Hay una frase muy contundente que debe de servir como introducción al tema que vamos a analizar hoy.
En inglés dice así: "The road to hell is paved with good intentions." La traduciremos como "el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones."
La primera vez que esta frase accede al público fue en Inglaterra en 1828, y, en ese momento, se atribuye a un dicho popular de origen portugués.
Pero la etimología de esta frase no es lo importante. Es lo profundo de su alcance y como, en este teatro del absurdo que vivimos cada día, toma más fuerza que nunca.
Los judíos no tenemos la misma idea dantesca, valga la redundancia, de los católicos o cristianos protestantes. Pero sí podemos hablar con convicción de la luz y de la oscuridad. La luz representada por todo lo que concierne a Hashem. La oscuridad, todo lo que alimenta el miedo y nos aleja del amor a Dios, y, por supuesto, del amor propio y la dignidad.
Sin adentrarnos en teología profunda. Demos un ejemplo bíblico de esta cita mencionada:
José, el hijo mayor de Jacobo y su esposa predilecta, Raquel, fue raptado por sus hermanos mayores. Fue vendido como esclavo y luego, los malhechores, a pesar de ser de su propia sangre, le dicen al padre, que ya sufría lo indecible tras haber perdido a Raquel, que José había muerto.
Un joven y resiliente José se hace, con su fe y su pericia, para aconsejar al Faraón, después que este tuviese un perturbador sueño, y lograra fortalecer a Egipto de una hambruna segura, con una posición de enorme privilegio en la corte real.
Al tiempo, cuando José gozaba de reputación y buena fortuna, se encuentra de frente, en tierras egipcias, con Jacobo y sus hermanos, los que antes lo traicionaron.
José, dispuesto a perdonarlos y a acogerlos en su nueva patria, les recordó, dicho así en Génesis 20:50:
"Vosotros pensasteis mal contra mí, más Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo."
Otro ejemplo que nos adelanta un poco más hasta nuestros días es el siguiente, y ya de esto hemos hecho análisis anteriormente.
Los años 80, e igualmente, la última década del siglo XX, nos hizo toparnos de frente con una terrible realidad. Una enfermedad tan letal, y, si cabe, quizá más tétrica y cruel que el cáncer mismo, el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida, el SIDA (en inglés AIDS)
De pronto, artistas de marca mayor como Rock Hudson o como Freddie Mercury, o la popular cantante israelí Ofra Haza, y hasta Gia, la controversial supermodelo, estaban muriéndose de SIDA, una condición que se desata de un virus, el VIH, que al no tenerse en aquel momento un tratamiento estructurado, se manifestaba con consecuencias atroces, ya que el cuerpo carecía de defensas.
Se sabía muy poco de esta enfermedad, pero atando varios cabos, se hizo evidente que los homosexuales y los drogadictos que se inyectaban heroína y otras sustancias con agujas contaminadas, eran los más propensos al contagio.
Los homosexuales, que ya para entonces, tenían mayor visibilidad socialmente, y ya gozaban de ciertos privilegios, fueron una diana para comentarios hirientes por su condición sexual y se les acusó de ser los "demonios" que habían traído la desgracia del SIDA.
Mi generación, que por aquel entonces, era muy niña, absorbe como esponja toda aquella campaña de, por un lado, el desprestigio al homosexual, y, por otro lado, la "normalización" de la homosexualidad y la visibilización de dicho grupo por parte de los íconos culturales de la época, entre ellos, Elizabeth Taylor, que siendo íntima amiga de Rock Hudson, dedicó las últimas décadas de su vida, entre films, matrimonios, affairs y divorcios, a crear una fundación que ha sido menester para el desarrollo de nuevas medicinas.
Hoy en día, a Dios gracias, el SIDA no es un problema de marca mayor. Y las personas potadoras del virus tienen a su disposición tratamientos muy efectivos. Desafortundamante, es una condición hasta ahora incurable, pero el prospecto de vida es prometedor para los portadores de la enfermedad.
Sin embargo, los más contagiados, aun con métodos paliativos, siguen siendo los homosexuales y los junkies. Todo hay que decirlo.
Poco se podía predecir hace treinta o cuarenta años, que de una simple condición o preferencia sexual, se podía crear un negocio billonario.
Y así mismo lo estamos viendo.
Con la noble intención de proteger a los homosexuales de ser abatidos, rechazados y destrozados por la crítica, se empezó a crear un movimiento que, hoy por hoy, arrastra consigo, la mera integridad y el decoro de nuestra civilización.
El llamado lobby LGTBQ no es más que, y esto es importante, aclararlo, un conglomerado infinitamente poderoso de empresas comerciales y de ambiciosas agendas políticas.
Lo que comenzó con un propósito de convivencia y de tolerancia, que yo puedo entender perfectamente, hoy en día busca, sin miramientos, dinamitar el modus vivendi de los valores judeo cristianos.
Los homosexuales no son los culpables. Sin embargo, ya hay más de una generación que se ha dejado manipular por estas falsas muestras de apoyo, que lo único que buscan es la desestabilización con fines de (infinito) lucro.
De la simple aceptación a que una persona le sea atractiva alguien del mismo sexo, la escalada ha sido gigante. De pronto, ya se cuestiona, a nivel académico y científico, que solo hay, y siempre habrán dos sexos, masculino y femenino.
Todo lo demás es inventado. Es preocupante. Y en cierto grado, denigrante al ser humano.
Pero el poderío de un lobby sin escrúpulos ha callado muchas bocas, y nos hemos dado cuenta, que como civilización nos han llegado al precio.
Hacer una línea de tiempo de lo que nos ha llevado a esta nueva realidad, es difícil. Podemos tomar ejemplos de diferentes hechos, como hemos ilustrado aquí, de situaciones de emergencia, que pueden haber arado el camino a nuestra realidad actual.
También tenemos que dejar a un lado, absurdas conspiraciones, de que hay sectas secretas que manejan los hilos de este mundo. Los que manejan al mundo están omnipresentes en nuestros hogares cuando estamos frente a nuestros ordenadores de Microsoft o Apple. Están en nuestras manos cuando pasamos horas con un teléfono lo suficientemente inteligente para embrutecernos.
Y ya ni hablar si indagamos en la labor de las redes sociales para hipnotizarnos con algoritmos.
Como si esto fuera poco, hay que prepararse para la todavía insípida inteligencia artificial, que podría ser letal si no abrimos los ojos desde ya.
El pasado 18 de Diciembre, aparte de celebrar mi cumpleaños número 51, el tema central del día, y la conversación más activa en X (antes Twitter) fue la nueva declaración del Papa Francisco, desde el vaticano, llamada "Fiducia supplicans" o "La confianza suplicante."
En terminología muy sencilla, este decreto, que dice ser "pastoral" y no "doctrinal" permite que sacerdotes, y en otros casos hasta obispos, den la bendición a parejas en estado "irregular." Llámese irregular a parejas homosexuales, estén o no casadas legalmente.
Las diferentes noticias sobre este asunto están a la orden del día, y de más está decir, que la controversia está servida.
El padre Fray Nelson Medina, popular y querido representante de la Orden de Predicadores, los Dominicos, en Colombia, ha hecho un exhaustivo y certero análisis de esta nueva, llamémosla ordenanza, de la Iglesia, y aclara varios puntos. De hecho empieza su crítica dando a conocer que el Papa Francisco, desde sus comienzos, se mostraba como un apasionado de la misericordia.
Si bien esta, y volvemos a nuestro tema principal, es una intención más que deseada y bien encaminada, lo que vemos es que el llamado Papa de las Américas, es un apasionado de temas políticos y justicia social, disciplinas en las que ningún pontífice debe indagar fuera de los preceptos de lo sacro de la institución que representa.
Sin subterfugios, el periodista de origen hispano, Chris Salcedo, de 60 años, que trabaja para la cadena Newsmax, aparte de tener su propio "talk show" en radio, es quien en mi opinión tiene la visión de este asunto. Como decimos vulgarmente, sabe "por donde van los tiros."
Salcedo dice, muy claramente, en un reportaje de Newsmax, cuando se publica este nuevo documento, que no hay más que intereses políticos.
Sin embargo, el periodista, aclara, que la intención del Papa es "buena." La pura razón ha de ser el atraer nuevos fieles a la iglesia.
Luego de esta aclaratoria, se dispara con un acertado discurso que deja claro que el rol de la iglesia no ha sido ni será nunca crear debates y adentrarse en la batalla cultural. Algo que Francisco parece estar destinado (o asignado) a hacer.
El documento en su totalidad está publicado, y cada quien es libre de hacer sus propias interpretaciones y de llevar este caso a su propia consciencia.
Pero es, precisamente, la palabra “consciencia” la que debemos elevar a los altares, porque es más que obvio que se está queriendo, muy meticulosamente, desviar, o ya, de hecho eliminar de nuestra persona.
Somos una civilización que camina como vaca sin cencerro. El cencerro lo tienen puesto quienes, literalmente, nos arrastran al matadero moral, financiero e ideológico, al que vamos sin chistar, y en muchos casos, alegremente.
Las numerosísimas empresas que conforman el lobby pro-aborto a nivel mundial, farmaceutas, Planned Parenthood, y un largo etcétera, tienen una narrativa impecable, plagada de buenas intenciones para hacer creer que una mujer que se somete a un aborto, es un ejemplo de empoderamiento y "virtud," porque sabe lo que quiere y sabe tomar las riendas de su vida, a la par de un hombre.
Este discurso es comprado diariamente por cientos de miles de mujeres, que están sometidas por diversas causas, en una absoluta desesperación. Pero lo que no se comenta ni se quiere dar a conocer es que, no solo que se está acabando con una vida de un ser más que inocente, sino que, este procedimiento, puede destrozar sicológicamente a una mujer, en varios casos de modo permanente.
Para dar un ejemplo que recién ha salido a la luz, la conocida actriz María Conchita Alonso, se practicó un aborto a los 40 años (actualmente tiene 64 años) y quedó sumida en una profunda depresión por años, al punto que le era dolorosísimo, ver a bebés o niños pequeños.
La "intención" de Alonso, en sus propias palabras, era ser honesta, puesto, que desde sus días como "Ambar," su primer alter ego, cuando empezó a ser reconocida, se convenció que no quería ser madre. Pero admitió que no imaginaba que un aborto fuera a dolerle tan profundamente.
Tenemos que dejar de ser tan serviles a los que quieren definir las "buenas intenciones." De hecho, tenemos que ser completamente escépticos y hasta agnósticos con respecto a quienes nos bombardean con sutilezas que no buscan más que el nuevo "desorden" mundial.
Tenemos que dejar a Dios entrar en nuestras vidas por la puerta grande.
Lo que Dios tiene a bien darnos o quitarnos, sale bien.
Lo que Dios tiene a bien que entendamos, es claro y carece de subterfugios y "cuentos chinos."
Lo que Dios tiene a bien decirnos no tiene letra pequeña.
La historia de José es un vivo ejemplo de todo esto. Es posible que José haya podido cambiar la conciencia de sus hermanos, y seguro que así fue, puesto que cada uno de ellos, los doce hijos de Jacobo, incluyendo el “Benjamín” fueron los doce pilares de las tribus de Israel.
Así que pues, Dios supo también dar una lección infalible a los que en su juventud se dejaron llevar por lo que seguramente era envidia y una absurda inmadurez.
Nuestras instituciones, entre los que se encuentran, los faros políticos y teológicos, han perdido la brújula.
Es imprescindible que sepamos donde estamos dejando las huellas y qué senderos han de atravesar las futuras generaciones.
Para tenerlo claro y sin que haya duda alguna, quiero dejarlos con una cita del Rabino Sholom Dobver Schneersohn, fundador de la congregación de Chabad en 1897, en el pueblo de Lubavitch, perteneciente en aquellos días al imperio ruso.
El Rebbe Rashab como fue conocido nos decía:
"Hay momentos en que debemos ser tan flexibles como juncos al viento. Y hay tiempos en que debemos ser firmes como rocas ante la marea."
Está más que claro que la marea en estos momentos está más alta y más fiera que nunca...
Nos toca romper a cada ola que amenaza hasta la última gota…
Empieza hoy un nuevo año, tenemos 366 días de un trabajo arduo pero profundamente apasionante y necesario. ¡Manos a la obra!

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