Sunday, October 26, 2025

El Halloween: Un Caldero Ideológico Oscurantista y Peligroso


Comenzaremos este análisis de una forma inusual...con un fake news!

¡Aquí va!

El Presidente Nayib Bukele, acaba de anunciar en la televisión nacional que se prohíben en El Salvador todas las celebraciones de Halloween.

Bukele las ha denominado “las fiestas del Diablo.”

En su lugar El Salvador tendrá fiestas dedicadas a Dios. Sería, agregó el mandatario, “una fiesta de la luz.”

Esto es falso. Corrió por redes como pólvora y hechizó a muchos usuarios.

No es cierto, pero si lo fuese tuviese todo el sentido del mundo.

El enorme esfuerzo que ha hecho Bukele de espantar a las Maras Salvatruchas y sus M13 para despacharlas a La CECOT, no es sólo un trabajo de las autoridades terrenales.

Es obvio que para Bukele levantar a los salvadoreños de la oscuridad y el terror es una Cruzada sacra y personal.

No debería extrañarnos que aunque "fake news" el mismo Presidente Bukele haya querido que esa medida suya, sin precedentes, fuese viral.

Pero vamos a plantearnos una hipótesis.

Pudiera ser necesario acabar con las celebraciones a nivel mundial de Halloween?

Empecemos.

¿Es el Halloween, denominada también La Fiesta de las Brujas, un instrumento ideológico para dañar a las masas?

Por daño nos referimos, claramente, a un daño irreversible mental y espiritual.

Primero que nada recordemos que el Halloween no empezó siendo una noche de disfraces y de caramelos para los niños.

Los orígenes de lo que se conoce como “Halloween” se deriva de las fiestas paganas de los Celtas, durante la celebración del “Samhain,” la época de recoger la cosecha.

Para ahuyentar a los “malos espíritus” los campesinos solían ir disfrazados y creaban hogueras gigantescas para celebrar su buena fortuna.

La conquista de los territorios celtas por la Iglesia Católica, adoptó estas fiestas denominando el día 1.º de noviembre como “El Día de Todos los Santos.”

En inglés es “All Hallows Day.” La palabra “hallow” es un término reverencial para los santos.

El día previo, es decir, el día 31 de octubre, se denominó “All Hallows Eve.”

De allí se generó, o quizá deberíamos decir, se “degeneró,” la festividad de Halloween.

Halloween está arraigado con mucha profundidad en la cultura Norteamericana y la Canadiense.

A partir de la última semana de septiembre y todo el mes de octubre, Halloween hace una marcha triunfal por el calendario, los comercios, las calles, las fachadas de los edificios públicos y, claro está, los hogares.

De esto hablaremos en profundidad en unos instantes.

Afortunadamente, mi familia no celebró nunca el Halloween cuando éramos niños. Quizá mucho tenía que ver con que, por un lado, en mi lado paterno, todos son Católicos, y para el catolicismo, al menos en teoría, el Halloween es anatema.

Por otro lado, mi familia materna, y yo, personalmente, somos judíos.

El judaísmo por estas fechas celebra el Sukkot, también haciendo alusión a la cosecha y Simchat Torah, el comienzo de las lecturas de nuestro libro sagrado, y, desde hace dos años, una fecha donde recordamos La Masacre del 7 de Octubre y la liberación de los rehenes. Casualmente (o maravillosa serendipia) ambos sucesos ocurrieron en los días de Simhat Torah.

Quizá los horrores del 7 de octubre serán eternamente lo más cercano a un Halloween, pero Halloween siempre se quedaría corto.

Bueno, volviendo a nuestro tema.

Halloween es una fecha celebrada a nivel mundial, dada la influencia de Estados Unidos, culturalmente hablando, en todos los rincones del planeta.

Durante la noche del 31 de octubre, muchas personas se reúnen para tener en casa una fiesta de disfraces.

En el caso de Florida donde hay tantos parques temáticos, todos, sin excepción tienen noches de Halloween con decoraciones y entretenimiento bastante extremo con efectos de sonido, actores, efectos de luces y muchas imágenes perturbadoras.

El que menos quizá sea Disney.

Y, sí, ciertamente, fue con Disney que yo conocí las historias de Halloween.

En una compilación de historias cortas con Mickey Mouse, que incluía segmentos con todos los personajes principales de Disney, conocimos, por ejemplo, la leyenda del Jinete sin Cabeza.

Pero esa película la veíamos en cualquier momento del año, no en Halloween específicamente.

Aquí quiero que hagamos una reflexión.

Las fiestas de Halloween tienen mucho que ver, o diría yo, casi todo que ver, con niños y adolescentes.

¿Por qué?

Porque lo más llamativo del 31 de octubre es que cientos de miles de niños van de puerta en puerta pidiendo caramelos y chocolates, todos ellos con disfraces muy originales y hasta podría decirse hasta que adorables, y allí podría estar el truco.

De hecho esa actividad que parece tan inocente se llama en inglés “trick or treat” (truco o trato)

Esta tradición también tiene sus orígenes celtas durante la festividad del Samhain.

Los campesinos iban de puerta en puerta intercambiando la cosecha por canciones u oraciones.

A partir del siglo XX, para los niños, ir de puerta en puerta a por caramelos y dulces es una estampa de Halloween para la que no se escatiman esfuerzos ni gastos.

Hay que decir que esta colecta de los pequeños se hace bajo mucho escrutinio y los pequeños van acompañados por chaperones, o mismo, por sus padres.

Como no han faltado las tragedias y los casos de envenenamiento, muchas actividades de “truco o trato” se hacen en centros comerciales o en ambientes muy controlados.

Pero no hay resguardo en estas fiestas para el alma.

Aquí nos vamos a adentrar en una temática controversial pero imprescindible de mencionar y denunciar.

No sólo los antiguos y los neo paganos celebran el Samhain y no sólo los católicos celebran a sus santos.

El Satanismo ha incorporado Halloween como una de las “fiestas” más importantes de su calendario oscurantista.

El Satanismo es un culto a Satanás, tal y como lo describen las escrituras religiosas y con una imaginaria trinidad paralela a la del Cielo.

Un satánico besa los pies de una entidad ficticia. Eso lo tenemos claro.

Pero alrededor de esta figura hay rituales esperpénticos, sacrificios, magia negra y una devoción demoníaca que ha atraído a muchísimos jóvenes que se han querido “rebelar” contra los principios judeo-cristianos.

Halloween en los últimos tiempos se ha vuelto más extremo y más oscuro.

Los disfraces son cada vez más tétricos y, es quizá desde el Satanismo donde se han expuesto los peores horrores que suceden en nuestras comunidades en preparación para el Halloween.

La cadena CBN (Christian Broadcasting Network), muy popular entre el público americano, ha tenido entrevistas con varios ex-satanistas que, aparte de dar testimonios de fe, hablan sin tapujos de lo que es el Halloween desde un punto de vista religioso.

El caso de Riaan Swiegelaar, por ejemplo.

Swiegelaar fue un alto sacerdote en la “Iglesia de Satán” hasta el 2022, donde tuvo una epifanía y se convirtió al cristianismo.

En su paso por CBN así como numerosos pódcasts, el ahora activista cristiano, que es oriundo de Sudáfrica, explica la gravedad de que tantas familias se hayan adherido a celebrar Halloween sin tener ni remotamente en cuenta el daño espiritual de estas fiestas oscurantistas.

El otro caso, muy interesante, es el del Pastor John Ramírez, un hispano que fue practicante satánico desde los 8 años hasta los 33 años.

En esos años, adquirió “prestigio” en los altares de “Satán,” se casó un día de Halloween y su ceremonia fue toda inspirada en rituales satánicos. Luego introdujo a su hija en las prácticas.

Desesperado y habiendo visto múltiples horrores, se convirtió al cristianismo y, al igual que Swiegelaar, dio testimonio de su fe y se ha creado un amplio grupo de seguidores a los que ayuda a salirse de religiones paganas y del satanismo.

Ramírez, en una entrevista de la CBN, dice algo que no debe pasar desapercibido. El detalle de los caramelos y chocolates.

Dice él que no se sabe qué puede haber pasado con esos chocolates y que de primera mano sabe que hay muchas familias que “rezan” y hacen rituales utilizando los caramelos como “ofrendas” para luego dárselo a los niños.

Swiegelaar, personalmente, ha ido a más.

El activista sabe que durante el mes de octubre aumentan estrepitosamente los casos de personas desaparecidas y de animales callejeros.

Las personas en cuestión son los más vulnerables, como personas sin hogar o vagabundos.

¿Por qué?

Porque son raptados para sacrificios, muchos de ellos de las iglesias satánicas.

Más que asustarnos como una novela de Stephen King, debe hacernos saltar las alarmas, porque no nos debe caber la menor duda de que esto, lo más seguro, es verdad.

¿Por qué no se habla con más soltura o con más conocimiento de causa?

Quizá la respuesta está en que, como tantos intentos de idiotizarnos o ideologizarnos, los medios convencionales vetan este tipo de conversaciones.

Vivimos en una era donde el “piensa mal y acertarás” va a misa.

Cada día nos damos cuenta de que somos un conejito de Indias para todo tipo de experimentos sociales y, sí, espirituales.

A una sociedad adormecida e ignorante es fácil meterle gato por liebre y hacerle creer lo que sea que convenga a las grandes élites económicas e ideológicas.

Al lado de estos rufianes, y sus aliados en la política y los activistas pro terrorismo y barbarie, la supuesta Iglesia Satánica es un niño de pecho.

La sociedad Occidental tiene un problema con Dios gravísimo.

Subconscientemente, cada vez más el Halloween toma más importancia y no nos debe extrañar el porqué.

La razón es muy sencilla…

Atentos a este dato…

Este 2025, las celebraciones de Halloween (mercancía, entradas de eventos, disfraces y decoración) proyecta recibir alrededor de $13 BILLONES.

BILLONES.

¿Nos vamos entendiendo?

Pelearse con Dios y abrir portales espirituales tenebrosos es un negocio.

Un gran negocio.

¿Y quién está al centro de ese negocio?

Dos de los pilares fundamentales de nuestra sociedad: los niños y las familias.

Es importante ser repetitivos.

El Halloween en estos últimos tiempos se ha vuelto extremo.

Si nos adentramos en cualquier vecindario, incluyendo el mío, vamos a ver decoraciones funestas en los jardines y porches de muchas casas.

Esta es un área de casas grandes de familia con niños y adolescentes.

Las fachadas están cubiertas de luces que titilan.

Las paredes tienen muñecos animados con los ojos rojos titilando y cuando se acerca alguien emiten sonidos de terror y risas macabras.

He visto muñecas ahorcadas colgando de los árboles con el rostro de la niña del Exorcista o la “Niña de la Curva.”

Da miedo.

Soy una mujer adulta, pero pasar al lado de estas casas me provoca mucho temor.

¿Por qué alguien querría tener esta fantasía fantasmagórica en su propia casa? ¿Delante de sus jardines, alrededor de niños?

Muy fácil…

Se ha entregado al mensaje de que todo parezca un juego, una diversión.

No quiero parecer esotérica, pero estas imágenes tienen un poder energético y lo que más inspiran es horror.

Tanto Swiegelaar como Ramírez están profundamente preocupados de que familias que se dicen cristianas hayan caído en una trampa donde unos se lucran y ellos se condenan.

Para los satánicos todo tiene una simbología.

Pero para el resto del vulgo, aún los no religiosos, este extremismo y ese querer arrimar el hombro al ocultismo podría estar creando, si nos apoyamos en las leyes universales, como la Ley de La Atracción, una terrible nube negra de la que ahora queremos libranos, siendo nuestra sociedad la que la puso sobre nuestros cielos.

Para ilustrar esto, hagamos un inciso del que ya hemos comentado en un artículo que publicamos sobre Haití, su deplorable decadencia y su hundimiento económico.

Un estudio publicado en los 90s, en los cuales basé mi reflexión, daban crédito a que mucha de la miseria de Haití podría provenir de la abierta práctica del voodoo y otras religiones oscurantistas.

En Venezuela, santeros y paleros también son vistos en auge.

En México los rituales a la “Santa Muerte” son parte de la tradición.

Queriendo ser muy inclusivo, al fallecido Papa Francisco se le vio departiendo en una ceremonia a La Pachamama.

Se ha hecho muy accesible, material e ideológicamente hablando, diluir la presencia de Dios en nuestros hogares y en nuestro día a día.

De a poco, muchos valientes en redes denuncian prácticas oscurantistas de parte de los artistas e ídolos de la juventud.

Jennifer López, por ejemplo, pertenece a la Santería hace muchos años, con un grado equivalente a sacerdotisa.

Hay detalles escabrosos donde, alegadamente, López, hizo sacrificio a un gallo, para invocar protección a su matrimonio con el también actor Ben Affleck.

Pues el gallo murió en vano, puesto que la pareja se divorció sin haber llegado a los dos años juntos.

Pero el paganismo y el voodoo y ahora también el satanismo se han hecho ver como una diversión, y de ninguna manera, una provocación, que es lo que es.

Tener la mente abierta no siempre es la solución.

En una mente abierta pueden entrar pensamientos manipulados y no nos vamos a dar cuenta. Hay poco o cero discernimiento y está también esa costumbre de seguir a las masas.

Si mi vecino tiene una calabaza, yo tengo diez.

Si mi vecino tiene un esqueleto en su puerta, yo voy a emular La Casa Embrujada de Disney (donde, por cierto, acaba de morir una mujer del susto, al tener una condición cardíaca que no había sido diagnosticada)

Es menester decir que el puritanismo radical o el pensar en un Tribunal de la Inquisición no es, en lo absoluto, ideal.

Pero una consciencia de que estamos atrayendo miseria y oscuridad a nuestro entorno, eso hay que enfatizarlo.

Nuestra sociedad está corroída y corrompida moral, política e ideológicamente.

Estamos luchando a capa y espada para traer cordura y eliminar cuanta agenda exista donde la diana sean precisamente los menores de edad.

No debe ser noticia que Walt Disney World, como empresa, se haya querido meter de cabeza en la celebración de un Halloween.

Lo de ellos es, y siempre ha sido, tomar una jugosa parte de este pastel ideológico que ha contribuido a que todos los mensajes anti familia y anti tradicionalismo corran por los hogares y los comercios como pólvora.

El reacondicionamiento de una sociedad perdida es arduo.

Victorias hemos contado muchas en estos pocos años, pero los que son enemigos de esta vuelta a la sensatez tienen armas secretas, ases maquiavélicos y tienen aliados escondidos detrás de estas casas demoníacas que pretenden parecer casas familiares.

En Estados Unidos sería imposible prohibir el Halloween.

La difusión del verdadero significado detrás de ese “truco o trato” o la abiertísima alusión al oscurantismo con imágenes de terror debería ser muy bien explicada.

Sí que hay, por supuesto, decoración muy infantil que no pareciera hacer daño alguno, pero de esas decoraciones y de un Disney lleno de calabazas se asciende a que una casa pareciera el plató del Exorcista o la casa de Michael Myers (el protagonista, precisamente, del clásico ochentero Halloween, donde Myers es un asesino en serie)

La fiesta dedicada a los santos debe ser una fiesta solemne. 

Es muy posible, que la canonización del ahora San José Gregorio Hernández, haya tenido que esperar muchos años dado que su imágen estaba, y seguro sigue estando, ahora con más auge, en los altares paleros o Marialionceros de Venezuela.

Es un proceso de renovación de nuestros valores y un giro de 180 grados en nuestra educación.

Hay daños irreversibles.

Pero nos hace falta, y aunque se lea como un lugar común trillado y cansino, ser un dique de contención.

A partir de ser resistencia y poner un alto a la destrucción, nos hacemos ingenieros y guerreros de la luz y reconstruimos los puentes que nos acercan a Dios, como nunca y más que nunca, jurando que jamás los quemaremos—y a nuestras almas con ellos.






Sunday, October 19, 2025

La Bandera como Símbolo de Decadencia Ideológica



Quisiera recordar aquellos tiempos en que mirar una bandera, especialmente, la nuestra, la de nuestro país, tenía un significado, un valor.

En Venezuela, en nuestro colegio, ese momento de izar la bandera era el más solemne cada mañana, junto al himno y el “Padre Nuestro.”

No estudié en un colegio religioso, pero sí en una institución con tradiciones.

En mi caso–mis banderas, técnicamente tengo tres banderas reales (Estados Unidos, Francia y Venezuela) y dos simbólicas (Israel por ser judía; España por sefardita)

Pero volviendo al tema.

Llamamos a nuestra bandera, un “símbolo patrio.”

Símbolo.

Vamos a poner el acento en esa palabra. 

Una bandera representa algo. Una bandera es un idioma universal frente a un edificio público o una plaza o, incluso, todos esos tan degradados organismos internacionales.

La bandera es un estandarte.

En las Cruzadas se llevaban estandartes para dejar en alto el nombre de Dios y de una nación.

Juana de Arco, hasta el momento de su captura, y en cada guerra, llevaba en alto una bandera, un estandarte, con las palabras “Jesús-María” y la Flor de Lis.

Viendo a esa bandera y quién la portaba, inspiró a los soldados a cambiar el rumbo de Francia y hacer de una niña campesina una leyenda viva.

Pero, de pronto, con la entrada del siglo XX, y sin duda, en este primer cuarto del XXI, la bandera, una bandera, tiene otro significado—y otras funciones, no menos que siniestras y cuestionables.

Hemos comentado en muchas ocasiones lo que sucedió en la década de los 80s con la mediatización y la consciencia que se creó con el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA)

De un momento a otro el foco se puso entero sobre la homosexualidad y las prácticas alternativas de interacción sexual y afectiva.

Grandes celebridades como fue el caso de Elizabeth Taylor se hicieron de la noche a la mañana activistas en pro de hacer toda investigación posible sobre el SIDA.

Taylor había perdido a un gran amigo y colega, Rock Hudson, que nadie podía imaginar fuese gay—pero lo era, muy promiscuo, por cierto, y murió de esta terrible enfermedad.

La aparición del SIDA también trajo consigo una ola de controversia, donde el homosexual era señalado exponiendo su privacidad, cuando, por décadas, su sexualidad era un secreto con siete llaves.

¿Qué sucedió después, a partir de los 90s y con la entrada del nuevo milenio?

La politización, y por ende, la monetización, de las prácticas de la homosexualidad abiertamente y de los supuestos grupos que defendían los “derechos” de los gays.

El hombre o la mujer gay, pareciera que eran de otra especie, ajena a la humana, que necesitaba de protección lo mismo que un chimpancé o un tigre siberiano.

¿Qué pasó?

Se había creado una fórmula de hacer dinero y robar recursos a diestra y siniestra. Que no nos quede la menor duda.

La aparición de lo que definimos como “lobbys” se popularizó hasta en Hollywood y la agresividad de este activismo no vio límites.

En los últimos años, precisamente, de esta “moda ochentera,” por decirlo de alguna manera, se ha creado esta degeneración a la que muchos denominamos “wokismo,” y que es el pan nuestro de cada día de esta izquierda radical que sólo recluta odio y promueve miseria.

Estos mismos lobbys y activistas de pronto tuvieron una idea de utilizar el calendario para designar el mes de junio, como el mes del “Orgullo Gay.”

De los primeros en adoptar estas tradiciones fue la compañía Walt Disney World.

Hablo de primera mano, porque yo trabajé allí cuando en el mes de junio se instauró el primer “Gay Day” en el Magic Kingdom, una velada para parejas homosexuales donde iban a disfrutar de los restaurantes y el entretenimiento.

De a poco, las fiestas del Orgullo ya no eran sólo exclusivas, muchas de ellas de noche, sino en plena luz del día—y con la presencia de menores de edad en el entorno.

Al principio los padres ponían el grito en el cielo…y luego fueron los mismos gays los que se empezaron a convertir en padres y ya no era un día o un fin de semana, sino todo un mes, y así, casi que el año entero es dedicado a promover el fetichismo gay y las aberraciones más inesperadas.

Pero estas fiestecitas del orgullo en el 2019, por ejemplo, en la ciudad de Los Ángeles (CA) generaron más de $74 millones.

Esto es sin contar la mercancía a nivel nacional; la propaganda hecha en redes sociales y la saturación de películas con apariciones clave de parejas homosexuales sin censura y con coreografías sexuales grotescas.

Paulatinamente, la homosexualidad fue tomando terreno y, como era de esperarse, alzaron bien alto su bandera.

El trapito de arcoíris era izado en edificios públicos y hasta el Ministerio de Defensa israelí, alguna vez dirigido por el magistral Moshe Dayan, también llegó a portar la bandera multicolor.

En estos tiempos tan turbulentos, cuando pensamos que nada podía ir a peor, la idea de crear nuevas banderas y acostumbrarnos a verlas, y casi obligarnos a portarlas, se incrementó en un mil por cien preocupante.

Quisiera, por otro lado, aclarar algo que es importante. Plantear este análisis y hacer las críticas que se deben hacer, no nos hace, en lo absoluto, homofóbicos.

He trabajado por muchos años con gente homosexual y no tengo, en lo personal, nada en contra de ellos. Pero no me adhiero a los lobbys ni permito que me ideologicen.

Como dato curioso, sobre todo, en períodos electorales, se puede constatar que hay muchos votantes gays que son de derecha, y muy convencidos de ello.

La razón? Pues que nosotros los tratamos como seres normales y no como extraterrestres a los que hay que señalar como gente fuera de orden, como ya hemos mencionado.

Otra bandera que vamos a mencionar es la de la “transexualidad.”

Una persona transexual es un hombre o una mujer biológicos que alegadamente sufrían “disforia de género,” es decir se sentían fuera de lugar con el género con el que habían nacido.

Esto es real, pero muy muy poco común.

Sin embargo, de los creadores de los lobbys gays ahora también se ofrecía “protección” a una serie de condiciones que estaban cumpliendo un propósito en las agendas ideológicas de las que hemos tenido que aprender a defendernos.

Hagamos un inciso.

Ninguna de estas fiestas del orgullo o la promoción de la “transexualidad” sería posible en una población no condicionada para ello.

Es un proceso.

Para que de pronto Occidente caiga, o mejor dicho, decaiga, en esta oscuridad sin piedad ni fondo, hubo que condicionarnos a ser tolerantes y buenistas.

Los incentivos económicos, sin vuelta de hoja, ayudaron infinitamente.

Pero es que para izar estas banderas hacen falta muchas manos, no crean.

Me gustaría que volviésemos a la temática de los transexuales para ilustrar esta hipótesis.

Una persona que siente que no ha nacido en el cuerpo correcto, no nace loca. 

La vuelven loca.

Primero hay que destacar que la nuestra es una sociedad sin Dios.

Cuando sacamos a Dios de la ecuación, vemos con nuestros ojos un inevitable apocalipsis de principios y de sensatez.

Luego hemos de enumerar cuántas personas se benefician de estos seres desquiciados que de verdad se creen haber nacido en un cuerpo opuesto al que tienen.

Cabe recalcar que son poquísimos los transexuales que admiten abiertamente que sufren una enfermedad mental. La disforia de género es una enfermedad mental (como lo fue la homosexualidad hasta los años 50s)

Pero ante la posibilidad de hacer caja, son muchas las personas que se llevan su buena porción del pastel: falsos terapistas, farmacéuticas, activistas y políticos.

Entre uno y otro hay subcategorías.

La terapia hormonal, por decir un caso, puede costar entre $30 a $500 por sesión.

Agarren una calculadora y multipliquen estas cifras por la cantidad de víctimas de la propaganda que se someten a estas terapias, e incluso a operaciones de alta cirugía para transformar su cuerpo.

Viendo el rotundo éxito de llevar banderas como “modus vivendi", había que implementar medidas para seguir acaparando supuestas víctimas de la incomprensión social y así han llegado a los niños.

De acuerdo con el diario digital español, La Gaceta de la Iberosfera, la ciudad de Berlín, la capital de Alemania, registra más de 2.400 cambios de sexo, 194 en menores y uno en un niño de 4 años!!

¿Qué puede saber un niño de 4 años de género? Nada.

Pero se ha comprobado que las madres son un componente fundamental en el activismo pro transexualidad en menores.

La abierta propaganda de que hay que iniciar a los niños en terapias hormonales proviene de las redes sociales sin control alguno y de las consignas más que falsas, de que cualquier inquietud de un niño o un adolescente es porque es transgénero.

Pero hay más...

Para dar visibilidad máxima a lo que se conoce como el colectivo LGTB, la política no ha hecho más que ser un amplificador desvergonzado de estas ideologías.

Quién puede olvidar la fiesta del "Orgullo Gay" que ostentó Joe Biden junto a Kamala Harris con la asistencia de drag queens y de activistas transexuales en paños menores?

Fue inaceptable.

Quizá esta imagen de bacanalia en la casa del Presidente de Estados Unidos haya contribuido a que los Demócratas hayan perdido las elecciones.

Tema para otro ensayo.

En los últimos años hay estudios y encuestas realizadas donde se ha comprobado que la “bandera” de los transexuales es más una especie de "banderilla" en nuestra sociedad, para picarla y excitarla y hacerla embestir con sus peores instintos, dado que un altísimo porcentaje de violencia y crímenes son perpetrados por transexuales o personas afines a ellos

Tal fue el caso de Charlie Kirk el pasado 10 de Septiembre a manos de un joven que estaba teniendo relaciones con un hombre biológico que estaba transicionando a mujer (aparte que tenía nexos con grupos radicales como ANTIFA)

Y esto, precisamente, nos lleva al análisis de otra bandera y muy negra: las de grupos terroristas.

Las banderas de grupos terroristas como ANTIFA o Isis agrupan odios colectivos y son un llamado a la violencia y el horror y la crueldad.

Estas banderas también tienen detrás un ejército de relevantes inversores como el caso de un George Soros o Catar que se divierten cambiando el orden del mundo y viendo caer los valores judeo cristianos como barajitas.

Hablamos de billones, no donaciones de $5 mensuales.

Pero, muy afortunadamente para nosotros, nuestras batallas, aunque muy a cuentagotas, se han ido despertando y contamos con victorias cada vez más relevantes.

La llegada de Donald Trump al poder en EEUU o un Viktor Orbán en Hungría, Giorgia Meloni en Italia, y claro está Javier Milei y Bukele, son excelentes banderas para luchar en contra de los constantes ataques a la sensatez y la cordura moral.

El ingeniero argentino y también influencer Manuel García Scrimizzi publicó un vídeo en las redes sociales que, precisamente, habla de lo absurdo que ha sido el apostar por banderas ideológicas.

García habla específicamente de una bandera chocante y de paso ficticia como es la bandera de Palestina, un estado nulo y no existente, representado por el grupo armado terrorista Hamas, que acaba, por cierto, de romper el alto al fuego que había negociado con Trump e Israel.

Pero esto es otro tema.

García, muy acertadamente, habla de la absurda tomadura de pelo de salir a abogar por causas perdidas a modo de cambiar el rumbo de nuestra sociedad.

Es una moda, agrega el influencer. Nunca mejor dicho.

Pero hay millones que comen de esa insensatez y otros cuantos millones más que han aprendido a aceptar este buenismo falso que amenaza con destruir la mejor de las civilizaciones que han existido.

Volviendo al principio de este análisis, no debemos dudar que los cerebros maquiavélicos que han diseñado banderas para sus causas se han valido de esa devoción y ese respeto que, desde niños, hemos dado a una bandera.

Lo que lleva bandera merece respeto.

Y vemos que no sólo esto es falso, sino muy, muy peligroso.

Recuerdo yo, y se que muchos de ustedes también, que se nos prohibía que la bandera nacional tocase el suelo.

Pues con estas banderas de destrucción masiva, no debemos ser en lo absoluto pasivos y es lo debido arrastrarlas por el suelo sin demora y condenarlas a muerte.

Los activistas quieren ganar la partida.

Vemos como los primeros en hacer jura de las banderitas ideológicas son los ricos y famosos. La mayoría se las pone al cuello como hacen con los hijabs, pero los pocos que se rehúsan a su defensa son acosados y amenazados hasta por sus supuestos fans, como se ha podido ver con la escritora J.K. Rollins (autora de Harry Potter) y la actriz británica Keira Knightley, nominada al Oscar en dos ocasiones.

A nuestro favor también debemos contar las repercusiones tan negativas que ha tenido la bandera del supuesto feminismo, que no ha servido para más nada que para promover una misoginia absurda y aupar la violencia, mismo entre las mujeres.

El antídoto lo sabemos de sobra, puesto que cada consigna y cada idiotez promovida por la izquierda woke, se puede rebatir fácilmente con la realidad que muestra hasta la propia biología.

No hay 300 géneros, sólo dos.

La lucha de cada uno de nosotros es válida y urgente y el último año por ejemplo ha visto, gracias a Dios, un declive sustancial en todas las actividades promovidas en el mes de junio y las grandes empresas ya no abrazan consignas con tanta desfachatez.

Elon Musk en días pasados, alzó una nueva bandera instando a todos los usuarios de su red social, X (antes Twitter) a cancelar sus suscripciones a Netflix, dado que el servicio de streaming estaba promoviendo películas con alta carga pro-transexual de menores de edad.

La iniciativa hizo meña y el gigante del entretenimiento perdió más de $15 billones!

Nuestras banderas son más grandes y más fuertes, pero no tan visibles.

Allí está el detalle.

¡Tenemos que emular a los Cruzados con estandartes que casi llegaban al cielo!

Las banderas hablan y hablan a veces de una forma estridente.

¿Quien puede olvidarse de la bandera del Tercer Reich?

Occidente estará condenado a repetir sus desgracias si llevamos la bandera incorrecta a cuestas.

Nuestras banderas se han de izar con palabras y con denuncias.

No hay tal bobería como una bandera heterosexual, pero si podemos prohibir que en nuestros lugares públicos se lleven banderas impúdicas que no hacen más que exaltar que somos una sociedad aberrada y débil.

El Presidente Trump, y pueden pensar lo que quieran de sus formas, ha comprado con su propio dinero un par de banderas de más de 27 metros de altura para los jardines de la Casa Blanca.

Esas banderas son los estandartes de la nueva América, que vuelve a tener los ejes del mundo y con ellas ese mundo honra y respeta lo que es ser Norteamericano.

Dijo el General George Marshall (1880-1959) con respecto a la bandera Estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial:

“Estamos decididos a que antes de que el sol se ponga sobre esta terrible lucha, nuestra bandera será reconocida en todo el mundo como un símbolo de la libertad, por un lado, y de una fuerza arrolladora sobre el otro.”

Llevar una bandera en alto es una consigna que ha de ser minimalista:

Primero por Dios.

Luego por la moral y los valores.

Tercero, por la patria.

Cualquier otra bandera, a la hoguera por apostasía e imperdonable herejía!

Sunday, October 12, 2025

La Palabra Patria Se Puso de Moda (Poema)



El patriotismo está de moda.
El patriotismo del bueno. 
El que no pensábamos existía. 
El que quedó en el polvo de las Cruzadas. 
El que se quemó con los últimos templarios.
El patriotismo maravilloso. 
¡Ese del todo o nada!
¿Pero sabemos ser patriotas?
¿Sabemos que hay que echarle ganas?
¿Sabemos que no son sólo consignas?
¿Sabremos pronunciar las palabras?
Escribo un 12 de Octubre…
¡Fecha con enorme huella en mi alma!
Recordando los teatros del colegio…
Cuando llegaba Colón con tres carabelas de los mares exhaustas
¡Qué pinta teníamos las niñas!
Qué bonito el altar a la Santa María,
Con su pureza infinta inspiraba!
¡Esos honores a Isabel!
¡La Isabel que nos encantaba!
Y luego mirar a Fernando, el Séptimo,
¡A quien tanto se le odiaba!
Las guerras de independencia,
De aberrante y tirano lo tildaban!
¡Patriotismo a toda hora!
Pero estaremos seguros de qué
Entendimos de qué se trataba?
Sabemos que se hablaba de oro…
¡Sabemos qué se cantaba!
Pero con estos años nos ha caído
Mucho olvido…
Y es tan absurdo lo que nos depara…
Cada nombre de cada corrupto…
Cada enemigo con una espada…
Y nosotros nos queremos patriotas…
Pero estamos preparados para luchar?
O seguimos
Siendo marionetas avergonzadas?
Queremos llenarnos los puños
De una patrioterapia contra
Ideologías empañadas de vago
Empoderamiento
Y de infiernos de viles ratas?
Nos gusta llamarnos patriotas…
Pero quizá nuestra ignorancia es amplia…
Pensemos en nuestros héroes…
Nos acordamos de su grito
De libertad y esperanza?
Hay cada acomplejado…
Hay demasiado mediocre,
¡Y cómo cansan!
Está el político de pacotilla…
Y está un Donald Trump en la Casa Blanca.
Y se ensalza al tipo mediocre…
Y al que hace el bien…
A ese se ataca…
Seremos fuertes lo suficiente
Para defender la Patria?
Conocemos bien las entrañas
De los comunistas?
De los de ANTIFA, las cloacas?
Sabremos ser buen escudo
Para los niños a quién se asalta?
Tenemos varias generaciones a cuesta,
Que no aman a su patria!
Seamos una excepción…
Salvemos este mundo que anda a rastras!
Pensemos en un Bolívar…
Un Libertador a toda máquina…
Sin complejos al decir
Que somos a mucha honra, “fachas.”
Amemos como hispanos y hermanos,
A España nuestra madre patria.
Aprendamos que hay nombres
En nómina para una gran democracia!
Que los tiranos no nos llegan
Ni al tobillo ni sus amenazas tienen gracia!
Escribo un 12 de Octubre,
Sobre el fuelle de la Patrioterapia!
La libertad merece poesía!
Nuestras palabras precio no pagan!
Creámonos invencibles…
Sin ser famosos ni nada!
Cada uno a su manera…
Con pasión en sus entrañas…
El patriotismo se puso de moda…
Hagamos que esa moda no se acabe…
Seamos faro de luz,
En una oscuridad constante…
Seamos un camino largo,
Para saber que con perseverancia se gana…
La patria, cualquiera sea la tuya,,,
Abrázala, guerrero y ámala!
Piensa que eres un bien nacido
Y que Dios no te dará la espalda…
La palabra patria está de moda…
Luchemos hoy, que es mejor que mañana!
Sé parte de un pueblo con bríos…
Rompe tus cadenas y come ansias!
La patria está de nuevo de moda,
Como hace milenios…
Como esos siglos que nos dan añoranza…
La historia, si se repite, que sea
Con la palabra virtud y con 

Los gritos de AVANZA!



Tuesday, October 7, 2025

Estaría El Miedo Convirtiendo a Nuestra Civilización en Los Perros de Pavlov?



En esta era de redes sociales, no debe extrañarnos que el uso del humor, aún el humor negro, sea, potencialmente, una lección para ver lo que nos está pasando como civilización.

Este análisis está inspirado por un sketch hindú (hablado en inglés) llamado “The elevator prank” (La Broma del Ascensor)

La palabra “prank” la podemos traducir como “broma,” pero es quizá una broma un poco de mal gusto. Muchos de ustedes deben haber visto olas de estos sketches y, al igual que yo, se pueden haber reído muchísimo.

Sin embargo, este que voy a describirles, lo menos que da es risa y nos puede poner a pensar si lo que vemos aquí es un reflejo del comportamiento del mundo—o una buena parte de él.

En estos vídeos, la mayoría de los participantes son actores.

Excepto, claro está, la “víctima” de la broma. Al final, casi siempre, salen los actores abrazando al participante y le indican que está en un tal o cual programa.

A reír todos. Estás en la cámara escondida!

En este escenario en particular, aparecen tres actores, un hombre y una mujer, al principio del vídeo y un tercer actor que llega a mitad del "show."

El hombre y la mujer, los actores protagonistas, entran a un ascensor y se encuentran con un señor que ya estaba allí esperando llegar a su piso.

A este muchacho, porque es un joven de unos veintitantos años, sería el que está llamado a ser la "víctima" de la broma.

El protagonista, el hombre al que vemos como el líder de este "prank," lleva en su teléfono una canción bien pegadiza y empieza a decir: “dance!” (baila!) y tiene coreografía ensayada y todo lo demás. La muchacha que lo acompaña, la actriz, empieza a bailar con él.

El muchacho que está en el ascensor, se queda sorprendido, pero no dice nada. No se mueve.

Sigue el actor protagonista: “dance!” “dance!”

En eso aparece el que sería el tercer actor, al que vemos en este momento por primera vez, llegando al ascensor con cara de póker. El protagonista del vídeo y la mujer que lo acompaña no paran de bailar, mientras el que ha llegado nuevo al ascensor se hace el que no ha visto nada.

El de la música le espeta: “DANCE!!!”

El joven dice: “no dance!” (no quiero bailar!)

En ese momento el de la música lo agarra por la nuca y le golpea la cabeza contra la pared del ascensor haciendo que el hombre se caiga y se haga el que quedó inconsciente.

Adivinen qué sucede con el hombre que estaba en el ascensor cuando llegaron los dos actores:

Se pone a bailar.

Frenético. Como si estuviese en una discoteca. Y los ojos llenos de susto. El otro sigue con su verborrea, “Dance!”

En este particular caso no hay un final dónde a la víctima le enseñen la cámara oculta, lo cual podría significar que todos los participantes son actores.

En resumen el que es víctima de la supuesta broma actúa un poco, y no es exagerado decirlo, como los perros de los experimentos de Iván Pavlov, donde un estímulo neutro hacía salivar a los perros, hubiese o no comida para ellos.

En este sketch, el estímulo que pone a bailar al hombre que ha sido cercado en el ascensor es el miedo.

Viendo que al negarse, el actor golpeó al que se negó a obedecer, el otro decide claudicar y ponerse a bailar como le han ordenado.

Otro detalle, en ningún momento se pide "por favor" o se da opción.

Puro grito: "DANCE!"

Es mucho más impactante que lo que pueda describirse con palabras.

Lo que podría haber tenido la intención de ser un sketch de humor, se convierte en un experimento social, a mi criterio.

Este análisis bien podría ser una continuación, o tal vez, una arista alternativa al que ya hemos hecho sobre las figuras patéticas de los apaciguadores, utilizando la frase célebre de Winston Churchill.

El apaciguador es casi siempre un ser acomodaticio, oportunista, vividor y mediocre.

Pero si proyectamos este sketch del que acabamos de hacer mención y lo proyectamos al comportamiento servil y maquiavélico de muchas figuras con poder, vamos a intuir, con bastante rapidez, que el factor miedo, se convierte en un protagonista al que no podemos, como el loco de la radio, dejar de ignorar—u obedecer.

Se dice, desde una perspectiva espiritual, que la conducta humana obedece sólo a dos emociones, el amor y el miedo.

El bien y el mal.

Puede sonar polarizante, pero es cada día más evidente que el comportamiento de nuestros ciudadanos en cualquier ámbito, dirige su mirada a la oscuridad, al temor, y al castigo. O, simplemente, el temor al castigo.

Los perros de Pavlov, claro está, al ser animales, se condicionaron a salivar hubiese o no comida.

Los seres humanos de esta infame civilización en decadencia están, en su mayoría, siendo adiestrados, apaciguados para ser débiles y responder al miedo.

Miedo. Miedo. Miedo. Eso es lo que vemos que mueve los hilos.

Y no se escapa nadie. Los que vemos como cabecillas de las élites; los que mantienen el control e influencian a las esferas de poder, también, en grado superlativo, viven con miedo.

Se teme lo que no se conoce. Se teme lo que no entendemos. Tememos como mecanismo de defensa.

Todo esto podríamos decir que es cierto, pero, al final, hacemos de estas justificaciones una excusa perfecta para seguir siendo condicionados y controlados.

Con ejemplos podríamos llenar una colección de enciclopedias.

De hecho desde un punto de vista psicológico en este medio ya hemos hecho mención de muchas instancias donde el miedo vence al hombre una y otra y otra vez.

Sin perder el foco en el escenario del ascensor, lo que vemos es un caso típico de un bully, un patán que sabe que si utiliza la violencia va a amedrentar a sus víctimas.

La mujer que acompaña al bully que se pone a bailar sin problema alguno, ya está captada. Ella no agrede, pero tampoco evita que su compañero lo haga. Es muy posible si llevamos este ejemplo a una historia real, que a ella, o le pegaron, o ella, como el muchacho del vídeo, empezó a bailar para no sufrir una golpiza.

La mayoría de las personas del mundo son como la mujer.

La mayoría de las personas están condicionadas.

Sí está mal, parecieran decir, pero no puedo hacer nada. O "ese no es mi problema.”

El protagonista, con su “dance, dance, dance” también, para poder tener el comportamiento tan cuestionable que tiene, puede haber sido él víctima de alguien que lo puso a bailar como un mono de circo.

En vez de escapar la trampa, se volvió otro monstruo hambriento de maldad.

Podríamos plantear la siguiente hipótesis…

Es acaso el “bullying” colectivo lo que está llevando al mundo a su acabose ideológico, mental y social?

El “bullying” es un asunto muy serio. Habiéndolo yo padecido de niña y de adolescente, es un tema que abordo con tristeza y con mucha sensibilidad.

Pero quizá sea menester ver al “bullying” a los ojos y quizá el antídoto al dolor y al trauma que causan, de por vida, sana sólo si desmontamos ese teatro y examinamos de cerca a los agresores.

El llamado bullying, en la mayoría de los casos, como el mío propio, comienza con el llamado “acoso escolar.”

Las aulas y los patios de recreo son, en su gran mayoría, los lugares para que entre compañeros, se agredan verbal o físicamente, una vez que los bullies los ponen en su mira.

En mi historia, el bullying lo llevaron a cabo dos niñas a las que yo había considerado mis amigas y con las que había compartido pláticas, tareas y paseos.

Era obvio que una de ellas era la que instigaba a la otra para hacerme daño, y tenían una creatividad muy fértil, sobre todo tomando en cuenta que sólo teníamos 14 o 15 años.

Al tiempo, me dijeron que una de las agresoras se había metido en drogas. La otra tuvo una vida más o menos normal, y, habiendo yo tenido con ella una amistad, la ex-bully me pidió perdón unos días antes de la graduación de bachiller.

Ella se había ido del colegio, pero asistió a la graduación.

Casi cuarenta años después, y sin ánimo de justificar lo que ellas hicieron (no sólo a mí, sino a otras compañeras) me percato de que estas niñas eran a su vez víctimas de su propio ambiente.

Una era hija de una madre alcohólica. La otra tenía todos los síntomas de haber sido abusada en su entorno familiar.

El colegio era muy pequeño y del bullying nadie se salvaba. 

Una de mis amigas, una muchachita modocita y excelente alumna, fue captada por estos dos demonios, y empezó a fallar en sus estudios y a seguirle la corriente a los bullies, convirtiéndose ella en una acosadora también.

El único antídoto contra el “acoso escolar” es tener un gran apoyo de la familia y el tratar de no tener ningún contacto con las agresoras.

Hay otra solución que es defenderse hasta las últimas consecuencias. Pero yo no tuve el carácter ni el coraje para esto y tuve miedo (aquí está la palabra clave) de que me expulsaran de mi colegio.

El acoso escolar es grave porque se convierte en un círculo vicioso. Los bullies se agreden entre sí, en busca de más poder y más influencia. Las víctimas, pensando muchas veces que a ellas no les va a tocar, se convierten en apaciguadores de los bullies.

Al final, el problema sigue, pica y se extiende.

Como adultos nos damos cuenta de que esta misma fórmula de agresión tan macabra existe en el ámbito laboral, y también en la relación tóxica de los ciudadanos con sus gobernantes y figuras de influencia.

Vamos a parar en este punto un momento…

El politólogo argentino, Agustín Laje, en múltiples análisis sobre la influencia de los personajes de izquierda que llegan al poder, menciona que el ciudadano de a pie, parece tener sólo una razón de peso para votarlos: confían en ellos.

No los conocen más allá de las campañas manipuladas de los medios de comunicación y de las propias maniobras de estos individuos para, como se dice vulgarmente, engatusar a su electorado.

Pero no importa.

Se establece un vínculo entre el personaje y el ciudadano.

Esto se hace más evidente con los “ricos y famosos:" Taylor Swift, por ejemplo, a quien el Partido Demócrata rogó para que apoyara a Kamala Harris.

Oprah Winfrey, tres cuartos de lo mismo.

Hay un nexo real con estas celebridades, en parte porque a través de redes sociales nos adentramos en su vida íntima, familiar y, por supuesto, su poder y nuestra admiración a su trabajo, y en muchos casos, a sus lujos asiáticos.

Por décadas los actores e incluso muchos periodistas fueron completamente neutros. Sus vidas personales no la pavoneaban en lo absoluto.

La política se bandeaba equilibradamente entre Republicanos y Demócratas, en el caso de Estados Unidos.

Violencia ha habido siempre.

El pantano de Washington DC, aquí en Norteamérica, estaba infectado hacía muchos años, pero eso no se sabía, al menos que fueras parte de él.

Fuimos permisivos.

Los bullies de hoy no son nuevos agresores.

Son los de siempre con arrobas y redes sociales y unas consignas robadas del comunismo soviético que creímos haber aniquilado—pero nuestro buenismo nos detuvo antes de darle el tiro de gracia.

Fuimos permisivos, vuelvo y repito.

Tuvimos miedo.

¿Cómo no vamos a confiar en una Oprah?

Por mucho tiempo la creímos una eminencia.

Hoy sabemos que es una mujer que tuvo éxito porque se dejó comprar y se dejó manipular por gente de altas esferas.

Volviendo al ejemplo inicial, también Oprah se convirtió en un monstruo condicionado para sobrevivir a sus agresores.

¿Nos vamos entendiendo?

De pronto el mundo entero está condicionado a responder o con miedo o con silencio.

El silencio es una respuesta, igualmente, el miedo.

La mujer del ascensor aprendió a bailar porque le midieron su tolerancia al miedo.

La otra cara de la moneda, y esto es importante, es que no podemos ser inmunes al miedo.

Una sociedad inteligente, balanceada, organizada y abundante debe funcionar con una estructura de leyes que son las que impondrían un orden cívico y moral.

Quizá una de las consignas más peligrosas de la izquierda actualmente es que no existe “ley y orden” y donde se pretende convertir a los policías y a los militares en peleles y esclavos de un wokismo fuera de lugar y de control.

No, el miedo a la autoridad debe existir.

El miedo a ir a la cárcel o a ser sentenciado a muerte debe existir.

Hay cánones de conducta que no se pueden negociar.

Se han creado sistemas propagandísticos estrictamente con el fin de instar al miedo. El miedo lleva a claudicar, al silencio y la aceptación.

En Cuba han habido revueltas de mucha importancia en contra del régimen de Díaz Canel, sucesor y títere de los Castro, pero inmediatamente los manifestantes son apresados o asesinados.

¿Qué tendría que pasar?

Enfrentarlos. 

El dictador venezolano Nicolás Maduro, está en la mirilla de Estados Unidos. Cada embarcación con droga que pretenda entrar en EEUU es bombardeada.

Cada vez salen menos. Algún día, esperamos que pronto, se acabará el problema.

El antisemitismo y el yihadismo son herramientas para provocar miedo.

Están profundamente financiados y de ambos problemas hay, por doquier, personajes al servicio de las agendas ideológicas más perjudiciales.

Solución? 

Cortarles la financiación.

A los personajillos famosos que abrazan estas agendas, les cortas sus subvenciones y se boicotea su trabajo.

Lo que es igual no es trampa.

Muchos podrían decir que esa conducta también es acoso.

No.

Eso se llama poner a la gente en su sitio y denunciar el daño que se hace gratuito a millones de personas, donde hay una base enorme de jóvenes y de niños que están creciendo con deficiencia moral y con un coeficiente intelectual casi de analfabetos.

Al miedo lo vence la información.

Al miedo lo vence el saber desmontar el teatro de los acosadores.

Al miedo lo vence la fe de que Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros y tenemos que encontrar en esta vida el camino hacia ese propósito—y punto.

Al miedo lo vence cada iniciativa que tomamos para acabar con la decadencia y el mantenernos firmes en nuestras convicciones, sin temor a quedarnos solos. Solos nunca estamos.

Que sean otros los que actúen como marionetas de quienes ponen la música y nos obligan a seguir un ritmo atroz.

Quiero terminar con una frase inolvidable del escritor y ensayista británico Aldous Huxley. Dice así:

“El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma.”

Algo que nos quede claro.

Todo lo que estamos hoy por hoy tan desesperados de aniquilar en nuestro entorno, nuestros medios y nuestras escuelas, TODO, alguna vez lo permitimos nosotros mismos, en menor o mayor grado. Lo hicimos con y por miedo.

Ahora sabemos, con todas nuestras fuerzas, que la única opción es que el miedo no sea opción jamás.

Seamos Guerreros de la Luz---no de Tablero!

En el año 73 AC, Roma vio los cimientos de su República temblar como pocas veces. Revueltas habían sido vividas. Hazañas habían sido contada...