De Walt Disney hemos visto a lo largo de las últimas décadas cómo cuentos de hadas se tornan fantasías inolvidables---o pesadillas ideologizadas.
De este tema podríamos hacer un análisis extenso y crítico, pero para lo que hoy nos atañe, creo que Disney nos ha regalado una mentira blanca, incluso entrañable.
Y lo hizo hace casi 30 años.
En 1997 se estrenó la película “Hércules,” donde se narran las increíbles hazañas del gran superhéroe de la mitología griega.
Con un Zeus bonachón y una tierna diosa Heras, llega Hércules, a quien en la película se trata como un príncipe, hijo del matrimonio de ambos dioses.
Como regalo para el recién nacido, su padre, Zeus, tiene algo muy especial: una mascota.
Hecha de nubes y de tamaño bolsillo, de los dedos del dios nace Pégaso, un caballo alado al que Hércules adopta como suyo.
La película separa al futuro héroe de su caballo hasta que Zeus los junta para la misión del joven semidiós, donde éste, Hércules, debe probarse y salvar, a su vez a la ciudad de Tebas.
El protagonista ya es adulto y Pégaso es un caballo precioso de gran tamaño pero un poco torpe para darle sentido del humor a su rol.
Si bien el film nos muestra vagamente lo que en verdad se cuenta sobre Hércules, la realidad es que Pégaso y Hércules no van juntos. No se conocen. Es un mito—nunca mejor dicho.
Pero no por culpa de Disney Pégaso deja de ser fascinante.
Un caballo alado, blanco y majestuoso, Pégaso es, en la mitología griega el hijo del dios Poseidón de los Océanos y nada más y nada menos que de Medusa, La Gorgona, figura de gran belleza y poder inconmensurable–hasta que cayó en desgracia.
Dio muerte a Medusa Perseo, y de su sangre nació el caballo alado: Pégaso.
Disney utiliza a Hércules para presentarnos a este magnífico corcel, pero el personaje que acompaña a Pégaso es Belerofonte, con quien Pégaso aniquila al monstruo de mil cabezas: Quimera.
Pégaso vuela como si trotara por los aires y es a quien Zeus designa, en el Monte Olimpo, para cargar sus rayos.
Pero no sólo Disney ha querido popularizar a Pégaso como ese compañero fiel de un guerrero, hay quien lo ha convertido en un instrumento cuya complejidad y efectividad no tiene, por ahora, parangón.
Se trata de “NSO Group Technologies Limited.”
NSO son las siglas de tres genios Omri Lavie, Shalev Hulio y Niv Karmi.
NSO es una compañía israelita fundada en el año 2010 y los cerebros detrás del “Pegasus.”
A partir de este momento nos seguiremos refiriendo a “Pegasus,” no “Pégaso,” el mito.
Pegasus es un programa cibernético conocido por su funcionalidad de “spyware,” es decir, una aplicación que se refiere a la penetración dentro de teléfonos portátiles o computadoras con el sólo fin de espionaje o lo que se conoce como “hacking.”
“Pegasus” es una tecnología muy avanzada que sólo puede adquirirse con el permiso del Ministerio de Defensa de Israel.
El costo de esta tecnología depende de cuántas licencias se quieran adquirir, es decir, cuántos aparatos tendrán el “Pegasus” introducido y funcionando en ellos.
Una licencia a 100 teléfonos, por ejemplo, puede costar unos $40 millones.
Si bien nuestros teléfonos móviles podrían estar infectados con este virus, quizá ninguno de nosotros tenga necesidad de cuidarse de los potenciales daños de un ciberataque.
Es importante, para hablar del “Pegasus,” hacer un inciso.
Como buen hijo de la genialidad de Israel, la finalidad de este recurso es para bien, y se introdujo al mercado para facilitar el espionaje de grupos terroristas y otros personajes antagónicos como narcotraficantes.
Si bien las capacidades de Pegasus pueden variar con el tiempo debido a las actualizaciones del software, Pegasus generalmente es capaz de leer mensajes de texto, espiar llamadas, recopilar contraseñas, rastrear la ubicación, acceder al micrófono y la cámara del dispositivo de destino y recopilar información de las aplicaciones.
No nos concentraremos en la tecnología per se, porque se nos haría denso, y quizá perderíamos el hilo de lo que estamos tratando de analizar—y el por qué de la importancia.
Desde su invención hace ya casi una década el “Pegasus” no está exento de controversia.
Adquiere su nombre, claro está, del caballo mitológico de nuestra introducción, y la razón es que una vez adquirida la licencia del Pegasus hay un pago por adelantado de unos $500,000 para gastos de instalación.
Y así, según los ejecutivos de NSO, es tan ágil que “vuela” a donde se quiere introducir y hacer su cometido.
El grado de efectividad es irrefutable.
Tal vez por ser tecnología israelita y vivimos en los tiempos que vivimos, el "Pegasus" se ha vuelto la comidilla de los políticos y activistas de extrema izquierda.
Si bien Israel tiene especial cuidado de quién adquiere la tecnología, una vez que se compran las licencias, el spyware vuela sólo y sí que es muy posible que, por desgracia, haya caído en lo que podríamos llamar “malas manos.”
Pero he aquí el quid de este análisis.
El “Pegasus” está empapado, rodeado de mucha leyenda negra.
Tal cual como todos esos retazos de nuestra historia que se quieren manipular o cambiar para politizar o para favorecer a un bando perdedor.
Las alas del “Pegasus” han de llevar mucha fuerza para elevarlo a las alturas.
Para todos los casos que quieren presentar al “Pegasus,” como el “poli malo,” de la cibernética, en este artículo lo presentaremos como una especie de “anti-héroe,” que no llega a ser villano, pero mantiene una relación cordial–y a veces íntima–con los héroes.
No vivimos en tiempos normales para esta civilización tetrapléjica en manos de globalistas y de lobbies ideologizados.
Los enemigos, como la Quimera, tienen varias cabezas, y si cortas una, sale otra (u otras) en su lugar, más feroces y viciosas que la que hemos cortado.
La impotencia no es una opción, pero la sapiencia, por desgracia, es escasa.
El uso de nuestra pericia no debe detenerse frente a titanes que sólo presagian el fin del mundo y se ríen de nuestras desgracias.
La tecnología es una aliada imprescindible, y quiero siempre pensar que Dios pondrá en manos israelíes lo mejor de este mundo y lo más avanzado.
El “Pegasus” es en este momento lo que se dice en inglés “fair game,” que se traduce como “lo justo” o “lo que se necesita” para contrarrestar tanta maldad refinada que hace sonrojar a Medusa y deja como mero bufón al Príncipe de Maquiavelo.
Como buen espía, el “Pegasus” es silencioso y versátil, y sólo podría detectarse cuando el daño está hecho.
Muy curiosamente, y a las pruebas me remito, los grandes críticos del “Pegasus” son los medios de comunicación de extrema izquierda. Los woke. Los falsificadores de noticias. La carne de cañón a la que se enfrenta el Perseo que llevamos en el corazón, con firmeza, los patriotas.
En mi opinión, si una organización tan corrupta y tan pro terrorista como Amnistía Internacional se toma la bandera para rechazar el “Pegasus,” pues algo debe estar haciendo bien el “Pegasus,” y a nuestro favor.
Esta mentalidad se siente extraña, pero el “Pegasus,” como cualquier “anti-héroe,” es de todo menos buenista.
Los que han adquirido el “Pegasus” a lo largo de los últimos tiempos no lo dicen abiertamente. Es un secreto a voces, que no se admite, pero tampoco se niega.
Un rumor que es veraz y positivo depende del color con que se vea.
Tal cual como un mito, de donde adoptó su singular nombre.
La lista de clientes de la compañía NSO está muy bien guardada. Pero países como Bangladesh, República Dominicana, Azerbaiyán, India y Jordania han reportado casos donde se ha descubierto que analistas, periodistas y figuras de alto mando han podido ser alegadamente “infectadas” con el spyware más sofisticado del mundo.
Por otra parte, aliados como Hungría, El Salvador y el propio Israel también han hecho uso efectivo del “Pegasus,” con resultados más que satisfactorios.
Aunque no se ha podido comprobar, el rumor en redes sociales es que Mohammed VI, rey de Marruecos haya adquirido el “Pegasus” para convertirlo en una “Mata Hari” tecnológica que ha penetrado el teléfono del Presidente del Gobierno, Pedro Chávez–perdón–Sánchez.
Ahondemos en este tema por unos minutos…
Si alegadamente el monarca marroquí compró el “Pegasus” para espiar a los miembros del gabinete de Moncloa, y al propio Sánchez, como se ha creído, sería, tal vez, una especie de justicia poética.
Sin el “Pegasus” como herramienta, sino de una manera más orgánica y primitiva, Sánchez, se sabe le ha encantado espiar en aquellos personajes que pudieron haber sido la red clientelar de su difunto suegro, que regentaba, junto a su hija, la tan mal ponderada esposa del tirano, Begoña Gómez, un prostíbulo donde los objetos de deseo eran del género masculino y bastante jóvenes. Demasiado jóvenes—y ahí lo dejamos.
La lujuria ha sido mala consejera para muchos cabecillas del Partido Socialista Obrero Español, y quién sabe si algún aberrado del Partido Popular o la extrema izquierda.
No sólo políticos son culpables, también empresarios o miembros de sindicatos, una mafia clase aparte en la España postransición.
Pero si Marruecos, aliada de Israel y miembro, desde el 2017, del Pacto de Abraham, ha adquirido el “Pegasus” para acorralar a Sánchez y volverlo un eunuco político, pues sea!
Engordar al “Pegasus” con información comprometedora y audios de los que consideramos personas de alto riesgo, es menester para que luego los servicios de inteligencia se pongan manos a la obra.
Para finalizar, hay que hacer énfasis en un tema. Ese tema es, sin duda, la ética.
El “Pegasus” fue creado para la localización y la persecución de criminales.
Pero es que las noticias nos sorprenden cada día como varias especies de criminales, y a veces son los que menos podíamos imaginar.
Organizaciones como el Federal Bureau of Investigation (FBI), que se sabe han adquirido el “Pegasus,” han estado en las peores manos posibles hasta la llegada de este segundo período de Trump, cuando su director Kash Patel, por lo menos está intentando salvaguardarla.
Pero en estos años pasados, la peor calaña de funcionarios han obrado con mala entraña y sólo Dios sabrá el daño que hemos podido hacer a gente inocente.
Sin embargo, vuelvo y repito, con llevar el timón de nuestra intención a buen puerto, la tecnología que pudiendo ser una “Mata Hari,” en realidad es un “Mossad,” puede salvar a Occidente.
Si bien hay un hermetismo detrás de los compradores de esta herramienta, y más aún de sus usuarios, no es mala idea sintonizar para descubrir qué hazañas dignas de un Ovidio del siglo XXI es capaz de hacer el "Pegasus" con las Quimeras de la ONU o las Medusas de Bruselas.
Que el mundo se caiga diciendo lo que quiera…
Pero los que somos justicieros y nos gusta la mitología griega, levantaremos los cimientos de esta civilización ciega con un Pégaso cibernético con los nombres de quienes nos hieran!

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