Monday, December 4, 2023

El Nuevo Milenio, Laboratorio de Experimentos Políticos


En la industria musical, cada vez con más frecuencia, se ha venido utilizando un término para definir a los artistas que irrumpen en el mercado, como quien dice, "de la nada." Son, en su mayoría, jóvenes, que puede que cuenten con una base sólida en las redes sociales, y, acaparan la atención de algún ejecutivo que ve en ellos potencial para ser comercial.

Este término en inglés es conocido como "plant" (planta) haciendo referencia al proceso de hacer germinar una semilla. Es decir, a estos principiantes se les coloca en un terreno fértil deseando ver que den frutos.

La "planta" más conocida de la industria musical hoy en día podría ser Jennifer López, conocida como JLo, que fue en sus inicios una bailarina y aspirante a cantante que Tommy Motola, entonces el CEO de Sony, llevó a la palestra, básicamente como instrumento para intentar perjudicar a Mariah Carey, con quien había tenido un divorcio terrible.

El experimento resultó, y la "planta" dio frutos, y bastantes. Sin embargo, que nos quede algo claro. La señora Jennifer López con todo y su garra, su ambición y su constancia es 100% "autotune." No tiene ni pizca de voz. Lo que oímos cuando canta es pura tecnología, Photoshop auditivo. Mariah Carey tiene una voz que puede modular hasta cinco octavas.

En los últimos años, digamos, en la última década, de pronto, en el ámbito político, hemos visto germinar varias "plantas," cuyos orígenes, aunque conocidos, están bastante distantes de una carrera en política. 

Vemos personajes que dan un salto de fe a las arenas peligrosamente movedizas del poder, y empiezan a dar frutos, la mayoría, podridos

En la música, estos "rookies" (principiantes) mientras tengan las ganas y tengan consciencia de que la competencia es acérrima y que, por desgracia, terminarán en muchos vendiendo su alma al Diablo para cotizar sueldos estratosféricos o acariciar un Grammy, el daño colateral de su éxito o su rotundo fracaso no tiene mayores consecuencias para una sociedad de consumo que, pues, tendrá que esperar para que nuevas "plantas" florezcan en el Billboard.

En el terreno político, estos principiantes, recién estrenados en el manejo de presupuestos nacionales, política exterior, y sobre todo la conquista de los medios de comunicación, no pueden darse el lujo de fracasar. Las consecuencias son terribles para el bienestar de millones de ciudadanos.

Hago un pequeño inciso para aclarar que no se trata de cuestionar los orígenes de un personaje político. Quizá el caso más conocido a finales del siglo pasado, fue Ronald Reagan.

Reagan fue por varios años un actor de Hollywood. Digamos que era un actor, más bien, clase B. No era, ni llegó a ser un John Wayne o un Paul Newman o Clark Gables. Encontró en su corazón una vocación para servir a su país y comenzó una carrera política que lo llevó a ser Gobernador de California. Lo demás es historia. 

Gobernó como el Presidente número 40 por dos períodos y es recordado por su rol en la Perestroika de Mikhail Gorbachev (que luego se convirtió en su mejor amigo) y es recordado como el último gran conservador, posiblemente desde los Padres Fundadores.

¡Como actor fue clase B. Como presidente, Clase A plus!

Por otra parte, una carrera política de décadas tampoco garantiza éxito y aciertos. Véase el caso del actual presidente, Joe Biden, que, a pesar de haber sido senador de Delaware por casi 50 años, ha resultado ser uno de los peores presidentes de nuestra historia, con maniobras de corrupción que hacen de Al Capone un niño de pecho.

Pero nadie puede decir que Biden no es político. Es pésimo político, pero hizo una carrera política que le enseñó los pormenores y los pasadizos secretos que todo aspirante al poder debe tener. 

La sociedad Occidental vive sus momentos más críticos. De hecho, podría estar agonizando. 

Tenemos un renacimiento del Comunismo, un socialismo propio del siglo XXI, donde ya no hay la lucha de clases, pero, Dios, qué clase de luchas. 

Ahora somos colectivos enfrentados en una guerra civil de ideologías, donde se le da voz (y por desgracia voto) a indigentes mentales con facha de activistas.

Estados Unidos, la Superpotencia Mundial, jugando a ser el títere favorito de China. Somos quienes le llevamos la cola al dragón. Poco más. 

La política se ha contaminado de regímenes seudo dictatoriales que no han hecho más que hacer tambalear el estado derecho. 

A los tres poderes de una nación, los que estudiábamos en Ciencias Sociales en el colegio, ejecutivo, legislativo y judicial, ahora agregamos dos más: el "Cuarto Poder" como son llamados los medios y las redes sociales, y un "Quinto Poder" al que me permito llamar a las empresas y organizaciones (léase chiringuitos) que diseñan y alimentan las peligrosas agendas que han de destruirnos si seguimos siendo tan indiferentes y buenistas.

Con este panorama, que ya lleva tomando forma a todo vapor, por varias décadas, nos hemos dado el lujo de ser absolutamente irresponsables, creando y aupando experimentos políticos.

Hugo Chávez Frías fue un experimento político que embaucó a las tres cuartas partes de Venezuela con un programa ficticio que luego se descubrió, era todo mentira. Chávez fue una "planta" del Castrismo cubano, y hasta hoy dura su podrida y nefasta influencia.

Barack Obama fue otro "rookie" que nació en el programa de Oprah Winfrey. Un desconocido senador con un pasado que hoy sabemos es, no turbio. Lo siguiente. 

Casi de cero, Obama llegó a Washington y dinamitó por completo las bases de Estados Unidos con ideologías marxistas y racistas. Lo que fuimos cuidando y sanando en Estados Unidos con respecto a la segregación de los negros--mejor prueba de ello fue haber electo a un afroamericano--Obama lo destruyó de raíz.

Donald Trump es quizá el experimento político que más repercusiones ha tenido en Estados Unidos. Trump fue durante cuarenta años un mogul de bienes raíces, fiel donante al Partido Demócrata, y con un carisma inigualable. Tal fue su fama que hasta hizo varios cameos en cine, como él mismo, y llegó a ser de los hombres más ricos del mundo. 

De pronto, un patriotismo furibundo lo llevó, de cero, a la conquista de Washington.

Tuvo, sin lugar a dudas, una buena gestión, pero su falta de experiencia como político y su carácter sin filtros y sin mano izquierda, lo hicieron, para nuestra desgracia, caer en las trampas de los Demócratas.

Ahora, prometiendo villas y castillas, que dejó sin hacer, quiere hacer un "comeback."

Conmigo no cuenta, pero, lastimosamente, cuenta con la voluntad de millones de votantes desesperados.

Y aquí, en mi opinión, está la clave. No me canso de decirlo, y lo repetiré lo que haga falta.

Estamos viviendo absolutamente al ras, sin esperanza y sin fe. 

Las pésimas gestiones de los políticos tradicionales han creado, a su vez, personajes que sin tener madera de políticos de pronto quieren ser gladiadores. Estos gladiadores caen frente a la espada de la propaganda y la astucia de sus rivales y luego andan, cuasi desangrados, con sus deditos apuntando al votante pidiendo el"missio," la señal para que se le perdone la vida después de una pelea perdida.

En la política de derechas, que es la que a mí me representa, estamos viendo año tras año como estos brotes verdes en política no hacen más que secarse sin haber dado frutos. De hecho son "mala hierba."

En estos momentos, como es normal, los noticieros, YouTubers, Tuiteros y aficionados comentan y aplauden el "landslide" (victoria casi absoluta) de Javier Milei en Argentina. 

Fueron elecciones limpias y los Argentinos eligieron a quien ha prometido barrer e incinerar al Peronismo. Lo de Milei ha sido un fenómeno. Ha triunfado a pesar de sus controversiales declaraciones, sus gestos de loco y sus perros telepáticos.

Milei es un judeófilo empedernido y pasional. Es lo único que me gusta de él, francamente. 

Lo apodan "El Peluca" por su corte de pelo estrafalario. Es el Leo Messi de la política y causa la misma euforia que el futbolista campeón del mundo.

Estas reacciones a un político (lo hemos visto con Trump y con Obama) a mí me preocupan bastante. Me horrorizan los discursos empapados de populismo.

Me preocupa no saber de donde salen estos personajes y quienes los financian.

Me preocupa en demasía nuestra poca autoestima como países y como ciudadanos en una democracia.

De hecho, y con todos mis respetos, me parece triste que a cualquiera de estas caricaturas de políticos de derechas las apoden "El Trump de..."

Milei, El Trump de Argentina, Jair Bolsonaro (otro fracaso) El Trump de Brasil.

Me pregunto yo y si empezamos a exigir más. Mucho más.

Por qué no aspirar a tener al "David de Norteamérica." "El Bolívar de Colombia." "El Pelé de la Política." "El Cervantes de La Moncloa." 

¿Por qué nos conformamos con tan poco?

Tenemos que saber encontrar a los buenos políticos. Y que, por el amor de Dios, sean políticos profesionales. Nuevas generaciones de líderes contundentes que llamen al "pan pan y al vino vino." Personas reales, no figurines de redes sociales.

Anhelemos escuchar voces que se hagan eco de los más grandes de la historia. Que no se resbalen en el lodo que muy perspicazmente ha creado su oponente para que caiga y se hunda y se ensucie. Y si tienen suerte, que se muera.

No estamos en una situación de bonanza para ver jugar a estos señores a ser presidentes. Los juegos al casino. 

Dice el periodista español Federico Jiménez Losantos con respecto a Javier Milei: "hay que estar loco para pensar que la Argentina tiene remedio."

Yo, en lo personal, quiero estar equivocada con respecto al señor Milei. En serio.

No quiero que fracase, pero lo más seguro es que no pueda lograr ni la décima parte de lo que promete. Así ha pasado con estas "plantas" que nos han dado tantos plantones.

Habrá que ver. Muchos quieren darle el beneficio de la duda. Pero yo quiero que podamos ver beneficios porque estamos abrumados con tantas dudas.

Yo seguiré apostando por la política de un Reagan, un Eisenhower, un John Adams. 

Quiero frutos. Mi generación tiene sobre sus hombros un peso enorme. Yo me rehúso a pensar como un "millennial." 

Los "millennials" son impulsivos y viven sus vidas tomando riesgos innecesarios. A ellos parece funcionarles, pero que nadie espere de un "Gen Y" ni legado ni dividendos.

Lo mismo en política. Nos jugamos el tipo, la sobrevivencia de toda una civilización.

Mi voto no es para "rookies."

Al señor Milei, le deseo el mejor de los éxitos. Que Dios lo guíe.

Yo, como Santo Tomás... Ver para creer.


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