Monday, December 11, 2023

Taylor Swift: Una Dulce "Miss América" o Un Sospechoso Caballo de Troya Ideológico? O Ambos?


En los Estados Unidos, desde hace muchas décadas, se ha querido buscar en la mujer (sobre todo las ricas y famosas) la que pudiese encarnar el concepto de la "America´s Sweetheart."

Este concepto podríamos traducirlo algo como "La Querida de América." Pero al sonar un poco peyorativo, vamos a hablar, mejor, de "La Consentida de América."

Quizá la más conocida en heredar esta “distinción” en tiempos modernos fue Grace Kelly.

Si bien como actriz era, sin duda, muy talentosa, la belleza de Grace Kelly, nunca pasó desapercibida entre los muchos galanes que la cortejaron y a quienes ella sedujo sin miramientos. Para mediados de los 50s, cuando la Oscarizada actriz conoce al Príncipe Rainiero de Mónaco, Hollywood inicia una de las tareas de propaganda y blanqueo más espectaculares que ha hecho, para que Grace apareciese como una novia inmaculada en su enlace frente a millones de personas en todo el mundo. 

Muchas biografías que han sido publicadas, al igual que documentales, nos hace partícipes de este proceso donde se borra, como por arte de magia, que Grace Kelly, había tenido romances tórridos con caballeros casados, y que lejos estaba de ser una figura de moral intachable.

En los años 90s, el título de la "Consentida de América" se lo lleva como un trofeo la actriz Julia Roberts, que con éxitos taquilleros como "Mujer Bonita," "Magnolias de Acero" y "Eric Brokovich" (que le valió una ronda de premios como actriz protagonista) la colocaron en la cúspide del estrellato. 

Fue durante mucho tiempo la actriz mejor pagada, cuando exigía $20M por cinta, su sonrisa de "Mona Lisa" cautivó a Lancome y hoy sigue, a sus cincuenta y tantos años, cosechando éxitos. 

Tuvo la suerte de encontrar al amor de su vida después de muchísimos compromisos rotos y un matrimonio que duró apenas dos años, donde ella, la novia radiante, escogió ir al altar descalza.

El nuevo milenio, tenía que tener su "consentida." Y después de un proceso de búsqueda exhaustiva, esa preciada distinción se la lleva, finalmente, hasta el sol de hoy, Taylor Swift.

Ni en la época de Grace Kelly, ni en un principio, la de Julia Roberts, el mundo estaba tan condicionado por el uso de redes sociales, ni medios de comunicación digitales, ni agendas ideológicas. 

Los activistas climáticos, que me imagino, habrán existido desde siempre, estarían confinados a sectas ocultas donde hacían sus predicciones apocalípticas en secreto. 

Los homosexuales llevaban vidas muy discretas con sus parejas. Y el Partido Demócrata era simplemente un moderado grupo político donde, si bien, había énfasis en las injusticias sociales, y una economía más intervencionista, jamás se imaginó que se convertiría en el brazo propagandístico de todas las aberraciones que hoy por hoy procrean, propagan, promueven y protegen.

Como hemos dicho muchísimas veces, y esto es importante repetirlo, la industria del entretenimiento, incluyendo el cine, la música, la moda, y hoy por hoy los abominables "influencers," todos son instrumentos para que las tendencias políticas y sociales, y el giro de los valores fundamentales, que vemos proliferar en Occidente, sean un éxito. Nada hay más efectivo que atraer al público a una nueva era como la cultura y la farándula.

Como tantas cosas a lo largo del último siglo, las grandes empresas han empezado a hacer caja con cuanto objeto de deseo caiga en sus redes. Por décadas, hasta el presente, la muñeca Barbie, ha querido hacerse un espejo de las aspiraciones de las mujeres jóvenes, convirtiéndose, en una verdadera "consentida" del público y creando un imperio, hoy por hoy, millonario.

La película "Barbie" aunque tuvo críticas horripilantes por su ácido contenido feminista, acaba de ser nominada para los Globos de Oro. 

Pero la llegada de Taylor Swift facilita enormemente el trabajo de una industria cada vez más hambrienta de "sangre joven" y, por supuesto, un público cada vez más exigente.

Llamémosla Taylor, para acercarnos a su personaje un poco más...

Taylor comenzó su carrera como muchas niñas "prodigio" a los 14 años. Hablamos de una carrera profesional, porque sus habilidades estaban presentes desde que tenía uso de razón. Ya a los 9 años y cantaba en pequeños actos escolares y locales en su pueblo de Pennsylvania. A los doce aprendió a tocar la guitarra.

Si bien sus padres, ambos profesionales, vivían cómodamente en una finca de árboles navideños que había adquirido su padre, era obvio que el talento innato de Taylor les cambiaría el rumbo de sus vidas.

La niña componía sus propios temas y tenía un voz dulce y singular que se dedicó a interpretar temas del género "country" tan popular y tan querido en el estado de Tennessee, donde se estableció con su familia.

Taylor seguía, como era de esperarse, la estela de grandes intérpretes femeninas de su género musical. Pioneras como Patsy Cline, Dolly Parton y Loretta Lynch siguen siendo favoritas en todo Estados Unidos. Y Taylor tenía especial fascinación por Shania Twain, que pudiera haber sido coronada como "America's Sweetheart," excepto que Shania es canadiense y reside desde hace 20 años en Suiza.

Taylor sabía que para abrirse camino en el mundo "country" tenía que venderse como algo diferente. Y se propuso, con maestría, atraer a las adolescentes de las nuevas generaciones, incluyendo, sobre todo, la suya, los millennials, y posteriormente a los GenZ, a la música country de sus abuelos y de sus padres.

Su primer contrato con una disquera lo firmó cuando tenía 15 o 16 años con una emergente firma que se llama "Big Machine." Taylor, de hecho, fue su primer cliente. Seis discos fueron grabados y producidos por Taylor con "Big Machine." Todos, sin excepción, fueron un éxito, y al menos dos o tres canciones se instalaban por semanas en los primeros lugares de popularidad.

Se ganó el reconocimiento de Tim McGraw y Faith Hill, dos gigantes de la música country, y ambos un matrimonio muy bien avenido. También candidatos a ser los "consentidos de América."

Pero Taylor era joven y carismática. Su música "hablaba" de su propia insípida vida amorosa y empezó a crear su propio "idioma" musical. Cada ruptura amorosa era un éxito en ciernes.

Su historial romántico, como el de Grace Kelly, es amplio. Pero, Taylor, no ha protagonizado ningún escándalo. Todo hay que decirlo.

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, en el 2016, se hace obvio, que la industria del entretenimiento de Estados Unidos, y por consecuencia, casi todo Occidente, tenía que cambiar su estrategia. El nuevo presidente republicano había, al igual que su antecesor, Barack Obama, creado un nuevo rumbo para la batalla cultural.

Los años de Obama fueron una fuente de inspiración para un Hollywood que bien podía enorgullecerse de promover la pugna entre minorías y desatar las desavenencias ideológicas que precedieron a la instauración de los derechos civiles. Películas como "The Help" (que no se traduce como "la ayuda" sino como "la sirvienta") que da el Oscar a Octavia Spencer, es un ejemplo de ello.

La llegada de Trump hace lo propio, despertando los bríos de otra mayoría silenciosa, la más recalcitrante y fanática derecha, que hoy se niega a abandonar a Trump en su segunda cruzada por el poder.

Para sorpresa de los amos de Silicon Valley, Hollywood y demás asociados, el poderío y carisma de Trump, que fue, durante muchos años, la versión masculina de un indudable "consentido" e hizo cameos en films como "The Associate" (La Asociada) con Whoopie Goldberg y "Home Alone" (Solo en Casa o Mi Pobre Angelito, en España e Hispanoamérica respectivamente) era más peligrosa de lo que se esperaba.

La campaña de desprestigio hacia su gobierno, y hacia su persona, claro está, tenía que encender los motores.

¿Quién mejor que los actores, cantantes e influencers para este espectacular trabajo?

Taylor, sin lugar a dudas, era perfecta para el papel. "La Consentida de América" versus el mogul, el 45, como se llamaba al expresidente.

Muy inteligentemente, las reinas, que habían ostentado el título de las más queridas y consentidas de América, se habían mantenido neutras en cuanto a sus posiciones políticas. Además, eso poco interesaba a los fans y a los lectores y medios.

Pero la presidencia de Trump, no estaba en el guion de muchos actores políticos. Por razones múltiples, se convirtió en el enemigo acérrimo del Partido Demócrata, hoy por hoy un grupo abiertamente comunista, marxista y pro cualquier agenda "du jour" que de dividendos.

No seré yo la que defienda a Donald Trump en estos momentos. Pertenezco a una clara minoría que busca poder ver a mi país natal en manos más sensatas y bastante más jóvenes. Pero siendo objetivos, jamás se vio una campaña de desprestigio mayor a la que se le hizo a Trump, y que parece no tener fin.

Ojalá se pudiera ver lo mismo dirigido a Obama o mismo a los Bush o los Clinton. Pero eso es otro asunto.

Volviendo a nuestro personaje, Taylor, era más que obvio, que la inocencia de su imagen y de su repertorio tenía que ser modificada para reflejar los tiempos que vivíamos.

Taylor empezó a cantar himnos de emancipación del colectivo LGTB, y en los vídeos de esta temática, los "malotes" del guión eran los conservadores, que eran presentados como "bullies" intolerantes.

A pesar de haber crecido en un hogar cristiano, de pronto, Taylor, se posicionó a favor del aborto e hizo una campaña fallida entre sus seguidores en contra de Marsha Blackburn, Senadora de Tennessee, que ha sido muy valiente en su gestión como política pro valores tradicionales.

Esta transformación se hace visible con la llegada de un documental sobre Taylor, donde se expone al nuevo avatar de la joven intérprete, "Miss Americana."

Desde el 2020, vemos a una Taylor abiertamente activista. Si bien sigue produciendo éxitos, es más que evidente, que hay un profundo cambio en la imagen de Taylor.

Su reciente gira "Eras" que tiene una duración de tres horas y se pasea por su discografía completa, ha roto todos los récords históricos, generando, hasta la fecha, casi $1B en ventas. El tour se extiende hasta el 2024. Así que hagamos cuentas.

Las librerías tienen más de una docena de revistas especializadas en la carrera y los estilismos de Taylor. La gigantesca cadena de periódicos Gannett ha contratado a un periodista que solo se dedica a seguir las actividades de Taylor. Un "Taylorólogo" se pudiera llamar.

Ni Elvis Presley ni Frank Sinatra ni los Beatles tuvieron periodistas dedicados a su trabajo y trayectoria. Esto es bastante preocupante e incluso sospechoso. Porque francamente el trabajo de Taylor está lejos de ser único o irrepetible. 

Pero todo lo que Taylor ha podido hacer o ser en los últimos pocos años se suma en que la revista Time la acaba de nombrar "Personaje del Año."

Así que la "niña mimada" de América ahora comparte hall de la fama con Adolph Hitler, Joseph Stalin, y Elon Musk entre otros.

Es importante aclarar que este "título" de la revista Time no corresponde a personajes buenos, malos, o todo lo contrario. Se da a personas con máximo impacto social y cultural. Y en el caso de su galardonada, un empuje económico que proyecta inflar a la economía de Estados Unidos con $5B en ganancias, todo en neto y "made in Taylor."

Yo en lo personal no tengo nada en contra de Taylor Swift. Tengo sus discos. Me parece una cantautora muy talentosa y como músico tiene la capacidad de cambiar de género con cada producción discográfica. Una proeza que le conozco a pocos, entre ellos Paul McCartney, que aparte de su inmenso repertorio con Los Beatles y ya como solista, ha sido compositor de sinfónicas.

Taylor es una habilísima mujer de negocios. Es, hasta ahora, la única artista en vender no solo sus discos originales, sino también sus discos “remasterizados” después de haber ganado una disputa, única en su estilo, a su antigua casa disquera, que quiso vender el catálogo musical de Taylor sin su permiso.

La única forma de salvaguardar sus temas fue volviéndolos a grabar con nuevos sonidos y nuevos incentivos para que los fans se olvidaran de su catálogo antiguo.

Pero para los que leemos entre líneas, Taylor se nos ha convertido, quizá sin ninguna mala intención, en un potente Caballo de Troya.

La imagen alguna vez inocente de Taylor hoy parece creada con inteligencia artificial. Tan pronto comienza una relación amorosa, el escrutinio es absurdo. Los personajes que se le acercan parecen asustarse ante una bestia controlada por una maquinaria mediática a quien quizá no le convenga verla en una relación estable.

Los alrededores de su apartamento de lujo en Nueva York son una pocilga de basura, colillas de cigarro y comida, restos dejados por los paparazzi y los reporteros que acampan para captar la imagen de la ídola del momento.

En mi opinión, Taylor es quizá de los personajes más tristes que se pueden conocer. Han vaciado a una mujer de su esencia para convertirla en un avatar programado para los delirios ideológicos que nos plagan. 

Taylor es más máquina que humano, y los aduladores de la industria, se han apresurado y sobrepasado en aceitarla.

No hay que ser genios para darnos cuenta que la marca Taylor Swift es, a la medida, el remedio, el paliativo para una sociedad de consuma deshauciada, primitiva y desesperada. Una americana típica para una Norteamérica decadente.

Como tantas figuras de cera que vemos en las redes sociales, Taylor es un "cautionary tale" (historia de precaución) tal y como podemos a ver a una malograda Britney Spears después de dos décadas de ser un juguete roto. A Taylor se tendrá que vigilar para que no adoctrine las cabezas incautas y vacías de los cientos de millones de jóvenes que la quieren imitar.

A sus 34 años, Taylor, en los tiempos de hoy, se está poniendo muy vieja. No le quedan muchos años para ser una "consentida." La industria buscará a otras adolescentes que se dirán inspiradas por la estela de Taylor.

Por ahora, Taylor responde al patético estímulo que la controla. Hay más música para el 2024. Y si la corriente política se sigue radicalizando, habrá que renovar el guion del personaje. Revisarlo. Acenturalo.

¿Es Taylor una mujer feliz?

Yo lo dudo sinceramente.

Quiero pensar que cuando no hay fotógrafos desesperados. Cuando a sus fans las vence el sueño. Cuando el novio de turno se da la vuelta y se asusta o ya cumplió su cometido, está Taylor, la verdadera, el hada madrina del country, haciendo inventario en su alma...

Y allí, en la oscuridad de su soledad, escribe una nueva canción. Lo único genuino que le queda hacer. 

Si Taylor puede en los próximos años rescatar su humanidad, su dignidad y su integridad, y ojalá así sea, puede trascender a ser una extraordinaria compositora como Joni Mitchell o Carol King o Joan Baez. 

Pero si sigue por este camino tan incauto y tan incierto, ese puente que tan delicadamente nos abre Taylor, la "Consentida de América," con cada canción, inevitablemente, como la rima infantil del Puente de Londres, se desmoronará en pedazos.

Y la industria atenderá su funeral cuando la estrella haga supernova...

"Polvo eres y en polvo te convertirás," dirán mientras programan cuidadosamente al nuevo avatar, y le colocan su banda de la "Consentida de América."

No comments:

Post a Comment

La Cleptocracia: El Gobierno a Través del Fraude y del Robo

Hay una leyenda folklórica que a lo largo de muchos siglos nos ha llegado a través del cine, el teatro y la música. Esa leyenda nos cuenta l...