«el antisemitismo es el socialismo de los tontos»
--Ferdinand Kronawetter (político Austríaco 1838-1913)
Oskar Schindler, nacido en 1908, en lo que hoy conocemos como la República Checa, no era, ni remotamente, conocido en su día por ser ni un filántropo ni un virtuoso. De ninguna manera.
Justo antes de la ocupación Nazi a su nativa Moravia, a finales de los años 30, el joven Oskar era tan apasionado de los Nazis que, incluso, cumplió una breve sentrncia en prisión, al haber sido acusado de espionaje por su gobierno, en favor de las fuerzas de Adolf Hitler.
Se hizo, como era de suponer, miembro del Partido Nacional Socialista alemán en 1939, y, a partir de allí, podríamos decir que donde Schindler "ponía el ojo, ponía la bala." Aplíquese esto a los negocios, sus amistades de alto rango, sus carísimos vicios, y, sin duda, las mujeres.
Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, Schindler decidió crear una fábrica de utensilios esmaltados, y buscando tanto personal como inversores se topa con el hombre que cambiaría el rumbo de su vida: Itzhak Stern.
Stern, siete años mayor que Schindler era un contable que acababa de perder su trabajo, y es contratado por Schindler para su fábrica. Lo que ninguno de los dos sabía en aquel momento es que se convertirían en héroes. Gracias a la incansable labor de Stern, que tenía clarísimo que los judíos, como él mismo, eran deportados a campos de concentración, o perseguidos por los nazis, Schindler rescató aproximadamente 1,200 judíos, que lograron sobrevivir la guerra.
En la magistral película "La Lista de Schindler" de Steven Spielberg de 1993, nos queda claro que Schindler veía en los trabajadores, simple y llanamente, mano de obra gratis, esclava, así sin subterfugios. Pero la pericia de Itzhak Stern es quien guía a su jefe a ver con cautela lo que sucede a su alrededor.
En la cinta, cabe destacar, que todos y cada uno de los actores, representan a un sobreviviente de la vida real. Pero más aún, cada personaje, a su vez, es una composición de muchos de los judíos que fueron perseguidos durante los años del nazismo.
El momento crucial es cuando Oskar Schindler tiene contacto visual con una niña (sin nombre) de unos 4 o 5 años con un abrigo rojo. Es el único uso de color de la película en sus tres horas de duración. La pequeña huye cuando los nazis asaltan el gueto donde vivía.
Schindler, al tiempo, ve a esa niña y su abrigo rojo, muerta para ser incinerada con miles de cadáveres por uno de los sicópatas de la SS, Amon Göth.
Es en este momento que Oskar Schindler deja de lado su desidia y su indiferencia para rescatar, arriesgando su prestigio, su fortuna y hasta su vida, a tantos trabajadores como pudo, creando la conocida lista que da nombre al film. Cada nombre, una vida.
Ilustremos otro ejemplo de un héroe que no pensó jamás en serlo. Pero también, junto a Schindler ha sido honrado en el preciado y sagrado Yad Vashem, el museo del Holocausto en Jerusalén, la capital de Israel.
Hablamos de Wilm Hosenfeld.
Hosenfeld era un capitán nazi, uno más de la SS de Hitler, que, ya al final de la guerra descubrió que las políticas de su Fuhrer eran verdaderamente abominables. Su dedicación al régimen nunca había sido cuestionada, pero se cansó de las injusticias perpetradas al pueblo polaco, y muy especialmente a los judíos.
En 1944, entre los escombros de un edificio abandonado, oye una melodía de piano exquisita y melancólica, y siguiendo el sonido se encuentra con Władysław Szpilman, un conocido pianista y compositor judío, que había podido huir de los campos de concentración, y luchaba como podía para sobrevivir.
Conmovido por la situación de este joven virtuoso, Hosenfeld decide, en ese momento, salvarlo de una muerte segura y le trae alimentos a cambio de una pieza al piano.
Władysław Szpilman sobrevivió así el final de la guerra. Su carrera continuó con gran éxito y su historia fue narrada en el film de Roman Polanski "El Pianista" del año 2002.
Desafortunadamente, Hosenfeld fue puesto preso por los soviéticos y todos los esfuerzos de Szpilman para rescatar a Hosenfeld fueron en vano. Este murió en prisión en 1952.
Pero sus hazañas para salvar a los judíos durante la guerra, siendo él un nazi, le valieron muchos honores postmortem, todos más que merecidos.
Estas dos historias nos dejan claro dos cosas.
Ni se nace nazi, ni se nace antisemita.
Ambos conceptos, intrínsecamente ligados al Holocausto de los judíos en los años de la Segunda Guerra Mundial, son absolutamente conductas que no son natas al comportamiento humano.
Se aprenden. Se absorben. Se asimilan. Se practican.
Dos hombres que podían haber sido intensa y apasionadamente antisemitas, despertaron a la realidad y sus acciones los han hecho acreedores de honores por sus causas humanitarias a favor de los judíos.
El antisemitismo es la forma de racismo más antigua que existe.
Este pasado mes de septiembre, en las festividades de Rosh Hashanah, los judíos hemos dado la bienvenida al año hebreo 5784.
Hablamos, por supuesto, no del calendario Gregoriano, sino del "Anno Mundi," que es un calendario que está basado, en un sistema muy complejo, basado en numerología y hechos históricos, que nos habla de la creación de mundo, de acuerdo con las creencias judaicas, hace 6,000 años.
En estos milenios desde su existencia, los judíos han sufrido persecuciones, exilios forzosos y masacres. El Holocausto no cumple ni siquiera un siglo, y, por desgracia, ya nuestro pueblo tiene otra fecha para recordar y bendecir la memoria de 1,400 judíos más. Esa fecha es el 7 de Octubre del 2023.
La organización terrorista Hamas que gobierna en Gaza desde el 2007, planeó por aproximadamente dos años, uno de los peores ataques desde el 11 de Septiembre en Nueva York, y asesinó, violó y secuestró a casi 2000 judíos. Entre ellos niños pequeños, bebés de pocos meses e incluso ancianos que, irónicamente, habían sobrevivido al Holocausto en Europa.
Ha pasado un mes, y lejos, muy lejos se ve una resolución a este conflicto.
Los judíos hemos recibido muestras de apoyo de ciudadanos alrededor del mundo, algunos políticos, y varios activistas y periodistas que han tenido claro, desde siempre, que frente a una atrocidad como la que ocurrió el pasado mes de octubre, no solo Israel tiene todo el derecho a defenderse sino tiene el DEBER moral de defenderse.
Lamentablemente, todas las muestras de cariño que hemos podido ver a nuestro alrededor han sido prácticamente neutralizadas, o cuidado si hasta calladas completamente, por una ola de antisemitismo que no había tenido precedentes.
Muchos, obviamente, no vivimos en la Europa nazi, pero casi se puede decir que estos que estamos viendo es peor. Las causantes de este ensordecedor y flagrante antisemitismo se deben a varios factores.
La propaganda, por supuesto, que ya sabemos bien que existía en la Alemania nazi de la mano de Joseph Goebbels. Las redes sociales, un elemento crucial que ha servido de altavoz para un acérrimo despertar de la ola de judeofobia que padecemos. Y, claro está, la cultura "woke" que ha degradado intelectual y moralmente a las generaciones más jóvenes, paulatinamente. La Gen Z, la "de"generación de los memes y del Tik Tok es la más afectada y la más radical en su odio hacia los judíos y al Estado de Israel.
Se ha hecho público, de hecho, que Tik Tok, tiene múltiples algoritmos que llevan a fomentar y a practicar alguna forma de antisemitismo en estos días post-masacre israelí. Quizá, lo más sorprendente es, por un lado, las multitudinarias marchas a favor de Gaza (léase Hamas) aupadas por Hollywood y múltiples activistas, y las asquerosas cartas y manifestaciones a favor de Palestina propagada por Universidades con Stanford, Columbia, Harvard, Michigan State University, e incluso Cornell, donde acaba de ser aprehendido un estudiante, que valiéndose de una supuesta depresión, amenazó a todos los estudiantes judíos.
Aparte de estas causales, queda mencionar, y esto es muy importante, la llegada al poder de fuerzas neo-comunistas y nefastos gobiernos progresistas que han hecho de este conflicto Israel-Palestina una bandera de odio, auspiciando, como en el caso de Colombia y sobre todo España, una campaña que tiene a la comunidad judía, especialmente, en Barcelona, aterrorizada.
Al final, como tantos y tantos ejemplos de ideologías e implementación de nuevas agendas, el antisemitismo es un jugoso negocio para quienes financian a las organizaciones terroristas en el Medio Oriente desde hace décadas. Y, sorprendentemente, sale a la luz que mucho de esta propaganda antisemita que han absorbido las universidades americanas, podrían venir de una galvanizada campaña que se inició en el 2001, a partir del Foro Mundial Contra el Racismo, conocido como Durbán I, que se celebró en Suráfrica.
Fue una conferencia de tal grado de odio antisemita y antisionista que Estados Unidos e Israel abandonaron el foro en protesta.
Fue en Durbán donde empezaron a ventilarse los bulos de un falso apartheid por parte del estado judío hacia Gaza, argumento esencial de las protestas pro-Palestina que hoy repiten y condenan los loros parlanchines del progresismo.
Hay, de igual manera, otra excusa, casi infalible para la propagación del antisemitismo. Una desaprobación absoluta al gobierno de Israel.
Vamos a estar claro, ninguno de los líderes de la escoria progresista Occidental tiene conocimientos suficientes del gobierno, ni de la historia, de Israel, para estar opinando. A duras penas, España, por ejemplo, conoce a su propio gobierno. Muchos españoles, tristemente, se dejan marear por consignas que solo consiguen ponerlos en absoluto ridículo.
Pero, sin duda, y con el mayor respeto, el gobierno Israelí, si tiene el deber moral, urgente, de hacer un mea culpa por esta nueva página de historia hebrea, que como tantas otras, está manchada de sangre.
Israel escogió, a lo largo de su joven historia, como estado convertirse en un espejo de Occidente, y en ello, podría haber firmado su destino.
En las últimas décadas, Israel ha tendido una alfombra roja a la ideología de género, la cultura "woke" y el liberalismo político, todo ello en nombre de la tolerancia y la paz.
La propaganda antisemita, curiosamente, ha presentado al gobierno de Israel como tirano, retrógrada y ultraderechista. Nada más lejos de la realidad. Sobre todo si vemos en estos últimos años como han surgido vídeos de soldados de la Fuerza de Defensa Israelí, haciendo alarde de sus preferencias sexuales. El Ministro de Defensa, como ya hemos mencionado en artículos anteriores, tiene izada una bandera arcoíris del colectivo LGTBQ.
Rodeada de dictaduras y de reinos que se adhieren a la ley Sharia, creo que es penoso decir que a Israel le fueron, de a poco, perdiendo el respeto que se le tuvo antaño después de las hazañas de sus fundadores o de gobernantes como Ariel Sharon.
En todas las redes sociales, y con la mejor intención, leemos docenas de comunicados de los combatientes de Israel, en estos momentos, en Gaza, hablando de una victoria asegurada para el gobierno de Jerusalén, y, por supuesto, para nosotros los judíos.
Cada día se hacen incursiones en el aparato geográfico extraordinariamente montado por Hamas en el territorio de Gaza, incluyendo kilómetros de túneles a más de 600 metros bajo tierra. Sabemos como se han financiado las operaciones de Hamas. Sabemos que Irán es cómplice del terror, al igual que Qatar.
También tenemos que oír las estridentes y repugnantes declaraciones de gobernantes de Oriente Medio como son las de la Reina Rania de Jordania, que nunca ha ocultado su feroz antisemitismo y su repudio a Israel, a pesar de que su marido, el Rey Abdalá es un aliado de Estados Unidos.
Pero, en mi opinión, el peor mensaje ha venido, directamente del Estado de Israel, que nos ha pedido, en declaraciones a la prensa, a todos los judíos, que tengamos cuidado y que no demos a conocer que somos hebreos. Que ocultemos nuestras kipás, nuestras estrellas de David, y que callemos para no ser víctimas de esta ola de judeofobia a raíz de la masacre del 7-O.
Esas palabras son vinagre puro para el alma de un judío. Y si no lo son, pues bien es hora de que empiecen a serlo.
¿Perdón? ¿Ocultar y negar mi judaísmo?
¿Y eso me la están pidiendo las autoridades del único estado judío del planeta?
Sinceramente, estoy asqueada.
Y más aún. Creo que en esta falta de respeto a los judíos y esta falta de dignidad del estado israelí, puede que esté la semilla que nos ha convertido en diana de tantos odios y tanta envidia y tanta injusticia.
Lo peor es que, a través de las redes, estamos viendo como muchísimos judíos han acatado estas órdenes y sugerencias y nos piden que hagamos lo propio.
¡Que vergüenza!
Luego tenemos a la banda de "Naturei Karta en Tierra Santa." Esta secta (que no merece llamarse de otra manera) está compuesta, desde su fundación en 1935, de judíos ortodoxos que consideran al Estado de Israel un anatema y abogan, a la par que los terroristas, por su destrucción.
Es decir, los enemigos de Israel están en Israel.
Purgarlos ha de ser nuestro objetivo. Purgarlos y condenarlos y callarlos, porque flaco favor nos hacen a quienes estamos orgullosos de ser hijos de David y de Salomón y de Raquel y de Esther.
El gobierno israelí ha sido brillante y ha sido falaz, pero jamás puede definirnos como judíos, ni podrá sentar cátedra de lo que somos como pueblo y como raza.
Pero estamos divididos y diluidos. Y ante todo, tenemos nuestro ADN cundido de miedos y de complejos mal hallados. Infundidos. Estamos acostumbrados a sabotear nuestra grandeza, y nuestra imparable pasión por mejorar la vida de toda la humanidad y firmar una paz eterna con quienes buscan destruirnos. Esos somos los judíos. Eso y mucho más.
Quizá, este nuevo micro Holocausto, nos tiene que abrir los ojos de una vez por todas. Ni ocultarnos ni bajar la cabeza. Lo contrario es menester y es urgente.
No sigamos la senda que estamos caminando, porque es obvio que nos hemos vuelto endebles y nos han perdido el respeto.
La victoria de Israel, frente a cualquier obstáculo, es, sin duda, un mandato de Dios. Pero esa victoria nos tiene que incluir a todos peleando frente al Goliat del odio y, más aún, la propagación de la ignorancia. Ningún judío, y quienes dicen apoyarnos, puede seguir siendo cómplice o indiferente a las amenazas que viven diariamente los que somos orgullosamente hebreos, aunque Jerusalén no sea nuestro hogar geográfico.
Todos los judíos somos Israel. Todos somos el pueblo de Abraham, de Isaac y de Jacobo.
Las Doce Tribus de Israel nos indicaron, desde un principio, el norte que ha de seguir con fe nuestro pueblo.
¿Bajar la cabeza? Solo ante HaShem. Nada ni nadie más.
El antisemitismo es nuestra lucha para alcanzar gloria eterna y demostrar, como lo hemos hecho siempre, que, por encima de todo el pueblo judío, ama la luz. La abundancia espiritual.
Los dejo con una frase extraordinaria de Rabbi Jonathan Sachs, bendita sea su memoria, que, como un faro de sabiduría y de teología judaica, nos dejó un legado maravilloso que nos debe acompañar y enorgullecer a todos. Dice así:
“¿Cómo pueden vivir con la constante amenaza de violencia y guerra? Eso requiere fe. Israel es el pueblo que siempre se mantuvo por la fe, fe en Dios, en el futuro, en la vida misma. Y a pesar de que Israel es un estado laico, su misma existencia es un testimonio de fe: la fe de un centenar de generaciones respecto a que los judíos retornarían; la fe que condujo a los prisioneros a reconstruir una tierra en contra de lo que parecía imposible de superar; la fe de que después del Holocausto el pueblo judío podía volver a vivir; la fe que al enfrentar la muerte continúa diciendo: escoge la vida”.
Judíos queridos del mundo, Dios está con nosotros. Brindemos por la victoria y por la paz. L'CHAIM!

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