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Tuesday, February 13, 2024

El Fentanilo y La Narco Destrucción de Occidente


En el año de 1986, en un viaje que hice con mis padres y mis abuelos a Manhattan, recuerdo haber visto una escena que jamás, a pesar de que han transcurrido casi cuatro décadas, he podido olvidar.

En un rincón, acurrucada en una esquina, había una mujer. Una mujer joven y espectacularmente bella. Si no era modelo, debería haberlo sido. O de repente lo era, y es por ello, que estaba como estaba.

La joven tenía los ojos cerrados y se tambaleaba de un lado a otro, completamente drogada.

Mi abuelita me dijo: "Viste a la drogada?"

Mi mamá dijo: "pobrecita..."

Y la pasamos de largo.

Al tiempo conocí la historia de Gia Carangi, una supermodelo norteamericana, que habiendo vivido siempre de excesos y que nunca pudo superar que su madre la abandonara escapando un matrimonio tóxico con su padre, se metió en el abominable mundo de las drogas, falleciendo a los 26 años de SIDA, por un contagio de agujas infectadas.

A veces me pregunto, dado el momento en que pasó, si aquella joven de Nueva York podía haber sido Gia.

En los años 80, en la Venezuela donde yo crecí y me eduqué, la lucha contra las drogas en los colegios era una prioridad. Nos daban charlas. Veíamos anuncios en televisión, e incluso se introdujo en las telenovelas el drama de la drogadicción con un personaje magnífico interpretado por Jeannette Rodríguez en la producción "Leonela" de Delia Fiallo.

Rodríguez interpretó a Paty, una joven rebelde y malcriada que se sabía consumía drogas, y, al final, muere de una sobredosis.

En aquellos años ser una "Paty" era impensable. Era deleznable. Y el consumo de estupefacientes estaba condenado al cien por cien.

En Estados Unidos, el cuento era muy diferente. El consumo de drogas era bien sabido, y aún en los años 90, que fue la época que me tocó vivir cuando recién llegué a estudiar en la universidad, ya se hablaba de crisis, y esta realidad no ha hecho más que crecer y hacerse más obvia y más preocupante.

La nación americana tiene más de 300 millones de habitantes. Cada persona es un mundo y cada estado de la unión tiene sus propias reglas, así se estableció esta potencia de país en el siglo XVIII. Digo esto porque ha sido menos que imposible erradicar el consumo de narcóticos, dadas las vastas estadísticas en cada ciudad.

De hecho, una de las peores tragedias del consumo de drogas es que los líderes políticos, en su insípida e inefectiva lucha contra las drogas, se concentran en las grandes ciudades, ignorando por completo el drama de los pueblos más pequeños que sucumben al consumo de drogas y no obtienen ninguna ayuda. 

Véase el caso de Oregón, donde la gobernadora demócrata Tina Kotek ha incumplido sus promesas de campaña de hacer frente a los problemas de las zonas rurales, pues únicamente se ha querido concentrar en la ciudad más importante, Portland.

En los ochenta, durante el gobierno del entonces presidente Ronald Reagan, se tuvo que hacer frente a la terrible epidemia de consumo del "crack."

Una droga conocida como "la cocaína para pobres," el crack, procesada con los residuos de cocaína, entró con furia en los barrios de bajos recursos de Estados Unidos, afectando supremamente a la población afroamericana. 

El uso del "crack" continuó con la entrada del siglo, siendo reemplazado por el "boom" de la metanfetamina, para desembocar en el uso casi pandémico de lo que conocemos como fentanilo.

Un país como Estados Unidos que literalmente está viendo a miles de ciudadanos morir por sobredosis de fentanilo (más de 112,000 de acuerdo con el Centro de Control y Prevención de enfermedades, únicamente en el 2023) es una nación sumida en una gravísima situación emocional y espiritual. No me cabe la menor duda.

¿Cómo se crea una sociedad apta tanto para el consumo masivo, como de la venta de drogas? ¿Es esta una crónica de un apocalipsis anunciado?

¿Qué hace que una persona busque el "consuelo" de las drogas?

Para responder esta pregunta, me gustaría hacer referencia, por un momento, a la mitología griega.

Sísifo, rey de  la ciudad de Ephyra, después conocida como Corinto, era un vil tirano, que causó penurias en su reino y burló dos veces a la muerte engañando a Hades y los espíritus del inframundo. Estas conductas, finalmente, terminaron por enfurecer a los dioses y Sísifo fue condenado por toda la eternidad a arrastrar una piedra hasta la cima de una montaña. Pero cada vez que la piedra iba a llegar a su destino, se deslizaba por la pendiente y Sísifo debía repetir su cometido.

En 1942, el genio de Albert Camus, escritor francés de origen argelino, utiliza la alegoría del mito de Sísifo para argumentar lo que se conoce como la "filosofía de lo absurdo," según la cual nuestras vidas son insignificantes y no tienen más valor que el de lo que creamos.

Pero Camus le da una vuelta a lo que se conocía como una tragedia, dando a entender que Sísifo podríamos ser todos y cada uno de nosotros, encontrando un propósito en cada una de las actividades que realizamos y en nuestra propia rutina.

Los que tenemos fe y deseamos día con día trabajar con y para Dios, el conectar con nuestro propósito divino es una delicia. Es un alivio y es un alimento que nos nutre el alma y nos lleva, sin cansancio, a mover cualquier obstáculo hacia la cima, como el antiguo rey, y no sentir que al caerse la piedra es el fin del mundo. Lo contrario, aprendemos a levantarnos y a intentarlo de nuevo.

¿Pero qué sucede con una sociedad a la que se le ha ido enseñando, poco a poco, a renunciar a su propósito, a su fe, a su integridad e incluso a su amor propio?

El periodista americano de la cadena Fox, Jesse Watters, decía en un reciente reportaje, que el gobierno de Estados Unidos, había sido perfectamente diseñado para ser el gobierno "del pueblo" y "para el pueblo." En otras palabras, el non plus ultra del modelo democrático. Continuaba Watters explicando, que en los últimos tiempos, estaba siendo claro, que quienes gobiernan son las corporaciones, para beneficiar a las élites y a otras corporaciones. Bingo!

Si bien el periodista hacía referencia a Estados Unidos, bien que podemos aplicar esta reflexión a la gran mayoría de países de Occidente--al menos los más desarrollados.

Con un panorama como este, sin duda alguna, el ciudadano de a pie, el trabajador y los jóvenes de generaciones emergentes, estarán siempre atrapados en una eterna búsqueda de tranquilidad y estabilidad emocional y financiera, que como la condena de Sísifo, jamás será completada.

A través de una propaganda extraordinariamente cebada y la ponzoña de quienes nos la alimentan sin cesar, nos hemos vuelto cada vez más serviles y más febriles.

El resultado es una sociedad enferma y desahuciada.

Con problemas tan intrínsecos en la población como es una educación mediocre (incluso en sus más altos niveles) al igual que familias rotas y un sistema laboral que ofrece tan pocos beneficios en muchas áreas de competencia, es natural que veamos una hambruna emocional y una población famélica en cuanto a sus valores y sus metas.

He aquí el estudio de mercado idóneo para los que se dedican al tráfico de drogas. Desde el paupérrimo vendedor de las esquinas de los barrios hasta los capos protagonistas de las series de Netflix.

Habemos, muy afortunadamente, quienes jamás se nos pasaría por la cabeza usar drogas. Ninguna droga. Para mí no existen jerarquías. 

De hecho se han realizado estudios recientes del daño que hace el consumo de cannabis recreacional en las neuronas y los efectos secundarios de esta hierba alucinógena, que por años nos han vendido como casi inofensiva.

Obviamente el uso de cocaína y heroína, las drogas más fuertes, podríamos decir que son drogas de élites. Casi nadie se las puede pagar sin caer en desgracia, no sólo por el daño mental y físico, sino la debacle económica que causa su consumo regular.

Pero, de pronto, aparece el fentanilo.

¿Qué es ese tal fentanilo, el nuevo verdugo de las masas más vulnerables de nuestra sociedad?

La llaman "la droga zombi," y no es por casualidad. Las estampas que vemos de los adictos al fentanilo son abrumadoramente espantosas. 

El fentanilo es un opioide, un narcótico que se ha utilizado por muchísimo tiempo para tratar dolores crónicos. Está disponible en centros hospitalarios, y no es muy diferente a la morfina.

Su producción es tan sencilla que se puede vender a bajísimos precios, y no necesita de mucha parafernalia como la heroína o como el "crack" donde se tiene que calentar para ser inhalada o inyectada.

El fentanilo es una pastillita cuyos efectos son casi inmediatos, y que se han convertido en la droga más accesible para el consumo.

Los grandes laboratorios de fabricación del fentanilo están en China, y mucho del tráfico de esta droga proviene de allí. Hay políticos que aseguran que el flujo tan agresivo del fentanilo a Estados Unidos obedece a la crisis migratoria de los estados fronterizos.

Esto es un excelente debate y, con casi 10 millones de inmigrantes ilegales dispersos por el territorio americano, se sabe que muchos de ellos tienen nexos con el mundo del narcotráfico.

Pero yo insisto, el que busca la droga, busca el escape y busca la anestesia de lo cotidiano y de sus traumas. Una persona sana y con una vida bien avenida, jamás se haría adicto a consumir estupefacientes.

Pero quienes controlan las mentes y la voluntad de muchos, bien que saben como expandir la insatisfacción y la retribución fácil. Como hacer que se rechace el esfuerzo. Como disecarnos el alma para darnos la solución en una dosis de éxtasis express.

Es impresionante ver con el descaro que la industria del entretenimiento, y, por supuesto, las redes sociales, suavizan e incluso valorizan tanto el consumo de drogas como el estilo de vida de aquellos que la trafican.

De un tiempo para acá, yo diría los últimos 20 años más o menos, todo lo que se produce para televisión o cine, tiene que ver directa o indirectamente con los capos, hombres y mujeres por igual, de la droga más conocidos de la historia.

De Pablo Escobar, por ejemplo, se han producido al menos una docena de películas o de series, incluyendo "Escobar," en el 2017, basada en la biografía de Virginia Vallejo "Amando a Pablo, Odiando a Escobar" donde relata su romance con el capo colombiano en la década de los ochenta.

Arturo Pérez Reverte escribió "La Reina del Sur" publicada en el 2002 donde se relata la trágica vida de Teresa Mendoza, una joven de Sinaloa que se dedica al contrabando y al narcotráfico. La serie para la cadena Telemundo se estrenó en el 2011, siendo hasta el momento la producción más costosa hecha para la pantalla chica.

En el 2013, llegó con gran pompa la miniserie "El Señor de los Cielos" basada en la biografía de Amado Carrillo, fundador del cártel de Juárez, amigo de Pablo Escobar, y conocido por utilizar una flota de Boeings 737 para el tráfico de drogas.

Y este año vimos la premier de "Griselda" protagonizada por Sofía Vergara, una serie casi toda ficticia inspirada en hechos reales de la violencia provocada por Griselda Blanco, apodada "La Viuda Negra" fundadora del cártel de Medellín junto al mentado Escobar.

Luego tenemos una riada de corridos mexicanos inspirados--y compuestos expresamente--para los cabecillas de los cárteles que operan mayoritariamente en la zona norte de México. Por su explícito contenido que hace alusión al bajo mundo de los narcos, se les conoce como "narco corridos."

Hassan Emilio Kabande, mejor conocido como Peso Pluma, es otro esperpéntico ejemplo de la popularización del narcocorrido. No sólo el joven de 24 años no sabe cantar, porque no tiene ni voz ni oído ni nada que se le parezca, sino que es un individuo que no se corta un pelo para hablar maravillas del mundo del narco, donde, según él, se vive a cuerpo de rey y se conquistan a las mujeres más bellas. Por lo menos ha tenido el decoro de decir que él sabe que puede que su vida sea corta.

Este tipo acaba de ser premiado con un Grammy. No hay más preguntas, su señoría.

Y aquí, precisamente, con estos ejemplos, es donde está el quid de este asunto.

Si a una población endeble y primitiva se le empieza a alimentar a cuenta gota con este tipo de consignas, es natural que se les haga atractivo el consumo de drogas. Si un joven desorientado ve que a su ídolo, Peso Pluma, se le premia con una estatua de oro por su trabajo, pues, ese joven dirá "dos y dos son cuatro: yo quiero ser Peso Pluma." Es así de sencillo--y de trágico.

Las muchachas jóvenes, por otro lado, querrán ser las novias de estos individuos, digamos que quieren ser estrella en el cielo de sus señores, y harán lo imposible para llegar a ellos, ignorando o subestimando las consecuencias en su salud mental y su tranquilidad.

Una sociedad penetrada por esta filosofía de vida es fácil, muy fácil dinamitarla. El consumo de drogas lleva al crimen, a la prostitución, y a muertes absurdas y en la mayoría de los casos violentas, lo cual deja huellas imborrables en las familias de las víctimas.

Pero con tantos problemas que vemos en Occidente y este aderezo constante a la propaganda pro drogas, es normal sentirnos pesimistas.

Hay una triste realidad que merece ser estudiada en profundidad y es que se ha visto que la lucha contra las drogas también se ha convertido en un negocio millonario, gracias a la venta de armas y a los innumerables chiringuitos y los lobbis que aúpan el consumo recreacional de cannabis.

Con esto al frente, pues es normal deducir, que el que ha hecho negocio de la supuesta persecución a los narcóticos, bien querrá que siempre existan los que le alimentan las arcas.

Yo confiaría sólo en el esfuerzo y en las ganas de nuestros ciudadanos en abatir la filosofía del absurdo y comenzar a crear una conexión indestructible con nuestro verdadero propósito. No creo pueda existir mayor antídoto.

Los padres, al igual que antaño lo hicieron mis padres y mis abuelos, tendrán que revertir sus prioridades y dejar de lado este acérrimo egoísmo que los ha alejado de las necesidades de sus hijos, para satisfacer las suyas propias, y saber guiar a los más jóvenes.

Si no lo hacen ellos ya habrá algún Peso Pluma--o Peso Mosca, da igual--que lo haga.

Termino con una reflexión del popular padre Dominico Fray Nelson Medina, que decía en un análisis de actualidad, con mucho tino, que si nos quejábamos de la cosecha que estamos recogiendo, sería útil empezar a ver lo que estamos sembrando.

Cría cuervos y te sacarán los ojos...

Señores, el continente muy pronto se quedará ciego y en sus calles se podrán contar, como dice la canción de Gloria Trevi, el recuento de los daños.

Para mi generación había una consigna infalible, fuerte, crucial y 100% efectiva. Y qué sencillo era todo:

"Dile no a las drogas."


Monday, November 20, 2023

El movimiento Anti Woke, la Herejía del Siglo XXI


Quién podía pensar que en nuestros tiempos existirían fuerzas tiránicas en forma de ideologías y agendas que terminarían imponiendo sus doctrinas a juro? Hablamos, claro está, de la repugnante Agenda 2030, los constantes y disonantes bulos climáticos y la ideología de género, y un largo etcétera.

Para quienes han querido hacer negocio con estas doctrinas, no existen medias tintas ni hay posibilidad de disidencia. Creer en un apocalipsis climático está bien. Negarlo (con infinidad de pruebas científicas irrefutables) está mal. Mal no. Lo siguiente. Es herejía.

¿A qué nos suenan estos conceptos? ¿Será que la historia se repite? ¿Podría haberse establecido un nuevo Santo Oficio de carácter global y tecnológico?

Empecemos por el principio…

Entre los siglos X y el siglo XII, en la alborada de las primeras Cruzadas, y con una Iglesia Católica pujante y ampliamente aceptada como la primera embajadora del Cristianismo, empezaron a crearse pequeños grupos disidentes, de orden más bien gnóstico, que, siendo igualmente cristianos, empezaron a aplicar nuevas filosofías de vida y contrastaban con los evangelios que eran propagados y aceptados por la Iglesia. 

Estos grupos tuvieron su cuna en Albi, una prefectura a unos 85 kilómetros de Toulouse, Francia, en la antigua Languedoc.

En esta región se concentraron estudiosos de la filosofía Persa de Mani, que había creado hacia el siglo III, el llamado "Maniqueísmo" que promovía, según el diccionario de Oxford: "la existencia de dos principios contrarios y eternos que luchan entre sí, el bien y el mal."

Este grupo religioso se desarrolla paralelo a las doctrinas Católicas y es comúnmente conocido como "Catarismo."

El Papa Lucio III determinó que las doctrinas de los Cátaros eran una vil herejía y en 1178 se origina la Proto-Inquisición, la Inquisición denominada Medieval, cuyo primordial fin era lanzar una cruzada en contra de los Albigenses que ya contaban con grandes seguidores al Sur de Francia.

En esta persecución se logró atraer el favor y la venia de la Corona Francesa y en poco tiempo El Catarismo y sus practicantes quedaron hechos cenizas---literal y figurativamente.

Pero toca hacer un importante inciso. ¿Qué es la herejía? 

La palabra herejía define cualquier creencia o filosofía de talla religiosa, primordialmente, que choca contra las normas establecidas por una organización que ya tiene una estructura de práctica, de credo y de filosofía que considera como "fe verdadera."

Hoy en día, la palabra herejía es un total absurdo, y en eso debemos estar de acuerdo. De hecho, todos y cada uno de nosotros que somos creyentes, e incluso, un agnóstico o un ateo, somos considerados "herejes" para cualquier individuo que practique una doctrina contraria, o quizá más ortodoxa.

Sin ir más lejos, el Islamista radical considera herejes, en sus términos, "infieles," a todo aquel que no practica la religión Musulmana. La denominada "Yihad" es, precisamente, la persecución y la erradicación de los "herejes" como mandato divino.

Para un Católico practicante, el que los judíos no hallamos aceptado a Jesús como Mesías es una "herejía." Y, lo contrario aplica, de igual manera, que halla personas que consideren a Jesús "Hijo de Dios" es una "herejía."

Pero nada de esto hoy en día, excepto en la práctica ortodoxa del Islam radical y el infame negocio a partir del terrorismo basado en enseñanzas del Corán, es un problema.

La herejía es solo una palabra que bien podría plasmarse en una camiseta que diga: "Heretic and Proud" (Hereje y Orgulloso) y se vendería, sin duda, como pan caliente en esta época donde impera lo absurdo y lo banal.

Pero para la Iglesia del siglo XII, la herejía era considerada un crimen de "lesa majestad." Originado en Roma, "lesa majestad" define un crimen político contra el pueblo, el rey o emperador, y el estado, sobre todo en el denominado ámbito divino que ha dominado a nuestra civilización Occidental.

Una acusación de "lesa mejestad" es una ofensa de tal magnitud que merece la pena de muerte.

Con este concepto claro, avancemos hasta el año de 1478, año en que Isabel y Fernando, los Reyes Católicos imponen al Santo Oficio en Castilla para perseguir la herejía y vigilar que el Catolicismo fuese cumplido a rajatabla, más que nada por los conversos a la fe cristiana de orígen judío. Posteriormente, la mayor persecución fue a los Protestantes, que adoptaron las enseñanzas de Lutero y del reformista suizo Calvino.

La Inquisición entró con el pie derecho a España, y es con España que se asocia primordialmente.

Pero lejos estaba la Península Ibérica (a Portugal llegó la Inquisición con fuerza en 1496) de tener el monopolio del Santo Oficio.

Para nada. De hecho, los países de la Europa Central e Inglaterra establecieron la Inquisición con resultados verdaderamente trágicos.

Las palabras Inquisición, herejía y hoguera usualmente se utilizan en una misma oración. Pero esta última, castigo supremo del tribunal para los apóstatas e idólatras, solo fue impuesta a unas 2,000 o 3,000 personas en 350 años en España. 

Claro está, y esto es muy importante, que una sola muerte en la hoguera. Una. Es ya una barbaridad impensable. Pero lejos está España de las cifras astronómicas y terroríficas de Alemania, Inglaterra y Holanda donde, incluso, llegó a escasear la madera de tanto que se usaba para los quemaderos.

Esto es así, y consta que fue así porque, los monjes Dominicos, que fueron los mejores y casi únicos jefes de la Inquisición, dejaron con mucha disciplina archivos enteros de los "autos da fe" que practicaban a quienes llegaban a sus tribunales.

Doy un dato curioso.

Simultáneamente con El Santo Oficio, existían tribunales seculares o civiles. La Inquisición se concentró en los delitos de "lesa majestad" y esto incluía la herejía y la apostasía y la blasfemia. 

El Inquisidor buscaba que el acusado confesara por sí mismo y se le imponía un castigo que incluía una multa, por ejemplo. O el uso temporal del Sambenito, la túnica dibujada con la Cruz de San Andrés, que se ve tanto en obras de arte como en las películas.

El preso tenía celdas muy limpias y había un trato general muy humano. El reo de los tribunales seculares tenía celdas pequeñas, infestadas y, a menudo, por ejemplo, empezaban a blasfemar para que automáticamente fuesen juzgados por El Santo Oficio que era mucho más benevolente.

De esto poco se sabe y se habla. 

Y hay una razón de peso que vamos a analizar: la leyenda negra.

Leyendas negras ha habido a lo largo de toda la historia. Veamos un ejemplo que data de la época de Roma. El emperador Octavio Augusto llega a Egipto para demoler la dinastía Ptolemita y su última reina, Cleopatra, negándose a ser exhibida (y posiblemente ejecutada) por Octavio en público, opta por un supuesto suicidio con una serpiente venenosa. A Octavio le convenía humillar la memoria de la faraona y, a partir de su muerte, se crea de ella, y hasta muy reciente, una imagen de mujer idólatra, de moral dudosa y ninfomanía notoria.

Hoy por hoy sabemos que la última reina de Egipto era una mujer que sin ser particularmente bella como Elizabeth Taylor, protagonista del famoso film de Joseph L. Mankiewicz, fue una señora reina, inteligentísima y muy bien preparada. Hablaba varios idiomas y amó hasta su muerte a Julio Cesar. Lo de Marco Antonio vino después, y, de esta relación, aunque fértil, se creó un gran espagueti "hollywoodiense."

¿De qué hablamos aquí? De una "leyenda negra," un relato desfavorable y sin fundamento que se difunde a partir de una situación o un personaje de índole histórica o política.

La "leyenda negra" construida alrededor de las sentencias y torturas de la Inquisición iberoamericana (porque el tribunal cruzó los océanos para instalarse en las Colonias) es verdaderamente antológica, con numerosos historiadores que se han enfrentado en una guerra civil intelectual para auparla, o, en el caso de los más sensatos, fulminarla de una vez por todas.

Sabemos que la "leyenda negra" la originaron meticulosamente países como Alemania o Inglaterra para desprestigiar a España, con quienes tenían una rivalidad tanto ideológica como política. Frente a la "Armada Invencible" pocos triunfos obtuvieron los europeos de reinos rivales y esto era una ofensa al honor, vamos un crimen de "lesa majestad" utilizando el término que hoy nos atañe.

La hoguera de España serían, curiosamente, las diferentes narrativas que se construyeron alrededor del Santo Oficio, y la propagación, gracias a Gutenberg, de la imprenta que ponía al alcance del público cualquier cantidad de "fake news."

En mi opinión, nada puede definir mejor a la "leyenda negra" como una sola palabra: propaganda.

Eso es todo lo que termina siendo. Propaganda.

Roma fue un precursor de la propaganda en Occidente, por supuesto. Pero Genghis Khan fue un genio gestando, curiosamente, una leyenda negra sobre sí mismo, a partir de una exageración abismal de sus estrategias bélicas que pulverizaban a sus enemigos. Antes que Khan pudiera llegar a conquistar nuevos territorios, estos ya le tenían las puertas abiertas.

Lejos, sin embargo, está la leyenda negra como concepto o estrategia política, según quiera verse, de desaparecer de nuestra esfera social. 

La propaganda es, hoy por hoy, y como lo ha sido durante milenios, un arma casi infalible o para alzarse con el poder o para destruir a los enemigos de ese poder.

El movimiento conservador, comúnmente referido como "la derecha," es la nueva diana, en pleno siglo XXI, de una leyenda negra.

La propagación de las redes sociales que han podido dar al ciudadano común su propio espacio, su plataforma, ha ayudado, sin reparo, a querer desprestigiar y erradicar cualquier vestigio que vaya en contra de los preceptos ideológicos creados por las agendas pro LGTBQ, por ejemplo, o el aborto como "derecho" de la mujer, o los movimientos indigenistas, que, precisamente, subsisten a partir de un renacimiento de la leyenda negra alrededor de la expansión del Imperio Español.

Para estas nuevas ideologías, que podríamos definir como "wokismo," la cruzada cultural a la que nos hemos sumado muchos conservadores es absoluta HEREJIA. Ergo, somos los nuevos Cátaros. Los nuevos marranos. Los nuevos moriscos. 

Cuando se mantiene un control férreo sobre los medios de información y se introducen retazos de propaganda mal intencionada en Tik Tok o X (antes Twitter) es facilísimo generar una nueva clase de maniqueísmo, como el que proliferó en la Francia del medioevo. El origen es distinto. La finalidad es la misma.

La Iglesia ya no es el verdugo. Lamentablemente, y lo vemos tristemente a diario, la Iglesia es ahora una víctima servil de las nuevas ideologías. Pero esto es otro tema.

Difundir bulos y mal educar a nuestros jóvenes ha demostrado ser menester para que el movimiento anti-woke sufra heridas constantes y le cueste remontar su propia leyenda negra.

Pero de igual manera tenemos que decir que los movimientos de derechas que se han producido en los últimos años para combatir al Socialismo del Siglo XXI, desgraciadamente, se han mimetizado con sus propias leyendas negras.

Tenemos el caso de España, con el Partido Vox, que comenzó dando una veraz y efectiva batalla cultural, y que en los últimos dos años, ha sido infiltrado tanto económica como ideológicamente por grupos radicales y sectas seudo-religiosas. El discurso de Vox es, hoy por hoy, la antítesis de su pasado liberal conservador. Es un grupo retrógrado con tintes falangistas.

Muchos que apoyábamos a estos neo-Templarios anti-woke, nos hemos dado cuenta de que nos han engañado vilmente. Vox se creyó la leyenda negra, la propaganda, que habían hecho de ellos, y terminaron siendo un triste fraude que seguramente desaparecerá en los próximos pocos años.

La derecha ha demostrado ser poco hábil, incluso cateta, para combatir lo que se ha creado alrededor de sus políticos y líderes. Llevan como estandarte una supremacía moral que luego se desmorona ante al aparato mediático que han comprado los "mogules" de las empresas que controlan el relato.

Las intenciones son, sin duda alguna, las mejores, pero hay una obvia falta de estructura y hay una desunión entre partidarios de una ideología que, en su mayoría, escala a feudos que no permiten que se llegue a un consenso frente a un enemigo común.

Los progresistas sí que han aprendido a rajatabla todas las grandes proezas de la propaganda, y con maniobras en muchos casos de moral cuestionable logran triunfar e imponer su narrativa--y su leyenda negra "du jour."

El Estado de Israel, desde su fundación en 1948, ha sido otra víctima perfecta de la leyenda negra que se ha construido alrededor de él, como nación opresora y asesina de los pobrecitos e inocentes Palestinos. Una falacia total. Pero el miedo y el buenismo y la falta de un liderazgo contundente nos ha puesto a los judíos en una situación de franca desventaja frente a nuestros enemigos.

Es obvio que quienes nos oponemos tajantemente a las doctrinas progresistas y "wokistas" que han encendido a los medios y a las universidades estamos enfrentándonos a una nueva Inquisición.

No hay peor tortura que la de ver a nuestros jóvenes convertirse en reos de mentiras y bulos que sirven para alimentar su mediocre existencia. No hay peor sentencia que vivir para ser gobernados por presidentes infames y corruptos. 

Pero los que han de arder son otros. No nos podemos dejar condenar por quienes mienten y ofenden a los valores de una civilización que fue y debe seguir siendo matriz de grandeza y abundancia espiritual.

Las abominables leyes trans, el comunismo, el ecologismo radical y los bulos climáticos, todos componenentes de "La Agenda 2030" son un crimen no solo de lesa majestad, sino, francamante, de lesa humanidad. 

Que ardan en su propio infierno quienes, sin duda, ofenden a nuestra sociedad. 

La cruzada apenas comienza...

Que se cansen otros...

La verdad en nuestro corazón y Dios en los cielos y mil centauros sin miedo...

¡A la carga!

Nuestra lucha es en sí misma un rotundo acto de fe.

Monday, October 9, 2023

Victor Frankenstein y el Nuevo Orden Mundial


En política, dícese, actualmente, que un Gobierno "Frankenstein" es aquella estructura de gobierno donde se han amalgamado numerosas formaciones políticas, que buscando poder y beneficios, se unen para conformar una alianza que permita ejercer un mandato por un tiempo definido.

En los regímenes parlamentarios de Occidente, este tipo de convenios es bastante común. Un ejemplo claro es el que, por ejemplo, logró en España Pedro Sánchez, actual presidente en funciones (y muy probablemente presidente reelecto) desde el año 2019, uniendo a su partido matriz, el Partido Socialista Obrero Español, numeros partidos minoritarios de extrema izquierda y nacionalistas.

Una pesadilla para la derecha española de la que no pareciera haber un despertar a corto plazo.

Para que haya un gobierno conformado por un solo partido, máximo ganador, tendría que darse el fenómeno de la "Mayoría Absoluta," donde una formación política acapara, en el caso de España, 176 escaños en la Cámara de Diputados; En el Knéset de Israel, compuesta por 120 miembros, la mayoría absoluta consta de 61 escaños (que ningún partido ha logrado alcanzar desde su fundación en 1948)

Lograr una mayoría absoluta es muy difícil. El proceso de negociación con diferentes alternativas políticas, resulta, en una gran mayoría de los casos, en gobiernos tóxicos, con altas probabilidades de disidencia y con enfrentamientos agresivos y sin cuartel. Todos queriendo la mayor cuota de poder y de voz posibles--a cualquier precio.

Las luchas por el poder son y han sido históricamente sangrientas y, comúnmente, hablamos de "luchas titánicas."

Hablemos, pues, por un momento del Titán más popular de la mitología griega, el gigante Prometeo, dios del fuego. Prometeo era un anti-héroe, Una mezcla de Batman con un alma de Robin Hood, que se jactaba de engañar a Zeus, hazaña por la que fue condenado por el alto mando Olímpico a que su hígado fuese devorado por un águila, para que, siendo éste inmortal, claro está, se regenerara constantemente, hasta ser liberado, finalmente, por Alcides. El suplicio de Prometeo en manos de Zeus ha sido sujeto de extraordinarias novelas y plots teatrales.

Podemos, sin embargo, decir, que Prometeo era un villano?

Todo lo contrario. Y ahora veremos por qué.

Es Prometeo el que, al engañar al dios supremo, se hace el primer benefactor de la humanidad (de la cual él tomó parte principal en crear, como se explica popularmente en el mito, a partir del barro) robando el fuego de la custodia de Zeus para el buen uso de la creación. A Prometeo también se acredita nuestra herencia de conocimiento e inteligencia. 

Esta fascinante rivalidad entre dos gigantes es la que inspira a la joven escritora e intelectual británica Mary Shelley para su obra magna del horror "Frankenstein."

Lejos de las múltiples versiones cinematográficas que se han inspirado en esta novela, la esencia de estos personajes es muy compleja, y, nos lleva, sin duda, a hilvanar una analogía con el denominado "nuevo órden mundial."

Veamos...

Equivocadamente, muchos, en algún momento, si no hemos leído la novela de Shelley (publicada cuando la autora apenas tenía 20 años en 1818) pensamos que Frankenstein es el nombre del monstruo creado--y luego abandonado-- y el cual se convierte en un inusual protagonista cargado de moralejas.

Pues no. El nombre Frankenstein, con su etimología germana, a pesar de ser cien por cien ficción, es el apellido de Víctor, un suizo, genio de la ciencia y de la alquimia que, atormentado por la muerte de su madre y el abandono emocional de su padre, se refugia en su obsesión de dar vida a un humanoide.

Víctor, a quien nos referiremos por su primer nombre, obtiene de manera no muy santa partes humanas que va, de a poco, uniendo en su laboratorio, hasta darse cuenta de que ha gestado una figura de dos metros y medio con medidas de extremidades completamente desproporcionadas.

Comúnmente se dice que Víctor inyecta vida a su criatura con alto voltaje de rayos durante una fuerte tormenta, pero, la realidad es que su autora, Shelley, nunca especifica como Víctor da aliento a su experimento.

Shelley, por demás, nunca ocultó que su novela, y específicamente el monstruo, era basado en el mito de Prometeo, por su deseo de conocimiento y su devoción a perseguir su realización emocional y sentimental.

Volviendo al uso de la palabra "Frankenstein" para definir estos grupos gubernamentales fundidos en una coalición tri o tetra o penta o sexa partita, nos damos cuenta de que hay validez en llamarlo un Frankenstein, porque en muchos casos las fuerzas minoritarias dispuestas a un pacto de poder--que no de órden y honor--son bastante corruptas e ideológicamente fétidas, y de paso, llenos de un odio desproporcionado e inexplicable al país que intentan legislar.

Una vez sellado este pacto donde las promesas no se cumplen y la corrupción hiede a cadáver, el monstruo es abandonado para causar desasosiego, miseria e incertidumbre en los ciudadanos que no ven, ni remotamente, su voto representado en este engendro maquiavélico de políticos y adversarios.

Pero en la sociedad moderna, la creación de un Frankenstein va muchísimo más allá del genio de un pobre hombre como Víctor. De hecho, Víctor, si nos ponemos a analizar, es, a su vez, el monstruo creado por los cerebros cuasi anónimos que sabemos, manejan los hilos de la actual situación geo-política que vivimos, al igual que conducen los designios ideológicos y financieros de una masa cada vez más ignorante y más decadente.

Bill Gates es un Víctor Frankenstein. Como podría decirse de George Soros, por poner dos ejemplos con los que estamos vastamente, y por desgracia, familiarizados.

Pero bastante por encima de estos dos “monstruos” están corporaciones cuyas generosas contribuciones económicas y su enorme influencia en organismo internacionales, como la cloaca de las Naciones Unidas, son los que tienen la última palabra.

De hecho, entre los ejemplos de un Víctor del siglo XXI están, precisamente, estas organizaciones internacionales, o mismo la Unión Europea.

Sin embargo, aunque se ha avanzado considerablemente, porque todo hay que decirlo, no hemos despertado lo suficiente, para darnos cuenta lo insignificante que es Víctor Frankenstein.

De igual modo, y utilizando el símil de Prometeo, musa de "Frankentein," para entender la sicología del monstruo, podemos decir que solo un "titán," por no decir, un milagro, podría ser la catarsis para evitar la destrucción de nuestra civilización--y el ansiado exterminio, a través de una justicia incorrupta y veraz--de los que pretenden crear un fatídico nuevo orden mundial.

El monstruo, para sorpresa de su creador, al que éste, cariñosamente llama "padre," resulta ser una criatura, que, aunque inmensamente repugnante en apariencia, es intelectual y emocionalmente autónoma. Se autoeduca con libros robados de una escuela, y busca el trato con los ciudadanos que, obviamente, sin darle siquiera la oportunidad de un saludo cordial, huyen alarmados.

Su soledad aguda y su abandono por todos es lo que lo hace moralmente corrupto y es cuando comienza a causar estragos. Esto, por supuesto, es lo que ha hecho de esta novela, un clásico del terror, a pesar, de que representaba, literalmente hablando, los ideales típicos de la novela romántica. Ergo su inspiración en la mitología griega.

Pero si aislásemos, y esto es crucial para nuestro análisis, la naturaleza de la criatura, hijo de la ciencia, de Víctor, nos damos cuenta de que Frankenstein, es un ser moral, inteligente, pensante y compasivo. De hecho, su naturaleza se retuerce cuando ve que Víctor, muy vigilado en todo momento por su "hijo-monstruo," destruye con sus propias manos a otra criatura, una mujer, al que él monstruo deseaba para compañera de vida.

En el fatídico desenlace de la novela, el monstruo de Frankenstein, después de ser perseguido por su padre por medio mundo, y luego de acompañarlo post mortem cuando sucumbe a una enfermedad en las gélidas tierras del Polo Norte, se sabe derrotado moralmente y contempla el suicidio. Al final, solo se sabe que se desaparece para nunca más ser visto.

Víctor, obsesionado primero, y luego, aterrorizado por su creación, está condenado al desasosiego y al dolor, pues él también ha sido testigo de como, en venganza, el monstruo asesina al amor de su vida, Elizabeth.

En esta trágica fábula de terror, no hay felicidad duradera. Son, en su versión original, casi 300 páginas de drama y destrucción.

Como lo es, sin miramientos, el complot detrás de un nuevo orden mundial, con “constitución” incluida, que vemos resumida en los nefastos preceptos amalgamados por los organizadores de la Cumbre de Davos o los capos de Bilderberg. 

En la agenda 2030, se contemplan 17 “mandamientos” que incluyen la reducción de la población, una acción contra el "cambio climático" (mil veces refutado) y una educación más diversa e inclusiva. Un conjunto de pamplinas disfrazadas de propaganda y de palabras bandera que buscan que haya un poder común, manejado, precisamente, por las élites financieras que ya hemos mencionado.

Cada uno de estos 17 preceptos para el nuevo orden mundial está controlado por corporaciones, agencias y múltiples "chiringuitos du jour" para ganar rédito económico y tener una cuota de poder.

Para crear este “Frankenstein” socioeconómico del siglo XXI, se han abandonado todos los principios que alguna vez rigieron a nuestra civilización judeo-cristiana.

De hecho, es precisamente, nuestro buenismo y nuestra ceguera, las que permitieron que los cabecillas detrás de las mafias pro-Agenda 2030, hayan podido, durante décadas, gobernarnos tan fácilmente.

Para entender a cabalidad nuestro rol en la lucha titánica para nuestra supervivencia, tenemos que, para sorpresa de muchos, ver con detenimiento que, fuera de toda ficción, en nuestro mundo actual tenemos a Víctor. Tenemos al monstruo. Tenemos a Zeus y tenemos la necesidad de entender que todos y cada uno de nosotros debemos entender donde está Prometeo, por qué Zeus lo odia, y, finalmente, con nuestra propia voz y nuestra voluntad, todos tenemos que ser Alcides, mejor conocido como Heracles.

Su nombre romano, para que tengamos claro de quién estamos hablando, es, por supuesto, el gran Hércules.

Zeus, con todo y que es el magnífico rey del Monte Olimpo, termina siendo un George Soros cualquiera, un Víctor mitológico, enfermo de poder y temiendo todo lo que pueda quitárselo, condenando a sus enemigos a torturas inigualables y haciéndose partícipe de atrocidades para, por ejemplo, lograr seducir, a quien se le antojara.

Prometeo, más sabio y más viejo que el propio Zeus, es parte de los Titanes, los grandes y sabios gigantes que ayudan durante una década a que Zeus se vengue de su padre Cronos, dios del tiempo, que se come a todos sus hermanos para no tener que compartir el poder del Cielo con nadie. 

Tras la victoria, Prometeo es aliado de Zeus para la creación de la humanidad, pero Zeus ve con desdén (y quizá envidia) que Prometeo se haya encariñado con su creación, en vez de tener las ansias de poder que para Zeus son imprescindibles.

Cuando Prometeo, desobedeciendo a Zeus, le "roba" el fuego y se los da a los humanos para su uso cotidiano, Zeus, le declara la guerra. Zeus se niega a beneficiar a su creación. Zeus solo quiere controlarlos a su antojo.

La Agenda 2030 es para los Zeus actuales un tesoro que, si se aplicase como está supuestamente definida, beneficiaría a la humanidad. La maquinaria de propaganda "olímpica" así, ha querido transmitirlo a los súbditos. Digamos que Prometeo, ha descubierto que la "agenda" es una trampa. El titán, dotado del don de la profecía, y encariñado con el género humano, quiere evitar el sufrimiento que Zeus pretende infligir en sus súbditos, y se rebela con el que fuese en su día un gran aliado, casi un hermano.

La batalla cultural en la que todos debemos participar apasionadamente, cada uno de la manera en que podamos, es el Prometeo de la era moderna.

Y en esa, fascinate e incansable lucha frente a un Zeus enloquecido, debemos, sin tiempo que perder, manifestar a nuestro Heracles. Nuestro héroe infalible. Nuestro Frankenstein de luz y de esperanza.

Heracles son nuestras ideas. Heracles es nuestro voto. Heracles es nuestro coraje para llamar al enemigo por su nombre. Heracles es la ciencia y la tecnología utilizada para el bien común y el desarrollo intelectual de las masas. Heracles es nuestra fe en un Dios verdadero, infinitamente más poderoso que un centenar de Zeus. Heracles es un incansable David que condena a la destrucción al Goliat que se avecina.

Heracles es la humanidad que armada de paciencia y estrategia y pericia, se sabe espiritualmente invencible. 

Los terribles preceptos de la Agenda 2030, que nos toman por imbéciles, nos dicen con un tono afable y empalagoso que seremos capaces de no tener nada y estar en paz. Ese "nada" puede interpretarse como ustedes quieran, pero atentos que de la agenda globalista, todo, absolutamente todo es engañoso, guabinoso y falaz.

Nuestra libertad de expresión, de culto y de pensamiento están, por el momento, atados, como el titán en el Monte Elbrus, controlados por mafias terroríficas que no tienen paz con la miseria y conocen fin para sus sanguinarias ambiciones.

Nosotros sabemos el camino a la cima. Tenemos las espadas más que afiladas. Liberemos al titán y hagamos justicia.

Prometeo, una vez liberado, se sabe cumple su sueño de poder otorgarnos sabiduría y conocimiento. 

Nuestra civilización está creada para la inmortalidad.

Condenada, en estos tiempos, a la oscuridad están la verdad, la prosperidad y la supervivencia de nuestra especie. 

De nosotros depende.

Todos somos Heracles. 

Nos vemos en el Elbrus. No temamos. Dios está con nosotros.


Seamos Guerreros de la Luz---no de Tablero!

En el año 73 AC, Roma vio los cimientos de su República temblar como pocas veces. Revueltas habían sido vividas. Hazañas habían sido contada...