La palabra “idiota” es un peyorativo que usamos para insultar a un político inútil, a un activista descerebrado o simplemente a un personaje de ficción en una película. Usamos la palabra ligeramente y la vemos inflada y viral en redes sociales.
Para nuestro análisis de hoy me gustaría que nos remontemos a los orígenes etimológicos de “idiota.”
Para ello nos vamos a la antigua Grecia.
“Idiōtēs” (ἰδιώτης) en griego hacía referencia a un individuo aislado de la vida pública sin muchas aspiraciones y con poco talento.
Lo que ha quedado vigente hasta nuestros días y se ha ido moldeando en nuestro vocabulario es lo segundo.
Un personaje sin talento y sin vocación alguna; moldeable; manipulable, y en ocasión hasta manipulador.
En Grecia, un idiota se excluía de cargos importantes. Se le dejaba de lado.
No era ilegal ser idiota, pero era problemático.
Hoy en día ser un idiota es lo correcto, lo útil y lo imprescindible.
Se paga a los idiotas.
Se contrata a idiotas.
Se vota a los idiotas.
El siglo XXI se ha convertido en la era de las “idiocracias.”
En una sociedad idiota, la mediocridad es una reina y el ciudadano se pone a su servicio.
Agustín Laje, politólogo e influencer argentino, publicó hace dos años un libro llamado “La Generación Idiota,” y el haber puesto tan irreverente título causó mucho inri entre los críticos y, claro está, la izquierda radical.
Pero Laje supo defender el título de su obra, precisamente, porque la intención no era propiciar insultos, sino definir la palabra “idiota,” como es menester entenderla.
En su libro, Laje se enfoca en la generación Z, la batalla cultural y lo que él define como una sociedad con mente de adolescente.
Pero la idiotez no tiene ni edad ni género.
En una idiocracia todos buscan ser idiotas porque de ser idiota se come y se vive bien.
Pero idiotizar a una civilización entera no es una tarea fácil ni es un virus que vuela en el aire y contagia como una gripe.
La “idiofilia” es propicia en mentes muy brillantes y muy poderosas.
La Alemania Nazi, y, en consecuencia, todos los territorios invadidos por el Nazismo en los 30s y 40s, se concentró en idiotizar a millones de ciudadanos que durante décadas pasaron de un Kaiser a una república impúdica y decadente y a una miseria y una hambruna que era anatema para una potencia como la germana.
La idiotización del pueblo que apoyó a los Nazis no estaba siendo controlada por un pobre diablo, sino por Joseph Goebbels, para el mal, una de las personas más inteligentes y talentosas del siglo XX.
En este medio hemos analizado las leyes de la propaganda.
A una población desesperada, la idiotización y la manipulación es extraordinariamente sencilla.
Joseph Stalin y todos los líderes comunistas alrededor del mundo en el último siglo eran impresionantemente geniales y su ambición por obtener poder y control era insaciable.
Idiotizar a la población bajo el mando de estos tiranos costó más de 100 millones de vidas.
Los creadores de las redes sociales, esos millennials consentidos de Silicon Valley son bastante responsables de la idiotización de cientos de millones de individuos que a través de un arroba tienen un altavoz que muchas veces debería quedarse mudo.
Las nuevas tecnologías han sido un “parabéns” para las élites que sádicamente disfrutan de ver a idiotas germinar como mala hierba.
Gobernantes de países del primer mundo gozan de ver como los de su propio entorno (escogidos a dedo) aplauden todas las gracias y cumplen a rajatabla con las agendas ideológicas que mantendrán a la sociedad anestesiada.
El analista Victor Davis Hanson participó en el pódcast “The Independent” (El Independiente) con el Dr. Scott Atlas, experto en política y salud.
Hanson, cuando se le pregunta por los inicios de este cambio social y mental de las generaciones actuales, responde sin titubeos que en los EE. UU. todo se inició en la era de Barack Obama.
Obama hoy por hoy es un personaje tristón, empequeñecido y vapuleado hasta por su propia esposa. Está desprestigiado y cada día salen más y más datos que evidencian el supremo daño que su mandato del 2008 al 2016 hizo a la sociedad estadounidense, más que a nivel económico, a un nivel cultural y espiritual.
Obama sabemos hoy en día es lo que en inglés se conoce como un “middle man,” es decir él, por sí mismo, no es nadie, pero detrás de su campaña y sus acciones había recursos cuasi infinitos, mentes maquiavélicas y, por supuestísimo, el islam radical.
Los Obama fueron entrenados para irrumpir en el panorama político y muy poca gente los conocía de primera mano. Esto, tal vez, fue una mala señal que los americanos ignoraron por completo frente a esta figurita de torta que venía a la Casa Blanca con tonito dicharachero y con un discurso trillado sobre la “injusticia social.”
El, sí, él, Barack Obama es también un idiota.
Pero hasta el sol de hoy Estados Unidos padece la pandemia de los años peligrosos de una administración que quiso, desde el minuto uno, convertir a Estados Unidos en una idiocracia.
No subestimemos el recuento de los daños.
Obama con todo y que es una persona servil y venida a menos puso, en su día, la primera piedra para que hace pocos días la ciudad de Nueva York eligiese a Zohran Mamdani como alcalde de la Gran Manzana.
Mamdani es, si cabe, más radical y más peligroso que el mismo Obama, y sólo tiene 34 años.
Es el títere perfecto que atrajo el voto de las "Barbies" feministas, todas ellas idiotizadas por una misoginia desaforada y por chiringuitos que quieren pagar al primer postor.
Los “idiota makers” no son, en muchos casos, caras visibles.
Son, como en El Mago de Oz, el hombre detrás de las cortinas.
El perfil psicológico de un idiota es muy predecible y si nos adentramos en su biografía, en el caso de personajes públicos, vamos a ver casi sin excepción, traumas y bullying y, en el caso de las mujeres, el abuso psicológico e incluso sexual de hombres cercanos a su entorno.
Si un presidente de la república puede ser definido como un idiota, poco podemos esperar del ciudadano común.
Pero ese ciudadano ordinario no se hace idiota solo.
Hanson, en el podcast con el Dr. Atlas da en el clavo cuando analiza con lujo de detalles como ese proceso de idiotización colectiva ha sido por obra y gracia de las universidades.
Y no de ayer, ojo.
Desde hace décadas y en las universidades que creeríamos más prestigiosas y más serias se ha creado una pandemia pro socialismo y anti casi todo lo bueno entre pizarrones y pupitres y charlas en cafetines.
Yo, en lo personal, tuve mucha suerte de que en los 90s, la Universidad de la Florida Central, donde me gradué de periodismo y ciencias políticas en 1995, no estaba politizada ni ideologizada, al menos no en la cátedra de periodismo—y miren que pudo haberlo estado!
El mismo Hanson recuerda que en sus estudios de postgrado en la década de los 70s, tres cuartos de lo mismo, cero ideologización.
En Venezuela, en cambio, siempre escuché que, efectivamente, las universidades públicas sí estaban invadidas tanto por estudiantes como profesores abiertamente de izquierdas.
Pero el ambiente político de hispanoamérica siempre ha sido complejo y caldeado.
Volviendo al caso de los Estados Unidos que es el que tendría más repercusión y relevancia, la idiotización ha sido fríamente calculada, premeditada, y exquisitamente financiada por entidades que hoy sabemos no son ni americanas ni son trigo limpio.
Catar y China han aportado billones a las universidades privadas con la sola finalidad y condición, por ejemplo, que se agilice la apertura de cátedras proislamistas y de chiringuitos de estudiantes con lemas furiosamente antisemitas y antiamericanos.
La universidad Complutense de España, hasta hace pocas décadas, icónica, es hoy por hoy un nido de personajes esperpénticos que con su puño en alto se han hecho devotos y sacerdotisas del wokismo más estridente y del comunismo que, junto a Pedro Sánchez (un idiota de manual) conforman un gobierno de extrema izquierda.
Cada mañana las noticias en redes sociales nos hablan de algún imputado de la cúpula en Moncloa.
No existe un sólo personaje en el gobierno español que sea salvable.
España está hipnotizada por el péndulo de Bruselas que riega a las naciones de Europa con ideología de género, animalismo fétido y castigo tras castigo para la economía del campo que se seca adrede o se quema paulatinamente para saciar la ambición de los políticos idiotas con aquello del “cambio climático.”
Me gustaría que nos quedáramos en España por un momento quizá porque España, muy tristemente, pueda ser ya una idiocracia definida y estructurada.
Vuelvo y repito la cara de los idiotizadores del Reino de España está oculta más allá, incluso de Bruselas, donde Úrsula Von der Leyen es la emperatriz del idiotismo europeo.
No sabemos quién ha puesto a un “Lázaro político” como Sánchez en el poder. Pero se habla muy posiblemente de un George Soros y de los líderes del grupo Bilderberg que ya no son actores de una conspiración, sino que sabemos sus nombres y sus apellidos.
Al igual que los comunistas de la España guerracivilista de los 30s, Sánchez y su séquito de bufones son crueles, tiránicos y corruptos.
Las máscaras se caen, pero Moncloa sigue sin derrumbarse.
Pero a Sánchez lo protegen aliados muy cercanos.
A Sánchez, y esto es interesante, prestemos atención, lo mantiene en el poder una institución que él aborrece: la monarquía.
El gobierno del PSOE es ateo y republicano sin condiciones, pero Sánchez ha encontrado en el mismísimo Rey de España a su idiota perfecto.
Con la publicación de tantas biografías donde se comentan los pormenores de la vida privada de los actuales monarcas, y con la venia de su íntima amiga, Letizia Ortíz, Sánchez ha podido manipular a Felipe VI hasta convertirlo en un bufón de su corte.
Los discursos amorales y globalistas del rey son cada vez más frecuentes y ver a los reyes retratados con jefes de estado de izquierda es lo que adorna las portadas de HOLA.
Letizia, ella toda, una villana consumada abiertamente comunista, atea y anti-España, no pone límites a su ambición de seguir dinamitando la institución convirtiendo a sus dos hijas, la heredera, la Princesa Leonor y a su hermana, la Infanta Sofía, en dos peones inservibles para que vejen a su abuela, la Reina Emérita Sofía.
Esa desvergüenza en España es el pan nuestro de cada día.
Pero el que piense que Letizia Ortíz es una líder, se vuelve a equivocar.
Letizia es de la peor calaña de idiotas que existen, la más servil y la más dañada.
Sexo y ambición la han llevado al Palacio de la Zarzuela y ahora ella misma quiere convertir a la Infanta Sofía en una inútil.
Ha salido a la luz que los monarcas pondrán a su segunda hija a cursar en una universidad llamada “Forward College” una institución con su sede principal en Malasia y con franquicias como la de Lisboa donde entrará la infanta.
“Forward College” es una universidad donde se puede obtener un diploma de idiota pagando cientos de miles de euros.
No hay exámenes. Los estudiantes se centran en participar en charlas y se crean soldaditos rasos para el activismo de la Agenda 2030.
Estas universidades elitistas están planeadas para ser atendidas por estudiantes que nunca tendrían que preocuparse por trabajar y ganar un sueldo, pero son pro activismo radical rojo amapola.
Casi todos los alumnos provienen de casas reales, aristocracia rancia y niños mantenidos por sus padres con mansiones en los Hampton.
Cuando se han desgranado las protestas violentas en las universidades estadounidenses se recalca el papel protagónico de este tipo de alumnado. Muchos de ellos han llegado, incluso, a quemar sus diplomas en protesta de sus causas inútiles como la de “Free Palestine.”
Hanson comenta que muchas empresas de prestigio ya han optado por no aceptar candidatos que vienen de las conocidas “Ivy Leagues” como Harvard o Columbia, dado que estos empleados lo único que hacen es polarizar, politizar y poner en visto a sus compañeros y colegas.
El germen de la idiotización empieza en las escuelas y en los hogares.
Cada vez hay más mujeres que anteponen sus ambiciones profesionales sobre la crianza de los menores.
La violencia e hipersexualidad de nuestra cultura del entretenimiento ha creado madres solteras por montones y los “idiota makers” promueven cualquier cantidad de políticas que dejen en sus víctimas visibles e irreparables traumas como es, por poner un ejemplo, el aborto.
El idiota paga por seguir viviendo en la comodidad de su idiotez.
De allí que los idiotizadores hayan construido minas de oro que superarían en tamaño, con creces, la altura del Monte Everest.
El idiotizador es creativo en su labor de fabricar imbéciles, pero es inmune a sus propias estrategias.
Puede que uno u otro caiga en la cárcel por crímenes o fraudes, pero las cabecillas se echan aire en Mónaco y veranean en Dubai.
Afortunadamente, el vaporizador que idiotiza ya ha saturado tanto el ambiente que se ha empezado a ver el efecto contrario a lo que inicialmente se habría querido lograr.
Muchos ya llevamos máscara anti gas y estamos inmunes al proceso de idiotización masiva.
Esto es un plus, pero es, por el momento, un proceso lento.
En política, el antídoto ha sido la elección de muchos líderes que no son políticos profesionales.
El caso de Donald Trump o el de Javier Milei saltan a la vista.
El otro antídoto que ha probado ser exitoso es la popularidad, es el despertar del orgullo patrio y la vuelta de los jóvenes a los valores culturales y religiosos tradicionales.
Volviendo al caso de España, es la generación Z la que cunde las plazas de toros y las manifestaciones del partido patriota y soberanista Vox, con Santiago Abascal a la cabeza, que huyó hace más de una década del Partido Popular que cayó en la idiotización globalista de Bruselas.
El auge maravilloso de lo que yo llamo “patrioterapia” ha sido menester para verle a nuestra civilización moderna la luz al final del túnel.
Pero el enemigo, el “idiotalover,” no tiene ganas de rendirse ni remotamente.
Las elecciones de Nueva York, la de Irlanda y la triste derrota de Geert Wilders en los Países Bajos son señales de que hay más idiotas que lo que pensábamos, sólo que estaban escondidos como a la expectativa.
No habían pasado ni 24 horas del fatídico triunfo de Mamdani cuando de pronto Time Square en Manhattan quedó invadido por mahometanos rezando cara a su Meca.
El islamismo necesita su propio análisis.
Pero entre los idiotizadores del mundo, se cuentan varios Mohammeds y Alíes.
Ahí lo dejamos.
La Cruzada anti idiota apenas comienza y tiene alcance y tiene toda la esencia de ser una batalla por la salvación de Occidente. Una batalla de índole divina, sin duda, que nos hace a todos un poco más cada día, un templario del siglo XXI.
Entender de raíz que se busca mediocrizar a una sociedad entera nos lleva a encontrar la salida a la luz.
Nuestra lucha es de “aliado makers.”
La pira fúnebre de los socialistas y globalistas caídos en desgracia se acrecienta política y mentalmente hablando.
La fumigación ideológica, como la libertad avanza con prisa y sin pausa!
Decía el político y escritor francés Víctor Hugo (1802-1885):
“Nada hay más estúpido que vencer, la verdadera gloria está en convencer”
El idiota de manual quiere tener la razón en todo e ir por la vida como una cabeza de ratón engañando a diestra y siniestra al que quiere ver en él un león fornido.
El león del siglo XXI no va con pompa ni busca el estallido de bombas.
Su integridad convence al que el que con ínfulas pretende hacer creer que vence.

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