Tuesday, November 18, 2025

La Magia Negra de Disney


El film de animación “Pinocho” se estrenó en 1940, hace 85 años.

Es una película entrañable basada en el clásico “Las Aventuras de Pinocho” de Carlo Collodi, escrita en 1883.

Los personajes de Pinocho, y él, Pinocho, una marioneta que se mueve y habla y canta sin hilos, se hicieron de los favoritos del mundo Disney.

En el centro de la trama está Pepito Grillo, un insecto que es asignado por el Hada Azul como la conciencia del niño.

Pinocho es el “hijo adoptivo” de Geppetto, un fabricante de juguetes y relojes ya anciano que se propone educar al pequeño como mejor puede.

Pero en un abrir y cerrar de ojos, fue aparecer Pepito Grillo por una puerta, y la sensatez de Pinocho que se sale por otra.

Enseguida el protagonista decide portarse mal y engañar a su tutor y escapar de su casa.

Camino al colegio con los libros bajo el brazo, Pinocho aprovecha que Pepito se levanta tarde y se pone a conversar muy amablemente con dos sujetos que, a primera vista, tienen una actitud sospechosa y no ocultan que son mercenarios buscando hacer dinero con el niño de madera que no es una marioneta ordinaria.

Los dos maleantes son socios de un artista callejero llamado Stromboli, sus nombres son Gideón El Gato, el tontito, siempre recibiendo golpes y sin poder hablar, y El Honesto Juan, un zorro con una verborrea privilegiada pero sin moral alguna.

Pinocho se deja convencer y termina en un ferry camino a “La Isla del Placer,” acompañado por su conciencia y otros niños mal educados que tenían una peculiaridad: no querían estudiar.

En la isla, Pinocho empieza a portarse mal y aprender a fumar.

Todo es juego y diversión hasta que se cierran las puertas del parque de diversiones y quedan los niños atrapados dentro.

De la juerga y las peleas de niños sólo queda el pánico al ver cómo cada uno de ellos se convertía en un asno.

Muchos niños, en una escena aterradora, no pueden volver a su forma humana. Pinocho y Pepito logran escapar y, camino a casa, descubren que a Geppetto se lo ha tragado una ballena descomunal y es aquí donde el niño toma las riendas de su vida y se va a rescatar al padre, ganándose el beneplácito del Hada Azul que lo convierte en un niño de verdad.

Pinocho es un clásico que conocemos todos y nunca tuvimos ninguna malicia para entender que si eres bueno, se te cumplirán los sueños. Si eres malo te convertirás en un burrito de carga.

Pero qué dirían ustedes si la película Pinocho es una especie de autorretrato de lo que ha sido Walt Disney World—y lo sigue siendo, casi un siglo después.

Disney siempre tuvo la misma agenda, pero nosotros, cuatro o cinco generaciones, desde su fundación en Octubre de 1923 en la ciudad de Los Angeles, estábamos dormidos.

El despertar ha sido durísimo, incómodo y muy triste.

La palabra decepcionante no llega a cubrir una gama de emociones tan amplia, y, por momentos, no queremos aceptar que Disney World nunca ha jugado limpio.

De Disney puedo hablar de primerísima mano, puesto que desde 1996 al 2003 fui empleada de Walt Disney World, tanto en los parques como en los hoteles.

Los primeros años fueron maravillosos, un poco como la primera impresión de los niños frente a un parque de diversiones, como lo insinúan en La Isla del Placer.

Habiendo sido visitante asidua durante mi infancia y mi adolescencia a los diferentes parques temáticos, el poder tener acceso gratis como empleada era un sueño dorado.

Pero ese sueño dorado tiene un precio muy alto.

De a poco me di cuenta de que no todo lo que brillaba era oro. 

El proceso de ideologización “disneyana” es fortísimo y tienes que aprender a usar ciertos vocablos.

Literalmente mi trabajo me hizo enfermar y tuve que renunciar en el 2003.

Fue una de las peores experiencias de mi vida.

En el año 2012, cuando cumplí 40 años, se produjo una breve reconciliación y fui portadora, por cinco años, de su pase anual.

Pero en el 2017 tuve que dejarlo porque ir a los parques se hizo insoportable con la cargadísima agenda LGTBQ que se promovía por los cuatro costados.

Hoy en día doy gracias a Dios porque sería imposible aguantar una carga tan fuerte de mensajes tan nocivos e inadecuados.

En los últimos pocos años, cientos de miles de familias se han desconectado de Disney, y pareciera que hoy en día los parques y sus alrededores son un “safe space” para lunáticos, transexuales y tiktokeros aberrados.

Por otro parte, en la segunda mitad de este año ya se reportan cuatro suicidios de cuatro personas desde los balcones de los hoteles o en los rieles del monorail que es el medio de transporte icónico entre varios parques y hoteles de lujo.

Si vamos atando cabos nos encontramos que Disney podría ser una fábrica de personas con problemas graves de adaptación o bipolaridad, y sería Disney el lugar elegido para terminar de una vez con toda su miseria.

El universo Disney es muy amplio y su influencia la captamos alrededor del mundo desde muchísimos ángulos.

Quizá lo más obvio sean las películas.

Las redes sociales (muy afortunadamente!) se han hecho eco de los impresionantes mensajes de las películas que están, en principio, creadas para un público infantil.

Quedémonos con eso: un público de menores de edad.

Volviendo a Pinocho, en la Isla del Placer no hay adultos, excepto el dueño del antro al que vemos de vez en cuando fumando un puro y contando sus monedas de oro.

Si nos ponemos a analizar el impacto de Disney a lo largo de más de cien años, podríamos concluir que fue a partir de nuestra generación (X) donde se quiso poner el acelerador para un adoctrinamiento que hoy tiene invadido a todo Occidente.

Si bien Disney tiene sucursales en Asia y próximamente en los Emiratos, fue la sociedad Occidental la más proclive a morder el anzuelo.

Invito a que ustedes vean la amplísima hemeroteca sobre los mensajes de las películas de Disney.

Casi toda la cinemateca de Disney tiene denominadores comunes.

Vemos a Pinocho que desobedece a su padre anciano.

Por este mismo rumbo están El Rey León cuando Simba y Nala se escapan de Pride Rock para acabar asediados por hienas, serviles a Scar el villano, hermano de Mufasa, y posteriormente su asesino.

La tragedia sacude la vida del cachorro Simba que huye de su hogar sintiendo sobre sus hombros la culpa de la muerte de su padre. Luego lo vemos crecer como un tarambana hasta que su mejor amiga (luego su pareja), Nala, le pide ayuda en nombre de un decadente Pride Rock en manos de Scar, un tirano.

La Sirenita nos presenta a Ariel que desobedece a Tritón, su padre, el rey de los mares, para buscar lo que no se le ha perdido en tierra, donde, para ganarse el amor del Príncipe Eric, se deja embaucar por Úrsula, una bruja que se aprovecha de criaturitas desesperadas y desamparadas como Ariel.

En estos ejemplos no podemos dejar atrás la asociación de Disney con los estudios de Pixar, si cabe más liberales y extremistas woke que su matriz, Disney.

Pixar se dejó de subterfugios cuando comenzó a cundir sus películas de animación con personajes “queer” o abiertamente homosexuales.

Cuando yo estaba en nómina de Disney, se me decía que la industria del entretenimiento era muy propicia a reclutar personas homosexuales.

Centenares de mis compañeros eran gays y varios altos ejecutivos lo eran también—y muy abiertamente.

En Disney no había closet del que salirse, todo Disney era un escaparate de sorpresas muy abierto.

El problema llega con la entrada del nuevo milenio y el nacimiento de generaciones mucho más vulnerables, cuyos padres, confiaron al cien por cien con el producto de los estudios Disney y con la frenética producción de mercancía.

Hoy en día empleados varones entre los 25 y 40 años se visten de mujeres para entretener a los niños y, alegadamente, se han hecho comunes las orgías entre los empleados posteriores a los desfiles y los shows.

Expertos hablan quizá de un problema más grave, que no se puede ver a primera vista, pero que podría ser, al final del día, la gran meta de Disney, adeptos estos a la apocalíptica Agenda 2030.

Mickey Mouse podría no ser más que un Gran Sacerdote embrujando a los pequeños para entrar en un mundo de colores que luego pondrá sus asquerosas manos sobre sus endebles cerebritos.

Volviendo al punto anterior, muchos analistas coinciden que Disney tiene un diabólico ataque hacia el núcleo familiar creando personajes siempre rebeldes, incomprendidos e ingratos.

Atención, que no con esto pretendo censurar que se vean las películas de Disney, pero sí pretendo llamar la atención a lo que podría estarse creando a partir de cuentos y de temática infantil.

Es urgente que los films de Disney sean supervisados por adultos cabales, algo que no pareciera ser común, sino todo lo contrario.

Cuando salió la película de Disney-Pixar Coco en el 2017, mis padres y yo la vimos juntos y fui yo la única persona del grupo a quien se le saltaron las alarmas con la cantidad de propaganda que tenía el film casi desde el principio.

Tenemos a Héctor, el protagonista a quien no se le permite “cruzar las fronteras” para ver a sus ancestros en el Día de los Muertos.

Con este personaje se politizan las medidas de Donald Trump, en aquel entonces en su primer período, en contra de la inmigración ilegal.

Tenemos un show de un travesti.

Y como no podía faltar, a Frida Kahlo, una artista maravillosa, pero una figura controversial, bisexual y abiertamente comunista que tuvo de amante a Trotsky.

La gran mayoría de las personas no vería estos “mensajes subliminales,” y otro grupo de personas no sólo los ve sino que los celebra.

Por este mismo medio hemos analizado a fondo el rol de Disney en nuestra sociedad, pero quizá nos ha faltado hacer un llamado de alerta para que el contenido sea analizado y podamos dejar a los niños ver una película que no dañará sus posturas y sus valores a medida que se hacen adultos.

Los recursos materiales de Disney son incontables, pero en la última década, vemos que no son infalibles. Y esto es un buen presagio.

Pero sigamos analizando...

Hace una década o poco más, Disney decidió reinventar sus clásicos en forma de lo que se conoce como “live action,” es decir, con actores y no con dibujos animados.

Con estos largometrajes, no sólo se distorsiona la película original (que ya sabemos está maleada ideológicamente) sino que se adereza sin tapujos con un contenido pro Agenda 2030, muy pro LGTBQ y con protagonistas femeninas insoportablemente feministas.

Hay quienes podrían incluso ver mensajes misóginos, dado que la mayoría de las protagonistas y las princesas tienden a tener un peor final como consecuencia de su desobediencia y su inconformismo, mientras que los protagonistas masculinos siempre salen airosos y aventureros.

El que piense, y esto es importante, que estos mensajes hay que verlos con lupa y son pura coincidencia, que se lo haga mirar.

Hace aproximadamente tres años, en Marzo del 2022, un “whistleblower” hizo pública una reunión de altos ejecutivos de Disney donde abiertamente decían que no había nada oculto en la promoción de antivalores y de agendas pro gay.

Yo que trabajé con compañeros homosexuales quiero dejar claro que ellos, per se, nunca fueron el problema. El problema fue el proselitismo que año tras año fue in crescendo hasta el punto, como ya he dicho, de ver “drag queens” como empleados departiendo con los niños pequeños.

Para concluir, quizá Disney esté creando una sociedad de idiocracias a todo nivel, tema que ya analizamos por este medio.

A Walt Disney World, una gigantesca "Isla del Placer" habría que empezar a llamarla por lo que es, una maquinaria muy eficaz de propaganda. Un Goebbels detrás de la fachada de un tiovivo extraordinario.

El hecho de que los costos de una experiencia en Disney también sean tan altos, podría ser un indicador de que son un fraude más comprando la voluntad de los visitantes endebles e ideologizados.

Disney podría haberse prestado, a cambio de todo el oro del mundo, en convertir a niños en asnos frente a nosotros, sin pedir permiso ni perdón.

El dique de contención lo erigimos nosotros.

No es opcional. Es imprescindible.

La magia de Disney no es magia blanca, sino un blanqueamiento de la magia negra que amenaza a una civilización que alguna vez quiso creer en cuentos de hadas, y cayó en el reino de Hades.

Aviso a navegantes, este año 2025, marca el pistoletazo de salida para la generación Beta. Este año nace una nueva ola de niños. Por favor seamos para ellos un Pepito Grillo más eficaz que el que tuvo Pinocho.








Tuesday, November 11, 2025

La Idiocracia, el TNT de Occidente



La palabra “idiota” es un peyorativo que usamos para insultar a un político inútil, a un activista descerebrado o simplemente a un personaje de ficción en una película. Usamos la palabra ligeramente y la vemos inflada y viral en redes sociales.

Para nuestro análisis de hoy me gustaría que nos remontemos a los orígenes etimológicos de “idiota.”

Para ello nos vamos a la antigua Grecia. 

“Idiōtēs” (ἰδιώτης) en griego hacía referencia a un individuo aislado de la vida pública sin muchas aspiraciones y con poco talento.

Lo que ha quedado vigente hasta nuestros días y se ha ido moldeando en nuestro vocabulario es lo segundo.

Un personaje sin talento y sin vocación alguna; moldeable; manipulable, y en ocasión hasta manipulador.

En Grecia, un idiota se excluía de cargos importantes. Se le dejaba de lado.

No era ilegal ser idiota, pero era problemático.

Hoy en día ser un idiota es lo correcto, lo útil y lo imprescindible.

Se paga a los idiotas.

Se contrata a idiotas.

Se vota a los idiotas.

El siglo XXI se ha convertido en la era de las “idiocracias.”

En una sociedad idiota, la mediocridad es una reina y el ciudadano se pone a su servicio.

Agustín Laje, politólogo e influencer argentino, publicó hace dos años un libro llamado “La Generación Idiota,” y el haber puesto tan irreverente título causó mucho inri entre los críticos y, claro está, la izquierda radical.

Pero Laje supo defender el título de su obra, precisamente, porque la intención no era propiciar insultos, sino definir la palabra “idiota,” como es menester entenderla.

En su libro, Laje se enfoca en la generación Z, la batalla cultural y lo que él define como una sociedad con mente de adolescente.

Pero la idiotez no tiene ni edad ni género.

En una idiocracia todos buscan ser idiotas porque de ser idiota se come y se vive bien.

Pero idiotizar a una civilización entera no es una tarea fácil ni es un virus que vuela en el aire y contagia como una gripe.

La “idiofilia” es propicia en mentes muy brillantes y muy poderosas.

La Alemania Nazi, y, en consecuencia, todos los territorios invadidos por el Nazismo en los 30s y 40s, se concentró en idiotizar a millones de ciudadanos que durante décadas pasaron de un Kaiser a una república impúdica y decadente y a una miseria y una hambruna que era anatema para una potencia como la germana.

La idiotización del pueblo que apoyó a los Nazis no estaba siendo controlada por un pobre diablo, sino por Joseph Goebbels, para el mal, una de las personas más inteligentes y talentosas del siglo XX.

En este medio hemos analizado las leyes de la propaganda.

A una población desesperada, la idiotización y la manipulación es extraordinariamente sencilla.

Joseph Stalin y todos los líderes comunistas alrededor del mundo en el último siglo eran impresionantemente geniales y su ambición por obtener poder y control era insaciable.

Idiotizar a la población bajo el mando de estos tiranos costó más de 100 millones de vidas.

Los creadores de las redes sociales, esos millennials consentidos de Silicon Valley son bastante responsables de la idiotización de cientos de millones de individuos que a través de un arroba tienen un altavoz que muchas veces debería quedarse mudo.

Las nuevas tecnologías han sido un “parabéns” para las élites que sádicamente disfrutan de ver a idiotas germinar como mala hierba.

Gobernantes de países del primer mundo gozan de ver como los de su propio entorno (escogidos a dedo) aplauden todas las gracias y cumplen a rajatabla con las agendas ideológicas que mantendrán a la sociedad anestesiada.

El analista Victor Davis Hanson participó en el pódcast “The Independent” (El Independiente) con el Dr. Scott Atlas, experto en política y salud.

Hanson, cuando se le pregunta por los inicios de este cambio social y mental de las generaciones actuales, responde sin titubeos que en los EE. UU. todo se inició en la era de Barack Obama.

Obama hoy por hoy es un personaje tristón, empequeñecido y vapuleado hasta por su propia esposa. Está desprestigiado y cada día salen más y más datos que evidencian el supremo daño que su mandato del 2008 al 2016 hizo a la sociedad estadounidense, más que a nivel económico, a un nivel cultural y espiritual.

Obama sabemos hoy en día es lo que en inglés se conoce como un “middle man,” es decir él, por sí mismo, no es nadie, pero detrás de su campaña y sus acciones había recursos cuasi infinitos, mentes maquiavélicas y, por supuestísimo, el islam radical.

Los Obama fueron entrenados para irrumpir en el panorama político y muy poca gente los conocía de primera mano. Esto, tal vez, fue una mala señal que los americanos ignoraron por completo frente a esta figurita de torta que venía a la Casa Blanca con tonito dicharachero y con un discurso trillado sobre la “injusticia social.”

El, sí, él, Barack Obama es también un idiota.

Pero hasta el sol de hoy Estados Unidos padece la pandemia de los años peligrosos de una administración que quiso, desde el minuto uno, convertir a Estados Unidos en una idiocracia.

No subestimemos el recuento de los daños.

Obama con todo y que es una persona servil y venida a menos puso, en su día, la primera piedra para que hace pocos días la ciudad de Nueva York eligiese a Zohran Mamdani como alcalde de la Gran Manzana.

Mamdani es, si cabe, más radical y más peligroso que el mismo Obama, y sólo tiene 34 años.

Es el títere perfecto que atrajo el voto de las "Barbies" feministas, todas ellas idiotizadas por una misoginia desaforada y por chiringuitos que quieren pagar al primer postor.

Los “idiota makers” no son, en muchos casos, caras visibles.

Son, como en El Mago de Oz, el hombre detrás de las cortinas.

El perfil psicológico de un idiota es muy predecible y si nos adentramos en su biografía, en el caso de personajes públicos, vamos a ver casi sin excepción, traumas y bullying y, en el caso de las mujeres, el abuso psicológico e incluso sexual de hombres cercanos a su entorno.

Si un presidente de la república puede ser definido como un idiota, poco podemos esperar del ciudadano común.

Pero ese ciudadano ordinario no se hace idiota solo.

Hanson, en el podcast con el Dr. Atlas da en el clavo cuando analiza con lujo de detalles como ese proceso de idiotización colectiva ha sido por obra y gracia de las universidades.

Y no de ayer, ojo.

Desde hace décadas y en las universidades que creeríamos más prestigiosas y más serias se ha creado una pandemia pro socialismo y anti casi todo lo bueno entre pizarrones y pupitres y charlas en cafetines.

Yo, en lo personal, tuve mucha suerte de que en los 90s, la Universidad de la Florida Central, donde me gradué de periodismo y ciencias políticas en 1995, no estaba politizada ni ideologizada, al menos no en la cátedra de periodismo—y miren que pudo haberlo estado!

El mismo Hanson recuerda que en sus estudios de postgrado en la década de los 70s, tres cuartos de lo mismo, cero ideologización.

En Venezuela, en cambio, siempre escuché que, efectivamente, las universidades públicas sí estaban invadidas tanto por estudiantes como profesores abiertamente de izquierdas.

Pero el ambiente político de hispanoamérica siempre ha sido complejo y caldeado.

Volviendo al caso de los Estados Unidos que es el que tendría más repercusión y relevancia, la idiotización ha sido fríamente calculada, premeditada, y exquisitamente financiada por entidades que hoy sabemos no son ni americanas ni son trigo limpio.

Catar y China han aportado billones a las universidades privadas con la sola finalidad y condición, por ejemplo, que se agilice la apertura de cátedras proislamistas y de chiringuitos de estudiantes con lemas furiosamente antisemitas y antiamericanos.

La universidad Complutense de España, hasta hace pocas décadas, icónica, es hoy por hoy un nido de personajes esperpénticos que con su puño en alto se han hecho devotos y sacerdotisas del wokismo más estridente y del comunismo que, junto a Pedro Sánchez (un idiota de manual) conforman un gobierno de extrema izquierda.

Cada mañana las noticias en redes sociales nos hablan de algún imputado de la cúpula en Moncloa.

No existe un sólo personaje en el gobierno español que sea salvable.

España está hipnotizada por el péndulo de Bruselas que riega a las naciones de Europa con ideología de género, animalismo fétido y castigo tras castigo para la economía del campo que se seca adrede o se quema paulatinamente para saciar la ambición de los políticos idiotas con aquello del “cambio climático.”

Me gustaría que nos quedáramos en España por un momento quizá porque España, muy tristemente, pueda ser ya una idiocracia definida y estructurada.

Vuelvo y repito la cara de los idiotizadores del Reino de España está oculta más allá, incluso de Bruselas, donde Úrsula Von der Leyen es la emperatriz del idiotismo europeo.

No sabemos quién ha puesto a un “Lázaro político” como Sánchez en el poder. Pero se habla muy posiblemente de un George Soros y de los líderes del grupo Bilderberg que ya no son actores de una conspiración, sino que sabemos sus nombres y sus apellidos.

Al igual que los comunistas de la España guerracivilista de los 30s, Sánchez y su séquito de bufones son crueles, tiránicos y corruptos.

Las máscaras se caen, pero Moncloa sigue sin derrumbarse.

Pero a Sánchez lo protegen aliados muy cercanos.

A Sánchez, y esto es interesante, prestemos atención, lo mantiene en el poder una institución que él aborrece: la monarquía.

El gobierno del PSOE es ateo y republicano sin condiciones, pero Sánchez ha encontrado en el mismísimo Rey de España a su idiota perfecto.

Con la publicación de tantas biografías donde se comentan los pormenores de la vida privada de los actuales monarcas, y con la venia de su íntima amiga, Letizia Ortíz, Sánchez ha podido manipular a Felipe VI hasta convertirlo en un bufón de su corte.

Los discursos amorales y globalistas del rey son cada vez más frecuentes y ver a los reyes retratados con jefes de estado de izquierda es lo que adorna las portadas de HOLA.

Letizia, ella toda, una villana consumada abiertamente comunista, atea y anti-España, no pone límites a su ambición de seguir dinamitando la institución convirtiendo a sus dos hijas, la heredera, la Princesa Leonor y a su hermana, la Infanta Sofía, en dos peones inservibles para que vejen a su abuela, la Reina Emérita Sofía.

Esa desvergüenza en España es el pan nuestro de cada día.

Pero el que piense que Letizia Ortíz es una líder, se vuelve a equivocar.

Letizia es de la peor calaña de idiotas que existen, la más servil y la más dañada.

Sexo y ambición la han llevado al Palacio de la Zarzuela y ahora ella misma quiere convertir a la Infanta Sofía en una inútil.

Ha salido a la luz que los monarcas pondrán a su segunda hija a cursar en una universidad llamada “Forward College” una institución con su sede principal en Malasia y con franquicias como la de Lisboa donde entrará la infanta.

“Forward College” es una universidad donde se puede obtener un diploma de idiota pagando cientos de miles de euros.

No hay exámenes. Los estudiantes se centran en participar en charlas y se crean soldaditos rasos para el activismo de la Agenda 2030.

Estas universidades elitistas están planeadas para ser atendidas por estudiantes que nunca tendrían que preocuparse por trabajar y ganar un sueldo, pero son pro activismo radical rojo amapola.

Casi todos los alumnos provienen de casas reales, aristocracia rancia y niños mantenidos por sus padres con mansiones en los Hampton.

Cuando se han desgranado las protestas violentas en las universidades estadounidenses se recalca el papel protagónico de este tipo de alumnado. Muchos de ellos han llegado, incluso, a quemar sus diplomas en protesta de sus causas inútiles como la de “Free Palestine.”

Hanson comenta que muchas empresas de prestigio ya han optado por no aceptar candidatos que vienen de las conocidas “Ivy Leagues” como Harvard o Columbia, dado que estos empleados lo único que hacen es polarizar, politizar y poner en visto a sus compañeros y colegas.

El germen de la idiotización empieza en las escuelas y en los hogares.

Cada vez hay más mujeres que anteponen sus ambiciones profesionales sobre la crianza de los menores.

La violencia e hipersexualidad de nuestra cultura del entretenimiento ha creado madres solteras por montones y los “idiota makers” promueven cualquier cantidad de políticas que dejen en sus víctimas visibles e irreparables traumas como es, por poner un ejemplo, el aborto.

El idiota paga por seguir viviendo en la comodidad de su idiotez.

De allí que los idiotizadores hayan construido minas de oro que superarían en tamaño, con creces, la altura del Monte Everest.

El idiotizador es creativo en su labor de fabricar imbéciles, pero es inmune a sus propias estrategias.

Puede que uno u otro caiga en la cárcel por crímenes o fraudes, pero las cabecillas se echan aire en Mónaco y veranean en Dubai.

Afortunadamente, el vaporizador que idiotiza ya ha saturado tanto el ambiente que se ha empezado a ver el efecto contrario a lo que inicialmente se habría querido lograr.

Muchos ya llevamos máscara anti gas y estamos inmunes al proceso de idiotización masiva.

Esto es un plus, pero es, por el momento, un proceso lento.

En política, el antídoto ha sido la elección de muchos líderes que no son políticos profesionales.

El caso de Donald Trump o el de Javier Milei saltan a la vista.

El otro antídoto que ha probado ser exitoso es la popularidad, es el despertar del orgullo patrio y la vuelta de los jóvenes a los valores culturales y religiosos tradicionales.

Volviendo al caso de España, es la generación Z la que cunde las plazas de toros y las manifestaciones del partido patriota y soberanista Vox, con Santiago Abascal a la cabeza, que huyó hace más de una década del Partido Popular que cayó en la idiotización globalista de Bruselas.

El auge maravilloso de lo que yo llamo “patrioterapia” ha sido menester para verle a nuestra civilización moderna la luz al final del túnel.

Pero el enemigo, el “idiotalover,” no tiene ganas de rendirse ni remotamente.

Las elecciones de Nueva York, la de Irlanda y la triste derrota de Geert Wilders en los Países Bajos son señales de que hay más idiotas que lo que pensábamos, sólo que estaban escondidos como a la expectativa.

No habían pasado ni 24 horas del fatídico triunfo de Mamdani cuando de pronto Time Square en Manhattan quedó invadido por mahometanos rezando cara a su Meca.

El islamismo necesita su propio análisis.

Pero entre los idiotizadores del mundo, se cuentan varios Mohammeds y Alíes.

Ahí lo dejamos.

La Cruzada anti idiota apenas comienza y tiene alcance y tiene toda la esencia de ser una batalla por la salvación de Occidente. Una batalla de índole divina, sin duda, que nos hace a todos un poco más cada día, un templario del siglo XXI.

Entender de raíz que se busca mediocrizar a una sociedad entera nos lleva a encontrar la salida a la luz.

Nuestra lucha es de “aliado makers.”

La pira fúnebre de los socialistas y globalistas caídos en desgracia se acrecienta política y mentalmente hablando.

La fumigación ideológica, como la libertad avanza con prisa y sin pausa!

Decía el político y escritor francés Víctor Hugo (1802-1885):

“Nada hay más estúpido que vencer, la verdadera gloria está en convencer”

El idiota de manual quiere tener la razón en todo e ir por la vida como una cabeza de ratón engañando a diestra y siniestra al que quiere ver en él un león fornido.

El león del siglo XXI no va con pompa ni busca el estallido de bombas.

Su integridad convence al que el que con ínfulas pretende hacer creer que vence.


Monday, November 3, 2025

La Oración de la Serenidad: Una Reflexión Para Nuestros Tiempos


La conocida como “La Oración de la Serenidad” ha sido atribuida al filósofo y teólogo Estadounidense Reinhold Niehbur.

Su origen no está al cien por cien claro, pero la intensa reflexión que nos inspira podría haber sido diseñada a partir de los escritos de Marco Aurelio, Cicerón, Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, entre muchas otras testas brillantes.

Popularmente, se dice fue escuchada por primera vez en un sermón del propio Niehbur en los años 1940s en el estado de Massachusetts.

Pero quizá lo más relevante de la plegaria en honor a la serenidad es su relevancia, su universalidad y su urgencia en nuestros tiempos tan difíciles.

La hipótesis que hoy plantearíamos sería: ¿Puede la “Oración de la Serenidad” ser la respuesta a los que nos enfrentamos a la batalla–y cruzada–para salvar a nuestra civilización?

Empecemos...

La oración, en mi opinión, requeriría una primera estrofa, un renglón inicial donde nos debemos poner a meditar qué es lo que ha cambiado que debemos aceptar, y sobre todo, si hemos abandonado a su suerte a nuestros principios?

En otras palabras, debemos ser honestos con lo funestos que hemos sido con nuestros valores, pues hemos abierto puertas prohibidas para que cada día el caos haga su mejor esfuerzo para empujarnos al abismo.

Para aceptar lo que no podemos cambiar tenemos que estudiar a fondo lo que sí ha cambiado para tener los resultados catastróficos que hoy lamentamos.

Hay otra pregunta, ¿desde cuándo queremos medir los cambios de nuestro mundo y de nuestras generaciones?

¿Cien años? ¿Veinte años? ¿Desde la pandemia del COVID-19?

Nuestra perspectiva de donde damos el pistoletazo de salida es imprescindible.

En los últimos pocos años se ha puesto el pie en el acelerador en querer apresurar la destrucción de lo que hasta antier era de por sí una plegaria común en Occidente: Dios, patria y familia.

Vuelvo y repito, la oración nos ofrece consuelo frente a todo aquello que cambiar no podemos. Pero, el drama es que hemos cambiado el mundo de la forma que no debemos.

La revolución industrial, por ejemplo, nos situaría en la Europa del siglo XVIII. La revolución tecnológica nos situaría en las últimas décadas del siglo XX hasta el presente.

La conjunción y el posterior ensamblaje de estas dos eras imprescindibles para el desarrollo laboral e intelectual de Occidente, nos pondría en el epicentro a generaciones, casi en extinción que levantaron los cimientos de las hoy conocidas como potencias mundiales.

Precisamente la ambición de querer prosperar para dejar atrás la miseria de dos Guerras Mundiales, pudieron haber puesto, sin querer, la primera piedra de este preocupante acabose moral que estamos tratando de revertir.

La primera frase de la oración de la serenidad sería, no el aceptar que el mundo ha cambiado y pedimos tranquilidad ante ello.

Absolutamente lo contrario.

Aceptemos que cometimos todos los errores del libro. Hagamos las paces con la realidad y estemos todos de acuerdo que el desastre del mundo actual lo creamos nosotros.

La ambición inconmensurable de los que en su día fundaron las élites de poder, avanzaron sin freno. Sus arcas quedaron llenas de oro y nuestra civilización quedó aplastada en las trincheras del miedo.

Aceptemos algo imperdonable y es que a Dios se le ha querido fuera de nuestras vidas, como si fuese algo incómodo, un Padre severo al que debemos engañar para seguir nuestro propio sendero.

Aceptemos que somos responsables.

Aceptemos que estas primeras batallas para intentar echar redes al mar para rescatar nuestra paz y nuestra moral perdida, no ha dado frutos vivos, sino semillas secas.

La serenidad de aceptar lo que hemos construido y ver lo que con nuestras manos hemos deshecho nos llama, no a resignarnos y ver como se nos cae nuestra civilización a pedazos, sino a poner la brújula en funcionamiento y ver dónde está el norte y poner nuestras alas al servicio del viento.

La segunda línea de la oración de la serenidad nos empieza a construir un nuevo horizonte de esperanza. 

Ya estamos claros. Ya hemos recogido las provisiones necesarias para un viaje arduo y complicado.

Nuestro ánimo va in crescendo porque debemos orar para tener coraje y bravura para romper en pedazos todo lo que nos destruye. Soñamos con el adversario de rodillas, merecedor de nuestro tiro de gracia.

Pero tener alma de gladiador nos debe hacer no violentos sino cautos; filósofos, teólogos, políticos y estudiantes. Todo en uno.

Allí nos encontramos, francamente, con uno de los obstáculos más difíciles de abatir, puesto que la desidia y la indiferencia de tantos por tanto tiempo, ha hecho del nuestro un mundo de analfabetos idiotas; de apaciguadores y victimistas; de corruptos y manipuladores.

Navegamos en aguas turbias e infectadas. Nos exponemos a espejismos de virtud que luego resultan ser molinos de viento (literalmente!)

De pronto el enemigo a abatir es sólo un algoritmo guabinoso que nos vende la mula ciega. 

De pronto se ha hecho, se aplaude un teatro absurdo con algo que cambia sin cesar, el clima.

De pronto vemos que a diferencia de nuestros ancestros, somos ignorantes y frágiles.

De pronto el mundo prefiere rendirse.

Volviendo a nuestra mención de la era tecnológica, los jóvenes ya no ven con buenos ojos laborar desde temprano, cumpliendo horarios, sino ir a un cibercafé con el androide como maestro guía y TikTok como un David Copperfield experto en distorsionar la realidad y crearnos una conciencia ficticia.

Una arroba se ha hecho sinónimo de altavoz, y una red social se ha convertido en el nuevo púlpito donde se oyen sermones imperfectos, pero irresistibles.

Los jóvenes han perdido su criterio y sus padres están encerrados en sus carreras y en su ambición de construir imperios aunque la base sea de arena.

Hay tanto que cambiar. 

Pero también toca aceptar que el daño que hemos hecho a millones y a nuestra sociedad, en mucho es irreversible.

Los que estamos hechos para pelearnos contra la corriente somos pocos, en comparación con la horda de espectadores absortos e hipnotizados.

A los valientes no se les construye en fábricas ni se les manipula como arcilla.

El valiente se sabe pleno de ese coraje que lo lleva a ser león de leones, pase lo que pase.

Hacen falta titanes. Los hay ya, y bien que sabemos sus nombres. Tenemos un Trump abanderando la lucha contra la corrupción y la violencia subvencionada por los medios y las élites de las ONGs.

Tenemos un Elon Musk que ha sufrido en sus carnes el dolor de perder a un hijo al wokismo y los trapos de la decadencia LGBT.

Contamos con un Nayib Bukele que se salta las reglas para reconstruir un país que era un granito de arroz quemado por la delincuencia y hoy es una pequeña gran mina de platino que no cesa de sorprender.

Conocemos a Javier Milei en el Cono Sur, en Argentina, convenciendo a millones que la libertad avanza y que Argentina se cansó de ser tercermundista!

En espera, con prisa y sin pausa, tenemos a un Santiago Abascal que hará a España muy grande, con suprema elegancia y una gloriosa cabalgata que nos recuerda la reconquista de los Reyes Católicos.

Con tantas ganas y tantos nombres, elevar una oración al Cielo para recibir luz y bríos, hace más fácil y más accesible nuestra victoria.

La tercera línea de tan lúcida plegaria nos habla de sabiduría.

La sabiduría para reconocer cuándo actuar y cuándo esperar.

Una especie de luz amarilla que nos indica ir despacio para leer las coordenadas de un mapa complejo.

Si actuamos con el corazón acelerado en demasía, el riesgo a estrellarnos es inmenso. 

Si actuamos con prisa, quizá volemos, pero lejos no vamos a llegar porque esas alas que queremos que se empapen de viento, serán demasiado débiles.

Cuando actuar, cuando esperar.

En esta divina oración se ponen en el tablero la disciplina, la fe, la sapiencia intelectual, pero también, si queremos ver pasar el cadáver del enemigo (literal o figurativamente) se deben hacer presentes los tiempos de Dios.

Dios no elige a los preparados, Dios prepara a los elegidos.

Aceptar los tiempos de Dios también es serenidad.

Deconstruyendo una oración tan perfecta, convertimos nuestra alma en un general  de cinco estrellas y en un Hernán Cortés del nuevo milenio.

¡Este mundo pide a gritos un cambio; las injusticias desangran continentes enteros!

Para recapitular, debemos aceptar que tuvimos un rol protagónico en la destrucción de aquello que se hizo para ser permanente y certero.

Nacemos cachorros, pero nos une un destino de leones imparables.

Marca el compás de nuestra lanza y nuestro grito de guerra el buen tino y la grandeza.

Dios ha de ser el principio y el fin. 

Como dijo Juana de Arco cuando inspiró a soldados rasos a cambiar el rumbo de Francia, y sin saberlo ella, de la historia misma:

“Actúen, y Dios actuará!”

Paz, sí, siempre. Toda. Pero sólo a través de la fortaleza.

¡Y que una civilización entera ruja un AMÉN infinito!


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