Monday, September 29, 2025

Está Occidente demasiado Apaciguado Con los Pantanos del Terror?


En Enero de 1940, en La Cámara de los Comunes, el que fuese el Primer Ministro del Reino Unido en aquellos años, nada más y nada menos que Winston Churchill, pronunció unas palabras, cuyo eco resuena hoy, quizá con más fuerza que lo que ya en su día se apreciaba.

Esa frase es:

"Un apaciguador es aquel que alimenta a un cocodrilo con la esperanza de que sea él el último en comérselo"

Frente a la contundencia de esta frase, es imposible no hacer reverencia.

Quizá en esta reflexión de Churchill se pueda explicar el acabose de la situación que tristemente padecemos en Occidente.

De hecho, en ese concepto de “apaciguar” es que podemos encontrar todas las respuestas, y, si estamos todos dispuestos a ponernos manos a la obra, también la solución a este Sansón ideológico que nos amenaza y nos acecha sin tregua.

Originalmente, las palabras de Churchill, para ponerlas en su adecuado contexto, se refirieron a la actitud mansa, amanerada, y buenista con la que Inglaterra en los años 30s, con la llegada de Adolfo Hitler al Bundestag de Berlín, trató con el que sería una década y media después, un líder despiadado y sanguinario.

“Apaciguar” se define como poner en paz, sosegar, aquietar.

La frase hace referencia a un cocodrilo (o un caimán, como prefieran) que es una analogía para un enemigo que se percibe como fuerte, peligroso.

El verbo “apaciguar” automáticamente hace ver que el “apaciguador” es un ser débil o incluso descuidado, ya que si estuviese espabilado no se mete en un pantano con aguas infectadas de cocodrilos, verdad?

Sin embargo, en esta analogía que recordamos de Churchill, el “apaciguador” apaciguó  porque quiso y por tener devaneos de grandeza.

Qué mejor ejemplo de un “apaciguador” (o tal vez, incluso, un pelele) como lo fue el Rey Eduardo VIII, que en su brevísimo reinado, junto a su controversial esposa, Wallis Simpson, coqueteó con el regímen  Nazi.

Lo hizo también como Duque de Windsor, como también lo hicieron muchos aristócratas británicos, porque, ¡qué sé yo… Estaba de moda!

¿Querría entonces la Inglaterra de los 30s estar del lado “amable” de Alemania, husmeando la ambición desmesurada del Canciller?

El hecho es que esta conducta de nada serviría, pues Inglaterra fue parte del “Bando Aliado” que acabaría con el Tercer Reich sin vuelta de hoja.

La frase de Churchill hace referencia a un animal que puede matar de una sola mordida.

El poderío de un cocodrilo quizá nos lleve al Antiguo Egipto, donde el dios Sobek estaba asociado con este animal y constituía una de las deidades con más influencia en los altares faraónicos.

Rendir pleitesía al cocodrilo seguramente tendrá alguna asociación con los rituales egipcios.

Pero esa segunda parte de la cita de Churchill, es la más preocupante: “con la esperanza de que sea él el último en comérselo”

¡Qué grande!

Antes de dar ejemplos de lo que atañe a esta frase demoledora, quiero recapitular para que tengamos muy claro lo que tenemos que analizar.

Tenemos en la ecuación un “apaciguador,” que también llamaremos timador, que adula y trata de domar y calmar al que considera un enemigo férreo, incluso poderoso por encima de lo normal. Luego acabamos con un cocodrilo insaciable que, como a los canes que vigilaban el inframundo de Plutón (o Hades) en la mitología, había que alimentar para tener su venia y poder entrar a las tinieblas donde moraban las almas.

Pero hay un elemento clave en todo esto…

El cocodrilo, aun si lo llevamos a niveles sacros, como en la era de los antiguos egipcios, es sólo poderoso si NOSOTROS, así lo decidimos.

¿Nos vamos entendiendo?

En la frase de Churchill, Hitler se hizo poderoso porque Europa estaba hipnotizada por los cantos de sirena nacionalistas del pintor austríaco fracasado.

Era sólo éso, señores. Un pintor fracasado que se dejó captar por las corrientes nacionalistas de la Alemania post República de Weimar, decadente y miserable, y tuvo a su lado un genio maquiavélico de la propaganda.

Europa lo puso en un pedestal para adorarlo, y luego cuando el perro dejó su rabia por todo el Rin y por El Danubio, se le acorraló hasta hacerlo desaparecer (unos nos hablan de suicidio, otros ya dicen que murió en Argentina)

El cocodrilo, hoy por hoy, en pleno siglo XXI, tiene otras caras, y otros nombres. Y a veces, ni eso, porque el cocodrilo de estos pantanos modernos, es una ideología, que aunque intangible como el éter, se ha convertido en el dióxido de carbono más tóxico que haya visto la humanidad.

Y no son pocos los que están deseosos de seguir alimentando al cocodrilo y construirle un palacio en su pantano, dicho sea de paso.

Podríamos decir que el “apaciguador” de hoy en día no es más que un ser endeble y mediocre. El hazmerreír que para evitar ser objeto de burla, decide meterse en la boca del lobo y apoya al malhechor en contra de otros que ellos consideran víctimas.

Hay cinemateca de sobra para explicar este fenómeno.

Si, de hecho, tomamos La Segunda Guerra Mundial, y, específicamente, el Holocausto, nos vamos a encontrar con figuritas esperpénticas como los Kapo (a veces Capo) un término usado para ciertos presos, también llamados funktionshäftlinge (singular: funktionshäftling) que trabajaron dentro de los campos de concentración nazis.

Los Kapo tenían una peculiaridad: eran también judíos—pero llevaban un látigo.

Los kapo eran tan esclavos como los trabajadores rasos y, con muy pocas excepciones, para “apaciguar” a los de la SS, eran capaces de golpear y abusar de sus propios compañeros.

Casi todos estos despreciables acabaron sus días en las cámaras de gas o en la horca.

Estos eran, en mi opinión, peores que cualquiera de los Nazis. El Nazi era un psicópata convencido. El Kapo es un servil y un traidor.

Demos otros ejemplos. Prestemos mucha atención a lo que sería la figura del “apaciguador,” versus el que se consideraría el cocodrilo.

De la Alemania fascista, viajaremos unos 80 años a nuestra época actual, donde sin un Hitler o un Mussolini o Stalin, tenemos fascistas por doquier.

En Estados Unidos, en el umbral de la reelección del actual presidente, Donald Trump, en el 2020, las calles de los denominados “estados azules” (Demócratas) se incendiaron literal y figurativamente tanto con quemas como con tiroteos como con consignas racistas en favor de una falsa llamada antirracista.

Un delincuente llamado George Floyd, adicto hasta los huesos de fentanilo, y en condiciones paupérrimas, debido al alto consumo del químico, fue detenido por la policía del estado de Minnesota.

El hombre se negaba a cooperar y el estado tan dañado de su cuerpo le provocó la muerte ya cuando los oficiales le obligaron a dejarse poner las esposas.

Floyd fue un mártir ideológico de una causa maldita que hoy por hoy está probado que es un monumental fraude. Hablamos, claro está, de Black Lives Matter.

Este grupo estuvo apoyado desde el primer minuto por Barack Obama, y se hizo instrumental en la tiranía ideológica del que fuese el primer (y el último) gobernante negro de Norteamérica.

Los de BLM (sus siglas en inglés) fueron financiados por cuanto político, artista y activista que nos podamos imaginar.

Sus fundadoras resultaron ser una pareja de mujeres lesbianas que despilfarraron una fortuna de varios millones en propiedades y en cruceros de lujo.

La propaganda, por otro lado, siguió—y sigue—alimentando la falsa necesidad de cambios raciales en Estados Unidos.

Quizá de las cosas más patéticas que se vieron en esa ola salvaje del BLM, fue al CEO de Chick-Fil-A, una de las cadenas de comida rápida más populares de EEUU, en un programa de televisión, de rodillas, limpiando los pies de un activista negro. Según el empresario, oído al tambor, es lo que “hubiese hecho Jesús.”

En mi opinión, con los mercenarios del BLM, el Maestro, hubiese hecho lo mismo que con los del Templo.

Pero a esos niveles de servitud y de “apaciguamiento” llegamos para que los del BLM dejaran tranquilos a Chick-Fil-A.

Muchos comercios, tratando de protegerse de las trombas de los delincuentes, pintaban sus fachadas con las palabras “Nosotros apoyamos a BLM.”

¿Quieren saber lo qué pasó?

Los de BLM no respetaron a nadie.

Al contrario, se enfurecieron a niveles estratosféricos, causando billones en daños materiales por donde pasaba su verborrea tóxica y sus antorchas.

BLM no ha muerto, pero, gracias a Dios, al descubrirse su origen y sus fraudes, se dejó de alimentar y ese pantano se ha ido secando.

Otro cocodrilo que se ha alimentado incesantemente es el del lobby LGTBQ.

Comercios, restaurantes y hasta lugares públicos se han rendido a los pies del trapito de arcoíris.

Walt Disney World, un gigante del entretenimiento familiar, hizo pleitesía en sus películas y en sus parques a toda la ideología pro-homosexualidad y wokismo radical durante más de 20 años.

El resultado de Disney por haber querido apaciguar a estos cocodrilos es una pérdida colosal de dinero y de prestigio, de los que dudamos mucho pueda recuperarse.

Disney no ha dejado de alimentar a la bestia completamente, pero ahora lo hace desde la orilla y no hundido en el pantano hasta el cuello.

Para saciar el hambre de tan temible cocodrilo (si queremos pensarlo temible) hay que encontrar a estos apaciguadores o timadores que sin pensarlo se acerquen a los aposentos del animal.

La política y las organizaciones sin fines de lucro han resultado ser dos furcias ideológicas que por un trozo de tan millonario pastel de recompensas, alimentan al monstruo, y nos echan a nosotros, los ciudadanos, a la arena del circo.

Nuestra confianza y nuestro voto poco importan.

Y es que en esta analogía de timadores y cocodrilos, hay un teatro absurdo y un círculo muy muy vicioso.

Nuestra sociedad está feliz de ser mediocre y no tiene consciencia de esa mortaja de miedo que la cubre a cada instante.

Con la llegada de hordas de caimanes a nuestras universidades y, ahora también, a las escuelas; con esa seducción de Occidente al mundo terrorista islámico y con un auge de todo lo que pueda derrumbar y volver cenizas a nuestros valores judeo cristianos, es casi imposible, para muchas personas, el despertar de tanta pesadilla y tanta anestesia.

Las economías de innumerables países de Occidente dependen de una ubre de gasto público de la que chupa mucha gente. Esta ubre es un cocodrilo exigente.

Tengamos algo muy presente…

En esta sociedad en la que nos movemos, el ser mediocre es una organización con fines de muchísimo lucro.

Vuelvo a repetirlo:

A los que escogen a los apaciguadores, la mediocridad es clave para engordar a los caimanes—y sus propios bolsillos.

Pero con todo y esas ansias de calmar a la bestia, la bestia se ríe y se zampa al pobre timador confiado.

Hay una fábula con final triste donde una serpiente se quiere comer una luciérnaga. La pequeña voladora, ya cansada, se enfrenta a su depredadora y le pregunta: “Por qué yo?”

Y la culebra, antes de matar al insecto le dice: “Porque brillas.”

Recordemos esta frase cuando nos digan que es maravilloso ser un apaciguado, un mermado. Que nos hablen de una falsa paz.

Occidente, por poner un último ejemplo, quiere alimentar a un cocodrilo sangriento como lo es Hamás, cuidado si peor que el pintor fracasado—que ya es decir bastante.

Israel está siendo víctima de timadores y apaciguadores que lo apuntan a él como el furioso colonizador que se quiere zampar a los pobrecitos gazatíes, que no son más que unos timadores cobardes hasta almorzar y después todo el día.

Pero Occidente ignora que un caimán como el Yihadismo, si se impone, acabará con nuestra civilización en un dos por tres.

A los timadores les están pagando tanto Irán como Catar con fortunas paradisíacas que los están haciendo darse vidas de Pachás.

Por lo tanto, el banquete se sigue sirviendo.

Este bufé de los cocodrilos es lo que conocemos como un “All You Can Eat,” que se traduce como “come lo que quieras” por un módico precio.

Pero el precio que paga la humanidad por seguir aguantando timadores, o por convertirse algunos en apaciguadores, es demasiado alto.

A los cocodrilos, ya no sólo hay que dejarlos de alimentar—hay que matarlos.

Hay que vaciar los pantanos, como diría Trump.

Hay que denunciar a las empresas que fabrican timadores.

Hay que llevar a la justicia a los cuidadores de los cocodrilos.

Proceso arduo, pero que ya ve sus primeros frutos.

Quiero terminar con una muy conocida historia de los indios Cheroquis.

Un sabio anciano de la tribu, junto a su nieto pequeño, le habla al niño de la vida con una metáfora de dos lobos.

Un lobo era temible, lleno de avaricia y de ira.

El otro lobo era noble y abogaba por la paz y el amor. Era un lobo, pero sus valores eran contrarios a los de su compañero.

El sabio decía que estos dos lobos se habían enfrentado y sólo podía ganar uno. El abuelo le explicaba al infante, ganará el que alimentes.

Creo que todos, desde el fondo del alma, sabemos qué lobo alimentar. 

Sin embargo, tengamos muy presente ese lema maravilloso que nos ha enseñado la llegada de ese lobo feroz llamado “patriotismo en vena,” que bien sabe nutrir con fe nuestra lucha contra los pantanos y sus cocodrilos:

“Paz a Través de La Fuerza.”

Cobardía cero.

Buenismo, jamás.




Sunday, September 21, 2025

El Pegasus: Caballo de Troya Alado o Aliado?


De Walt Disney hemos visto a lo largo de las últimas décadas cómo cuentos de hadas se tornan fantasías inolvidables---o pesadillas ideologizadas.

De este tema podríamos hacer un análisis extenso y crítico, pero para lo que hoy nos atañe, creo que Disney nos ha regalado una mentira blanca, incluso entrañable.

Y lo hizo hace casi 30 años.

En 1997 se estrenó la película “Hércules,” donde se narran las increíbles hazañas del gran superhéroe de la mitología griega.

Con un Zeus bonachón y una tierna diosa Heras, llega Hércules, a quien en la película se trata como un príncipe, hijo del matrimonio de ambos dioses.

Como regalo para el recién nacido, su padre, Zeus, tiene algo muy especial: una mascota.

Hecha de nubes y de tamaño bolsillo, de los dedos del dios nace Pégaso, un caballo alado al que Hércules adopta como suyo.

La película separa al futuro héroe de su caballo hasta que Zeus los junta para la misión del joven semidiós, donde éste, Hércules, debe probarse y salvar, a su vez a la ciudad de Tebas.

El protagonista ya es adulto y Pégaso es un caballo precioso de gran tamaño pero un poco torpe para darle sentido del humor a su rol.

Si bien el film nos muestra vagamente lo que en verdad se cuenta sobre Hércules, la realidad es que Pégaso y Hércules no van juntos. No se conocen. Es un mito—nunca mejor dicho.

Pero no por culpa de Disney Pégaso deja de ser fascinante.

Un caballo alado, blanco y majestuoso, Pégaso es, en la mitología griega el hijo del dios Poseidón de los Océanos y nada más y nada menos que de Medusa, La Gorgona, figura de gran belleza y poder inconmensurable–hasta que cayó en desgracia.

Dio muerte a Medusa Perseo, y de su sangre nació el caballo alado: Pégaso.

Disney utiliza a Hércules para presentarnos a este magnífico corcel, pero el personaje que acompaña a Pégaso es Belerofonte, con quien Pégaso aniquila al monstruo de mil cabezas: Quimera.

Pégaso vuela como si trotara por los aires y es a quien Zeus designa, en el Monte Olimpo, para cargar sus rayos.

Pero no sólo Disney ha querido popularizar a Pégaso como ese compañero fiel de un guerrero, hay quien lo ha convertido en un instrumento cuya complejidad y efectividad no tiene, por ahora, parangón.

Se trata de “NSO Group Technologies Limited.”

NSO son las siglas de tres genios Omri Lavie, Shalev Hulio y Niv Karmi.

NSO es una compañía israelita fundada en el año 2010 y los cerebros detrás del “Pegasus.”

A partir de este momento nos seguiremos refiriendo a “Pegasus,” no “Pégaso,” el mito.

Pegasus es un programa cibernético conocido por su funcionalidad de “spyware,” es decir, una aplicación que se refiere a la penetración dentro de teléfonos portátiles o computadoras con el sólo fin de espionaje o lo que se conoce como “hacking.”

“Pegasus” es una tecnología muy avanzada que sólo puede adquirirse con el permiso del Ministerio de Defensa de Israel.

El costo de esta tecnología depende de cuántas licencias se quieran adquirir, es decir, cuántos aparatos tendrán el “Pegasus” introducido y funcionando en ellos.

Una licencia a 100 teléfonos, por ejemplo, puede costar unos $40 millones.

Si bien nuestros teléfonos móviles podrían estar infectados con este virus, quizá ninguno de nosotros tenga necesidad de cuidarse de los potenciales daños de un ciberataque.

Es importante, para hablar del “Pegasus,” hacer un inciso.

Como buen hijo de la genialidad de Israel, la finalidad de este recurso es para bien, y se introdujo al mercado para facilitar el espionaje de grupos terroristas y otros personajes antagónicos como narcotraficantes.

Si bien las capacidades de Pegasus pueden variar con el tiempo debido a las actualizaciones del software, Pegasus generalmente es capaz de leer mensajes de texto, espiar llamadas, recopilar contraseñas, rastrear la ubicación, acceder al micrófono y la cámara del dispositivo de destino y recopilar información de las aplicaciones.

No nos concentraremos en la tecnología per se, porque se nos haría denso, y quizá perderíamos el hilo de lo que estamos tratando de analizar—y el por qué de la importancia.

Desde su invención hace ya casi una década el “Pegasus” no está exento de controversia.

Adquiere su nombre, claro está, del caballo mitológico de nuestra introducción, y la razón es que una vez adquirida la licencia del Pegasus hay un pago por adelantado de unos $500,000 para gastos de instalación.

Y así, según los ejecutivos de NSO, es tan ágil que “vuela” a donde se quiere introducir y hacer su cometido.

El grado de efectividad es irrefutable.

Tal vez por ser tecnología israelita y vivimos en los tiempos que vivimos, el "Pegasus" se ha vuelto la comidilla de los políticos y activistas de extrema izquierda.

Si bien Israel tiene especial cuidado de quién adquiere la tecnología, una vez que se compran las licencias, el spyware vuela sólo y sí que es muy posible que, por desgracia, haya caído en lo que podríamos llamar “malas manos.”

Pero he aquí el quid de este análisis.

El “Pegasus” está empapado, rodeado de mucha leyenda negra.

Tal cual como todos esos retazos de nuestra historia que se quieren manipular o cambiar para politizar o para favorecer a un bando perdedor.

Las alas del “Pegasus” han de llevar mucha fuerza para elevarlo a las alturas.

Para todos los casos que quieren presentar al “Pegasus,” como el “poli malo,” de la cibernética, en este artículo lo presentaremos como una especie de “anti-héroe,” que no llega a ser villano, pero mantiene una relación cordial–y a veces íntima–con los héroes.

No vivimos en tiempos normales para esta civilización tetrapléjica en manos de globalistas y de lobbies ideologizados.

Los enemigos, como la Quimera, tienen varias cabezas, y si cortas una, sale otra (u otras) en su lugar, más feroces y viciosas que la que hemos cortado.

La impotencia no es una opción, pero la sapiencia, por desgracia, es escasa.

El uso de nuestra pericia no debe detenerse frente a titanes que sólo presagian el fin del mundo y se ríen de nuestras desgracias.

La tecnología es una aliada imprescindible, y quiero siempre pensar que Dios pondrá en manos israelíes lo mejor de este mundo y lo más avanzado.

El “Pegasus” es en este momento lo que se dice en inglés “fair game,” que se traduce como “lo justo” o “lo que se necesita” para contrarrestar tanta maldad refinada que hace sonrojar a Medusa y deja como mero bufón al Príncipe de Maquiavelo.

Como buen espía, el “Pegasus” es silencioso y versátil, y sólo podría detectarse cuando el daño está hecho.

Muy curiosamente, y a las pruebas me remito, los grandes críticos del “Pegasus” son los medios de comunicación de extrema izquierda. Los woke. Los falsificadores de noticias. La carne de cañón a la que se enfrenta el Perseo que llevamos en el corazón, con firmeza, los patriotas.

En mi opinión, si una organización tan corrupta y tan pro terrorista como Amnistía Internacional se toma la bandera para rechazar el “Pegasus,” pues algo debe estar haciendo bien el “Pegasus,” y a nuestro favor.

Esta mentalidad se siente extraña, pero el “Pegasus,” como cualquier “anti-héroe,” es de todo menos buenista.

Los que han adquirido el “Pegasus” a lo largo de los últimos tiempos no lo dicen abiertamente. Es un secreto a voces, que no se admite, pero tampoco se niega.

Un rumor que es veraz y positivo depende del color con que se vea.

Tal cual como un mito, de donde adoptó su singular nombre.

La lista de clientes de la compañía NSO está muy bien guardada. Pero países como Bangladesh, República Dominicana, Azerbaiyán, India y Jordania han reportado casos donde se ha descubierto que analistas, periodistas y figuras de alto mando han podido ser alegadamente “infectadas” con el spyware más sofisticado del mundo.

Por otra parte, aliados como Hungría, El Salvador y el propio Israel también han hecho uso efectivo del “Pegasus,” con resultados más que satisfactorios.

Aunque no se ha podido comprobar, el rumor en redes sociales es que Mohammed VI, rey de Marruecos haya adquirido el “Pegasus” para convertirlo en una “Mata Hari” tecnológica que ha penetrado el teléfono del Presidente del Gobierno, Pedro Chávez–perdón–Sánchez.

Ahondemos en este tema por unos minutos…

Si alegadamente el monarca marroquí compró el “Pegasus” para espiar a los miembros del gabinete de Moncloa, y al propio Sánchez, como se ha creído, sería, tal vez, una especie de justicia poética.

Sin el “Pegasus” como herramienta, sino de una manera más orgánica y primitiva, Sánchez, se sabe le ha encantado espiar en aquellos personajes que pudieron haber sido la red clientelar de su difunto suegro, que regentaba, junto a su hija, la tan mal ponderada esposa del tirano, Begoña Gómez, un prostíbulo donde los objetos de deseo eran del género masculino y bastante jóvenes. Demasiado jóvenes—y ahí lo dejamos.

La lujuria ha sido mala consejera para muchos cabecillas del Partido Socialista Obrero Español, y quién sabe si algún aberrado del Partido Popular o la extrema izquierda.

No sólo políticos son culpables, también empresarios o miembros de sindicatos, una mafia clase aparte en la España postransición.

Pero si Marruecos, aliada de Israel y miembro, desde el 2017, del Pacto de Abraham, ha adquirido el “Pegasus” para acorralar a Sánchez y volverlo un eunuco político, pues sea!

Engordar al “Pegasus” con información comprometedora y audios de los que consideramos personas de alto riesgo, es menester para que luego los servicios de inteligencia se pongan manos a la obra.

Para finalizar, hay que hacer énfasis en un tema. Ese tema es, sin duda, la ética.

El “Pegasus” fue creado para la localización y la persecución de criminales.

Pero es que las noticias nos sorprenden cada día como varias especies de criminales, y a veces son los que menos podíamos imaginar.

Organizaciones como el Federal Bureau of Investigation (FBI), que se sabe han adquirido el “Pegasus,” han estado en las peores manos posibles hasta la llegada de este segundo período de Trump, cuando su director Kash Patel, por lo menos está intentando salvaguardarla.

Pero en estos años pasados, la peor calaña de funcionarios han obrado con mala entraña y sólo Dios sabrá el daño que hemos podido hacer a gente inocente.

Sin embargo, vuelvo y repito, con llevar el timón de nuestra intención a buen puerto, la tecnología que pudiendo ser una “Mata Hari,” en realidad es un “Mossad,” puede salvar a Occidente.

Si bien hay un hermetismo detrás de los compradores de esta herramienta, y más aún de sus usuarios, no es mala idea sintonizar para descubrir qué hazañas dignas de un Ovidio del siglo XXI es capaz de hacer el "Pegasus" con las Quimeras de la ONU o las Medusas de Bruselas.

Que el mundo se caiga diciendo lo que quiera…

Pero los que somos justicieros y nos gusta la mitología griega, levantaremos los cimientos de esta civilización ciega con un Pégaso cibernético con los nombres de quienes nos hieran!

Sunday, September 14, 2025

El Retrato de Dos Charlies


A veces nos deberíamos preguntar si Dios, en su infinita sabiduría, nos dio el libre albedrío como prueba inequívoca de su confianza y amor en aquello que Él ha creado a su imágen y semejanza.

Espiritualmente hablando, nada ni nadie, ni siquiera los ángeles, pueden intervenir en nuestra vida e ir en contra del libre albedrío. Jamás ni nunca. Esta temática ya la hemos abordado con anterioridad. Pero su revisión se nos hace presente e, incluso, urgente, cuando analizamos los perfiles de dos hombres que comparten un mismo nombre, mas no un mismo camino.

Nos referimos a Charlie Kirk y a Charlie Sheen.

Empecemos por el primero, Charlie Kirk, acaso para poder contrastar su vida y su obra con mayor énfasis y poner el acento en todo lo que se perdió el pasado 10 de Septiembre, cuando su vida fue sesgada de un tiro en el cuello.

Enseguida nos adentramos en sus últimos instantes, aunque sé que las imágenes y las docenas de opiniones que se han hecho sobre su obra política y su persona son ya de conocimiento público.

Kirk hubiese cumplido 32 años el mes próximo. Era felizmente casado con Erika Kirk, ex-reina de belleza y activista, con la que compartió cuatro años de vida y dos hijos, una niña de tres años y un niño de quince meses al tiempo de este reportaje.

El nombre de este magnífico joven ya tenía en nuestros radares 10 años.

A los 17 años ya había descubierto una clarísima vocación política, alimentada por un fervor religioso pocas veces visto en alguien de su edad.

A los 21 años ya había puesto en funcionamiento su fundación, Turning Point USA, que busca debatir y enseñar a los adolescentes y a los GenZ una alternativa certera y fresca que pudiese alejarlos del marxismo y su vertiente del siglo XXI, el wokismo.

Su discurso ideológico caló fortísimo entre esa nueva ola de patriotas que Donald J. Trump despertó con su primer triunfo en el 2016.

Kirk consiguió crear una fórmula y no se desvió de ella jamás. Todo lo contrario, se afianzó en su retórica y estudió con meticulosidad las mentes vulnerables y frágiles de una generación que prueba hasta ahora ser incandescente pero muy desnortada.

Qué ironía que quien acabó con la vida de Charlie Kirk haya resultado ser, precisamente, un hombre de apenas 22 años, que sus allegados describen que estaba lleno de odio y se dedicó a ser crítico de Kirk de manera obsesiva.

Los datos biográficos de Charlie Kirk se han viralizado después de una muerte absurda y terrorífica, habiendo sido baleado delante de su mujer y 3,000 asistentes que esa mañana habían ido a la Universidad de Utah a debatir como lo había hecho él miles de veces.

Aparte de sus paseos por las universidades, Kirk era el presentador de su propio podcast, y fue un autor de libros sobre política conservadora y los valores judeo cristianos que él defendía como un Cruzado.

Israel está de luto, pues entre el caótico y perverso universo que se dice defensor de "Palestina," Kirk era, como se dice comúnmente, patria o muerte con el Estado Judío.

El tétrico perfil del presunto asesino, de nombre Tyler Robinson, es, curiosamente, un retrato vil del panorama ideológico y, sí, también espiritual, de un Estados Unidos que quiso embestir con bravura lo peor del wokismo, quedando atrapado en una oscuridad atroz, del que sólo los Charlie Kirks nos pueden alertar.

De Charlie Kirk no se podían esperar respuestas fáciles ni mensajes de oropel. Todo lo contrario. Hablaba sin tapujos de cualquier tema y no perdía la calma.

Su metodología era siempre igual. Montaba una carpa que decía “prove me wrong” (prueba que me equivoco o dime si estoy equivocado)

Su público era una mezcla de fans y también de antagonistas que estaban preparados para escupir consignas que se habían leído en Tik Tok, sin razonar ninguno de sus puntos.

Charlie venía preparado con cifras y datos y argumentos que eran irrefutables.

De ahí se agarró su presunto verdugo. 

Tyler Robinson llevaba lo que podría definirse como una “doble vida.”

Cada vez que salen más datos, se nos hiela la sangre un poco más.

Su familia era practicante del mormonismo. El mismo 10 de Septiembre, antes de cometer el crimen, se dice había estado en la iglesia.

Estudiaba ingeniería, y es aquí, donde las crónicas de su vida apuntan que pudo haber sido radicalizado a través de un excesivo uso del internet y malas compañías.

De esto último el mejor ejemplo era su compañera de cuarto, con quien aparentemente, mantenía una relación afectiva.

Este compañero era un transexual que había iniciado sus tratamientos hormonales para convertirse en mujer.

De hecho, mucho de lo que las autoridades y el FBI han podido averiguar de los antecedentes de Robinson, previo al asesinato de Kirk, han sido posible porque esta joven decidió cooperar en vez de hacerse cómplice, como aparente y alegadamente estaba previsto.

Robinson era el único radical de izquierdas de su familia, a pesar de un perfil académico casi impecable y de fotografías donde se muestra a un muchacho con una vida completamente normal.

Charlie Kirk representaba la antítesis de los valores que absorbieron y pudrieron a Tyler Robinson en sus últimos tres años, cuando dejó su hogar para poner en marcha sus estudios. De ingeniería marxista es que se hizo experto, casi de la noche a la mañana.

El perfil psicológico del presunto autor del crimen que ya está, afortunadamente, bajo custodia, se acerca mucho al de nuestro otro sujeto de este análisis: Charlie Sheen.

Charlie Sheen no ha asesinado a nadie de manera literal, pero quizá el gatillo de la desgracia y la miseria lo ha apuntado hacia su propio cráneo y su propio corazón.

La familia de Charlie Sheen no necesita presentación, claro está.

Es el tercer hijo de Martin Sheen (cuyo nombre real es Ramón Estevez) un gigante de Hollywood. También su hermano, Emilio (que sí conservó el apellido de la familia) fue un “teen idol” de la década de los 80s.

Pero Charlie Sheen tenía, como suele decirse, una definida vocación actoral y poseía una apariencia física que no dejaba indiferente a ninguna adolescente de nuestra época.

Su cinemateca incluye éxitos como “Platoon” o “Wall Street,” y, mi particular favorita, “Courage Mountain,” donde da vida a Pedro el Pastor en una adaptación de la novela “Heidi” de Johanna Spyri.

Charlie Sheen siempre fue ambicioso y quiso salirse de la sombra de ser un “nepo baby” más. Es decir, quiso ser reconocido como algo más que el “hijo de.”

Pero con los triunfos y los premios, llegaron las malas compañías.

Y con las malas compañías, su peor pesadilla: alcohol y drogas. Drogas y alcohol. Y una vida sexual que incluía en su mayoría actrices pornográficas.

Con todo y esta autodestrucción, trabajo no le había faltado, tanto en el celuloide como en la televisión con la serie “Two and a Half Men” (Dos Hombres y Medio)

Pero Charlie no tiene un respaldo familiar sólido, y habiendo acompañado a sus padres a las grabaciones, los Estevez, como muchos otros niños de hogares de famosos, fueron testigos de drogadicción y violencia de todo tipo.

La figura de Martin Sheen, bien se ha encargado Hollywood de santificarla, pero la verdad está muy lejos de la ficción, y Charlie fue el que peor se tomó todo lo que vio y asimiló en sus años de adolescencia.

En el año 2015 Sheen anunció públicamente que tenía el VIH, y aunque buscó la mejor ayuda médica, el escándalo fue tal que paralizó casi del todo su carrera cinematográfica. Con muy pocas apariciones en televisión y cine, Charlie Sheen, ha querido saltar a la palestra, esta vez, con un libro autobiográfico llamado “Book of Sheen,” un cuasi homónimo de la palabra “sin,” pecado.

Charlie Sheen ha decidido contar toda su vida, incluyendo las múltiples relaciones que ha tenido con personas de su mismo sexo, uno de ellos, un transexual, que fue el que lo contagió con el virus del SIDA.

En la revista “People” dice que quiere pedir perdón a todos los que ha podido dañar y cuenta que ha podido mantenerse sobrio desde hace ocho años.

A sus 60 años recién cumplidos, la estampa de Sheen es bastante triste, con dificultad para hablar y claras lagunas mentales, después de un abuso de décadas de sustancias y declararse adicto sexual.

Charlie Sheen es padre de cinco hijos y tiene una nieta. Curiosamente, está inscrito en el Partido Republicano, pero odia a Trump a muerte.

Su verdadero camino a una rehabilitación completa, quiera Dios que así sea, se verá, a partir de ahora y si logra lavar su imagen tan dañada por tanto periplo dentro y fuera de los medios.

Es importante contrastar estos dos personajes, Sheen y Kirk, y ponerlos frente a nuestro espejo.

Uno dio la vida por hacer de este mundo un lugar en el que sus hijos merecieran crecer. El otro, Sheen, pertenece a una generación que o causó las desgracias que estamos padeciendo, o permitió que crecieran a este punto sin retorno del que luchamos por sacar a nuestra civilización.

Charlie Kirk dijo en una de sus últimas apariciones que lo peor de Norteamérica eran el wokismo y el yihadismo. Agregó que el americano simplemente quería vivir bien y poder tener un hogar y una educación para sus hijos.

Sheen llegó a ser millonario y despilfarró su fortuna en prostitutas y en drogas.

El diagnóstico de Charlie Sheen, un ídolo de multitudes, en parte por ser un galán varonil, fue recibido, con tristeza y los medios de comunicación mostraron estar compungidos.

El asesinato de Kirk fue recibido, por un lado con profunda tristeza, cierto, pero por otro con vítores y gritos de alivio y los medios de comunicación se han hecho eco de los mensajes absurdos de que Kirk era un propagador de odio.

El mundo de hoy está listo para seguir propagando las “hazañas” de Charlie Sheen, pero Charlie Kirk es una presencia incómoda a la que hay que maldecir aún después de que callaron su voz.

Y esta palabra “voz” se hace gigante e imponente cuando vemos que la muerte de Kirk este pasado miércoles, no ha hecho más que subir el volumen de nuestros esfuerzos.

Se ha reportado con enorme júbilo que la fundación de Charlie Kirk, Turning Point USA, ya ha recibido decenas de miles de peticiones para implementar sus franquicias en distintas universidades y colegios de secundaria, un sueño que Charlie Kirk quería poder disfrutar en vida.

El libro de Charlie Sheen, con el máximo respeto, será un libro más en nuestra biblioteca, pero no tendrá tanta trascendencia.

Charlie Kirk es un aliado eterno de nuestros principios y de aquellos que los defienden.

Sin ir más lejos, en España, para los patriotas del Partido Vox, la muerte de Kirk ha sido una tragedia, tanto así que Santiago Abascal, el líder de la formación, se ha presentado en un evento de altísimo calibre, el VIVA 25, con una camiseta idéntica a la que llevaba Kirk cuando le dispararon. En ella se leía la palabra “Freedom,” (libertad)

Ninguno de los dos Charlies merece nada malo.

Sin embargo, las acciones de ambos hombres distan de ser iguales. Donde uno brillaba con luz propia, otro, a pesar de ser una estrella, empezó a apagarse frente a nuestros ojos.

Uno dejó un legado incalculable no sólo con los GenZ sino con los futuros jóvenes que ya han declarado que quieren abandonar al Partido Demócrata, que, para que nos quede bien claro, es el autor intelectual del asesinato de Kirk.

No hay camino fácil.

Pero es en la integridad y en la fortaleza de espíritu que se construyen destinos dignos de ser admirados, y si se puede, imitados.

Charlie Kirk nos dejó frases inolvidables, que ahora han vuelto a tener vida.

Vamos a quedarnos con esta:

«Cásate y ten hijos. No sólo es algo bueno y piadoso, y te traerá alegría y un legado, sino que es un simple acto de desafío contra los oligarcas y los tiranos que preferirían que mueras amargado, solo y con solo robots a tu lado al entrar en la eternidad»

Dos relatos paralelos…

Tú, con cuál te quedas?

Monday, September 8, 2025

Desde la Zona Cero de Occidente, Seremos Fénix!


El pasado 6 de Agosto se conmemoró el 80 aniversario de la detonación de la bomba atómica sobre Hiroshima en el Japón imperial, culminando así, la Segunda Guerra Mundial.

Tres días después, el 9 de Agosto de 1945, llegó la segunda bomba atómica. Esta vez sobre la ciudad de Nagasaki.

El Emperador Hirohito y los Estados Unidos firmaron un tratado de paz en Septiembre de 1945.

La bomba atómica llamada "Little Boy" (Niñito) dejó un saldo que se calcula entre 80,000 y 166,000 muertos sólo en Hiroshima, y una desolación que perdura hasta el sol de hoy.

Nunca más se ha utilizado la bomba atómica en un conflicto armado. Más bien hay esfuerzos para que eso no suceda nunca más.

Entiéndase así la urgencia de que Irán jamás llegue a tener la capacidad de crear un arma nuclear. Pero éso es otro tema.

"Little Boy" no explotó en tierra. La bomba, una vez que el "Enola Gay" la lanza sobre Hiroshima, explota a unos 580 metros del suelo.

Justo debajo de ese diámetro donde explotó este monstruo nuclear hay, hoy por hoy, un parque maravilloso llamado "Parque Conmemorativo de la Paz" con un monumento a las víctimas, que se puede visitar sin costo alguno.

Este parque es considerado el "Ground Zero" (Zona Cero) de la detonación de la bomba atómica.

Si nos adelantamos en el tiempo al Hiroshima del 2025, vemos una ciudad muy próspera con una de las áreas urbanas más grandes del Japón y con un producto interno bruto de $109 billones al 2019.

Por otro lado, Japón y Estados Unidos tienen una de las alianzas más sólidas del planeta.

La Zona Cero de aquel Japón imperial supo florecer y supo aceptar su derrota para luego entender que debía prosperar. Y lo hace sin parangón.

Dentro de unos días, se cumplirán 24 años de la caída del World Trade Center, las Torres Gemelas. Aquel atentado dejó un saldo de casi 3,000 muertos, unos 2,700 de las torres solamente.

Un grupo de 19 yihadistas de la red terrorista Al Qaida, en aquel entonces dirigida por Osama Bin Laden fueron los sicarios. Hoy por hoy se podrían hacer un sin fin de análisis sobre las teorías (ya no tan conspirativas) de lo que sucedió aquella terrible mañana que fue descrita con titulares masivos como un "acto de guerra."

El derrumbe de las Torres Gemelas, y algunas estructuras adyacentes dejó una de las peores "zonas cero" que se hayan visto. Habiendo transcurrido todo a la vista de millones de personas que seguimos paso a paso esta tragedia, las imágenes no han dejado nunca de circular y los testimonios de esa mañana están más vivos que nunca.

Sobre el "Ground Zero" del 11S se empezó a reconstruir muy rápido el nuevo y renovado "World Trade Center," y es absolutamente majestuoso.

Aunque, claro está, la belleza nostálgica y primitiva de las Torres Gemelas, es incomparable, y para los que tuvimos el privilegio de visitarlas, inolvidables.

Pero a diferencia de Hiroshima, en el ejemplo que acabamos de dar, Nueva York no prospera. De aquel mítico Manhattan, la ciudad que según la canción de Frank Sinatra (e inmortalizada por Liza Minnelli), nunca duerme, sólo van quedando escombros y miseria humana. Para colmo, los ciudadanos están a punto, el próximo Noviembre, de elegir a un alcalde comunista. 

Recemos que esto no suceda---pero lo más seguro es que Zohran Mamdani obtenga la votación necesaria para llevar a cuestas y luego destruir nuevamente a Nueva York.

El 11S fueron terroristas yihadistas. Mamdani es otro tipo de "terrorista," financiado por élites y vinculado a mafias cataríes.

¿Qué diferencia puede haber entre Hiroshima y Nueva York?

Quizá sólo sea cuestión de actitud o tal vez intención. Japón es un país que lleva clavado el honor en su alma como una katana.

Estados Unidos está, creo yo, aprendiendo, a tener más orgullo y a quererse a sí mismo, volviendo sus ojos a ese pasado de dolor y gloria de nuestros Padres Fundadores.

El año que viene se cumplen los 250 años de la Independencia de EEUU, un cuarto de milenio.

Si somos sinceros, todo Estados Unidos podría ser la "zona cero" de Occidente tras padecer el bombardeo y el terremoto ideológico de los últimos 40 años (o tal vez más)

Las réplicas de este acabose, siguen midiéndose.

Son estas réplicas las que tal vez compliquen que se pueda hacer un análisis con el cuidado que merece esta "zona cero" desde la cual nos despertamos cada día más personas---pero aún no todas las suficientes.

Estamos aún haciendo este recuento de los daños y contando las víctimas.

Hay víctimas que rehabilitar y otras, que enterrar.

En este agujero de Occidente donde han caído tantas consignas y se han producido los daños más graves, se hace menester saber qué clase de arsenal “nuclear” ha causado daños tan nefastos?

¿Quiénes han estado diseñando este monumental “Proyecto Manhattan” (nunca mejor dicho) donde la diana no fue puesta en una ciudad, cuyo gobierno era letal y rebelde, sino la humanidad entera?

Responder estas interrogantes nos llevará todavía más tiempo, porque nuestro despertar ante estos escombros ha sido deplorable y lento.

Hay generaciones enteras que se han acostumbrado a vivir en estos escombros apocalípticos y con la presencia constante y sonante de las redes sociales, la repercusión de esas ideologías y esas políticas, que podríamos llamar “woke,” se ha convertido todo en un sin vivir que aturde y que no sabemos cómo callar o amortiguar.

Occidente empieza a limpiar su brújula resquebrajada con movimientos políticos liderados por hombres y mujeres que representan los valores fundamentales que ayudamos a construir hace más de dos milenios con principios judeo cristianos que han sido motivo de guerras y cruzadas con el fin de que no decaigan.

Eso lo hemos podido mantener—o así pensábamos.

Pero la carga atómica de la decadencia que padecemos es muy fuerte. Fortísima. Y vemos derrumbarse a una civilización entera ante nuestra mirada, a veces demasiado impávida.

Estados Unidos, como hemos venido diciendo, se define, quizá como el epicentro de esta destrucción, y el enemigo no nos llegó por los aires, y no es, para nada, un “niñito.”

El enemigo de Estados Unidos, y por ende de Occidente, está aquí, bien adentro, mar adentro, en nuestras tierras, como podemos ver en ciudades como Nueva York, o tal vez, Chicago, y ni hablar de Los Ángeles.

Estas ciudades tienen denominadores comunes, sin duda.

Uno de ellos, y el más importante, es que están gobernados por Demócratas radicales, anti todo lo bueno y pro lo peor de lo peor. 

La llegada de Barack Obama en el 2008 pone el pie en el acelerador, y nos dimos cuenta de que había una agenda, que este señor llevaba muy bien aprendida y con ansias infinitas de ejecutar.

Tal vez él sería una especie de “Enola Gay” de ser humano con un cargo letal que, siendo él, presidente de la nación más potente del mundo, sabía que el daño sería estrepitoso, y bien se encargaría él de hacerlo irreparable.

A este monstruo le debía seguir nada más y nada menos, Hillary Clinton, la mujer de Bill Clinton. Ambos funcionarios, Obama y la ex Primera Dama, dos ex-senadores, hijos de ese "pantano" de Washington DC, personajes controversiales, corruptos y antagónicos de la política Estadounidense en su máxima expresión.

Pero los americanos empezamos a ver cosas que para nuestros jurados enemigos globalistas, quizá no debimos ver.

Y elegimos, el 5 de Noviembre del 2016, a Donald J Trump.

Y lo elegimos en Noviembre del 2020, pero nos robaron las elecciones.

Y lo elegimos el pasado mes de Noviembre y ganamos a todo terreno (literalmente!)

Trump está lejos de ser un santo o una especie de San Miguel Arcángel viviente, pero sí es un ciudadano agradecido, que desde su privilegio y su Trump Tower dorada, supo estudiar tanto el potencial como la decadencia de Estados Unidos.

Y decidió ser capitán de nuestra resistencia al maligno plan de un Obama junto a sus aliados tanto en Europa como en Irán, su niña consentida.

Para que quede claro, el llamado “wokismo” está lejos de ser intangible o etéreo. Es bien tangible y bien arraigado a un capitalismo férreo.

El “wokismo” es un negocio alimentado de propaganda donde los empresarios mejor curtidos y más hábiles del mundo, juraron tener voz y voto, y un trozo del pastel de ganancias.

Ha habido muy pocos planes más macabros que la mismísima destrucción de todo Occidente, pero llegó el momento de que paguen los criminales.

Eso es deber de todos los que sobrevivimos a los designios de organizaciones mundiales, que no tienen límites, porque hasta nos han querido mandar una plaga y asustarnos hasta decir basta.

Los resultados son patéticos.

Me ha llamado mucho la atención, por ejemplo, este escándalo que se ha querido armar alrededor de una propaganda de blue jeans de la marca “American Eagle,” sólo porque han querido borrar todo vestigio de esas modelos amorfas y esperpénticas, así como a otros personajes del circo “woke” para que sus fotografías fueran protagonizadas por una joven actriz despampanante llamada Sydney Sweeney, que, para más inri, es orgullosamente republicana y conservadora.

No hubo más que salir el anuncio de Sweeney diciendo “Sydney Sweeney has great jeans,” para que una tromba de millennials y GenZ desnortados hicieran acusaciones de racismo y de eugenesia, comparando esa homofonía (jeans/genes) con los experimentos de Hitler.

La gran mayoría de estos imberbes no sabría ni quien fue Hitler o Mengele, pero sí que saben en qué canal de Tik Tok están las consignas más cool.

Lo más grave de este asunto es que todo está más que coordinado por grupos y chiringuitos ideológicos que bien que saben captar estas pobres cabecitas y grabarles palabras para que las repitan como loritos, sin pensar en las consecuencias y en las bombas atómicas que pueden hacer detonar.

¡Cuánto más destrucción, mejor!

¡Cuánto más ruido, mejor!

Otro clarísimo ejemplo de este plan es la cantidad de jóvenes ondeando trapos con la supuesta bandera palestina, uno de los mejores inventos propagandísticos que desde el pasado siglo nos han hecho creer que un puñado de refugiados miserables de Jordania, son un pobre pueblo oprimido por los “malvados” sionistas.

Oh cielo!

NO!!!!!!! FALSO!!!!!!!

Los supuestos “palestinos” hoy son un pueblucho gobernado por un grupo terrorista, Hamás, que ha asesinado a diestra y siniestra a judíos tan sólo por ser judíos.

Al día de la publicación de este reportaje tanto el Presidente Trump, a menos de un año de su segundo mandato, y el gobierno de Israel, han dado un ultimátum a Hamás. O rendición absoluta o destrucción absoluta.

Punto.

Esas palabras quizá las escuchó Hirohito y no hizo caso. Después hubo de aceptar su derrota, y a Dios gracias, que no se nos hizo un harakiri.

Para Gaza y para Hamás, la palabra honor no existe en su diccionario, y eso lo saben también quienes baten sus banderas antisemitas y creen que somos los judíos de hace 80 años.

Buena sorpresa que les haremos tener si no se rinden y si quieren seguir adelante con sus estupideces y sus masacres.

La “zona cero” de Gaza sería útil como estacionamiento de un balneario de lujo que estaría bien administrado por una entidad vigilada por ojos israelíes y americanos, y, por supuesto, nuestros aliados del Pacto de Abraham, que pronto contará con más firmantes.

Hay muchas vidas que son, por desgracia, “zonas cero” de donde no sabemos si pueda quedar más que polvo, ignorancia, odio y pobreza espiritual.

Hemos escrito sobre el poderío de estos amos de las agendas ideológicas sobre el frágil libre albedrío de muchos.

Pero nuestra visión cada vez se hace más fuerte y llevamos de a poco una delantera que ningún enemigo puede volver a destruir—por más que lo intenten.

No subestimamos los recursos casi infinitos que se han puesto al servicio del mal.

Sin embargo, nuestros enemigos se han quedado sin municiones y los arsenales nucleares están cada día siendo bombardeados por políticas patriotas y consignas tradicionalistas llenas de honra y grabadas a fuego.

El camino es empinado. Hemos de dejar a muchos buenos guerreros a mitad de camino si su voluntad no está hecha de acero inoxidable.

Hay quienes vaticinan nuevas pandemias y hasta una Tercera Guerra Mundial, dado lo afilada que está la navaja de tantos intereses económicos que tienen en vilo a nuestros enemigos, pero, dudo que haya que hacer caso a tanta predicción hostil.

En esta “zona cero” que vemos hoy con absoluto terror e interminable tristeza, Dios, en su infinita sabiduría, tiene a bien crear tanto planteamientos como plantaciones donde hemos de saber discernir entre el bien y el mal, con un nivel de consciencia, quizá hasta ahora desconocido por la humanidad.

Y sí, escogeremos florecer y prosperar desde el puñado de cenizas que creen que somos.

La realidad es dura y debemos tener la serenidad para aceptar que hay una destrucción irreparable, pero de donde debemos sacar toda nuestra fuerza y sabiduría para saber que sí que hay muchísimo que reconstruir, reformar y reconquistar.

Sobre los escombros, sólo queda rezar, mientras seguimos haciendo camino al andar, que la memoria de los que han quedado atrás sea para nuestra civilización, una bendición.




Seamos Guerreros de la Luz---no de Tablero!

En el año 73 AC, Roma vio los cimientos de su República temblar como pocas veces. Revueltas habían sido vividas. Hazañas habían sido contada...