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Sunday, February 8, 2026

Seamos Guerreros de la Luz---no de Tablero!



En el año 73 AC, Roma vio los cimientos de su República temblar como pocas veces. Revueltas habían sido vividas. Hazañas habían sido contadas. Enemigos fueron hechos polvo en el camino.

Roma era invencible.

Pero vivió un hombre que pudo poner en entredicho la fortaleza de la potencia que fue Roma en esa época.

Tendría aproximadamente 30 años. 

Su origen sigue aún, hasta nuestros días, siendo un misterio.

Históricamente, este hombre sería de origen Tracio y habitó las tierras que hoy pertenecen a Bulgaria.

Fue un soldado, pero también fue apresado y llevado frente a las autoridades de Roma. Fue condenado a muerte. Sobrevivió su propia ejecución gracias a su pericia con la espada.

Su nombre verdadero quizá no lo sabremos nunca.

Pero sabemos que conoció la gloria y el triunfo como un gladiador súper estrella.

Ese hombre era Espartaco.

Espartaco.

Campeón de campeones.

Musa y mito.

Esclavo y amo.

El nombre de Espartaco se quedará para siempre entre las páginas de la historia y habrá docenas de películas que se harán parte de una hemeroteca maravillosa que ya lleva su nombre.

Espartaco.

La figura de un gladiador a lo largo de la República y a lo ancho del Imperio Romano fue siempre símbolo de fascinación, valentía y proeza.

Pocos gladiadores conocemos por su nombre propio. Y los que conocemos por nombre, son, la mayoría, seudónimos y nombres de guerra.

A los enemigos de Espartaco los conocemos por nombre: Marco Licinio Craso y Julio César.

Pero al héroe detrás de la espada y con virtudes inimaginables en la arena, sólo le conocemos el sobrenombre que lo hizo inmortal.

La Tercera Guerra Servil lo tuvo de protagonista junto a otros compañeros del mismo “ludus,” (como se conocían los colegios de entrenamiento para gladiadores)

Roma no olvidaría su nombre jamás.

Hacerse conocer por un seudónimo no es sólo cosa de leyendas.

Innumerables escritores escriben bajo un seudónimo.

Artistas de renombre mundial usan un nombre artístico.

Pero si nos adentramos en la arena, por volver a nuestra analogía, de la batalla cultural, ¿hasta qué punto podemos elegir actuar bajo el anonimato?

¿Por qué me planteo esta hipótesis?

Porque, así de simple, los que estamos librando esta batalla lo hacemos, como los gladiadores, “sine missione,” sin vuelta atrás.

Soñamos con una reconquista.

Hemos iniciado una nueva era de Cruzadas, de guerras santas.

Jerusalén vuelve a ser una ciudad de oro. España necesita a un nuevo don Pelayo y Estados Unidos ha vuelto a ser una potencia sin pelos en la lengua y señora de los cielos.

Las tiranías tiemblan.

Las dictaduras se esconden.

Todo bajo el ala y la inspiración eterna y constante de Dios y de nuestros héroes fundadores, de los que sí conocemos nombres y celebramos sus natalicios.

Pero el guerrero actual no tiene cara.

El guerrero actual es una arroba y un avatar.

Guardemos esta frase por unos instantes.

Volveremos a ella.

En Europa, Bruselas está obsesionada con la censura y persecución de narrativas, discursos y afirmaciones en las redes sociales.

Conocemos la propaganda que han hecho los líderes de muchas naciones, principalmente España, que dice que el control de redes sociales es por el bienestar infantil.

Sin embargo, este mismo sujeto, del que sabemos nombres y apellidos, Pedro Sánchez Pérez Castejón, sí que le conviene que niñas de apenas 16 años puedan abortar un bebé sin permiso de los padres.

Sánchez no tiene problema alguno que un menor de edad se hormonice hasta los huesos para adoptar una identidad ficticia. 

No hablamos de un seudónimo, sino de toda una identidad sexual, mental y emocional que corresponde a otro género.

En Inglaterra docenas de ciudadanos han sido encarcelados por el fallido régimen de Starmer por utilizar las redes para hacer frente a las políticas de inmigración y criticar la islamización del Reino Unido.

En el centro de estas polémicas salen a relucir dos palabras que las hemos oído retumbar a los cuatro vientos desde que el mundo es mundo: libertad de expresión.

La libertad de expresión es un derecho humano fundamental que permite a las personas buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole, ya sea oralmente, por escrito o mediante cualquier otro medio, sin censura previa.

En Estados Unidos la libertad de expresión está protegida por la Primera Enmienda de 1791:

“El Congreso no podrá hacer ninguna ley con respecto al establecimiento de la religión, ni prohibiendo la libre práctica de la misma; ni limitando la libertad de expresión, ni de prensa; ni el derecho a la asamblea pacífica de las personas, ni de solicitar al gobierno una compensación de agravios.”

Por décadas, el discurso que hoy ondeamos los patriotas y los conservadores fue puesto bajo altísimo escrutinio y los expertos en propaganda nunca faltaban a la cita de llamarnos nazis o fascistas.

Desde entonces la guerra acérrima para el rescate de nuestra civilización, nos pone a cada uno de nosotros del comúnmente llamado “lado correcto de la historia.”

Rostros anónimos mayoritariamente son responsables de la destrucción de nuestras comunidades con políticas y líderes puestos a dedo.

Las caras visibles apenas son máscaras.

La falta de transparencia y las numerosas capas en las que se envuelven las mafias, es lo que les ha dado a nuestros antagonistas el papel protagónico por muchos años.

Volviendo a nuestra reflexión anterior, y la repito una vez más:

—-El guerrero actual es un arroba y un avatar—-

En Estados Unidos tenemos una expresión para referirnos al activista de las redes sociales: “keyboard warrior,” el guerrero de tablero.

Un guerrero, si es guerrero no se esconde detrás de una pantalla.

Sin embargo, las redes sociales de pronto dan a luz a un ciudadano comprometido y sagaz, pero absurdamente anónimo.

La creatividad detrás de un arroba es infinita. De seudónimos y nombres de guerra se pueden hacer enciclopedias que harían sonrojar a la Real Academia.

Quizá no haya, y de hecho, no hay mala intención alguna.

Pero lo que es asunto serio, crucial y urgente queda reducido a una actividad de ocio con nombres irreverentes e identidades prestadas.

Con el destape de los documentos de Jeffrey Epstein hemos hecho un trabajo de arqueología que jamás pensamos posible.

En vez de ruinas, encontramos ruina. Ruina moral.

Las fachadas a las que se aferran las mafias globalistas son innumerables.

Algunos se han querido aferrar a los “Illuminati” como un término genérico de sociedades secretas que según los que manejan estos conceptos literalmente controlan los designios del mundo, tanto cultural, espiritual y ante todo, financiero.

Una vez más, las redes sociales han hecho rédito económico alimentando y comentado a diario sobre estas élites invisibles.

Pero si es así, por qué nosotros que estamos llamados y supuestos a esta lucha hacia la luz debemos ocultarnos?

Cuando salimos a defender la libertad de expresión, debemos preguntarnos, y esto es importante, la libertad de expresión de quién?

La libertad de expresión de Juan Carlos Pérez o la de @JuanitoElSabrosón?

Lamentablemente, la llegada de las redes sociales a nuestras vidas se volvió para muchos la excusa perfecta para achantarnos en un sofá y convertirnos en guerreros de salón.

El mundo arde, pero yo me quedo cómodo.

Hay quienes, con razón, ven con preocupación los avances de la inteligencia artificial, tema del que sólo hemos visto, por ahora, la punta del iceberg.

Pero estaremos nosotros a través de nuestra actividad en línea volviéndonos un personaje?

¿Qué queremos decirle al mundo?

¿Porque no hay más caras visibles contrarrestando el baile de máscaras de nuestros enemigos?

Los que sean padres y madres de familia, esta interrogante deberían planteársela.

Los niños de las nuevas generaciones no pueden enterarse de mayores de que sus padres mantenían una doble vida, aun si su propósito fuese certero y valeroso.

Me temo que las redes sociales nos pueden deshumanizar y que cuando querramos dar gracias a Dios por algún héroe sin capa, nos daremos cuenta de que tendríamos que dar las gracias a @guerreradediamante @lolalagrande o @isabellabuena.

Creo que tenemos que tener máximo cuidado.

Nuestros enemigos ya de por sí, apoyando fervientemente una Agenda 2030, por poner un ejemplo, ya hablan de chips. Nos quieren a todos anónimos y nos quieren mansos.

Si les hacemos el trabajo más fácil, ¿de qué nos quejamos entonces?

Hemos sido elegidos para dejar huella, de eso que nunca nos quepa la menor duda.

Nuestra civilización tiene historia porque podemos celebrar nombres y ponerle caras a las victorias.

El guerrero del siglo XXI merece ser de carne y hueso, con nombres y apellidos y una hemeroteca a su nombre.

Esta reflexión quizá no debía hacerse.

El que se ha echado a estos mares llenos de tiburones que lleve la fe junto al timón, y que pueda la humanidad recordar sus hazañas.

Bien sabemos que cuando los tiranos quieren borrarnos de la tierra, nos convierten en un número en el antebrazo.

Creo que todos saben a lo que me refiero.

No seamos nosotros los que nos borremos por motu propio.

Ahora que el mundo huele un poco más a libertad, quisiera saber que la victoria la compartimos muchos, cada día más, con nuestros nombres y nuestra honra en alto.

Dios ve a sus hijos siempre del otro lado de la luz, en la luz.

Por favor que no nos quedemos atrapados en sombras, y que un botón en un tablero apretado por error nos pueda borrar como si jamás hubiésemos existido.

Monday, November 3, 2025

La Oración de la Serenidad: Una Reflexión Para Nuestros Tiempos


La conocida como “La Oración de la Serenidad” ha sido atribuida al filósofo y teólogo Estadounidense Reinhold Niehbur.

Su origen no está al cien por cien claro, pero la intensa reflexión que nos inspira podría haber sido diseñada a partir de los escritos de Marco Aurelio, Cicerón, Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, entre muchas otras testas brillantes.

Popularmente, se dice fue escuchada por primera vez en un sermón del propio Niehbur en los años 1940s en el estado de Massachusetts.

Pero quizá lo más relevante de la plegaria en honor a la serenidad es su relevancia, su universalidad y su urgencia en nuestros tiempos tan difíciles.

La hipótesis que hoy plantearíamos sería: ¿Puede la “Oración de la Serenidad” ser la respuesta a los que nos enfrentamos a la batalla–y cruzada–para salvar a nuestra civilización?

Empecemos...

La oración, en mi opinión, requeriría una primera estrofa, un renglón inicial donde nos debemos poner a meditar qué es lo que ha cambiado que debemos aceptar, y sobre todo, si hemos abandonado a su suerte a nuestros principios?

En otras palabras, debemos ser honestos con lo funestos que hemos sido con nuestros valores, pues hemos abierto puertas prohibidas para que cada día el caos haga su mejor esfuerzo para empujarnos al abismo.

Para aceptar lo que no podemos cambiar tenemos que estudiar a fondo lo que sí ha cambiado para tener los resultados catastróficos que hoy lamentamos.

Hay otra pregunta, ¿desde cuándo queremos medir los cambios de nuestro mundo y de nuestras generaciones?

¿Cien años? ¿Veinte años? ¿Desde la pandemia del COVID-19?

Nuestra perspectiva de donde damos el pistoletazo de salida es imprescindible.

En los últimos pocos años se ha puesto el pie en el acelerador en querer apresurar la destrucción de lo que hasta antier era de por sí una plegaria común en Occidente: Dios, patria y familia.

Vuelvo y repito, la oración nos ofrece consuelo frente a todo aquello que cambiar no podemos. Pero, el drama es que hemos cambiado el mundo de la forma que no debemos.

La revolución industrial, por ejemplo, nos situaría en la Europa del siglo XVIII. La revolución tecnológica nos situaría en las últimas décadas del siglo XX hasta el presente.

La conjunción y el posterior ensamblaje de estas dos eras imprescindibles para el desarrollo laboral e intelectual de Occidente, nos pondría en el epicentro a generaciones, casi en extinción que levantaron los cimientos de las hoy conocidas como potencias mundiales.

Precisamente la ambición de querer prosperar para dejar atrás la miseria de dos Guerras Mundiales, pudieron haber puesto, sin querer, la primera piedra de este preocupante acabose moral que estamos tratando de revertir.

La primera frase de la oración de la serenidad sería, no el aceptar que el mundo ha cambiado y pedimos tranquilidad ante ello.

Absolutamente lo contrario.

Aceptemos que cometimos todos los errores del libro. Hagamos las paces con la realidad y estemos todos de acuerdo que el desastre del mundo actual lo creamos nosotros.

La ambición inconmensurable de los que en su día fundaron las élites de poder, avanzaron sin freno. Sus arcas quedaron llenas de oro y nuestra civilización quedó aplastada en las trincheras del miedo.

Aceptemos algo imperdonable y es que a Dios se le ha querido fuera de nuestras vidas, como si fuese algo incómodo, un Padre severo al que debemos engañar para seguir nuestro propio sendero.

Aceptemos que somos responsables.

Aceptemos que estas primeras batallas para intentar echar redes al mar para rescatar nuestra paz y nuestra moral perdida, no ha dado frutos vivos, sino semillas secas.

La serenidad de aceptar lo que hemos construido y ver lo que con nuestras manos hemos deshecho nos llama, no a resignarnos y ver como se nos cae nuestra civilización a pedazos, sino a poner la brújula en funcionamiento y ver dónde está el norte y poner nuestras alas al servicio del viento.

La segunda línea de la oración de la serenidad nos empieza a construir un nuevo horizonte de esperanza. 

Ya estamos claros. Ya hemos recogido las provisiones necesarias para un viaje arduo y complicado.

Nuestro ánimo va in crescendo porque debemos orar para tener coraje y bravura para romper en pedazos todo lo que nos destruye. Soñamos con el adversario de rodillas, merecedor de nuestro tiro de gracia.

Pero tener alma de gladiador nos debe hacer no violentos sino cautos; filósofos, teólogos, políticos y estudiantes. Todo en uno.

Allí nos encontramos, francamente, con uno de los obstáculos más difíciles de abatir, puesto que la desidia y la indiferencia de tantos por tanto tiempo, ha hecho del nuestro un mundo de analfabetos idiotas; de apaciguadores y victimistas; de corruptos y manipuladores.

Navegamos en aguas turbias e infectadas. Nos exponemos a espejismos de virtud que luego resultan ser molinos de viento (literalmente!)

De pronto el enemigo a abatir es sólo un algoritmo guabinoso que nos vende la mula ciega. 

De pronto se ha hecho, se aplaude un teatro absurdo con algo que cambia sin cesar, el clima.

De pronto vemos que a diferencia de nuestros ancestros, somos ignorantes y frágiles.

De pronto el mundo prefiere rendirse.

Volviendo a nuestra mención de la era tecnológica, los jóvenes ya no ven con buenos ojos laborar desde temprano, cumpliendo horarios, sino ir a un cibercafé con el androide como maestro guía y TikTok como un David Copperfield experto en distorsionar la realidad y crearnos una conciencia ficticia.

Una arroba se ha hecho sinónimo de altavoz, y una red social se ha convertido en el nuevo púlpito donde se oyen sermones imperfectos, pero irresistibles.

Los jóvenes han perdido su criterio y sus padres están encerrados en sus carreras y en su ambición de construir imperios aunque la base sea de arena.

Hay tanto que cambiar. 

Pero también toca aceptar que el daño que hemos hecho a millones y a nuestra sociedad, en mucho es irreversible.

Los que estamos hechos para pelearnos contra la corriente somos pocos, en comparación con la horda de espectadores absortos e hipnotizados.

A los valientes no se les construye en fábricas ni se les manipula como arcilla.

El valiente se sabe pleno de ese coraje que lo lleva a ser león de leones, pase lo que pase.

Hacen falta titanes. Los hay ya, y bien que sabemos sus nombres. Tenemos un Trump abanderando la lucha contra la corrupción y la violencia subvencionada por los medios y las élites de las ONGs.

Tenemos un Elon Musk que ha sufrido en sus carnes el dolor de perder a un hijo al wokismo y los trapos de la decadencia LGBT.

Contamos con un Nayib Bukele que se salta las reglas para reconstruir un país que era un granito de arroz quemado por la delincuencia y hoy es una pequeña gran mina de platino que no cesa de sorprender.

Conocemos a Javier Milei en el Cono Sur, en Argentina, convenciendo a millones que la libertad avanza y que Argentina se cansó de ser tercermundista!

En espera, con prisa y sin pausa, tenemos a un Santiago Abascal que hará a España muy grande, con suprema elegancia y una gloriosa cabalgata que nos recuerda la reconquista de los Reyes Católicos.

Con tantas ganas y tantos nombres, elevar una oración al Cielo para recibir luz y bríos, hace más fácil y más accesible nuestra victoria.

La tercera línea de tan lúcida plegaria nos habla de sabiduría.

La sabiduría para reconocer cuándo actuar y cuándo esperar.

Una especie de luz amarilla que nos indica ir despacio para leer las coordenadas de un mapa complejo.

Si actuamos con el corazón acelerado en demasía, el riesgo a estrellarnos es inmenso. 

Si actuamos con prisa, quizá volemos, pero lejos no vamos a llegar porque esas alas que queremos que se empapen de viento, serán demasiado débiles.

Cuando actuar, cuando esperar.

En esta divina oración se ponen en el tablero la disciplina, la fe, la sapiencia intelectual, pero también, si queremos ver pasar el cadáver del enemigo (literal o figurativamente) se deben hacer presentes los tiempos de Dios.

Dios no elige a los preparados, Dios prepara a los elegidos.

Aceptar los tiempos de Dios también es serenidad.

Deconstruyendo una oración tan perfecta, convertimos nuestra alma en un general  de cinco estrellas y en un Hernán Cortés del nuevo milenio.

¡Este mundo pide a gritos un cambio; las injusticias desangran continentes enteros!

Para recapitular, debemos aceptar que tuvimos un rol protagónico en la destrucción de aquello que se hizo para ser permanente y certero.

Nacemos cachorros, pero nos une un destino de leones imparables.

Marca el compás de nuestra lanza y nuestro grito de guerra el buen tino y la grandeza.

Dios ha de ser el principio y el fin. 

Como dijo Juana de Arco cuando inspiró a soldados rasos a cambiar el rumbo de Francia, y sin saberlo ella, de la historia misma:

“Actúen, y Dios actuará!”

Paz, sí, siempre. Toda. Pero sólo a través de la fortaleza.

¡Y que una civilización entera ruja un AMÉN infinito!


Tuesday, October 7, 2025

Estaría El Miedo Convirtiendo a Nuestra Civilización en Los Perros de Pavlov?



En esta era de redes sociales, no debe extrañarnos que el uso del humor, aún el humor negro, sea, potencialmente, una lección para ver lo que nos está pasando como civilización.

Este análisis está inspirado por un sketch hindú (hablado en inglés) llamado “The elevator prank” (La Broma del Ascensor)

La palabra “prank” la podemos traducir como “broma,” pero es quizá una broma un poco de mal gusto. Muchos de ustedes deben haber visto olas de estos sketches y, al igual que yo, se pueden haber reído muchísimo.

Sin embargo, este que voy a describirles, lo menos que da es risa y nos puede poner a pensar si lo que vemos aquí es un reflejo del comportamiento del mundo—o una buena parte de él.

En estos vídeos, la mayoría de los participantes son actores.

Excepto, claro está, la “víctima” de la broma. Al final, casi siempre, salen los actores abrazando al participante y le indican que está en un tal o cual programa.

A reír todos. Estás en la cámara escondida!

En este escenario en particular, aparecen tres actores, un hombre y una mujer, al principio del vídeo y un tercer actor que llega a mitad del "show."

El hombre y la mujer, los actores protagonistas, entran a un ascensor y se encuentran con un señor que ya estaba allí esperando llegar a su piso.

A este muchacho, porque es un joven de unos veintitantos años, sería el que está llamado a ser la "víctima" de la broma.

El protagonista, el hombre al que vemos como el líder de este "prank," lleva en su teléfono una canción bien pegadiza y empieza a decir: “dance!” (baila!) y tiene coreografía ensayada y todo lo demás. La muchacha que lo acompaña, la actriz, empieza a bailar con él.

El muchacho que está en el ascensor, se queda sorprendido, pero no dice nada. No se mueve.

Sigue el actor protagonista: “dance!” “dance!”

En eso aparece el que sería el tercer actor, al que vemos en este momento por primera vez, llegando al ascensor con cara de póker. El protagonista del vídeo y la mujer que lo acompaña no paran de bailar, mientras el que ha llegado nuevo al ascensor se hace el que no ha visto nada.

El de la música le espeta: “DANCE!!!”

El joven dice: “no dance!” (no quiero bailar!)

En ese momento el de la música lo agarra por la nuca y le golpea la cabeza contra la pared del ascensor haciendo que el hombre se caiga y se haga el que quedó inconsciente.

Adivinen qué sucede con el hombre que estaba en el ascensor cuando llegaron los dos actores:

Se pone a bailar.

Frenético. Como si estuviese en una discoteca. Y los ojos llenos de susto. El otro sigue con su verborrea, “Dance!”

En este particular caso no hay un final dónde a la víctima le enseñen la cámara oculta, lo cual podría significar que todos los participantes son actores.

En resumen el que es víctima de la supuesta broma actúa un poco, y no es exagerado decirlo, como los perros de los experimentos de Iván Pavlov, donde un estímulo neutro hacía salivar a los perros, hubiese o no comida para ellos.

En este sketch, el estímulo que pone a bailar al hombre que ha sido cercado en el ascensor es el miedo.

Viendo que al negarse, el actor golpeó al que se negó a obedecer, el otro decide claudicar y ponerse a bailar como le han ordenado.

Otro detalle, en ningún momento se pide "por favor" o se da opción.

Puro grito: "DANCE!"

Es mucho más impactante que lo que pueda describirse con palabras.

Lo que podría haber tenido la intención de ser un sketch de humor, se convierte en un experimento social, a mi criterio.

Este análisis bien podría ser una continuación, o tal vez, una arista alternativa al que ya hemos hecho sobre las figuras patéticas de los apaciguadores, utilizando la frase célebre de Winston Churchill.

El apaciguador es casi siempre un ser acomodaticio, oportunista, vividor y mediocre.

Pero si proyectamos este sketch del que acabamos de hacer mención y lo proyectamos al comportamiento servil y maquiavélico de muchas figuras con poder, vamos a intuir, con bastante rapidez, que el factor miedo, se convierte en un protagonista al que no podemos, como el loco de la radio, dejar de ignorar—u obedecer.

Se dice, desde una perspectiva espiritual, que la conducta humana obedece sólo a dos emociones, el amor y el miedo.

El bien y el mal.

Puede sonar polarizante, pero es cada día más evidente que el comportamiento de nuestros ciudadanos en cualquier ámbito, dirige su mirada a la oscuridad, al temor, y al castigo. O, simplemente, el temor al castigo.

Los perros de Pavlov, claro está, al ser animales, se condicionaron a salivar hubiese o no comida.

Los seres humanos de esta infame civilización en decadencia están, en su mayoría, siendo adiestrados, apaciguados para ser débiles y responder al miedo.

Miedo. Miedo. Miedo. Eso es lo que vemos que mueve los hilos.

Y no se escapa nadie. Los que vemos como cabecillas de las élites; los que mantienen el control e influencian a las esferas de poder, también, en grado superlativo, viven con miedo.

Se teme lo que no se conoce. Se teme lo que no entendemos. Tememos como mecanismo de defensa.

Todo esto podríamos decir que es cierto, pero, al final, hacemos de estas justificaciones una excusa perfecta para seguir siendo condicionados y controlados.

Con ejemplos podríamos llenar una colección de enciclopedias.

De hecho desde un punto de vista psicológico en este medio ya hemos hecho mención de muchas instancias donde el miedo vence al hombre una y otra y otra vez.

Sin perder el foco en el escenario del ascensor, lo que vemos es un caso típico de un bully, un patán que sabe que si utiliza la violencia va a amedrentar a sus víctimas.

La mujer que acompaña al bully que se pone a bailar sin problema alguno, ya está captada. Ella no agrede, pero tampoco evita que su compañero lo haga. Es muy posible si llevamos este ejemplo a una historia real, que a ella, o le pegaron, o ella, como el muchacho del vídeo, empezó a bailar para no sufrir una golpiza.

La mayoría de las personas del mundo son como la mujer.

La mayoría de las personas están condicionadas.

Sí está mal, parecieran decir, pero no puedo hacer nada. O "ese no es mi problema.”

El protagonista, con su “dance, dance, dance” también, para poder tener el comportamiento tan cuestionable que tiene, puede haber sido él víctima de alguien que lo puso a bailar como un mono de circo.

En vez de escapar la trampa, se volvió otro monstruo hambriento de maldad.

Podríamos plantear la siguiente hipótesis…

Es acaso el “bullying” colectivo lo que está llevando al mundo a su acabose ideológico, mental y social?

El “bullying” es un asunto muy serio. Habiéndolo yo padecido de niña y de adolescente, es un tema que abordo con tristeza y con mucha sensibilidad.

Pero quizá sea menester ver al “bullying” a los ojos y quizá el antídoto al dolor y al trauma que causan, de por vida, sana sólo si desmontamos ese teatro y examinamos de cerca a los agresores.

El llamado bullying, en la mayoría de los casos, como el mío propio, comienza con el llamado “acoso escolar.”

Las aulas y los patios de recreo son, en su gran mayoría, los lugares para que entre compañeros, se agredan verbal o físicamente, una vez que los bullies los ponen en su mira.

En mi historia, el bullying lo llevaron a cabo dos niñas a las que yo había considerado mis amigas y con las que había compartido pláticas, tareas y paseos.

Era obvio que una de ellas era la que instigaba a la otra para hacerme daño, y tenían una creatividad muy fértil, sobre todo tomando en cuenta que sólo teníamos 14 o 15 años.

Al tiempo, me dijeron que una de las agresoras se había metido en drogas. La otra tuvo una vida más o menos normal, y, habiendo yo tenido con ella una amistad, la ex-bully me pidió perdón unos días antes de la graduación de bachiller.

Ella se había ido del colegio, pero asistió a la graduación.

Casi cuarenta años después, y sin ánimo de justificar lo que ellas hicieron (no sólo a mí, sino a otras compañeras) me percato de que estas niñas eran a su vez víctimas de su propio ambiente.

Una era hija de una madre alcohólica. La otra tenía todos los síntomas de haber sido abusada en su entorno familiar.

El colegio era muy pequeño y del bullying nadie se salvaba. 

Una de mis amigas, una muchachita modocita y excelente alumna, fue captada por estos dos demonios, y empezó a fallar en sus estudios y a seguirle la corriente a los bullies, convirtiéndose ella en una acosadora también.

El único antídoto contra el “acoso escolar” es tener un gran apoyo de la familia y el tratar de no tener ningún contacto con las agresoras.

Hay otra solución que es defenderse hasta las últimas consecuencias. Pero yo no tuve el carácter ni el coraje para esto y tuve miedo (aquí está la palabra clave) de que me expulsaran de mi colegio.

El acoso escolar es grave porque se convierte en un círculo vicioso. Los bullies se agreden entre sí, en busca de más poder y más influencia. Las víctimas, pensando muchas veces que a ellas no les va a tocar, se convierten en apaciguadores de los bullies.

Al final, el problema sigue, pica y se extiende.

Como adultos nos damos cuenta de que esta misma fórmula de agresión tan macabra existe en el ámbito laboral, y también en la relación tóxica de los ciudadanos con sus gobernantes y figuras de influencia.

Vamos a parar en este punto un momento…

El politólogo argentino, Agustín Laje, en múltiples análisis sobre la influencia de los personajes de izquierda que llegan al poder, menciona que el ciudadano de a pie, parece tener sólo una razón de peso para votarlos: confían en ellos.

No los conocen más allá de las campañas manipuladas de los medios de comunicación y de las propias maniobras de estos individuos para, como se dice vulgarmente, engatusar a su electorado.

Pero no importa.

Se establece un vínculo entre el personaje y el ciudadano.

Esto se hace más evidente con los “ricos y famosos:" Taylor Swift, por ejemplo, a quien el Partido Demócrata rogó para que apoyara a Kamala Harris.

Oprah Winfrey, tres cuartos de lo mismo.

Hay un nexo real con estas celebridades, en parte porque a través de redes sociales nos adentramos en su vida íntima, familiar y, por supuesto, su poder y nuestra admiración a su trabajo, y en muchos casos, a sus lujos asiáticos.

Por décadas los actores e incluso muchos periodistas fueron completamente neutros. Sus vidas personales no la pavoneaban en lo absoluto.

La política se bandeaba equilibradamente entre Republicanos y Demócratas, en el caso de Estados Unidos.

Violencia ha habido siempre.

El pantano de Washington DC, aquí en Norteamérica, estaba infectado hacía muchos años, pero eso no se sabía, al menos que fueras parte de él.

Fuimos permisivos.

Los bullies de hoy no son nuevos agresores.

Son los de siempre con arrobas y redes sociales y unas consignas robadas del comunismo soviético que creímos haber aniquilado—pero nuestro buenismo nos detuvo antes de darle el tiro de gracia.

Fuimos permisivos, vuelvo y repito.

Tuvimos miedo.

¿Cómo no vamos a confiar en una Oprah?

Por mucho tiempo la creímos una eminencia.

Hoy sabemos que es una mujer que tuvo éxito porque se dejó comprar y se dejó manipular por gente de altas esferas.

Volviendo al ejemplo inicial, también Oprah se convirtió en un monstruo condicionado para sobrevivir a sus agresores.

¿Nos vamos entendiendo?

De pronto el mundo entero está condicionado a responder o con miedo o con silencio.

El silencio es una respuesta, igualmente, el miedo.

La mujer del ascensor aprendió a bailar porque le midieron su tolerancia al miedo.

La otra cara de la moneda, y esto es importante, es que no podemos ser inmunes al miedo.

Una sociedad inteligente, balanceada, organizada y abundante debe funcionar con una estructura de leyes que son las que impondrían un orden cívico y moral.

Quizá una de las consignas más peligrosas de la izquierda actualmente es que no existe “ley y orden” y donde se pretende convertir a los policías y a los militares en peleles y esclavos de un wokismo fuera de lugar y de control.

No, el miedo a la autoridad debe existir.

El miedo a ir a la cárcel o a ser sentenciado a muerte debe existir.

Hay cánones de conducta que no se pueden negociar.

Se han creado sistemas propagandísticos estrictamente con el fin de instar al miedo. El miedo lleva a claudicar, al silencio y la aceptación.

En Cuba han habido revueltas de mucha importancia en contra del régimen de Díaz Canel, sucesor y títere de los Castro, pero inmediatamente los manifestantes son apresados o asesinados.

¿Qué tendría que pasar?

Enfrentarlos. 

El dictador venezolano Nicolás Maduro, está en la mirilla de Estados Unidos. Cada embarcación con droga que pretenda entrar en EEUU es bombardeada.

Cada vez salen menos. Algún día, esperamos que pronto, se acabará el problema.

El antisemitismo y el yihadismo son herramientas para provocar miedo.

Están profundamente financiados y de ambos problemas hay, por doquier, personajes al servicio de las agendas ideológicas más perjudiciales.

Solución? 

Cortarles la financiación.

A los personajillos famosos que abrazan estas agendas, les cortas sus subvenciones y se boicotea su trabajo.

Lo que es igual no es trampa.

Muchos podrían decir que esa conducta también es acoso.

No.

Eso se llama poner a la gente en su sitio y denunciar el daño que se hace gratuito a millones de personas, donde hay una base enorme de jóvenes y de niños que están creciendo con deficiencia moral y con un coeficiente intelectual casi de analfabetos.

Al miedo lo vence la información.

Al miedo lo vence el saber desmontar el teatro de los acosadores.

Al miedo lo vence la fe de que Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros y tenemos que encontrar en esta vida el camino hacia ese propósito—y punto.

Al miedo lo vence cada iniciativa que tomamos para acabar con la decadencia y el mantenernos firmes en nuestras convicciones, sin temor a quedarnos solos. Solos nunca estamos.

Que sean otros los que actúen como marionetas de quienes ponen la música y nos obligan a seguir un ritmo atroz.

Quiero terminar con una frase inolvidable del escritor y ensayista británico Aldous Huxley. Dice así:

“El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma.”

Algo que nos quede claro.

Todo lo que estamos hoy por hoy tan desesperados de aniquilar en nuestro entorno, nuestros medios y nuestras escuelas, TODO, alguna vez lo permitimos nosotros mismos, en menor o mayor grado. Lo hicimos con y por miedo.

Ahora sabemos, con todas nuestras fuerzas, que la única opción es que el miedo no sea opción jamás.

Monday, January 27, 2025

X Y Su Servicio Incondicional en Pro de la Batalla Ideológica


Twitter es un cadáver mediático de la era de las tecnologías de nuestro milenio. Twitter ha muerto, gracias a Dios!

Tuvo una vida breve pero muy activa. Cambió el mundo Occidental desde que dio sus primeros pasos en Julio del 2006.

Fue fundada por Jack Dorsey, un joven con extraordinario talento para la programación, y una ambición desmesurada por tener su sitio como empresario en San Francisco, al norte de California, un lugar, hoy por hoy, triste y alarmadamente decadente gracias a las políticas extremas e incompetentes de Gavin Newson y de Nancy Pelosi.

Twitter, durante la dirigencia de Jack Dorsey fue un gran éxito, sin duda alguna, llegando a tener para el 2019 una plataforma donde se publicaron más de 340 millones de tuit al día a nivel mundial!

Pero tomemos un factor en cuenta...

Jack Dorsey era un Demócrata progresista con ideas sobre la libertad de expresión bastante limitadas--o quizá inexistentes. 

Muy rápidamente su plataforma, Twitter, se convirtió en el gran enemigo del movimiento conservador que ya venía arrasando en Estados Unidos gracias a la llegada de lo que podríamos decir es la "Era de Trump."

Dorsey, junto a su colega, Mark Zuckerberg, otro gigante de la comunicación digital, fundador de Facebook, tenían plena potestad del contenido radical que sus respectivas redes sociales hicieron circular por muchos años.

Tanto Dorsey como Zuckerberg, más de una vez, hubieron de prestar declaraciones frente al Comité Judicial del Senado, por graves acusaciones de sancionar o suprimir contenido de índole conservadora y/o republicana.

Llegaron, ambos, al punto, de cerrar la cuenta personal de Donald Trump, acusándolo de difundir mensajes de odio, una mentira que bien que fue apoyada por la nefasta administración de Joe Biden y Kamala Harris.

Pero Twitter murió en el 2023.

Afortunadamente, dejó intactas las instalaciones, algo que facilitó su entierro y su posterior resurrección a manos de, nada más y nada menos, que Elon Musk.

Musk ha tenido una paulatina conversión hacia una consciente y creciente visión basada, muy exclusivamente, en el respeto absoluto e incondicional a la libertad de expresión.

En el año 2023, adquirió la red social, hasta entonces conocida como Twitter, por $44 billones, una cifra histórica en la adquisición de compañías privadas.

En Octubre, ya estaba el trato hecho. Las acciones se venderían, en un principio por algo más de $54.

Pero Elon Musk tenía en mente mucho, muchísimo más...

Despidió a más del 80% de su plantilla y empezó a estudiar la dirección en la que los algoritmos de la plataforma favorecían a grupos de extrema izquierda, e incluso, a organizaciones internacionales altamente peligrosas.

Musk tiene una pasión inexplicable por la letra X. Digamos que es un X-ólogo o quizá X-filíco, al punto de llamar a unos de sus hijos menores, X, hoy por hoy, un pequeño fenómeno de casi 4 años, que acompaña a su papá por sus periplos de Mar-a-Lago.

Y así pues, lo que hasta antaño conocimos como una plataforma llamada Twitter (y, claro está, muchos la seguimos llamando así) hoy es X, parte de la Corporación X fundada por Musk en el 2022, para arropar a su nueva criatura.

Hasta el 2024, X ha sobrepasado los 335 millones de usuarios, con Estados Unidos a la cabeza con 106 millones de cuentas.

Y es, precisamente, con estos usuarios los que, poco a poco, con una afianzada presencia del movimiento MAGA liderizado por Trump, que X empezó a tomar un peculiar giro.

Trump no se quedó de brazos cruzados cuando su cuenta fue censurada por Dorsey en Enero del 2021. 

Casi enseguida, reunió al personal necesario--y los fondos, claro está--para crear "Truth Social," su propia red social con una dinámica casi idéntica a la que entonces tenía Twitter.

"Truth Social" sigue siendo la herramienta principal de comunicación digital de nuestro presidente. 

Sin embargo, fue Elon Musk el que fue, ya más aceleradamente, adentrándose en el mundo conservador, habiendo visto, muy de primera mano, el daño del globalismo y de filosofía woke, hoy por hoy enemigos acérrimos del empresario de 53 años.

Con enorme jolgorio la cuenta de Donald Trump de X fue restaurada y hoy por hoy cuenta con docenas de millones de usuarios, aparte, claro está, de la cuenta oficial dedicada al Presidente de Estados Unidos (@POTUS)

Nuestra república ha dejado de ser un paraíso progresista. Se acabó la era woke, y vemos un éxodo de las grandes empresas hacia un nuevo mercado, el nuestro, el de ideas sensatas, el de la ley y orden. 

Una victoria sin par para los que nos hemos embarcado incansablemente en la batalla cultural, que ha acaparado ya los 25 años de nuestro joven siglo XXI.

Pero hay dos cambios esenciales que vamos a poner en perspectiva en este análisis.

Uno de ellos, que ya mencionamos, fue el cambiar y reestructurar los algoritmos de X para dar visibilidad a las voces que podríamos llamar de la "nueva derecha" que tanto auge tienen y que han cambiado el rumbo social, político e ideológico de Occidente.

"Truth Social" es muy exitosa, pero todos estamos muy de acuerdo, que la plataforma de Trump, nunca tendrá el auge de X---ni las ganancias.

A final de cuentas, tanto Trump como Musk son extraordinarios hombres de negocios.

Si bien muchos políticos y voces MAGA influyentes en el panorama de actualidad llevaron una "doble vida" entre X y Truth Social, es la primera, X, la opción que más genera tráfico y que nos ayuda a sacar adelante esta fructífera lucha por reconquistar nuestros valores.

El otro cambio esencial de X, de la mano de Musk, fue el poner en manos de los propios usuarios la tarea de corregir o de aclarar lo que podía ser un contenido falso.

Esto es muy importante porque nos lleva a definir quiénes eran los sectarios que, bajo el mando de Dorsey, tenían la batuta.

Se denominaban "Fact Checkers" y se puede traducir como "verificadores de contenido o hechos."

Los "fact checkers" eran empresas privadas separadas de Twitter (o Facebook) y se descubrió con el paso del tiempo, que eran ellos los que más daño hacían a los usuarios con opiniones distintas a las que marcaban claramente las élites ideológicas que colonizaron las redes sociales hasta la era de Trump.

Los peores casos de censura eran producidos por falsas verificaciones que desembocaban, simplemente, en un "no puedes decir eso aunque sea verdad."

Como consecuencia, cientos de miles de cuentas eran clausuradas.

Las redes sociales en EEUU, vamos a ser claros, eran controladas, manipuladas por el partido Demócrata hasta la llegada de Musk.

Viendo esto, Musk puso este año pasado, el trabajo de verificación en manos, por decirlo de alguna manera, del "pueblo de X," es decir los usuarios.

El clima de X ha cambiado de la noche a la mañana, y muchísimas voces conservadoras alrededor del mundo, por fin tienen su merecido y necesario oxígeno.

Esto, por supuesto se suma a más ganancias para la Corporación X, y un amplio y generoso margen de logros a nuestra batalla contra el wokismo.

Con la inauguración de Donald Trump, como nuestro presidente, el pasado 20 de Enero, quedó en evidencia que el mundo de las redes sociales estaba inmerso en una total tiranía informativa.

Trump, desde la Oficina Oval, firmó, el primer día un decreto donde se prohibía terminantemente que el gobierno o instituciones federales intercedieran de alguna manera con el contenido publicado por los usuarios en redes sociales, confirmando así, lo que era un secreto a voces: sí había un control absoluto de parte de los Demócratas sobre las redes sociales, unos ideales macabros impulsados, en mi opinión, por los Obama, que fueron los inquilinos de la Casa Blanca que más daño han hecho a nuestra nación.

X es un microuniverso donde se respira una democracia sana y pujante para todos.

Pero es precisamente esa nueva atmósfera de X la que ha empezado a ser resentida por los enemigos de la libertad de expresión.

Los perdedores de las elecciones--y claramente--de la batalla cultural--los marxistas, los globalistas y los social comunistas (a veces con el apoyo de social demócratas) han empezado  a construir una serie de medidas muy estrictas para restringir el uso de redes sociales.

Lo veremos muy pronto en Brasil, y ya Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno de España, ha querido exponer en su reciente aparición en el Foro de Davos, que los usuarios de redes sociales, ya no pueden permanecer anónimos, y se les exigirá su número de identificación (lo que en EEUU sería el número de su Seguridad Social)

No hay que indagar mucho para entender, que si algo así se implementa, es todo en función de crear una marea de persecuciones por publicar contenido "incorrecto" en redes sociales, coartando así cualquier derecho a expresarnos libremente sobre cualquier asunto.

Pero esta pesadilla no está a años luz de Europa. Para nada. Esta realidad ya la viven en Inglaterra miles de usuarios que han sido condenados a penas de cárcel por publicar contenido que va en contra del terrorífico gobierno de Keir Stamer, del partido Laborista.

Otro "efecto secundario" de los cambios en X hacia el conservadurismo, es que, casi a diario, vemos anuncios patéticos de medios de comunicación, influencers o activistas de izquierda que abandonan por motu propio X, según ellos, indefinidamente. Una verborrea que pocos pueden creer sea verdad, porque sin sus redes sociales, francamente, poco o nada son. También sabemos el tamaño de sus estratosféricos egos. Volverán, desafortunadamente. Y aquí seguiremos para hacerles frente. Sin problema!

La razón que alegan estos delincuentes ideológicos es que nuestro movimiento ha coartado su libertad de expresión, y que hemos puesto en peligro a las redes sociales con discursos de odio.

Una paradoja, cuanto menos, porque bien que hemos sido nosotros los que nos hemos sometido al yugo asfixiante de su intolerancia y su kryptonita insensata.

¡En sus mentes, ellos creen que su apagón digital nos va a causar un dolor profundo, cuando, la realidad, es que nos tienen tirando cohetes y celebrando su partida!

Pero hay que tener precaución, porque el control del aparato propagandístico, aupado y alimentado por los medios de comunicación convencionales, no ha querido admitir su derrota, y pretende seguir reagrupándose, o, dicho más vulgarmente, pataleando, por ejercer control.

Recordemos, que las riadas de financiación de estos medios fue gigantesca, y nadie quiere perder su trozo de tan apetitoso pastel.

A partir de este momento, nos toca a nosotros, actuar con extrema cautela y con más contundencia que nunca.

Nuestra siguiente misión es el uso apropiado de la propaganda. La propaganda es una herramienta extraordinaria que a lo largo de la historia, incluyendo el último siglo, no ha estado al servicio del bien.

De hecho, hoy, que publicamos este artículo, es el Día Internacional de recordar a las víctimas de la Shoa, del Holocausto, y bien que sabemos el rol que tuvo la propaganda en la persecución del nuestro pueblo judío.

Pero este despertar ideológico que abanderamos nos da la oportunidad de tomar las riendas de todas las diferentes avenidas que llevan a un fin total del globalismo y del wokismo, que, mental y económicamente, y con el máximo respeto a las víctimas del régimen Nazi, también han causado un exterminio mental, moral y económico en nuestra civilización.

X puso el poder de supervisar cualquier vestigio de desinformación en manos de los usuarios. Ahora, no nos engañemos, X sigue teniendo una suma importante de usuarios de extrema izquierda, a los que simplemente, la palabra "debate" o "discusión" les es ajena.

Estos usuarios, si pueden, van a por la yugular de las cuentas de personas de derechas, y no descansan hasta tenerlas cerradas temporal o permanentemente alegando que tienen discursos de odio.

La gran mayoría, hoy por hoy, pueden ser recuperadas, pero no sin dar un gran dolor de cabeza a los usuarios afectados.

Para concluir, hay que reiterar que en esta "tierra prometida" de abundancia y de sensatez que nos llega, por fin, después de tantos sufrimientos y daños, debe ser cuidada, e incluso custodiada, poniendo en nosotros, los ciudadanos de bien, una responsabilidad casi de Templario para proteger la libertad de expresión de los genocidas de las agendas 2030 (o 45 o 50) o algún "lobo solitario" fiel a las ideologías autócratas de los oportunistas y sectarios que, aunque pocos en número, son peligrosos y tienen recursos vastos a su alcance.

Como ya hemos dicho anteriormente, este año, el 2025, da el pistoletazo de salida a la Generación Beta, y somos nosotros, la Generación X, los que debemos autodeterminarnos los guardianes de estos niños que recién llegan a nuestro mundo.

A nuestra mediana edad, sabemos, que en gran parte, nuestra generación fue inocente, permisiva, tolerante e ignorante durante muchos años, y, a partir de esto, hemos creado una alfombra roja para que se pisotearan los valores fundamentales de nuestra sociedad.

Por lo tanto, es igualmente nuestra responsabilidad, el dar un vuelco total al rumbo de nuestros pensamientos y nuestras metas.

Está en nuestras manos esa reeducación de la población, un tema, en el que no temo, en lo absoluto, ser recurrente y repetitiva en mis análisis, porque es esa reconquista y esa remodelación ideológica las que hoy nos ha llevado a implementar nuevos parámetros y construir nuevos cauces para un desarrollo de nuestra humanidad que no está exento de retos.

Una sociedad fortalecida, por ejemplo, sabrá darle buen uso a la Inteligencia Artificial, un territorio comanche, del que los globalistas quieren tomar posesión para proyectos aberrantes.

Por lo tanto, en este cuarto de siglo, tenemos que coger aliento e impulso porque la lucha apenas comienza.

Tengamos muy en cuenta, que en estas cruzadas, los estandartes de la libertad y el honor son movidos por vientos de cambio que soplan en nuestra dirección.

Dios nos ha dado una misión de vida más que extraordinaria. Debemos merecerla.

En los Salmos (119:45 específicamente), atribuidos al Rey David, leemos:

"Viviré con toda libertad, porque he buscado Tus preceptos."

¡La gloria de nuestras victorias son para Dios!

El impulso para seguir adelante en nuestra lucha también vendrá a nosotros de Sus divinas Manos.

Tuesday, March 5, 2024

Más Allá del Arco Iris: El Oz del Siglo XXI




La película "El Mago de Oz" es, sin lugar a dudas, una de mis películas favoritas de todos los tiempos. La primera versión que vi fue en formato VHS en los años 80s. Era una copia mala, borrosa, pero estaba traducida al español y se ganó mi corazón y mi juvenil atención al instante.

Cuántas veces la vi en mis años de juventud? En verdad no sabría decirlo. Parecía que duraba horas enteras, cuando la realidad es que sólo eran 101 minutos de gloria, de encanto, de magia, y de enseñanzas. 

En aquel momento la gran lección que aprendimos es que, verdad de Dios, "no hay nada como el hogar."

Este film fue un éxito tanto de crítica como de taquilla. Fue dirigido (un poco a regañadientes) por el magnífico director Victor Fleming, que tuvo que abandonar la producción para rescatar a "Lo que El Viento se llevó."

Si bien el film sobre la Guerra Civil se llevó el preciado Oscar a la mejor dirección, para mí, las aventuras de Dorothy Gale en la tierra de Oz, son insuperables.

Pocos saben que "El Mago de Oz" es una colección de 14 libros del escritor Lyman Frank Baum, nacido en 1856. "El Maravilloso Mago de Oz," como fue titulado originalmente fue publicado en Mayo de 1900.

El film está basado, mayormente en el primer volumen de estas historias de fantasía, y si bien Baum intentó sin mayor éxito llevar su cuento a los escenarios y a las pantallas, 20 años después de su muerte, la Metro-Goldwyn-Mayer, sorprende con una producción millonaria que, hoy por hoy, La Librería del Congreso considera un tesoro nacional.

Al hablar de Oz, y de Dorothy y de toda la trama del film, indiscutiblemente nos tenemos que enfocar en su banda sonora, que nos trae la balada de una niña, que junto a su perrito Toto, sueña con un lugar donde no hay dificultades y donde sabe que será feliz.

Este magnum opus "Más Allá del Arco Iris" es una de las canciones más conocidas en el mundo, y fue durante su corta y trágica vida, la canción con la que identificamos a Judy Garland, su mejor intérprete.

El tema fue compuesto para la cinta cinematográfica por Harold Arlen, con letra de Yip Harburg, en 1939.

El film, si bien es una película familiar, sabe cómo hacer para que nuestras emociones pendan de un hilo. Podemos disfrutar de escenas entrañables, el despertar de Dorothy a lo que pudiera ser un primer amor, y terroríficos escenarios cuando no sabemos si Dorothy podrá escapar a la malvada Bruja del Oeste.

Me gustaría poder analizar esta novela de fantasía y traerla a nuestros tiempos, tan surrealistas y tan esperpénticos como las escenas que dirigió Fleming hace 85 años.

Les confieso que a mí, en lo personal, el arco iris, cada vez que lo veo aparecer en el cielo en todo su esplendor, me lleva a "El Mago de Oz" y su entrañable tema principal. 

Un arco iris puede explicarse, en términos muy sencillos, como el reflejo del sol entre fragmentos de agua suspendidos en el aire. Hablamos de lluvia, neblina, e incluso rocío.

Nuestro ojo, al desnudo, sólo puede apreciar el espectro que Isaac Newton estudió como los siete colores primarios y secundarios. La realidad es que los tonos de un arco iris acaparan incontables variantes.

En el tráfico agotador de la ciudad, camino del trabajo, ver aparecer un arco iris es una dosis magnífica de dopamina.

Pero este precioso fenómeno natural está siendo secuestrado en la actualidad, y es aquí donde llevaré a mis lectores a un viaje más allá del sueño, y en medio de un tornado implacable entre fuerzas mediáticas y consignas empresariales, aterrizaremos en Oz, un Oz tan vivo y tan real como cualquier trozo de tierra de nuestro vasto Hemisferio Occidental.

En esa atroz escenografía debemos encontrar a un lobby altamente peligroso que amenaza con destruir nuestra civilización. Al igual que el mago del film, sabemos, los que hemos despertado nuestra consciencia a la verdad, que no es más que un pobre charlatán que se esconde tras las cortinas y el humo de un castillo tenebroso cubierto de esmeralda.

Pero su poder sobre los habitantes de esta tierra fantástica es absoluto. Nada es lo que parece. 

Para esta batalla cultural, no se vale estar en nuestra zona de confort. Hay que dejar lo familiar y lo aprendido para entender cada trampa que se nos ha puesto. Conquistar nuestro objetivo, nos devolverá la integridad soñada. Y un poco de la normalidad que añoramos.

Como en la historia, tenemos que pensar, que Dios, en su infinita sabiduría nos ha de llevar a lugares impenetrables para conocer nuestra capacidad de raciocinio y nuestra propia valentía.

Atrapados en nuestro Oz, hay cientos de miles de jóvenes--y no tan jóvenes--amenazados por La Bruja del Oeste.

No podemos ser ingenuos y pensar en un trivial punto cardinal. El Oeste son milenios de historias y de valores, que entrelazados entre sí, nos han hecho protagonistas de hazañas; nos han hecho construir imperios y, hoy por hoy, nos ha hecho volver a tener que embarcarnos en una cruzada contra fuerzas abominables para una reconquista decisiva y permanente.

A este Oz hemos llegado, hay que recordar, a través de la violencia de un ciclón. Nunca vimos las coordenadas y llegamos al refugio cuando ya las puertas estaban cerradas.

Nuestra búsqueda desenfrenada de protegernos, nos nubla la razón y no vemos a quienes, con un severo golpe en nuestra cabeza, nos ha quitado el sentido.

En ese momento, en nuestras redes sociales, somos un trending topic, y vemos aparecer por doquier las palabras #TodosSomosDorothy.

Por la ventana, a la usanza del film, vemos volar a todos nuestros adolescentes, nuestra razón y nuestra moral. Todos con dirección a Oz, hipnotizados por la magia multicolor de un arco iris.

Haciendo mi investigación para mi artículo sobre la Generación Z, me alarmé al descubrir que más de un 40% de dicho grupo, compuesto por veinteañeros precoces y adolescentes sin rumbo, se identifican con el espectro del lobby LGTBQ.

Lamentablemente, nuestra visión sólo conoce parte de este espectro, que ya acapara, peligrosamente, todo nuestro abecedario, y, para los más radicales promotores, se han normalizado las letras "P" y la letra "Z" que pretenden arropar a los criminales atraídos a los menores y a los aberrados que se excitan sexualmente con animales.

En Oz hay lugar para todos. El arco iris es únicamente el umbral. Es demasiado tentador no cruzarlo. Después de todo, sin brújula en mano y con tantas palabras bandera (tolerancia, diversidad, inclusión), qué de malo puede haber esperándonos en Oz?

La homosexualidad es una preferencia sexual. Se define como la atracción sexual y/o afectiva hacia las personas de un mismo sexo. 

En el antiguo Egipto, dícese de haber encontrado a una pareja de hombres homosexuales en el año 2,400 AC.

Hasta 1952, en los Estados Unidos, cualquier variante fuera del espectro hombre-mujer fue considerado un desorden mental. A partir de esta segunda mitad del siglo XX, hubo una profunda revisión al manual del Instituto Nacional para la Salud Mental, y en 1973, se llegó a la conclusión que una persona no heterosexual no tenía ningún tipo de influencia negativa en el desarrollo de nuestras comunidades.

Cincuenta años después, en este complejo Mundo "Oziano" debemos replantearnos lo que se ha querido hacer con una población completamente embrujada, debilitada y decimada, y, si me lo permiten, engañada y abusada.

Hago un inciso para aclarar, que a pesar de que "El Mago de Oz" fue un éxito comercial como una historia para los más jóvenes, L Frank Baum, en realidad, produjo una novela empapada de la actualidad sociopolítica de sus tiempos, incluyendo la llegada del fenómeno del populismo, el auge del oro sobre la plata (de ahí la creación del enigmático camino amarillo) y un largo etcétera, que seguro nos llevaría a escribir docenas de ensayos.

Pero nuestro Oz, se quiere centrar en el rescate de nuestra civilización y en hacer justicia a los que pretenden hacer de nuestra sociedad una pesadilla con personajes caricaturescos que carecen de cerebro como el Espantapájaros, de corazón como el Hombre de Lata y de coraje como el León, protagonistas que Dorothy encuentra en su camino hacia Ciudad Esmeralda.

Oz no es ni para niños ni para mentes endebles, aunque, muy lamentablemente, son éstos los que han caído en su trampa.

En estas cruzadas tenemos al Cielo como aliado, que no nos quepa duda. Para ello, hemos de contar con la sabiduría y benevolencia de nuestra Bruja del Norte, que le roba a la difunta Bruja del Este sus zapatillas de rubí. 

Las zapatillas son ni más ni menos nuestra propia fe. Sabemos que en ellos está el poder de vencer la Oscuridad y regresar a casa. Lo que tenemos que tener en cuenta es que no podemos regresar con las manos vacías. 

La presencia Divina en nuestra historia la podemos recordar cuando Dorothy, Toto y el León sucumben a los vapores venenosos de un magnífico campo de amapolas, desde los cuales ya, a pocos metros se levanta Ciudad Esmeralda.

La Bruja del Oeste ha creado este campo, que es una metáfora infalible para los efectos de las drogas (la heroína se procesa a partir de las amapolas, recordemos éso)

Este contratiempo paraliza el entusiasmo de los viajeros y sólo la intervención de Glenda, nuestra hada protectora, logra romper el hechizo y hace que los durmientes retomen el camino dorado.

Es importantísimo saber que nunca estaremos solos. Lo repetiré las veces que haga falta.

Tenemos tanto tiempo en nuestras andanzas con y para Oz, que hemos visto como el espectro hoy conocido como LGTBQ, no sólo tiene una historia vasta, sino que ha abrazado a personajes tan fascinantes y brillantes como Pyotr Ilych Tachaikovski, Friedrich Nietzsche, Sappho, y más recientemente artistas como Freddy Mercury y el primer actor Richard Chamberlain.

Lo que menos importa de estos personajes es su preferencia sexual. Y es que aquí está el quid del asunto.

Los que manejan los hilos más allá del arco iris no se conforman con que cualquier ser humano quisiese acostarse con quien le plazca. Al final de cuentas, a quién le importa? A mí, desde luego, no.

En Oz, nuestro mundo kafkiano, no hay límites para el mal.

La conquista del intelecto, de la moral y de la economía es una meta que obsesiona a la Bruja del Oeste. Es capaz de destruir lo que sea por conseguir su objetivo final, y para desgracia nuestra, ya ha avanzado tanto, que lo único que nos queda es nuestra esperanza y nuestra fe.

Dos personajes de L Frank Baum aparecen en el camino. Dos personajes que son importantísimos para esta analogía: Los monos voladores con su sombrero dorado y los temibles guardias del castillo de la bruja.

Los monos voladores son una víctima más de los maquiavélicos poderes de nuestro enemigo. Llevan puestos un sombrero que los hace absolutos esclavos de su amo. Vuelan alto y no son más que los idiotizados "celebrities" e influencers que pululan las cuentas de Tik Tok a los que se han hecho adictos  los jóvenes que sin saber por qué se identifican como queers, aunque la mitad no pueda, en su delirio, explicar como ha llegado a tal conclusión.

Los guardias de la bruja con sus lanzas acorralan a los viajeros. La Bruja aparece ante nosotros, por primera vez, con todo su poder. Cruel hasta los huesos, prende fuego al espantapájaros y Dorothy para salvarlo le echa agua a su amigo salpicando a la bruja que, ante la mirada atónita de sus guardias, se derrite.

Los guardias, nos damos cuenta, también estaban sirviendo a un amo que repudiaban y regalan a Dorothy la escoba de la bruja como trofeo de su hazaña.

Nuestro trofeo es que nos puedan devolver a nuestros jóvenes y a todas aquellas personas que desesperadas por pertenecer y de recibir cariño, comprensión e inclusión han vendido su dignidad, su salud mental y hasta su alma.

Los que manejan los hilos quieren utilizar a la comunidad del arco iris para fines nefastos, creando a su paso testimonios espeluznantes con pronombres inventados, apariencias alucinantes y una riada de manifiestos, que, si los escuchamos con el corazón, son desgarradores gritos de auxilio.

Digo más, las personas de la comunidad del LGTBQ, en cualquiera de sus variantes, hombres y mujeres, que sólo ven su sexualidad como una preferencia y nada más, viven sus vidas tranquilas y perfectamente normalizadas y no son para nada atraídos al mundo del lobby del arco iris. De hecho, lo rechazan profundamente por la cruel estigmatización que pretenden hacerles.

Pero Oz está hambriento de ambiciones desmedidas. Debe crear pequeños monstruos para seguir viviendo. No se rinde y tenemos, de nuestra parte, pocos soldados.

Las pocilgas mediáticas están aliadas con los dominios de Oz. Las empresas hacen caja con las mentes vulnerables que están deseosas de matar su decidia y su soledad. Por lo que hemos visto hasta el trono de San Pedro está en peligro, con la posible existencia de un cisma en Europa como no se veía desde los años de Martín Lutero.

Al final nos damos cuenta de la falta de Dios y de amor que nos rodea.

La ignorancia acecha. La indiferencia es vasta. La ambición es desmedida.

Qué desgracia que quiera hacerse propaganda de un lugar más allá del arco iris que no lleva a más que a bosques tenebrosos, una inseguridad y una búsqueda de ídolos falsos.

La creación de una nueva consciencia para este mundo en que vivimos es una tarea vital, aunque está plagada de obstáculos. Pero vale la pena el esfuerzo.

Debemos hacernos inmunes a la mentira de esa promesa de un lugar sin conflictos. El pelear con nuestras limitaciones y el alimentar nuestra alma con fe infinita es la garantía de nuestra supervivencia y nuestra plena felicidad. No dudemos de ello nunca jamás.

El arco iris dejémoslo para que deleite a nuestro horizonte.

Abracemos nuestro sentido común, nuestra integridad y nuestro propósito y dando gracias a Dios digamos con plena seguridad y convicción: "Sí, no hay nada como el hogar." 

Tuesday, February 27, 2024

La Generación Z: Ergofóbica y Solitaria


En mi familia, de toda la vida, escuché hablar del llamado "hombre de las pantuflas." Llámese pantuflas a las zapatillas de estar en casa. Así las conocíamos en Venezuela.

Ser "un hombre empantuflado," como se diría vulgarmente, estaba lejos de ser un mote ofensivo. Al contrario, era la estampa del hombre, que trás haber trabajado décadas con absoluto compromiso y sentido del deber, podía gozar de su jubilación sin preocupación alguna.

Salomón, mi abuelo, fue, sin duda, durante mi infancia ese gran señor, un modelo de virtud, que pudo, con satisfacción e integridad, después de medio siglo de dedicación y sacrificio, colgar el maletín y ponerse sus pantunflas. Bravo!

Mi abuelo cumpliría este año 120 años, y pertenece a la tan bien ponderada "generación silenciosa." Un grupo de personas con valores exquisitos y una disciplina inigualable para el trabajo duro. Esto sin mencionar que muchos fueron héroes de guerra.

Mi abuelo nació en la Argelia francesa y desde muy joven trabajó con su cuñado que ya tenía un negocio próspero en Venezuela. Allí se enamoró de mi abuela y tuvieron una familia ejemplar.

Para cuando yo nací mi abuelo ya trabajaba menos y pude disfrutarlo en los años de su jubilación. Una jubilación que fue no sólo merecida sino muy bien planeada.

Mi abuelo Salomón se dio--y nos dio a todos--muchos gustos. Él y mi abuela tuvieron el privilegio de viajar a París en el codiciado "Concorde" cuando éste llegaba con toda pompa al Aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetía, uno de los poquísimos que estaba dotado para un avión que rompía la barrera del sonido.

El concepto del trabajo para la generación de mis abuelos era sagrado. Y bien que mis padres asimilaron este concepto para sí y para nosotros que nacimos en la complicada década de los 70s.

Desde que empecé a ir al colegio a los cinco años, yo estaba más que segura que no solamente cursaría estudios universitarios, sino que me era claro que para ganarme la vida tenía que buscarme mi estabilidad económica a partir de un empleo.

Yo no juzgo si este modelo de vida era o no el mejor. Para las personas de mi generación fue fácil abrazar estos valores. Sin chistar.

Muy tristemente, como veremos a continuación a lo largo de este análisis, mi generación podría ser la última que entienda y promueva la necesidad de adquirir responsabilidades laborales.

Los que nacimos entre 1964 y 1986, somos conocidos como la Generación X. En Venezuela nos apodaron la Generación Halley, por haber sido testigos de la aparición del cometa en 1986 en su punto más cercano a nuestra órbita.

La mayoría de nosotros somos cincuentones. Muchos ya son abuelos, y otros, por circunstancias diversas son padres de criaturas aún en pañales.

Mi generación es una generación compleja, y ya me ha tocado hablar de ella en varias ocasiones.

Por nuestra edad, ya somos conscientes de ver la llegada de tres generaciones nuevas. La Generación Y, a la que todos conocemos como los "millennials," la Generación Z, en la que haremos especial énfasis, y los niños menores de 10 años, a los que, a falta de letras de nuestro alfabeto tradicional, llamamos "Alfa."

El estudio de las múltiples generaciones, pasadas y presentes, es quizá de los más fascinantes que hay, porque, en mi opinión, el comportamiento sicológico, emocional y social de cada grupo de personas es un perfecto medidor de cómo va el mundo.

La gran mayoría de la "generación silenciosa," por supuesto ya ha fallecido, pero si nos detenemos a estudiar la historia de nuestra civilización para cuando ellos estaban en la palestra y eran laboralmente activos, sin duda alguna, nos vamos a encontrar con un período de abundancia, de ley y orden, de educación impecable, de políticos hábiles y de un desarrollo económico que ya lo quisiéramos hoy en día.

Es impresionante ver el deterioro moral y social en el que nos encontramos tristemente presos. Somos una sociedad francamente desanimada, servil y mediocre.

Si bien vemos a la figura de los "boomers" aún muy activa a pesar de ser casi octogenarios, es triste y vergonzoso ver que los individuos de mi generación a los que ya ha tocado montarse en el aparato de poder, bien sea a nivel empresarial o político, son, en un amplio porcentaje, decepcionantes.

Si vemos a las diferentes generaciones como un gigantesco arbol matriz, nos daremos cuenta que la Generación Z es el fruto más próximo a madurar de este árbol. Nosotros, su generación madre, ya deberíamos estar en una posición de estar tranquilos con el trabajo que hemos hecho con los más jóvenes. ¡Pero vaya decepción!

Si no actuamos con urgencia, nuestra civilización estará apta para recibir la extremaunción.

Y esto no es una exageración.

No deseo ser políticamente correcta abordando este delicado tema.

Sobre la generación Z podríamos discutir varios aspectos. Lo hemos hecho antes y lo debemos de volver a hacer. 

Pero me quiero enfocar en la preocupante ergofobia que tienen los jóvenes. Ergofobia se define como un miedo aterrador a trabajar.

Este comportamiento ya tiene bastante rato sucediendo, y si cabe destacarse, la pandemia del COVID-19, empeoró la situación.

Para ilustrar este punto, me gustaría darle dos ejemplos muy puntuales. Ambos ejemplos se han hecho vídeos virales a través de las plataformas de YouTube o de Instagram. Y por supuesto, Tik Tok, a quien bien podríamos culpabilizar sin miramientos de ser, en gran parte, el destructor emocional de esta generación tan frágil y tan vulnerable. No en vano hay quienes la apodan la generación de "los copos de nieve."

El primer ejemplo nos muestra a una joven que acaba de conseguir su primer trabajo de "9 a 5." En Estados Unidos, el 90 por ciento de trabajos en oficinas tienen ese horario. Pues esta muchacha estaba llorando como una Magdalena porque ese trabajo la tenía levantándose a las 7 de la mañana y, cuando por fin llegaba a casa, eran las 6 de la tarde y no le daba tiempo de hacer sus vídeos de Tik Tok. Es difícil describir lo desconsolada que estaba cuando su actitud debería ser de enorme gratitud que pudo conseguir un empleo que apenas la ponía a laborar por ocho horas.

El ciudadano promedio de Estados Unidos, en muchísimos casos tiene dos empleos. A veces, incluso tres, y aun así, no le alcanza para vivir.

Por la apariencia de su vestuario, y lo que dejaba de ver de su habitación, esta mujer podía decirse de clase media alta o clase alta.

Las lágrimas no la dejaban hablar. Este mismo "show" se ve por doquier en las redes sociales, con millones de visualizaciones y con comentarios donde otros usuarios también se hacen eco de la "desdicha" de tener que trabajar.

El otro ejemplo, igualmente patético, es más reciente, y muestra a una muchacha que debe tener unos 22 años. Acababa de graduarse de comunicaciones y actuación y estaba filmando un Tik Tok en plena calle mientras nos dice que se sentía profundamente acojongada. En sus brazos tenía su bolso y un fajo de resumés (curriculi vitae) y, por lo que ella misma indica, estaba buscando su primer trabajo, de puerta en puerta.

Esta chica tenía un problema y era que, por un lado, sólo podía adquirir trabajos como principiante en comercios o como barista, porque nadie más la aceptaba.

Pero lo peor es que ella abre su corazón, comienza a llorar con desconsuelo y nos dice que lo único que ella quería era poder vivir de hacer Tik Toks--pero que debía ser realista. Añadía que se sentía engañada. Nunca imaginó que buscar trabajo sería tan complicado y cansino.

La segunda joven, dado que tenía dotes de actriz, podría haber fingido un poco su historia. Y de hecho se volvió viral, por lo que quizá cumpla su "sueño dorado."

Si bien es muy importante no generalizar que todos los "centennials" son iguales. Lamentablemente, este tipo de circo es muy común que lo veamos entre los jóvenes recién graduados, o a punto de finalizar su último año de escuela.

Cuando yo terminé mi bachillerato en 1990, al año siguiente, entré en la Universidad. Escogí Periodismo y Ciencias Políticas. Mi primer trabajo me lo dio la misma universidad ayudando a estudiantes que tenían dificultad con Matemáticas y con el español. Paralelamente hice 2 pasantías. 

Esto no es el querer presumir. Esto es un comportamiento completamente normal en mi generación. Ya después la vida nos ha llevado por los caminos que nos ha tocado, pero nuestra actitud jamás, que yo recuerde, fue la de tenerle aversión a la responsabilidad de un trabajo.

En los últimos tiempos he tenido varias oportunidades de compartir muchísimo con jóvenes de la generación Z en mi trabajo actual. Al principio muestran entusiasmo y se amoldan a las reglas y a sus horarios. Pero a los pocos meses, ya empiezan a dar problemas por su falta de disciplina y su mala conducta.

Llegan tarde o se ausentan más de lo debido. 

¿Qué sucede aquí?

Si hablamos con franqueza, los jóvenes "post-millennials" son impresionantemente inteligentes. A diferencia de sus antecesores, este grupo ya nació en la era de las redes sociales y del iPhone. Son "tekkies" bárbaros! Los tekkies son genios de la tecnología y la computación, para los que no conocen esta terminología.

Pero son bastante incultos, impresionables y con una capacidad mínima de distinguir entre lo bueno y lo malo. Su meta es encontrar lo que está "in" o "cool." Creo que no tenemos que traducirlo.

Así como denominamos a nuestros abuelos--bisabuelos de estos Gen Z--la generación silente, por esa increíble disciplina, resiliencia y determinación para el triunfo, bien podríamos denominar a sus herederos la "generación solitaria."

El uso indiscriminado de las redes los ha hecho aislarse del mundo. Sus padres son prácticamente fantasmas en la vida de estos jóvenes. Y vale la pena repetir el por qué. Mi generación ha demostrado ser egoísta, sobre todo las madres. En la búsqueda constante de sus propios logros profesionales, los progenitores de la Gen Z están ausentes del hogar. Indiferentes a las actividades de sus hijos y demasiado cansados para intervenir en asuntos que consideran triviales.

En una sociedad tan penetrada e influenciada por agentes con agendas, los jóvenes sí que van a tener quienes los capten. Y allí está la tragedia.

Hay un dato alarmante. Por dar solamente un ejemplo, más del 40 por ciento de los Gen Z se consideran parte del espectro LGTBQ. 

Hablando sin tapujos, este dato los hace, al menos en teoría, una generación prácticamente estéril, biológicamente hablando. 

Por otro lado, son, para sus empleadores, un problema por las constantes exigencias que tienen de ser reconocidos por cualquier cantidad de pronombres y por sus dramas existenciales que luego desahogan frente a su teléfono.

El mejor amigo de los "centennials" son sus teléfonos. Y esto no es broma.

Hay un factor imprescindible que tenemos que tomar muchísimo en cuenta en este análisis.

La Generación Z ya es votante. Su irresponsabilidad y sus endebles criterios podrían estar poniendo en peligro a nuestras naciones, dado que los políticos, de muy malas maneras, y con especial énfasis, cuentan con que estos jóvenes, en el sentido griego de la palabra, son idiotas. 

Las campañas electorales para esta generación se manipulan enteramente por TikTok. Un 59 por ciento de jóvenes menores de 30 años llevaron a Joe Biden a la Casa Blanca. Esto no es un buen síntoma.

Dada esa incapacidad de poder pensar por sí mismos, y su torpeza al enfrentarse con el mundo de "los adultos" los jóvenes se ven entre los seres con mayores porcentajes de sufrir ansiedad y depresión.

La generación "Y" los trata a la patada. Eso es cierto. Si bien nosotros, la generación madre de estos muchachos jóvenes y adolescentes, estamos ausentes, los "millennials" les tienen mucho desprecio.

La excepción a esta regla son los famosos. Los "millennials" que son grandes celebridades bien que se han encontrado en los Gen Z a su más preciada mina de oro.

La generación "alfa" ya, a pesar de que son muy niños, demuestran que son una generación, al menos por ahora, compuesta por pequeños demonios y analfabetas funcionales.

¿Qué queda hacer entonces?

Por una parte, tenemos que apelar al paso inevitable del tiempo. La generación Z no siempre será veinteañera. En cuestión de una década, la gran mayoría tendrán las responsabilidades de hipotecas y de familias propias.

Por otro lado, mi generación, debe hacerse una crítica voraz, agresiva y cuando menos constructiva de cómo recoger a estos jóvenes tan indigentes emocionalmente y fortalecerlos. Rescatar del baúl de los recuerdos las historias de valentía de los abuelos.

Muchos de nosotros no somos padres biológicos, pero debemos ser mentores.

En mi trabajo, los Gen Z que son mis compañeros, me respetan de tal manera, que sé que me temen. Me tratan con infinita reverencia. Supongo que esto es bueno. No lo sé. Pero prefiero ser severa y no hacerme cómplice de sus juveniles devaneos.

Muchos padres pagarán con creces la indiferencia a la que han optado. Habrán historias de dolor y de gloria, cuando los Gen Z tengan nuestra edad. 

Tenemos que prestar suma atención a toda la información que reciben los jóvenes en las universidades, que como nos hemos dado cuenta, son nidos para gestar racismo, xenofobia, antisemistismo y wokismo al extremo. 

Debemos parar en seco el auge que podrían tener todos los artistas que, como Taylor Swift, ídolo supremo de la Gen Z, son poco más que corruptos caballos de Troya, trayendo en sus repertorios letras que podrían estar mal influenciando a los más vulnerables.

El Gen Z puede que se haga el tonto. Pero tonto no lo es. Vuelvo y repito, poseen una capacidad de raciocinio admirable y muestran sus verdaderos dones a una edad temprana.

La alergia al trabajo es únicamente un síntoma. Es un efecto secundario al pavor que le tienen al mundo real donde han recibido estímulos confusos y se les ha arrebatado la brújula de su alma.

Nos toca escuchar. Escuchar. Y escuchar. Y escuchar. A partir de lo que aprendemos de primera mano al conversar con los jóvenes, tenemos que crear una Wikipedia, una efectiva enciclopedia digital, si se quiere, que nos sirva de referencia.

Esto, obviamente, lo digo en sentido figurado. Pero es que hace falta un manual para que, a todo nivel, podamos entender tanto lo que excita como lo que atemoriza a los más jóvenes. Prestar atención a dónde se hacen sonar las alarmas.

Los Gen Z están deseosísimos de validación y de cariño. Tengamos eso en cuenta.

Finalmente hay que acercarlos al concepto de Dios. El Dios verdadero, no los dioses con arrobas y hashtags. 

Me gusta pensar que nuestro legado será, precisamente éso, una luminosa, efectiva y exigente escala de valores.

Sé que hay esperanza. Tenemos que mantenernos optimistas.

No podemos morir sin saber que hemos hecho todo lo posible por levantar los pilares de esta civilización desde "la alfa hasta la zeta."

Recordemos que hace 600 años, Juana de Arco, hoy en día considerada una joven "post-millenial" cambió la historia de Francia y revirtió una guerra que ya duraba casi un siglo. Todo esto a los 17 años.

Señores míos, hala! Menos Taylors y más Juanas!



Tuesday, February 20, 2024

El Orgullo Judío Como Táctica de Guerra


En la química orgánica, materia fascinante que estudié en mi último año de bachillerato, aprendí sobre el gas butano.

El gas butano (C4H10) es una alcano poderosamente inflamable. Es un gas líquido muy volátil que, una vez en contacto con oxígeno, arde con mucha facilidad.

Fue descubierto en el año 1864, y comenzó a ser comercializado a principios del siglo XX.

Hoy en día, es quizá uno de los gases más utilizados para uso diario. Hablamos de hornillas portátiles, encendedores, etc.

Qué dirían ustedes si les hago un analogía y les defino al antisemitismo como el butano de la sociedad Occidental actual, y la ignorancia como ese oxígeno que provoca, al instante, la combustión de un odio acérrimo en contra de los judíos--todos los judíos. 

El butano no racionaliza frente a la presencia de moléculas de oxígeno. El butano se enciende y arde. Esa es su composición. Además el butano es muy barato y está en venta en cualquier establecimiento.

El antisemitismo es igual. Está en todas partes. Y, es importante destacar, que en el mundo actual tan politizado y tan polarizado, el antisemitismo es promovido por todos los espectros ideológicos, tanto los de ultraderecha como los de la extrema izquierda.

El antisemitismo es, casi estoy segura, el odio racial y étnico más antiguo de la historia de la humanidad. Nuestra cronología como pueblo tiene más de cinco milenios, y en cada uno de esos milenios, con sus siglos, sus décadas, sus años y sus meses ha habido episodios trágicos cuya diana ha sido el decimar, o de plano, aniquilar, a la población judía.

Pero aquí estamos. Y aquí seguiremos estando. Pésele a quien le pese.

Los ataques del 7 de Octubre en el sur de Israel, o bien podría decir, la MASACRE de 1,600 israelíes a manos del grupo terrorista Hamás, deberían ser, y tengo gran expectativa en ello, un tópico que ha de ser discutido, estudiado y recordado, tal vez con el mismo ahínco que hemos analizado y hemos hecho referencia al Holocausto que dejó un saldo de más de seis millones de judíos a manos de los ultranacionalistas Nazis en la década de los 40s, durante la Segunda Guerra Mundial.

Los ataques del 7-O y los detalles indecibles de aquella madrugada de Simchat Torah, fueron el oxígeno que encendió la mecha de una de las olas de antisemitismo jamás vistas, comparable quizá con "La Solución Final" que estoy segura es el lema de muchos Palestinos para con el pueblo judío.

Dios, en su infinita sabiduría, no sólo nos ha hecho ver la magnitud del antisemitismo, sino que, si sabemos aprovechar esta oportunidad, tenemos en nuestras manos el antídoto para contrarrestar este odio pandémico y exponerlo por lo que es: volátil, absurdo y altamente peligroso.

Este análisis de hoy fue inspirado por la audiencia que se viralizó rápidamente por redes sociales de tres mujeres que hasta entonces eran las cabecillas de tres de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos. Y las llamo sí, cabecillas, porque presidentes es hacerles un favor, y no me da la gana.

Esta audiencia fue hecha por el Comité de Educación del Congreso Norteamericano, y destacó, principalmente, la intervención de la Congresista republicana Elise Stefanik, representante del Distrito 21 de Nueva York, y hoy por hoy, en la mira para ser una de las voces conservadoras más relevantes de la política pro-Trump.

Stefanik, con elegancia, pero con una fiera contundencia se enfrenta a Claudine Gay, hasta entonces la presidenta de la Universidad de Harvard.

Gay pasará a ser la presidenta con la trayectoria más corta de esa universidad. Apenas duró seis meses en su cargo, y aparte de haber declarado utilizando flagrantes argumentos antisemitas, ha sido acusada de plagio en unas 30 instancias.

Claudine Gay es un fraude, electa, simplemente por su raza y por ser un brazo político del Partido Demócrata. Su ticket ganador es, como era de esperarse, su postura sobre el tema de Black Lives Matter y sus posturas en favor de la comunidad LGTBQ.

Stefanik preguntó a Claudine Gay repetidas veces si ella pensaba que la llamada a la "antifada" (la aniquilación de los judíos y del Estado de Israel) por parte del cuerpo estudiantil era condenado por las reglas de Harvard. La respuesta de Gay, con cara de Póker era siempre la misma: "depende del contexto."

Esto enfureció enormemente a Stefanik y a miles de usuarios en los medios y las redes, y, a las pocas semanas Claudine Gay renunciaba a su puesto.

Pero, tristemente, y creo que es importante destacarlo, la activista retuvo su salario de casi $1M anuales, y su renuncia fue provocada por las continuas acusaciones por plagio y no por sus aberrantes declaraciones en contra de los judíos.

Las razones por las cuales las universidades como Harvard se han convertido en un nido de serpientes o en una bombona de butano, utilizando nuestro símil, merecen su propio análisis. Y gran parte de esto está en las multimillonarias inversiones que hacen países como Catar o incluso Irán, enemigos del Estado israelí.

Harvard, actualmente en la mira por las continuas protestas y los ataques a estudiantes judíos, ha nombrado como presidente interino al Doctor Alan Garber, profesor de economía para la salud, y con un alto cargo administrativo. Garber es judío y un seguidor de los estudios judaicos del fallecido Jonathan Sachs, una eminencia (QEPD)

Esta movida me pareció muy interesante. Si bien no ha resuelto el problema de fondo, Harvard ha puesto al frente a una figura de prestigio y a un judío para, al menos, calmar las aguas y apaciguar esa vergüenza torera de ser una institución promotora del antisemitismo.

Pero yo veo más allá.

Ni Harvard ni Princeton ni Cornell, todas ellas en el caldero por su abierta guerra en contra de Israel, ideológicamente hablando, tienen remedio. Harvard debería cesar como institución educativa. Después de todo son varios los vídeos que han trascendido a lo largo de los últimos años donde queda en evidencia que los estudiantes son analfabetas funcionales.

Pero, claro está, son hijos o nietos de mogules que bien que saben callar bocas con cheques prácticamente en blanco para estas devaluadas instituciones.

Aun así, me gusta la idea de poner al frente de un batallón antisemita a un judío.

Su religión o su raza, como se quiera ver, no es garantía de una disminución de los ánimos tan inflamados. Pero por algo se comienza.

Y esto me lleva a hacer un pequeño inciso en lo que ha sido la historia judía, prácticamente desde su génesis en la época de Abraham y de Sara, nuestros Padres Fundadores, por así decirlo.

Es muy curioso destacar que los judíos JAMAS hemos sido un grupo mayoritario en ningún sitio. Históricamente, siempre hemos sido una minoría. Lo fuimos en Egipto, por ejemplo. Y milenios después en nuestra España, nuestro Sefarad.

Cabe mencionar que nosotros, a Egipto, le entramos por la puerta grande. Lo hicimos de la mano de José, hijo de Jacobo y su bienamada Raquel. José salvó, gracias a su don de interpretar sueños, a Egipto de una hambruna segura, y el faraón bien que supo dar a José el lugar en su corte que merecía el joven hebreo.

Y así fue por muchísimo tiempo, los judíos tenían vara alta en las cortes egipcias. Sin embargo, en algún momento, nos volvimos sus esclavos.

En Sefarad, tres cuartos de lo mismo. Llegamos a amasar considerables fortunas y tuvimos el privilegio de servir, de primera mano, a la Reina Isabel de Castilla. Varias trifulcas en el sur de España nos llevó a tener que abandonar a España por la puerta trasera por un edicto real en 1492.

Tengamos esto presente por un instante...

Los primeros movimientos de autodeterminación judía, hoy parte del concepto conocido como Sionismo, empezaron en el siglo XIX por nativos de las tierras palestinas y con el fervor de, por fin, asentarnos en nuestra Tierra Prometida.

Esta pasión por tener nuestro estado, enseguidita hizo combustión con el anti judaísmo ancestral de muchas naciones árabes y sus pretensiones imperialistas.

La noción de los "dos estados" uno para Israel y el otro para los Palestinos tuvo varios intentos--todos un fracaso absoluto.

La ex-senadora Hillary Clinton, si hay algo que hay que reconocerle es su incondicional apoyo a los judíos y al estado de Israel. Y ha recordado recientemente que ya se deje, de una vez por todas, de proponer los dos estados como solución al conflicto entre Israel y sus enemigos. Los árabes ya han dejado claro, primero en 1920, luego en 1947, y justamente con el gobierno del ex-presidente Bill Clinton, que no están interesados en una solución. Lo de ellos es un neo-Holocausto y nada más.

¿Qué alimenta las llamas de este odio?

La respuesta no es simple. Ni puede definirse con un puñado de letras. Lo que hace combustión en estos odios raciales es intangible. Es transparente. Pero su estructura molecular es altísimamente inflamable. 

Pero mucho de lo que define este racismo incontrolable tiene que ver con orgullo, propaganda y  disciplina. Una dedicación casi se diría Vestal, para que nunca se apague la llama venerada.

Israel, como estado, es el magnum opus, de cientos de judíos, que con innumerables penurias pudieron ver su sueño materializado en el primer--y hasta ahora único--estado judío del globo terráqueo.

Israel es el único país del mundo donde somos mayoría absoluta.

Pero como ya nos pasó en el antiguo Egipto y en Europa, Israel, está siendo mutilados por la mala gestión de un gobierno inepto y una propaganda más cebada que nunca. Más fanática que nunca. Más incendiaria que nunca.

Israel está en guerra con Hamás desde hace cinco meses. La defensiva israelí lleva el nombre de "Espadas de Acero." Pero con los máximos respetos, esas espadas están bien desafiladas.

El Primer Ministro, Benjamín Netanyahu, por momentos, parece un león dispuesto a todo. Algún acierto hay que reconocerle, pero sus victorias han sido escasas.

Tengamos en cuenta que la primera gran hazaña del estado de Israel fue la Guerra de los Seis días, que duró, precisamente éso, seis días. Y aniquiló a un puñado de naciones enemigas. Seis días nomás.

Luego en 1973 Israel fue atacada desprevenidamente, muy parecido a lo ocurrido el pasado Octubre, y Golda Meir y Moshe Dayán prepararon una ofensiva que dio la victoria al pequeño estado israelí en menos de tres semanas.

La guerra de las espadas inservibles actual ya va por cinco meses y según declaraciones del gobierno de Israel, hay guerra para rato.

Hay una teoría que abraza la oposición de Netanyahu y es que la prolongación de la guerra amarra al Primer Ministro a su sillón presidencial, que le conviene asegurar para evitar sus alegados asuntos legales que son bien sabidos por todos.

Esto es una opinión impopular, claro está. Pero no me parece del todo descabellada.

Hamás, el día de la masacre, tuvo una jugada maestra, que fue secuestrar a cientos de israelíes, de los cuales han sido liberados un porcentaje mínimo. El paradero de estas víctimas es, hasta el momento, un misterio. Muchos han muerto en cautiverio.

Pero Hamás conoce muy bien a sus enemigos. Conoce su buenismo y sus debilidades. Por ello no hay un final en el horizonte ni para éste ni para ningún otro conflicto.

Hay dos cosas que la inteligencia israelí no ha podido descifrar, ni sabe como aniquilar. Una, y quizá la más importante, la propaganda. La otra, la patética influencia casi colonialista de Estados Unidos y Occidente.

La propaganda sería facilísima de desmontar.

Las consignas que se propagan a diario por las redes, e incluso los "chatrooms" que recibimos vía Whatsapp, son todas, absolutamente todas, falsas.

De hecho, gran parte de este problema del antisemitismo es la cantidad de personas que se prestan para encender el fuego y alimentarlo con teorías conspiranoicas sobre Israel.

Por ejemplo, cuántas veces tenemos que explicar que Israel otorgó a Palestina la franja de Gaza en el 2005. Dónde está la opresión? Maldito el día que Ariel Sharon hizo semejante estupidez! Casi veinte años después lo seguimos pagando.

Por qué se quiere seguir viendo a Hamás como "hermanitos de la caridad" e incluso a los gazatíes como seres vulnerables cuando es bien sabido que o por convicción o por miedo a sus verdaderos opresores, Hamás, han colaborado con los terroristas. Por qué eso no está en los medios?

Si fuéramos todo lo que se dice de nosotros, seríamos una potencia mundial y nadie se atrevería siquiera a pensar en hacernos daño porque explotaríamos de rabia y seríamos los seres más sanguinarios de la actualidad.

Pero no, somos el pueblo pacifista y tolerante que se ha hecho presa útil y conveniente de quienes buscan nuestra "Solución Final."

Por milenios ha existido una diáspora judía, y la gran mayoría de este tiempo, el exilio ha sido una elección muy nuestra. Pero desde 1948, el judío es errante porque quiere. Los judíos en Israel tenemos un hogar, estemos allá o no. Es nuestro hogar ancestral, elegido para nosotros por Hashem Todopoderoso.

El analista Guy Sorman escribió este pasado noviembre un extraordinario artículo para el diario ABC de España, donde nos cuenta de manera casi anecdótica que el filósofo Jean Paul Sartre, que en 1946 publicó su famoso ensayo "Antisemita y Judío" intenta explicar con amplitud de criterio los orígenes del odio por los judíos.

Sorman en su artículo cita a Sartre con la siguiente frase: "Puesto que el ser judío se presenta como algo sin definir, el filósofo Jean-Paul Sartre dedujo de ello que el judío solo existía como tal en la medida en que hubiera antisemitas. El antisemita sería quien hace al judío, una tesis fascinante, pero absurda."

Yo no diría que es absurdo.

De hecho, lo que hace tan volátil y tan inflamable el antisemitismo es que el judío tiene en su carne--que no en su alma--un perenne miedo a ser perseguido y a ser señalado por ser, precisamente judío y por nada más.

Este miedo, que nos acompaña hasta el sol de hoy, ha reemplazado a nuestro orgullo de ser judíos. Nuestra integridad. Nuestro poder.

En estos días corrió un mensaje por Whatsapp donde, palabras más, palabras menos, se culpaba a los judíos de tener el control absoluto de las finanzas del mundo. Un puñado de palabras hirientes y abiertamente antisemitas, que eran un espejo de las consignas que escribiese Adolfo Hitler en su libro "Mein Kampf" y que fue utilizado exquisitamente, en relación a la Alemania nazi, por el ministro de Propaganda Joseph Goebbels.

Los mismos argumentos. Las mismas falacias.

Ese mensaje que yo sepa fue leído por media docena de judíos y todos permanecieron callados. Conozco gente que ha decidido hacer caso a las advertencias del gobierno israelí de evitar el uso de símbolos judaicos y evitar decir que son judíos para apaciguar los ánimos.

He ahí el gran problema de los judíos, la falta de dignidad y la falta de orgullo y de coraje, cualidades que nuestros enemigos tienen de sobra, así lo demuestren con clara violencia y desenfrenadas mentiras. Pero las tienen.

Nosotros dejamos dormir al león en nuestra alma y nos olvidamos que todos y cada uno de los judíos en existencia actualmente, unos 16M más o menos, somos el aliento inmortal de David y tenemos a Dios tatuado en cada átomo de nuestro cuerpo.

Hay señales, no digo que no, de un despertar, de nuestra primavera y de callar muchas blasfemias que se hacen contra nuestro pueblo. Pero las voces son, hasta el momento, pocas, y los mensajes se pierden entre banderitas del orgullo gay o banderitas palestinas.

Somos un pequeño grupo minoritario. Lo seremos por el resto de nuestros días, pero ya toca que el mundo nos oiga rugir y de hacernos respetar. 

Israel tiene que dejar de ser un espejo de Occidente. Opaco por demás. No somos un pueblo occidental. Para nada. De hecho tenemos más similitud con los pueblos enemigos. Recordemos que el Islam tiene sus orígenes en la figura bíblica de Ismael, hijo de Abraham y Hagar, esclava de Sara.

A Occidente no le debemos nada. Y ya toca dejar de escuchar tanta basura globalista mientras nuestros enemigos y su propaganda se han convertido en arsonistas anti-sionistas.

Muchos grupos minoritarios han hecho sus grupos supremacistas y antagónicos y son intocables.

Yo aborrezco la violencia de estos grupos y de sus aliados, pero admiro su capacidad de lucha y su desparpajo hasta para contar mentiras.

El buenismo no nos hace mejores personas, nos hace mejores víctimas. Y los judíos no somos víctimas. No podemos creernos eso ni un solo segundo.

El orgullo judío es el oxígeno y el hidrógeno de la llama más limpia y más hermosa que jamás haya ardido en la historia de la humanidad. Encendamos esas hogueras y enseñemos a las nuevas generaciones que no nos van a extinguir. 

Y si el butano de esa llama escasea, sabemos con profunda convicción, como celebramos cada invierno en Hanukkah, que nuestro Dios, rey del universo, nos concederá un milagro, y nuestro fuego estará vivo no sólo hasta subyugar al enemigo, sino por toda la eternidad.

Am Israel Chai!



Seamos Guerreros de la Luz---no de Tablero!

En el año 73 AC, Roma vio los cimientos de su República temblar como pocas veces. Revueltas habían sido vividas. Hazañas habían sido contada...