorioso tenemos que sobrevivir la polarización con dos alas opuestas de personajes conservadores.

Tenemos a los conservadores que queremos seguir luchando por acabar con el wokismo y ver que Estados Unidos sea valorada y respetada como la potencia que es.

De pronto descubrimos, que sin darnos cuenta, en la alborada de nuestro movimiento conocido como MAGA (Make America Great Again) dejamos entrar el ala paleoconservadora, aislacionacionista y con tendencias neo-nazis que han hecho que el antisemitismo sea más inflamable que nunca antes.

Es el mismo partido Republicano, repito, pero ha sido polarizado por la inclusión de propaganda fascista y la influencia de una cúpula económica de Catar, un tema que merece, sin duda, su propio análisis.

Divide y vencerás.

¿Quién vence?

Nuestros enemigos: el wokismo, el islam radical y el antisemitismo, que se sigue cobrando vidas en una persecución constante, ahora también desde el campo conservador que hasta estos últimos años había sido inequívocamente pro Israel.

Otro elemento a tomar en cuenta es que si bien la polarización es masiva y desde los cuatro puntos cardinales, los que planean cuidadosamente este apocalipsis son unos muy pocos con recursos económicos ilimitados.

Una plutocracia estructurada para bombardear a masas con gases tóxicos.

Por eso, volviendo al principio, el balance de estos 12 meses ha sido tan complicado y nos ha dejado un saldo de muertes súbitas que ahora nos tiene de luto.

Los muertos, sin embargo, son personas muy vivas con las que simplemente no podemos seguir compartiendo espacio.

Esto hay que aceptarlo.

Este cisma ideológico no tiene vuelta atrás.

Cuando en el siglo XVI se introdujo el Protestantismo en Europa, con todo y la Inquisición ardiendo (nunca mejor dicho!) todavía hoy convivimos con los millones de apóstoles de Lutero y Calvino.

Dicho esto tenemos que aceptar que el wokismo y el comunismo seguirán existiendo por lo que nos queda de siglo y de milenio. Lo que no podemos permitir es que tengan poder.

Allí está la clave.

Lo que está dividido se debe intentar unir y sanar. Pero lo que no tiene remedio alguno, se debe descartar. Lo dejamos claro con la analogía de la quema de la maleza de un terreno que estaba fértil pero se llenó de mala hierba.

El lado positivo de esta situación que vivimos es que nos hace reflexionar hacia un posible “darwinismo” en nuestra civilización.

Lo fuerte se seguirá reproduciendo y vencerá el tiempo y los elementos antagónicos, lo débil se irá diluyendo de a poco y esperamos poder verlo en estas próximas décadas.

Pongo un ejemplo: La Agenda 2030.

La Agenda más destructiva de nuestra actual esfera cultural y política estuvo diseñada en los 80s con la intención de que se implementara para el 2030.

La Agenda 2030 se nutre de falsa propaganda y de la idiotización de las personas y de los sistemas democráticos.

El dinero que recaudan los pro Agenda 2030 lo hacen a través de impuestos impensables y de un tráfico de drogas, armas y personas de los que convenientemente sólo hablamos los que habitamos en el polo llamado “sentido común.”

Afortunadamente, con todo y la avalancha de las políticas verdes y el wokismo exacerbado, vemos que a cinco años del “deadline” la Agenda 2030 sabemos está fracasando, aunque sus padres y madres fundadores sigan queriendo hacer daño.

La lucha contra esta destrucción masiva y este genocidio moral es imparable y nuestra intención cada vez es más afilada.

Pero si bien nuestro equipo vence de a poco, seguimos siendo un David frente a un Goliat que sólo caerá si el suelo que pisa se vuelve un terreno de arenas movedizas y en la mano no tengamos una simple honda con una piedra sino una bazuca o una espada katana.

Como judíos siempre vamos a ver la lucha de David con un extraordinario e imbatible acto de fe.

Y nosotros debemos seguir ese ejemplo.

Pero también vivimos tiempos donde el Goliat bíblico tiene mil personalidades y está aplaudido por lo peor de la humanidad.

David, como posteriormente los gladiadores romanos, tendría su honda (los romanos, espadas y lanzas) y sabría hacia donde moverse para que el sol, por ejemplo, le diese en la cara a su rival y disparar la piedra cuando este estuviese encandilado.

Eso no lo tenemos por seguro porque no estábamos allí, pero proponerlo como estrategia nos daría una certeza de cómo vencer sin vuelta atrás.

Goliat era un gigante en tamaño, pero tenía una nuez de cerebro.

David era, mental y espiritualmente hablando, un Goliat.

El tiempo apremia porque el enemigo sabe como seguir su camino de conquista y de invasión.

Las democracias se han convertido en meras ilusiones ópticas y le hemos dado paso a figuras como Trump que son más dictadores que tienen nuestro voto y venia para actuar.

Para poder seguir adelante sugiero que nos estudiemos los principios del Arte de La Guerra, atribuida comúnmente a Sun Tzu (494-544 A.C.) pero que podía haber sido escrita más de un siglo después del estratega y filósofo chino.

Estudiar El Arte de la Guerra es materia esencial incluso en clases de biología para servir de guía en cómo nuestro cuerpo lucha contra agentes dañinos y tóxicos.

El Arte de la Guerra, tema que podríamos analizar individualmente, tiene tres principios básicos, todos ellos aplicables a nuestra batalla en pleno siglo XXI.

Debemos evitar guerras prolongadas. La lucha contra la A-2030 ya va para 50 años. Eso es mucho tiempo. Nuestro despertar ha sido tardío y ahora nos toca a nuestra generación ponernos por delante de los Millennials y los jovencitos.

No todos tienen la fuerza que se requiere para una victoria decisiva.

La inteligencia. El estudio de cuál es el enemigo. Cómo actúa. Cuál es su fuerte. Cuál es su talón de Aquiles.

Por último, la preparación.

Conocernos a nosotros mismos es clave, nos dijo Sun Tzu, pero es más que hacer psicología. Es conocernos espiritualmente hablando. Es vivir con conciencia plena de cuál es nuestro propósito y actuar de la mano de Dios.

Juana de Arco, aun siendo analfabeta hasta su muerte, posiblemente estaría inspirando su estrategia en contra de los borgoñones y los ingleses, en El Arte de la Guerra.

Decía la Doncella de Orléans: “Actúen y Dios actuará.”

El año 2026 deberá ser crucial para Occidente y Estados Unidos quiere ser el Rey del tablero político, económico y social.

De la semilla ideológica propuesta por un Trump, ya germinan por Europa e Hispanoamérica, dignos guerreros patriotas con principios sólidos y hambre de victoria.

De ellos será el Reino de los Cielos.

Con su liderazgo y persistencia, nosotros, cada uno armado con fe y nuestra honda, venceremos al enemigo que buscaremos encandilar para acabarlo de una vez por todas.

El tiempo es oro.

Nuestra civilización judeo cristiana vale su peso (sapiencia, inteligencia y perseverancia) en platino y diamante.




Sunday, December 7, 2025

La Cruzada de Occidente Contra El Buenismo


En la tauromaquia, cuando un toro en el ruedo se repliega, recula y se niega a embestir, se dice que este toro es “manso.”

En la mayoría de los casos, para no alargar la faena, el toro es escoltado por cabestros (bueyes castrados) hasta el chiquero.

Para un ganadero es la peor vergüenza del mundo, y para el público, la mayor frustración que existe.

De hecho, es el público, desde los tendidos, el que pide el cambio del animal.

Para estos casos, la ganadería ofrece uno o dos toros que se lidian en caso de que los toros principales o escogidos o se hagan daño o sean mansos para las exigencias y los altos estándares del toreo.

En el toreo, no hay mayor orgullo para un diestro que un toro bravo, bravísimo, que lo pueda llevar a la gloria durante cada tercio.

El torero, frente a un ejemplar manso, tiene el deber de despertar al animal, sabiéndolo citar de acuerdo con la naturaleza que éste, el maestro, estudia en el animal que tiene por delante.

Grandes maestros han logrado sacarle orejas y hasta rabo a un toro manso.

A estas corridas, que parecen casi milagrosas, se les denomina “corridas de resurrección.”

Este Lázaro bovino pone en evidencia la complejidad del toreo, pero da gloria infinita al torero, al ganadero y sobre todo al público que se rompe en aplausos.

En la vida diaria, a los seres humanos “mansos,” se les llama buenistas.

Ese buenismo es el que hoy nos atañe en este análisis, y es quizá el mayor problema en esta lidia y lucha diaria contra todos los elementos que buscan destruirnos.

Nuestro rol en esta cruzada imprescindible es devolver la bravura perdida a una persona que ha perdido sus fuerzas, ha negado su fe y ha crecido pensando que en él no hay bravura presente ni posible—ni nada que se le parezca.

Utilizando nuestra analogía taurina, hay dos virtudes que un toro bravo debe poseer, ambas heredadas de la vaca, la madre.

Una es la bravura. La bravura es la naturaleza del toro desde que nace y bebe sus primeros sorbos del calostro materno.

El becerro, poseído por su innata fuerza, embiste y se enfrenta, muchas veces teniendo que ser auxiliado por una madre coraje que asusta a un depredador del que su hijo no se percata.

Esta bravura es la locomotora de una faena y por probar esta bravura, el torero arriesga su propia existencia.

La otra virtud, que es muy importante entenderla, es la llamada “nobleza.”

Aquí no van, obviamente, elementos principescos, la nobleza es la absoluta convicción que tiene un toro bravo de lo regio y fuerte que es, no sólo físicamente, sino también su postura frente a otros toros y a los ganaderos y sus asistentes, conocidos como los mayorales.

Ese convencimiento no ha de hacer pensar a nadie que él, el toro, es manso o atontado.

Todo lo contrario.

Cuanto más seguro de sí mismo, más noble.

Un toro bravo y noble será escogido para plazas de primera categoría.

Los toros amansados son llevados a ferias menores—o al matadero.

En esta sociedad que vivimos, el concepto de nobleza (aparte de la aplicada a la realeza) está completamente desviado de su camino; manipulado a conveniencia de quienes evitan que nos sublevemos y nos apacigüemos ante miedos muy bien administrados, a cuenta gota, pero en vena.

El resultado de esa manipulación es el buenismo.

El buenismo es una falsa percepción de lo que es la bondad, la tolerancia, la disposición hacia una persona o circunstancia. 

Un individuo, víctima de esa especie de lente rosa que es el buenismo, se ha de encontrar, sin ninguna duda, decepcionado y engañado—si logra despertar a tiempo.

Por este mismo medio, hace ya algún tiempo, hicimos un análisis sobre lo que llamamos “libre albedrío.”

Para hablar del buenismo, es imprescindible recordar que, técnicamente hablando, el libre albedrío es la capacidad que tenemos de diferenciar entre el bien y el mal.

La gran crisis ideológica a la que nos enfrentamos, precisamente, busca, con narrativas falsas, hacernos ver que lo que está mal, no lo está.

De paso, y esto es importante, se nos acusa de diferentes maneras: se nos llama nazis, fascistas, xenófobos, incultos, y una amplia retahíla de insultos de los que, lógicamente, nadie quiere ser culpable.

Si esta fórmula es aplicada a individuos intelectualmente idiotizados, los verdugos ideológicos nos ejecutarán con mucha facilidad y ni nos daremos cuenta de que hemos sido llevados a un cadalso con los ojos vendados y sin habernos podido defender.

Nos han robado nuestra bravura y nuestra nobleza.

Occidente ha pasado de ser una de las civilizaciones más fuertes y soberanas que se conocen, a ser una de las más debilitadas y aberrantes que existen.

Todo, en mucho, gracias al buenismo.

La condición del ser humano, y esto hay que decirlo cuantas veces haga falta, es la de la nobleza y la fuerza espiritual e intelectual. La física está presente, pero condicionada a las circunstancias y ante todo, al género.

De los DOS géneros, el hombre es, físicamente, más dotado que una mujer.

Esta realidad se puede ver a lo largo y ancho del reino animal, al cual pertenecemos.

El llevarnos al matadero es una tarea muy meticulosa en la cual se han empleado décadas de observación minuciosa de nuestro comportamiento y el estudio psicológico de nuestros valores familiares y sociales.

Ana Frank decía que los seres humanos eran, por naturaleza, buenos. Ella murió de manos de la peor calaña de seres humanos que existen.

Del buenismo de los judíos hablaremos en un momento.

Luego tenemos esa frase dilapidante del filósofo inglés Thomas Hobbes: “homo homini lupus,” que se traduce comúnmente como “el hombre es el lobo del hombre.”

La era que nos está tocando vivir obedece más a los principios de Hobbes, que a la fantasía de Ana Frank, con el más supremo respeto a su memoria.

Volviendo al ejemplo de nosotros, los judíos.

No hay pueblo más fuerte, valiente y resiliente que el nuestro.

Duela a quien duela, somos grandes maestros del mundo, y de nuestra filosofía de vida y nuestra religión se han hilado los principios de la civilización Occidental.

Nuestra presencia ha sido, en reinos varios, una corroboración que hay un sólo Dios, y que la abundancia existe, en todos los aspectos.

Hemos traído prosperidad y sabiduría, y quizá seamos las personas más nobles que existen.

El antisemitismo, el odio a los judíos, y esa nueva variante tan repugnante llamada “antisionismo,” nos han vuelto, aun en pleno siglo XXI, la piedrita en el zapato de muchos.

Las persecuciones a los judíos son protagonistas de nuestra historia que ya lleva casi 6,000 años.

Pero el genocidio de parte de los Nazis, esa aniquilación sistemática de más de 6 millones de los nuestros, durante la Segunda Guerra Mundial, ha marcado un antes y un después en nuestra consciencia y en la manera de pensar de muchos hebreos—por desgracia.

Sobrevivientes del Holocausto ya quedan muy pocos (benditas sean las memorias de todos y cada uno de los que murieron) pero estos sobrevivientes, aunque ya no estén con nosotros, dejaron un legado de mucho dolor, pero también, de cinco o seis generaciones que hoy, junto a todos nosotros, los judíos del mundo, debemos evitar que una tragedia de tal magnitud se pueda volver a ver.

Pero resulta que muchas de esas generaciones se han vuelto presas de un miedo atroz y ese miedo les ha marcado de por vida. 

¿El resultado? El buenismo más preocupante que existe.

Un buenismo que vuelve a ponernos en peligro y deshonra nuestras raíces.

Muchos judíos deben tener a David revolviéndose en su tumba.

Por infinitamente menos de los que hacen hoy POR SER JUDÍOS, David ya hubiera declarado cien guerras—y vencido cada una de ellas sin miramientos.

Como ejemplo tenemos La Masacre del 7 de Octubre que ha tenido a muchos judíos atrincherados viendo como una cuerda de mequetrefes y amebas funcionales se burlan de Israel.

¿Cómo es posible que haya habido tanto judío en Nueva York votando a Zohran Mamdani que nos odia con cada fibra de su asqueroso ser?

Al judío se le ha enseñado que debe ser tolerante porque esa tolerancia es la que va a combatir el antisemitismo.

CRASO ERROR.

Israel está rodeado de enemigos que nos desearían muertos mañana mismo. Hay aproximadamente 57 naciones musulmanas en nuestro perímetro, varias de ellas teocráticas que se rigen, sin tapujos, por la Ley Sharia.

Pero Israel decidió que lo mejor es ser una democracia tolerante, abierta y buenista, con un alto porcentaje de centros LGTBQ en ciudades como Tel Aviv, una ciudad gay-friendly a nivel mundial.

No podemos olvidar jamás cuando Yair Lapid izó el trapo de arcoíris en el Ministerio de Defensa. No en el patio de su casa. No, no, no. En la sede del Ministerio de Defensa, donde décadas antes dejó huella Moshe Dayan.

Eso no es tolerancia. Eso es buenismo trillado, caduco, rancio y cobarde.

Nuestros enemigos no se la pensarían para llevar a las grúas a cualquier individuo homosexual.

Hablando de homosexuales, vemos las redes sociales repletas de fotos de parejas homosexuales con una bandera palestina.

Lo peor del caso es que los árabes, frente a estas demostraciones, no hacen más que tener confrontaciones y golpizas porque su homofobia es de armas tomar (literal y figurativamente)

Vuelvo a repetir, el buenismo no es una actitud normal e innata de los seres humanos.

Somos, por naturaleza, criaturas muy bravas. Milenios enteros de guerras y conflictos nos han preparado para el enfrentamiento.

El mal llamado progresismo, es quizá el culpable número uno de esta decadencia moral que padecemos.

El buenismo es el camino más seguro a la aniquilación moral que podamos conocer.

La propaganda mal empleada, utilizada ésta para el mal, ha creado una élite “Goebbeliana” que se ríe y se mofa de nuestra debilidad de carácter.

A esta discusión, una vez más, hay que agregar otro elemento que es la compensación que se recibe obedientemente por ser buenistas, una comparación que hicimos ya con los perros de Pávlov.

Veamos otro ejemplo.

El activista y pintor Norteamericano Scott LoBaido, seguido en redes sociales por casi 800,000 personas, ha dado un testimonio maravilloso para explicar la actitud de Estados Unidos frente a la inmigración ilegal.

LoBaido cuenta que de niño, su familia para Navidad y para el día de Acción de Gracias, solía abrir las puertas de su hogar a personas sin hogar para que tuvieran una cena caliente y un techo donde celebrar esas fiestas.

Obviamente, estas personas tenían un agradecimiento infinito, y por una noche tenían cobijo, cariño y comida.

Pero el problema de la inmigración de hoy (y atención con esto que voy a decir a mis lectores en España) no ha hecho más que mostrar una despreciable ingratitud y ha llegado sólo a causar penurias y cometer crímenes.

LoBaido en su testimonio agrega que si por esas cosas de la vida, uno de sus “invitados” hubiese hecho una burla de cualquiera de la familia o de la casa donde estaba cenando, el padre lo hubiera puesto de patitas en la calle y que se congelara. Es decir, le daba su merecido.

Pero el pintor sabe que el americano de hoy en día, si el pordiosero le pide a la señora de la casa que se cambie su vestido verde por uno morado, pues iría la “missus” a cambiarse de ropa.

Eso es buenismo concentrado.

Esta conducta ya es el pan nuestro de cada día en Europa, donde la inmigración musulmana es ya casi primera fuerza y a base de miedo y de colonización mental han vuelto al ciudadano un absoluto imbécil.

Si el ciudadano es un imbécil, elegirá imbéciles y así la cadena se hace irrompible y el teatro del absurdo se llena cada vez más con cada función.

El buenismo es el umbral a la destrucción total de nuestra civilización.

El buenismo y la tolerancia llevaron a seis millones de judíos a las cámaras de gas.

Muchos de los que se negaron a obedecer la orden de kappos y la mismísima SS, murieron también, pero murieron habiendo sido valientes.

Otros con suerte, como en Sobibor, saborearon la libertad dejando a Alemania en visto.

Ahora, perseguidos por la culpa, los alemanes lideran una de las mayores tasas de invasión musulmana. ¿Y qué han hecho estos yihadistas de mala muerte?

Asesinar niños en los mercados navideños, al punto que se han tenido que prohibir los mercados navideños o tienen que tener más seguridad que La Casa Blanca.

¿Tiene sentido eso?

Claro que no…

Pero el buenismo impera.

El buenismo es el nuevo genocida de millones de personas.

Sin embargo, aquí hay que hacer una aclaratoria.

Oído al tambor…

El buenismo, ciertamente, nos mata ideológica e intelectualmente.

Pero no nos mata físicamente. Nos debilita, sí, pero podemos vivir siendo buenistas. De hecho, en los casos más extremos, el buenista piensa que esta conducta les puede salvar la vida.

¿Pero por qué hago este inciso?

Porque las personas que nos han querido convertir en títeres animados, nos quieren vivos. Quieren un mundo lleno de buenismo y apaciguados porque en esa nube de anestesia nos pueden controlar sin remedio—y sin obstáculos.

El buenismo es lo opuesto a la nobleza.

En el ruedo de nuestra sociedad, nos quieren mansos y se castiga y silencia al bravo y al valiente.

En el caso de los musulmanes, son muchos los que han pensado que las élites buscan lucrarse con un cambio radical de demografía.

Así como en una plaza el ganadero lleva a sus sobreros por si el toro es manso, las élites globalistas ya tienen negocios y chiringuitos con miles de organizaciones (entre ellas la misma Cruz Roja) para traer a millones de musulmanes con sus “costumbres” asquerosas y su adoración a la violencia más extrema y cruel que existe.

Esta teoría antes velada y vetada por ser “conspiranoica” cada día toma más vigencia y consume más oxígeno—el nuestro.

Este apocalipsis es reversible.

Pero debemos ser honestos si tenemos las condiciones para ello.

Lamentablemente, nos vemos en la triste tarea de aplicar una especie de Darwinismo, donde, inequívocamente, tenemos que dejar que las especies más débiles del ser humano perezcan víctimas del veneno del buenismo que les han inyectado a lo largo de su vida.

Mientras tanto los anti-buenistas (que deberíamos ser todos, francamente hablando) nos tenemos, una vez más, que prepararnos para una nueva ola de Cruzadas.

En el ruedo de una plaza que se precie de seria, a un toro manso se le devuelve al chiquero, donde es cambiado por uno bravo.

Tenemos dos opciones, o al buenismo se le deja atrás por inservible y débil, o nos volvemos diestros, tan pero tan hábiles que levantamos y despertamos la bravura de todos.

Me gusta lo segundo.

La Cruzada de hoy ha de ser, en lo posible, una Cruzada de resurrección.

¡Y que tiemblen nuestros enemigos y huyan al infierno de donde salieron!

Saturday, December 6, 2025

Los Niños: Juguetes Rotos de una Civilización Decadente



En la Venezuela de los años 80s, cuando todavía se podía ir al cine y el entretenimiento no estaba manchado de propaganda chavista, había un peculiar sistema de clasificación para las películas, tanto las de producción nacional, como las extranjeras.

Había películas con clasificación A, aptas para todo público, B 12 o B14 (no había mucha diferencia) para personas mayores de 12 años o 14, según (estás películas incluían, por ejemplo, las cintas de Jean Claude Van Damme, donde se veían escenas de violencia y sangría, pero no tenían ninguna temática extrema)

Cuando una película traía violencia o ciertas escenas sexuales, la cinta se clasificaba como C 16 o C 18.

Y ya para películas sexualmente gráficas o escenas de homosexualidad, se les estampaba la letra D, 18 o 21.

Es muy interesante porque películas que me llamaban la atención ver como fue el caso de “Macho y Hembra” o “Macu, La Mujer del Policía", dos clásicos del cine urbano, tuve que esperar a verlas ya casi con 30 años y viviendo fuera de Venezuela.

¿Por qué cuento esto?

Porque esto hoy en día se ve como algo nostálgico y, a pesar de que este sistema de calificación del cine venezolano, y, claro está aquí en Estados Unidos, se mantiene en vigencia, los niños pueden estar en la comodidad de su hogar y ver contenido de adulto en Netflix o en Amazon Prime.

No hay cuidado alguno y en la gran mayoría de los casos los niños no tienen supervisión alguna de lo que consumen de parte de los estudios de Disney o Paramount o HBO.

De hecho, como ya hemos analizado anteriormente, existe un nivel de confianza supremo en el contenido llamado “familiar," aunque este está cargado de ideologización o de una aberrante hipersexualización que el niño asimila sin filtros.

La Generación Alfa (nacidos entre el 2010-2024) es posiblemente una de las generaciones más complejas y problemáticas que existen actualmente. 

Si las élites globalistas miden el nivel de éxito que han tenido sus políticas y el veneno que han inyectado en la sociedad actual, no tienen más que ver el desarrollo tan cuestionable de los niños.

Un adolescente de 15 años está, hoy por hoy, sometido a los peores experimentos sociales que se hayan podido inventar.

Reciben una educación deficiente en el hogar y están bombardeados de un contenido inapropiado para la inmadurez que sus pocos años le dan.

Ni hablar de los niños más pequeños, aquellos que no tienen conciencia suficiente para discernir lo que está bien y lo que está mal.

Los más pequeños se dejan llevar por esa confianza nata de lo que les enseñan sus mayores.

El mayor porcentaje de la Generación Alfa está compuesta por los hijos de los Millennials, una de las generaciones más complejas y más confundidas que hayan podido germinar en estas últimas décadas.

Un porcentaje más pequeño, lo compone la prole de la Generación X que decidió criar hijos tardíos.

En ambos casos, los niños están siendo sometidos a situaciones menos que ideales. En un caso por los valores de sus padres, y, en el segundo caso, quizá por razones de la edad y de la presencia en el hogar de padres que han antepuesto sus vidas profesionales a la formación de una familia.

A lo largo de la historia de nuestra civilización Occidental, lo que hoy consideramos todavía un “niño,” antes podía ejercer funciones de adulto—y se esperaba que así lo hiciese.

Un ejemplo clásico que todos conocemos es el caso de María de Nazareth, la madre de Jesús. De acuerdo con los historiadores, María tendría unos 15 años cuando dio a luz, y era ya, por supuesto, la mujer de José.

De acuerdo con la tradición, María pudo haberse comprometido a la edad de 12 o 13 años.

Pero hay un detalle.

En la época de Jesús, y por varios siglos posteriores, el promedio de vida no pasaba de los 35 o 40 años.

Se cree que María falleció de unos 60 años, y, en su día, era considerada una anciana.

Pero en estos casos debemos tomar en cuenta que el matrimonio de una adolescente era “normal,” en una era donde se vivía muchísimo menos y se pensaba en las mujeres sólo para el rol de llevar un hogar y tener muchos hijos.

Hace dos milenios no había tanto estímulo en la sociedad ni se hablaba de una mujer que pudiese tener inquietudes intelectuales.

O sexuales.

La entrada del siglo XX, trae consigo una revolución en el rol que debe cumplir la mujer y los niños son criados, en muchos casos, sin la presencia de uno de los padres–o ambos.

No se trata, claro está, de avalar que una mujer sólo sirva para cumplir la tarea del hogar, ni mucho menos, pero sí de una pérdida de valores.

La generación Alfa es la primera generación nacida en el siglo XXI. No conoce otra cosa.

En Estados Unidos constituyen un 13% de la población. No es poca cosa, muy a pesar del bajón de natalidad que se ha visto en los últimos años, tema que merece su propio análisis.

Del desarrollo de esta nueva ola de jóvenes y niños, quizá lo más preocupante es su hipersexualización y como se ve que los niños no están recibiendo casi ningún lineamiento o apoyo emocional.

Cuando analizamos las raíces de lo que está surgiendo en nuestra sociedad, su decadencia moral y el fanatismo a la idiotez y la insensatez, es imprescindible estudiar con absoluto detenimiento los ingredientes que se están cocinando a nivel de la propagación de todo lo peligroso e incluso lo impensable.

Ya hemos mencionado la ausencia de uno o ambos padres en el hogar.

Luego está la falta de confianza que se debe tener hoy en día en la educación pública, allí donde exista.

La figura del maestro, antes venerada, se ha convertido en la de un propagandista que quiere, con sus estudiantes, cumplir sus fantasías ideológicas y crearle al niño una reverenda confusión sobre su sexualidad, aupando las nuevas creencias de la existencia de un centenar de géneros y de normalizar la interacción menos que apropiada con adultos.

La edad de consentimiento sexual en Estados Unidos es de 16 a 18 años. Sólo eso, 16 años.

No creo que en el mundo que hoy vivimos haya un adolescente que sepa discernir los peligros de tener relaciones sexuales con un adulto, ni se puede medir el trauma con el que posiblemente lidie el resto de su vida.

En Alemania, aún es más preocupante con la edad de consentimiento de 14 años.

En Estados Unidos, un 15% de las hembras ya han tenido sus primeras relaciones sexuales.

Hay niñas que ya han experimentado el sexo oral a los 12 o 13 años.

Muchas de estas relaciones se tienen con adultos.

El adulto está en control. El niño se guía por sus insípidos instintos y un sentido de la confianza que en la gran mayoría de los casos está moldeado por lo que ven en su ambiente o en la cultura.

A esto debemos dedicarle un espacio aparte.

Artistas como Cardi B, Taylor Swift, Miley Cyrus, en el caso de Estados Unidos. O los esperpénticos Bad Bunny, Anuel AA, y hasta Maluma, son los que van a acaparar las listas de los mejores vendidos o los cientos de miles de descargas todo en un sólo día.

El público infantil es el que consume este contenido vulgar, sexual, vanidoso e incluso altamente peligroso con referencias al consumo de drogas o a la pedofilia.

Veamos un claro ejemplo en las letras de la Canción "Reggaeton Champán," de la artista mexicana Bellakath y Dani Flow, también de orígen mexicano:


“Yo no tengo problema si tú fumas hierba

Ojalá te dé tos para que saques mucha flema

Yo le pongo fuego, tú pones la leña

Y mientras el beat suena, te recito un poema


Qué bonitos ojos tienes, quiero chuparte el pene

Con todo respeto, espero no te moleste

Está cerca diciembre, ojalá no te enfermes

Y que no te dé fiebre para que tú me lo entierres…”


La letra completa no la puedo poner en este espacio por principio, pero va in crescendo. Cada estrofa a cuál más explícita.

Estos artistas, si se les puede llamar así, tienen menos de 30 años, y su público, en general, lo conforman adolescentes e incluso niños.

Los productores de música sólo buscan hacer dinero. No se piensa, en lo absoluto, en que este contenido es inapropiado y aberrante, incluso para muchos adultos entre los que me incluyo—y a mucha honra.

Si una niña no tiene supervisión adecuada y se encuentra en YouTube con un video de Bellakath o el último éxito de Bad Bunny, va a creerse que ese contenido es adecuado y, sobre todo, normal.

¿Que la industria musical tiene responsabilidad?

Sin ninguna duda, y ese contenido debería ser anatema.

Pero al final del día los únicos responsables son aquellos que tienen a cargo la educación y el bienestar de un menor.

Si así fuese, hubiese un enorme porcentaje de estos seudo artistas y disqueras que ya se hubieran declarado en bancarrota.

La hipersexualización de los niños es lo que lleva a los lobbys a querer monetizar y comercializar con la pedofilia.

La pedofilia, que quede muy claro, no es “una preferencia sexual,” como nos han querido empezar a hacer creer, blanqueando uno de los peores crímenes de la humanidad.

La pedofilia quiere introducirse como una de las tantas formas en que se mantienen relaciones entre dos personas, una de ellas siendo menor de edad.

Ya hay muchos activistas que incluyen la P en el alfabeto LGTBQ.

No es broma.

En España, la ex-Ministra de Igualdad, Irene Montero, de la extrema izquierda más rancia, ha defendido que los “niños, niñas y niñes” pueden mantener relaciones sexuales con quien ellos quieran.

Los medios afines a esta basura avalan también la normalización de que un adulto tenga relaciones con menores y trafique con pornografía infantil.

Otra posibilidad que debemos empezar a ver con ojos muy críticos es la constante y abrumadoramente profunda islamización de Occidente.

Tradicionalmente, en el Islam, el matrimonio infantil es una estampa muy común. En estos países donde hay un alto grado de pobreza y miseria, casar a una niña de seis años con un anciano es usual a modo de pagar una deuda o, en el mejor de los casos, intentar dar a una niña una vida más holgada.

Esta niña es abusada física y emocionalmente y es vista como un objeto. Su iniciación en la sexualidad tan prematuramente le deforma toda percepción de lo que debe ser una relación sana.

La palabra “amor” no la llegan a asimilar jamás.

Luego están los denominados “Bacha Bazi,” una práctica muy vista en países como Afganistán, teocráticos y con el Talibán al mando, donde se utilizan niños en situaciones muy precarias para vestirlos con adornos o accesorios femeninos para el placer de hombres adultos.

En la mayoría de los casos, los “Bacha Bazi,” que se traduce como “niño juego” o “niño juguete,” bailan sugerentemente y se hacen esclavos sexuales de sus amos. Porque son esclavizados.

La penetración de la cultura musulmana, tan incompatible con nuestros valores, podría estar creando un nivel de tolerancia inaceptable al comportamiento brutal de estas civilizaciones que, en muchos casos, viven con la ley Sharia.

Promover contenido infantil y pro familia es menester y no lo deberíamos recordar con nostalgia.

En Venezuela a los niños les cantaban los payasos Popy y Cepillín. En vacaciones íbamos a Disney World como quien iba al paraíso.

Nuestros padres supervisaban nuestras visitas a los amigos y nuestros paseos en las escuelas.

Nuestros maestros nos hacían respetar nuestras fechas patrias y nos enseñaban a leer novelas clásicas.

No podemos seguir tolerando que los niños se críen para ser marionetas inservibles e idiotizadas, serviles a cualquier aberración que hiera su sensibilidad y atrofie su percepción de su sexualidad.

Por otro lado, es urgente que las leyes en favor del bienestar infantil sean lo más severas posible.

En el estado de Florida si un pedófilo abusa de un menor de 12 años, es condenado a la silla eléctrica. Sin vuelta de hoja.

Las consecuencias de una empobrecida o, ya de hecho carente, educación sexual, es lo que ha producido casos tan sonados como los de Jeffrey Epstein, del cual seguiremos hablando, a medida que se van revelando nombres y secretos de redes pederastas.

El tráfico de niños con fines de prostitución son muy conocidos en Asia y en ciertas regiones de México.

De muchos de estos casos sólo hemos visto la punta del iceberg.

Escándalos de pedofilia siguen salpicando a la Iglesia Católica, con muchas autoridades eclesiásticas, como se dice vulgarmente “haciendo la vista gorda.”

Destrozar las mentes y el crecimiento de un niño tendría como consecuencia un mundo confundido, escaso, infértil, debilitado e inservible, precisamente lo que se busca para poder introducir sin mucha resistencia agendas ideológicas con los que unos hacen caja, y muchos se quedan en un cajón.

Es un cliché decir “los niños son el futuro.”

Sí, es verdad. Es una frase trillada.

Pero es que vivimos en una época donde tenemos que plantearnos si, de verdad, queremos que haya un futuro.

El niño no es un instrumento ni es un peón de agendas ideológicas.

Literalmente estamos condenados a desaparecer si no vemos que el niño Occidental se está convirtiendo en un pequeño ser desafortunado y miserable, manipulado por la indiferencia de sus padres hipnotizados con la ideología de género y comprando juguetes con banderitas pro LGTB.

Si no tenemos claro el por qué estamos batallando esta guerra sin cuartel, que por lo menos, no nos cueste decir que lo hacemos para la salvación de una infancia, que sólo será infancia por unos años y ya luego, como Dios manda, cumplirá su propósito como adulto.

La esencia de una sociedad sana comienza por tener niños capaces, estudiosos e inteligentes.

 tanto, Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo Charo, Charo, haro, Charo, Charo, Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo, Charo, Charo Charo, Charo. a prueba su crecimiento, se puede decir que por desgracia, un niño bien avenido es una especie en extinción.

Decía Frederick Douglass (1818-1895) político, escritor, y abolicionista (él fue esclavo hasta 1838): “Es más fácil criar niños fuertes que reparar hombres rotos.”

Nuestro mundo se está rompiendo en pedazos. De eso que no nos quepa la menor duda. Los niños (con su magia y su delicada inocencia) son los que nos harán seguir llevando esta reconstrucción y reconquista, sí, y a poner las piezas en su lugar.

Ellos, los niños, sólo nos tienen a nosotros.

Y nosotros no queremos un mundo sin ellos.


















Tuesday, November 18, 2025

La Magia Negra de Disney


El film de animación “Pinocho” se estrenó en 1940, hace 85 años.

Es una película entrañable basada en el clásico “Las Aventuras de Pinocho” de Carlo Collodi, escrita en 1883.

Los personajes de Pinocho, y él, Pinocho, una marioneta que se mueve y habla y canta sin hilos, se hicieron de los favoritos del mundo Disney.

En el centro de la trama está Pepito Grillo, un insecto que es asignado por el Hada Azul como la conciencia del niño.

Pinocho es el “hijo adoptivo” de Geppetto, un fabricante de juguetes y relojes ya anciano que se propone educar al pequeño como mejor puede.

Pero en un abrir y cerrar de ojos, fue aparecer Pepito Grillo por una puerta, y la sensatez de Pinocho que se sale por otra.

Enseguida el protagonista decide portarse mal y engañar a su tutor y escapar de su casa.

Camino al colegio con los libros bajo el brazo, Pinocho aprovecha que Pepito se levanta tarde y se pone a conversar muy amablemente con dos sujetos que, a primera vista, tienen una actitud sospechosa y no ocultan que son mercenarios buscando hacer dinero con el niño de madera que no es una marioneta ordinaria.

Los dos maleantes son socios de un artista callejero llamado Stromboli, sus nombres son Gideón El Gato, el tontito, siempre recibiendo golpes y sin poder hablar, y El Honesto Juan, un zorro con una verborrea privilegiada pero sin moral alguna.

Pinocho se deja convencer y termina en un ferry camino a “La Isla del Placer,” acompañado por su conciencia y otros niños mal educados que tenían una peculiaridad: no querían estudiar.

En la isla, Pinocho empieza a portarse mal y aprender a fumar.

Todo es juego y diversión hasta que se cierran las puertas del parque de diversiones y quedan los niños atrapados dentro.

De la juerga y las peleas de niños sólo queda el pánico al ver cómo cada uno de ellos se convertía en un asno.

Muchos niños, en una escena aterradora, no pueden volver a su forma humana. Pinocho y Pepito logran escapar y, camino a casa, descubren que a Geppetto se lo ha tragado una ballena descomunal y es aquí donde el niño toma las riendas de su vida y se va a rescatar al padre, ganándose el beneplácito del Hada Azul que lo convierte en un niño de verdad.

Pinocho es un clásico que conocemos todos y nunca tuvimos ninguna malicia para entender que si eres bueno, se te cumplirán los sueños. Si eres malo te convertirás en un burrito de carga.

Pero qué dirían ustedes si la película Pinocho es una especie de autorretrato de lo que ha sido Walt Disney World—y lo sigue siendo, casi un siglo después.

Disney siempre tuvo la misma agenda, pero nosotros, cuatro o cinco generaciones, desde su fundación en Octubre de 1923 en la ciudad de Los Angeles, estábamos dormidos.

El despertar ha sido durísimo, incómodo y muy triste.

La palabra decepcionante no llega a cubrir una gama de emociones tan amplia, y, por momentos, no queremos aceptar que Disney World nunca ha jugado limpio.

De Disney puedo hablar de primerísima mano, puesto que desde 1996 al 2003 fui empleada de Walt Disney World, tanto en los parques como en los hoteles.

Los primeros años fueron maravillosos, un poco como la primera impresión de los niños frente a un parque de diversiones, como lo insinúan en La Isla del Placer.

Habiendo sido visitante asidua durante mi infancia y mi adolescencia a los diferentes parques temáticos, el poder tener acceso gratis como empleada era un sueño dorado.

Pero ese sueño dorado tiene un precio muy alto.

De a poco me di cuenta de que no todo lo que brillaba era oro. 

El proceso de ideologización “disneyana” es fortísimo y tienes que aprender a usar ciertos vocablos.

Literalmente mi trabajo me hizo enfermar y tuve que renunciar en el 2003.

Fue una de las peores experiencias de mi vida.

En el año 2012, cuando cumplí 40 años, se produjo una breve reconciliación y fui portadora, por cinco años, de su pase anual.

Pero en el 2017 tuve que dejarlo porque ir a los parques se hizo insoportable con la cargadísima agenda LGTBQ que se promovía por los cuatro costados.

Hoy en día doy gracias a Dios porque sería imposible aguantar una carga tan fuerte de mensajes tan nocivos e inadecuados.

En los últimos pocos años, cientos de miles de familias se han desconectado de Disney, y pareciera que hoy en día los parques y sus alrededores son un “safe space” para lunáticos, transexuales y tiktokeros aberrados.

Por otro parte, en la segunda mitad de este año ya se reportan cuatro suicidios de cuatro personas desde los balcones de los hoteles o en los rieles del monorail que es el medio de transporte icónico entre varios parques y hoteles de lujo.

Si vamos atando cabos nos encontramos que Disney podría ser una fábrica de personas con problemas graves de adaptación o bipolaridad, y sería Disney el lugar elegido para terminar de una vez con toda su miseria.

El universo Disney es muy amplio y su influencia la captamos alrededor del mundo desde muchísimos ángulos.

Quizá lo más obvio sean las películas.

Las redes sociales (muy afortunadamente!) se han hecho eco de los impresionantes mensajes de las películas que están, en principio, creadas para un público infantil.

Quedémonos con eso: un público de menores de edad.

Volviendo a Pinocho, en la Isla del Placer no hay adultos, excepto el dueño del antro al que vemos de vez en cuando fumando un puro y contando sus monedas de oro.

Si nos ponemos a analizar el impacto de Disney a lo largo de más de cien años, podríamos concluir que fue a partir de nuestra generación (X) donde se quiso poner el acelerador para un adoctrinamiento que hoy tiene invadido a todo Occidente.

Si bien Disney tiene sucursales en Asia y próximamente en los Emiratos, fue la sociedad Occidental la más proclive a morder el anzuelo.

Invito a que ustedes vean la amplísima hemeroteca sobre los mensajes de las películas de Disney.

Casi toda la cinemateca de Disney tiene denominadores comunes.

Vemos a Pinocho que desobedece a su padre anciano.

Por este mismo rumbo están El Rey León cuando Simba y Nala se escapan de Pride Rock para acabar asediados por hienas, serviles a Scar el villano, hermano de Mufasa, y posteriormente su asesino.

La tragedia sacude la vida del cachorro Simba que huye de su hogar sintiendo sobre sus hombros la culpa de la muerte de su padre. Luego lo vemos crecer como un tarambana hasta que su mejor amiga (luego su pareja), Nala, le pide ayuda en nombre de un decadente Pride Rock en manos de Scar, un tirano.

La Sirenita nos presenta a Ariel que desobedece a Tritón, su padre, el rey de los mares, para buscar lo que no se le ha perdido en tierra, donde, para ganarse el amor del Príncipe Eric, se deja embaucar por Úrsula, una bruja que se aprovecha de criaturitas desesperadas y desamparadas como Ariel.

En estos ejemplos no podemos dejar atrás la asociación de Disney con los estudios de Pixar, si cabe más liberales y extremistas woke que su matriz, Disney.

Pixar se dejó de subterfugios cuando comenzó a cundir sus películas de animación con personajes “queer” o abiertamente homosexuales.

Cuando yo estaba en nómina de Disney, se me decía que la industria del entretenimiento era muy propicia a reclutar personas homosexuales.

Centenares de mis compañeros eran gays y varios altos ejecutivos lo eran también—y muy abiertamente.

En Disney no había closet del que salirse, todo Disney era un escaparate de sorpresas muy abierto.

El problema llega con la entrada del nuevo milenio y el nacimiento de generaciones mucho más vulnerables, cuyos padres, confiaron al cien por cien con el producto de los estudios Disney y con la frenética producción de mercancía.

Hoy en día empleados varones entre los 25 y 40 años se visten de mujeres para entretener a los niños y, alegadamente, se han hecho comunes las orgías entre los empleados posteriores a los desfiles y los shows.

Expertos hablan quizá de un problema más grave, que no se puede ver a primera vista, pero que podría ser, al final del día, la gran meta de Disney, adeptos estos a la apocalíptica Agenda 2030.

Mickey Mouse podría no ser más que un Gran Sacerdote embrujando a los pequeños para entrar en un mundo de colores que luego pondrá sus asquerosas manos sobre sus endebles cerebritos.

Volviendo al punto anterior, muchos analistas coinciden que Disney tiene un diabólico ataque hacia el núcleo familiar creando personajes siempre rebeldes, incomprendidos e ingratos.

Atención, que no con esto pretendo censurar que se vean las películas de Disney, pero sí pretendo llamar la atención a lo que podría estarse creando a partir de cuentos y de temática infantil.

Es urgente que los films de Disney sean supervisados por adultos cabales, algo que no pareciera ser común, sino todo lo contrario.

Cuando salió la película de Disney-Pixar Coco en el 2017, mis padres y yo la vimos juntos y fui yo la única persona del grupo a quien se le saltaron las alarmas con la cantidad de propaganda que tenía el film casi desde el principio.

Tenemos a Héctor, el protagonista a quien no se le permite “cruzar las fronteras” para ver a sus ancestros en el Día de los Muertos.

Con este personaje se politizan las medidas de Donald Trump, en aquel entonces en su primer período, en contra de la inmigración ilegal.

Tenemos un show de un travesti.

Y como no podía faltar, a Frida Kahlo, una artista maravillosa, pero una figura controversial, bisexual y abiertamente comunista que tuvo de amante a Trotsky.

La gran mayoría de las personas no vería estos “mensajes subliminales,” y otro grupo de personas no sólo los ve sino que los celebra.

Por este mismo medio hemos analizado a fondo el rol de Disney en nuestra sociedad, pero quizá nos ha faltado hacer un llamado de alerta para que el contenido sea analizado y podamos dejar a los niños ver una película que no dañará sus posturas y sus valores a medida que se hacen adultos.

Los recursos materiales de Disney son incontables, pero en la última década, vemos que no son infalibles. Y esto es un buen presagio.

Pero sigamos analizando...

Hace una década o poco más, Disney decidió reinventar sus clásicos en forma de lo que se conoce como “live action,” es decir, con actores y no con dibujos animados.

Con estos largometrajes, no sólo se distorsiona la película original (que ya sabemos está maleada ideológicamente) sino que se adereza sin tapujos con un contenido pro Agenda 2030, muy pro LGTBQ y con protagonistas femeninas insoportablemente feministas.

Hay quienes podrían incluso ver mensajes misóginos, dado que la mayoría de las protagonistas y las princesas tienden a tener un peor final como consecuencia de su desobediencia y su inconformismo, mientras que los protagonistas masculinos siempre salen airosos y aventureros.

El que piense, y esto es importante, que estos mensajes hay que verlos con lupa y son pura coincidencia, que se lo haga mirar.

Hace aproximadamente tres años, en Marzo del 2022, un “whistleblower” hizo pública una reunión de altos ejecutivos de Disney donde abiertamente decían que no había nada oculto en la promoción de antivalores y de agendas pro gay.

Yo que trabajé con compañeros homosexuales quiero dejar claro que ellos, per se, nunca fueron el problema. El problema fue el proselitismo que año tras año fue in crescendo hasta el punto, como ya he dicho, de ver “drag queens” como empleados departiendo con los niños pequeños.

Para concluir, quizá Disney esté creando una sociedad de idiocracias a todo nivel, tema que ya analizamos por este medio.

A Walt Disney World, una gigantesca "Isla del Placer" habría que empezar a llamarla por lo que es, una maquinaria muy eficaz de propaganda. Un Goebbels detrás de la fachada de un tiovivo extraordinario.

El hecho de que los costos de una experiencia en Disney también sean tan altos, podría ser un indicador de que son un fraude más comprando la voluntad de los visitantes endebles e ideologizados.

Disney podría haberse prestado, a cambio de todo el oro del mundo, en convertir a niños en asnos frente a nosotros, sin pedir permiso ni perdón.

El dique de contención lo erigimos nosotros.

No es opcional. Es imprescindible.

La magia de Disney no es magia blanca, sino un blanqueamiento de la magia negra que amenaza a una civilización que alguna vez quiso creer en cuentos de hadas, y cayó en el reino de Hades.

Aviso a navegantes, este año 2025, marca el pistoletazo de salida para la generación Beta. Este año nace una nueva ola de niños. Por favor seamos para ellos un Pepito Grillo más eficaz que el que tuvo Pinocho.








Tuesday, November 11, 2025

La Idiocracia, el TNT de Occidente



La palabra “idiota” es un peyorativo que usamos para insultar a un político inútil, a un activista descerebrado o simplemente a un personaje de ficción en una película. Usamos la palabra ligeramente y la vemos inflada y viral en redes sociales.

Para nuestro análisis de hoy me gustaría que nos remontemos a los orígenes etimológicos de “idiota.”

Para ello nos vamos a la antigua Grecia. 

“Idiōtēs” (ἰδιώτης) en griego hacía referencia a un individuo aislado de la vida pública sin muchas aspiraciones y con poco talento.

Lo que ha quedado vigente hasta nuestros días y se ha ido moldeando en nuestro vocabulario es lo segundo.

Un personaje sin talento y sin vocación alguna; moldeable; manipulable, y en ocasión hasta manipulador.

En Grecia, un idiota se excluía de cargos importantes. Se le dejaba de lado.

No era ilegal ser idiota, pero era problemático.

Hoy en día ser un idiota es lo correcto, lo útil y lo imprescindible.

Se paga a los idiotas.

Se contrata a idiotas.

Se vota a los idiotas.

El siglo XXI se ha convertido en la era de las “idiocracias.”

En una sociedad idiota, la mediocridad es una reina y el ciudadano se pone a su servicio.

Agustín Laje, politólogo e influencer argentino, publicó hace dos años un libro llamado “La Generación Idiota,” y el haber puesto tan irreverente título causó mucho inri entre los críticos y, claro está, la izquierda radical.

Pero Laje supo defender el título de su obra, precisamente, porque la intención no era propiciar insultos, sino definir la palabra “idiota,” como es menester entenderla.

En su libro, Laje se enfoca en la generación Z, la batalla cultural y lo que él define como una sociedad con mente de adolescente.

Pero la idiotez no tiene ni edad ni género.

En una idiocracia todos buscan ser idiotas porque de ser idiota se come y se vive bien.

Pero idiotizar a una civilización entera no es una tarea fácil ni es un virus que vuela en el aire y contagia como una gripe.

La “idiofilia” es propicia en mentes muy brillantes y muy poderosas.

La Alemania Nazi, y, en consecuencia, todos los territorios invadidos por el Nazismo en los 30s y 40s, se concentró en idiotizar a millones de ciudadanos que durante décadas pasaron de un Kaiser a una república impúdica y decadente y a una miseria y una hambruna que era anatema para una potencia como la germana.

La idiotización del pueblo que apoyó a los Nazis no estaba siendo controlada por un pobre diablo, sino por Joseph Goebbels, para el mal, una de las personas más inteligentes y talentosas del siglo XX.

En este medio hemos analizado las leyes de la propaganda.

A una población desesperada, la idiotización y la manipulación es extraordinariamente sencilla.

Joseph Stalin y todos los líderes comunistas alrededor del mundo en el último siglo eran impresionantemente geniales y su ambición por obtener poder y control era insaciable.

Idiotizar a la población bajo el mando de estos tiranos costó más de 100 millones de vidas.

Los creadores de las redes sociales, esos millennials consentidos de Silicon Valley son bastante responsables de la idiotización de cientos de millones de individuos que a través de un arroba tienen un altavoz que muchas veces debería quedarse mudo.

Las nuevas tecnologías han sido un “parabéns” para las élites que sádicamente disfrutan de ver a idiotas germinar como mala hierba.

Gobernantes de países del primer mundo gozan de ver como los de su propio entorno (escogidos a dedo) aplauden todas las gracias y cumplen a rajatabla con las agendas ideológicas que mantendrán a la sociedad anestesiada.

El analista Victor Davis Hanson participó en el pódcast “The Independent” (El Independiente) con el Dr. Scott Atlas, experto en política y salud.

Hanson, cuando se le pregunta por los inicios de este cambio social y mental de las generaciones actuales, responde sin titubeos que en los EE. UU. todo se inició en la era de Barack Obama.

Obama hoy por hoy es un personaje tristón, empequeñecido y vapuleado hasta por su propia esposa. Está desprestigiado y cada día salen más y más datos que evidencian el supremo daño que su mandato del 2008 al 2016 hizo a la sociedad estadounidense, más que a nivel económico, a un nivel cultural y espiritual.

Obama sabemos hoy en día es lo que en inglés se conoce como un “middle man,” es decir él, por sí mismo, no es nadie, pero detrás de su campaña y sus acciones había recursos cuasi infinitos, mentes maquiavélicas y, por supuestísimo, el islam radical.

Los Obama fueron entrenados para irrumpir en el panorama político y muy poca gente los conocía de primera mano. Esto, tal vez, fue una mala señal que los americanos ignoraron por completo frente a esta figurita de torta que venía a la Casa Blanca con tonito dicharachero y con un discurso trillado sobre la “injusticia social.”

El, sí, él, Barack Obama es también un idiota.

Pero hasta el sol de hoy Estados Unidos padece la pandemia de los años peligrosos de una administración que quiso, desde el minuto uno, convertir a Estados Unidos en una idiocracia.

No subestimemos el recuento de los daños.

Obama con todo y que es una persona servil y venida a menos puso, en su día, la primera piedra para que hace pocos días la ciudad de Nueva York eligiese a Zohran Mamdani como alcalde de la Gran Manzana.

Mamdani es, si cabe, más radical y más peligroso que el mismo Obama, y sólo tiene 34 años.

Es el títere perfecto que atrajo el voto de las "Barbies" feministas, todas ellas idiotizadas por una misoginia desaforada y por chiringuitos que quieren pagar al primer postor.

Los “idiota makers” no son, en muchos casos, caras visibles.

Son, como en El Mago de Oz, el hombre detrás de las cortinas.

El perfil psicológico de un idiota es muy predecible y si nos adentramos en su biografía, en el caso de personajes públicos, vamos a ver casi sin excepción, traumas y bullying y, en el caso de las mujeres, el abuso psicológico e incluso sexual de hombres cercanos a su entorno.

Si un presidente de la república puede ser definido como un idiota, poco podemos esperar del ciudadano común.

Pero ese ciudadano ordinario no se hace idiota solo.

Hanson, en el podcast con el Dr. Atlas da en el clavo cuando analiza con lujo de detalles como ese proceso de idiotización colectiva ha sido por obra y gracia de las universidades.

Y no de ayer, ojo.

Desde hace décadas y en las universidades que creeríamos más prestigiosas y más serias se ha creado una pandemia pro socialismo y anti casi todo lo bueno entre pizarrones y pupitres y charlas en cafetines.

Yo, en lo personal, tuve mucha suerte de que en los 90s, la Universidad de la Florida Central, donde me gradué de periodismo y ciencias políticas en 1995, no estaba politizada ni ideologizada, al menos no en la cátedra de periodismo—y miren que pudo haberlo estado!

El mismo Hanson recuerda que en sus estudios de postgrado en la década de los 70s, tres cuartos de lo mismo, cero ideologización.

En Venezuela, en cambio, siempre escuché que, efectivamente, las universidades públicas sí estaban invadidas tanto por estudiantes como profesores abiertamente de izquierdas.

Pero el ambiente político de hispanoamérica siempre ha sido complejo y caldeado.

Volviendo al caso de los Estados Unidos que es el que tendría más repercusión y relevancia, la idiotización ha sido fríamente calculada, premeditada, y exquisitamente financiada por entidades que hoy sabemos no son ni americanas ni son trigo limpio.

Catar y China han aportado billones a las universidades privadas con la sola finalidad y condición, por ejemplo, que se agilice la apertura de cátedras proislamistas y de chiringuitos de estudiantes con lemas furiosamente antisemitas y antiamericanos.

La universidad Complutense de España, hasta hace pocas décadas, icónica, es hoy por hoy un nido de personajes esperpénticos que con su puño en alto se han hecho devotos y sacerdotisas del wokismo más estridente y del comunismo que, junto a Pedro Sánchez (un idiota de manual) conforman un gobierno de extrema izquierda.

Cada mañana las noticias en redes sociales nos hablan de algún imputado de la cúpula en Moncloa.

No existe un sólo personaje en el gobierno español que sea salvable.

España está hipnotizada por el péndulo de Bruselas que riega a las naciones de Europa con ideología de género, animalismo fétido y castigo tras castigo para la economía del campo que se seca adrede o se quema paulatinamente para saciar la ambición de los políticos idiotas con aquello del “cambio climático.”

Me gustaría que nos quedáramos en España por un momento quizá porque España, muy tristemente, pueda ser ya una idiocracia definida y estructurada.

Vuelvo y repito la cara de los idiotizadores del Reino de España está oculta más allá, incluso de Bruselas, donde Úrsula Von der Leyen es la emperatriz del idiotismo europeo.

No sabemos quién ha puesto a un “Lázaro político” como Sánchez en el poder. Pero se habla muy posiblemente de un George Soros y de los líderes del grupo Bilderberg que ya no son actores de una conspiración, sino que sabemos sus nombres y sus apellidos.

Al igual que los comunistas de la España guerracivilista de los 30s, Sánchez y su séquito de bufones son crueles, tiránicos y corruptos.

Las máscaras se caen, pero Moncloa sigue sin derrumbarse.

Pero a Sánchez lo protegen aliados muy cercanos.

A Sánchez, y esto es interesante, prestemos atención, lo mantiene en el poder una institución que él aborrece: la monarquía.

El gobierno del PSOE es ateo y republicano sin condiciones, pero Sánchez ha encontrado en el mismísimo Rey de España a su idiota perfecto.

Con la publicación de tantas biografías donde se comentan los pormenores de la vida privada de los actuales monarcas, y con la venia de su íntima amiga, Letizia Ortíz, Sánchez ha podido manipular a Felipe VI hasta convertirlo en un bufón de su corte.

Los discursos amorales y globalistas del rey son cada vez más frecuentes y ver a los reyes retratados con jefes de estado de izquierda es lo que adorna las portadas de HOLA.

Letizia, ella toda, una villana consumada abiertamente comunista, atea y anti-España, no pone límites a su ambición de seguir dinamitando la institución convirtiendo a sus dos hijas, la heredera, la Princesa Leonor y a su hermana, la Infanta Sofía, en dos peones inservibles para que vejen a su abuela, la Reina Emérita Sofía.

Esa desvergüenza en España es el pan nuestro de cada día.

Pero el que piense que Letizia Ortíz es una líder, se vuelve a equivocar.

Letizia es de la peor calaña de idiotas que existen, la más servil y la más dañada.

Sexo y ambición la han llevado al Palacio de la Zarzuela y ahora ella misma quiere convertir a la Infanta Sofía en una inútil.

Ha salido a la luz que los monarcas pondrán a su segunda hija a cursar en una universidad llamada “Forward College” una institución con su sede principal en Malasia y con franquicias como la de Lisboa donde entrará la infanta.

“Forward College” es una universidad donde se puede obtener un diploma de idiota pagando cientos de miles de euros.

No hay exámenes. Los estudiantes se centran en participar en charlas y se crean soldaditos rasos para el activismo de la Agenda 2030.

Estas universidades elitistas están planeadas para ser atendidas por estudiantes que nunca tendrían que preocuparse por trabajar y ganar un sueldo, pero son pro activismo radical rojo amapola.

Casi todos los alumnos provienen de casas reales, aristocracia rancia y niños mantenidos por sus padres con mansiones en los Hampton.

Cuando se han desgranado las protestas violentas en las universidades estadounidenses se recalca el papel protagónico de este tipo de alumnado. Muchos de ellos han llegado, incluso, a quemar sus diplomas en protesta de sus causas inútiles como la de “Free Palestine.”

Hanson comenta que muchas empresas de prestigio ya han optado por no aceptar candidatos que vienen de las conocidas “Ivy Leagues” como Harvard o Columbia, dado que estos empleados lo único que hacen es polarizar, politizar y poner en visto a sus compañeros y colegas.

El germen de la idiotización empieza en las escuelas y en los hogares.

Cada vez hay más mujeres que anteponen sus ambiciones profesionales sobre la crianza de los menores.

La violencia e hipersexualidad de nuestra cultura del entretenimiento ha creado madres solteras por montones y los “idiota makers” promueven cualquier cantidad de políticas que dejen en sus víctimas visibles e irreparables traumas como es, por poner un ejemplo, el aborto.

El idiota paga por seguir viviendo en la comodidad de su idiotez.

De allí que los idiotizadores hayan construido minas de oro que superarían en tamaño, con creces, la altura del Monte Everest.

El idiotizador es creativo en su labor de fabricar imbéciles, pero es inmune a sus propias estrategias.

Puede que uno u otro caiga en la cárcel por crímenes o fraudes, pero las cabecillas se echan aire en Mónaco y veranean en Dubai.

Afortunadamente, el vaporizador que idiotiza ya ha saturado tanto el ambiente que se ha empezado a ver el efecto contrario a lo que inicialmente se habría querido lograr.

Muchos ya llevamos máscara anti gas y estamos inmunes al proceso de idiotización masiva.

Esto es un plus, pero es, por el momento, un proceso lento.

En política, el antídoto ha sido la elección de muchos líderes que no son políticos profesionales.

El caso de Donald Trump o el de Javier Milei saltan a la vista.

El otro antídoto que ha probado ser exitoso es la popularidad, es el despertar del orgullo patrio y la vuelta de los jóvenes a los valores culturales y religiosos tradicionales.

Volviendo al caso de España, es la generación Z la que cunde las plazas de toros y las manifestaciones del partido patriota y soberanista Vox, con Santiago Abascal a la cabeza, que huyó hace más de una década del Partido Popular que cayó en la idiotización globalista de Bruselas.

El auge maravilloso de lo que yo llamo “patrioterapia” ha sido menester para verle a nuestra civilización moderna la luz al final del túnel.

Pero el enemigo, el “idiotalover,” no tiene ganas de rendirse ni remotamente.

Las elecciones de Nueva York, la de Irlanda y la triste derrota de Geert Wilders en los Países Bajos son señales de que hay más idiotas que lo que pensábamos, sólo que estaban escondidos como a la expectativa.

No habían pasado ni 24 horas del fatídico triunfo de Mamdani cuando de pronto Time Square en Manhattan quedó invadido por mahometanos rezando cara a su Meca.

El islamismo necesita su propio análisis.

Pero entre los idiotizadores del mundo, se cuentan varios Mohammeds y Alíes.

Ahí lo dejamos.

La Cruzada anti idiota apenas comienza y tiene alcance y tiene toda la esencia de ser una batalla por la salvación de Occidente. Una batalla de índole divina, sin duda, que nos hace a todos un poco más cada día, un templario del siglo XXI.

Entender de raíz que se busca mediocrizar a una sociedad entera nos lleva a encontrar la salida a la luz.

Nuestra lucha es de “aliado makers.”

La pira fúnebre de los socialistas y globalistas caídos en desgracia se acrecienta política y mentalmente hablando.

La fumigación ideológica, como la libertad avanza con prisa y sin pausa!

Decía el político y escritor francés Víctor Hugo (1802-1885):

“Nada hay más estúpido que vencer, la verdadera gloria está en convencer”

El idiota de manual quiere tener la razón en todo e ir por la vida como una cabeza de ratón engañando a diestra y siniestra al que quiere ver en él un león fornido.

El león del siglo XXI no va con pompa ni busca el estallido de bombas.

Su integridad convence al que el que con ínfulas pretende hacer creer que vence.


La Cleptocracia: El Gobierno a Través del Fraude y del Robo

Hay una leyenda folklórica que a lo largo de muchos siglos nos ha llegado a través del cine, el teatro y la música. Esa leyenda nos cuenta l...