Quién podía pensar que en nuestros tiempos existirían fuerzas tiránicas en forma de ideologías y agendas que terminarían imponiendo sus doctrinas a juro? Hablamos, claro está, de la repugnante Agenda 2030, los constantes y disonantes bulos climáticos y la ideología de género, y un largo etcétera.
Para quienes han querido hacer negocio con estas doctrinas, no existen medias tintas ni hay posibilidad de disidencia. Creer en un apocalipsis climático está bien. Negarlo (con infinidad de pruebas científicas irrefutables) está mal. Mal no. Lo siguiente. Es herejía.
¿A qué nos suenan estos conceptos? ¿Será que la historia se repite? ¿Podría haberse establecido un nuevo Santo Oficio de carácter global y tecnológico?
Empecemos por el principio…
Entre los siglos X y el siglo XII, en la alborada de las primeras Cruzadas, y con una Iglesia Católica pujante y ampliamente aceptada como la primera embajadora del Cristianismo, empezaron a crearse pequeños grupos disidentes, de orden más bien gnóstico, que, siendo igualmente cristianos, empezaron a aplicar nuevas filosofías de vida y contrastaban con los evangelios que eran propagados y aceptados por la Iglesia.
Estos grupos tuvieron su cuna en Albi, una prefectura a unos 85 kilómetros de Toulouse, Francia, en la antigua Languedoc.
En esta región se concentraron estudiosos de la filosofía Persa de Mani, que había creado hacia el siglo III, el llamado "Maniqueísmo" que promovía, según el diccionario de Oxford: "la existencia de dos principios contrarios y eternos que luchan entre sí, el bien y el mal."
Este grupo religioso se desarrolla paralelo a las doctrinas Católicas y es comúnmente conocido como "Catarismo."
El Papa Lucio III determinó que las doctrinas de los Cátaros eran una vil herejía y en 1178 se origina la Proto-Inquisición, la Inquisición denominada Medieval, cuyo primordial fin era lanzar una cruzada en contra de los Albigenses que ya contaban con grandes seguidores al Sur de Francia.
En esta persecución se logró atraer el favor y la venia de la Corona Francesa y en poco tiempo El Catarismo y sus practicantes quedaron hechos cenizas---literal y figurativamente.
Pero toca hacer un importante inciso. ¿Qué es la herejía?
La palabra herejía define cualquier creencia o filosofía de talla religiosa, primordialmente, que choca contra las normas establecidas por una organización que ya tiene una estructura de práctica, de credo y de filosofía que considera como "fe verdadera."
Hoy en día, la palabra herejía es un total absurdo, y en eso debemos estar de acuerdo. De hecho, todos y cada uno de nosotros que somos creyentes, e incluso, un agnóstico o un ateo, somos considerados "herejes" para cualquier individuo que practique una doctrina contraria, o quizá más ortodoxa.
Sin ir más lejos, el Islamista radical considera herejes, en sus términos, "infieles," a todo aquel que no practica la religión Musulmana. La denominada "Yihad" es, precisamente, la persecución y la erradicación de los "herejes" como mandato divino.
Para un Católico practicante, el que los judíos no hallamos aceptado a Jesús como Mesías es una "herejía." Y, lo contrario aplica, de igual manera, que halla personas que consideren a Jesús "Hijo de Dios" es una "herejía."
Pero nada de esto hoy en día, excepto en la práctica ortodoxa del Islam radical y el infame negocio a partir del terrorismo basado en enseñanzas del Corán, es un problema.
La herejía es solo una palabra que bien podría plasmarse en una camiseta que diga: "Heretic and Proud" (Hereje y Orgulloso) y se vendería, sin duda, como pan caliente en esta época donde impera lo absurdo y lo banal.
Pero para la Iglesia del siglo XII, la herejía era considerada un crimen de "lesa majestad." Originado en Roma, "lesa majestad" define un crimen político contra el pueblo, el rey o emperador, y el estado, sobre todo en el denominado ámbito divino que ha dominado a nuestra civilización Occidental.
Una acusación de "lesa mejestad" es una ofensa de tal magnitud que merece la pena de muerte.
Con este concepto claro, avancemos hasta el año de 1478, año en que Isabel y Fernando, los Reyes Católicos imponen al Santo Oficio en Castilla para perseguir la herejía y vigilar que el Catolicismo fuese cumplido a rajatabla, más que nada por los conversos a la fe cristiana de orígen judío. Posteriormente, la mayor persecución fue a los Protestantes, que adoptaron las enseñanzas de Lutero y del reformista suizo Calvino.
La Inquisición entró con el pie derecho a España, y es con España que se asocia primordialmente.
Pero lejos estaba la Península Ibérica (a Portugal llegó la Inquisición con fuerza en 1496) de tener el monopolio del Santo Oficio.
Para nada. De hecho, los países de la Europa Central e Inglaterra establecieron la Inquisición con resultados verdaderamente trágicos.
Las palabras Inquisición, herejía y hoguera usualmente se utilizan en una misma oración. Pero esta última, castigo supremo del tribunal para los apóstatas e idólatras, solo fue impuesta a unas 2,000 o 3,000 personas en 350 años en España.
Claro está, y esto es muy importante, que una sola muerte en la hoguera. Una. Es ya una barbaridad impensable. Pero lejos está España de las cifras astronómicas y terroríficas de Alemania, Inglaterra y Holanda donde, incluso, llegó a escasear la madera de tanto que se usaba para los quemaderos.
Esto es así, y consta que fue así porque, los monjes Dominicos, que fueron los mejores y casi únicos jefes de la Inquisición, dejaron con mucha disciplina archivos enteros de los "autos da fe" que practicaban a quienes llegaban a sus tribunales.
Doy un dato curioso.
Simultáneamente con El Santo Oficio, existían tribunales seculares o civiles. La Inquisición se concentró en los delitos de "lesa majestad" y esto incluía la herejía y la apostasía y la blasfemia.
El Inquisidor buscaba que el acusado confesara por sí mismo y se le imponía un castigo que incluía una multa, por ejemplo. O el uso temporal del Sambenito, la túnica dibujada con la Cruz de San Andrés, que se ve tanto en obras de arte como en las películas.
El preso tenía celdas muy limpias y había un trato general muy humano. El reo de los tribunales seculares tenía celdas pequeñas, infestadas y, a menudo, por ejemplo, empezaban a blasfemar para que automáticamente fuesen juzgados por El Santo Oficio que era mucho más benevolente.
De esto poco se sabe y se habla.
Y hay una razón de peso que vamos a analizar: la leyenda negra.
Leyendas negras ha habido a lo largo de toda la historia. Veamos un ejemplo que data de la época de Roma. El emperador Octavio Augusto llega a Egipto para demoler la dinastía Ptolemita y su última reina, Cleopatra, negándose a ser exhibida (y posiblemente ejecutada) por Octavio en público, opta por un supuesto suicidio con una serpiente venenosa. A Octavio le convenía humillar la memoria de la faraona y, a partir de su muerte, se crea de ella, y hasta muy reciente, una imagen de mujer idólatra, de moral dudosa y ninfomanía notoria.
Hoy por hoy sabemos que la última reina de Egipto era una mujer que sin ser particularmente bella como Elizabeth Taylor, protagonista del famoso film de Joseph L. Mankiewicz, fue una señora reina, inteligentísima y muy bien preparada. Hablaba varios idiomas y amó hasta su muerte a Julio Cesar. Lo de Marco Antonio vino después, y, de esta relación, aunque fértil, se creó un gran espagueti "hollywoodiense."
¿De qué hablamos aquí? De una "leyenda negra," un relato desfavorable y sin fundamento que se difunde a partir de una situación o un personaje de índole histórica o política.
La "leyenda negra" construida alrededor de las sentencias y torturas de la Inquisición iberoamericana (porque el tribunal cruzó los océanos para instalarse en las Colonias) es verdaderamente antológica, con numerosos historiadores que se han enfrentado en una guerra civil intelectual para auparla, o, en el caso de los más sensatos, fulminarla de una vez por todas.
Sabemos que la "leyenda negra" la originaron meticulosamente países como Alemania o Inglaterra para desprestigiar a España, con quienes tenían una rivalidad tanto ideológica como política. Frente a la "Armada Invencible" pocos triunfos obtuvieron los europeos de reinos rivales y esto era una ofensa al honor, vamos un crimen de "lesa majestad" utilizando el término que hoy nos atañe.
La hoguera de España serían, curiosamente, las diferentes narrativas que se construyeron alrededor del Santo Oficio, y la propagación, gracias a Gutenberg, de la imprenta que ponía al alcance del público cualquier cantidad de "fake news."
En mi opinión, nada puede definir mejor a la "leyenda negra" como una sola palabra: propaganda.
Eso es todo lo que termina siendo. Propaganda.
Roma fue un precursor de la propaganda en Occidente, por supuesto. Pero Genghis Khan fue un genio gestando, curiosamente, una leyenda negra sobre sí mismo, a partir de una exageración abismal de sus estrategias bélicas que pulverizaban a sus enemigos. Antes que Khan pudiera llegar a conquistar nuevos territorios, estos ya le tenían las puertas abiertas.
Lejos, sin embargo, está la leyenda negra como concepto o estrategia política, según quiera verse, de desaparecer de nuestra esfera social.
La propaganda es, hoy por hoy, y como lo ha sido durante milenios, un arma casi infalible o para alzarse con el poder o para destruir a los enemigos de ese poder.
El movimiento conservador, comúnmente referido como "la derecha," es la nueva diana, en pleno siglo XXI, de una leyenda negra.
La propagación de las redes sociales que han podido dar al ciudadano común su propio espacio, su plataforma, ha ayudado, sin reparo, a querer desprestigiar y erradicar cualquier vestigio que vaya en contra de los preceptos ideológicos creados por las agendas pro LGTBQ, por ejemplo, o el aborto como "derecho" de la mujer, o los movimientos indigenistas, que, precisamente, subsisten a partir de un renacimiento de la leyenda negra alrededor de la expansión del Imperio Español.
Para estas nuevas ideologías, que podríamos definir como "wokismo," la cruzada cultural a la que nos hemos sumado muchos conservadores es absoluta HEREJIA. Ergo, somos los nuevos Cátaros. Los nuevos marranos. Los nuevos moriscos.
Cuando se mantiene un control férreo sobre los medios de información y se introducen retazos de propaganda mal intencionada en Tik Tok o X (antes Twitter) es facilísimo generar una nueva clase de maniqueísmo, como el que proliferó en la Francia del medioevo. El origen es distinto. La finalidad es la misma.
La Iglesia ya no es el verdugo. Lamentablemente, y lo vemos tristemente a diario, la Iglesia es ahora una víctima servil de las nuevas ideologías. Pero esto es otro tema.
Difundir bulos y mal educar a nuestros jóvenes ha demostrado ser menester para que el movimiento anti-woke sufra heridas constantes y le cueste remontar su propia leyenda negra.
Pero de igual manera tenemos que decir que los movimientos de derechas que se han producido en los últimos años para combatir al Socialismo del Siglo XXI, desgraciadamente, se han mimetizado con sus propias leyendas negras.
Tenemos el caso de España, con el Partido Vox, que comenzó dando una veraz y efectiva batalla cultural, y que en los últimos dos años, ha sido infiltrado tanto económica como ideológicamente por grupos radicales y sectas seudo-religiosas. El discurso de Vox es, hoy por hoy, la antítesis de su pasado liberal conservador. Es un grupo retrógrado con tintes falangistas.
Muchos que apoyábamos a estos neo-Templarios anti-woke, nos hemos dado cuenta de que nos han engañado vilmente. Vox se creyó la leyenda negra, la propaganda, que habían hecho de ellos, y terminaron siendo un triste fraude que seguramente desaparecerá en los próximos pocos años.
La derecha ha demostrado ser poco hábil, incluso cateta, para combatir lo que se ha creado alrededor de sus políticos y líderes. Llevan como estandarte una supremacía moral que luego se desmorona ante al aparato mediático que han comprado los "mogules" de las empresas que controlan el relato.
Las intenciones son, sin duda alguna, las mejores, pero hay una obvia falta de estructura y hay una desunión entre partidarios de una ideología que, en su mayoría, escala a feudos que no permiten que se llegue a un consenso frente a un enemigo común.
Los progresistas sí que han aprendido a rajatabla todas las grandes proezas de la propaganda, y con maniobras en muchos casos de moral cuestionable logran triunfar e imponer su narrativa--y su leyenda negra "du jour."
El Estado de Israel, desde su fundación en 1948, ha sido otra víctima perfecta de la leyenda negra que se ha construido alrededor de él, como nación opresora y asesina de los pobrecitos e inocentes Palestinos. Una falacia total. Pero el miedo y el buenismo y la falta de un liderazgo contundente nos ha puesto a los judíos en una situación de franca desventaja frente a nuestros enemigos.
Es obvio que quienes nos oponemos tajantemente a las doctrinas progresistas y "wokistas" que han encendido a los medios y a las universidades estamos enfrentándonos a una nueva Inquisición.
No hay peor tortura que la de ver a nuestros jóvenes convertirse en reos de mentiras y bulos que sirven para alimentar su mediocre existencia. No hay peor sentencia que vivir para ser gobernados por presidentes infames y corruptos.
Pero los que han de arder son otros. No nos podemos dejar condenar por quienes mienten y ofenden a los valores de una civilización que fue y debe seguir siendo matriz de grandeza y abundancia espiritual.
Las abominables leyes trans, el comunismo, el ecologismo radical y los bulos climáticos, todos componenentes de "La Agenda 2030" son un crimen no solo de lesa majestad, sino, francamante, de lesa humanidad.
Que ardan en su propio infierno quienes, sin duda, ofenden a nuestra sociedad.
La cruzada apenas comienza...
Que se cansen otros...
La verdad en nuestro corazón y Dios en los cielos y mil centauros sin miedo...
¡A la carga!
Nuestra lucha es en sí misma un rotundo acto de fe.

No comments:
Post a Comment