Wednesday, November 1, 2023

Será Leonor de Borbón una Reina Títere del Nuevo Orden Mundial?

El planeta vecino, Venus, dícese, está cubierto por una atmósfera casi un centenar de veces más densa que la de la tierra. Casi totalmente, un 96 por ciento, compuesta de dióxido de carbono. Es una nube completamente tóxica y casi impenetrable. 

Una ironía, pues dicho planeta lleva el nombre de la diosa de la fertilidad.

En estos momentos, España es "la Venus de Europa." Y no precisamente por su belleza...

Ante una inminente amnistía que el Caudillo...Perdón...Presidente en Funciones, Pedro Sánchez, ha de conceder a los delincuentes de Cataluña que, como recordamos, perpetraron un golpe de estado en el 2017, como se dice vulgarmente, en España "el horno no está para bollos."

Aun así, miles de personas, adictas a la esperanza, que a diestra y siniestra trafican sus gobernantes, se han conglomerado en las calles para ver pasar a la que algún día podría ser la Reina de España, Leonor de Borbón.

Ayer, Leonor, la Princesa de Asturias, cumplía su mayoría de edad y, al igual que su padre hace 37 años, juró la Constitución en Las Cortes.

A través de fotografías y los múltiples vídeos que se publicaron de este solemne acto, se podía sentir la tensión y el disgusto de quienes protagonizaron el acto, y los testigos del mismo.

El comportamiento de la Princesa, fue, como era de esperarse, impecable. Mucho le falta, claro está para tener la soltura y el carisma de una verdadera reina. Pero, para aquellos que quisieran verla despachando desde La Zarzuela algún día, seguro la justifican por ser aún muy joven.

Por otra parte, quien no ha dado la talla (una vez más) fue Letizia Ortíz, la madre de Leonor, actual consorte de España.

Los titulares de los medios no se han hecho esperar. Las expresiones de la Reina. Su pedantería. Su nerviosismo (a pesar de que ya tiene 20 años casi como miembro de la Casa Real) Su antipatía. Incluso, un comentado desprecio a la hora del saludo (llamado besamanos) a Santiago Abascal, líder del Partido Vox (al menos en teoría)

La hemeroteca es vasta y los invito a buscar los detalles.

Obviamente, la revista HOLA! tendrá un número especial. La caricia de HOLA, como adulador supremo de la ya decadente y controversial monarquía española.

Yo, por muchos años, fui monárquica. Si bien no he vivido nunca en un país con una monarquía (ni Constitucional ni de ningún otro tipo) me era fascinante seguir de cerca los pormenores de las familias reales. España, particularmente.

La jura de la Constitución de Felipe, entonces, Príncipe de Asturias, en 1986, transcurrió con toda normalidad. Fue un acto tranquilo y sobrio, en presencia, claro está, del entonces Rey Juan Carlos I y su esposa, la Reina Sofía.

Sofía de Grecia, que muy a pesar de tener un marido infiel y vivir en una perenne soledad, no perdió nunca su porte y su integridad. Sofía era (y es) una señora nacida para su papel. Hay que reconocerlo.

Junto al joven príncipe, los monarcas, el entonces Presidente del Gobierno, Felipe González, estaba la figura del recordado Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, el hombre que pudo haber sido rey, pero vio como, por órdenes de Francisco Franco, la Corona, tan ansiada, pasó a manos de su hijo, Juan Carlos.

Es importante hacer este inciso, porque, por petición expresa de la Reina Letizia, los abuelos de Leonor, los ahora Reyes Eméritos, no pudieron asistir a la Jura de Constitución de su nieta.

Tampoco asistieron los abuelos maternos, los padres de la consorte. 

El Rey Felipe permitió que su mujer le hiciera este desprecio a sus padres. Sin subterfugios, por favor.

Juan Carlos de Borbón, ciertamente, ha tenido una conducta cuestionable, e, incluso, reprochable, pero, es un abuelo. Y en calidad de abuelo, da una ilusión tremenda, ver a una nieta, llamada a ser la sucesora de La Corona, cumplir lo que es sin duda un acto inolvidable.

Con la venia de los reyes, los abuelos pudieron saludar a la princesa posteriormente en un acto de carácter privado que se celebró en el Palacio del Pardo.

Habemos muchos que, por momentos, nos preguntamos, qué manos macabras escogen a dedo a las figuras que vemos destruyendo a nuestra civilización, nuestras tradiciones, nuestras instituciones, nuestra manera de pensar. ¿Podría existir tal poder?

Las respuestas son ambiguas, pero, yo, por encima de todo sé que está Dios. Y hay, para todo lo que hoy acontece, un Orden Divino.

Pero, qué puede explicar, por ejemplo, el penoso y claro declive de la Iglesia en manos del Papa Francisco, con sus "debilidades" por las ideologías comunistas. ¿Por qué elegir, precisamente, a un Papa tan controversial?

Lo mismo pareciera suceder con la Casa Real española. El peor enemigo lo tiene dentro. El peor enemigo de la monarquía es su reina, Letizia Ortiz Rocasolano.

Como mujer de mi generación, y de mi misma edad, me hubiera gustado admirarla. Pero sus valores son contrarios a los míos.

Letizia era periodista. Se educó formalmente, e incluso, trabajó en un restaurante, para costearse su Maestría. Fue una reportera de guerra y viajó a sus anchas por México donde se reunía con los integrantes del grupo Maná. 

Tuvo novietes y amantes, para los cuales posaba desnuda (yo ví uno de esos bocetos antes de que la prensa española alcahueta empezara con el blanqueamiento a su imagen)

Cuando conoció a su actual esposo, tenía una pareja. Y era divorciada

Se casó en primeras nupcias con su profesor de literatura, bastante mayor que ella, con el que sigue manteniendo contacto, y con quien, incluso, ha salido a cenar en compañía del rey.

Su primo, y ex abogado, David Rocasolano, también la desvistió ante nuestros ojos, divulgando intimidades de la entonces princesa, e incluso atrocidades, como es, y él mostró supuestas pruebas de ello, que la reina se hizo un aborto.

Quizá es por este pasado tan intenso es que la reina de España no da, ni ha dado nunca, una entrevista. Su agenda, en los últimos tiempos, también se ha limitado.

Como se esperaba, por supuesto, Letizia, se convierte en madre primeriza el 31 de Octubre del 2005, cuando llega al mundo Leonor. Luego, dos años más tarde, nacería su segunda hija, la Infanta Sofía.

A lo largo de estos años, las apariciones en público de Leonor y de Sofía fueron muy muy escasas. Este continuo comportamiento de Letizia con sus hijas le ha valido numerosas críticas.

A las niñas no las ha sabido vestir. A Leonor le ha puesto trapos que le hacen 40 años mayor. Sofía, una joven alta y tan buena moza como su hermana, tres cuartos de lo mismo.

Medios afines a la monarquía, han trabajado el triple, a lo largo de 20 años, para enmendar o justificar los errores de protocolo de Letizia Ortiz. Han puesto Photoshop a su antipatía. Han halagado su obsesión por las cirugías estéticas y el pilates. Pero aun así, muy lamentablemente, la reina no da la talla.

Sin duda tenía vocación de periodista y de reportera intrépida. Pero de reina, nunca.

Hace varios años, Letizia tuvo un sonado encontronazo con su suegra, la Reina Sofía, a las puertas de la Catedral de Palma de Mallorca, donde la reina emérita quiso posar junto a sus nietas. Letizia se plantó frente a los fotógrafos impidiendo que se hicieran imágenes.

La educación de unas princesas, se asume, ha de ser estricta y muy vigilada. De hecho, la princesa Leonor, ya ha comenzado su instrucción como dama cadete en la academia militar en Zaragoza, como estaba previsto. Pues también a esta formación militar, Letizia se opuso y, claro está, estas discusiones trascendieron a los medios y a las redes, donde, tanto republicanos como monárquicos, hicieron comidilla, una vez más, del comportamiento de su monarca consorte.

Con motivo de la Jura de la Constitución, y como era previsible, han salido varios artículos sobre los gustos de la Princesa y su formación académica. Me sorprendió mucho leer que, Leonor, que obviamente domina el inglés al igual que algunos dialectos de uso común (aun en el Congreso como ya hemos comentado) como es el euskera y el catalán.

Pero, oído al tambor, ha aprendido chino (mandarín) y árabe y cito textualmente a varias revistas y medios españoles, "los idiomas del futuro."

Perdón?

Sin duda, y es más que obvio, las decisiones tanto personales como académicas de Leonor las ha tomado su madre. Felipe de Borbón, ha resultado, bochornosamente, moldeable y débil frente a la mano de hierro de su señora, e, incluso, de Pedro Sánchez.

A Felipe VI es usual, señoras y señores, verlo usando el pin con la esfera multicolor de la Agenda 2030. No es de extrañar, que una España tan depauperada ya se declare servil a China y a los reinos árabes que amenazan y extorsionan a su bola a todo Occidente. Porque nos ve debilitados y buenistas. Por eso y mucho más.

Otro detalle importante que no podemos dejar de analizar. La monarquía española es, desde sus inicios, y con un legado firme e imborrable de parte de Isabel y Fernando, un reino católico, apostólico y romano. Punto.

Pues aquí también Letizia ha querido dejar su rúbrica. La princesa y la infanta, ambas bautizadas en la fe católica, no han tenido actos públicos cuando se ha tratado de su Primera Comunión o su Confirmación. Nada de nada. Estos actos han transcurrido a puertas cerradas, con los demás compañeros de escuela, y sin aspavientos. Como se publicaba entonces en las reseñas de prensa: "para no ofender las susceptibilidades de otras religiones." Leáse claramente, para no ofender a los islamistas.

Pero no ha de extrañar a quienes saben de sobra, que Letizia es atea. Supuestamente, tuvo un acercamiento a la fe cristiana "por amor." Pamplinas, no hay más que ver lo incómoda que se ve la reina en actos religiosos. Su incomodidad es más que obvia. Y si los puede quitar de su agenda, mejor.

La Jura de la Constitución de Leonor fue un acto triste. Rodeada de gente que abiertamente desprecia a la monarquía, y, peor, desprecia y ha jurado aniquilar a la venerada Constitución que dice Leonor ha de cumplir.

Hubo ausencias de los comunistas que odian todo a su paso: judíos, españoles, y hasta a sí mismos. Una escoria que Sánchez necesita para ser presidente y acariciar las mieles de su Falcon y de Moncloa. Tampoco estuvieron los energúmenos de Bildu. 

La reina tenía un gesto perenne de disgusto y no dejaba de peinarle la coleta a su hija, porque, Dios no lo quiera, había un pelito fuera de lugar. 

Leonor, pobrecita, es una princesa que bien podría ser de cualquier lugar, menos España. 

Ante este espectáculo, sinceramente, creo que España, como nación, debe ser preguntada si de verdad quiere seguir manteniendo una monarquía.

Se habla de una mayoría aplastante de monárquicos.

A nosotros, los que somos de derecha, conservadores, si se quiere, nos han creado un complejo enorme de decir que somos republicanos. 

Esa banderita de la república nos la han arrebatado los comunistas y socialistas. Pero no, no hay vergüenza en decir que esperamos que Europa tenga, una mayoría de naciones republicanas. Francia lo es desde hace más de dos siglos. Italia. Rusia, desde 1918 (aunque Vladimir Putin se sienta todo un Zar)

¿Por qué no España?

Hay un "veremos qué pasa" muy largo y muy profundo. Pausado. Nostálgico. Y tanto casposo.

Pero, si es que España quiere (o piensa que necesita) una monarquía, que se ponga firme. Que despierte. Primero que nada para evitar a toda costa un gobierno dictatorial con tintes rojos y separatistas. Incluso para originar, de una vez por todas, una mayoría conservadora que no sea afín a ninguna aberración ideológica o a Franco o a los falangistas o al temido Yunque. Una derecha sensata propia del siglo XXI.

Y si Leonor algún día puede, ahora que es mayor de edad, zafarse del yugo de su madre, que aprenda a ser una española como Dios manda.

Que se ponga su mantilla. Que se le vea en la Plaza de las Ventas ondeando un pañuelo blanco para premiar a un toro y recibiendo un brindis de Morante de la Puebla. 

Que aprenda a rajatabla el francés, el alemán, el portugués y hasta el latín y el griego. Uno por Católica y otro para honrar a sus bisabuelos. 

Si España quiere una monarca, y Leonor, sería la primera reina por derecho propio en 150 años, que sea digna de ello, y no una esclava de las agendas que tienen a su España como "La Venus de Europa," y no precisamente por su belleza.

A trabajar, Su Alteza. El camino es largo.

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