Monday, September 8, 2025

Desde la Zona Cero de Occidente, Seremos Fénix!


El pasado 6 de Agosto se conmemoró el 80 aniversario de la detonación de la bomba atómica sobre Hiroshima en el Japón imperial, culminando así, la Segunda Guerra Mundial.

Tres días después, el 9 de Agosto de 1945, llegó la segunda bomba atómica. Esta vez sobre la ciudad de Nagasaki.

El Emperador Hirohito y los Estados Unidos firmaron un tratado de paz en Septiembre de 1945.

La bomba atómica llamada "Little Boy" (Niñito) dejó un saldo que se calcula entre 80,000 y 166,000 muertos sólo en Hiroshima, y una desolación que perdura hasta el sol de hoy.

Nunca más se ha utilizado la bomba atómica en un conflicto armado. Más bien hay esfuerzos para que eso no suceda nunca más.

Entiéndase así la urgencia de que Irán jamás llegue a tener la capacidad de crear un arma nuclear. Pero éso es otro tema.

"Little Boy" no explotó en tierra. La bomba, una vez que el "Enola Gay" la lanza sobre Hiroshima, explota a unos 580 metros del suelo.

Justo debajo de ese diámetro donde explotó este monstruo nuclear hay, hoy por hoy, un parque maravilloso llamado "Parque Conmemorativo de la Paz" con un monumento a las víctimas, que se puede visitar sin costo alguno.

Este parque es considerado el "Ground Zero" (Zona Cero) de la detonación de la bomba atómica.

Si nos adelantamos en el tiempo al Hiroshima del 2025, vemos una ciudad muy próspera con una de las áreas urbanas más grandes del Japón y con un producto interno bruto de $109 billones al 2019.

Por otro lado, Japón y Estados Unidos tienen una de las alianzas más sólidas del planeta.

La Zona Cero de aquel Japón imperial supo florecer y supo aceptar su derrota para luego entender que debía prosperar. Y lo hace sin parangón.

Dentro de unos días, se cumplirán 24 años de la caída del World Trade Center, las Torres Gemelas. Aquel atentado dejó un saldo de casi 3,000 muertos, unos 2,700 de las torres solamente.

Un grupo de 19 yihadistas de la red terrorista Al Qaida, en aquel entonces dirigida por Osama Bin Laden fueron los sicarios. Hoy por hoy se podrían hacer un sin fin de análisis sobre las teorías (ya no tan conspirativas) de lo que sucedió aquella terrible mañana que fue descrita con titulares masivos como un "acto de guerra."

El derrumbe de las Torres Gemelas, y algunas estructuras adyacentes dejó una de las peores "zonas cero" que se hayan visto. Habiendo transcurrido todo a la vista de millones de personas que seguimos paso a paso esta tragedia, las imágenes no han dejado nunca de circular y los testimonios de esa mañana están más vivos que nunca.

Sobre el "Ground Zero" del 11S se empezó a reconstruir muy rápido el nuevo y renovado "World Trade Center," y es absolutamente majestuoso.

Aunque, claro está, la belleza nostálgica y primitiva de las Torres Gemelas, es incomparable, y para los que tuvimos el privilegio de visitarlas, inolvidables.

Pero a diferencia de Hiroshima, en el ejemplo que acabamos de dar, Nueva York no prospera. De aquel mítico Manhattan, la ciudad que según la canción de Frank Sinatra (e inmortalizada por Liza Minnelli), nunca duerme, sólo van quedando escombros y miseria humana. Para colmo, los ciudadanos están a punto, el próximo Noviembre, de elegir a un alcalde comunista. 

Recemos que esto no suceda---pero lo más seguro es que Zohran Mamdani obtenga la votación necesaria para llevar a cuestas y luego destruir nuevamente a Nueva York.

El 11S fueron terroristas yihadistas. Mamdani es otro tipo de "terrorista," financiado por élites y vinculado a mafias cataríes.

¿Qué diferencia puede haber entre Hiroshima y Nueva York?

Quizá sólo sea cuestión de actitud o tal vez intención. Japón es un país que lleva clavado el honor en su alma como una katana.

Estados Unidos está, creo yo, aprendiendo, a tener más orgullo y a quererse a sí mismo, volviendo sus ojos a ese pasado de dolor y gloria de nuestros Padres Fundadores.

El año que viene se cumplen los 250 años de la Independencia de EEUU, un cuarto de milenio.

Si somos sinceros, todo Estados Unidos podría ser la "zona cero" de Occidente tras padecer el bombardeo y el terremoto ideológico de los últimos 40 años (o tal vez más)

Las réplicas de este acabose, siguen midiéndose.

Son estas réplicas las que tal vez compliquen que se pueda hacer un análisis con el cuidado que merece esta "zona cero" desde la cual nos despertamos cada día más personas---pero aún no todas las suficientes.

Estamos aún haciendo este recuento de los daños y contando las víctimas.

Hay víctimas que rehabilitar y otras, que enterrar.

En este agujero de Occidente donde han caído tantas consignas y se han producido los daños más graves, se hace menester saber qué clase de arsenal “nuclear” ha causado daños tan nefastos?

¿Quiénes han estado diseñando este monumental “Proyecto Manhattan” (nunca mejor dicho) donde la diana no fue puesta en una ciudad, cuyo gobierno era letal y rebelde, sino la humanidad entera?

Responder estas interrogantes nos llevará todavía más tiempo, porque nuestro despertar ante estos escombros ha sido deplorable y lento.

Hay generaciones enteras que se han acostumbrado a vivir en estos escombros apocalípticos y con la presencia constante y sonante de las redes sociales, la repercusión de esas ideologías y esas políticas, que podríamos llamar “woke,” se ha convertido todo en un sin vivir que aturde y que no sabemos cómo callar o amortiguar.

Occidente empieza a limpiar su brújula resquebrajada con movimientos políticos liderados por hombres y mujeres que representan los valores fundamentales que ayudamos a construir hace más de dos milenios con principios judeo cristianos que han sido motivo de guerras y cruzadas con el fin de que no decaigan.

Eso lo hemos podido mantener—o así pensábamos.

Pero la carga atómica de la decadencia que padecemos es muy fuerte. Fortísima. Y vemos derrumbarse a una civilización entera ante nuestra mirada, a veces demasiado impávida.

Estados Unidos, como hemos venido diciendo, se define, quizá como el epicentro de esta destrucción, y el enemigo no nos llegó por los aires, y no es, para nada, un “niñito.”

El enemigo de Estados Unidos, y por ende de Occidente, está aquí, bien adentro, mar adentro, en nuestras tierras, como podemos ver en ciudades como Nueva York, o tal vez, Chicago, y ni hablar de Los Ángeles.

Estas ciudades tienen denominadores comunes, sin duda.

Uno de ellos, y el más importante, es que están gobernados por Demócratas radicales, anti todo lo bueno y pro lo peor de lo peor. 

La llegada de Barack Obama en el 2008 pone el pie en el acelerador, y nos dimos cuenta de que había una agenda, que este señor llevaba muy bien aprendida y con ansias infinitas de ejecutar.

Tal vez él sería una especie de “Enola Gay” de ser humano con un cargo letal que, siendo él, presidente de la nación más potente del mundo, sabía que el daño sería estrepitoso, y bien se encargaría él de hacerlo irreparable.

A este monstruo le debía seguir nada más y nada menos, Hillary Clinton, la mujer de Bill Clinton. Ambos funcionarios, Obama y la ex Primera Dama, dos ex-senadores, hijos de ese "pantano" de Washington DC, personajes controversiales, corruptos y antagónicos de la política Estadounidense en su máxima expresión.

Pero los americanos empezamos a ver cosas que para nuestros jurados enemigos globalistas, quizá no debimos ver.

Y elegimos, el 5 de Noviembre del 2016, a Donald J Trump.

Y lo elegimos en Noviembre del 2020, pero nos robaron las elecciones.

Y lo elegimos el pasado mes de Noviembre y ganamos a todo terreno (literalmente!)

Trump está lejos de ser un santo o una especie de San Miguel Arcángel viviente, pero sí es un ciudadano agradecido, que desde su privilegio y su Trump Tower dorada, supo estudiar tanto el potencial como la decadencia de Estados Unidos.

Y decidió ser capitán de nuestra resistencia al maligno plan de un Obama junto a sus aliados tanto en Europa como en Irán, su niña consentida.

Para que quede claro, el llamado “wokismo” está lejos de ser intangible o etéreo. Es bien tangible y bien arraigado a un capitalismo férreo.

El “wokismo” es un negocio alimentado de propaganda donde los empresarios mejor curtidos y más hábiles del mundo, juraron tener voz y voto, y un trozo del pastel de ganancias.

Ha habido muy pocos planes más macabros que la mismísima destrucción de todo Occidente, pero llegó el momento de que paguen los criminales.

Eso es deber de todos los que sobrevivimos a los designios de organizaciones mundiales, que no tienen límites, porque hasta nos han querido mandar una plaga y asustarnos hasta decir basta.

Los resultados son patéticos.

Me ha llamado mucho la atención, por ejemplo, este escándalo que se ha querido armar alrededor de una propaganda de blue jeans de la marca “American Eagle,” sólo porque han querido borrar todo vestigio de esas modelos amorfas y esperpénticas, así como a otros personajes del circo “woke” para que sus fotografías fueran protagonizadas por una joven actriz despampanante llamada Sydney Sweeney, que, para más inri, es orgullosamente republicana y conservadora.

No hubo más que salir el anuncio de Sweeney diciendo “Sydney Sweeney has great jeans,” para que una tromba de millennials y GenZ desnortados hicieran acusaciones de racismo y de eugenesia, comparando esa homofonía (jeans/genes) con los experimentos de Hitler.

La gran mayoría de estos imberbes no sabría ni quien fue Hitler o Mengele, pero sí que saben en qué canal de Tik Tok están las consignas más cool.

Lo más grave de este asunto es que todo está más que coordinado por grupos y chiringuitos ideológicos que bien que saben captar estas pobres cabecitas y grabarles palabras para que las repitan como loritos, sin pensar en las consecuencias y en las bombas atómicas que pueden hacer detonar.

¡Cuánto más destrucción, mejor!

¡Cuánto más ruido, mejor!

Otro clarísimo ejemplo de este plan es la cantidad de jóvenes ondeando trapos con la supuesta bandera palestina, uno de los mejores inventos propagandísticos que desde el pasado siglo nos han hecho creer que un puñado de refugiados miserables de Jordania, son un pobre pueblo oprimido por los “malvados” sionistas.

Oh cielo!

NO!!!!!!! FALSO!!!!!!!

Los supuestos “palestinos” hoy son un pueblucho gobernado por un grupo terrorista, Hamás, que ha asesinado a diestra y siniestra a judíos tan sólo por ser judíos.

Al día de la publicación de este reportaje tanto el Presidente Trump, a menos de un año de su segundo mandato, y el gobierno de Israel, han dado un ultimátum a Hamás. O rendición absoluta o destrucción absoluta.

Punto.

Esas palabras quizá las escuchó Hirohito y no hizo caso. Después hubo de aceptar su derrota, y a Dios gracias, que no se nos hizo un harakiri.

Para Gaza y para Hamás, la palabra honor no existe en su diccionario, y eso lo saben también quienes baten sus banderas antisemitas y creen que somos los judíos de hace 80 años.

Buena sorpresa que les haremos tener si no se rinden y si quieren seguir adelante con sus estupideces y sus masacres.

La “zona cero” de Gaza sería útil como estacionamiento de un balneario de lujo que estaría bien administrado por una entidad vigilada por ojos israelíes y americanos, y, por supuesto, nuestros aliados del Pacto de Abraham, que pronto contará con más firmantes.

Hay muchas vidas que son, por desgracia, “zonas cero” de donde no sabemos si pueda quedar más que polvo, ignorancia, odio y pobreza espiritual.

Hemos escrito sobre el poderío de estos amos de las agendas ideológicas sobre el frágil libre albedrío de muchos.

Pero nuestra visión cada vez se hace más fuerte y llevamos de a poco una delantera que ningún enemigo puede volver a destruir—por más que lo intenten.

No subestimamos los recursos casi infinitos que se han puesto al servicio del mal.

Sin embargo, nuestros enemigos se han quedado sin municiones y los arsenales nucleares están cada día siendo bombardeados por políticas patriotas y consignas tradicionalistas llenas de honra y grabadas a fuego.

El camino es empinado. Hemos de dejar a muchos buenos guerreros a mitad de camino si su voluntad no está hecha de acero inoxidable.

Hay quienes vaticinan nuevas pandemias y hasta una Tercera Guerra Mundial, dado lo afilada que está la navaja de tantos intereses económicos que tienen en vilo a nuestros enemigos, pero, dudo que haya que hacer caso a tanta predicción hostil.

En esta “zona cero” que vemos hoy con absoluto terror e interminable tristeza, Dios, en su infinita sabiduría, tiene a bien crear tanto planteamientos como plantaciones donde hemos de saber discernir entre el bien y el mal, con un nivel de consciencia, quizá hasta ahora desconocido por la humanidad.

Y sí, escogeremos florecer y prosperar desde el puñado de cenizas que creen que somos.

La realidad es dura y debemos tener la serenidad para aceptar que hay una destrucción irreparable, pero de donde debemos sacar toda nuestra fuerza y sabiduría para saber que sí que hay muchísimo que reconstruir, reformar y reconquistar.

Sobre los escombros, sólo queda rezar, mientras seguimos haciendo camino al andar, que la memoria de los que han quedado atrás sea para nuestra civilización, una bendición.




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