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Tuesday, November 18, 2025

La Magia Negra de Disney


El film de animación “Pinocho” se estrenó en 1940, hace 85 años.

Es una película entrañable basada en el clásico “Las Aventuras de Pinocho” de Carlo Collodi, escrita en 1883.

Los personajes de Pinocho, y él, Pinocho, una marioneta que se mueve y habla y canta sin hilos, se hicieron de los favoritos del mundo Disney.

En el centro de la trama está Pepito Grillo, un insecto que es asignado por el Hada Azul como la conciencia del niño.

Pinocho es el “hijo adoptivo” de Geppetto, un fabricante de juguetes y relojes ya anciano que se propone educar al pequeño como mejor puede.

Pero en un abrir y cerrar de ojos, fue aparecer Pepito Grillo por una puerta, y la sensatez de Pinocho que se sale por otra.

Enseguida el protagonista decide portarse mal y engañar a su tutor y escapar de su casa.

Camino al colegio con los libros bajo el brazo, Pinocho aprovecha que Pepito se levanta tarde y se pone a conversar muy amablemente con dos sujetos que, a primera vista, tienen una actitud sospechosa y no ocultan que son mercenarios buscando hacer dinero con el niño de madera que no es una marioneta ordinaria.

Los dos maleantes son socios de un artista callejero llamado Stromboli, sus nombres son Gideón El Gato, el tontito, siempre recibiendo golpes y sin poder hablar, y El Honesto Juan, un zorro con una verborrea privilegiada pero sin moral alguna.

Pinocho se deja convencer y termina en un ferry camino a “La Isla del Placer,” acompañado por su conciencia y otros niños mal educados que tenían una peculiaridad: no querían estudiar.

En la isla, Pinocho empieza a portarse mal y aprender a fumar.

Todo es juego y diversión hasta que se cierran las puertas del parque de diversiones y quedan los niños atrapados dentro.

De la juerga y las peleas de niños sólo queda el pánico al ver cómo cada uno de ellos se convertía en un asno.

Muchos niños, en una escena aterradora, no pueden volver a su forma humana. Pinocho y Pepito logran escapar y, camino a casa, descubren que a Geppetto se lo ha tragado una ballena descomunal y es aquí donde el niño toma las riendas de su vida y se va a rescatar al padre, ganándose el beneplácito del Hada Azul que lo convierte en un niño de verdad.

Pinocho es un clásico que conocemos todos y nunca tuvimos ninguna malicia para entender que si eres bueno, se te cumplirán los sueños. Si eres malo te convertirás en un burrito de carga.

Pero qué dirían ustedes si la película Pinocho es una especie de autorretrato de lo que ha sido Walt Disney World—y lo sigue siendo, casi un siglo después.

Disney siempre tuvo la misma agenda, pero nosotros, cuatro o cinco generaciones, desde su fundación en Octubre de 1923 en la ciudad de Los Angeles, estábamos dormidos.

El despertar ha sido durísimo, incómodo y muy triste.

La palabra decepcionante no llega a cubrir una gama de emociones tan amplia, y, por momentos, no queremos aceptar que Disney World nunca ha jugado limpio.

De Disney puedo hablar de primerísima mano, puesto que desde 1996 al 2003 fui empleada de Walt Disney World, tanto en los parques como en los hoteles.

Los primeros años fueron maravillosos, un poco como la primera impresión de los niños frente a un parque de diversiones, como lo insinúan en La Isla del Placer.

Habiendo sido visitante asidua durante mi infancia y mi adolescencia a los diferentes parques temáticos, el poder tener acceso gratis como empleada era un sueño dorado.

Pero ese sueño dorado tiene un precio muy alto.

De a poco me di cuenta de que no todo lo que brillaba era oro. 

El proceso de ideologización “disneyana” es fortísimo y tienes que aprender a usar ciertos vocablos.

Literalmente mi trabajo me hizo enfermar y tuve que renunciar en el 2003.

Fue una de las peores experiencias de mi vida.

En el año 2012, cuando cumplí 40 años, se produjo una breve reconciliación y fui portadora, por cinco años, de su pase anual.

Pero en el 2017 tuve que dejarlo porque ir a los parques se hizo insoportable con la cargadísima agenda LGTBQ que se promovía por los cuatro costados.

Hoy en día doy gracias a Dios porque sería imposible aguantar una carga tan fuerte de mensajes tan nocivos e inadecuados.

En los últimos pocos años, cientos de miles de familias se han desconectado de Disney, y pareciera que hoy en día los parques y sus alrededores son un “safe space” para lunáticos, transexuales y tiktokeros aberrados.

Por otro parte, en la segunda mitad de este año ya se reportan cuatro suicidios de cuatro personas desde los balcones de los hoteles o en los rieles del monorail que es el medio de transporte icónico entre varios parques y hoteles de lujo.

Si vamos atando cabos nos encontramos que Disney podría ser una fábrica de personas con problemas graves de adaptación o bipolaridad, y sería Disney el lugar elegido para terminar de una vez con toda su miseria.

El universo Disney es muy amplio y su influencia la captamos alrededor del mundo desde muchísimos ángulos.

Quizá lo más obvio sean las películas.

Las redes sociales (muy afortunadamente!) se han hecho eco de los impresionantes mensajes de las películas que están, en principio, creadas para un público infantil.

Quedémonos con eso: un público de menores de edad.

Volviendo a Pinocho, en la Isla del Placer no hay adultos, excepto el dueño del antro al que vemos de vez en cuando fumando un puro y contando sus monedas de oro.

Si nos ponemos a analizar el impacto de Disney a lo largo de más de cien años, podríamos concluir que fue a partir de nuestra generación (X) donde se quiso poner el acelerador para un adoctrinamiento que hoy tiene invadido a todo Occidente.

Si bien Disney tiene sucursales en Asia y próximamente en los Emiratos, fue la sociedad Occidental la más proclive a morder el anzuelo.

Invito a que ustedes vean la amplísima hemeroteca sobre los mensajes de las películas de Disney.

Casi toda la cinemateca de Disney tiene denominadores comunes.

Vemos a Pinocho que desobedece a su padre anciano.

Por este mismo rumbo están El Rey León cuando Simba y Nala se escapan de Pride Rock para acabar asediados por hienas, serviles a Scar el villano, hermano de Mufasa, y posteriormente su asesino.

La tragedia sacude la vida del cachorro Simba que huye de su hogar sintiendo sobre sus hombros la culpa de la muerte de su padre. Luego lo vemos crecer como un tarambana hasta que su mejor amiga (luego su pareja), Nala, le pide ayuda en nombre de un decadente Pride Rock en manos de Scar, un tirano.

La Sirenita nos presenta a Ariel que desobedece a Tritón, su padre, el rey de los mares, para buscar lo que no se le ha perdido en tierra, donde, para ganarse el amor del Príncipe Eric, se deja embaucar por Úrsula, una bruja que se aprovecha de criaturitas desesperadas y desamparadas como Ariel.

En estos ejemplos no podemos dejar atrás la asociación de Disney con los estudios de Pixar, si cabe más liberales y extremistas woke que su matriz, Disney.

Pixar se dejó de subterfugios cuando comenzó a cundir sus películas de animación con personajes “queer” o abiertamente homosexuales.

Cuando yo estaba en nómina de Disney, se me decía que la industria del entretenimiento era muy propicia a reclutar personas homosexuales.

Centenares de mis compañeros eran gays y varios altos ejecutivos lo eran también—y muy abiertamente.

En Disney no había closet del que salirse, todo Disney era un escaparate de sorpresas muy abierto.

El problema llega con la entrada del nuevo milenio y el nacimiento de generaciones mucho más vulnerables, cuyos padres, confiaron al cien por cien con el producto de los estudios Disney y con la frenética producción de mercancía.

Hoy en día empleados varones entre los 25 y 40 años se visten de mujeres para entretener a los niños y, alegadamente, se han hecho comunes las orgías entre los empleados posteriores a los desfiles y los shows.

Expertos hablan quizá de un problema más grave, que no se puede ver a primera vista, pero que podría ser, al final del día, la gran meta de Disney, adeptos estos a la apocalíptica Agenda 2030.

Mickey Mouse podría no ser más que un Gran Sacerdote embrujando a los pequeños para entrar en un mundo de colores que luego pondrá sus asquerosas manos sobre sus endebles cerebritos.

Volviendo al punto anterior, muchos analistas coinciden que Disney tiene un diabólico ataque hacia el núcleo familiar creando personajes siempre rebeldes, incomprendidos e ingratos.

Atención, que no con esto pretendo censurar que se vean las películas de Disney, pero sí pretendo llamar la atención a lo que podría estarse creando a partir de cuentos y de temática infantil.

Es urgente que los films de Disney sean supervisados por adultos cabales, algo que no pareciera ser común, sino todo lo contrario.

Cuando salió la película de Disney-Pixar Coco en el 2017, mis padres y yo la vimos juntos y fui yo la única persona del grupo a quien se le saltaron las alarmas con la cantidad de propaganda que tenía el film casi desde el principio.

Tenemos a Héctor, el protagonista a quien no se le permite “cruzar las fronteras” para ver a sus ancestros en el Día de los Muertos.

Con este personaje se politizan las medidas de Donald Trump, en aquel entonces en su primer período, en contra de la inmigración ilegal.

Tenemos un show de un travesti.

Y como no podía faltar, a Frida Kahlo, una artista maravillosa, pero una figura controversial, bisexual y abiertamente comunista que tuvo de amante a Trotsky.

La gran mayoría de las personas no vería estos “mensajes subliminales,” y otro grupo de personas no sólo los ve sino que los celebra.

Por este mismo medio hemos analizado a fondo el rol de Disney en nuestra sociedad, pero quizá nos ha faltado hacer un llamado de alerta para que el contenido sea analizado y podamos dejar a los niños ver una película que no dañará sus posturas y sus valores a medida que se hacen adultos.

Los recursos materiales de Disney son incontables, pero en la última década, vemos que no son infalibles. Y esto es un buen presagio.

Pero sigamos analizando...

Hace una década o poco más, Disney decidió reinventar sus clásicos en forma de lo que se conoce como “live action,” es decir, con actores y no con dibujos animados.

Con estos largometrajes, no sólo se distorsiona la película original (que ya sabemos está maleada ideológicamente) sino que se adereza sin tapujos con un contenido pro Agenda 2030, muy pro LGTBQ y con protagonistas femeninas insoportablemente feministas.

Hay quienes podrían incluso ver mensajes misóginos, dado que la mayoría de las protagonistas y las princesas tienden a tener un peor final como consecuencia de su desobediencia y su inconformismo, mientras que los protagonistas masculinos siempre salen airosos y aventureros.

El que piense, y esto es importante, que estos mensajes hay que verlos con lupa y son pura coincidencia, que se lo haga mirar.

Hace aproximadamente tres años, en Marzo del 2022, un “whistleblower” hizo pública una reunión de altos ejecutivos de Disney donde abiertamente decían que no había nada oculto en la promoción de antivalores y de agendas pro gay.

Yo que trabajé con compañeros homosexuales quiero dejar claro que ellos, per se, nunca fueron el problema. El problema fue el proselitismo que año tras año fue in crescendo hasta el punto, como ya he dicho, de ver “drag queens” como empleados departiendo con los niños pequeños.

Para concluir, quizá Disney esté creando una sociedad de idiocracias a todo nivel, tema que ya analizamos por este medio.

A Walt Disney World, una gigantesca "Isla del Placer" habría que empezar a llamarla por lo que es, una maquinaria muy eficaz de propaganda. Un Goebbels detrás de la fachada de un tiovivo extraordinario.

El hecho de que los costos de una experiencia en Disney también sean tan altos, podría ser un indicador de que son un fraude más comprando la voluntad de los visitantes endebles e ideologizados.

Disney podría haberse prestado, a cambio de todo el oro del mundo, en convertir a niños en asnos frente a nosotros, sin pedir permiso ni perdón.

El dique de contención lo erigimos nosotros.

No es opcional. Es imprescindible.

La magia de Disney no es magia blanca, sino un blanqueamiento de la magia negra que amenaza a una civilización que alguna vez quiso creer en cuentos de hadas, y cayó en el reino de Hades.

Aviso a navegantes, este año 2025, marca el pistoletazo de salida para la generación Beta. Este año nace una nueva ola de niños. Por favor seamos para ellos un Pepito Grillo más eficaz que el que tuvo Pinocho.








Wednesday, November 15, 2023

La Decadencia de Disney: Heces con Creces!


Podría escribir horas enteras de todas y cada una de mis experiencias en los parques de Walt Disney World. Qué privilegio de haber podido disfrutar mi infancia, hacer visitas familiares e incluso celebrar la Navidad en uno de los súper hoteles clásicos del Magic Kingdom, el icónico Contemporáneo.

Como ya les he contado en otras ocasiones, yo trabajé tanto en los parques como en los hoteles por seis años. Podría decirse que nombre estuvo en la nómina de Mickey Mouse.

No fue fácil, y con el tiempo se me hizo insoportable. Para trabajar en Disney hay que mimetizarse con una cultura, un lenguaje, y una enorme burocracia. El precio a pagar para crear la magia que se vivía en cualquier rincón de Disney era muy alto. Trabajar para Disney no era para mí, y no me avergüenzo de decirlo.

Pero no por ello yo dejé de pensar, y lo hice durante mucho tiempo, que Walt Disney World era uno de mis lugares favoritos. Por cinco años consecutivos tuve el pasaporte anual, y visitaba a mi gusto en mis tiempos de ocio.

La marcada e insoportable moda "woke" que ha parasitado el mundo Disney en los últimos años me alejó casi por completo de los parques. Hoy por hoy apenas piso suelo "Disneyesco." Una lástima.

Lo extraño mucho. Quisiera que Disney volviera a hacer lo que alguna fue hace décadas, un trocito de paraíso en la tierra donde se respiraba paz y donde se convivía a gusto con personajes entrañables y música inolvidable.

Incluso mucho antes de yo trabajar en la compañía, me acuerdo muchísimo, que siempre, siempre comentábamos lo extraordinariamente limpios que siempre veíamos tanto el parque per sé, como las atracciones y los restaurantes.

En todas partes, y esto es literal, veíamos a los llamados "custodians." En español, la palabra "custodian" significa "cuidador."

Los "cuidadores" tenían funciones múltiples. Bien podíamos verlos barriendo cada rinconcito de los parques, o las áreas de baños, o, igualmente, eran los más indicados--y preparados--para dar direcciones, dentro y fuera de los parques.

Estando ya trabajando en Disney, conocí a Paul, un señor de la tercera edad, que era uno de los "cuidadores" de Epcot y fue nuestro primer guía en uno de mis días de entrenamiento.

Hay un secreto que también aprendí por aquellos años y es que la gran mayoría del mantenimiento y la limpieza profunda de los parques se hace en la madrugada. Esto incluye todo lo que tiene que ver con las áreas verdes. Era imposible encontrarnos como flores muertas o ramas caídas. Había que crear magia a toda regla, 24-7.

El tema Disney es recurrente en este medio por los desastres cinematográficos que parecieran no tener fin. Cada estreno, un fracaso. Promesas van, promesas vienen, pero el contenido audiovisual de Disney es cada vez más abominable.

Pero lo que jamás pensé, en todas las décadas que he podido empaparme de las novedades del "universo Disney" es que tendría que comentar que ha salido a la luz que, cada día, con más frecuencia, los visitantes a los parques están defecando mientras esperan en la fila para disfrutar de alguna atracción.

Vuelvo y repito, los visitantes están DEFECANDO en el piso, muchas veces, sin el pudor de ser vistos.

Esta noticia salió a la luz en el New York Post la semana pasada. Y, aunque el NYP, no es, para nada, de publicar "fake news," no pude más que sorprenderme de ver que mi tabloide de cabecera se pusiera a decir tonterías.

Pues, no señores, la cadena Fox también sacó a la luz esta inmundicia de noticia, nunca mejor dicho, en horario estelar.

La hemeroteca de estos sucesos, sobre todo en YouTube, es más amplia de lo que nadie desearía. Muchos visitantes han sido testigos de estos espectáculos y lo han comentado con detalle en las redes sociales.

El NYP ha podido confirmar, precisamente, con varios "cuidadores" que sí, lamentablemente, han tenido que limpiar heces fecales de algunas de las atracciones.

Si hay algo que tienen los parques temáticos, y no me refiero solo a Disney, que, por supuesto, son múltiples áreas de baño. Y son baños amplísimos. Incluso están decorados para camuflarse con las atracciones que tienen a su alrededor. En cada esquina hay baños, y por todas partes hay mapas para conseguirse el más cercano.

Si esto es así. Y les aseguro que así es, ¿qué está pasando?

Para mí la respuesta es muy sencilla: a Walt Disney World, aquí y, ni decirles, California (o Sodoma como prefieran) le han perdido todo respeto. Tiene que ser eso. No queda de otra.

El desprestigio de la compañía, que es, en sí, un imperio cinematográfico y mediático, ya carece de lustro y de autoestima.

La pandemia causó daños irreparables, y aunque, los turistas no han dejado de visitar los parques y los hoteles, muchos "invitados" (como son llamados los que pagan su entrada o se hospedan en los hoteles) han dejado de ir con la frecuencia que fueron vistos a principios de este siglo, y ni hablar los 80s y 90s.

Disney sabe, y sabe de sobra, que ha cometido errores garrafales dejando entrar a la cultura "woke" que ha parasitado la esencia de lo que fue el Disney de nuestros padres y nuestros abuelos. 

Esa esencia está secuestrada por el afán de complacer a los lobbies mercenarios y las agendas ideológicas "du jour."

A los ejecutivos, incluyendo en CEO, un soso e incapaz Bob Iger, le encanta victimizarse y echarle la culpa al actual gobernador de Florida, Ron DeSantis, que, con mucho tino, ha podido frenar las pretensiones de Disney de dominar la arena política, lo cual está lejísimos de su jurisdicción.

La osadía de Disney se encontró de frente con la destreza de DeSantis, que ahora les ha obligado a pagar miles de millones en impuestos, un privilegio que les había sido revocado desde los 60s, a cambio, obviamente, de todos los beneficios que aportó Disney al estado de Florida.

Pero como siempre me gusta recalcar cuando tocamos este tema, la gente, al menos con el tema Disney, está despertando en masa y ha entrado en una cruzada para rescatar a Disney de las garras de Maléfica (léase el "wokismo" no la hechicera de la Bella Durmiente, por favor)

Pero el denigrante espectáculo de ver defecar a los visitantes a la luz del día en lo que fue un Edén mágico, es también un síntoma de que Estados Unidos ha llegado a penosos extremos de decadencia.

Según han dicho los testigos de este "Poop Show" hay cámaras en todas partes como un intento de parar esta aberración, pero, como si nada.

Dice el NYP que esta barbaridad sucede en las filas de las atracciones con mayor tiempo de espera. ¿Cuándo ha sido esto una novedad? Los tiempos de espera son "el pan nuestro de cada día," aun con una disminución sustancial del número de visitantes.

Yo tengo infinidad de experiencias donde hemos tenido que esperar horas enteras para entrar en una atracción popular. Pues se espera y punto.

Hace ya varios años que existe el llamado "Fast Pass" que permite "reservar" una hora determinada para volver a alguna atracción y reducir el tiempo de espera. Antes era un servicio gratis. Ahora, hasta eso cobran. Pero da igual. Está disponible.

No, esto que se está reportando es una consecuencia directa a lo que viene siendo Norteamérica con políticas indeseables.

Quieren educar a los niños con temáticas restringidas para adultos, estas son las consecuencias...

Quieren devaluar la educación escolar a vídeos sin filtro por Tik Tok, estas son las consecuencias...

Quieren dejar pasar a cualquier "bicho de uña" por nuestra frontera Sur, estas son las consecuencias...

Los visitantes de Walt Disney World se burlan de la decencia y el decoro...

Tenemos líderes que dejan que China, la Agenda 2030, y el teatro del absurdo “evacúen” sobre Occidente...

Disney es un símbolo universal de Occidente, señores. No nos olvidemos de eso.

Tengamos en cuenta, como nunca, y en todos los aspectos, que nosotros somos los "cuidadores" de nuestra civilización, nuestros valores y nuestros principios.

Hay mucho que limpiar y que barrer...

El tiempo es oro...

Blancanieves nos invita a silbar mientras trabajamos. ¿Se acuerdan de esa canción? 

Esa canción significaba de que no había porque quejarse del trabajo arduo (porque los enanitos no eran para nada ordenados y su choza era un desastre) sino, al contrario, había que hacerlo con gusto. Con propósito y hasta con cariño. Ese tema es una estampa del film de 1937, y ha de serlo, de aquí en adelante, de nuestras vidas.

¿Y es que por qué no? Queremos y merecemos vivir en un mundo sin estas plagas, sin sabor y sin sentido.

A nuestra sociedad y, por supuesto, hay que proteger a nuestro pequeño gran ratón!

¡Manos a la obra!

Seamos Guerreros de la Luz---no de Tablero!

En el año 73 AC, Roma vio los cimientos de su República temblar como pocas veces. Revueltas habían sido vividas. Hazañas habían sido contada...