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Tuesday, November 18, 2025

La Magia Negra de Disney


El film de animación “Pinocho” se estrenó en 1940, hace 85 años.

Es una película entrañable basada en el clásico “Las Aventuras de Pinocho” de Carlo Collodi, escrita en 1883.

Los personajes de Pinocho, y él, Pinocho, una marioneta que se mueve y habla y canta sin hilos, se hicieron de los favoritos del mundo Disney.

En el centro de la trama está Pepito Grillo, un insecto que es asignado por el Hada Azul como la conciencia del niño.

Pinocho es el “hijo adoptivo” de Geppetto, un fabricante de juguetes y relojes ya anciano que se propone educar al pequeño como mejor puede.

Pero en un abrir y cerrar de ojos, fue aparecer Pepito Grillo por una puerta, y la sensatez de Pinocho que se sale por otra.

Enseguida el protagonista decide portarse mal y engañar a su tutor y escapar de su casa.

Camino al colegio con los libros bajo el brazo, Pinocho aprovecha que Pepito se levanta tarde y se pone a conversar muy amablemente con dos sujetos que, a primera vista, tienen una actitud sospechosa y no ocultan que son mercenarios buscando hacer dinero con el niño de madera que no es una marioneta ordinaria.

Los dos maleantes son socios de un artista callejero llamado Stromboli, sus nombres son Gideón El Gato, el tontito, siempre recibiendo golpes y sin poder hablar, y El Honesto Juan, un zorro con una verborrea privilegiada pero sin moral alguna.

Pinocho se deja convencer y termina en un ferry camino a “La Isla del Placer,” acompañado por su conciencia y otros niños mal educados que tenían una peculiaridad: no querían estudiar.

En la isla, Pinocho empieza a portarse mal y aprender a fumar.

Todo es juego y diversión hasta que se cierran las puertas del parque de diversiones y quedan los niños atrapados dentro.

De la juerga y las peleas de niños sólo queda el pánico al ver cómo cada uno de ellos se convertía en un asno.

Muchos niños, en una escena aterradora, no pueden volver a su forma humana. Pinocho y Pepito logran escapar y, camino a casa, descubren que a Geppetto se lo ha tragado una ballena descomunal y es aquí donde el niño toma las riendas de su vida y se va a rescatar al padre, ganándose el beneplácito del Hada Azul que lo convierte en un niño de verdad.

Pinocho es un clásico que conocemos todos y nunca tuvimos ninguna malicia para entender que si eres bueno, se te cumplirán los sueños. Si eres malo te convertirás en un burrito de carga.

Pero qué dirían ustedes si la película Pinocho es una especie de autorretrato de lo que ha sido Walt Disney World—y lo sigue siendo, casi un siglo después.

Disney siempre tuvo la misma agenda, pero nosotros, cuatro o cinco generaciones, desde su fundación en Octubre de 1923 en la ciudad de Los Angeles, estábamos dormidos.

El despertar ha sido durísimo, incómodo y muy triste.

La palabra decepcionante no llega a cubrir una gama de emociones tan amplia, y, por momentos, no queremos aceptar que Disney World nunca ha jugado limpio.

De Disney puedo hablar de primerísima mano, puesto que desde 1996 al 2003 fui empleada de Walt Disney World, tanto en los parques como en los hoteles.

Los primeros años fueron maravillosos, un poco como la primera impresión de los niños frente a un parque de diversiones, como lo insinúan en La Isla del Placer.

Habiendo sido visitante asidua durante mi infancia y mi adolescencia a los diferentes parques temáticos, el poder tener acceso gratis como empleada era un sueño dorado.

Pero ese sueño dorado tiene un precio muy alto.

De a poco me di cuenta de que no todo lo que brillaba era oro. 

El proceso de ideologización “disneyana” es fortísimo y tienes que aprender a usar ciertos vocablos.

Literalmente mi trabajo me hizo enfermar y tuve que renunciar en el 2003.

Fue una de las peores experiencias de mi vida.

En el año 2012, cuando cumplí 40 años, se produjo una breve reconciliación y fui portadora, por cinco años, de su pase anual.

Pero en el 2017 tuve que dejarlo porque ir a los parques se hizo insoportable con la cargadísima agenda LGTBQ que se promovía por los cuatro costados.

Hoy en día doy gracias a Dios porque sería imposible aguantar una carga tan fuerte de mensajes tan nocivos e inadecuados.

En los últimos pocos años, cientos de miles de familias se han desconectado de Disney, y pareciera que hoy en día los parques y sus alrededores son un “safe space” para lunáticos, transexuales y tiktokeros aberrados.

Por otro parte, en la segunda mitad de este año ya se reportan cuatro suicidios de cuatro personas desde los balcones de los hoteles o en los rieles del monorail que es el medio de transporte icónico entre varios parques y hoteles de lujo.

Si vamos atando cabos nos encontramos que Disney podría ser una fábrica de personas con problemas graves de adaptación o bipolaridad, y sería Disney el lugar elegido para terminar de una vez con toda su miseria.

El universo Disney es muy amplio y su influencia la captamos alrededor del mundo desde muchísimos ángulos.

Quizá lo más obvio sean las películas.

Las redes sociales (muy afortunadamente!) se han hecho eco de los impresionantes mensajes de las películas que están, en principio, creadas para un público infantil.

Quedémonos con eso: un público de menores de edad.

Volviendo a Pinocho, en la Isla del Placer no hay adultos, excepto el dueño del antro al que vemos de vez en cuando fumando un puro y contando sus monedas de oro.

Si nos ponemos a analizar el impacto de Disney a lo largo de más de cien años, podríamos concluir que fue a partir de nuestra generación (X) donde se quiso poner el acelerador para un adoctrinamiento que hoy tiene invadido a todo Occidente.

Si bien Disney tiene sucursales en Asia y próximamente en los Emiratos, fue la sociedad Occidental la más proclive a morder el anzuelo.

Invito a que ustedes vean la amplísima hemeroteca sobre los mensajes de las películas de Disney.

Casi toda la cinemateca de Disney tiene denominadores comunes.

Vemos a Pinocho que desobedece a su padre anciano.

Por este mismo rumbo están El Rey León cuando Simba y Nala se escapan de Pride Rock para acabar asediados por hienas, serviles a Scar el villano, hermano de Mufasa, y posteriormente su asesino.

La tragedia sacude la vida del cachorro Simba que huye de su hogar sintiendo sobre sus hombros la culpa de la muerte de su padre. Luego lo vemos crecer como un tarambana hasta que su mejor amiga (luego su pareja), Nala, le pide ayuda en nombre de un decadente Pride Rock en manos de Scar, un tirano.

La Sirenita nos presenta a Ariel que desobedece a Tritón, su padre, el rey de los mares, para buscar lo que no se le ha perdido en tierra, donde, para ganarse el amor del Príncipe Eric, se deja embaucar por Úrsula, una bruja que se aprovecha de criaturitas desesperadas y desamparadas como Ariel.

En estos ejemplos no podemos dejar atrás la asociación de Disney con los estudios de Pixar, si cabe más liberales y extremistas woke que su matriz, Disney.

Pixar se dejó de subterfugios cuando comenzó a cundir sus películas de animación con personajes “queer” o abiertamente homosexuales.

Cuando yo estaba en nómina de Disney, se me decía que la industria del entretenimiento era muy propicia a reclutar personas homosexuales.

Centenares de mis compañeros eran gays y varios altos ejecutivos lo eran también—y muy abiertamente.

En Disney no había closet del que salirse, todo Disney era un escaparate de sorpresas muy abierto.

El problema llega con la entrada del nuevo milenio y el nacimiento de generaciones mucho más vulnerables, cuyos padres, confiaron al cien por cien con el producto de los estudios Disney y con la frenética producción de mercancía.

Hoy en día empleados varones entre los 25 y 40 años se visten de mujeres para entretener a los niños y, alegadamente, se han hecho comunes las orgías entre los empleados posteriores a los desfiles y los shows.

Expertos hablan quizá de un problema más grave, que no se puede ver a primera vista, pero que podría ser, al final del día, la gran meta de Disney, adeptos estos a la apocalíptica Agenda 2030.

Mickey Mouse podría no ser más que un Gran Sacerdote embrujando a los pequeños para entrar en un mundo de colores que luego pondrá sus asquerosas manos sobre sus endebles cerebritos.

Volviendo al punto anterior, muchos analistas coinciden que Disney tiene un diabólico ataque hacia el núcleo familiar creando personajes siempre rebeldes, incomprendidos e ingratos.

Atención, que no con esto pretendo censurar que se vean las películas de Disney, pero sí pretendo llamar la atención a lo que podría estarse creando a partir de cuentos y de temática infantil.

Es urgente que los films de Disney sean supervisados por adultos cabales, algo que no pareciera ser común, sino todo lo contrario.

Cuando salió la película de Disney-Pixar Coco en el 2017, mis padres y yo la vimos juntos y fui yo la única persona del grupo a quien se le saltaron las alarmas con la cantidad de propaganda que tenía el film casi desde el principio.

Tenemos a Héctor, el protagonista a quien no se le permite “cruzar las fronteras” para ver a sus ancestros en el Día de los Muertos.

Con este personaje se politizan las medidas de Donald Trump, en aquel entonces en su primer período, en contra de la inmigración ilegal.

Tenemos un show de un travesti.

Y como no podía faltar, a Frida Kahlo, una artista maravillosa, pero una figura controversial, bisexual y abiertamente comunista que tuvo de amante a Trotsky.

La gran mayoría de las personas no vería estos “mensajes subliminales,” y otro grupo de personas no sólo los ve sino que los celebra.

Por este mismo medio hemos analizado a fondo el rol de Disney en nuestra sociedad, pero quizá nos ha faltado hacer un llamado de alerta para que el contenido sea analizado y podamos dejar a los niños ver una película que no dañará sus posturas y sus valores a medida que se hacen adultos.

Los recursos materiales de Disney son incontables, pero en la última década, vemos que no son infalibles. Y esto es un buen presagio.

Pero sigamos analizando...

Hace una década o poco más, Disney decidió reinventar sus clásicos en forma de lo que se conoce como “live action,” es decir, con actores y no con dibujos animados.

Con estos largometrajes, no sólo se distorsiona la película original (que ya sabemos está maleada ideológicamente) sino que se adereza sin tapujos con un contenido pro Agenda 2030, muy pro LGTBQ y con protagonistas femeninas insoportablemente feministas.

Hay quienes podrían incluso ver mensajes misóginos, dado que la mayoría de las protagonistas y las princesas tienden a tener un peor final como consecuencia de su desobediencia y su inconformismo, mientras que los protagonistas masculinos siempre salen airosos y aventureros.

El que piense, y esto es importante, que estos mensajes hay que verlos con lupa y son pura coincidencia, que se lo haga mirar.

Hace aproximadamente tres años, en Marzo del 2022, un “whistleblower” hizo pública una reunión de altos ejecutivos de Disney donde abiertamente decían que no había nada oculto en la promoción de antivalores y de agendas pro gay.

Yo que trabajé con compañeros homosexuales quiero dejar claro que ellos, per se, nunca fueron el problema. El problema fue el proselitismo que año tras año fue in crescendo hasta el punto, como ya he dicho, de ver “drag queens” como empleados departiendo con los niños pequeños.

Para concluir, quizá Disney esté creando una sociedad de idiocracias a todo nivel, tema que ya analizamos por este medio.

A Walt Disney World, una gigantesca "Isla del Placer" habría que empezar a llamarla por lo que es, una maquinaria muy eficaz de propaganda. Un Goebbels detrás de la fachada de un tiovivo extraordinario.

El hecho de que los costos de una experiencia en Disney también sean tan altos, podría ser un indicador de que son un fraude más comprando la voluntad de los visitantes endebles e ideologizados.

Disney podría haberse prestado, a cambio de todo el oro del mundo, en convertir a niños en asnos frente a nosotros, sin pedir permiso ni perdón.

El dique de contención lo erigimos nosotros.

No es opcional. Es imprescindible.

La magia de Disney no es magia blanca, sino un blanqueamiento de la magia negra que amenaza a una civilización que alguna vez quiso creer en cuentos de hadas, y cayó en el reino de Hades.

Aviso a navegantes, este año 2025, marca el pistoletazo de salida para la generación Beta. Este año nace una nueva ola de niños. Por favor seamos para ellos un Pepito Grillo más eficaz que el que tuvo Pinocho.








Sunday, October 26, 2025

El Halloween: Un Caldero Ideológico Oscurantista y Peligroso


Comenzaremos este análisis de una forma inusual...con un fake news!

¡Aquí va!

El Presidente Nayib Bukele, acaba de anunciar en la televisión nacional que se prohíben en El Salvador todas las celebraciones de Halloween.

Bukele las ha denominado “las fiestas del Diablo.”

En su lugar El Salvador tendrá fiestas dedicadas a Dios. Sería, agregó el mandatario, “una fiesta de la luz.”

Esto es falso. Corrió por redes como pólvora y hechizó a muchos usuarios.

No es cierto, pero si lo fuese tuviese todo el sentido del mundo.

El enorme esfuerzo que ha hecho Bukele de espantar a las Maras Salvatruchas y sus M13 para despacharlas a La CECOT, no es sólo un trabajo de las autoridades terrenales.

Es obvio que para Bukele levantar a los salvadoreños de la oscuridad y el terror es una Cruzada sacra y personal.

No debería extrañarnos que aunque "fake news" el mismo Presidente Bukele haya querido que esa medida suya, sin precedentes, fuese viral.

Pero vamos a plantearnos una hipótesis.

Pudiera ser necesario acabar con las celebraciones a nivel mundial de Halloween?

Empecemos.

¿Es el Halloween, denominada también La Fiesta de las Brujas, un instrumento ideológico para dañar a las masas?

Por daño nos referimos, claramente, a un daño irreversible mental y espiritual.

Primero que nada recordemos que el Halloween no empezó siendo una noche de disfraces y de caramelos para los niños.

Los orígenes de lo que se conoce como “Halloween” se deriva de las fiestas paganas de los Celtas, durante la celebración del “Samhain,” la época de recoger la cosecha.

Para ahuyentar a los “malos espíritus” los campesinos solían ir disfrazados y creaban hogueras gigantescas para celebrar su buena fortuna.

La conquista de los territorios celtas por la Iglesia Católica, adoptó estas fiestas denominando el día 1.º de noviembre como “El Día de Todos los Santos.”

En inglés es “All Hallows Day.” La palabra “hallow” es un término reverencial para los santos.

El día previo, es decir, el día 31 de octubre, se denominó “All Hallows Eve.”

De allí se generó, o quizá deberíamos decir, se “degeneró,” la festividad de Halloween.

Halloween está arraigado con mucha profundidad en la cultura Norteamericana y la Canadiense.

A partir de la última semana de septiembre y todo el mes de octubre, Halloween hace una marcha triunfal por el calendario, los comercios, las calles, las fachadas de los edificios públicos y, claro está, los hogares.

De esto hablaremos en profundidad en unos instantes.

Afortunadamente, mi familia no celebró nunca el Halloween cuando éramos niños. Quizá mucho tenía que ver con que, por un lado, en mi lado paterno, todos son Católicos, y para el catolicismo, al menos en teoría, el Halloween es anatema.

Por otro lado, mi familia materna, y yo, personalmente, somos judíos.

El judaísmo por estas fechas celebra el Sukkot, también haciendo alusión a la cosecha y Simchat Torah, el comienzo de las lecturas de nuestro libro sagrado, y, desde hace dos años, una fecha donde recordamos La Masacre del 7 de Octubre y la liberación de los rehenes. Casualmente (o maravillosa serendipia) ambos sucesos ocurrieron en los días de Simhat Torah.

Quizá los horrores del 7 de octubre serán eternamente lo más cercano a un Halloween, pero Halloween siempre se quedaría corto.

Bueno, volviendo a nuestro tema.

Halloween es una fecha celebrada a nivel mundial, dada la influencia de Estados Unidos, culturalmente hablando, en todos los rincones del planeta.

Durante la noche del 31 de octubre, muchas personas se reúnen para tener en casa una fiesta de disfraces.

En el caso de Florida donde hay tantos parques temáticos, todos, sin excepción tienen noches de Halloween con decoraciones y entretenimiento bastante extremo con efectos de sonido, actores, efectos de luces y muchas imágenes perturbadoras.

El que menos quizá sea Disney.

Y, sí, ciertamente, fue con Disney que yo conocí las historias de Halloween.

En una compilación de historias cortas con Mickey Mouse, que incluía segmentos con todos los personajes principales de Disney, conocimos, por ejemplo, la leyenda del Jinete sin Cabeza.

Pero esa película la veíamos en cualquier momento del año, no en Halloween específicamente.

Aquí quiero que hagamos una reflexión.

Las fiestas de Halloween tienen mucho que ver, o diría yo, casi todo que ver, con niños y adolescentes.

¿Por qué?

Porque lo más llamativo del 31 de octubre es que cientos de miles de niños van de puerta en puerta pidiendo caramelos y chocolates, todos ellos con disfraces muy originales y hasta podría decirse hasta que adorables, y allí podría estar el truco.

De hecho esa actividad que parece tan inocente se llama en inglés “trick or treat” (truco o trato)

Esta tradición también tiene sus orígenes celtas durante la festividad del Samhain.

Los campesinos iban de puerta en puerta intercambiando la cosecha por canciones u oraciones.

A partir del siglo XX, para los niños, ir de puerta en puerta a por caramelos y dulces es una estampa de Halloween para la que no se escatiman esfuerzos ni gastos.

Hay que decir que esta colecta de los pequeños se hace bajo mucho escrutinio y los pequeños van acompañados por chaperones, o mismo, por sus padres.

Como no han faltado las tragedias y los casos de envenenamiento, muchas actividades de “truco o trato” se hacen en centros comerciales o en ambientes muy controlados.

Pero no hay resguardo en estas fiestas para el alma.

Aquí nos vamos a adentrar en una temática controversial pero imprescindible de mencionar y denunciar.

No sólo los antiguos y los neo paganos celebran el Samhain y no sólo los católicos celebran a sus santos.

El Satanismo ha incorporado Halloween como una de las “fiestas” más importantes de su calendario oscurantista.

El Satanismo es un culto a Satanás, tal y como lo describen las escrituras religiosas y con una imaginaria trinidad paralela a la del Cielo.

Un satánico besa los pies de una entidad ficticia. Eso lo tenemos claro.

Pero alrededor de esta figura hay rituales esperpénticos, sacrificios, magia negra y una devoción demoníaca que ha atraído a muchísimos jóvenes que se han querido “rebelar” contra los principios judeo-cristianos.

Halloween en los últimos tiempos se ha vuelto más extremo y más oscuro.

Los disfraces son cada vez más tétricos y, es quizá desde el Satanismo donde se han expuesto los peores horrores que suceden en nuestras comunidades en preparación para el Halloween.

La cadena CBN (Christian Broadcasting Network), muy popular entre el público americano, ha tenido entrevistas con varios ex-satanistas que, aparte de dar testimonios de fe, hablan sin tapujos de lo que es el Halloween desde un punto de vista religioso.

El caso de Riaan Swiegelaar, por ejemplo.

Swiegelaar fue un alto sacerdote en la “Iglesia de Satán” hasta el 2022, donde tuvo una epifanía y se convirtió al cristianismo.

En su paso por CBN así como numerosos pódcasts, el ahora activista cristiano, que es oriundo de Sudáfrica, explica la gravedad de que tantas familias se hayan adherido a celebrar Halloween sin tener ni remotamente en cuenta el daño espiritual de estas fiestas oscurantistas.

El otro caso, muy interesante, es el del Pastor John Ramírez, un hispano que fue practicante satánico desde los 8 años hasta los 33 años.

En esos años, adquirió “prestigio” en los altares de “Satán,” se casó un día de Halloween y su ceremonia fue toda inspirada en rituales satánicos. Luego introdujo a su hija en las prácticas.

Desesperado y habiendo visto múltiples horrores, se convirtió al cristianismo y, al igual que Swiegelaar, dio testimonio de su fe y se ha creado un amplio grupo de seguidores a los que ayuda a salirse de religiones paganas y del satanismo.

Ramírez, en una entrevista de la CBN, dice algo que no debe pasar desapercibido. El detalle de los caramelos y chocolates.

Dice él que no se sabe qué puede haber pasado con esos chocolates y que de primera mano sabe que hay muchas familias que “rezan” y hacen rituales utilizando los caramelos como “ofrendas” para luego dárselo a los niños.

Swiegelaar, personalmente, ha ido a más.

El activista sabe que durante el mes de octubre aumentan estrepitosamente los casos de personas desaparecidas y de animales callejeros.

Las personas en cuestión son los más vulnerables, como personas sin hogar o vagabundos.

¿Por qué?

Porque son raptados para sacrificios, muchos de ellos de las iglesias satánicas.

Más que asustarnos como una novela de Stephen King, debe hacernos saltar las alarmas, porque no nos debe caber la menor duda de que esto, lo más seguro, es verdad.

¿Por qué no se habla con más soltura o con más conocimiento de causa?

Quizá la respuesta está en que, como tantos intentos de idiotizarnos o ideologizarnos, los medios convencionales vetan este tipo de conversaciones.

Vivimos en una era donde el “piensa mal y acertarás” va a misa.

Cada día nos damos cuenta de que somos un conejito de Indias para todo tipo de experimentos sociales y, sí, espirituales.

A una sociedad adormecida e ignorante es fácil meterle gato por liebre y hacerle creer lo que sea que convenga a las grandes élites económicas e ideológicas.

Al lado de estos rufianes, y sus aliados en la política y los activistas pro terrorismo y barbarie, la supuesta Iglesia Satánica es un niño de pecho.

La sociedad Occidental tiene un problema con Dios gravísimo.

Subconscientemente, cada vez más el Halloween toma más importancia y no nos debe extrañar el porqué.

La razón es muy sencilla…

Atentos a este dato…

Este 2025, las celebraciones de Halloween (mercancía, entradas de eventos, disfraces y decoración) proyecta recibir alrededor de $13 BILLONES.

BILLONES.

¿Nos vamos entendiendo?

Pelearse con Dios y abrir portales espirituales tenebrosos es un negocio.

Un gran negocio.

¿Y quién está al centro de ese negocio?

Dos de los pilares fundamentales de nuestra sociedad: los niños y las familias.

Es importante ser repetitivos.

El Halloween en estos últimos tiempos se ha vuelto extremo.

Si nos adentramos en cualquier vecindario, incluyendo el mío, vamos a ver decoraciones funestas en los jardines y porches de muchas casas.

Esta es un área de casas grandes de familia con niños y adolescentes.

Las fachadas están cubiertas de luces que titilan.

Las paredes tienen muñecos animados con los ojos rojos titilando y cuando se acerca alguien emiten sonidos de terror y risas macabras.

He visto muñecas ahorcadas colgando de los árboles con el rostro de la niña del Exorcista o la “Niña de la Curva.”

Da miedo.

Soy una mujer adulta, pero pasar al lado de estas casas me provoca mucho temor.

¿Por qué alguien querría tener esta fantasía fantasmagórica en su propia casa? ¿Delante de sus jardines, alrededor de niños?

Muy fácil…

Se ha entregado al mensaje de que todo parezca un juego, una diversión.

No quiero parecer esotérica, pero estas imágenes tienen un poder energético y lo que más inspiran es horror.

Tanto Swiegelaar como Ramírez están profundamente preocupados de que familias que se dicen cristianas hayan caído en una trampa donde unos se lucran y ellos se condenan.

Para los satánicos todo tiene una simbología.

Pero para el resto del vulgo, aún los no religiosos, este extremismo y ese querer arrimar el hombro al ocultismo podría estar creando, si nos apoyamos en las leyes universales, como la Ley de La Atracción, una terrible nube negra de la que ahora queremos libranos, siendo nuestra sociedad la que la puso sobre nuestros cielos.

Para ilustrar esto, hagamos un inciso del que ya hemos comentado en un artículo que publicamos sobre Haití, su deplorable decadencia y su hundimiento económico.

Un estudio publicado en los 90s, en los cuales basé mi reflexión, daban crédito a que mucha de la miseria de Haití podría provenir de la abierta práctica del voodoo y otras religiones oscurantistas.

En Venezuela, santeros y paleros también son vistos en auge.

En México los rituales a la “Santa Muerte” son parte de la tradición.

Queriendo ser muy inclusivo, al fallecido Papa Francisco se le vio departiendo en una ceremonia a La Pachamama.

Se ha hecho muy accesible, material e ideológicamente hablando, diluir la presencia de Dios en nuestros hogares y en nuestro día a día.

De a poco, muchos valientes en redes denuncian prácticas oscurantistas de parte de los artistas e ídolos de la juventud.

Jennifer López, por ejemplo, pertenece a la Santería hace muchos años, con un grado equivalente a sacerdotisa.

Hay detalles escabrosos donde, alegadamente, López, hizo sacrificio a un gallo, para invocar protección a su matrimonio con el también actor Ben Affleck.

Pues el gallo murió en vano, puesto que la pareja se divorció sin haber llegado a los dos años juntos.

Pero el paganismo y el voodoo y ahora también el satanismo se han hecho ver como una diversión, y de ninguna manera, una provocación, que es lo que es.

Tener la mente abierta no siempre es la solución.

En una mente abierta pueden entrar pensamientos manipulados y no nos vamos a dar cuenta. Hay poco o cero discernimiento y está también esa costumbre de seguir a las masas.

Si mi vecino tiene una calabaza, yo tengo diez.

Si mi vecino tiene un esqueleto en su puerta, yo voy a emular La Casa Embrujada de Disney (donde, por cierto, acaba de morir una mujer del susto, al tener una condición cardíaca que no había sido diagnosticada)

Es menester decir que el puritanismo radical o el pensar en un Tribunal de la Inquisición no es, en lo absoluto, ideal.

Pero una consciencia de que estamos atrayendo miseria y oscuridad a nuestro entorno, eso hay que enfatizarlo.

Nuestra sociedad está corroída y corrompida moral, política e ideológicamente.

Estamos luchando a capa y espada para traer cordura y eliminar cuanta agenda exista donde la diana sean precisamente los menores de edad.

No debe ser noticia que Walt Disney World, como empresa, se haya querido meter de cabeza en la celebración de un Halloween.

Lo de ellos es, y siempre ha sido, tomar una jugosa parte de este pastel ideológico que ha contribuido a que todos los mensajes anti familia y anti tradicionalismo corran por los hogares y los comercios como pólvora.

El reacondicionamiento de una sociedad perdida es arduo.

Victorias hemos contado muchas en estos pocos años, pero los que son enemigos de esta vuelta a la sensatez tienen armas secretas, ases maquiavélicos y tienen aliados escondidos detrás de estas casas demoníacas que pretenden parecer casas familiares.

En Estados Unidos sería imposible prohibir el Halloween.

La difusión del verdadero significado detrás de ese “truco o trato” o la abiertísima alusión al oscurantismo con imágenes de terror debería ser muy bien explicada.

Sí que hay, por supuesto, decoración muy infantil que no pareciera hacer daño alguno, pero de esas decoraciones y de un Disney lleno de calabazas se asciende a que una casa pareciera el plató del Exorcista o la casa de Michael Myers (el protagonista, precisamente, del clásico ochentero Halloween, donde Myers es un asesino en serie)

La fiesta dedicada a los santos debe ser una fiesta solemne. 

Es muy posible, que la canonización del ahora San José Gregorio Hernández, haya tenido que esperar muchos años dado que su imágen estaba, y seguro sigue estando, ahora con más auge, en los altares paleros o Marialionceros de Venezuela.

Es un proceso de renovación de nuestros valores y un giro de 180 grados en nuestra educación.

Hay daños irreversibles.

Pero nos hace falta, y aunque se lea como un lugar común trillado y cansino, ser un dique de contención.

A partir de ser resistencia y poner un alto a la destrucción, nos hacemos ingenieros y guerreros de la luz y reconstruimos los puentes que nos acercan a Dios, como nunca y más que nunca, jurando que jamás los quemaremos—y a nuestras almas con ellos.






Seamos Guerreros de la Luz---no de Tablero!

En el año 73 AC, Roma vio los cimientos de su República temblar como pocas veces. Revueltas habían sido vividas. Hazañas habían sido contada...