Monday, November 11, 2024

El "Trump Power" El Afluente Más Importante de la Civilización Occidental del Siglo XXI


En la Venezuela de mi infancia, la Venezuela ochentera donde estudiábamos la primaria y la secundaria ajenas, como jóvenes que éramos en aquella época, a la política tan arbitraria y tan caótica que desembocó en la desgracia del hoy conocido como Chavismo, hubo en nuestras aulas (con maestros ejemplares) lecciones que se repetían año tras año.

Una de ellas, entre muchas otras, las que nos enseñaban sobre el río Orinoco. 

Casi casi que el Orinoco era un símbolo patrio más junto a nuestra bandera (que tuvo por décadas siete estrellas) nuestro himno que cantábamos cada mañana antes de entrar a las aulas (acompañado por un Padre Nuestro) y, como no podía ser de otra manera, nuestro Libertador, Simón Bolívar.

Parecía que el Orinoco nos llevaba a todos de la mano y si bien vivíamos en Caracas, la capital, y el Orinoco nacía en el hoy Estado Amazonas (en aquella entonces Territorio Federal) lo veíamos en nuestra imaginación correr frente a nuestros ojos, desde nuestro balcón, accesible y majestuoso.

Los maestros nos decían, lo cual resultó no ser cierto, que el Orinoco estaba entre los diez ríos más largos del mundo. En realidad está en el puesto número 57, con, aproximadamente, 2,140 kilómetros de longitud y 5 kilómetros de ancho.

Pero concentrémosno en su cauce por un instante. ¡Hablamos de casi 1 millón de kilómetros cuadrados! ¡Un río tan poderoso ha de tener un cauce amplio, sólido, con una fuerza que quizá pondría a prueba a 100 Sansones juntos!

Y así ese príncipe de las historias épicas de la geografía venezolana de mi niñez, corría veloz y en volandas hacia su destino, el Atlántico, que nos parecía más océano que ninguno tan sólo porque el Orinoco se acercaba a su orilla.

Imaginemos nuestra propia vida como un río. Pero no cualquier río. Un río icónico, que nos despierte bravura y nos llene de sueños.

Qué orgullo poder ser cauce para ese propósito único que Dios pone en nuestras manos y que debemos cargar en nuestro ser.

En estos tiempos tan convulsos, tan oscuros y tan inciertos, es difícil, a veces, volver a tener esa inocencia y ese espíritu patriota de nuestra juventud. 

Fuimos, muy afortunadamente, criados para ser una generación respetuosa de valores fundamentales. 

Muchos hijos de la que llamábamos en Venezuela "La Generación Halley" se descarriaron en sus edades adultas. Otros quizá nos desviamos un poco, pero, afortunadamente, volvimos a nuestro cauce.

Nuestra educación en el hogar fue impecable y vino muy bien acompañada por unos años de formación académica y cívica que nunca podríamos imaginar que se diluiría con tanta agresividad.

El río de mi destino tuvo una primera parada, en los Estados Unidos, a donde llegué a vivir en el Otoño de 1990.

En Noviembre de 1992, cuando casi estaba por cumplir 20 años, ejercí por primera vez mi derecho al voto y le di mi voto a un Republicano George H.W. Bush, a quien nos referimos comúnmente como "Bush Padre," dado que su hijo George W. Bush fue posteriormente electo, igualmente, presidente.

Mi candidato perdió con Bill Clinton. Y ya luego voté a Bill Clinton para su reelección y me hice muy muy fan del que en aquel entonces era el Partido Demócrata, un pálida sombra, hay que agregar, del partido socialista comunista que vemos hoy por hoy.

En mi afán, hoy en día sé que equivocado, y del cual siento hasta vergüenza, de adentrarme y asimilar la cultura y la idiosincrasia Norteamericana de aquellos tiempos, me hice feminista, liberal, e incluso hasta llegué a apoyar el aborto.

Repudiaba la Segunda Enmienda que defiende el derecho a portar armas y a la legítima defensa, y si hubiese habido una especie, una variante, de la "Agenda 2030," seguro la hubiese apoyado también.

Me hice ávida lectora de libros de filosofía "new age," y me creía una adepta de "La Ley de la Atracción" que nos presentaba el bestseller "El Secreto" de Rhonda Byrne.

Todo esto cambió, y muy radicalmente, con la llegada a la Casa Blanca del expresidente Barack Obama. Ahora les diré por qué.

El río Orinoco tiene una docena de afluentes entre los que se encuentran, principalmente, el río Apure y el río Caroní.

Mi vida tuvo muchos afluentes con la llegada del nuevo milenio, y sentí una necesidad profunda de adentrarme en una búsqueda espiritual que le diera un vuelco a mi vida, que no me había sido tan fácil.

Asimilar la cultura de Estados Unidos no me fue, ni me ha sido del todo posible. Hay incompatibilidad de caracteres, y, claro está, de valores.

Pero muy ingrata tendría yo que ser para no darme cuenta del privilegio del que yo gozaba, junto a mis padres, de vivir lejos del caos que vino a adquirir tanto cuerpo y que colocó una nube negra en el panorama político de América Latina, y, muy rápidamente del mundo.

Fue primordial para mí hacer inventario de todo aquello que me parecía que formaba parte de mi esencia y de mi formación tanto ideológica como intelectual.

En mi familia, sobre todo mi rama paterna, la política corría tan enérgicamente como el Orinoco corre por cuatro estados, e incluso, por la frontera entre Venezuela y Colombia. Podríamos decir que la política fue el mayor afluente de mis años de adolescencia donde pude vivir en carne propia lo destructiva que serían las rivalidades partidistas y lo arraigada que estaba la corrupción (en todas sus vertientes) en la Venezuela de los 80s.

En ese inventario que hice de mi vida en la mitad de mi treintena, me di cuenta, que me era absolutamente necesario volver a mi profesión del periodismo, y hacer peso en lo que se empezaba a conocer como la "batalla cultural."

La llegada de Obama al poder, y por ende el convertirse éste en el líder político con más influencia de Occidente, trajo a colación los conceptos de "orden mundial" o "nuevo orden mundial."

Si bien no nos quedaba claro qué constituía todo esto, sus políticas fueron de las más radicales que se podían conocer en materia de "justicia social," y no hubo, para nuestra desgracia, un mandatario más racista que él en la historia de nuestra república.

Esto último es muy importante recalcarlo porque una de las razones fundamentales de su arrollador triunfo en el 2008 (que hicieron posible su reelección en el 2012) fue el hecho que Obama pasa a la historia como nuestro primer mandatario afroamericano.

El recuento de los daños del "Huracán Obama" tardará mucho en recogerse por completo. Y cuando se haga esto posible, habrá múltiples ediciones de los libros que se atreverán a contar con detalle las múltiples políticas que resultaron en la mayor polarización que jamás haya sufrido la Unión Americana.

En lo personal, para continuar con mi labor de adquirir toda la información posible de lo que acontecía a nivel mundial, me fue imprescindible voltear los ojos a mi querida Madre Patria, a mi amada España, nación que he hecho una parte de mi corazón desde que tengo uso de razón. Tanto porque soy judía sefardí, como por el hecho que mis ancestros son españoles.

El 17 de diciembre del 2013, se funda el Partido Vox bajo la tutela de José Antonio Ortega Lara, y bajo la presidencia, a partir de Septiembre del 2014, de un joven de 38 años de Bilbao llamado Santiago Abascal Conde. Hasta la fecha, el presidente de esta formación política.

El movimiento conservador americano, hasta el instante en que llegó Obama a Washington, había sido un movimiento moderado, bastante tibio, y de alguna manera muy homogéneo en sus políticas sociales.

El gran fuerte del Partido Republicano, era, sin duda, la economía y las finanzas. Pero cabe recordar que hasta la llegada de Obama, tampoco la oposición estaría llamada a ser contundente.

Los que recordamos la presidencia de Clinton, no lo tenemos en mente, para nada, como un radical. De hecho su gestión tanto a nivel nacional como sus aciertos a nivel internacional nos resultaron impecables.

A Clinton lo hundió su indiscreción a la hora de manejar, muy pobremente, un affaire como fue el que tuvo con la pasante Monica Lewinsky, del cual supimos detalles, que preferimos no recordar.

Bien supo Hillary Clinton, que ya ambicionaba ser protagonista política de su partido, ir al  rescate de su marido con una autobiografía donde se presentaba como una amante esposa dispuesta a perdonar las indiscreciones de su marido por el bien de su familia.

Hillary Clinton fue la última candidata del Partido Demócrata que yo voté en mi vida.

La debacle cultural y social provocada por Obama hace un parado crucial con la llegada de un hombre que anunciaba su candidatura para la presidencia en el 2015.

A diferencia del mismo Obama que fue un "ilustre desconocido" hasta que fue apadrinado misteriosamente por Oprah Winfrey, este nuevo candidato era archiconocido por todo el mundo: Donald J. Trump.

Por décadas, Trump había sido un personaje, que no sólo triunfaba con sus aciertos en el sector inmobiliario y de bienes raíces, sino con su excéntrica personalidad y la prensa que lo ensalzaba (a él y a sus lujos y consortes) 

Trump se convirtió en una estampa de la televisión americana con su "reality show" "The Apprentice" (El Aprendiz) y su característico "You are Fired!" (estás despedido!) cada vez que despedía a un concursante fallido.

Trump fue un votante Demócrata por décadas y a su boda en el 2005 con Melania Knauss, una supermodelo y empresaria, fueron invitados de honor sus grandes amigos, Bill y Hillary Clinton.

Pero razones muy personales, y la influencia de su mujer, Melania, que venía de un hogar muy conservador, hicieron que Trump se acercara a su fe cristiana, y también, a los valores intrínsecos del país, que como él mismo había dicho tantas veces, "le había dado tanto."

La política cruzó la mente de Trump en algunas ocasiones sin ningún éxito.

Pero con el mandato tan radical, e incluso, en mi opinión, peligroso, de Obama, Trump vio un terreno muy fértil para crear una política que fue simple, y se convirtió en su lema, hasta el sol de hoy: "Hacer a América Grande Otra Vez."

Las políticas de los Demócratas ya corrían como un río desbocado y amenazaban con cambiar los cimientos que con tanto cuidado y genio habían creado nuestros Padres Fundadores.

Trump tuvo una visión impecable que, de alguna manera, construía represas y puentes ideológicos que unieron a todas las vertientes de nuestra vasta geografía tanto política como ideológica.

Trump puso su mira en las minorías y rescató del barro del Obamismo a lo que se conocía como la "mayoría silenciosa."

Con Trump en nuestra Casa Blanca, con el partido Vox afianzado en la península ibérica y Viktor Orban en Hungría, era obvio que el movimiento conservador en Occidente buscaba su sitio.

Pero fue ahí donde empezaron a surgir los "kraken" impulsados por el globalismo que no iban a aceptar una derrota tan fácilmente.

Una de las grandes hazañas de la era Trump de aquellos años de su primer gobierno, fue el enfrentamiento, por primera vez, con los medios de comunicación. La terminología "fake news" se hizo viral por todo el mundo y se despertó de su anestesia a una inmensa ola de ciudadanos votantes, que se dieron cuenta de que habían sido manipulados y engañados por la prensa y por las cadenas de televisión de toda la vida.

La reelección de Trump parecía inminente y prometedora. Todos hablaban de la "ola roja." A diferencia de Europa, aquí el rojo no es asociado con el comunismo. Los estados "rojos" son los estados con mayoría republicana, cabe aclarar.

Pero llegó el 2020 y los votantes de Trump quedamos atónitos con un triunfo de Joe Biden, que fue cuanto menos extraño, dado que el que fuera vicepresidente de Obama, por la llegada de la pandemia del Covid-19, apenas había hecho campaña, y se reportaron irregularidades en el conteo de votos de algunos estados.

Quizá pronto pueda corroborarse lo que hasta ahora ha sido un rumor consistente: acaso hubo fraude electoral?

La presidencia de Biden estuvo, desde un principio, plagada de problemas, empezando por el estado avanzado de demencia del mandatario y la imposición de las políticas de Obama--con esteroides.

La prensa corrupta volvió a tomar auge e hizo malabarismos para ensuciar la figura de los conservadores tanto a nivel nacional, como a nivel internacional.

La terminología "ultraderecha" para denominar cualquier política anti woke se hacía imprescindible y a Trump, en el 2022, le fue fatal en las elecciones de diputados y gobernadores.

En España, los medios de comunicación, doblaron esfuerzos para desprestigiar la formación de Abascal, que sufrió un éxodo de múltiples de sus voces más fuertes.

Hubo acusaciones de corrupción y se alegó que Vox era el "poster child" (el símbolo) de sectas ultrareligiosas y así en las elecciones del 23 de Julio del 2023, Vox perdió 19 de los 52 diputados que habían estado al frente de la formación a lo largo y ancho del territorio español.

"El Centauro Digital," mi propio medio, conservador e independiente, fue fundado en medio de esta crisis existencial que sufrió el movimiento conservador, y varios de sus artículos reflejan mis numerosas diferencias con los líderes de derecha que alguna vez tuvieron mi total apoyo.

El proyecto conservador, como podría llamarse, al auge que han tenido los movimientos de derechas, no se amilanaron ni un instante, dándonos a todos una extraordinaria lección de vida y de perseverancia, que hoy por hoy es nuestro orgullo y nuestro estandarte.

Siguieron siendo electos con mayorías aplastantes nuevos jóvenes líderes con ideas anti globalistas, y a ellos se nos unieron figuras muy interesantes e inusuales, como fue el caso de Elon Musk, a quien podríamos dedicar un análisis en futuros artículos dada su ascensión en las esferas conservadores que le fueron tan ajenas al magnate, hoy considerado el hombre más rico del mundo.

La radicalización de las políticas de Biden, que bien sabemos todos venían del mismísimo Obama, el verdadero poder detrás del trono, asustaron a muchas minorías. La descontrolada inmigración ilegal, mafia que protegen las agendas ideológicas, asustó a las familias de migrantes que siempre habían encontrado un santuario en los Estados Unidos, la tan bien ponderada tierra de las oportunidades.

Los años de Biden hicieron obvio que las maniobras de muchos empresarios del entretenimiento y muchas figuras icónicas, incluido el mismo Bill Clinton, protagonizaban escándalos de marca mayor, que incluye, entre múltiples y gravísimos delitos, el tráfico de menores.

Las voces mediáticas cumplían con su guion habitual, y en los últimos tiempos, aceleraron su gestión para tratar de vendernos como potable e imprescindible a la que fue candidata Demócrata hasta su derrota el 5 de Noviembre, la actual vicepresidenta, Kamala Harris. Un personaje oscuro, servil y siniestro, títere de los Obama, y defensora de cualquier aberración ideológica habida y por haber.

Pero con la llegada de Trump al poder, por segunda vez, limpia y abrumadoramente; con un triunfo indiscutible, que incluyó, victorias en estados tan controversiales como Georgia, Wisconsin y hasta Michigan, se escribe para Estados Unidos, y diría yo para Occidente y Oriente Medio, un nuevo capítulo político. Y por qué no decirlo... Una nueva era!

Volvimos a rugir los leones adormitados y se despertaron nuevas voces que no sabíamos ni siquiera que existían. Los más jóvenes están entusiasmados! 

Tenemos un nuevo aliado: las redes sociales, sobre todo X (antes Twitter) que fue adquirida por Elon Musk y que bien ha prometido él será un arma infalible en contra del wokismo.

Yo me di cuenta de que lo importante no era el enfocarnos tantos en los atributos personales de estos nuevos líderes: el estilismo de Javier Milei, la prepotencia de los tuits de los MAGAs, las excentricidades de Elon Musk, y un largo etcétera.

Es imprescindible para todos los conservadores pisar fuerte y unirnos por una sola causa. Los tres atentados, uno de ellos, casi mortal, a Donald Trump, nos hizo ver que sus enemigos eran muchos, y que quiénes hayan estado detrás de estos intentos de asesinato, consideraban a Trump un titán que venía con todas sus fuerzas a destruir lo que el globalismo mundial había querido imponer a través de los Obama, el sanchismo en España, y el agudísimo y crónico chavismo en la tierra donde aún corre nuestro río rey.

Y ya nunca más, primero Dios, volveremos la vista atrás!

Tenemos más esperanza que nunca y si bien los enemigos no han muerto y seguirán su lucha por no perder sus inmensas fortunas (porque bien que sabemos de las mafias que acompañan a las agendas ideológicas que tanto discutimos semana tras semana en este medio) tenemos fe infinita que ha llegado la hora de la victoria para la reconquista moral, económica, ideológica, y sobre todo espiritual, de la civilización que más ha dado luz al desarrollo de nuestra historia.

Decía el filósofo griego Heráclito: "No es posible meter el pie dos veces en el mismo río."

¡Podremos cometer errores, pero permitir que coja fuerza el globalismo, nunca jamás!

El río que ahora corre en nuestra esfera política es un río que ha de unir pueblos y ha de unir mentes y almas. Y deben ser sus afluentes ante todo Dios, y la democracia, el gobierno de esos pueblos, que sabe, en estos momentos, que su voz está más viva que nunca.

Demos la bienvenida a Donald J. Trump, el presidente número 45...y el número 47 de los Estados Unidos de América.

No comments:

Post a Comment

La Cleptocracia: El Gobierno a Través del Fraude y del Robo

Hay una leyenda folklórica que a lo largo de muchos siglos nos ha llegado a través del cine, el teatro y la música. Esa leyenda nos cuenta l...