Sunday, September 14, 2025

El Retrato de Dos Charlies


A veces nos deberíamos preguntar si Dios, en su infinita sabiduría, nos dio el libre albedrío como prueba inequívoca de su confianza y amor en aquello que Él ha creado a su imágen y semejanza.

Espiritualmente hablando, nada ni nadie, ni siquiera los ángeles, pueden intervenir en nuestra vida e ir en contra del libre albedrío. Jamás ni nunca. Esta temática ya la hemos abordado con anterioridad. Pero su revisión se nos hace presente e, incluso, urgente, cuando analizamos los perfiles de dos hombres que comparten un mismo nombre, mas no un mismo camino.

Nos referimos a Charlie Kirk y a Charlie Sheen.

Empecemos por el primero, Charlie Kirk, acaso para poder contrastar su vida y su obra con mayor énfasis y poner el acento en todo lo que se perdió el pasado 10 de Septiembre, cuando su vida fue sesgada de un tiro en el cuello.

Enseguida nos adentramos en sus últimos instantes, aunque sé que las imágenes y las docenas de opiniones que se han hecho sobre su obra política y su persona son ya de conocimiento público.

Kirk hubiese cumplido 32 años el mes próximo. Era felizmente casado con Erika Kirk, ex-reina de belleza y activista, con la que compartió cuatro años de vida y dos hijos, una niña de tres años y un niño de quince meses al tiempo de este reportaje.

El nombre de este magnífico joven ya tenía en nuestros radares 10 años.

A los 17 años ya había descubierto una clarísima vocación política, alimentada por un fervor religioso pocas veces visto en alguien de su edad.

A los 21 años ya había puesto en funcionamiento su fundación, Turning Point USA, que busca debatir y enseñar a los adolescentes y a los GenZ una alternativa certera y fresca que pudiese alejarlos del marxismo y su vertiente del siglo XXI, el wokismo.

Su discurso ideológico caló fortísimo entre esa nueva ola de patriotas que Donald J. Trump despertó con su primer triunfo en el 2016.

Kirk consiguió crear una fórmula y no se desvió de ella jamás. Todo lo contrario, se afianzó en su retórica y estudió con meticulosidad las mentes vulnerables y frágiles de una generación que prueba hasta ahora ser incandescente pero muy desnortada.

Qué ironía que quien acabó con la vida de Charlie Kirk haya resultado ser, precisamente, un hombre de apenas 22 años, que sus allegados describen que estaba lleno de odio y se dedicó a ser crítico de Kirk de manera obsesiva.

Los datos biográficos de Charlie Kirk se han viralizado después de una muerte absurda y terrorífica, habiendo sido baleado delante de su mujer y 3,000 asistentes que esa mañana habían ido a la Universidad de Utah a debatir como lo había hecho él miles de veces.

Aparte de sus paseos por las universidades, Kirk era el presentador de su propio podcast, y fue un autor de libros sobre política conservadora y los valores judeo cristianos que él defendía como un Cruzado.

Israel está de luto, pues entre el caótico y perverso universo que se dice defensor de "Palestina," Kirk era, como se dice comúnmente, patria o muerte con el Estado Judío.

El tétrico perfil del presunto asesino, de nombre Tyler Robinson, es, curiosamente, un retrato vil del panorama ideológico y, sí, también espiritual, de un Estados Unidos que quiso embestir con bravura lo peor del wokismo, quedando atrapado en una oscuridad atroz, del que sólo los Charlie Kirks nos pueden alertar.

De Charlie Kirk no se podían esperar respuestas fáciles ni mensajes de oropel. Todo lo contrario. Hablaba sin tapujos de cualquier tema y no perdía la calma.

Su metodología era siempre igual. Montaba una carpa que decía “prove me wrong” (prueba que me equivoco o dime si estoy equivocado)

Su público era una mezcla de fans y también de antagonistas que estaban preparados para escupir consignas que se habían leído en Tik Tok, sin razonar ninguno de sus puntos.

Charlie venía preparado con cifras y datos y argumentos que eran irrefutables.

De ahí se agarró su presunto verdugo. 

Tyler Robinson llevaba lo que podría definirse como una “doble vida.”

Cada vez que salen más datos, se nos hiela la sangre un poco más.

Su familia era practicante del mormonismo. El mismo 10 de Septiembre, antes de cometer el crimen, se dice había estado en la iglesia.

Estudiaba ingeniería, y es aquí, donde las crónicas de su vida apuntan que pudo haber sido radicalizado a través de un excesivo uso del internet y malas compañías.

De esto último el mejor ejemplo era su compañera de cuarto, con quien aparentemente, mantenía una relación afectiva.

Este compañero era un transexual que había iniciado sus tratamientos hormonales para convertirse en mujer.

De hecho, mucho de lo que las autoridades y el FBI han podido averiguar de los antecedentes de Robinson, previo al asesinato de Kirk, han sido posible porque esta joven decidió cooperar en vez de hacerse cómplice, como aparente y alegadamente estaba previsto.

Robinson era el único radical de izquierdas de su familia, a pesar de un perfil académico casi impecable y de fotografías donde se muestra a un muchacho con una vida completamente normal.

Charlie Kirk representaba la antítesis de los valores que absorbieron y pudrieron a Tyler Robinson en sus últimos tres años, cuando dejó su hogar para poner en marcha sus estudios. De ingeniería marxista es que se hizo experto, casi de la noche a la mañana.

El perfil psicológico del presunto autor del crimen que ya está, afortunadamente, bajo custodia, se acerca mucho al de nuestro otro sujeto de este análisis: Charlie Sheen.

Charlie Sheen no ha asesinado a nadie de manera literal, pero quizá el gatillo de la desgracia y la miseria lo ha apuntado hacia su propio cráneo y su propio corazón.

La familia de Charlie Sheen no necesita presentación, claro está.

Es el tercer hijo de Martin Sheen (cuyo nombre real es Ramón Estevez) un gigante de Hollywood. También su hermano, Emilio (que sí conservó el apellido de la familia) fue un “teen idol” de la década de los 80s.

Pero Charlie Sheen tenía, como suele decirse, una definida vocación actoral y poseía una apariencia física que no dejaba indiferente a ninguna adolescente de nuestra época.

Su cinemateca incluye éxitos como “Platoon” o “Wall Street,” y, mi particular favorita, “Courage Mountain,” donde da vida a Pedro el Pastor en una adaptación de la novela “Heidi” de Johanna Spyri.

Charlie Sheen siempre fue ambicioso y quiso salirse de la sombra de ser un “nepo baby” más. Es decir, quiso ser reconocido como algo más que el “hijo de.”

Pero con los triunfos y los premios, llegaron las malas compañías.

Y con las malas compañías, su peor pesadilla: alcohol y drogas. Drogas y alcohol. Y una vida sexual que incluía en su mayoría actrices pornográficas.

Con todo y esta autodestrucción, trabajo no le había faltado, tanto en el celuloide como en la televisión con la serie “Two and a Half Men” (Dos Hombres y Medio)

Pero Charlie no tiene un respaldo familiar sólido, y habiendo acompañado a sus padres a las grabaciones, los Estevez, como muchos otros niños de hogares de famosos, fueron testigos de drogadicción y violencia de todo tipo.

La figura de Martin Sheen, bien se ha encargado Hollywood de santificarla, pero la verdad está muy lejos de la ficción, y Charlie fue el que peor se tomó todo lo que vio y asimiló en sus años de adolescencia.

En el año 2015 Sheen anunció públicamente que tenía el VIH, y aunque buscó la mejor ayuda médica, el escándalo fue tal que paralizó casi del todo su carrera cinematográfica. Con muy pocas apariciones en televisión y cine, Charlie Sheen, ha querido saltar a la palestra, esta vez, con un libro autobiográfico llamado “Book of Sheen,” un cuasi homónimo de la palabra “sin,” pecado.

Charlie Sheen ha decidido contar toda su vida, incluyendo las múltiples relaciones que ha tenido con personas de su mismo sexo, uno de ellos, un transexual, que fue el que lo contagió con el virus del SIDA.

En la revista “People” dice que quiere pedir perdón a todos los que ha podido dañar y cuenta que ha podido mantenerse sobrio desde hace ocho años.

A sus 60 años recién cumplidos, la estampa de Sheen es bastante triste, con dificultad para hablar y claras lagunas mentales, después de un abuso de décadas de sustancias y declararse adicto sexual.

Charlie Sheen es padre de cinco hijos y tiene una nieta. Curiosamente, está inscrito en el Partido Republicano, pero odia a Trump a muerte.

Su verdadero camino a una rehabilitación completa, quiera Dios que así sea, se verá, a partir de ahora y si logra lavar su imagen tan dañada por tanto periplo dentro y fuera de los medios.

Es importante contrastar estos dos personajes, Sheen y Kirk, y ponerlos frente a nuestro espejo.

Uno dio la vida por hacer de este mundo un lugar en el que sus hijos merecieran crecer. El otro, Sheen, pertenece a una generación que o causó las desgracias que estamos padeciendo, o permitió que crecieran a este punto sin retorno del que luchamos por sacar a nuestra civilización.

Charlie Kirk dijo en una de sus últimas apariciones que lo peor de Norteamérica eran el wokismo y el yihadismo. Agregó que el americano simplemente quería vivir bien y poder tener un hogar y una educación para sus hijos.

Sheen llegó a ser millonario y despilfarró su fortuna en prostitutas y en drogas.

El diagnóstico de Charlie Sheen, un ídolo de multitudes, en parte por ser un galán varonil, fue recibido, con tristeza y los medios de comunicación mostraron estar compungidos.

El asesinato de Kirk fue recibido, por un lado con profunda tristeza, cierto, pero por otro con vítores y gritos de alivio y los medios de comunicación se han hecho eco de los mensajes absurdos de que Kirk era un propagador de odio.

El mundo de hoy está listo para seguir propagando las “hazañas” de Charlie Sheen, pero Charlie Kirk es una presencia incómoda a la que hay que maldecir aún después de que callaron su voz.

Y esta palabra “voz” se hace gigante e imponente cuando vemos que la muerte de Kirk este pasado miércoles, no ha hecho más que subir el volumen de nuestros esfuerzos.

Se ha reportado con enorme júbilo que la fundación de Charlie Kirk, Turning Point USA, ya ha recibido decenas de miles de peticiones para implementar sus franquicias en distintas universidades y colegios de secundaria, un sueño que Charlie Kirk quería poder disfrutar en vida.

El libro de Charlie Sheen, con el máximo respeto, será un libro más en nuestra biblioteca, pero no tendrá tanta trascendencia.

Charlie Kirk es un aliado eterno de nuestros principios y de aquellos que los defienden.

Sin ir más lejos, en España, para los patriotas del Partido Vox, la muerte de Kirk ha sido una tragedia, tanto así que Santiago Abascal, el líder de la formación, se ha presentado en un evento de altísimo calibre, el VIVA 25, con una camiseta idéntica a la que llevaba Kirk cuando le dispararon. En ella se leía la palabra “Freedom,” (libertad)

Ninguno de los dos Charlies merece nada malo.

Sin embargo, las acciones de ambos hombres distan de ser iguales. Donde uno brillaba con luz propia, otro, a pesar de ser una estrella, empezó a apagarse frente a nuestros ojos.

Uno dejó un legado incalculable no sólo con los GenZ sino con los futuros jóvenes que ya han declarado que quieren abandonar al Partido Demócrata, que, para que nos quede bien claro, es el autor intelectual del asesinato de Kirk.

No hay camino fácil.

Pero es en la integridad y en la fortaleza de espíritu que se construyen destinos dignos de ser admirados, y si se puede, imitados.

Charlie Kirk nos dejó frases inolvidables, que ahora han vuelto a tener vida.

Vamos a quedarnos con esta:

«Cásate y ten hijos. No sólo es algo bueno y piadoso, y te traerá alegría y un legado, sino que es un simple acto de desafío contra los oligarcas y los tiranos que preferirían que mueras amargado, solo y con solo robots a tu lado al entrar en la eternidad»

Dos relatos paralelos…

Tú, con cuál te quedas?

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