Podría escribir horas enteras de todas y cada una de mis experiencias en los parques de Walt Disney World. Qué privilegio de haber podido disfrutar mi infancia, hacer visitas familiares e incluso celebrar la Navidad en uno de los súper hoteles clásicos del Magic Kingdom, el icónico Contemporáneo.
Como ya les he contado en otras ocasiones, yo trabajé tanto en los parques como en los hoteles por seis años. Podría decirse que nombre estuvo en la nómina de Mickey Mouse.
No fue fácil, y con el tiempo se me hizo insoportable. Para trabajar en Disney hay que mimetizarse con una cultura, un lenguaje, y una enorme burocracia. El precio a pagar para crear la magia que se vivía en cualquier rincón de Disney era muy alto. Trabajar para Disney no era para mí, y no me avergüenzo de decirlo.
Pero no por ello yo dejé de pensar, y lo hice durante mucho tiempo, que Walt Disney World era uno de mis lugares favoritos. Por cinco años consecutivos tuve el pasaporte anual, y visitaba a mi gusto en mis tiempos de ocio.
La marcada e insoportable moda "woke" que ha parasitado el mundo Disney en los últimos años me alejó casi por completo de los parques. Hoy por hoy apenas piso suelo "Disneyesco." Una lástima.
Lo extraño mucho. Quisiera que Disney volviera a hacer lo que alguna fue hace décadas, un trocito de paraíso en la tierra donde se respiraba paz y donde se convivía a gusto con personajes entrañables y música inolvidable.
Incluso mucho antes de yo trabajar en la compañía, me acuerdo muchísimo, que siempre, siempre comentábamos lo extraordinariamente limpios que siempre veíamos tanto el parque per sé, como las atracciones y los restaurantes.
En todas partes, y esto es literal, veíamos a los llamados "custodians." En español, la palabra "custodian" significa "cuidador."
Los "cuidadores" tenían funciones múltiples. Bien podíamos verlos barriendo cada rinconcito de los parques, o las áreas de baños, o, igualmente, eran los más indicados--y preparados--para dar direcciones, dentro y fuera de los parques.
Estando ya trabajando en Disney, conocí a Paul, un señor de la tercera edad, que era uno de los "cuidadores" de Epcot y fue nuestro primer guía en uno de mis días de entrenamiento.
Hay un secreto que también aprendí por aquellos años y es que la gran mayoría del mantenimiento y la limpieza profunda de los parques se hace en la madrugada. Esto incluye todo lo que tiene que ver con las áreas verdes. Era imposible encontrarnos como flores muertas o ramas caídas. Había que crear magia a toda regla, 24-7.
El tema Disney es recurrente en este medio por los desastres cinematográficos que parecieran no tener fin. Cada estreno, un fracaso. Promesas van, promesas vienen, pero el contenido audiovisual de Disney es cada vez más abominable.
Pero lo que jamás pensé, en todas las décadas que he podido empaparme de las novedades del "universo Disney" es que tendría que comentar que ha salido a la luz que, cada día, con más frecuencia, los visitantes a los parques están defecando mientras esperan en la fila para disfrutar de alguna atracción.
Vuelvo y repito, los visitantes están DEFECANDO en el piso, muchas veces, sin el pudor de ser vistos.
Esta noticia salió a la luz en el New York Post la semana pasada. Y, aunque el NYP, no es, para nada, de publicar "fake news," no pude más que sorprenderme de ver que mi tabloide de cabecera se pusiera a decir tonterías.
Pues, no señores, la cadena Fox también sacó a la luz esta inmundicia de noticia, nunca mejor dicho, en horario estelar.
La hemeroteca de estos sucesos, sobre todo en YouTube, es más amplia de lo que nadie desearía. Muchos visitantes han sido testigos de estos espectáculos y lo han comentado con detalle en las redes sociales.
El NYP ha podido confirmar, precisamente, con varios "cuidadores" que sí, lamentablemente, han tenido que limpiar heces fecales de algunas de las atracciones.
Si hay algo que tienen los parques temáticos, y no me refiero solo a Disney, que, por supuesto, son múltiples áreas de baño. Y son baños amplísimos. Incluso están decorados para camuflarse con las atracciones que tienen a su alrededor. En cada esquina hay baños, y por todas partes hay mapas para conseguirse el más cercano.
Si esto es así. Y les aseguro que así es, ¿qué está pasando?
Para mí la respuesta es muy sencilla: a Walt Disney World, aquí y, ni decirles, California (o Sodoma como prefieran) le han perdido todo respeto. Tiene que ser eso. No queda de otra.
El desprestigio de la compañía, que es, en sí, un imperio cinematográfico y mediático, ya carece de lustro y de autoestima.
La pandemia causó daños irreparables, y aunque, los turistas no han dejado de visitar los parques y los hoteles, muchos "invitados" (como son llamados los que pagan su entrada o se hospedan en los hoteles) han dejado de ir con la frecuencia que fueron vistos a principios de este siglo, y ni hablar los 80s y 90s.
Disney sabe, y sabe de sobra, que ha cometido errores garrafales dejando entrar a la cultura "woke" que ha parasitado la esencia de lo que fue el Disney de nuestros padres y nuestros abuelos.
Esa esencia está secuestrada por el afán de complacer a los lobbies mercenarios y las agendas ideológicas "du jour."
A los ejecutivos, incluyendo en CEO, un soso e incapaz Bob Iger, le encanta victimizarse y echarle la culpa al actual gobernador de Florida, Ron DeSantis, que, con mucho tino, ha podido frenar las pretensiones de Disney de dominar la arena política, lo cual está lejísimos de su jurisdicción.
La osadía de Disney se encontró de frente con la destreza de DeSantis, que ahora les ha obligado a pagar miles de millones en impuestos, un privilegio que les había sido revocado desde los 60s, a cambio, obviamente, de todos los beneficios que aportó Disney al estado de Florida.
Pero como siempre me gusta recalcar cuando tocamos este tema, la gente, al menos con el tema Disney, está despertando en masa y ha entrado en una cruzada para rescatar a Disney de las garras de Maléfica (léase el "wokismo" no la hechicera de la Bella Durmiente, por favor)
Pero el denigrante espectáculo de ver defecar a los visitantes a la luz del día en lo que fue un Edén mágico, es también un síntoma de que Estados Unidos ha llegado a penosos extremos de decadencia.
Según han dicho los testigos de este "Poop Show" hay cámaras en todas partes como un intento de parar esta aberración, pero, como si nada.
Dice el NYP que esta barbaridad sucede en las filas de las atracciones con mayor tiempo de espera. ¿Cuándo ha sido esto una novedad? Los tiempos de espera son "el pan nuestro de cada día," aun con una disminución sustancial del número de visitantes.
Yo tengo infinidad de experiencias donde hemos tenido que esperar horas enteras para entrar en una atracción popular. Pues se espera y punto.
Hace ya varios años que existe el llamado "Fast Pass" que permite "reservar" una hora determinada para volver a alguna atracción y reducir el tiempo de espera. Antes era un servicio gratis. Ahora, hasta eso cobran. Pero da igual. Está disponible.
No, esto que se está reportando es una consecuencia directa a lo que viene siendo Norteamérica con políticas indeseables.
Quieren educar a los niños con temáticas restringidas para adultos, estas son las consecuencias...
Quieren devaluar la educación escolar a vídeos sin filtro por Tik Tok, estas son las consecuencias...
Quieren dejar pasar a cualquier "bicho de uña" por nuestra frontera Sur, estas son las consecuencias...
Los visitantes de Walt Disney World se burlan de la decencia y el decoro...
Tenemos líderes que dejan que China, la Agenda 2030, y el teatro del absurdo “evacúen” sobre Occidente...
Disney es un símbolo universal de Occidente, señores. No nos olvidemos de eso.
Tengamos en cuenta, como nunca, y en todos los aspectos, que nosotros somos los "cuidadores" de nuestra civilización, nuestros valores y nuestros principios.
Hay mucho que limpiar y que barrer...
El tiempo es oro...
Blancanieves nos invita a silbar mientras trabajamos. ¿Se acuerdan de esa canción?
Esa canción significaba de que no había porque quejarse del trabajo arduo (porque los enanitos no eran para nada ordenados y su choza era un desastre) sino, al contrario, había que hacerlo con gusto. Con propósito y hasta con cariño. Ese tema es una estampa del film de 1937, y ha de serlo, de aquí en adelante, de nuestras vidas.
¿Y es que por qué no? Queremos y merecemos vivir en un mundo sin estas plagas, sin sabor y sin sentido.
A nuestra sociedad y, por supuesto, hay que proteger a nuestro pequeño gran ratón!
¡Manos a la obra!

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