En las telenovelas de los años 80s, época que me correspondió vivir en Venezuela, me acuerdo de que se empezaron a producir novelas con clarísimos contrastes en el perfil psicológico de los protagonistas.
Atrás quedaban los éxitos como "La Señora de Cárdenas," o "Qué Pasó con Jacqueline," ambas protagonizadas por la extraordinaria Doris Wells, o "La Balandra Isabel llegó Esta Tarde" con un súper elenco encabezado por Marina Baura.
En los 80s y a lo largo de los 90s, incluso hasta la entrada del nuevo siglo, empezamos a ver un estilo de novela donde los personajes buenos eran soberana e insoportablemente "buenistas" y los villanos eran aberradamente psicopáticos.
La calidad de las actrices bajó muchísimo, porque no era sólo cuestión de ver a las reinas de belleza como actrices, sino que ya no se cuidaba la calidad histriónica y era desagradable, aburrido ver a la Miss Trujillo del certamen de Miss Venezuela como la villana de una telenovela, sin tener ni gracia ni talento para ello.
El por qué de esta decadencia sólo puede ser explicado con el nivel de exigencia que tenía el espectador.
Pero también hubo otros factores que fueron erosionando la impecabilidad de la cultura televisiva a la que muchos, aunque muy jóvenes todavía, nos habíamos habituado.
Pongo el ejemplo de Venezuela, pero esta misma mediocridad, incluso más acentuada, la vimos en las producciones de Televisa México.
De a poco las telenovelas, como género, han sido reemplazadas por las series producidas y promovidas por gigantes del entretenimiento como Netflix o Hulu.
Incluso las telenovelas de Brasil que mantuvieron un altísimo índice de calidad por años, empezaron a decaer para entregarse al antipático género de las narco novelas.
Aquí ya agregamos otros elementos que empeoraron el nivel de las películas o de las series en cuestión.
¿Pero cuáles fueron esos elementos?
Agregar a la trama personajes homosexuales, fomentar el feminismo radical, las políticas verdes, todo como una parte de una trama, no fue accidental.
De hecho, se sabe que las compañías como Netflix obtuvieron ganancias por crear este tipo de contenidos, e incluso hubo un boom tanto en Latinoamérica como en Estados Unidos de crear series específicamente para el público de la Generación Z, e incluso la Generación Alfa.
Esta movida no fue para nada improvisada, y detrás de este peligroso universo que conocemos como el "wokismo" ha habido--porque para nuestra desgracia sigue vigente-- un poderosísimo emporio de financiamiento y de promoción.
La obsesión por el poder a cualquier precio pareciera ser el moto de figuras como Bill Gates, George Soros y muchísimos otros genios maquiavélicos que hemos conocido con nombres y apellidos en el último siglo.
Estos titiriteros diabólicos necesitaban mover sus fichas a través de todos los sectores primarios alrededor del globo. Para ello había que crear, idear, construir y mantener a los protagonistas que irían pregonando estas nuevas agendas por donde se les pidiera.
Había que crear marionetas humanas con niveles tanto de ambición como de desvergüenza desmesurada. Estos títeres debían aparcar toda moral y dejarse llevar por aquello que sus "amos" mandaban.
Tratar de simplificar este proceso en un análisis tan breve es absolutamente imposible. Porque, al igual que en la trama de una telenovela ochentera, los malos malísimos también tenían cómplices. Y en la vida real, hablamos de innumerables organizaciones internacionales, e, incluso, grupos terroristas y narcotraficantes.
Pero la procreación del "woke mind virus" (el virus de la mente woke) como lo ha bautizado Elon Musk, se volvió pandémico, y su utilidad para seguir dinamitando los cimientos de las naciones de Occidente se volvió urgente.
Como bien ya dijimos, esto no es de ayer, pero sí que podríamos afirmar que esta profunda y violenta decadencia se acentuó en los últimos, yo diría, diez años.
Hasta entonces los ciudadanos habíamos vivido en una ficticia pero confortable tranquilidad. En época de elecciones se elegía a un presidente del que se esperaba, pues, lo de siempre, estabilidad económica, seguridad y una política exterior saludable.
Nadie podía imaginar, por poner un ejemplo muy específico de Estados Unidos, que en Washington DC, operaba una especie de mafia integrada por políticos de alta alcurnia tanto en el bando demócrata como en el bando republicano.
Esta mafia es la que se conoce como "The Swamp" (El Pantano)
Esta aparente tranquilidad en el terreno político se rompe en mil pedazos con la llegada de un oscuro personaje llamado Barack Hussein Obama. Oscuro, literalmente, pues el exmandatario es de origen africano, pero también con una intención macabra de introducir en los Estados Unidos el llamado "Nuevo Orden Mundial," que, entre otras cosas, comprende toda esta avalancha de wokismo y la imposición de agendas tanto ideológicas como económicas de la que conocemos, primordialmente, la Agenda 2030.
Hay que plantearse que la llegada de este "Nuevo Orden Mundial," y esto es muy importante recalcarlo, está ampliamente, pero amplísimamente financiada.
Lo que quiero decir con esto es que al haber recursos prácticamente ilimitados, se hace sencillo imponer y promover, sobre todo porque el dinero también fue bien distribuido entre los bolsillos y las arcas de innumerables medios de comunicación, empresarios y, por supuesto, los cerebros detrás de las redes sociales.
A las redes sociales volveremos en un instante.
El personaje Obama tuvo sus equivalentes en Europa y también en América Latina. En España llegó José Luis Rodríguez Zapatero, quien bien podría ser una especie de mentor del actual Presidente del Gobierno Pedro Sánchez.
En Argentina tenemos el equipo de Cristina Kirschner y de Alberto Fernández, y en Chile Gabriel Boric.
En Inglaterra tenemos a Keir Starmer y en Francia tuvimos a François Hollande y ahora a Emmanuel Macron.
Todos ellos son marionetas que felizmente se prestaron para inyectar en sus naciones, sobre todo en las élites del poder, el globalismo, las radicales políticas verdes, y, un nuevo elemento que es la fabricación de un discurso anti seguridad fronteriza.
En otras palabras se promueve la llegada y el mantenimiento de cientos de miles de inmigrantes ilegales.
Otro gravísimo injerto que han traído a colación estas políticas tan nefastas es la islamización. Esto merece su propio espacio de opinión.
El ciudadano ha despertado a bocanadas. Podríamos decir que hay un gran número de personas que se han dado cuenta de que estaban siendo absorbidas por un agujero negro que amenazaba con destruir su modo de vida y todo aquello para lo que había trabajado con muchísimo esfuerzo.
Otro aspecto de este "Nuevo Orden Mundial" es su necesidad de implementar medidas sacadas del comunismo de la Unión Soviética y la filosofía que pensábamos ya erradicada, el nacionalsocialismo.
Romper con estas cadenas tan destructivas que habían sido para sus promotores tan efectivos no es tarea fácil.
Pero, gracias a Dios, tampoco ha resultado una misión imposible.
Era cuestión de esperar por un nuevo tipo de clase política.
Francamente, los nuevos protagonistas de las esferas políticas, son, en muchos casos, o completamente ajenos a lo que conocemos como políticos de carrera, o tienen un ascenso bastante marcado, acelerado hasta llegar a la cumbre.
Quizá lo primero que vamos a ver en estos personajes, es que a diferencia, de los sufridos y endebles protagonistas de las telenovelas, estos nuevos políticos aborrecen el buenismo.
Tienen un carácter fortísimo y se valen muchísimo de una presencia en redes sociales muy sólida.
Pero hay algo todavía más sobresaliente, y es que estos nuevos líderes pueden ser los pioneros de una nueva clase de mandato: la dictadura democrática.
A simple vista es un oxímoron, claro está... pero a lo que me refiero es que hablamos de nuevos protagonistas que han sido elegidos por amplia mayoría popular, y, sin embargo, aplican políticas muy severas, con el pleno apoyo de sus electores, y con muy poca oposición.
La imposición del "Nuevo Orden Mundial" llevó a muchísima gente a estudiar los programas electorales de estos nuevos candidatos. La presencia en redes de sus campañas y la viralización de sus discursos han llevado al votante no sólo a ejercer su derecho al voto, sino a hacerse prácticamente devotos de estos personajes.
Porque sí, hay una dosis de populismo en la irrupción de estos nuevos líderes.
Un elemento esencial, claro está, es que son líderes con una profunda convicción en los principios judeo cristianos de nuestra civilización y son moralmente muy conservadores.
Estos tiempos los han hecho bautizarse como "la nueva derecha." Quizá para diferenciarse de esas derechas acobardadas y oportunistas, que como bien ha explicado en sus intervenciones en redes sociales, el politólogo argentino Agustín Laje, siempre o casi siempre se adhieren por conveniencia a las políticas progresistas.
El podio de estos nuevos líderes está compuesto por un puñado de hombres y una mujer (por el momento) que ya se han hecho con el mando de sus respectivos países.
El primero, por supuesto, Donald J. Trump.
La carrera política de Trump comenzó en el 2015, y conjuntamente con Trump su movimiento Make America Great Again (Hagamos a América Grande Otra Vez) abreviado como MAGA.
MAGA ya es prácticamente una palabra más del slang universal para referirse a los votantes de Trump, pero también al giro que dio el Partido Republicano. Igualmente podríamos decir los que somos MAGA, que es una nueva manera de pensar y de entender tanto la cultura como la historia de la república.
Se han resucitado los valores de nuestros Padres Fundadores. Se vuelve a citar a Alexander Hamilton, a John Adams y a George Washington, por supuesto. Y se le ha puesto una tilde muy fresca a las palabras de nuestra Consitución.
Los conservadores como yo de orígen hispano, hemos vuelto la vista a nuestra madre patria, España, y nos hemos integrado en la lucha de los españoles en contra de su tiranía Sanchista que ya lleva seis años.
Volviendo a Trump...
El primer período de Trump, en resumidas cuentas, fue muy efectivo, dado que con él en el poder se pudo tener conocimiento del ya mentado "Pantano," y de la opresora dictadura mediática controlada por las fuerzas de izquierda. Lo vimos en EEUU, y también empezamos a reconocerlo en España, por ejemplo.
Sin embargo, Trump, en ese primer período se notaba aún muy ajeno a la política y fue engañado múltiples veces por miembros de su propio gabinete. Eso sin mencionar que fue enjuiciado falsamente por los Demócratas dos o tres veces y, ya, para colmo, fue víctima de un fraude electoral.
Dios, en su infinita sabiduría, quizá nos haya privado de esa reelección inmediata de Trump en el 2020, para que pudiéramos tener una amplitud de mente y una información muchísimo más completa de la realidad de las políticas de Washington--y del resto del mundo.
El 5 de noviembre del 2024, Trump se convertía en el Presidente número 47, ya no de puritita suerte, sino con un amplio margen de victoria que le dio 312 votos de los colegios electorales en 31 estados y el tan codiciado voto popular con casi 78 millones de votos.
Su llegada a la Casa Blanca era contundente, evidente y aplastante. Pero lo mejor fue que Trump no esperó a su inauguración el 20 de Enero de este año, sino que ya actuaba, daba ruedas de prensa y anunciaba medidas económicas desde los atriles sólo como "presidente electo."
En este primer trimestre de su segundo mandato su actitud ha sido extraordinaria y ha podido darle un vuelco a la política exterior tan nefasta y tan tóxica de Joe Biden (manejado en todo y para todo por los Obama y los Clinton y un puñado de ágiles personajes de las élites Demócratas)
A diario sus nuevas medidas económicas y sus decisiones sobre el conflicto de Rusia y Ucrania, entre muchas otras cosas, se viralizan en redes sociales llegando a millones de usuarios en tiempo récord.
Su aprobación alcanza niveles máximos, muy por encima de lo que logró tener en sus cuatro años anteriores.
Otro personaje es Nayib Bukele, Presidente del Salvador y uno de los líderes más carismáticos de los últimos tiempos tanto dentro como fuera de su país.
Bukele podría haber sido un personaje creado en las redes sociales, de eso que no quepa la menor duda, y hay quien alega que Bukele disfruta de hacer o anunciar medidas políticas a través de su cuenta de X.
Puede que esto sea cierto.
Pero lo que nadie puede negar es la impresionante eficacia con que su gobierno logró convertir a El Salvador en un "safe haven" después de haber sido conocido como una de las naciones más violentas del planeta, dada la terrorífica presencia de las Maras Salvatruchas.
La solución para el salvajismo extremo de las calles salvadoreñas fue la creación a toda pompa de una de las cárceles más emblemáticas que se hayan conocido, la CECOT (Centro de Confinamiento del Terrorismo)
La CECOT es una prisión que ha acaparado las noticias por su funcionamiento tan rígido y tan efectivo, pero también porque el gobierno de Bukele ha querido que el mundo entero vea, a través de las redes sociales, el trato que reciben los delincuentes. Como los trasladan, como los hacen arrodillarse y como se mantienen en celdas herméticas donde duermen sobre una plancha de metal.
Como en las telenovelas, los que hemos seguido las historias de los protagonistas que han sufrido lo indecible en manos de los villanos, nos fascina ver como los antagonistas reciben, por fin, su merecido.
Creo de verdad que estos elementos se toman en cuenta. De hecho el presidente Trump se ha hecho un buen aliado de Bukele, enviando desde los EEUU al CECOT varios asesinos y delincuentes de la red narco chavista conocida como el "Tren de Aragua."
El Salvador no tiene como opción la reelección presidencial. Sin embargo, Bukele fue muy hábil en encontrar la manera de permanecer al mando ganando las elecciones.
Y lo hizo con un 84.65 por ciento del voto popular.
Podríamos decir que Nayib Bukele es un dictador democrático.
Otro caso impresionante es el de Víktor Orbán, Primer Ministro de Hungría que ha sido electo y reelecto desde el año 2010, y continúa siendo un estandarte en las políticas conservadoras de Europa y un enorme aliado de muchos aspirantes al poder como Santiago Abascal, líder de Vox, en España, o Andrés Ventura que bien podría ser electo próximamente como presidente de Portugal junto a su partido CHEGA!
La única mujer en este podio de victoriosos, por el momento, es Giorgia Meloni, Primer Ministro de Italia, que continúa cosechando éxitos sobre todo en todo aquello que tiene que ver con políticas antiinmigración ilegal y el peligroso ascenso del islamismo radical en Europa occidental.
La representación de estas políticas en Suramérica las vemos representadas en Javier Milei, presidente de Argentina que ha llegado a romper récords con su eficaz "motosierra," modo en que se refieren él y los suyos a recortar el gasto público, erradicando velozmente la inflación de Argentina que tenía niveles incomprensibles bajo la tiranía ideológica de Cristina Kirschner, posiblemente una de las mujeres más corruptas del planeta.
Todos, absolutamente todos estos mandatarios no han llegado con políticas blandas ni discursos amables. Todos promueven narrativas nunca antes vistas por presidentes demócratas. De hecho sus enemigos políticos aupados por la prensa subvencionada se refieren a ellos como "dictadores."
Esa falsa narrativa se derrumba de inmediato cuando vemos que detrás de estos poderosos hay un pueblo dispuesto a apoyarlos y a defenderlos.
Dada la frecuente aparición en redes de estos personajes, se da el fenómeno de que son muy bien recibidos por la gente y tienen una relación muy personal con sus conciudadanos. De hecho, se puede decir que estos políticos tienen legiones de fans, como si fueran artistas del espectáculo.
Y tal vez lo sean un poco.
Somos nosotros los que nos hemos tenido que preparar y adaptar a este nuevo tipo de líder. No siempre es fácil. Son, por momentos, excéntricos, exagerados, antipáticos y hasta narcisistas.
Pero el sólo ver la eficiencia de su retórica y la manera de controlar su poder las que nos afirman que independientemente de cómo estos personajes nos lleguen a nuestras pupilas, los resultados prevalecen.
Hablamos de muchos años de una descomposición total de nuestras costumbres y de nuestro modus vivendi. Es perfectamente natural que el antídoto debía ser fuerte. Agresivo. Imponente e incluso debía saber ser insolente.
El tiempo hará su cometido y muchos de estos líderes ya preparan el terreno para las futuras generaciones de gobernantes. Bukele, Meloni o Milei, son aún muy jóvenes y podríamos verlos activos por años.
La palabra "dictadura," sin duda alguna tiene connotaciones muy negativas. Hablamos de regímenes que privan al ciudadano de muchas libertades. Dictaduras verdaderas tenemos muchas, empezando por la tiranía castrista de Cuba o el infame Nicolás Maduro en Venezuela.
Igualmente, creo no quedarnos cortos llamando a Pedro Sánchez, un dictador, que aceleradamente se ha plegado más con el Grupo de Puebla que con su pueblo, que en gran parte ya lo desprecia. Sin embargo, hay una base de votantes de estos indeseables que son fieles a su persona y sus políticas como Penélope a Ulises.
Esto es material para un análisis aparte.
Podríamos utilizar un término como "neo-democracia," si el anterior calificativo ofende o confunde. Pero lo cierto es que en el caso de Estados Unidos, ya Trump augura la llegada de una "era dorada."
Y se siente.
Se siente en el aire y sentimos un profundo alivio cuando, por fin, a Dios gracias, las políticas del wokismo empiezan a desvanecerse y se erigen de nuevo las banderas de la prosperidad y de la moral.
No creo que podamos nunca hablar de despotismo o absolutismo con estos nuevos políticos al frente. Pero sí, definitivamente, de paz y de abundancia absoluta.
A ello es que yo llamo un final feliz...o tal vez, y ojalá así sea para todos, un feliz comienzo!

