Dos palabras, en mi opinión, describen a la perfección a Viktor Orbán, actual Presidente de Hungría, y un mandatario veterano y ampliamente probado, puesto que, aunque con ciertas interrupciones, ha ocupado el sillón presidencial desde 1998, siendo re-electo en el 2022. Esas palabras son resiliencia y resistencia.
Con Orbán no cabe un "ya veremos qué pasa." Para nada. Más bien Orbán ha pasado a ser para los conservadores una especie de templario cuya cruzada ha sido defender los valores fundamentales de la sociedad occidental.
Para poder hablar de Orbán tenemos que hacer un repaso por la historia de Hungría, una nación que tiene más de 2,000 años de historia.
Los Magiares se consideran los auténticos fundadores del pueblo húngaro tal y como hoy se conocen. La llegada de los Magiares en el siglo IX estuvo precedida por sangrientas invasiones, incluyendo los romanos y las fuerzas militares de Atila el Hun.
Fue para el año 1000 DC que se instaura oficialmente el Cristianismo en Hungría.
Más invasiones y múltiples guerras, incluyendo los tiempos en que formaron parte del Imperio Otomano, son parte crítica de la historia de esta nación que siempre ha incluído una variedad de grupos étnicos.
En 1867 se crea con Austria el Imperio Austro-Húngaro que culminó con el desgraciado asesinato al Archiduque Franz Ferdinand, presunto heredero al trono junto a su mujer, Sofía, en la ciudad de Bosnia, lo cual da el pistoletazo a la Primera Guerra Mundial, donde Hungría toma la decisión de aliarse con Alemania la cual resultaría perdedora. Este fracaso resultaría letal para los Húngaros que en 1920 se quedarían, por medio del Tratado de Trianon, sin las tres cuartas partes de sus tierras.
La Segunda Guerra Mundial también ve a los húngaros formando alianza con El Tercer Reich lo cual resultó fatal para las poblaciones judías y gitanas que quedaron completamente decimadas. Hungría acabaría derrotada.
En 1949 cae Hungría en lo que serían décadas de dominio absoluto de la Unión Soviética.
Orbán, nacido en 1963, empieza su carrera como político y activista en los 80s y en 1988 funda el Partido de la Federación de Jóvenes Democráticos (FEDESZ en sus siglas en húngaro) que continúa presidiendo.
El FEDESZ cambió su línea ideólogica recientemente y es un partido de derecha nacionalista lo cual ha sido una bienaventuranza para una gran mayoría de ciudadanos húngaros que, finalmente, pueden gozar de una soberanía y pueden levantarse con orgullo ante las amenazas constantes de los países de La Unión Europea que no han hecho más que atacar a Hungría por negarse rotundamente a seguir las políticas profundamente liberales y woke.
Orbán es un hombre sereno y razonable. Está casado desde hace 37 años con la madre de sus cinco hijos y ya goza de ser abuelo de varios nietos.
Orbán no cree en los cultos del cambio climático ni en Hungría existe plaza para la mafia feminista.
En la actualidad está dando la talla junto a su homólogo polaco, Tadeusz Morawiecki, negándose rotundamente a aceptar cuotas de inmigrantes que sabemos jamás se sentirán húngaros y terminarían protagonizando escenas casi de carácter bélico como las que padecen Francia y Bélgica, ambos vasallos de las agendas globalistas.
Lo más impresionante de Orbán es su estoicismo. Aparece siempre impávido antes las amenazas de las naciones que como Alemania, se han alejado de la decencia y el sentido común y cuyo servilismo está resultando en un empobrecimiento económico casi sin precedentes.
Orbán también ha escogido la diplomacia para con su trato a Vladimir Putin, una conducta que ha enfurecido a todos los líderes de la NATO que rinden pleitesía al liderazgo corrupto y tiránico de Zelensky.
Impecable con su discurso, Orbán no deja de aceptar invitaciones para hablar de sus posturas conservadoras y ha hecho apariciones en la televisión americana junto a Tucker Carlson donde demuestra su dominio del ingés y habla sin tapujos del desastre de la actual administración de Joe Biden.
A diferencia de Donald Trump, por quien siente profunda admiración, y esto es importante, Viktor Orbán no insulta. No alza la voz ni juega a ser el matón de pueblo. Su ego está controlado y quiere que se le conozca simplemente por su incondicional servicio al pueblo húngaro.
Para mí esta agenda minimalista de Orbán debería marcar pauta para todos los que nos sentimos francamente huérfanos políticamente hablando. Orbán no busca la gloria de lo material. Busca dar gloria a Dios y a su gente.
Yo espero que su cruzada resulte en una victoria tras otra, más allá de lo electoral, es importante, en medio de tantas críticas aun sistema ideológico resquebrajado, tener a un David que no tema enfrentarse a Goliat. Orbán sabe que no se trata sólo de tener una estrategia de triunfo moral...sino un sistema de creencias que de fuerza para seguir adelante sin importar las consecuencias.
Viktor será victorioso!

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