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Monday, September 29, 2025

Está Occidente demasiado Apaciguado Con los Pantanos del Terror?


En Enero de 1940, en La Cámara de los Comunes, el que fuese el Primer Ministro del Reino Unido en aquellos años, nada más y nada menos que Winston Churchill, pronunció unas palabras, cuyo eco resuena hoy, quizá con más fuerza que lo que ya en su día se apreciaba.

Esa frase es:

"Un apaciguador es aquel que alimenta a un cocodrilo con la esperanza de que sea él el último en comérselo"

Frente a la contundencia de esta frase, es imposible no hacer reverencia.

Quizá en esta reflexión de Churchill se pueda explicar el acabose de la situación que tristemente padecemos en Occidente.

De hecho, en ese concepto de “apaciguar” es que podemos encontrar todas las respuestas, y, si estamos todos dispuestos a ponernos manos a la obra, también la solución a este Sansón ideológico que nos amenaza y nos acecha sin tregua.

Originalmente, las palabras de Churchill, para ponerlas en su adecuado contexto, se refirieron a la actitud mansa, amanerada, y buenista con la que Inglaterra en los años 30s, con la llegada de Adolfo Hitler al Bundestag de Berlín, trató con el que sería una década y media después, un líder despiadado y sanguinario.

“Apaciguar” se define como poner en paz, sosegar, aquietar.

La frase hace referencia a un cocodrilo (o un caimán, como prefieran) que es una analogía para un enemigo que se percibe como fuerte, peligroso.

El verbo “apaciguar” automáticamente hace ver que el “apaciguador” es un ser débil o incluso descuidado, ya que si estuviese espabilado no se mete en un pantano con aguas infectadas de cocodrilos, verdad?

Sin embargo, en esta analogía que recordamos de Churchill, el “apaciguador” apaciguó  porque quiso y por tener devaneos de grandeza.

Qué mejor ejemplo de un “apaciguador” (o tal vez, incluso, un pelele) como lo fue el Rey Eduardo VIII, que en su brevísimo reinado, junto a su controversial esposa, Wallis Simpson, coqueteó con el regímen  Nazi.

Lo hizo también como Duque de Windsor, como también lo hicieron muchos aristócratas británicos, porque, ¡qué sé yo… Estaba de moda!

¿Querría entonces la Inglaterra de los 30s estar del lado “amable” de Alemania, husmeando la ambición desmesurada del Canciller?

El hecho es que esta conducta de nada serviría, pues Inglaterra fue parte del “Bando Aliado” que acabaría con el Tercer Reich sin vuelta de hoja.

La frase de Churchill hace referencia a un animal que puede matar de una sola mordida.

El poderío de un cocodrilo quizá nos lleve al Antiguo Egipto, donde el dios Sobek estaba asociado con este animal y constituía una de las deidades con más influencia en los altares faraónicos.

Rendir pleitesía al cocodrilo seguramente tendrá alguna asociación con los rituales egipcios.

Pero esa segunda parte de la cita de Churchill, es la más preocupante: “con la esperanza de que sea él el último en comérselo”

¡Qué grande!

Antes de dar ejemplos de lo que atañe a esta frase demoledora, quiero recapitular para que tengamos muy claro lo que tenemos que analizar.

Tenemos en la ecuación un “apaciguador,” que también llamaremos timador, que adula y trata de domar y calmar al que considera un enemigo férreo, incluso poderoso por encima de lo normal. Luego acabamos con un cocodrilo insaciable que, como a los canes que vigilaban el inframundo de Plutón (o Hades) en la mitología, había que alimentar para tener su venia y poder entrar a las tinieblas donde moraban las almas.

Pero hay un elemento clave en todo esto…

El cocodrilo, aun si lo llevamos a niveles sacros, como en la era de los antiguos egipcios, es sólo poderoso si NOSOTROS, así lo decidimos.

¿Nos vamos entendiendo?

En la frase de Churchill, Hitler se hizo poderoso porque Europa estaba hipnotizada por los cantos de sirena nacionalistas del pintor austríaco fracasado.

Era sólo éso, señores. Un pintor fracasado que se dejó captar por las corrientes nacionalistas de la Alemania post República de Weimar, decadente y miserable, y tuvo a su lado un genio maquiavélico de la propaganda.

Europa lo puso en un pedestal para adorarlo, y luego cuando el perro dejó su rabia por todo el Rin y por El Danubio, se le acorraló hasta hacerlo desaparecer (unos nos hablan de suicidio, otros ya dicen que murió en Argentina)

El cocodrilo, hoy por hoy, en pleno siglo XXI, tiene otras caras, y otros nombres. Y a veces, ni eso, porque el cocodrilo de estos pantanos modernos, es una ideología, que aunque intangible como el éter, se ha convertido en el dióxido de carbono más tóxico que haya visto la humanidad.

Y no son pocos los que están deseosos de seguir alimentando al cocodrilo y construirle un palacio en su pantano, dicho sea de paso.

Podríamos decir que el “apaciguador” de hoy en día no es más que un ser endeble y mediocre. El hazmerreír que para evitar ser objeto de burla, decide meterse en la boca del lobo y apoya al malhechor en contra de otros que ellos consideran víctimas.

Hay cinemateca de sobra para explicar este fenómeno.

Si, de hecho, tomamos La Segunda Guerra Mundial, y, específicamente, el Holocausto, nos vamos a encontrar con figuritas esperpénticas como los Kapo (a veces Capo) un término usado para ciertos presos, también llamados funktionshäftlinge (singular: funktionshäftling) que trabajaron dentro de los campos de concentración nazis.

Los Kapo tenían una peculiaridad: eran también judíos—pero llevaban un látigo.

Los kapo eran tan esclavos como los trabajadores rasos y, con muy pocas excepciones, para “apaciguar” a los de la SS, eran capaces de golpear y abusar de sus propios compañeros.

Casi todos estos despreciables acabaron sus días en las cámaras de gas o en la horca.

Estos eran, en mi opinión, peores que cualquiera de los Nazis. El Nazi era un psicópata convencido. El Kapo es un servil y un traidor.

Demos otros ejemplos. Prestemos mucha atención a lo que sería la figura del “apaciguador,” versus el que se consideraría el cocodrilo.

De la Alemania fascista, viajaremos unos 80 años a nuestra época actual, donde sin un Hitler o un Mussolini o Stalin, tenemos fascistas por doquier.

En Estados Unidos, en el umbral de la reelección del actual presidente, Donald Trump, en el 2020, las calles de los denominados “estados azules” (Demócratas) se incendiaron literal y figurativamente tanto con quemas como con tiroteos como con consignas racistas en favor de una falsa llamada antirracista.

Un delincuente llamado George Floyd, adicto hasta los huesos de fentanilo, y en condiciones paupérrimas, debido al alto consumo del químico, fue detenido por la policía del estado de Minnesota.

El hombre se negaba a cooperar y el estado tan dañado de su cuerpo le provocó la muerte ya cuando los oficiales le obligaron a dejarse poner las esposas.

Floyd fue un mártir ideológico de una causa maldita que hoy por hoy está probado que es un monumental fraude. Hablamos, claro está, de Black Lives Matter.

Este grupo estuvo apoyado desde el primer minuto por Barack Obama, y se hizo instrumental en la tiranía ideológica del que fuese el primer (y el último) gobernante negro de Norteamérica.

Los de BLM (sus siglas en inglés) fueron financiados por cuanto político, artista y activista que nos podamos imaginar.

Sus fundadoras resultaron ser una pareja de mujeres lesbianas que despilfarraron una fortuna de varios millones en propiedades y en cruceros de lujo.

La propaganda, por otro lado, siguió—y sigue—alimentando la falsa necesidad de cambios raciales en Estados Unidos.

Quizá de las cosas más patéticas que se vieron en esa ola salvaje del BLM, fue al CEO de Chick-Fil-A, una de las cadenas de comida rápida más populares de EEUU, en un programa de televisión, de rodillas, limpiando los pies de un activista negro. Según el empresario, oído al tambor, es lo que “hubiese hecho Jesús.”

En mi opinión, con los mercenarios del BLM, el Maestro, hubiese hecho lo mismo que con los del Templo.

Pero a esos niveles de servitud y de “apaciguamiento” llegamos para que los del BLM dejaran tranquilos a Chick-Fil-A.

Muchos comercios, tratando de protegerse de las trombas de los delincuentes, pintaban sus fachadas con las palabras “Nosotros apoyamos a BLM.”

¿Quieren saber lo qué pasó?

Los de BLM no respetaron a nadie.

Al contrario, se enfurecieron a niveles estratosféricos, causando billones en daños materiales por donde pasaba su verborrea tóxica y sus antorchas.

BLM no ha muerto, pero, gracias a Dios, al descubrirse su origen y sus fraudes, se dejó de alimentar y ese pantano se ha ido secando.

Otro cocodrilo que se ha alimentado incesantemente es el del lobby LGTBQ.

Comercios, restaurantes y hasta lugares públicos se han rendido a los pies del trapito de arcoíris.

Walt Disney World, un gigante del entretenimiento familiar, hizo pleitesía en sus películas y en sus parques a toda la ideología pro-homosexualidad y wokismo radical durante más de 20 años.

El resultado de Disney por haber querido apaciguar a estos cocodrilos es una pérdida colosal de dinero y de prestigio, de los que dudamos mucho pueda recuperarse.

Disney no ha dejado de alimentar a la bestia completamente, pero ahora lo hace desde la orilla y no hundido en el pantano hasta el cuello.

Para saciar el hambre de tan temible cocodrilo (si queremos pensarlo temible) hay que encontrar a estos apaciguadores o timadores que sin pensarlo se acerquen a los aposentos del animal.

La política y las organizaciones sin fines de lucro han resultado ser dos furcias ideológicas que por un trozo de tan millonario pastel de recompensas, alimentan al monstruo, y nos echan a nosotros, los ciudadanos, a la arena del circo.

Nuestra confianza y nuestro voto poco importan.

Y es que en esta analogía de timadores y cocodrilos, hay un teatro absurdo y un círculo muy muy vicioso.

Nuestra sociedad está feliz de ser mediocre y no tiene consciencia de esa mortaja de miedo que la cubre a cada instante.

Con la llegada de hordas de caimanes a nuestras universidades y, ahora también, a las escuelas; con esa seducción de Occidente al mundo terrorista islámico y con un auge de todo lo que pueda derrumbar y volver cenizas a nuestros valores judeo cristianos, es casi imposible, para muchas personas, el despertar de tanta pesadilla y tanta anestesia.

Las economías de innumerables países de Occidente dependen de una ubre de gasto público de la que chupa mucha gente. Esta ubre es un cocodrilo exigente.

Tengamos algo muy presente…

En esta sociedad en la que nos movemos, el ser mediocre es una organización con fines de muchísimo lucro.

Vuelvo a repetirlo:

A los que escogen a los apaciguadores, la mediocridad es clave para engordar a los caimanes—y sus propios bolsillos.

Pero con todo y esas ansias de calmar a la bestia, la bestia se ríe y se zampa al pobre timador confiado.

Hay una fábula con final triste donde una serpiente se quiere comer una luciérnaga. La pequeña voladora, ya cansada, se enfrenta a su depredadora y le pregunta: “Por qué yo?”

Y la culebra, antes de matar al insecto le dice: “Porque brillas.”

Recordemos esta frase cuando nos digan que es maravilloso ser un apaciguado, un mermado. Que nos hablen de una falsa paz.

Occidente, por poner un último ejemplo, quiere alimentar a un cocodrilo sangriento como lo es Hamás, cuidado si peor que el pintor fracasado—que ya es decir bastante.

Israel está siendo víctima de timadores y apaciguadores que lo apuntan a él como el furioso colonizador que se quiere zampar a los pobrecitos gazatíes, que no son más que unos timadores cobardes hasta almorzar y después todo el día.

Pero Occidente ignora que un caimán como el Yihadismo, si se impone, acabará con nuestra civilización en un dos por tres.

A los timadores les están pagando tanto Irán como Catar con fortunas paradisíacas que los están haciendo darse vidas de Pachás.

Por lo tanto, el banquete se sigue sirviendo.

Este bufé de los cocodrilos es lo que conocemos como un “All You Can Eat,” que se traduce como “come lo que quieras” por un módico precio.

Pero el precio que paga la humanidad por seguir aguantando timadores, o por convertirse algunos en apaciguadores, es demasiado alto.

A los cocodrilos, ya no sólo hay que dejarlos de alimentar—hay que matarlos.

Hay que vaciar los pantanos, como diría Trump.

Hay que denunciar a las empresas que fabrican timadores.

Hay que llevar a la justicia a los cuidadores de los cocodrilos.

Proceso arduo, pero que ya ve sus primeros frutos.

Quiero terminar con una muy conocida historia de los indios Cheroquis.

Un sabio anciano de la tribu, junto a su nieto pequeño, le habla al niño de la vida con una metáfora de dos lobos.

Un lobo era temible, lleno de avaricia y de ira.

El otro lobo era noble y abogaba por la paz y el amor. Era un lobo, pero sus valores eran contrarios a los de su compañero.

El sabio decía que estos dos lobos se habían enfrentado y sólo podía ganar uno. El abuelo le explicaba al infante, ganará el que alimentes.

Creo que todos, desde el fondo del alma, sabemos qué lobo alimentar. 

Sin embargo, tengamos muy presente ese lema maravilloso que nos ha enseñado la llegada de ese lobo feroz llamado “patriotismo en vena,” que bien sabe nutrir con fe nuestra lucha contra los pantanos y sus cocodrilos:

“Paz a Través de La Fuerza.”

Cobardía cero.

Buenismo, jamás.




Monday, January 8, 2024

La Generación Alfa...Bienaventuranza o Apocalipsis de Nuestra Sociedad?


En el "Cuento de Navidad," obra magna del novelista y crítico inglés Charles Dickens publicada en 1843, el clímax de la historia se presenta cuando, ante un asustadísimo y compungido Ebenezer Scrouge, el senil y perverso protagonista de esta, podríamos llamarla fábula, se ve frente a frente con el llamado "Fantasma de la Navidad Futura."

Esta figura es, a propósito del drama, una figura tétrica, que asemeja a La Muerte y tiene como cometido enseñarle al viejo cascarrabias cómo será su entierro, en una tumba abandonada por todos, ya que en vida no cultivó afecto alguno.

Pero a Scrouge lo que lo hace temblar, y por consecuencia, hacerse un hombre afable y generoso, es que en el mismo cementerio, su empleado, el fiel y servil Bob Cratchit, está enterrando a su hijo paralítico, Tiny Tim (el pequeño Tim)

El genio de Dickens diseña una trama donde el lúgubre futuro de Scrouge se congela en el tiempo. Es decir, Scrouge tiene chance de arrepentirse de sus terribles conductas, y, si así lo hace, su horripilante futuro puede ser prometedor e incluso, puede salvar al pequeño hijo de Cratchit, como en efecto sucede.

Si tan solo pudiésemos llevar la magia de Dickens a nuestro siglo. A nuestra realidad. A la realidad de millones de niños.

Si tan solo pudiésemos ser nosotros, con plena consciencia de lo que se avecina, los "fantasmas del porvenir" y decirle a los más jóvenes y vulnerables de este mundo, mira lo que te espera si sigues por ese macabro camino.

Pero, por desgracia, no podemos detener el tiempo.

Y sólo tenemos una oportunidad. Hoy. Ya. Ahora. 

La generación alfa está en grave peligro. ¿Quiénes son? ¿Y quienes son los mayores responsables de que hoy los más pequeños ya estén condenados al fracaso más estrepitoso?

Empecemos por el principio...

¿Cuál es la denominada "Generación Alfa"?

En términos muy generales, dícese de la Generación Alfa, a todos los niños nacidos desde el 2010 hasta el presente. Con la Generación Zeta hemos llegado al final del alfabeto. Empezamos con las letras del abecedario griego.

Los primogénitos de esta generación serían, por un lado, los denominados "Millennials" o, por otro lado, son los hijos pequeños de mi generación, la Generación X.

Dado que estamos hablando de menores muy pequeños, para buscar un culpable de lo que estamos tristemente padeciendo con estos cachorros de nuestra decadente sociedad, solo podemos apuntar, utilizando el nombre de la famosa cinta de horror de 1992 del director Curtis Hanson, a "la mano que mueve la cuna." Es decir, mi generación y los complejos millennials tenemos que hacer una férrea autocrítica.

La generación alfa ya está naciendo en medio de esta nueva revolución industrial y tecnológica que es abanderada por el internet y, por supuesto, las redes sociales.

El primer juguete de estos niños, en millares de hogares contemporáneos, es una iPad, y, desde que tienen uso de razón, ya conocen como funciona Tik Tok, y puede que tengan su propia cuenta.

Claro está que nada de esto sería posible sin que detrás de esta realidad, se encuentran un grupo de padres no solo irresponsables. Lo siguiente.

Pero sobre todo padres egoístas e incluso ausentes. No porque no tengan una presencia real, sino por una creciente apatía y una preocupante falta de atención a los detalles.

Los valores de las generaciones que han engendrado tan malas semillas están absolutamente trastocados, e inmensamente poseídos por falsas narrativas de lo que es la infancia, muy, pero muy alejada de lo que fue nuestra niñez, marcada por juegos y lecturas y películas de superhéroes y princesas.

Sin embargo, los padres, los maestros y cualesquiera que fuesen los mentores o representantes de estos niños, argumentan, con la cara muy lavada, que todo lo que hacen, lo hacen con "la mejor de las intenciones."

Y así, una vez más, sacaremos a relucir la famosa frase que ya analizamos anteriormente: "el camino al infierno está empedrado con buenas intenciones."

La hemeroteca de testimonios sobre el nefasto comportamiento de los niños, hoy por hoy, es, tristemente, amplísima.

Sabemos, entre otras cosas, que estos jóvenes tienen el peor rendimiento académico que jamás se haya visto. Las escuelas están pasando de grado a niños de un año al siguiente sin tomar en cuenta que no han podido asimilar ni conocimientos de matemática, ni de gramática.

De hecho, hay niños en los Estados Unidos, de aproximadamente 13 o 14 años, que saben leer como pequeños de 4to y 5to grado.

Según los estudios, este bajísimo promedio se debe a que no leen. Todo lo que conocen es lo que se les provee a través de los juegos electrónicos que sus padres o hermanos mayores le dan para que se distraigan.

Para abordar este tópico, es menester dar múltiples ejemplos. Y es a partir de estas ilustraciones que podemos tener consciencia de cuán difícil es la situación que nos atañe, y nos atañe no a unos pocos, sino a todos nosotros.

Las madres de la generación alfa, en su gran mayoría, son madres que trabajan fuera del hogar. Pero esto no sería lo grave. Lo grave es que estas señoras tienen muy claro que lo más importante para ellas es su carrera. Y punto.

A estas mujeres les es importantísimo su crecimiento empresarial. Los horarios de trabajo muchas veces así lo reflejan. De aquí que para estas madres sea tan cómodo que sus niños estén constantemente "ocupados" para que así ellas puedan concentrarse en sus exigentes compromisos profesionales y sociales.

Teniendo en cuenta que los padres han cumplido el rol de los proveedores desde tiempos inmemoriales, el resultado es una familia donde ninguno de los dos progenitores está pendiente del desarrollo de sus hijos pequeños a tiempo completo.

Este rol pasa a manos invisibles, pero con un poderío inmenso para moldear el pensamiento y el comportamiento de los menores.

Con padres indiferentes, es más sencillo crearse "nanas" ideológicas y narrativas infinitamente atractivas.

Dada la complejidad de las vidas profesionales de los padres, estos, francamente, no tienen ni pizca de ganas de lidiar con los maestros de las escuelas. Y me refiero, obviamente, a una minoría pensante de maestros que se han dado cuenta de que su papel, tal y como ellos pensarían que iba a ser cuando se dedicaron a la docencia, es una terrible pesadilla.

Hay infinidad de testimonios de maestros, varios de ellos, veinteañeros, consternados y frustrados por el terrible proceder de los niños en sus aulas escolares.

No saben leer, como ya hemos mencionado, pero se saben de memoria, y esto puede comprobarse, las más soeces letras de hip hop y reggaeton de los artistas de moda.

No conocen ni a Miguel de Cervantes, ni Isabel Allende ni a Mario Vargas Llosa, pero si conocen a Bad Bunny y cantan sus canciones imitando el odioso acento del ídolo boricua.

Las clases de gimnasia son muestras aberrantes de como las niñas se contorsionan con gestos vulgares y expresiones altamente sexualizadas. Todo esto cortesía de Cardi B o Meghan Thee Stallion, por dar ejemplos de artistas Norteamericanas.

La grave sicología parental a las que se adhieren los padres de los "Gen Alfa," como se les llama comúnmente, es tal que no debe jamás aplicarse la disciplina. Eso es anatema. Eso es contraproducente y traumático.

Esta falta de decoro y de educación es más que evidente en lugares públicos y establecimientos comerciales donde a los niños se les deja correr libremente y se jactan de tirar mercancía al suelo, gritar, mientras los padres están muy al tanto, pero son impasibles.

Este comportamiento ha sido estudiado al detalle por las empresas que controlan las nuevas agendas ideológicas.

Vemos instancias donde, con la excusa de integrar a los niños a una sociedad más tolerante y diversa, los padres ya no llevan a sus hijos al cine, sino a espectáculos de "drag queens" o travestis donde estos hombres disfrazados toman de la mano a los pequeñitos y los ayudan a introducir billetes en sus obscenos trajes.

En el público, los adultos aplauden con entusiasmo y vítores.

Las librerías están cundidas de literatura que, si bien está dirigida a menores de edad con ilustraciones y un lenguaje primitivo, tocan temas de sexualidad avanzada o "premian" a los niños que se adhieren a una falsa concepción de la existencia de múltiples géneros.

Un terrible presagio de lo que podría estarse gestando para el futuro de las nuevas generaciones, lo vemos en Barranquilla, Colombia.

En el Parque de Los Corales, en el Gran Malecón, una estampa de esta ciudad colombiana, se erige entre árboles y flores una estatua de bronce. Se preguntarán ustedes de quién. ¿Será del "Padre de la Patria," El Libertador Simón Bolívar?

No señoras y señores, de Shakira.

Sí, Shakira, la artista. La cantante que nació en dicha ciudad en el año de 1977.

Es una estatua de bronce con una imágen de la intérprete de Waka Waka, y de Loba, entre docenas de canciones.

La cantautora mide poco más de metro y medio. Su estatua mide más de seis metros. Así como lo oyen, mide seis metros y medio.

Si van a Google verán los detalles, pero, lo que es preocupante, es que esta obra está cundida de críticas positivas y se espera un éxodo masivo para ir a rendirle pleitesía.

Quería ponerles este ejemplo porque lo que esta estatua representa es verdemente alarmante.

Dada la inmensa popularidad de Shakira entre adolescentes y niños, aunque su base de fans es variada, lo que estamos viendo es que bien podría pensarse, y pongan atención a esto, es que en Colombia se quiera empezar a cambiar las imágenes de los verdaderos próceres y héroes nacionales, por las efigies de estos bien amados del género pop.

Una estatua de semejante altura no significa más que decirle a un niño, y más que nada a las hembras: "¿Ves esto, mi amor? Esta es Shakira. La ídola de mami. Esta mujer me representa y debe, por consecuencia, representarte a ti. Yo quiero que tú seas como Shakira. Una mujer empoderada. Shakira es una diosa.Tú diosa. Nuestra heroína nacional." Si esto ya no es una realidad, al tiempo.

Ojo, al dato, esta estatua, pueden estar seguros, será inmune a los activistas repugnantes que han hecho desaparecer del mapa a las efigies de Colón o Isabel La católica.

Los jóvenes colombianos no sabrán dentro de muy poco quienes son Aureliano y José Arcadio Buendía, protagonistas de la novela "Cien Años de Soledad" de Gabriel García Márquez, pero si sabrán el estribillo de las canciones que Shakira le dedicó a su amante infiel.

A los niños se les ha secuestrado moralmente y, casi en su gran mayoría, se han convertido en una bomba de tiempo.

Aunque podría ser cruel, e incluso injusto hablar en estos términos, el mirar en los ojos de un niño hoy en día, es quizá mirar a los ojos al verdugo de nuestra endeble y corrupta civilización.

¿Puede esto ser reversible?

Quisiera creer que sí, de mil amores. Pero me temo que hay cosas que parecen definitivas, sobre todo con el traspapelamiento de los roles tanto de los hombres como de las mujeres.

Para que un niño tenga una nueva consciencia y pueda ser un ser sano y congruente, sus padres tienen que tener un cambio total de perspectiva y saber estar presentes.

Muy lamentablemente, los padres tendrán que sufrir las consecuencias de esta flagrante actitud e inconmensurable narcisismo.

La generación alfa, por este camino, promete ser la de analfabetas funcionales, sumidos en una triste y profunda soledad y sicológicamente perversos.

El primer paso es darnos cuenta de que este daño lo estamos haciendo los adultos. La poca inocencia que queda en nuestros niños, seamos o no padres biológicos, tenemos, con extrema urgencia, que restaurarla y sanarla profundamente.

En la hermosa fantasía de la novela de Dickens, el escritor, muestra el lúgubre futuro de Scrouge desde el umbral. Y desde allí, con constricción y fe, el viejo mezquino ve la luz.

En nuestra realidad, que cada vez se asemeja más a una novela de horror, no estamos, desafortunadamente, viendo las desgracias desde un horizonte lejano. No. Lo estamos respirando. Lo palpamos y no podemos más que mirar nuestras manos llenas de culpa por habernos dejado anestesiar por décadas.

Pero Dios, en su infinita misericordia, con estas tragedias en ciernes, podría darnos una última oportunidad de rectificar y encaminar a los niños por el camino de la sabiduría y la rectitud.

Hoy nosotros somos el faro que ha de guiarlos a todos.

Pero debemos poner en manos de los niños la luz que hará de ellos los alfas de futuras y enriquecidas manadas de luminarias y nuevos líderes.

Nos dice el salmo 127:3-5, en el libro de "Ketuvim" de la biblia hebrea:

"He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado...Los niños son de un valor inmenso: ¡son una bendición!"

Alguna vez, nuestros padres y nuestros abuelos nos decían llenos de orgullo: "el mundo es de ustedes."

Ahora tenemos que trabajar con más propósito que nunca, para dar, con máxima confianza, el relevo a los que han de calibrar la brújula hacia un nuevo norte de nuestra civilización.

Friday, November 3, 2023

Seamos La Voz de la Consciencia para Nuestra Civilización Decadente

En 1883, Carlo Collodi, el querido recordado escritor italiano, creó para la posteridad uno de los personajes más entrañables de la literatura infantil, "Pinocho."

Si bien el libro, en su día, tuvo una gran acojida por su excelente ambientación a la vida de la Toscana italiana, y el carisma de un pequeño hecho de madera, no fue hasta 1940 que, en su extraordinaria creatividad y sapiencia, Walt Disney, da vida a Pinocho para convertirlo en un ícono.

En la película vemos a Pinocho que es creado como una marioneta de Gepetto, el relojero, que ansiaba tener un hijo. Las buenas acciones del anciano Gepetto son recompensadas cuando el Hada Azul convierte a Pinocho en una marioneta sin hilos, con vida propia.

Pero hay un protagonista casi invisible a la vista, pero imprescindible para la trama: Pepe Grillo.

Collodi, en su cuento original de finales del siglo XIX, no le da tanta importancia a este personaje. Sin embargo, Disney, encuentra en el pequeño insecto, un potencial exquisito y lo convierte en un culto y veraz acompañante de Pinocho, y, por órdenes del Hada Azul, en su "consciencia."

Para Pepito Grillo, como lo apoda Pinocho, lo más importante era que su "pupilo" supiese, en todo momento, la diferencia entre el bien y el mal. La recompensa de ser un niño valiente, virtuoso y obediente era que, al fin, podría ser de carne y hueso, la cual vemos cumplida al final del largometraje.

A priori nuestra propia consciencia se forma desde que llegamos al mundo con las enseñanzas y los valores familiares que tenemos en casa, para con nuestros padres, nuestros hermanos, los abuelos y los primos y tíos. Un núcleo familiar bien constituido es casi una garantía de que nuestros principios nos llevarán por un camino íntegro y emocionalmente saludable.

Simultáneamente, seguimos adquiriendo enseñanzas de nuestros maestros, que junto a un curriculum académico bien estructurado nos convierte en ciudadanos aptos para nuestra comunidad.

Ya como adultos, nuestra tarea es, de la mejor manera posible, honrar y cumplir con todos los preceptos que nos han sido inculcados, y, con esfuerzo y coraje, compartir estos valores con nuestros semejantes, fieles, claro está a nuestro propósito divino.

Hoy en día este ciclo de adquirir y reforzar nuestra propia consciencia es una utopía.

Ni existen núcleos familiares bien constituidos, por la ausencia de uno de los padres, literal o emocionalmente hablando, y la introducción en nuestra sociedad de nuevas ideologías corrompidas, y una formación académica más que deficiente, e incluso inapropiada.

Millennials (Gen Y) y los jovencitos de la Generación Z, están probando ser, en una mayoría francamente abrumadora, pequeñas personas, con poca motivación para superarse en la vida, una conducta pedante y desafiante a la autoridad, y una fragilidad mental que los vuelve casi incapaces para sobrevivir en una civilización en estado crítico--sino del todo terminal.

Claro está que en este juicio estamos dando pinceladas muy anchas al entorno de los jóvenes. Por supuesto que hay excepciones, y un aplauso para ellos. Pero los números son bajos. Demasiado. Para un despertar como el que estamos llamados a tener, necesitamos más guerreros y menos Tik Tokeros.

Es importante recalcar que este genocidio moral que sufrimos actualmente viene, en muchos casos, de la mano de empresas muy concretas que controlan, como a un Pinocho cualquiera, los designios de nuestra sociedad, amoldándolos, por supuesto, a todo aquello que dé indudable rédito económico.

Si hay consecuencias nefastas por el funcionamiento o implementación de nuevas doctrinas o narrativas colectivas, eso no es problema de ellos. Las arcas están llenas, qué más da si todo alrededor está en rojo, o está vacío.

Es abominable ver como se ha diluido la palabra "dios," obviamente escrita con minúscula, sinónimo de deidad y de ninguna manera refiriéndose a nuestro Creador, Rey del Universo.

Se define como dios a la obtención sin límite de fortuna, de prestigio. Se pone la palabra "dios" frente a la acumulación idiotizada y sistemática de seguidores en redes sociales. Una plataforma creada por figuras virtuales, en muchos casos bots, cuentas falsas. 

Se ha borrado casi por completo a Dios de todas las fórmulas de nuestra existencia. Se han gestado dioses a imagen y semejanza de los titiriteros que aparecen en las revistas y en los perfiles de las redes sociales. He ahí nuestros nuevos maestros, nuestros mentores.

He ahí la consciencia del ciudadano del siglo XXI.

Queriendo dar el beneficio de la duda a los personajes que aparecen (real o virtualmente) en nuestro día, pensemos, que sí, en algún momento estos individuos fueron enseñados a tener ciertos valores a nivel familiar e incluso a nivel académico. No es raro ver Doctores en humanidades y ciencia hablando imbecilidades.

En algún momento, estos valores, e incluso su proeza intelectual, han sido abandonados a lo largo del camino hacia el adoctrinamiento o hacia la conquista del "Dorado" de su codicia.

Esta ignominia colectiva es la que ha hecho de la civilización Occidental un casi cadáver que se descompone a viva luz, gota a gota, frente a nuestra impasibilidad y nuestra indiferencia.

Muchos, afortunadamente, y muy especialmente mi generación, la Generación X, ha podido sacudirse de este estado intelectual y funcionalmente vegetativo. Y más nos vale, porque la responsabilidad que tenemos sobre nuestros hombros pesa una tonelada.

Estamos urgidos, como verdaderos templarios de una nueva era, a crear una nueva consciencia en el mundo.

Sin embargo, poco, muy poco, ha probado ser más difícil que esta misión en los tiempos que atravesamos.

La resistencia a un cambio de consciencia es abrumadora. Las narrativas ideológicas y el alcance que tienen las redes sociales y la trágica polarización de nuestra sociedad (nación por nación, generación a generación) han originado un colchón, un comodín, una muleta, una zona de confort casi impenetrable.

Es fácil desistir y decir..."allá ellos."

Pero es precisamente, un alza de nuestra consciencia y de nuestra fuerza moral, la que nos hace levantarnos, sacudirnos el polvo, quitarnos las espesas vendas de los ojos y seguir luchando.

Un mal uso, o la ausencia de una consciencia, ocasiona, inevitablemente, falsas expectativas. Esto, a su vez, resulta en la penosa imagen que vemos de personas deprimidas, insatisfechas, adictas y captadas. 

El haber creado una nueva escala de valores, con propaganda ágilmente hilada, pero vilmente aplicada, ha podido, hasta ahora, tomar ventaja, reprogramando la consciencia de nuestros jóvenes: lo que se conoce por "bien" hoy en día en un anatema. El mal es una hazaña heroica.

Demos ejemplos concretos con los que estamos, sin duda, familiarizados:

El aborto, absoluto derecho humano y empoderamiento femenino. La familia, los "fans y seguidores" de Facebook y X. El Ché Guevara, un valiente activista por los derechos de los homosexuales. El comunismo, sexy y cool a más no poder. Hamas, justicieros de la paz. Los judíos? Ah esos son nazis genocidas.

Entendemos por donde va el relato, verdad?

Estas consignas, muy terriblemente para todos, no son ciencia ficción. Las oímos cada día en los medios de comunicación en boca de los adolescentes, que, lastimosamente, tomarán, en su momento, las riendas de nuestra moribunda civilización.

Como casi todo, actualmente, la decisión de cambiar el rumbo de nuestra realidad y crear una nueva consciencia colectiva, tangible y, ante todo, irreversible, comienza con una decisión que ha de ser inequívocamente individual.

Es decir. Es una decisión propia. Mía. Suyas. De todos. Como personas. 

Si quiere, podemos decir que tenemos que difundir una resistencia a toda la resistencia que tiene pánico de mover un dedo en favor de restaurar la ley y el orden.

Es una labor pasional y que nos llama a tener carácter para mostrar la caricatura en la que nos hemos convertido, especialmente de cara a los enemigos que se han propuesto destruirnos para montar un metaverso de zombis y activistas de medio pelo.

Una de las acciones más urgentes, si no la más urgente, es que tenemos que destruir la narrativa de verdades relativas. 

Los que son el núcleo de esta destrucción de consciencia incesante, han generado un arma que pareciera, a simple vista, indestructible. Ella consta de la afirmación de que todos y cada uno podemos entender la verdad de los hechos, las perdonas y las circunstancias, como nos conviene. Si se quiere más crudamente, como nos dé la gana.

Craso error. La verdad es solo una. 

Ilustremos este punto:

Un hombre o una mujer no son construcciones sociales. Un hombre, cromosomas XY, y una hembra, cromosomas XX, son una realidad biológica. Punto. Esa es la verdad.

El género fluido, el bosque encantado de ideologías de un adolescente aburrido y desmotivado, no le cambian su verdad biológica. 

La lista es larga.

Nos corresponde, sin miramientos, ha desmontar, uno a uno, los mitos que de pronto han resultado rentables para millones de personas y sus lobbies hambrientos de poder.

Para concluir, no debemos desear más que ser la "voz de la consciencia" de nuestra sociedad. No tenemos que ambicionar llevar una vida épica ni construir plataformas virtuales infinitas. Simplemente, tenemos que llevar la sensatez y la cordura a donde quiera que vamos.

Cada uno de nosotros, acompañados y bendecidos por nuestros dones, nuestros principios y nuestros patrones de conducta, estamos llamados a hacer una diferencia.

Sabemos de sobra, y esto tenemos que aceptarlo, que cada individuo tiene un libre albedrío. Los tiempos de acción y de apertura de consciencia son distintos para unos y otros. Pero a todos, esperemos, nos llega nuestro momento de acción.

Hay, sin duda, hechos irreversibles. Veremos casos de personas que no despertarán nunca. Estos serán adultos con existencias grises y empobrecidas. Pero debemos tener fe y seguir abriendo nuevos caminos.

Sabemos distinguir entre el bien y el mal. Claro que sabemos. No tengamos miedo de limpiar nuestros oídos de esa cera, angustiosamente falsa y abominable, para escuchar la voz clara de una nueva consciencia renovada y dispuesta al combate por la verdad y la felicidad máxima que merecemos.

Ana Frank escribió en su diario:

“Me he dado cuenta de que siempre hay un poco de belleza: en la naturaleza, en el sol, la libertad, en nosotros mismos; y todo esto puede ayudarme...Los débiles mueren y los fuertes sobrevivirán, y vivirán para siempre.”

Monday, October 9, 2023

Victor Frankenstein y el Nuevo Orden Mundial


En política, dícese, actualmente, que un Gobierno "Frankenstein" es aquella estructura de gobierno donde se han amalgamado numerosas formaciones políticas, que buscando poder y beneficios, se unen para conformar una alianza que permita ejercer un mandato por un tiempo definido.

En los regímenes parlamentarios de Occidente, este tipo de convenios es bastante común. Un ejemplo claro es el que, por ejemplo, logró en España Pedro Sánchez, actual presidente en funciones (y muy probablemente presidente reelecto) desde el año 2019, uniendo a su partido matriz, el Partido Socialista Obrero Español, numeros partidos minoritarios de extrema izquierda y nacionalistas.

Una pesadilla para la derecha española de la que no pareciera haber un despertar a corto plazo.

Para que haya un gobierno conformado por un solo partido, máximo ganador, tendría que darse el fenómeno de la "Mayoría Absoluta," donde una formación política acapara, en el caso de España, 176 escaños en la Cámara de Diputados; En el Knéset de Israel, compuesta por 120 miembros, la mayoría absoluta consta de 61 escaños (que ningún partido ha logrado alcanzar desde su fundación en 1948)

Lograr una mayoría absoluta es muy difícil. El proceso de negociación con diferentes alternativas políticas, resulta, en una gran mayoría de los casos, en gobiernos tóxicos, con altas probabilidades de disidencia y con enfrentamientos agresivos y sin cuartel. Todos queriendo la mayor cuota de poder y de voz posibles--a cualquier precio.

Las luchas por el poder son y han sido históricamente sangrientas y, comúnmente, hablamos de "luchas titánicas."

Hablemos, pues, por un momento del Titán más popular de la mitología griega, el gigante Prometeo, dios del fuego. Prometeo era un anti-héroe, Una mezcla de Batman con un alma de Robin Hood, que se jactaba de engañar a Zeus, hazaña por la que fue condenado por el alto mando Olímpico a que su hígado fuese devorado por un águila, para que, siendo éste inmortal, claro está, se regenerara constantemente, hasta ser liberado, finalmente, por Alcides. El suplicio de Prometeo en manos de Zeus ha sido sujeto de extraordinarias novelas y plots teatrales.

Podemos, sin embargo, decir, que Prometeo era un villano?

Todo lo contrario. Y ahora veremos por qué.

Es Prometeo el que, al engañar al dios supremo, se hace el primer benefactor de la humanidad (de la cual él tomó parte principal en crear, como se explica popularmente en el mito, a partir del barro) robando el fuego de la custodia de Zeus para el buen uso de la creación. A Prometeo también se acredita nuestra herencia de conocimiento e inteligencia. 

Esta fascinante rivalidad entre dos gigantes es la que inspira a la joven escritora e intelectual británica Mary Shelley para su obra magna del horror "Frankenstein."

Lejos de las múltiples versiones cinematográficas que se han inspirado en esta novela, la esencia de estos personajes es muy compleja, y, nos lleva, sin duda, a hilvanar una analogía con el denominado "nuevo órden mundial."

Veamos...

Equivocadamente, muchos, en algún momento, si no hemos leído la novela de Shelley (publicada cuando la autora apenas tenía 20 años en 1818) pensamos que Frankenstein es el nombre del monstruo creado--y luego abandonado-- y el cual se convierte en un inusual protagonista cargado de moralejas.

Pues no. El nombre Frankenstein, con su etimología germana, a pesar de ser cien por cien ficción, es el apellido de Víctor, un suizo, genio de la ciencia y de la alquimia que, atormentado por la muerte de su madre y el abandono emocional de su padre, se refugia en su obsesión de dar vida a un humanoide.

Víctor, a quien nos referiremos por su primer nombre, obtiene de manera no muy santa partes humanas que va, de a poco, uniendo en su laboratorio, hasta darse cuenta de que ha gestado una figura de dos metros y medio con medidas de extremidades completamente desproporcionadas.

Comúnmente se dice que Víctor inyecta vida a su criatura con alto voltaje de rayos durante una fuerte tormenta, pero, la realidad es que su autora, Shelley, nunca especifica como Víctor da aliento a su experimento.

Shelley, por demás, nunca ocultó que su novela, y específicamente el monstruo, era basado en el mito de Prometeo, por su deseo de conocimiento y su devoción a perseguir su realización emocional y sentimental.

Volviendo al uso de la palabra "Frankenstein" para definir estos grupos gubernamentales fundidos en una coalición tri o tetra o penta o sexa partita, nos damos cuenta de que hay validez en llamarlo un Frankenstein, porque en muchos casos las fuerzas minoritarias dispuestas a un pacto de poder--que no de órden y honor--son bastante corruptas e ideológicamente fétidas, y de paso, llenos de un odio desproporcionado e inexplicable al país que intentan legislar.

Una vez sellado este pacto donde las promesas no se cumplen y la corrupción hiede a cadáver, el monstruo es abandonado para causar desasosiego, miseria e incertidumbre en los ciudadanos que no ven, ni remotamente, su voto representado en este engendro maquiavélico de políticos y adversarios.

Pero en la sociedad moderna, la creación de un Frankenstein va muchísimo más allá del genio de un pobre hombre como Víctor. De hecho, Víctor, si nos ponemos a analizar, es, a su vez, el monstruo creado por los cerebros cuasi anónimos que sabemos, manejan los hilos de la actual situación geo-política que vivimos, al igual que conducen los designios ideológicos y financieros de una masa cada vez más ignorante y más decadente.

Bill Gates es un Víctor Frankenstein. Como podría decirse de George Soros, por poner dos ejemplos con los que estamos vastamente, y por desgracia, familiarizados.

Pero bastante por encima de estos dos “monstruos” están corporaciones cuyas generosas contribuciones económicas y su enorme influencia en organismo internacionales, como la cloaca de las Naciones Unidas, son los que tienen la última palabra.

De hecho, entre los ejemplos de un Víctor del siglo XXI están, precisamente, estas organizaciones internacionales, o mismo la Unión Europea.

Sin embargo, aunque se ha avanzado considerablemente, porque todo hay que decirlo, no hemos despertado lo suficiente, para darnos cuenta lo insignificante que es Víctor Frankenstein.

De igual modo, y utilizando el símil de Prometeo, musa de "Frankentein," para entender la sicología del monstruo, podemos decir que solo un "titán," por no decir, un milagro, podría ser la catarsis para evitar la destrucción de nuestra civilización--y el ansiado exterminio, a través de una justicia incorrupta y veraz--de los que pretenden crear un fatídico nuevo orden mundial.

El monstruo, para sorpresa de su creador, al que éste, cariñosamente llama "padre," resulta ser una criatura, que, aunque inmensamente repugnante en apariencia, es intelectual y emocionalmente autónoma. Se autoeduca con libros robados de una escuela, y busca el trato con los ciudadanos que, obviamente, sin darle siquiera la oportunidad de un saludo cordial, huyen alarmados.

Su soledad aguda y su abandono por todos es lo que lo hace moralmente corrupto y es cuando comienza a causar estragos. Esto, por supuesto, es lo que ha hecho de esta novela, un clásico del terror, a pesar, de que representaba, literalmente hablando, los ideales típicos de la novela romántica. Ergo su inspiración en la mitología griega.

Pero si aislásemos, y esto es crucial para nuestro análisis, la naturaleza de la criatura, hijo de la ciencia, de Víctor, nos damos cuenta de que Frankenstein, es un ser moral, inteligente, pensante y compasivo. De hecho, su naturaleza se retuerce cuando ve que Víctor, muy vigilado en todo momento por su "hijo-monstruo," destruye con sus propias manos a otra criatura, una mujer, al que él monstruo deseaba para compañera de vida.

En el fatídico desenlace de la novela, el monstruo de Frankenstein, después de ser perseguido por su padre por medio mundo, y luego de acompañarlo post mortem cuando sucumbe a una enfermedad en las gélidas tierras del Polo Norte, se sabe derrotado moralmente y contempla el suicidio. Al final, solo se sabe que se desaparece para nunca más ser visto.

Víctor, obsesionado primero, y luego, aterrorizado por su creación, está condenado al desasosiego y al dolor, pues él también ha sido testigo de como, en venganza, el monstruo asesina al amor de su vida, Elizabeth.

En esta trágica fábula de terror, no hay felicidad duradera. Son, en su versión original, casi 300 páginas de drama y destrucción.

Como lo es, sin miramientos, el complot detrás de un nuevo orden mundial, con “constitución” incluida, que vemos resumida en los nefastos preceptos amalgamados por los organizadores de la Cumbre de Davos o los capos de Bilderberg. 

En la agenda 2030, se contemplan 17 “mandamientos” que incluyen la reducción de la población, una acción contra el "cambio climático" (mil veces refutado) y una educación más diversa e inclusiva. Un conjunto de pamplinas disfrazadas de propaganda y de palabras bandera que buscan que haya un poder común, manejado, precisamente, por las élites financieras que ya hemos mencionado.

Cada uno de estos 17 preceptos para el nuevo orden mundial está controlado por corporaciones, agencias y múltiples "chiringuitos du jour" para ganar rédito económico y tener una cuota de poder.

Para crear este “Frankenstein” socioeconómico del siglo XXI, se han abandonado todos los principios que alguna vez rigieron a nuestra civilización judeo-cristiana.

De hecho, es precisamente, nuestro buenismo y nuestra ceguera, las que permitieron que los cabecillas detrás de las mafias pro-Agenda 2030, hayan podido, durante décadas, gobernarnos tan fácilmente.

Para entender a cabalidad nuestro rol en la lucha titánica para nuestra supervivencia, tenemos que, para sorpresa de muchos, ver con detenimiento que, fuera de toda ficción, en nuestro mundo actual tenemos a Víctor. Tenemos al monstruo. Tenemos a Zeus y tenemos la necesidad de entender que todos y cada uno de nosotros debemos entender donde está Prometeo, por qué Zeus lo odia, y, finalmente, con nuestra propia voz y nuestra voluntad, todos tenemos que ser Alcides, mejor conocido como Heracles.

Su nombre romano, para que tengamos claro de quién estamos hablando, es, por supuesto, el gran Hércules.

Zeus, con todo y que es el magnífico rey del Monte Olimpo, termina siendo un George Soros cualquiera, un Víctor mitológico, enfermo de poder y temiendo todo lo que pueda quitárselo, condenando a sus enemigos a torturas inigualables y haciéndose partícipe de atrocidades para, por ejemplo, lograr seducir, a quien se le antojara.

Prometeo, más sabio y más viejo que el propio Zeus, es parte de los Titanes, los grandes y sabios gigantes que ayudan durante una década a que Zeus se vengue de su padre Cronos, dios del tiempo, que se come a todos sus hermanos para no tener que compartir el poder del Cielo con nadie. 

Tras la victoria, Prometeo es aliado de Zeus para la creación de la humanidad, pero Zeus ve con desdén (y quizá envidia) que Prometeo se haya encariñado con su creación, en vez de tener las ansias de poder que para Zeus son imprescindibles.

Cuando Prometeo, desobedeciendo a Zeus, le "roba" el fuego y se los da a los humanos para su uso cotidiano, Zeus, le declara la guerra. Zeus se niega a beneficiar a su creación. Zeus solo quiere controlarlos a su antojo.

La Agenda 2030 es para los Zeus actuales un tesoro que, si se aplicase como está supuestamente definida, beneficiaría a la humanidad. La maquinaria de propaganda "olímpica" así, ha querido transmitirlo a los súbditos. Digamos que Prometeo, ha descubierto que la "agenda" es una trampa. El titán, dotado del don de la profecía, y encariñado con el género humano, quiere evitar el sufrimiento que Zeus pretende infligir en sus súbditos, y se rebela con el que fuese en su día un gran aliado, casi un hermano.

La batalla cultural en la que todos debemos participar apasionadamente, cada uno de la manera en que podamos, es el Prometeo de la era moderna.

Y en esa, fascinate e incansable lucha frente a un Zeus enloquecido, debemos, sin tiempo que perder, manifestar a nuestro Heracles. Nuestro héroe infalible. Nuestro Frankenstein de luz y de esperanza.

Heracles son nuestras ideas. Heracles es nuestro voto. Heracles es nuestro coraje para llamar al enemigo por su nombre. Heracles es la ciencia y la tecnología utilizada para el bien común y el desarrollo intelectual de las masas. Heracles es nuestra fe en un Dios verdadero, infinitamente más poderoso que un centenar de Zeus. Heracles es un incansable David que condena a la destrucción al Goliat que se avecina.

Heracles es la humanidad que armada de paciencia y estrategia y pericia, se sabe espiritualmente invencible. 

Los terribles preceptos de la Agenda 2030, que nos toman por imbéciles, nos dicen con un tono afable y empalagoso que seremos capaces de no tener nada y estar en paz. Ese "nada" puede interpretarse como ustedes quieran, pero atentos que de la agenda globalista, todo, absolutamente todo es engañoso, guabinoso y falaz.

Nuestra libertad de expresión, de culto y de pensamiento están, por el momento, atados, como el titán en el Monte Elbrus, controlados por mafias terroríficas que no tienen paz con la miseria y conocen fin para sus sanguinarias ambiciones.

Nosotros sabemos el camino a la cima. Tenemos las espadas más que afiladas. Liberemos al titán y hagamos justicia.

Prometeo, una vez liberado, se sabe cumple su sueño de poder otorgarnos sabiduría y conocimiento. 

Nuestra civilización está creada para la inmortalidad.

Condenada, en estos tiempos, a la oscuridad están la verdad, la prosperidad y la supervivencia de nuestra especie. 

De nosotros depende.

Todos somos Heracles. 

Nos vemos en el Elbrus. No temamos. Dios está con nosotros.


Monday, July 31, 2023

El Caso de: "La Tela Invisible"

 


En 1837 Hans Christian Andersen publica uno de sus más famosos cuentos "El Traje Nuevo del Emperador."

Poco imaginaría él que se convertiría en uno de sus clásicos más queridos con numerosas versiones y traducido a 100 idiomas.

En resumen, este cuento nos habla de un rey o un emperador depende de la versión,34 que es extremadamanete orgulloso y vanidoso. Así lo conocían y era muy popular entre sus súbditos. Un día llegan al reino dos sastres que deciden estafar al monarca convenciéndolo que ellos y sólo ellos podían confeccionar el traje más esplendoroso y más lujoso que jamás se haya conocido.

Pero, dicho traje sería absolutamente invisible para los incapaces y los estúpidos. Por lo tanto, era de suponerse que tan estimado emperador sería un privilegiado de lucir tales prendas.

Su majestad muerde el anzuelo e inmediatamente los estafadores hacen que cosen y cortan y miden, siempre adulando al atónito hombre que apenas puede creer que tan costoso traje pueda ser visto por tan pocos en el mundo. Y que él lo luciría como nadie más podría. Faltaba más.

Finalmente, el emperador "ataviado" con su exquisito traje sale del palacio para desfilar delante del pueblo y que puedan admirarle como hacían siempre.

El pueblo se ha percatado que su emperador no tiene ropaje alguno. Están atónitos, pero como ya había corrido el rumor de la tela invisible para idiotas e ineptos, pues, nada, a vitorear al soberano. Muchos aplausos. El emperador feliz de la vida saludaba a los súbditos hasta que lo aguarda en una esquina un niño pequeño que ha ido a ver el desfile y sin pelos en la lengua grita: "EL EMPERADOR ESTA DESNUDO!!!!"

En ese instante los súbditos empiezan a cuchichear unos y a reírse otros. El emperador se percata de su estado, pero, no le queda más remedio que seguir su camino. Ahí termina el relato de Andersen.

Es impresionante pensar que la moral de esta fábula haya sido escrita para niños. Algo harían bien en Dinamarca en el siglo XIX que los más pequeños podían disfrutar y también aprender con estos cuentos clásicos. Hoy en día los niños casi no leen, y los que lo hacen se encuentran con historias ideologizadas y los adolescentes tienen una novelita mediocre como Twilight. Pero ése es otro tema.

Para poder entender la lección, o las lecciones, que son en verdad muchísimas, de esta historia de "la tela invisible" tenemos que desglosar lo que cada uno de los personajes representa, y, juntos, vamos a aplicar estas analogías a la situación actual que vivimos.

El emperador puede tener el nombre de cualquiera de los gobernantes de la sociedad occidental. Con muy pocas excepciones estamos completamente rodeados de líderes llenos de orgullo y de vanidad. Personajes con egos estratosféricos que sucumben diariamente a la obsesión de acaparar el poder, a costa de lo que sea. Y no se crean, son personajes inteligentes (la mayoría de los sicópatas de la historia han sido genios) pero ante todo quieren dominar ellos el discurso. 

Hago también la observación que aunque la he hecho muchas veces, es imprescindible ser repetitivo. Hoy en día el poder político o económico es un negocio. Todos los gobernantes bien que quieren ser crisol para todo el oro que fluye de las arcas de quienes manejan dichos negocios.

Los sastres pueden representar la ideología que ustedes elijan: cambio climático, reducción de la población, agenda LGBT y un largo y miserable etcétera.

Pero bien que conocen estos sastres la vulnerabilidad y los miedos del vulgo. O no?

Quién siente placer siendo considerado inepto o estúpido por no ver las cosas con los matices y los beneficios que siempre nos han presentado como óptimos o progresistas? Quién disfruta del bullying al que puede ser sometido si se niega a ver que el traje de "el emperador" es absolutamente magnífico? 

El pueblo está hipnotizado. El pueblo de nuestro cuento está tan conforme con la versión que ha sido regada por las masas y los rumores de una tela mágica, que no se atreven a despertar y mucho menos denunciar que su amado monarca es un soberano imbécil, literalmente!

Pero de pronto aparece un niño con su inocencia y su lógica. Como deben ser y seguir siendo los niños. No como hoy en día que a los niños pocos se les permite pensar como infantes y ya se pretende que a edades tan precoces como los seis años se les exponga a espectáculos de adultos. No, señores, el niño que ideó la mente genial de Andersen es un párbulo ser que no tiene filtros ni sabe mentir.

El niño, como hizo el perrito Toto en El Mago de Oz, corre la cortina donde se escondía el mago falso, y la muchedumbre se da cuenta de que es libre para reírse o estar consternada u opinar según elija.

El emperador no nos deja claro si su orgullo lo deja en shock. O si él considera al pueblo una partida de imbéciles y se ha creído la versión de los mercaderes. Yo, no sé si ustedes, pero yo, me decanto por lo segundo.

El mundo no está ciego. Cuando de pronto vemos aparecer en nuestras redes sociales o en los medios de comunicación seres que ya son practicamante "trans" humanos, y que ya no les basta con la gama inmensa de géneros a cual más degenerado. No está sordo. Sólo hay que oir a cualquier activista tratando de generar pánico por un apocalipsis climático o a cualquier "líder" que hace acto de presencia en Naciones Unidas diciendo que hay que acabar con la agricultura o hay que permitir que el aborto sea "un derecho humano." Esta aberración la pronunció Emmanuel Macron, por si quieren buscar en la hemeroteca.

Pero el mundo sí está mudo. Está congelado por el miedo. Está anestesiado con palabritas bonitas que, cómo los sastres pueden hacer parecer a la mula ciega--que es lo que intentan vendernos--como un caballo de paso árabe digno de los jeques de la antigua Samarcanda.

Resistir es exhaustivo. Las generaciones de nuestros padres y nuestros abuelos se han acostumbrado a vivir de una manera y ya no tienen fuerzas para cambiar casi nada. Se lamentan y poco más. Los más jóvenes están fascinados y han sucumbido sin demora al embrujo de las nuevas ideologías.

Para terminar, hemos de preguntarnos quiénes deseamos ser en en esta historia? A consciencia. 

La mayoría de las personas que vemos a nuestro alrededor, mareadas por el discurso marcado por quienes nos gobiernan, no se atreven a decir la verdad aunque la verdad está frente a sus ojos y se refleja en la paupérrima calidad de vida a la que intentan someternos.

Luego hay un grupo de personas que quisieran hacerse eco de la verdad, pero tal es la reacción de quienes quieren seguir estando adoctrinados por los cantos de sirena que enseguida se callan, quizá esperando a otro momento. O cayan por siempre, aunque difieran.

Hay quienes no salen siquiera a ver al Emperador desfilar, por que son indiferentes a la conmoción o les da ansiedad. Y estos prefieren construirse una realidad paralela y apuntarse a cuánta conspiración haya. Esto es un tema que merece su propia columna editorial.

Y luego, bendito Dios, estamos los que somos el niño. Y hemos sido muchas cosas antes de perder el miedo a decir y exponer la desnudez de la estupidez. Y sabemos que somos una minoría, y nos sentimos huérfanos y muy solos de cuando en cuando. Pero no nos escondemos. Y sacamos adelante con bravura esta necesidad de que como sociedad volvamos al orden. De que no nos arrebaten nuestros valores. Que la infancia sea sacro santa porque para ser adultos tenemos toda una vida.

Nos piden tener fe en mentiras y falacias. Descerebrados se presentan como profetas. Las revistas de moda están llenas de adefesios que nos pretenden vender como belleza inclusiva. Los desfiles de los vanidosos se ven casi a diario.

Pero hay que cuestionar. Hay que formular preguntas y hay que educarse. No hay de otra. 

Olvidemosnos de ideologías políticas, porque cada día más nos defraudan y no nos podemos conformar con consignas y logos. Apelemos al razonamiento. Acaso no se llenan la boca los seudo líderes del mundo hablando de la codiciada "democracia"? Pues quién sino el pueblo tiene la última--y todas--las palabras?

Apliquemos las enseñanzas del Maestro Buda que decía a sus discípulos que no hiciesen caso jamás a sus enseñanzas sólo porque él era el maestro. Que sólo aceptasen las enseñanzas que eran ciertas porque tenían resonancia con aquellos principios y valores que ellos sabían yacían en su corazón. 

Seamos Guerreros de la Luz---no de Tablero!

En el año 73 AC, Roma vio los cimientos de su República temblar como pocas veces. Revueltas habían sido vividas. Hazañas habían sido contada...