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Monday, April 29, 2024

Los Millennials: Sabia Savia de Nuestra Civilización



Las orquídeas son plantas de la familia de las "Orchidaceae." Su flor sea posiblemente una de las más bellas del mundo. En Venezuela la orquídea era considerada la flor nacional, y hoy en día el cultivo de orquídeas es de los más populares entre los horticultores y aficionados.

Existen aproximadamente 28,000 especies de orquídeas. La más común, y también la más comercial sería la especie de orquídea conocida como la "orquídea polilla" con sus colores brillantes y sus pétalos redondeados y gruesos.

Pocos saben, por ejemplo, que la vainilla, comúnmente utilizada en la repostería, es extraída de una especie de orquídea llamada "Vanilla planifolia," nativa de Centroamérica.

La orquídea tiene una peculiaridad y es que son plantas epífitas. Epífita significa que crecen adheridas a otras plantas, muy especialmente árboles de gran altura. Especies miniaturas también se han visto germinar en hojas. 

Esta condición de las orquídeas, me refiero a su hábitat, han hecho que erróneamente hayan sido confundidas con plantas parásitas. Este no es en lo absoluto el caso. La orquídea toma los nutrientes y la humedad del medio ambiente para realizar la fotosíntesis, y es, simplemente, su colocación en la altura de un tronco o rama, lo que le permite recibir los rayos solares.

De hecho, es muy común ver a las orquídeas en rincones poblados con hongos salvajes. Igualmente, ambas especies, se benefician mutuamente.

Si imaginamos que las generaciones de los últimos cien años son un robusto arbol, que se dice sano y frondoso, veremos varias ramas que han brotado y florecido orgánicamente. Tenemos la base del tronco, la más gruesa y la más cercana a las raíces, que serían la "Generación Silente," una de las mejores generaciones que han surgido desde que hemos estudiado la sociología, y serían hoy en día, si viven, nonagenarios o incluso centenarios. Fueron una generación de altos valores familiares y con una ética de vida que los llevó a ser fundadores de empresas y héroes de guerra. 

Seguidamente, vemos a los "baby boomers," nacidos en la postguerra y, para muchos, una generación consentida y pujante. Aunque muchos de ellos pudieron haberse desviado de su arbol madre en los años 60s, sus frutos crecieron con la influencia, los valores y la ética de sus progenitores.

La semilla de los "Baby Boomers," hoy en día septuagenarios u octogenarios, somos nosotros, la Generación X, quizá la más compleja de todas las generaciones y la que lleva, hoy por hoy, el legado y la responsabilidad de que nuestro susodicho arbol se mantenga erecto contra viento y marea.

La parte más debilitada de este arbol es la Generación Z, nuestros jóvenes y adolescentes que se mecen con los vendavales y están alejados moral y éticamente de las raíces, pero no se rompen--por el momento.

Las flores de este arbol ya han empezado a germinar y son la generación "alfa," los niños.

Hacer un análisis profundo de las múltiples generaciones que se erigen en este "arbol" es urgente e imprescindible. Nuestra civilización entera depende de la sobrevivencia de este "bosque" multi generacional.

Muy desgraciadamente nuestro “ecosistema” es vulnerable y podríamos ser consumidos por las llamaradas de ideologías y agendas que ya cercan y vigilan nuestro alrededor como zamuros.

En estos árboles centenarios, en las últimas décadas, se han visto hospedarse a múltiples y coloridas “orquídeas” que si bien no son parte de la matriz generacional a la que nos referimos en nuestra analogía, podrían ser cruciales para la sobrevivencia de nuestro bosque: los millennials.

La generación "Millennial," igualmente conocida como la "Generación Y," es quizá la más difícil de definir y de comprender. En nuestro arbol, los veríamos crecer, entre la Generación X y la Generación Z.

Con altas variaciones en cuanto a su edad, me gustaría utilizar la definición más común en mi opinión. Millennials son aquellas personas nacidas entre 1987 y 1999. 

Sus padres son, igual que ellos, epífitas que se adhirieron a nuestro arbol en los años 50s.

A los millennials quizá no los esperábamos, pero hoy por hoy, tenemos que dar gracias a Dios que nos hayan elegido a nosotros para hacer sus hogares y engalanarnos con la amplia gama de su sabiduría.

Entre la Generación X y los millennials ha habido profundas rivalidades. Las diferencias en pensamiento y en acción son abismales.

El millennial es agresivo, veraz, impulsivo, pragmático y hasta un poco insolente. La Generación X es lenta, pacifista, cautelosa y desconfiada. Pero veinte años de “convivencia” con los millennials en nuestro "tronco" ya han hecho que nuestra savia tenga la esencia de estos polinizadores multicolores.

¿Por qué se hace imprescindible hacer un análisis de la Generación Y? 

Quizá la respuesta más objetiva es que los millennials constituyen el mayor número de personas en la esfera laboral a nivel mundial. Sólo en los Estados Unidos, los millennials constituyen aproximadamente el 35% de los trabajadores activos. Estamos hablando de un número aproximado de 56 millones de personas. 

El millennial, sin embargo, no tiene, para nada la misma ética laboral y de vida que lo que estamos acostumbrados a ver en mi generación. Y ni hablar de lo lejanos que están de los "Boomers."

Los millennials tienen su propia voz. Sus propias reglas. Su propia visión. 

Pero es cada vez más urgente estudiarlos al detalle, porque a pesar de su juventud, llevan en su esencia una sapiencia que ya la quisiéramos nosotros que somos más experimentados y "ancianos."

Por mucho tiempo mi impresión de los millennials fue profundamente negativa. Mi rechazo hacia ellos era total. 

Me acuerdo de que hace unos 15 años atrás vi un reportaje sobre los millennials, en una época en que éstos eran tan imberbes e insoportables como ahora son los Gen Z.

Pero hoy en día las palabras que escuché hablar sobre esa juventud, me acompañan y me han inspirado más de lo que me gustaría confesar.

Cuando el millennial empieza a llegar al campo de trabajo, ya éstos habían sido programados a través de su educación, y más que todo, a partir de su extensa exposición a las altas tecnologías, a que sólo deseaban trabajar en ambientes donde pudiesen aplicar su conocimiento y donde pudiesen fundir sus valores personales con los valores de la empresa que los emplearía.

Esto jamás lo tomamos en cuenta nosotros, ni nuestros padres, y mucho menos nuestros abuelos. Oír esto era el acabose, y enseguida los asociamos con los "hippies," y los despreciamos e intentamos que dejaran nuestro arbol. Los confundimos con verdaderos parásitos.

Pero los millennials no abandonaron su nicho. De hecho, siguieron prosperando y creciendo en número y en influencia.

Un ejemplo de esta filosofía la encontramos en el empresario Ben Lerer.

Lerer es el co-fundador de la popular página web llamada "Thrillist" (thrillist.com) que es una guía para los que buscan aventuras culinarias y viajes exóticos dirigidos a los gustos y paladares más jóvenes. "Thrillist" fue fundada en el 2004, cuando Lerer tenía unos 18 años. Hoy, a sus 38 años ya tiene en su haber varias empresas "start ups," un innovador concepto que aclararemos en unos instantes.

Ben Lerer tiene una frase muy interesante que nos lleva con la puntería de un láser a las neuronas de un millennial: "La gente que trabaja para ti no está construyendo una empresa para ti, la están construyendo para sí mismos, son el centro de su propio universo. El hecho de que usted sea el director ejecutivo no significa que vengan a trabajar todos los días para hacerle feliz. Quieren ser felices y tu trabajo es mantenerlos así."

Los millennials son estridentes y vanidosos. De hecho fueron la primera "generación woke" que existió por décadas, hasta que los Gen Z se hicieron mayores.

Pero quiero volver por un instante a este concepto que trajeron los millennials a nuestra fuerza laboral. 

Hasta que llegaron ellos, nuestras generaciones trabajaban con disciplina y dedicación. Y no se nos planteaba que nuestros ideales estuvieran moldeados a una empresa en particular. Fuimos criados para el esfuerzo y la dedicación, nuestros padres inculcaron en nosotros la constancia, la responsabilidad extrema, la lealtad y la búsqueda de la excelencia.

Se hacía énfasis en crear un curriculum donde se reflejara nuestra competencia, y apostábamos por buenos beneficios y un plan de retiro.

Los millennials son excelentes sin buscarlo. Han nacido con un conocimiento nato de la world wide web. Ya manejaban las tabletas y los teléfonos inteligentes. Una computadora no era, como lo fue para nosotros, un objeto exótico y primitivo. El millennial ya hablaba de "gigabytes."

Los problemas de índole social obsesionaron a los millennials desde su infancia. Sus padres--y sobre todo sus madres--fueron pioneras del feminismo y de la revolución sexual.

El millennial no veía a una empresa por sus beneficios y sus prestaciones. El millennial llegaba para crearse su propia agenda laboral. Lo que no estaba inventado, ellos lo crearon con una habilidad que nos dejó atónitos.

Las redes sociales de nuestros días fueron generadas por los millennials. La gran mayoría de ellos tienen sus propias empresas y los llamados "start ups."

Un "start up" podría decirse que es una empresa constituida por pequeños y jovencísimos empresarios que invierten en una idea, producto o servicio. De aquí saben sacar sus mayores beneficios y costos. Puede que un "start up" no llegue a tener mucho tiempo de vida, pero en su breve existencia, tampoco podemos extrañarnos si llegan a estar en las listas de los "Fortune 500" (Las empresas más prolíficas y más solventes de Wall Street en el caso de los EEUU)

Quizá el desarrollo de estas magníficas orquídeas y su peculiar manera de hacer su fotosíntesis, aprovechando el soporte que le damos, hizo que fuesen los millennials los que fueran "captados" por las agendas ideológicas que ya venían arrastrándose por nuestros bosques.

A estas agendas sí sería adecuado denominarlas parásitos, y su veneno ya ha alcanzado a nuestras ramas más vulnerables.

El millennial se dejó seducir por la narrativa "woke" de un supuesto apocalipsis climático, que cada vez nos damos más cuenta, que es un fantoche creado para introducir costosísimos e inservibles programas ecológicos. 

Los millennials son estudiantes de propaganda, y tan fascinados han estado con ella, que sin querer, la han absorbido como absorben energía solar las orquídeas en sus alturas.

El millennial acepta y propaga la agenda de los lobbies del LGTBQ, y han visto como sus ambiciosas arcas se han llenado a tope con la creación de mercancía, servicios y narrativas progresistas.

De hecho, hoy por hoy hay más millonarios millennials que boomers. Lo que a la generación de nuestros padres y abuelos, pudo costar 40 años, el millennial lo logró en menos de diez.

No ha habido lo que esta prodigiosa generación no pueda lograr.

Entre nosotros, los X, y ellos, los Y, había poca comunicación y una rivalidad que no parecía poder conciliarse. Mucho sería por celos, imagino yo. 

Pero en esta convivencia nuestra manera de ver el mundo, y nuestro despertar de consciencia, nos hizo ver lo necesario que era tener a nuestras orquídeas haciendo gala de su magnificencia.

Los millennials empezaron a madurar y la Generación X comenzó a tomar nota de sus manifiestos y sus enseñanzas.

Pero sucedió algo que nos sorprendió a todos los que hemos visto a los millennials crecer y hacerse adultos.

Los y se convirtieron en padres y madres de familia.

Los millennials son quizá la generación más fértil que existe actualmente. Sus solventes y abundantes finanzas los han visto reproducirse con facilidad. Los millennials mayores ya bordan los cuarenta y es común ver familias numerosas, con tres y cuatro hijos.

Mi generación, la generación X es completamente seca, mustia y ha tenido muy pocos hijos. Muchos de mi generación ya son abuelos. Pero francamente mi generación ha sido bastante mediocre criando a nuestros jóvenes. Se dice, sin embargo, que los padres que han escogido tener a sus hijos después de los 40 años, se han visto adquiriendo una mejor consciencia para estar presentes y atentos en la vida de estos niños.

Pero esta conversación ya la hemos tenido en otros análisis anteriores.

Volvamos a los millennials.

La denominada generación "alfa," los más pequeños brotes de nuestro arbol son, en su gran mayoría, las semillas de los millennials. Muchos de estos niños están ya en edades escolares.

El turbio, preocupante y alarmante reflejo que se ha podido ver en los niños, es lo que ha hecho a los millennials hacer un frenazo contundente en sus constantes búsquedas ideológicas y sus despreocupantes aventuras laborales.

El caos provocado por los parásitos, que ya se ha vuelto casi una pandemia incurable, es lo que ha hecho que los millennials vuelquen sus raíces a su "arbol matriz" para buscar ayuda y sabiduría.

Para darles un ejemplo.

Un estudio realizado por la universidad de Stanford, en California, pudo ver que hasta el año 2022, había un 80 por ciento de millennials que seguían adheridos a su filosofía de vida de emplearse o crear empresas basadas en sus valores progresistas. Esto es comúnmente llamado "capitalismo woke."

¡Pues, para sorpresa de todos, ese mismo número de millennials en el 2023, es decir, apenas un año después ha bajado al 58%! Y sigue cayendo en picada.

Los millennials fueron los primeros en hacer todo un movimiento para crear consciencia en el cuidado y desarrollo de la salud mental. Pero sus esfuerzos llevaron a millones de jóvenes a ser completamente frágiles, al punto que la Generación Z es conocida como la generación "de cristal."

Aunque están muy próximos en edad, los millennials, y esto está bien documentado, y yo, en mi experiencia laboral lo he visto de primera mano, desprecian a los Gen Z. Los miran, como se diría popularmente, por encima del hombro.

Sin embargo, los Gen Z se desviven por ser como los millennials. Son estos sus ídolos y sus modelos.

Los cambios ideológicos y el desarrollo emocional de los millennials, cuanto menos admirable, nos han hecho volcarnos a ellos y hemos podido experimentar una simbiosis de valores y conocimientos que nos ha hecho, de a poco, extraordinarios aliados.

La peste avanza y el despertar de los millennials, e incluso, de nosotros, los GenX, ha sido lento. Pero no se extingue ni se detiene. Al contrario.

Ahora muchos de nosotros, a pesar de doblarle, en muchos casos, en edad y experiencia, estamos dando a los millennials valores de vida y de desarrollo espiritual que bien que los millennials necesitaban acoger. Y los millennials, sorpresivamente, cuando se trata de ir a las urnas electorales, se han convertido en votantes conservadores sin mano izquierda.

Todo sea por los más jóvenes y todo sea por erradicar la plaga y extinguir el incendio que nos amenaza con consumir a nuestra civilización entera.

Millennials y Gen X, juntos por fin. Y en esa unión está la fuerza.

El arbol ha de seguir en pie.



Tuesday, February 27, 2024

La Generación Z: Ergofóbica y Solitaria


En mi familia, de toda la vida, escuché hablar del llamado "hombre de las pantuflas." Llámese pantuflas a las zapatillas de estar en casa. Así las conocíamos en Venezuela.

Ser "un hombre empantuflado," como se diría vulgarmente, estaba lejos de ser un mote ofensivo. Al contrario, era la estampa del hombre, que trás haber trabajado décadas con absoluto compromiso y sentido del deber, podía gozar de su jubilación sin preocupación alguna.

Salomón, mi abuelo, fue, sin duda, durante mi infancia ese gran señor, un modelo de virtud, que pudo, con satisfacción e integridad, después de medio siglo de dedicación y sacrificio, colgar el maletín y ponerse sus pantunflas. Bravo!

Mi abuelo cumpliría este año 120 años, y pertenece a la tan bien ponderada "generación silenciosa." Un grupo de personas con valores exquisitos y una disciplina inigualable para el trabajo duro. Esto sin mencionar que muchos fueron héroes de guerra.

Mi abuelo nació en la Argelia francesa y desde muy joven trabajó con su cuñado que ya tenía un negocio próspero en Venezuela. Allí se enamoró de mi abuela y tuvieron una familia ejemplar.

Para cuando yo nací mi abuelo ya trabajaba menos y pude disfrutarlo en los años de su jubilación. Una jubilación que fue no sólo merecida sino muy bien planeada.

Mi abuelo Salomón se dio--y nos dio a todos--muchos gustos. Él y mi abuela tuvieron el privilegio de viajar a París en el codiciado "Concorde" cuando éste llegaba con toda pompa al Aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetía, uno de los poquísimos que estaba dotado para un avión que rompía la barrera del sonido.

El concepto del trabajo para la generación de mis abuelos era sagrado. Y bien que mis padres asimilaron este concepto para sí y para nosotros que nacimos en la complicada década de los 70s.

Desde que empecé a ir al colegio a los cinco años, yo estaba más que segura que no solamente cursaría estudios universitarios, sino que me era claro que para ganarme la vida tenía que buscarme mi estabilidad económica a partir de un empleo.

Yo no juzgo si este modelo de vida era o no el mejor. Para las personas de mi generación fue fácil abrazar estos valores. Sin chistar.

Muy tristemente, como veremos a continuación a lo largo de este análisis, mi generación podría ser la última que entienda y promueva la necesidad de adquirir responsabilidades laborales.

Los que nacimos entre 1964 y 1986, somos conocidos como la Generación X. En Venezuela nos apodaron la Generación Halley, por haber sido testigos de la aparición del cometa en 1986 en su punto más cercano a nuestra órbita.

La mayoría de nosotros somos cincuentones. Muchos ya son abuelos, y otros, por circunstancias diversas son padres de criaturas aún en pañales.

Mi generación es una generación compleja, y ya me ha tocado hablar de ella en varias ocasiones.

Por nuestra edad, ya somos conscientes de ver la llegada de tres generaciones nuevas. La Generación Y, a la que todos conocemos como los "millennials," la Generación Z, en la que haremos especial énfasis, y los niños menores de 10 años, a los que, a falta de letras de nuestro alfabeto tradicional, llamamos "Alfa."

El estudio de las múltiples generaciones, pasadas y presentes, es quizá de los más fascinantes que hay, porque, en mi opinión, el comportamiento sicológico, emocional y social de cada grupo de personas es un perfecto medidor de cómo va el mundo.

La gran mayoría de la "generación silenciosa," por supuesto ya ha fallecido, pero si nos detenemos a estudiar la historia de nuestra civilización para cuando ellos estaban en la palestra y eran laboralmente activos, sin duda alguna, nos vamos a encontrar con un período de abundancia, de ley y orden, de educación impecable, de políticos hábiles y de un desarrollo económico que ya lo quisiéramos hoy en día.

Es impresionante ver el deterioro moral y social en el que nos encontramos tristemente presos. Somos una sociedad francamente desanimada, servil y mediocre.

Si bien vemos a la figura de los "boomers" aún muy activa a pesar de ser casi octogenarios, es triste y vergonzoso ver que los individuos de mi generación a los que ya ha tocado montarse en el aparato de poder, bien sea a nivel empresarial o político, son, en un amplio porcentaje, decepcionantes.

Si vemos a las diferentes generaciones como un gigantesco arbol matriz, nos daremos cuenta que la Generación Z es el fruto más próximo a madurar de este árbol. Nosotros, su generación madre, ya deberíamos estar en una posición de estar tranquilos con el trabajo que hemos hecho con los más jóvenes. ¡Pero vaya decepción!

Si no actuamos con urgencia, nuestra civilización estará apta para recibir la extremaunción.

Y esto no es una exageración.

No deseo ser políticamente correcta abordando este delicado tema.

Sobre la generación Z podríamos discutir varios aspectos. Lo hemos hecho antes y lo debemos de volver a hacer. 

Pero me quiero enfocar en la preocupante ergofobia que tienen los jóvenes. Ergofobia se define como un miedo aterrador a trabajar.

Este comportamiento ya tiene bastante rato sucediendo, y si cabe destacarse, la pandemia del COVID-19, empeoró la situación.

Para ilustrar este punto, me gustaría darle dos ejemplos muy puntuales. Ambos ejemplos se han hecho vídeos virales a través de las plataformas de YouTube o de Instagram. Y por supuesto, Tik Tok, a quien bien podríamos culpabilizar sin miramientos de ser, en gran parte, el destructor emocional de esta generación tan frágil y tan vulnerable. No en vano hay quienes la apodan la generación de "los copos de nieve."

El primer ejemplo nos muestra a una joven que acaba de conseguir su primer trabajo de "9 a 5." En Estados Unidos, el 90 por ciento de trabajos en oficinas tienen ese horario. Pues esta muchacha estaba llorando como una Magdalena porque ese trabajo la tenía levantándose a las 7 de la mañana y, cuando por fin llegaba a casa, eran las 6 de la tarde y no le daba tiempo de hacer sus vídeos de Tik Tok. Es difícil describir lo desconsolada que estaba cuando su actitud debería ser de enorme gratitud que pudo conseguir un empleo que apenas la ponía a laborar por ocho horas.

El ciudadano promedio de Estados Unidos, en muchísimos casos tiene dos empleos. A veces, incluso tres, y aun así, no le alcanza para vivir.

Por la apariencia de su vestuario, y lo que dejaba de ver de su habitación, esta mujer podía decirse de clase media alta o clase alta.

Las lágrimas no la dejaban hablar. Este mismo "show" se ve por doquier en las redes sociales, con millones de visualizaciones y con comentarios donde otros usuarios también se hacen eco de la "desdicha" de tener que trabajar.

El otro ejemplo, igualmente patético, es más reciente, y muestra a una muchacha que debe tener unos 22 años. Acababa de graduarse de comunicaciones y actuación y estaba filmando un Tik Tok en plena calle mientras nos dice que se sentía profundamente acojongada. En sus brazos tenía su bolso y un fajo de resumés (curriculi vitae) y, por lo que ella misma indica, estaba buscando su primer trabajo, de puerta en puerta.

Esta chica tenía un problema y era que, por un lado, sólo podía adquirir trabajos como principiante en comercios o como barista, porque nadie más la aceptaba.

Pero lo peor es que ella abre su corazón, comienza a llorar con desconsuelo y nos dice que lo único que ella quería era poder vivir de hacer Tik Toks--pero que debía ser realista. Añadía que se sentía engañada. Nunca imaginó que buscar trabajo sería tan complicado y cansino.

La segunda joven, dado que tenía dotes de actriz, podría haber fingido un poco su historia. Y de hecho se volvió viral, por lo que quizá cumpla su "sueño dorado."

Si bien es muy importante no generalizar que todos los "centennials" son iguales. Lamentablemente, este tipo de circo es muy común que lo veamos entre los jóvenes recién graduados, o a punto de finalizar su último año de escuela.

Cuando yo terminé mi bachillerato en 1990, al año siguiente, entré en la Universidad. Escogí Periodismo y Ciencias Políticas. Mi primer trabajo me lo dio la misma universidad ayudando a estudiantes que tenían dificultad con Matemáticas y con el español. Paralelamente hice 2 pasantías. 

Esto no es el querer presumir. Esto es un comportamiento completamente normal en mi generación. Ya después la vida nos ha llevado por los caminos que nos ha tocado, pero nuestra actitud jamás, que yo recuerde, fue la de tenerle aversión a la responsabilidad de un trabajo.

En los últimos tiempos he tenido varias oportunidades de compartir muchísimo con jóvenes de la generación Z en mi trabajo actual. Al principio muestran entusiasmo y se amoldan a las reglas y a sus horarios. Pero a los pocos meses, ya empiezan a dar problemas por su falta de disciplina y su mala conducta.

Llegan tarde o se ausentan más de lo debido. 

¿Qué sucede aquí?

Si hablamos con franqueza, los jóvenes "post-millennials" son impresionantemente inteligentes. A diferencia de sus antecesores, este grupo ya nació en la era de las redes sociales y del iPhone. Son "tekkies" bárbaros! Los tekkies son genios de la tecnología y la computación, para los que no conocen esta terminología.

Pero son bastante incultos, impresionables y con una capacidad mínima de distinguir entre lo bueno y lo malo. Su meta es encontrar lo que está "in" o "cool." Creo que no tenemos que traducirlo.

Así como denominamos a nuestros abuelos--bisabuelos de estos Gen Z--la generación silente, por esa increíble disciplina, resiliencia y determinación para el triunfo, bien podríamos denominar a sus herederos la "generación solitaria."

El uso indiscriminado de las redes los ha hecho aislarse del mundo. Sus padres son prácticamente fantasmas en la vida de estos jóvenes. Y vale la pena repetir el por qué. Mi generación ha demostrado ser egoísta, sobre todo las madres. En la búsqueda constante de sus propios logros profesionales, los progenitores de la Gen Z están ausentes del hogar. Indiferentes a las actividades de sus hijos y demasiado cansados para intervenir en asuntos que consideran triviales.

En una sociedad tan penetrada e influenciada por agentes con agendas, los jóvenes sí que van a tener quienes los capten. Y allí está la tragedia.

Hay un dato alarmante. Por dar solamente un ejemplo, más del 40 por ciento de los Gen Z se consideran parte del espectro LGTBQ. 

Hablando sin tapujos, este dato los hace, al menos en teoría, una generación prácticamente estéril, biológicamente hablando. 

Por otro lado, son, para sus empleadores, un problema por las constantes exigencias que tienen de ser reconocidos por cualquier cantidad de pronombres y por sus dramas existenciales que luego desahogan frente a su teléfono.

El mejor amigo de los "centennials" son sus teléfonos. Y esto no es broma.

Hay un factor imprescindible que tenemos que tomar muchísimo en cuenta en este análisis.

La Generación Z ya es votante. Su irresponsabilidad y sus endebles criterios podrían estar poniendo en peligro a nuestras naciones, dado que los políticos, de muy malas maneras, y con especial énfasis, cuentan con que estos jóvenes, en el sentido griego de la palabra, son idiotas. 

Las campañas electorales para esta generación se manipulan enteramente por TikTok. Un 59 por ciento de jóvenes menores de 30 años llevaron a Joe Biden a la Casa Blanca. Esto no es un buen síntoma.

Dada esa incapacidad de poder pensar por sí mismos, y su torpeza al enfrentarse con el mundo de "los adultos" los jóvenes se ven entre los seres con mayores porcentajes de sufrir ansiedad y depresión.

La generación "Y" los trata a la patada. Eso es cierto. Si bien nosotros, la generación madre de estos muchachos jóvenes y adolescentes, estamos ausentes, los "millennials" les tienen mucho desprecio.

La excepción a esta regla son los famosos. Los "millennials" que son grandes celebridades bien que se han encontrado en los Gen Z a su más preciada mina de oro.

La generación "alfa" ya, a pesar de que son muy niños, demuestran que son una generación, al menos por ahora, compuesta por pequeños demonios y analfabetas funcionales.

¿Qué queda hacer entonces?

Por una parte, tenemos que apelar al paso inevitable del tiempo. La generación Z no siempre será veinteañera. En cuestión de una década, la gran mayoría tendrán las responsabilidades de hipotecas y de familias propias.

Por otro lado, mi generación, debe hacerse una crítica voraz, agresiva y cuando menos constructiva de cómo recoger a estos jóvenes tan indigentes emocionalmente y fortalecerlos. Rescatar del baúl de los recuerdos las historias de valentía de los abuelos.

Muchos de nosotros no somos padres biológicos, pero debemos ser mentores.

En mi trabajo, los Gen Z que son mis compañeros, me respetan de tal manera, que sé que me temen. Me tratan con infinita reverencia. Supongo que esto es bueno. No lo sé. Pero prefiero ser severa y no hacerme cómplice de sus juveniles devaneos.

Muchos padres pagarán con creces la indiferencia a la que han optado. Habrán historias de dolor y de gloria, cuando los Gen Z tengan nuestra edad. 

Tenemos que prestar suma atención a toda la información que reciben los jóvenes en las universidades, que como nos hemos dado cuenta, son nidos para gestar racismo, xenofobia, antisemistismo y wokismo al extremo. 

Debemos parar en seco el auge que podrían tener todos los artistas que, como Taylor Swift, ídolo supremo de la Gen Z, son poco más que corruptos caballos de Troya, trayendo en sus repertorios letras que podrían estar mal influenciando a los más vulnerables.

El Gen Z puede que se haga el tonto. Pero tonto no lo es. Vuelvo y repito, poseen una capacidad de raciocinio admirable y muestran sus verdaderos dones a una edad temprana.

La alergia al trabajo es únicamente un síntoma. Es un efecto secundario al pavor que le tienen al mundo real donde han recibido estímulos confusos y se les ha arrebatado la brújula de su alma.

Nos toca escuchar. Escuchar. Y escuchar. Y escuchar. A partir de lo que aprendemos de primera mano al conversar con los jóvenes, tenemos que crear una Wikipedia, una efectiva enciclopedia digital, si se quiere, que nos sirva de referencia.

Esto, obviamente, lo digo en sentido figurado. Pero es que hace falta un manual para que, a todo nivel, podamos entender tanto lo que excita como lo que atemoriza a los más jóvenes. Prestar atención a dónde se hacen sonar las alarmas.

Los Gen Z están deseosísimos de validación y de cariño. Tengamos eso en cuenta.

Finalmente hay que acercarlos al concepto de Dios. El Dios verdadero, no los dioses con arrobas y hashtags. 

Me gusta pensar que nuestro legado será, precisamente éso, una luminosa, efectiva y exigente escala de valores.

Sé que hay esperanza. Tenemos que mantenernos optimistas.

No podemos morir sin saber que hemos hecho todo lo posible por levantar los pilares de esta civilización desde "la alfa hasta la zeta."

Recordemos que hace 600 años, Juana de Arco, hoy en día considerada una joven "post-millenial" cambió la historia de Francia y revirtió una guerra que ya duraba casi un siglo. Todo esto a los 17 años.

Señores míos, hala! Menos Taylors y más Juanas!



Monday, January 8, 2024

La Generación Alfa...Bienaventuranza o Apocalipsis de Nuestra Sociedad?


En el "Cuento de Navidad," obra magna del novelista y crítico inglés Charles Dickens publicada en 1843, el clímax de la historia se presenta cuando, ante un asustadísimo y compungido Ebenezer Scrouge, el senil y perverso protagonista de esta, podríamos llamarla fábula, se ve frente a frente con el llamado "Fantasma de la Navidad Futura."

Esta figura es, a propósito del drama, una figura tétrica, que asemeja a La Muerte y tiene como cometido enseñarle al viejo cascarrabias cómo será su entierro, en una tumba abandonada por todos, ya que en vida no cultivó afecto alguno.

Pero a Scrouge lo que lo hace temblar, y por consecuencia, hacerse un hombre afable y generoso, es que en el mismo cementerio, su empleado, el fiel y servil Bob Cratchit, está enterrando a su hijo paralítico, Tiny Tim (el pequeño Tim)

El genio de Dickens diseña una trama donde el lúgubre futuro de Scrouge se congela en el tiempo. Es decir, Scrouge tiene chance de arrepentirse de sus terribles conductas, y, si así lo hace, su horripilante futuro puede ser prometedor e incluso, puede salvar al pequeño hijo de Cratchit, como en efecto sucede.

Si tan solo pudiésemos llevar la magia de Dickens a nuestro siglo. A nuestra realidad. A la realidad de millones de niños.

Si tan solo pudiésemos ser nosotros, con plena consciencia de lo que se avecina, los "fantasmas del porvenir" y decirle a los más jóvenes y vulnerables de este mundo, mira lo que te espera si sigues por ese macabro camino.

Pero, por desgracia, no podemos detener el tiempo.

Y sólo tenemos una oportunidad. Hoy. Ya. Ahora. 

La generación alfa está en grave peligro. ¿Quiénes son? ¿Y quienes son los mayores responsables de que hoy los más pequeños ya estén condenados al fracaso más estrepitoso?

Empecemos por el principio...

¿Cuál es la denominada "Generación Alfa"?

En términos muy generales, dícese de la Generación Alfa, a todos los niños nacidos desde el 2010 hasta el presente. Con la Generación Zeta hemos llegado al final del alfabeto. Empezamos con las letras del abecedario griego.

Los primogénitos de esta generación serían, por un lado, los denominados "Millennials" o, por otro lado, son los hijos pequeños de mi generación, la Generación X.

Dado que estamos hablando de menores muy pequeños, para buscar un culpable de lo que estamos tristemente padeciendo con estos cachorros de nuestra decadente sociedad, solo podemos apuntar, utilizando el nombre de la famosa cinta de horror de 1992 del director Curtis Hanson, a "la mano que mueve la cuna." Es decir, mi generación y los complejos millennials tenemos que hacer una férrea autocrítica.

La generación alfa ya está naciendo en medio de esta nueva revolución industrial y tecnológica que es abanderada por el internet y, por supuesto, las redes sociales.

El primer juguete de estos niños, en millares de hogares contemporáneos, es una iPad, y, desde que tienen uso de razón, ya conocen como funciona Tik Tok, y puede que tengan su propia cuenta.

Claro está que nada de esto sería posible sin que detrás de esta realidad, se encuentran un grupo de padres no solo irresponsables. Lo siguiente.

Pero sobre todo padres egoístas e incluso ausentes. No porque no tengan una presencia real, sino por una creciente apatía y una preocupante falta de atención a los detalles.

Los valores de las generaciones que han engendrado tan malas semillas están absolutamente trastocados, e inmensamente poseídos por falsas narrativas de lo que es la infancia, muy, pero muy alejada de lo que fue nuestra niñez, marcada por juegos y lecturas y películas de superhéroes y princesas.

Sin embargo, los padres, los maestros y cualesquiera que fuesen los mentores o representantes de estos niños, argumentan, con la cara muy lavada, que todo lo que hacen, lo hacen con "la mejor de las intenciones."

Y así, una vez más, sacaremos a relucir la famosa frase que ya analizamos anteriormente: "el camino al infierno está empedrado con buenas intenciones."

La hemeroteca de testimonios sobre el nefasto comportamiento de los niños, hoy por hoy, es, tristemente, amplísima.

Sabemos, entre otras cosas, que estos jóvenes tienen el peor rendimiento académico que jamás se haya visto. Las escuelas están pasando de grado a niños de un año al siguiente sin tomar en cuenta que no han podido asimilar ni conocimientos de matemática, ni de gramática.

De hecho, hay niños en los Estados Unidos, de aproximadamente 13 o 14 años, que saben leer como pequeños de 4to y 5to grado.

Según los estudios, este bajísimo promedio se debe a que no leen. Todo lo que conocen es lo que se les provee a través de los juegos electrónicos que sus padres o hermanos mayores le dan para que se distraigan.

Para abordar este tópico, es menester dar múltiples ejemplos. Y es a partir de estas ilustraciones que podemos tener consciencia de cuán difícil es la situación que nos atañe, y nos atañe no a unos pocos, sino a todos nosotros.

Las madres de la generación alfa, en su gran mayoría, son madres que trabajan fuera del hogar. Pero esto no sería lo grave. Lo grave es que estas señoras tienen muy claro que lo más importante para ellas es su carrera. Y punto.

A estas mujeres les es importantísimo su crecimiento empresarial. Los horarios de trabajo muchas veces así lo reflejan. De aquí que para estas madres sea tan cómodo que sus niños estén constantemente "ocupados" para que así ellas puedan concentrarse en sus exigentes compromisos profesionales y sociales.

Teniendo en cuenta que los padres han cumplido el rol de los proveedores desde tiempos inmemoriales, el resultado es una familia donde ninguno de los dos progenitores está pendiente del desarrollo de sus hijos pequeños a tiempo completo.

Este rol pasa a manos invisibles, pero con un poderío inmenso para moldear el pensamiento y el comportamiento de los menores.

Con padres indiferentes, es más sencillo crearse "nanas" ideológicas y narrativas infinitamente atractivas.

Dada la complejidad de las vidas profesionales de los padres, estos, francamente, no tienen ni pizca de ganas de lidiar con los maestros de las escuelas. Y me refiero, obviamente, a una minoría pensante de maestros que se han dado cuenta de que su papel, tal y como ellos pensarían que iba a ser cuando se dedicaron a la docencia, es una terrible pesadilla.

Hay infinidad de testimonios de maestros, varios de ellos, veinteañeros, consternados y frustrados por el terrible proceder de los niños en sus aulas escolares.

No saben leer, como ya hemos mencionado, pero se saben de memoria, y esto puede comprobarse, las más soeces letras de hip hop y reggaeton de los artistas de moda.

No conocen ni a Miguel de Cervantes, ni Isabel Allende ni a Mario Vargas Llosa, pero si conocen a Bad Bunny y cantan sus canciones imitando el odioso acento del ídolo boricua.

Las clases de gimnasia son muestras aberrantes de como las niñas se contorsionan con gestos vulgares y expresiones altamente sexualizadas. Todo esto cortesía de Cardi B o Meghan Thee Stallion, por dar ejemplos de artistas Norteamericanas.

La grave sicología parental a las que se adhieren los padres de los "Gen Alfa," como se les llama comúnmente, es tal que no debe jamás aplicarse la disciplina. Eso es anatema. Eso es contraproducente y traumático.

Esta falta de decoro y de educación es más que evidente en lugares públicos y establecimientos comerciales donde a los niños se les deja correr libremente y se jactan de tirar mercancía al suelo, gritar, mientras los padres están muy al tanto, pero son impasibles.

Este comportamiento ha sido estudiado al detalle por las empresas que controlan las nuevas agendas ideológicas.

Vemos instancias donde, con la excusa de integrar a los niños a una sociedad más tolerante y diversa, los padres ya no llevan a sus hijos al cine, sino a espectáculos de "drag queens" o travestis donde estos hombres disfrazados toman de la mano a los pequeñitos y los ayudan a introducir billetes en sus obscenos trajes.

En el público, los adultos aplauden con entusiasmo y vítores.

Las librerías están cundidas de literatura que, si bien está dirigida a menores de edad con ilustraciones y un lenguaje primitivo, tocan temas de sexualidad avanzada o "premian" a los niños que se adhieren a una falsa concepción de la existencia de múltiples géneros.

Un terrible presagio de lo que podría estarse gestando para el futuro de las nuevas generaciones, lo vemos en Barranquilla, Colombia.

En el Parque de Los Corales, en el Gran Malecón, una estampa de esta ciudad colombiana, se erige entre árboles y flores una estatua de bronce. Se preguntarán ustedes de quién. ¿Será del "Padre de la Patria," El Libertador Simón Bolívar?

No señoras y señores, de Shakira.

Sí, Shakira, la artista. La cantante que nació en dicha ciudad en el año de 1977.

Es una estatua de bronce con una imágen de la intérprete de Waka Waka, y de Loba, entre docenas de canciones.

La cantautora mide poco más de metro y medio. Su estatua mide más de seis metros. Así como lo oyen, mide seis metros y medio.

Si van a Google verán los detalles, pero, lo que es preocupante, es que esta obra está cundida de críticas positivas y se espera un éxodo masivo para ir a rendirle pleitesía.

Quería ponerles este ejemplo porque lo que esta estatua representa es verdemente alarmante.

Dada la inmensa popularidad de Shakira entre adolescentes y niños, aunque su base de fans es variada, lo que estamos viendo es que bien podría pensarse, y pongan atención a esto, es que en Colombia se quiera empezar a cambiar las imágenes de los verdaderos próceres y héroes nacionales, por las efigies de estos bien amados del género pop.

Una estatua de semejante altura no significa más que decirle a un niño, y más que nada a las hembras: "¿Ves esto, mi amor? Esta es Shakira. La ídola de mami. Esta mujer me representa y debe, por consecuencia, representarte a ti. Yo quiero que tú seas como Shakira. Una mujer empoderada. Shakira es una diosa.Tú diosa. Nuestra heroína nacional." Si esto ya no es una realidad, al tiempo.

Ojo, al dato, esta estatua, pueden estar seguros, será inmune a los activistas repugnantes que han hecho desaparecer del mapa a las efigies de Colón o Isabel La católica.

Los jóvenes colombianos no sabrán dentro de muy poco quienes son Aureliano y José Arcadio Buendía, protagonistas de la novela "Cien Años de Soledad" de Gabriel García Márquez, pero si sabrán el estribillo de las canciones que Shakira le dedicó a su amante infiel.

A los niños se les ha secuestrado moralmente y, casi en su gran mayoría, se han convertido en una bomba de tiempo.

Aunque podría ser cruel, e incluso injusto hablar en estos términos, el mirar en los ojos de un niño hoy en día, es quizá mirar a los ojos al verdugo de nuestra endeble y corrupta civilización.

¿Puede esto ser reversible?

Quisiera creer que sí, de mil amores. Pero me temo que hay cosas que parecen definitivas, sobre todo con el traspapelamiento de los roles tanto de los hombres como de las mujeres.

Para que un niño tenga una nueva consciencia y pueda ser un ser sano y congruente, sus padres tienen que tener un cambio total de perspectiva y saber estar presentes.

Muy lamentablemente, los padres tendrán que sufrir las consecuencias de esta flagrante actitud e inconmensurable narcisismo.

La generación alfa, por este camino, promete ser la de analfabetas funcionales, sumidos en una triste y profunda soledad y sicológicamente perversos.

El primer paso es darnos cuenta de que este daño lo estamos haciendo los adultos. La poca inocencia que queda en nuestros niños, seamos o no padres biológicos, tenemos, con extrema urgencia, que restaurarla y sanarla profundamente.

En la hermosa fantasía de la novela de Dickens, el escritor, muestra el lúgubre futuro de Scrouge desde el umbral. Y desde allí, con constricción y fe, el viejo mezquino ve la luz.

En nuestra realidad, que cada vez se asemeja más a una novela de horror, no estamos, desafortunadamente, viendo las desgracias desde un horizonte lejano. No. Lo estamos respirando. Lo palpamos y no podemos más que mirar nuestras manos llenas de culpa por habernos dejado anestesiar por décadas.

Pero Dios, en su infinita misericordia, con estas tragedias en ciernes, podría darnos una última oportunidad de rectificar y encaminar a los niños por el camino de la sabiduría y la rectitud.

Hoy nosotros somos el faro que ha de guiarlos a todos.

Pero debemos poner en manos de los niños la luz que hará de ellos los alfas de futuras y enriquecidas manadas de luminarias y nuevos líderes.

Nos dice el salmo 127:3-5, en el libro de "Ketuvim" de la biblia hebrea:

"He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado...Los niños son de un valor inmenso: ¡son una bendición!"

Alguna vez, nuestros padres y nuestros abuelos nos decían llenos de orgullo: "el mundo es de ustedes."

Ahora tenemos que trabajar con más propósito que nunca, para dar, con máxima confianza, el relevo a los que han de calibrar la brújula hacia un nuevo norte de nuestra civilización.

Seamos Guerreros de la Luz---no de Tablero!

En el año 73 AC, Roma vio los cimientos de su República temblar como pocas veces. Revueltas habían sido vividas. Hazañas habían sido contada...