Comenzaremos este análisis de una forma inusual...con un fake news!
¡Aquí va!
El Presidente Nayib Bukele, acaba de anunciar en la televisión nacional que se prohíben en El Salvador todas las celebraciones de Halloween.
Bukele las ha denominado “las fiestas del Diablo.”
En su lugar El Salvador tendrá fiestas dedicadas a Dios. Sería, agregó el mandatario, “una fiesta de la luz.”
Esto es falso. Corrió por redes como pólvora y hechizó a muchos usuarios.
No es cierto, pero si lo fuese tuviese todo el sentido del mundo.
El enorme esfuerzo que ha hecho Bukele de espantar a las Maras Salvatruchas y sus M13 para despacharlas a La CECOT, no es sólo un trabajo de las autoridades terrenales.
Es obvio que para Bukele levantar a los salvadoreños de la oscuridad y el terror es una Cruzada sacra y personal.
No debería extrañarnos que aunque "fake news" el mismo Presidente Bukele haya querido que esa medida suya, sin precedentes, fuese viral.
Pero vamos a plantearnos una hipótesis.
Pudiera ser necesario acabar con las celebraciones a nivel mundial de Halloween?
Empecemos.
¿Es el Halloween, denominada también La Fiesta de las Brujas, un instrumento ideológico para dañar a las masas?
Por daño nos referimos, claramente, a un daño irreversible mental y espiritual.
Primero que nada recordemos que el Halloween no empezó siendo una noche de disfraces y de caramelos para los niños.
Los orígenes de lo que se conoce como “Halloween” se deriva de las fiestas paganas de los Celtas, durante la celebración del “Samhain,” la época de recoger la cosecha.
Para ahuyentar a los “malos espíritus” los campesinos solían ir disfrazados y creaban hogueras gigantescas para celebrar su buena fortuna.
La conquista de los territorios celtas por la Iglesia Católica, adoptó estas fiestas denominando el día 1.º de noviembre como “El Día de Todos los Santos.”
En inglés es “All Hallows Day.” La palabra “hallow” es un término reverencial para los santos.
El día previo, es decir, el día 31 de octubre, se denominó “All Hallows Eve.”
De allí se generó, o quizá deberíamos decir, se “degeneró,” la festividad de Halloween.
Halloween está arraigado con mucha profundidad en la cultura Norteamericana y la Canadiense.
A partir de la última semana de septiembre y todo el mes de octubre, Halloween hace una marcha triunfal por el calendario, los comercios, las calles, las fachadas de los edificios públicos y, claro está, los hogares.
De esto hablaremos en profundidad en unos instantes.
Afortunadamente, mi familia no celebró nunca el Halloween cuando éramos niños. Quizá mucho tenía que ver con que, por un lado, en mi lado paterno, todos son Católicos, y para el catolicismo, al menos en teoría, el Halloween es anatema.
Por otro lado, mi familia materna, y yo, personalmente, somos judíos.
El judaísmo por estas fechas celebra el Sukkot, también haciendo alusión a la cosecha y Simchat Torah, el comienzo de las lecturas de nuestro libro sagrado, y, desde hace dos años, una fecha donde recordamos La Masacre del 7 de Octubre y la liberación de los rehenes. Casualmente (o maravillosa serendipia) ambos sucesos ocurrieron en los días de Simhat Torah.
Quizá los horrores del 7 de octubre serán eternamente lo más cercano a un Halloween, pero Halloween siempre se quedaría corto.
Bueno, volviendo a nuestro tema.
Halloween es una fecha celebrada a nivel mundial, dada la influencia de Estados Unidos, culturalmente hablando, en todos los rincones del planeta.
Durante la noche del 31 de octubre, muchas personas se reúnen para tener en casa una fiesta de disfraces.
En el caso de Florida donde hay tantos parques temáticos, todos, sin excepción tienen noches de Halloween con decoraciones y entretenimiento bastante extremo con efectos de sonido, actores, efectos de luces y muchas imágenes perturbadoras.
El que menos quizá sea Disney.
Y, sí, ciertamente, fue con Disney que yo conocí las historias de Halloween.
En una compilación de historias cortas con Mickey Mouse, que incluía segmentos con todos los personajes principales de Disney, conocimos, por ejemplo, la leyenda del Jinete sin Cabeza.
Pero esa película la veíamos en cualquier momento del año, no en Halloween específicamente.
Aquí quiero que hagamos una reflexión.
Las fiestas de Halloween tienen mucho que ver, o diría yo, casi todo que ver, con niños y adolescentes.
¿Por qué?
Porque lo más llamativo del 31 de octubre es que cientos de miles de niños van de puerta en puerta pidiendo caramelos y chocolates, todos ellos con disfraces muy originales y hasta podría decirse hasta que adorables, y allí podría estar el truco.
De hecho esa actividad que parece tan inocente se llama en inglés “trick or treat” (truco o trato)
Esta tradición también tiene sus orígenes celtas durante la festividad del Samhain.
Los campesinos iban de puerta en puerta intercambiando la cosecha por canciones u oraciones.
A partir del siglo XX, para los niños, ir de puerta en puerta a por caramelos y dulces es una estampa de Halloween para la que no se escatiman esfuerzos ni gastos.
Hay que decir que esta colecta de los pequeños se hace bajo mucho escrutinio y los pequeños van acompañados por chaperones, o mismo, por sus padres.
Como no han faltado las tragedias y los casos de envenenamiento, muchas actividades de “truco o trato” se hacen en centros comerciales o en ambientes muy controlados.
Pero no hay resguardo en estas fiestas para el alma.
Aquí nos vamos a adentrar en una temática controversial pero imprescindible de mencionar y denunciar.
No sólo los antiguos y los neo paganos celebran el Samhain y no sólo los católicos celebran a sus santos.
El Satanismo ha incorporado Halloween como una de las “fiestas” más importantes de su calendario oscurantista.
El Satanismo es un culto a Satanás, tal y como lo describen las escrituras religiosas y con una imaginaria trinidad paralela a la del Cielo.
Un satánico besa los pies de una entidad ficticia. Eso lo tenemos claro.
Pero alrededor de esta figura hay rituales esperpénticos, sacrificios, magia negra y una devoción demoníaca que ha atraído a muchísimos jóvenes que se han querido “rebelar” contra los principios judeo-cristianos.
Halloween en los últimos tiempos se ha vuelto más extremo y más oscuro.
Los disfraces son cada vez más tétricos y, es quizá desde el Satanismo donde se han expuesto los peores horrores que suceden en nuestras comunidades en preparación para el Halloween.
La cadena CBN (Christian Broadcasting Network), muy popular entre el público americano, ha tenido entrevistas con varios ex-satanistas que, aparte de dar testimonios de fe, hablan sin tapujos de lo que es el Halloween desde un punto de vista religioso.
El caso de Riaan Swiegelaar, por ejemplo.
Swiegelaar fue un alto sacerdote en la “Iglesia de Satán” hasta el 2022, donde tuvo una epifanía y se convirtió al cristianismo.
En su paso por CBN así como numerosos pódcasts, el ahora activista cristiano, que es oriundo de Sudáfrica, explica la gravedad de que tantas familias se hayan adherido a celebrar Halloween sin tener ni remotamente en cuenta el daño espiritual de estas fiestas oscurantistas.
El otro caso, muy interesante, es el del Pastor John Ramírez, un hispano que fue practicante satánico desde los 8 años hasta los 33 años.
En esos años, adquirió “prestigio” en los altares de “Satán,” se casó un día de Halloween y su ceremonia fue toda inspirada en rituales satánicos. Luego introdujo a su hija en las prácticas.
Desesperado y habiendo visto múltiples horrores, se convirtió al cristianismo y, al igual que Swiegelaar, dio testimonio de su fe y se ha creado un amplio grupo de seguidores a los que ayuda a salirse de religiones paganas y del satanismo.
Ramírez, en una entrevista de la CBN, dice algo que no debe pasar desapercibido. El detalle de los caramelos y chocolates.
Dice él que no se sabe qué puede haber pasado con esos chocolates y que de primera mano sabe que hay muchas familias que “rezan” y hacen rituales utilizando los caramelos como “ofrendas” para luego dárselo a los niños.
Swiegelaar, personalmente, ha ido a más.
El activista sabe que durante el mes de octubre aumentan estrepitosamente los casos de personas desaparecidas y de animales callejeros.
Las personas en cuestión son los más vulnerables, como personas sin hogar o vagabundos.
¿Por qué?
Porque son raptados para sacrificios, muchos de ellos de las iglesias satánicas.
Más que asustarnos como una novela de Stephen King, debe hacernos saltar las alarmas, porque no nos debe caber la menor duda de que esto, lo más seguro, es verdad.
¿Por qué no se habla con más soltura o con más conocimiento de causa?
Quizá la respuesta está en que, como tantos intentos de idiotizarnos o ideologizarnos, los medios convencionales vetan este tipo de conversaciones.
Vivimos en una era donde el “piensa mal y acertarás” va a misa.
Cada día nos damos cuenta de que somos un conejito de Indias para todo tipo de experimentos sociales y, sí, espirituales.
A una sociedad adormecida e ignorante es fácil meterle gato por liebre y hacerle creer lo que sea que convenga a las grandes élites económicas e ideológicas.
Al lado de estos rufianes, y sus aliados en la política y los activistas pro terrorismo y barbarie, la supuesta Iglesia Satánica es un niño de pecho.
La sociedad Occidental tiene un problema con Dios gravísimo.
Subconscientemente, cada vez más el Halloween toma más importancia y no nos debe extrañar el porqué.
La razón es muy sencilla…
Atentos a este dato…
Este 2025, las celebraciones de Halloween (mercancía, entradas de eventos, disfraces y decoración) proyecta recibir alrededor de $13 BILLONES.
BILLONES.
¿Nos vamos entendiendo?
Pelearse con Dios y abrir portales espirituales tenebrosos es un negocio.
Un gran negocio.
¿Y quién está al centro de ese negocio?
Dos de los pilares fundamentales de nuestra sociedad: los niños y las familias.
Es importante ser repetitivos.
El Halloween en estos últimos tiempos se ha vuelto extremo.
Si nos adentramos en cualquier vecindario, incluyendo el mío, vamos a ver decoraciones funestas en los jardines y porches de muchas casas.
Esta es un área de casas grandes de familia con niños y adolescentes.
Las fachadas están cubiertas de luces que titilan.
Las paredes tienen muñecos animados con los ojos rojos titilando y cuando se acerca alguien emiten sonidos de terror y risas macabras.
He visto muñecas ahorcadas colgando de los árboles con el rostro de la niña del Exorcista o la “Niña de la Curva.”
Da miedo.
Soy una mujer adulta, pero pasar al lado de estas casas me provoca mucho temor.
¿Por qué alguien querría tener esta fantasía fantasmagórica en su propia casa? ¿Delante de sus jardines, alrededor de niños?
Muy fácil…
Se ha entregado al mensaje de que todo parezca un juego, una diversión.
No quiero parecer esotérica, pero estas imágenes tienen un poder energético y lo que más inspiran es horror.
Tanto Swiegelaar como Ramírez están profundamente preocupados de que familias que se dicen cristianas hayan caído en una trampa donde unos se lucran y ellos se condenan.
Para los satánicos todo tiene una simbología.
Pero para el resto del vulgo, aún los no religiosos, este extremismo y ese querer arrimar el hombro al ocultismo podría estar creando, si nos apoyamos en las leyes universales, como la Ley de La Atracción, una terrible nube negra de la que ahora queremos libranos, siendo nuestra sociedad la que la puso sobre nuestros cielos.
Para ilustrar esto, hagamos un inciso del que ya hemos comentado en un artículo que publicamos sobre Haití, su deplorable decadencia y su hundimiento económico.
Un estudio publicado en los 90s, en los cuales basé mi reflexión, daban crédito a que mucha de la miseria de Haití podría provenir de la abierta práctica del voodoo y otras religiones oscurantistas.
En Venezuela, santeros y paleros también son vistos en auge.
En México los rituales a la “Santa Muerte” son parte de la tradición.
Queriendo ser muy inclusivo, al fallecido Papa Francisco se le vio departiendo en una ceremonia a La Pachamama.
Se ha hecho muy accesible, material e ideológicamente hablando, diluir la presencia de Dios en nuestros hogares y en nuestro día a día.
De a poco, muchos valientes en redes denuncian prácticas oscurantistas de parte de los artistas e ídolos de la juventud.
Jennifer López, por ejemplo, pertenece a la Santería hace muchos años, con un grado equivalente a sacerdotisa.
Hay detalles escabrosos donde, alegadamente, López, hizo sacrificio a un gallo, para invocar protección a su matrimonio con el también actor Ben Affleck.
Pues el gallo murió en vano, puesto que la pareja se divorció sin haber llegado a los dos años juntos.
Pero el paganismo y el voodoo y ahora también el satanismo se han hecho ver como una diversión, y de ninguna manera, una provocación, que es lo que es.
Tener la mente abierta no siempre es la solución.
En una mente abierta pueden entrar pensamientos manipulados y no nos vamos a dar cuenta. Hay poco o cero discernimiento y está también esa costumbre de seguir a las masas.
Si mi vecino tiene una calabaza, yo tengo diez.
Si mi vecino tiene un esqueleto en su puerta, yo voy a emular La Casa Embrujada de Disney (donde, por cierto, acaba de morir una mujer del susto, al tener una condición cardíaca que no había sido diagnosticada)
Es menester decir que el puritanismo radical o el pensar en un Tribunal de la Inquisición no es, en lo absoluto, ideal.
Pero una consciencia de que estamos atrayendo miseria y oscuridad a nuestro entorno, eso hay que enfatizarlo.
Nuestra sociedad está corroída y corrompida moral, política e ideológicamente.
Estamos luchando a capa y espada para traer cordura y eliminar cuanta agenda exista donde la diana sean precisamente los menores de edad.
No debe ser noticia que Walt Disney World, como empresa, se haya querido meter de cabeza en la celebración de un Halloween.
Lo de ellos es, y siempre ha sido, tomar una jugosa parte de este pastel ideológico que ha contribuido a que todos los mensajes anti familia y anti tradicionalismo corran por los hogares y los comercios como pólvora.
El reacondicionamiento de una sociedad perdida es arduo.
Victorias hemos contado muchas en estos pocos años, pero los que son enemigos de esta vuelta a la sensatez tienen armas secretas, ases maquiavélicos y tienen aliados escondidos detrás de estas casas demoníacas que pretenden parecer casas familiares.
En Estados Unidos sería imposible prohibir el Halloween.
La difusión del verdadero significado detrás de ese “truco o trato” o la abiertísima alusión al oscurantismo con imágenes de terror debería ser muy bien explicada.
Sí que hay, por supuesto, decoración muy infantil que no pareciera hacer daño alguno, pero de esas decoraciones y de un Disney lleno de calabazas se asciende a que una casa pareciera el plató del Exorcista o la casa de Michael Myers (el protagonista, precisamente, del clásico ochentero Halloween, donde Myers es un asesino en serie)
La fiesta dedicada a los santos debe ser una fiesta solemne.
Es muy posible, que la canonización del ahora San José Gregorio Hernández, haya tenido que esperar muchos años dado que su imágen estaba, y seguro sigue estando, ahora con más auge, en los altares paleros o Marialionceros de Venezuela.
Es un proceso de renovación de nuestros valores y un giro de 180 grados en nuestra educación.
Hay daños irreversibles.
Pero nos hace falta, y aunque se lea como un lugar común trillado y cansino, ser un dique de contención.
A partir de ser resistencia y poner un alto a la destrucción, nos hacemos ingenieros y guerreros de la luz y reconstruimos los puentes que nos acercan a Dios, como nunca y más que nunca, jurando que jamás los quemaremos—y a nuestras almas con ellos.

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