Monday, November 13, 2023

El Hip Hop como Soldado Raso de la Batalla Cultural



El desangramiento moral, ético, económico y espiritual de los Estados Unidos, nos lleva, con extrema urgencia, a hacer un inventario de todos los factores que a lo largo, tal vez del último siglo, han acontecido a lo largo (y profundamente ancho) del territorio Norteamericano.

Por desgracia, y debemos dejarnos de subterfugios, hay mucho del alma de América que ya ha muerto y hiede a decadencia, a desesperanza, y a odios marcados por la polarización constante y sonante que padeceremos, cortesía de políticos, medios de comunicación y, sin duda alguna, las redes sociales.

Para hacer una autopsia de este apocalipsis del siglo XXI, tenemos que estudiar las raíces de este deceso y este descenso a la mediocridad y la corrupción a todo nivel.

Pero en este proceso, no debemos sentir que nos hemos dejado vencer. Para mí es lo contrario. Si conocemos quienes son los "enemigos" Dios tendrá a bien darnos el antídoto para devolver a los Estados Unidos su lustro, su fuerza y su gloria de antaño.

A estas alturas, donde se quiera hacer una primera incisión a este "seudo-cadáver" que es hoy en día Norteamérica, no tiene importancia. Encontraríamos material descompuesto por doquier. Pero para esta labor "Lazaresca" de revivir a nuestra nación, hoy nos iremos directamente a Nueva York. Más concretamente al Bronx.

Corría el año de 1973, casi una década después que se aprobaran en el Senado, en un voto histórico con 290 votos a favor y 130 en contra, la declaración de los Derechos Civiles, que prohibía de una vez y por siempre la discriminación racial. Un movimiento que fue iniciado originalmente por John F. Kennedy y que fue, finalmente, llevado a cargo por Lyndon Johnson en 1964.

El Bronx, ya desde los días del Renacimiento de Harlem de los años 20s, había recogido una muestra cultural de influencias afro-caribeñas, que desembocaron, a principios de los 70s en el fenómeno musical que conocemos como el Hip Hop, más comúnmente llamado "Rap."

El Hip Hop, estudiado minuciosamente por décadas, tiene tanto en sus letras como en su instrumentalización una receta perfecta de lo que ha sido la vida del afro-americano, su carácter y sus dramas, desde los tiempos de la esclavitud.

La música urbana del Bronx, tiene su mayor apogeo en los 80s y 90s. A partir de allí, tristemente, como tantas otras muestras culturales de Estados Unidos, todo lo que hemos visto es una baja de calidad y un auge de corrupción, violencia, racismo infundado y una rabiosa hipersexualización de los intérpretes que alguna vez marcaron la pauta de esta revolución musical.

El marcado declive del rap está intrínsecamente ligado a la ruina moral y espiritual de Estados Unidos. 

Si bien yo nací en territorio Norteamericano, pertenezco orgullosamente a una familia judeo-hispana, lo cual me ha hecho, desde mis años de universidad, estudiar con amplia fascinación y admiración la cultura afroamericana. 

Una cultura que tiene muchas similitudes con la cultura de América del Sur. Después de todo, en Venezuela, donde viví toda mi adolescencia, hay una marcada influencia de la época en que tuvimos esclavos.

Sin embargo, los años de la esclavitud que acompañaron a la era colonial de Suramérica no ha supuesto un trauma como en efecto lo ha sido para la población negra de Estados Unidos.

Claro está que este dolor y este resentimiento social fue avivado por una amoral y desafortunada segregación que, incluso, derivó, en linchamientos y el auge del Ku Klux Klan durante las décadas de los 40s y 50s.

El Hip Hop es un magnífico primer intento para encausar el inmenso dolor del afroamericano y de demostrar su resiliencia a través de la creación de arte y sonido.

Casi podríamos especular que la aparición del Hip Hop fue un boceto para lo que hoy en día son las redes sociales. Un canal para la expresión sin filtros y en vivo de lo que acontecía en los barrios de Harlem y del Bronx, principalmente.

Para los que vivimos la década de los años 80, recordaremos los inicios del rap ya como un género establecido que empezaba a sonar en la radio y a producir sus primeras grandes estrellas, léase Tupak Shakur, Eminem (que curiosamente no es afroamericano), Sir Mix-a-Lot y Salt-n-Pepa (que era un trío de mujeres)

El Hip Hop es poesía cruda y realista. Pero poesía en fin. La temática siempre captó la realidad social que se vivía día a día en los barrios negros de Norteamérica. Primero, echó raíces en varias ciudades que han sido legendarias en el desarrollo del Hip Hop como Filadelfia (Pennsylvania) y Atlanta (Georgia) aparte de su cuna, que, como hemos mencionado, fue Nueva York. Ya poco a poco el Hip Hop con sus nuevas variantes se trasladó a California, donde se forjaron voces de renombre--e históricas y terribles rivalidades con los colegas de la Costa Este. Un antagonismo épico que ha salpicado de sangre al género en múltiples ocasiones.

El "proto-rapero" por llamarlo de alguna manera, hacía hincapié en las injusticias sociales y hacía un llamado a los jóvenes por el incremento del uso de las drogas, muy especialmente el crack, que inundó los barrios de presencias raciales minoritarias.

El éxito comercial del Hip Hop tuvo su aquél. Muchas radios no se atrevían a dar difusión a este nuevo género de tintes urbanos por miedo a que no fuese aceptado por el público de entonces. Pero afortunadamente, la aceptación fue inmediata y, ya entrado los 90s, el Hip Hop, aderezado con nuevos sonidos y tecnología, se propagó alrededor del mundo, con legiones de fans, entre los que me incluyo.

El Hip Hop, sin proponérselo, y con su estilo minimalista que requería de una proeza del inglés extraordinaria, ha marcado a viva voz la batalla cultural de Estados Unidos. El rap no se permite ni censura ni mesura. 

Tengo claro que el entender la decadencia de este peculiar instrumento de justicia social que lleva en sus venas el rap, nos ayudará a devolver la sanidad y la reintegración de la población de Estados Unidos cada vez más dividida y más confundida.

Hay un film que recomiendo ampliamente a los que nos gusta el Hip Hop. Es una película que tuvo una gran recepción sin llegar a ser un blockbuster. En sí misma, es una oda al Hip Hop en su más pura esencia.

El film se llama "Brown Sugar" (Azucar Morena) y fue escrita y dirigida por Rick Famuyiwa, de origen Nigeriano. Me voy a permitir hacerle varios "spoilers." 

A pesar de que la cinta ya tiene más de 20 años, su trama refleja, sin querer, el drama de la sociedad afroamericana de hoy en día. Dos amigos de la infancia se conocen en el Bronx cuando tenían 10 años. En una esquina se escuchaba la voz de un artista impromptu que interpretaba el conocido "freestyling" (estilo libre) que, acompañado de sonidos específicos hechos oralmente de forma estratégica (en inglés se conoce como el boom bap) y una primitiva percusión, constituyó el origen del rap. Para los chicos una novedad total.

Dre y Sydney, los protagonistas, ven en el Hip Hop su lenguaje favorito y común. Ambos dedicarían su vida profesional a la promoción del género. Sydney, como editora en jefe de una revista dedicada a la música urbana, y Dre, como un joven ejecutivo de una disquera ficticia llamada "Millennium Records" que se dedica a buscar nuevos talentos en las discotecas y en los bares.

El film tiene la peculiaridad, y sin duda, el plus, de contar con las actuaciones de Queen Latifah y de Mos Def, ambos conocidos intérpretes del rap con una carrera sólida que continúa hasta nuestros días. 

Con una banda sonora que incluye las voces pioneras del Hip Hop de la década de los 80s y 90s, hay un profundo drama que nos hace una premonición, una profecía, que vemos, cumplida a rajatabla en estos últimos años.

Dre, a pesar de tener el beneplácito de sus jefes, y de haber tenido siempre un buen ojo para reconocer las nuevas voces del Hip Hop, se ve estupefacto, cuando es obligado a dar un contrato a un par de mamarrachos que no tienen siquiera oído, pero, que convencen por ser un dúo de raza blanca que se han mimetizado con el género del rap de una forma muy suigéneris.

Mientras tanto, Dre, conoce a Cavi, un taxista que, en su tiempo libre, va a los clubs a demostrar su talento con letras originales y esa esencia del Hip Hop que lo devuelve a los días en que su vida tenía sentido, y, por supuesto, a Sydney.

El caso de Sydney es tres cuartos de lo mismo. Tiene una carrera ascendiente como editora, pero se da cuenta de que el Hip Hop no es más que un trampolín a la fama de muchos intérpretes que solo esperan hacer fortuna. Tal es el caso de un jugador de basketball con el Sydney tiene una relación, que ni siquiera se molesta en leerle los artículos que escribe.

Para volver a sus raíces, Sydney escribe un libro autobiográfico, que detalla su pasión por el Hip Hop, solo para darse cuenta de que Dre es para ella una encarnación de su sentir por el género que la vio crecer.

Dre renuncia a su trabajo y crea su compañía disquera y Cavi es su primer cliente, un artista que le recuerda a ese rap incólume e incorrupto de su adolescencia. 

Dre llama a su incipiente empresa "Brown Sugar" que en el slang afroamericano se refiere al azúcar que no está procesada totalmente sino que mantiene el sabor de la melaza de la caña de azúcar. Es decir, el Hip Hop en su más puro estado, recién llegado de las esquinas del Bronx.

Es impresionante como un guion tan sencillo puede reflejar la deriva tan repugnante de la industria musical. Y a partir de ella, de una nación completa.

La música, sea esta de cualquier género, siempre ha sido, un terreno fértil para la batalla cultural. Pero, en los tiempos que vivimos, vemos que la música, y más aún los géneros urbanos, son un caballo de Troya.

Con la llegada de Barack Obama al poder en el 2008, se hace un parado al trabajo tanto social, como emocional y hasta espiritual que teníamos en Norteamérica para reconciliar las diferencias raciales. 

A Obama se le debe la creación del infame movimiento de "Black Lives Matter," el cual promovió durante el segundo período de su gobierno. Esta supuesta lucha en contra del racismo y de la agresividad policial no hecho más que abrir grietas y desatar una supremacía negra que es aberrantemente peligrosa.

El Hip Hop, por desgracia, ha caído en esta trampa, haciendo relevancia a una temática que es injustamente racista e incluso antisemita.

Esto último lo llevó a la palestra Kanye West, un rapero de ventas multi-platino, que empieza a culpar a los judíos de ser quienes promovieron la segregación racial de sus antepasados.

Un comentario tanto fuera de lugar por su repercusión moral, pero de igual manera, fuera de contexto.

El resentimiento acumulado de la población afroamericana hacia los blancos que ellos consideraban “opresores” incluía también a los judíos, que, post Holocausto, llegaron a Nueva York (la gran mayoría a Queens) y logrando hacer grandes fortunas, adueñándose de muchos bloques residenciales que se ponían para la venta, y, para el caso que hoy nos concierne, fundaron estaciones de radios y compañías disqueras.

Pero esto, señores, es una mera (mala) percepción y hasta podríamos decir envidia, de quienes practican el antisemitismo. En Israel conviven numerosos judíos de orígenes africanos que se han integrado perfectamente a la cultura judaica. Así que para nada podemos entonar un "mea culpa" para justificar estas divisiones raciales que padecemos. De hecho si hay algo que define mucho a los judíos en la modernidad es su marcado "buenismo" que en mi opinión nos ha hecho ver débiles y vulnerables frente a quienes buscan nuestra desgracia--y destrucción definitiva. Pero ese es otro tema, sin duda.

La industria musical, y en especial, el Hip Hop y su versión latina, el Reggetón, son, hoy por hoy, una muestra fehaciente que hemos caído en desgracia.

Los artistas de hoy en día solo quieren ganar dinero, y vemos a la industria promover, casi se diría que adrede, carreras con ascensos meteóricos de muy corta duración.

Una de las pioneras del rap de la década de los 90s, Missy Elliott, es la primera mujer del género del rap, que es, a partir, de la edición de este año, miembro honorario del Hall de la Fama del Rock n Roll.

Desgraciadamente, encontrar una artista como Missy Elliott con una carrera de más tres décadas dedicadas casi en exclusiva al Hip Hop, es casi imposible. La mayoría de los artistas, hombres y mujeres, son flor de un día. Las carreras de estos individuos rara vez pasan de los diez años de duración.

Extirpar de manera definitiva el tumor cancerígeno de la cultura americana, en todos sus aspectos, es, un primer paso, que debe ser perentorio, para volver a tener una sociedad sana.

Las nuevas ideologías buscan el poder magno sobre tantos grupos sociales y étnicos como pueda. Para ello se vale, sin miramientos, del control y la manipulación de hechos históricos, e incluso poner sal sobre las heridas de colectivos especialmente vulnerables.

La agonía de una sociedad tan acribillada por tantos frentes de forma simultánea podría estar cantada.

¡Hay que actuar de inmediato!

Detener el desangramiento de nuestra civilización, con todo y sus diferencias y desavenencias culturales, es menester para poder disfrutar de una tranquilidad más que merecida.

Quiero ser optimista. Es una labor que debe tomar cuerpo en cada uno de nosotros como individuos. Pero que ha de remontar obstáculos sin precedentes.

Como público tenemos la última palabra. 

Guardemos los aplausos para quienes, a través de un talento propio y arraigado (y aguerrido) espíritu, puedan hacernos entrega de poesía musical, despierta al cambio. Al renacimiento intelectual. A la verdadera injusticia que es sin duda el permitir que nos llenen de rencor y de consignas falsas.

Guardemos los aplausos para quienes han de tener la bravura de rescatar a las nuevas generaciones de las tinieblas del Tik Tok.

Guardemos los aplausos para la poesía que, tanto en un escenario como en las calles, nos reafirmen que somos todos iguales. Que el amor es lo más hermoso de este mundo. Y que los Estados Unidos no es un depósito de escombros y odios, sino un faro de grandeza y un soldado al frente de la nueva sociedad Occidental que merecemos disfrutar en nuestros tiempos, y, por supuesto, dejar como legado.

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