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Saturday, December 6, 2025

Los Niños: Juguetes Rotos de una Civilización Decadente



En la Venezuela de los años 80s, cuando todavía se podía ir al cine y el entretenimiento no estaba manchado de propaganda chavista, había un peculiar sistema de clasificación para las películas, tanto las de producción nacional, como las extranjeras.

Había películas con clasificación A, aptas para todo público, B 12 o B14 (no había mucha diferencia) para personas mayores de 12 años o 14, según (estás películas incluían, por ejemplo, las cintas de Jean Claude Van Damme, donde se veían escenas de violencia y sangría, pero no tenían ninguna temática extrema)

Cuando una película traía violencia o ciertas escenas sexuales, la cinta se clasificaba como C 16 o C 18.

Y ya para películas sexualmente gráficas o escenas de homosexualidad, se les estampaba la letra D, 18 o 21.

Es muy interesante porque películas que me llamaban la atención ver como fue el caso de “Macho y Hembra” o “Macu, La Mujer del Policía", dos clásicos del cine urbano, tuve que esperar a verlas ya casi con 30 años y viviendo fuera de Venezuela.

¿Por qué cuento esto?

Porque esto hoy en día se ve como algo nostálgico y, a pesar de que este sistema de calificación del cine venezolano, y, claro está aquí en Estados Unidos, se mantiene en vigencia, los niños pueden estar en la comodidad de su hogar y ver contenido de adulto en Netflix o en Amazon Prime.

No hay cuidado alguno y en la gran mayoría de los casos los niños no tienen supervisión alguna de lo que consumen de parte de los estudios de Disney o Paramount o HBO.

De hecho, como ya hemos analizado anteriormente, existe un nivel de confianza supremo en el contenido llamado “familiar," aunque este está cargado de ideologización o de una aberrante hipersexualización que el niño asimila sin filtros.

La Generación Alfa (nacidos entre el 2010-2024) es posiblemente una de las generaciones más complejas y problemáticas que existen actualmente. 

Si las élites globalistas miden el nivel de éxito que han tenido sus políticas y el veneno que han inyectado en la sociedad actual, no tienen más que ver el desarrollo tan cuestionable de los niños.

Un adolescente de 15 años está, hoy por hoy, sometido a los peores experimentos sociales que se hayan podido inventar.

Reciben una educación deficiente en el hogar y están bombardeados de un contenido inapropiado para la inmadurez que sus pocos años le dan.

Ni hablar de los niños más pequeños, aquellos que no tienen conciencia suficiente para discernir lo que está bien y lo que está mal.

Los más pequeños se dejan llevar por esa confianza nata de lo que les enseñan sus mayores.

El mayor porcentaje de la Generación Alfa está compuesta por los hijos de los Millennials, una de las generaciones más complejas y más confundidas que hayan podido germinar en estas últimas décadas.

Un porcentaje más pequeño, lo compone la prole de la Generación X que decidió criar hijos tardíos.

En ambos casos, los niños están siendo sometidos a situaciones menos que ideales. En un caso por los valores de sus padres, y, en el segundo caso, quizá por razones de la edad y de la presencia en el hogar de padres que han antepuesto sus vidas profesionales a la formación de una familia.

A lo largo de la historia de nuestra civilización Occidental, lo que hoy consideramos todavía un “niño,” antes podía ejercer funciones de adulto—y se esperaba que así lo hiciese.

Un ejemplo clásico que todos conocemos es el caso de María de Nazareth, la madre de Jesús. De acuerdo con los historiadores, María tendría unos 15 años cuando dio a luz, y era ya, por supuesto, la mujer de José.

De acuerdo con la tradición, María pudo haberse comprometido a la edad de 12 o 13 años.

Pero hay un detalle.

En la época de Jesús, y por varios siglos posteriores, el promedio de vida no pasaba de los 35 o 40 años.

Se cree que María falleció de unos 60 años, y, en su día, era considerada una anciana.

Pero en estos casos debemos tomar en cuenta que el matrimonio de una adolescente era “normal,” en una era donde se vivía muchísimo menos y se pensaba en las mujeres sólo para el rol de llevar un hogar y tener muchos hijos.

Hace dos milenios no había tanto estímulo en la sociedad ni se hablaba de una mujer que pudiese tener inquietudes intelectuales.

O sexuales.

La entrada del siglo XX, trae consigo una revolución en el rol que debe cumplir la mujer y los niños son criados, en muchos casos, sin la presencia de uno de los padres–o ambos.

No se trata, claro está, de avalar que una mujer sólo sirva para cumplir la tarea del hogar, ni mucho menos, pero sí de una pérdida de valores.

La generación Alfa es la primera generación nacida en el siglo XXI. No conoce otra cosa.

En Estados Unidos constituyen un 13% de la población. No es poca cosa, muy a pesar del bajón de natalidad que se ha visto en los últimos años, tema que merece su propio análisis.

Del desarrollo de esta nueva ola de jóvenes y niños, quizá lo más preocupante es su hipersexualización y como se ve que los niños no están recibiendo casi ningún lineamiento o apoyo emocional.

Cuando analizamos las raíces de lo que está surgiendo en nuestra sociedad, su decadencia moral y el fanatismo a la idiotez y la insensatez, es imprescindible estudiar con absoluto detenimiento los ingredientes que se están cocinando a nivel de la propagación de todo lo peligroso e incluso lo impensable.

Ya hemos mencionado la ausencia de uno o ambos padres en el hogar.

Luego está la falta de confianza que se debe tener hoy en día en la educación pública, allí donde exista.

La figura del maestro, antes venerada, se ha convertido en la de un propagandista que quiere, con sus estudiantes, cumplir sus fantasías ideológicas y crearle al niño una reverenda confusión sobre su sexualidad, aupando las nuevas creencias de la existencia de un centenar de géneros y de normalizar la interacción menos que apropiada con adultos.

La edad de consentimiento sexual en Estados Unidos es de 16 a 18 años. Sólo eso, 16 años.

No creo que en el mundo que hoy vivimos haya un adolescente que sepa discernir los peligros de tener relaciones sexuales con un adulto, ni se puede medir el trauma con el que posiblemente lidie el resto de su vida.

En Alemania, aún es más preocupante con la edad de consentimiento de 14 años.

En Estados Unidos, un 15% de las hembras ya han tenido sus primeras relaciones sexuales.

Hay niñas que ya han experimentado el sexo oral a los 12 o 13 años.

Muchas de estas relaciones se tienen con adultos.

El adulto está en control. El niño se guía por sus insípidos instintos y un sentido de la confianza que en la gran mayoría de los casos está moldeado por lo que ven en su ambiente o en la cultura.

A esto debemos dedicarle un espacio aparte.

Artistas como Cardi B, Taylor Swift, Miley Cyrus, en el caso de Estados Unidos. O los esperpénticos Bad Bunny, Anuel AA, y hasta Maluma, son los que van a acaparar las listas de los mejores vendidos o los cientos de miles de descargas todo en un sólo día.

El público infantil es el que consume este contenido vulgar, sexual, vanidoso e incluso altamente peligroso con referencias al consumo de drogas o a la pedofilia.

Veamos un claro ejemplo en las letras de la Canción "Reggaeton Champán," de la artista mexicana Bellakath y Dani Flow, también de orígen mexicano:


“Yo no tengo problema si tú fumas hierba

Ojalá te dé tos para que saques mucha flema

Yo le pongo fuego, tú pones la leña

Y mientras el beat suena, te recito un poema


Qué bonitos ojos tienes, quiero chuparte el pene

Con todo respeto, espero no te moleste

Está cerca diciembre, ojalá no te enfermes

Y que no te dé fiebre para que tú me lo entierres…”


La letra completa no la puedo poner en este espacio por principio, pero va in crescendo. Cada estrofa a cuál más explícita.

Estos artistas, si se les puede llamar así, tienen menos de 30 años, y su público, en general, lo conforman adolescentes e incluso niños.

Los productores de música sólo buscan hacer dinero. No se piensa, en lo absoluto, en que este contenido es inapropiado y aberrante, incluso para muchos adultos entre los que me incluyo—y a mucha honra.

Si una niña no tiene supervisión adecuada y se encuentra en YouTube con un video de Bellakath o el último éxito de Bad Bunny, va a creerse que ese contenido es adecuado y, sobre todo, normal.

¿Que la industria musical tiene responsabilidad?

Sin ninguna duda, y ese contenido debería ser anatema.

Pero al final del día los únicos responsables son aquellos que tienen a cargo la educación y el bienestar de un menor.

Si así fuese, hubiese un enorme porcentaje de estos seudo artistas y disqueras que ya se hubieran declarado en bancarrota.

La hipersexualización de los niños es lo que lleva a los lobbys a querer monetizar y comercializar con la pedofilia.

La pedofilia, que quede muy claro, no es “una preferencia sexual,” como nos han querido empezar a hacer creer, blanqueando uno de los peores crímenes de la humanidad.

La pedofilia quiere introducirse como una de las tantas formas en que se mantienen relaciones entre dos personas, una de ellas siendo menor de edad.

Ya hay muchos activistas que incluyen la P en el alfabeto LGTBQ.

No es broma.

En España, la ex-Ministra de Igualdad, Irene Montero, de la extrema izquierda más rancia, ha defendido que los “niños, niñas y niñes” pueden mantener relaciones sexuales con quien ellos quieran.

Los medios afines a esta basura avalan también la normalización de que un adulto tenga relaciones con menores y trafique con pornografía infantil.

Otra posibilidad que debemos empezar a ver con ojos muy críticos es la constante y abrumadoramente profunda islamización de Occidente.

Tradicionalmente, en el Islam, el matrimonio infantil es una estampa muy común. En estos países donde hay un alto grado de pobreza y miseria, casar a una niña de seis años con un anciano es usual a modo de pagar una deuda o, en el mejor de los casos, intentar dar a una niña una vida más holgada.

Esta niña es abusada física y emocionalmente y es vista como un objeto. Su iniciación en la sexualidad tan prematuramente le deforma toda percepción de lo que debe ser una relación sana.

La palabra “amor” no la llegan a asimilar jamás.

Luego están los denominados “Bacha Bazi,” una práctica muy vista en países como Afganistán, teocráticos y con el Talibán al mando, donde se utilizan niños en situaciones muy precarias para vestirlos con adornos o accesorios femeninos para el placer de hombres adultos.

En la mayoría de los casos, los “Bacha Bazi,” que se traduce como “niño juego” o “niño juguete,” bailan sugerentemente y se hacen esclavos sexuales de sus amos. Porque son esclavizados.

La penetración de la cultura musulmana, tan incompatible con nuestros valores, podría estar creando un nivel de tolerancia inaceptable al comportamiento brutal de estas civilizaciones que, en muchos casos, viven con la ley Sharia.

Promover contenido infantil y pro familia es menester y no lo deberíamos recordar con nostalgia.

En Venezuela a los niños les cantaban los payasos Popy y Cepillín. En vacaciones íbamos a Disney World como quien iba al paraíso.

Nuestros padres supervisaban nuestras visitas a los amigos y nuestros paseos en las escuelas.

Nuestros maestros nos hacían respetar nuestras fechas patrias y nos enseñaban a leer novelas clásicas.

No podemos seguir tolerando que los niños se críen para ser marionetas inservibles e idiotizadas, serviles a cualquier aberración que hiera su sensibilidad y atrofie su percepción de su sexualidad.

Por otro lado, es urgente que las leyes en favor del bienestar infantil sean lo más severas posible.

En el estado de Florida si un pedófilo abusa de un menor de 12 años, es condenado a la silla eléctrica. Sin vuelta de hoja.

Las consecuencias de una empobrecida o, ya de hecho carente, educación sexual, es lo que ha producido casos tan sonados como los de Jeffrey Epstein, del cual seguiremos hablando, a medida que se van revelando nombres y secretos de redes pederastas.

El tráfico de niños con fines de prostitución son muy conocidos en Asia y en ciertas regiones de México.

De muchos de estos casos sólo hemos visto la punta del iceberg.

Escándalos de pedofilia siguen salpicando a la Iglesia Católica, con muchas autoridades eclesiásticas, como se dice vulgarmente “haciendo la vista gorda.”

Destrozar las mentes y el crecimiento de un niño tendría como consecuencia un mundo confundido, escaso, infértil, debilitado e inservible, precisamente lo que se busca para poder introducir sin mucha resistencia agendas ideológicas con los que unos hacen caja, y muchos se quedan en un cajón.

Es un cliché decir “los niños son el futuro.”

Sí, es verdad. Es una frase trillada.

Pero es que vivimos en una época donde tenemos que plantearnos si, de verdad, queremos que haya un futuro.

El niño no es un instrumento ni es un peón de agendas ideológicas.

Literalmente estamos condenados a desaparecer si no vemos que el niño Occidental se está convirtiendo en un pequeño ser desafortunado y miserable, manipulado por la indiferencia de sus padres hipnotizados con la ideología de género y comprando juguetes con banderitas pro LGTB.

Si no tenemos claro el por qué estamos batallando esta guerra sin cuartel, que por lo menos, no nos cueste decir que lo hacemos para la salvación de una infancia, que sólo será infancia por unos años y ya luego, como Dios manda, cumplirá su propósito como adulto.

La esencia de una sociedad sana comienza por tener niños capaces, estudiosos e inteligentes.

 tanto, Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo Charo, Charo, haro, Charo, Charo, Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo Charo, Charo, Charo, Charo, Charo Charo, Charo. a prueba su crecimiento, se puede decir que por desgracia, un niño bien avenido es una especie en extinción.

Decía Frederick Douglass (1818-1895) político, escritor, y abolicionista (él fue esclavo hasta 1838): “Es más fácil criar niños fuertes que reparar hombres rotos.”

Nuestro mundo se está rompiendo en pedazos. De eso que no nos quepa la menor duda. Los niños (con su magia y su delicada inocencia) son los que nos harán seguir llevando esta reconstrucción y reconquista, sí, y a poner las piezas en su lugar.

Ellos, los niños, sólo nos tienen a nosotros.

Y nosotros no queremos un mundo sin ellos.


















Tuesday, January 16, 2024

Mujeres Necias y el Precio que Pagan por un Pedazo del Paraíso

Ruslana Korshunova (1987-2008)

Ruslana Korshunova no era una supermodelo cualquiera. Tenía lo que podría decirse como "ángel." Sus ojos azules le brillaban cada vez que sonreía. Era alegre, talentosa y tenía una presencia incomparable en las pasarelas. Conocida por todos como la "Rapunzel Rusa," Ruslana llegó al modelaje por la puerta grande, o así al menos parecía, y una cabellera que rozaba sus muslos, rubia y encantadora.

Comenzó a los 15 años y ya al  poquísimo tiempo estaba en la portada de "Elle Francia" y era la imagen inconfundible del perfume "Nina" de la icónica diseñadora italiana Nina Ricci.

Rápidamente, la agenda de Ruslana se llenó de contratos para los desfiles más cotizados de la industria y, aprovechando un boom extraordinario de modelos eslavas (Ruslana era de origen ruso-Kazakhstani) se hizo un nombre que pensábamos estaría a las alturas casi inalcanzables de una Naomi Campbell.

Pero, muy desgraciadamente, la carrera de Ruslana se vio marcada por una profunda tristeza. Un inconformismo con todo lo que la rodeaba, un historial amoroso plagado de fracasos y Ruslana, en un acto de obvia desesperación, el 28 de Junio del 2008, decidió acabar con todo, incluyendo su propia vida.

Los sórdidos detalles de su suicidio han hecho sus rondas por las redes sociales a lo largo de estos 16 años, y se sabe que Ruslana saltó al vacío, tomando impulso como quien quiere alzar vuelo, aterrizando, lastimosamente en el pavimento a metros de su edificio de lujo.

La fascinación por lo que pudo haber pasado a la modelo, de solamente 20 años, no ha parado. Aunque no dejó líneas de despedida, sí dejó largos escritos donde expresaba su descontento con su vida y una desconexión con su propósito.

Ruslana, se decía, había sucumbido a los efectos secundarios de una extraña doctrina de una secta de élite donde podían haberla dañado mental y emocionalmente.

Pero en mi opinión, Ruslana fue víctima de una vida maleada por una industria que, cegada por su extraordinaria belleza, prometió a Ruslana un mundo de ensueños que fue, para la joven modelo, una espeluznante pesadilla.

Hace pocas semanas, sin embargo, saltó a la palestra que Ruslana, con apenas 18 años de edad había sido invitada un par de veces a la isla privada del magnate Jeffrey Epstein, donde alegadamente pudo haber sido víctima de los excesos y sucesos de los que ya es más que conocido el que fuera uno de los "it boys" más famosos del mundo.

Para mí, el trágico final de Ruslana, ahora cobra más sentido...

¿Pero hasta qué punto Ruslana y las innumerables jovencitas, varias de ellas menores de edad, son inocentes?

¿Qué hay detrás de estas narrativas que han sido tan trilladas en la opinión pública?

Es importantísimo darnos cuenta de que Jeffrey Epstein es tan solo la punta del iceberg...

Epstein murió en la cárcel en el 2019. La versión "oficial" fue que se ahorcó en un momento en que supuestamente los guardias que lo custodiaban no estaban haciendo su trabajo como debían. Pero no hay que ser un genio para darse cuenta de que la teoría de un aparente suicidio no tiene mucho sentido.

Algún día saldrá la verdad de cómo Epstein llegó a su final, y por lo poquísimo que ha salido a la luz, un suicidio como tal, no fue.

Como no hubo un juicio formal, todo de lo que a él se le acusa tiene un signo de interrogación. Pero es obvio que la evidencia que recientemente está siendo revelada lo ponen en el ojo del huracán, a él, y a su bienamada "meretriz," la aristócrata Guislaine Maxwell, que sí aguarda juicio en una cárcel de alta seguridad y que ha llegado a un acuerdo para contar mucho de lo que ya podíamos suponer como cierto.

Según los detalles del juicio, Maxwell, era quien se encargaba de contratar y convencer a las niñas de que acompañaran a señores muy ricos, a cambio de una larga lista de privilegios que incluían estadías en sitios exclusivos, pinturitas de labios de Dior, y otros regalos y promesas.

Papaúpas del mundo de las finanzas, príncipes y magnates de alta alcurnia, todos han sido invitados a pasarse vacaciones en Little St. James en las Islas Vírgenes.

Esta isla, hoy convertida en resort de ultralujo, fue adquirida por Epstein por la módica suma de $8M, en 1998. En el 2016, adquirió una isla vecina, pero esta no estuvo tan desarrollada como la original.

Epstein, un "darling" que se codeaba con la "Crème de la Crème" de Hollywood y Nueva York, tenía un peculiar avión privado, digamos que con un servicio de "aeromozas" muy peculiar. Sus aeromozas eran todas adolescentes que ofrecían un servicio inigualable a los socios de su empleador.

A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Ni las chicas eran aeromozas como tal, ni los clientes estaban en clase turista.

Si hubiese habido un servicio de afiliación por acumulación de millas viajadas, el ex-presidente de Estados Unidos, Bill Clinton tendría el nivel Platino o Diamante. Clinton es el cliente más conocido, íntimo del fallecido, y acumuló incontables horas de vuelo en el jet de su amigo.

Este avión adquirió un nombre infame, "El Lolita Express," haciendo alusión a la novela de Vladimir Nabokov, y a la cantidad de niñas que actuaban como acompañantes de los poderosos pasajeros.

Adelantándonos en el tiempo, muchas de estas señoritas, hoy en día con casi 40 años, decidieron hacer caja con sus supuestas tragedias de abusos y tráfico sexual.

Guardando el respeto por quienes sí que pudieron haber sido engañadas y no salieron ilesas de estas aventuras caribeñas, me permito, con toda honestidad, ser bastante escéptica.

Sí hay un delito, sin duda, en el mero hecho de que estas mujeres, en el momento que formaban parte de la “nómina” de Epstein eran menores de edad. Hasta ahí lo creo.

Pero no debemos caer en la trampa de que estas señoritas no sabían lo que estaban haciendo.

Hay evidencia fotográfica del señor Clinton dejándose masajear por una muchacha que sonreía de oreja a oreja para la foto.

La supuesta víctima más conocida, el "poster child" de este escándalo, es Virginia Giuffre, famosa por su posado junto al Príncipe Andrés de Inglaterra, que la tiene cogidita por la cintura, frente a la atenta mirada de Ghislaine Maxwell, su patrona.

Allí yo no veo ningún signo de abuso ni de cohesión. Ninguno. 

Y, muy sinceramente, tenemos que permitirnos un poco este sarcasmo, porque hace ya mucho tiempo que nuestra sociedad está creando un movimiento impecablemente orquestado alrededor de la sexualización de niñas y adolescentes.

Hay varios caminos que llevan a Roma. Y "Roma" en el caso que nos concierne hoy es, simplemente, "la profesión más antigua del mundo."

Analicemos las muchas vertientes de este problema.

Hace ya varios años que se está popularizando la participación de niñas pequeñas en supuestos concursos de belleza. Las críticas están a la orden del día, y muy afortunadamente, se ha hecho una contundente crítica a las consecuencias sicológicas de las participantes de estos concursos infantiles donde, muy específicamente, las madres de las criaturas, empujan a sus pequeñas a participar por el premio mayor, sometiendo a las menores a tratamientos como botox, el uso de bronceadores artificiales y extensiones del cabello.

El férreo carácter competitivo de estos certámenes es un negocio hipermillonario que ha permitido a muchas mujeres lucrarse con la participación de sus propias hijas.

En Colombia, con mucha razón e indignación, se tuvo que cancelar un repugnante concurso infantil llamado "Miss Tanguita" que tenía a niñas de entre 5 y 11 años desfilando en minúsculos trajes de baño frente a una audiencia de hombres adultos, muchos de ellos en obvio estado de ebriedad.

Pero, como se ha dicho, en Colombia, las niñas, desde que tienen uso de razón se sienten enormemente identificadas con la vida de las modelos.

La cultura de las "prepago" es altamente popular. Llámense así las "novias" oficiales de muchos capos del narco, entre otras figuras de élite.

La conocida novela "Sin Tetas No Hay Paraíso" de Gustavo Bolívar, cuenta magistralmente los periplos de Catalina, una joven adolescente que se deslumbra con la vida glamurizada de las "prepago." Si bien logra su cometido, las consecuencias de sus acciones llevan a un inesperado y trágico final.

Otra tendencia que ha contribuido enormemente al auge del tráfico sexual de mujeres es lo que es conocido como "Yachting." En español puede traducirse como "Yatistas."

Las "yatistas" no son, que nos quede claro, atletas que compiten en regatas. No, señores. Son mujeres de profesión "modelo" o "influencer" que, a cambio, de la cartera "Birkin" de último modelo de la firma "Hermés" o, digamos, que entre $100 mil o $1M de dólares en cash, aceptan ser damas de compañía de caballeros del jet set o jeques cataríes, para los que estas sumas de dinero son una pequeña propina.

Las "yatistas" no son guías turísticas. Estas señoras están, incluso, bajo contrato, para complacer a sus empleadores en la intimidad.

Varias de las hermanitas Kardashian, e incluso Meghan Markle, la tan antipática Duquesa de Sussex, la mujer del Príncipe Harry, entre varias otras personalidades, se sabe han sido "yatistas" en su camino a la fama.

Para dar un último ejemplo, el controversial e inepto gobernador de California, Gavin Newsom acaba de aprobar una ley denominada "Safer Streets for All Act." Esta ley, traducida como "Calles Más Seguras Para Todos," permite que la prostitución no sea un delito por el solo hecho que las trabajadoras quieran ponerse en la palestra en pleno día.

En el distrito rojo de Los Angeles, por ejemplo, el Bulevar Figueroa, que consiste en aproximadamente 40 cuadras, se pueden ver mujeres, varias de ellas, adolescentes en paños menores, incluso en horas donde los niños salen de las escuelas.

El negocio de las señoritas de la noche, y ahora también del mediodía, han hecho que el tráfico sea infernal, pero si les preguntan a estas empleadas autónomas, pues están encantadas, porque la nueva ley permite que puedan llegar a ganar hasta $1,000 por día, y reciben, de paso, muchos regalitos y viajes de parte de sus clientes más cariñosos.

En una civilización donde a la gran mayoría de los jóvenes, hombres y mujeres, se les enseña a motivarse con un estilo de vida altamente sexualizado, donde se ha disminuido al trabajo y al esfuerzo como una despreciable necesidad, ¿qué se puede esperar?

No pongo en duda, que sí haya un grupo de mujeres jovencísimas, como el caso que hemos comentado de Ruslana Korshunova, donde sí pudo haber habido un aberrante daño sicológico por haberse dejado seducir por la promesa de una vida de lujos asiáticos. 

Pero no nos dejemos engañar y no veamos estas tragedias a través de lentes rosados.

Nuestra cultura y la nefasta educación que ofrecemos a los menores, está siendo aprovechada por grandes conglomerados que disfrutan de capitalizar con mentes manipulables y personajes endebles y vulnerables.

Muy tristemente, lo que nos dejan ver las mujeres que ahorita quieren recibir compensación por un supuesto lastre mental por sus escapadas de juventud, es, por un lado, lamentable, pero, por otro lado, es un monumental fraude.

La educación más básica de los niños se recibe en un hogar. La gran mayoría de las víctimas de Epstein venían de familias rotas, donde abundaba el uso de drogas, por poner un ejemplo.

Se sabe que una de las niñas que prestó sus servicios a los magnates quedó tan impresionada con uno de sus viajes a la isla del difunto mogul, que, para su siguiente escapada a las Islas Vírgenes se llevó a la mitad de las chicas de su salón de clase.

No nos engañemos con cantos de sirena.

El verdadero y condenable tráfico sexual es muy, pero muy difícil de parar, dado que quienes lo hacen posible son personas de mucha influencia.

Pero lo que para mí es la moraleja de esta situación, y lo que, indiscutiblemente, zanjaría esta tragedia, viene con la creación de una nueva consciencia y una urgente reestructuración de nuestros valores y nuestros principios.

Vivimos, en una sociedad con individuos que desde la infancia son educados para saber cuánto valen, y no me refiero, a su valor divino y espiritual, sino su valor monetario. Se les inculca que su único propósito es, literalmente, "hacer dinero." Y punto.

Las niñas están siendo bombardeadas por propaganda, donde su cuerpo es un instrumento para escalar posiciones en todos los ámbitos.

Los varones, por su parte, también se han hecho admiradores de esta cultura donde el sexo y la buena vida se les sirve, a través de las redes sociales, el cine y la música, en bandeja de plata.

El verdadero trabajo está en purgar nuestra cultura de basura. Es un trabajo que ha de ser incansable, empezando por un hogar involucrado, estable y responsable, cualidades que sabemos son cada vez más raras, ya que los padres, como hemos discutido anteriormente, son inmensamente egoístas y no desean comprometer en lo más mínimo sus carreras y su bienestar personal.

Para los que promueven y gustosamente se han hecho propensos a crear desgracias, y luego quieren tener firme un dedo acusador, los dejo con un fragmento del poema inmortal de Sor Juana Inés de La Cruz, "Hombres Necios," escrito en 1689:


"Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis:


si con ansia sin igual

solicitáis su desdén,

¿por qué queréis que obren bien

si las incitáis al mal?


Combatís su resistencia

y luego, con gravedad,

decís que fue liviandad

lo que hizo la diligencia..."


Y qué triste y vergonzoso para nosotras las mujeres, ver que estamos contribuyendo a un apocalipsis moral de nuestro mundo. Que ya no es valor tener en lo personal o lo profesional una deseada y necesaria conducta intachable.

Porque ahora muchas, demasiadas, mujeres caminan por los bulevares de la desvergüenza y el desacato, y luego con lágrimas de cocodrilo alargan su mano para que algún necio caiga en su trampa y le ponga un diamante, comprando al instante su integridad y su futuro.

Monday, January 8, 2024

La Generación Alfa...Bienaventuranza o Apocalipsis de Nuestra Sociedad?


En el "Cuento de Navidad," obra magna del novelista y crítico inglés Charles Dickens publicada en 1843, el clímax de la historia se presenta cuando, ante un asustadísimo y compungido Ebenezer Scrouge, el senil y perverso protagonista de esta, podríamos llamarla fábula, se ve frente a frente con el llamado "Fantasma de la Navidad Futura."

Esta figura es, a propósito del drama, una figura tétrica, que asemeja a La Muerte y tiene como cometido enseñarle al viejo cascarrabias cómo será su entierro, en una tumba abandonada por todos, ya que en vida no cultivó afecto alguno.

Pero a Scrouge lo que lo hace temblar, y por consecuencia, hacerse un hombre afable y generoso, es que en el mismo cementerio, su empleado, el fiel y servil Bob Cratchit, está enterrando a su hijo paralítico, Tiny Tim (el pequeño Tim)

El genio de Dickens diseña una trama donde el lúgubre futuro de Scrouge se congela en el tiempo. Es decir, Scrouge tiene chance de arrepentirse de sus terribles conductas, y, si así lo hace, su horripilante futuro puede ser prometedor e incluso, puede salvar al pequeño hijo de Cratchit, como en efecto sucede.

Si tan solo pudiésemos llevar la magia de Dickens a nuestro siglo. A nuestra realidad. A la realidad de millones de niños.

Si tan solo pudiésemos ser nosotros, con plena consciencia de lo que se avecina, los "fantasmas del porvenir" y decirle a los más jóvenes y vulnerables de este mundo, mira lo que te espera si sigues por ese macabro camino.

Pero, por desgracia, no podemos detener el tiempo.

Y sólo tenemos una oportunidad. Hoy. Ya. Ahora. 

La generación alfa está en grave peligro. ¿Quiénes son? ¿Y quienes son los mayores responsables de que hoy los más pequeños ya estén condenados al fracaso más estrepitoso?

Empecemos por el principio...

¿Cuál es la denominada "Generación Alfa"?

En términos muy generales, dícese de la Generación Alfa, a todos los niños nacidos desde el 2010 hasta el presente. Con la Generación Zeta hemos llegado al final del alfabeto. Empezamos con las letras del abecedario griego.

Los primogénitos de esta generación serían, por un lado, los denominados "Millennials" o, por otro lado, son los hijos pequeños de mi generación, la Generación X.

Dado que estamos hablando de menores muy pequeños, para buscar un culpable de lo que estamos tristemente padeciendo con estos cachorros de nuestra decadente sociedad, solo podemos apuntar, utilizando el nombre de la famosa cinta de horror de 1992 del director Curtis Hanson, a "la mano que mueve la cuna." Es decir, mi generación y los complejos millennials tenemos que hacer una férrea autocrítica.

La generación alfa ya está naciendo en medio de esta nueva revolución industrial y tecnológica que es abanderada por el internet y, por supuesto, las redes sociales.

El primer juguete de estos niños, en millares de hogares contemporáneos, es una iPad, y, desde que tienen uso de razón, ya conocen como funciona Tik Tok, y puede que tengan su propia cuenta.

Claro está que nada de esto sería posible sin que detrás de esta realidad, se encuentran un grupo de padres no solo irresponsables. Lo siguiente.

Pero sobre todo padres egoístas e incluso ausentes. No porque no tengan una presencia real, sino por una creciente apatía y una preocupante falta de atención a los detalles.

Los valores de las generaciones que han engendrado tan malas semillas están absolutamente trastocados, e inmensamente poseídos por falsas narrativas de lo que es la infancia, muy, pero muy alejada de lo que fue nuestra niñez, marcada por juegos y lecturas y películas de superhéroes y princesas.

Sin embargo, los padres, los maestros y cualesquiera que fuesen los mentores o representantes de estos niños, argumentan, con la cara muy lavada, que todo lo que hacen, lo hacen con "la mejor de las intenciones."

Y así, una vez más, sacaremos a relucir la famosa frase que ya analizamos anteriormente: "el camino al infierno está empedrado con buenas intenciones."

La hemeroteca de testimonios sobre el nefasto comportamiento de los niños, hoy por hoy, es, tristemente, amplísima.

Sabemos, entre otras cosas, que estos jóvenes tienen el peor rendimiento académico que jamás se haya visto. Las escuelas están pasando de grado a niños de un año al siguiente sin tomar en cuenta que no han podido asimilar ni conocimientos de matemática, ni de gramática.

De hecho, hay niños en los Estados Unidos, de aproximadamente 13 o 14 años, que saben leer como pequeños de 4to y 5to grado.

Según los estudios, este bajísimo promedio se debe a que no leen. Todo lo que conocen es lo que se les provee a través de los juegos electrónicos que sus padres o hermanos mayores le dan para que se distraigan.

Para abordar este tópico, es menester dar múltiples ejemplos. Y es a partir de estas ilustraciones que podemos tener consciencia de cuán difícil es la situación que nos atañe, y nos atañe no a unos pocos, sino a todos nosotros.

Las madres de la generación alfa, en su gran mayoría, son madres que trabajan fuera del hogar. Pero esto no sería lo grave. Lo grave es que estas señoras tienen muy claro que lo más importante para ellas es su carrera. Y punto.

A estas mujeres les es importantísimo su crecimiento empresarial. Los horarios de trabajo muchas veces así lo reflejan. De aquí que para estas madres sea tan cómodo que sus niños estén constantemente "ocupados" para que así ellas puedan concentrarse en sus exigentes compromisos profesionales y sociales.

Teniendo en cuenta que los padres han cumplido el rol de los proveedores desde tiempos inmemoriales, el resultado es una familia donde ninguno de los dos progenitores está pendiente del desarrollo de sus hijos pequeños a tiempo completo.

Este rol pasa a manos invisibles, pero con un poderío inmenso para moldear el pensamiento y el comportamiento de los menores.

Con padres indiferentes, es más sencillo crearse "nanas" ideológicas y narrativas infinitamente atractivas.

Dada la complejidad de las vidas profesionales de los padres, estos, francamente, no tienen ni pizca de ganas de lidiar con los maestros de las escuelas. Y me refiero, obviamente, a una minoría pensante de maestros que se han dado cuenta de que su papel, tal y como ellos pensarían que iba a ser cuando se dedicaron a la docencia, es una terrible pesadilla.

Hay infinidad de testimonios de maestros, varios de ellos, veinteañeros, consternados y frustrados por el terrible proceder de los niños en sus aulas escolares.

No saben leer, como ya hemos mencionado, pero se saben de memoria, y esto puede comprobarse, las más soeces letras de hip hop y reggaeton de los artistas de moda.

No conocen ni a Miguel de Cervantes, ni Isabel Allende ni a Mario Vargas Llosa, pero si conocen a Bad Bunny y cantan sus canciones imitando el odioso acento del ídolo boricua.

Las clases de gimnasia son muestras aberrantes de como las niñas se contorsionan con gestos vulgares y expresiones altamente sexualizadas. Todo esto cortesía de Cardi B o Meghan Thee Stallion, por dar ejemplos de artistas Norteamericanas.

La grave sicología parental a las que se adhieren los padres de los "Gen Alfa," como se les llama comúnmente, es tal que no debe jamás aplicarse la disciplina. Eso es anatema. Eso es contraproducente y traumático.

Esta falta de decoro y de educación es más que evidente en lugares públicos y establecimientos comerciales donde a los niños se les deja correr libremente y se jactan de tirar mercancía al suelo, gritar, mientras los padres están muy al tanto, pero son impasibles.

Este comportamiento ha sido estudiado al detalle por las empresas que controlan las nuevas agendas ideológicas.

Vemos instancias donde, con la excusa de integrar a los niños a una sociedad más tolerante y diversa, los padres ya no llevan a sus hijos al cine, sino a espectáculos de "drag queens" o travestis donde estos hombres disfrazados toman de la mano a los pequeñitos y los ayudan a introducir billetes en sus obscenos trajes.

En el público, los adultos aplauden con entusiasmo y vítores.

Las librerías están cundidas de literatura que, si bien está dirigida a menores de edad con ilustraciones y un lenguaje primitivo, tocan temas de sexualidad avanzada o "premian" a los niños que se adhieren a una falsa concepción de la existencia de múltiples géneros.

Un terrible presagio de lo que podría estarse gestando para el futuro de las nuevas generaciones, lo vemos en Barranquilla, Colombia.

En el Parque de Los Corales, en el Gran Malecón, una estampa de esta ciudad colombiana, se erige entre árboles y flores una estatua de bronce. Se preguntarán ustedes de quién. ¿Será del "Padre de la Patria," El Libertador Simón Bolívar?

No señoras y señores, de Shakira.

Sí, Shakira, la artista. La cantante que nació en dicha ciudad en el año de 1977.

Es una estatua de bronce con una imágen de la intérprete de Waka Waka, y de Loba, entre docenas de canciones.

La cantautora mide poco más de metro y medio. Su estatua mide más de seis metros. Así como lo oyen, mide seis metros y medio.

Si van a Google verán los detalles, pero, lo que es preocupante, es que esta obra está cundida de críticas positivas y se espera un éxodo masivo para ir a rendirle pleitesía.

Quería ponerles este ejemplo porque lo que esta estatua representa es verdemente alarmante.

Dada la inmensa popularidad de Shakira entre adolescentes y niños, aunque su base de fans es variada, lo que estamos viendo es que bien podría pensarse, y pongan atención a esto, es que en Colombia se quiera empezar a cambiar las imágenes de los verdaderos próceres y héroes nacionales, por las efigies de estos bien amados del género pop.

Una estatua de semejante altura no significa más que decirle a un niño, y más que nada a las hembras: "¿Ves esto, mi amor? Esta es Shakira. La ídola de mami. Esta mujer me representa y debe, por consecuencia, representarte a ti. Yo quiero que tú seas como Shakira. Una mujer empoderada. Shakira es una diosa.Tú diosa. Nuestra heroína nacional." Si esto ya no es una realidad, al tiempo.

Ojo, al dato, esta estatua, pueden estar seguros, será inmune a los activistas repugnantes que han hecho desaparecer del mapa a las efigies de Colón o Isabel La católica.

Los jóvenes colombianos no sabrán dentro de muy poco quienes son Aureliano y José Arcadio Buendía, protagonistas de la novela "Cien Años de Soledad" de Gabriel García Márquez, pero si sabrán el estribillo de las canciones que Shakira le dedicó a su amante infiel.

A los niños se les ha secuestrado moralmente y, casi en su gran mayoría, se han convertido en una bomba de tiempo.

Aunque podría ser cruel, e incluso injusto hablar en estos términos, el mirar en los ojos de un niño hoy en día, es quizá mirar a los ojos al verdugo de nuestra endeble y corrupta civilización.

¿Puede esto ser reversible?

Quisiera creer que sí, de mil amores. Pero me temo que hay cosas que parecen definitivas, sobre todo con el traspapelamiento de los roles tanto de los hombres como de las mujeres.

Para que un niño tenga una nueva consciencia y pueda ser un ser sano y congruente, sus padres tienen que tener un cambio total de perspectiva y saber estar presentes.

Muy lamentablemente, los padres tendrán que sufrir las consecuencias de esta flagrante actitud e inconmensurable narcisismo.

La generación alfa, por este camino, promete ser la de analfabetas funcionales, sumidos en una triste y profunda soledad y sicológicamente perversos.

El primer paso es darnos cuenta de que este daño lo estamos haciendo los adultos. La poca inocencia que queda en nuestros niños, seamos o no padres biológicos, tenemos, con extrema urgencia, que restaurarla y sanarla profundamente.

En la hermosa fantasía de la novela de Dickens, el escritor, muestra el lúgubre futuro de Scrouge desde el umbral. Y desde allí, con constricción y fe, el viejo mezquino ve la luz.

En nuestra realidad, que cada vez se asemeja más a una novela de horror, no estamos, desafortunadamente, viendo las desgracias desde un horizonte lejano. No. Lo estamos respirando. Lo palpamos y no podemos más que mirar nuestras manos llenas de culpa por habernos dejado anestesiar por décadas.

Pero Dios, en su infinita misericordia, con estas tragedias en ciernes, podría darnos una última oportunidad de rectificar y encaminar a los niños por el camino de la sabiduría y la rectitud.

Hoy nosotros somos el faro que ha de guiarlos a todos.

Pero debemos poner en manos de los niños la luz que hará de ellos los alfas de futuras y enriquecidas manadas de luminarias y nuevos líderes.

Nos dice el salmo 127:3-5, en el libro de "Ketuvim" de la biblia hebrea:

"He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado...Los niños son de un valor inmenso: ¡son una bendición!"

Alguna vez, nuestros padres y nuestros abuelos nos decían llenos de orgullo: "el mundo es de ustedes."

Ahora tenemos que trabajar con más propósito que nunca, para dar, con máxima confianza, el relevo a los que han de calibrar la brújula hacia un nuevo norte de nuestra civilización.

Seamos Guerreros de la Luz---no de Tablero!

En el año 73 AC, Roma vio los cimientos de su República temblar como pocas veces. Revueltas habían sido vividas. Hazañas habían sido contada...