La captura de Nicolás Maduro el día 3 de Enero del 2026, podría ser un parte aguas en la propuesta política de Donald Trump.
Para muchos, entre los que me incluyo, es una hazaña extraordinaria de un mandatario que no se anda por las ramas y tiene visión láser para acabar con la tiranía de un Chavismo que después de 25 años ha dejado destrucción, miseria y sangre que ni un millón de años de cárcel podrán saldar para los responsables.
Maduro es sólo la punta del iceberg.
Trump en su indiscutible estilo y con una tromba mediática hambrienta ya ha mandado mensajes a Cuba, a Colombia y México.
Su Canciller, Marco Rubio, también aseguró que se vienen cambios muy radicales en la geopolítica del continente americano.
Muchos votamos por estas medidas y muchos disfrutamos del “elemento sorpresa” encarnado en el mandatario norteamericano.
Otro grupo de personas, tan conservadoras como el mismo Trump, están en desacuerdo. Dicen estos, estar de acuerdo con el resultado mas no con las “formas” en que Trump asaltó la madrugada caraqueña con sus aviones Caza y sus imponentes Blackhawks.
Rubio confirma, ya con Maduro esposado rumbo a Nueva York donde será llevado a juicio, que a Nicolás Maduro se le dieron varias oportunidades para abandonar el poder que ilegítimamente sustentaba desde Miraflores.
Mientras tanto sus esbirros y los chavistas seguían desestabilizando Venezuela creando titulares espeluznantes.
La excusa para toda esta operación de inteligencia militar llamada “Resolución Absoluta,” fue el narcotráfico.
Venezuela lleva años siendo un hervidero de tráfico de drogas producido en Colombia, mayoritariamente, y transportada en narcolanchas que la llevan a los puertos de Estados Unidos.
A Trump sólo le interesaba que la droga no entrara en territorio Norteamericano.
Primero destruyó a los narcos en las lanchas y su golpe final lo dio con la captura de Nicolás Maduro, uno de los cabecillas junto a Diosdado Cabello y Vladimir Padrino del Cártel de los Soles, una red de narcos quizá más peligrosa que el Cártel de Sinaloa, y con eso lo digo todo.
La gran mayoría del equipo MAGA, y nuestros aliados internacionales, han celebrado la caída del régimen Chavista.
Los comunistas y los Demócratas ya han, como era de esperarse, puesto sus pruritos.
Como se desarrolle la política de Venezuela será un capítulo maravilloso de explorar y de estudiar en una era donde la mayoría de las decisiones se hacen cara a la viralización de narrativas e imágenes en redes sociales.
Los gobernantes de las nuevas democracias son máquinas de propaganda digital. Unos para el mal, otros para hacer el bien y convertirse en íconos del incipiente pero tumultuoso siglo XXI.
Trump es un genio de las negociaciones, pero también es brillante para callar bocas.
Ejemplos puedo poner tantos como para llenar enciclopedias, pero voy a dar uno muy interesante.
Volviendo al tema de los apoyos que obtuvimos de nuestros aliados en el exterior, adivinen quién se ha declarado en contra?
CATAR.
Con una pluma muy fina, el gobierno catarí se ha puesto a favor de la narrativa de la izquierda.
Con esto, señores míos, Trump nos deja en evidencia a un país que todos sabemos que está financiando todos los actos terroristas habidos y por haber, y que no tienen las manos limpias.
Ni siquiera se puede seguir negando que Catar robó la sede del Mundial 2022 a Estados Unidos.
Es una movida tenaz de Estados Unidos porque ahora los ciudadanos que estamos despiertos y en perenne alerta roja, sabemos quiénes son los personajes antagónicos, enemigos de la libertad.
Pero es imprescindible estudiar, a partir de los acontecimientos en Caracas, la otra la cara de la moneda.
Quiénes y por qué esta movida histórica tiene detractores.
Atención con esto: los detractores también votan y este año en Noviembre tenemos elecciones decisivas.
El Presidente Trump desde el primer día creó un lema, un moto, que nos acompañará de por vida: “America First.”
América Primero.
Este lema podría ser el elemento más importante para entender la nueva política conservadora.
Tengamos en cuenta que ese “America First” también lo adoptan todos los líderes Europeos y los mandatarios en Hispanoamérica como Milei y ahora Kast.
Tenemos a Santiago Abascal abanderando ese “España Primero,” Orban con el “Hungría Primero,” o Meloni con un “Italia Primero,” aunque a veces la veamos teniendo que aguantar el chaparrón de Bruselas sin remedio, ya que gobierna con una especie de Frankenstein de derecha moderada y centrista.
Pero ese “America First,” en el caso de Estados Unidos ha sido la piedrita en el zapato para los que no terminan de comprender que Norteamérica vuelve a ser el país más poderoso del mundo. Y ya era hora!
El “America First” se ha convertido en la principal bandera de los “paleoconservadores,” análisis que por este mismo medio hemos tocado a fondo.
Estos conservadores son primordialmente “aislacionistas.”
En muy breves palabras, el aislacionista no desea ver a Estados Unidos lidiando con asuntos internacionales, ni diplomática ni militarmente. Punto.
A lo largo de las últimas décadas, los aislacionistas estuvieron, valga la redundancia, aislados.
Fuesen conservadores o liberales, la política estadounidense se ha involucrado en asuntos de política exterior a diestra—y en varios casos–muy siniestra.
El Presidente Trump no gobierna para los aislacionistas resentidos.
Trump es, incluso por su personalidad, imposible de ignorar, pero muy fácil de odiar.
Trump tiene en mente crear unas bases en EEUU, tanto económicas como morales, que pongan el acento en la grandeza de Norteamérica, grandeza y lustro que le han robado el wokismo y el globalismo, a partir de figuras maléficas como George Soros o mismo Bill Gates, un oportunista que en los últimos meses se quiere codear con Trump y ser visto en los jardines de Mar-a-Lago.
Otro punto en contra de los aislacionistas es la vuelta a los valores religiosos de Estados Unidos. Pero oído al tambor, no protestantes, sino católicos.
Hay una ceremonia planeada para la conmemoración de los 250 Años de la República donde se encomendará a Estados Unidos al Sagrado Corazón.
Luego estaría un factor que los aislacionistas han querido sacar a colación: la impecable alianza de Estados Unidos con Israel.
Israel ha sido un punto clave para separar a los hombres de las bestias en cuanto a la política de Trump.
El americano ha sido antisemita desde hace mucho, mucho tiempo.
Las historias de la Segunda Guerra Mundial y la colaboración de figuras de élite con el Tercer Reich hielan la sangre.
Con la llegada del internet se han envalentonado voces que hasta la llegada de Trump habían tenido relevancia pero poco alcance.
Hablamos de gentuza como Tucker Carlson o Candace Owens y múltiples imitadores como Nick Fuentes, un redomado neo-nazi que de pronto ve su número de seguidores en alza con su discurso anti-Israel.
Pero el antisemitismo para los paleoconservadores tiene una variante: el movimiento sionista.
De la noche a la mañana no se habla de antisemitismo sino de antisionismo.
Nos toman a los judíos por imbéciles y eso ya está pasando factura.
La guerra entre Rusia y Ucrania se mueve a un segundo plano frente al conflicto de Israel con Gaza, donde los Tuckers mediáticos se nos ponen filantrópicos sin tomar en cuenta que Hamas, quien controla Gaza desde el 2005 (maldito el día!) masacró a más de 1,200 judíos el 7 de Octubre del 2023.
Ya quisiéramos muchos judíos que Israel no dependiese tanto de Washington, pero allí, entre las dos naciones, se ha creado una simbiosis que podría ser, por el momento, el único dique de contención de la programada invasión yihadista a Occidente y al continente Africano donde ya se han registrado subidas de hasta un 500% en ataques en contra de judíos y cristianos.
El aislacionista pretende que EEUU, primera potencia global (que no tan globalista desde la llegada de Trump) se quede de brazos cruzados para contentar a unos pocos muy equivocados.
Pero hay que hacer un inciso…
La política de Occidente es un conjunto de plutocracias veladas.
La llamada “nueva derecha” pretende quitar poder a esas élites para devolverlo al pueblo.
Pero el ciudadano americano, y todo hay que decirlo, es un pueblo con una cultura general muy básica.
Es fácil engatusar, engañar y manipular a una masa de personas que no saben cómo informarse más allá de los medios convencionales y un uso básico de redes y plataformas independientes.
Estados Unidos tiene casi 350 millones de habitantes.
El movimiento MAGA, si bien caló en más de 80 millones, debe pelear una guerra civil con varios y peligrosos frentes.
Trump es pro-Israel como no lo ha sido nadie, pero su vicepresidente tiene otras políticas menos santas. El hijo de Tucker Carlson trabaja para JD Vance. En una entrevista hace unas pocas semanas, Vance se negó a condenar las diferentes retóricas antisemitas de Carlson reiterando que el periodista es un gran amigo.
Saquen ustedes sus propias conclusiones.
Hay algo imprescindible que hay que entender. Mucha atención a este punto.
El movimiento aislacionista del siglo XXI es una cortina de humo para acabar con las políticas de Trump y de los líderes que quieran seguir su estela.
El aislacionista se ha convertido en un ser macabro y altamente subvencionado.
Es propaganda pura y dura, aliada con los enemigos de Occidente.
Todos estos personajes que hemos nombrado en este artículo están en nómina de nada más y nada menos que Catar.
Repito, Catar estuvo en contra de la liberación del Chavismo, con quien tendrían “buenas migas” puesto que a Maduro se le juzgará por tráfico de armas, junto con el petróleo, una de las fuentes de mayor ingreso de muchas mafias de Medio Oriente.
Recordemos que altísimos funcionarios de Hamas (hoy en el infierno) vivían en Catar.
Para las fiestas de Acción de Gracias del año pasado, muchas de estas figuritas de torta como Carlson fueron invitadas a Catar a cobrar y a recoger un guión para sus respectivos panfletos y canales de YouTube.
Para concluir…
El Presidente Trump, al menos en teoría, sólo podría gobernar hasta el 2028. Su apresurada agenda tanto nacional como internacional está limitada a los próximos 2 años.
Dicho esto, los que entendemos que el aislacionismo es una cortina de humo caduca y corrupta, tenemos el deber de reventar ese movimiento y dinamitar sus bases para que ya, por fin, muera y no se siga expandiendo.
¡Si eso significa acabar con las carreras políticas de republicanos con vocación presidencial, sea!
Las opciones están sobre la mesa.
Nos levantamos y construimos una estrategia y una gran Cruzada sin precedentes o nos dejamos arrastrar por el fango narco globalista que nutre a Occidente y que ya ha dejado un saldo económico y moral sin precedentes.
El lema “America First” junto a todas sus franquicias no significa aislamiento. Significa dar gloria y visibilidad a nuestras grandezas y nuestros recursos tanto intelectuales como espirituales para ser testigos de un renacimiento de nuestros valores y nuestro poderío.
Pensemos que hay que dejar un legado firme a las nuevas generaciones y que hay mucho héroe que a lo largo de siglos de historia han tenido fe, que Occidente es la mejor civilización, con creces, que se ha visto.
Y esa civilización comanda ejércitos que alzan hasta el mismo cielo el brillo inconfundible de las tradiciones judeo cristianas.
Este es nuestro momento.
El que se aisle se asila y pierde. Su nombre del polvo viene y en polvo se convertirá.

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