Hay una leyenda folklórica que a lo largo de muchos siglos nos ha llegado a través del cine, el teatro y la música. Esa leyenda nos cuenta la historia de un hombre que se dice fue un Cruzado. Otros lo imaginan como un noble al que le fueron arrebatadas sus tierras.
Se llama Robin Hood.
Hasta Disney utilizó ese personaje en uno de sus clásicos.
Hay quienes piensan que la historia de este misterioso caballero puede que date del siglo XIII, otros lo llevan al siglo XIV.
Pero los que vivimos en este siglo XXI, lo conocemos básicamente como un experto arquero y genio ecuestre que roba a los ricos para beneficiar a los pobres.
En nuestro análisis de hoy me gustaría que estudiáramos con detenimiento la leyenda de Robin Hood.
Historiadores tienen razones para pensar que este misterioso personaje podría haber dejado su huella más allá del gore y la leyenda.
¿Pero por qué es importante la analogía de Robin Hood?
Robin Hood, desde la retórica social comunista de nuestros tiempos, es una herramienta extraordinaria para convencer a una masa de población que el socialismo busca beneficiar a las clases trabajadoras, haciendo que los más afluentes de alguna manera paguen por ese pecado llamado “capitalismo.”
Cuando una población es endeble, idiota y buenista, un Robin Hood es un héroe que siempre verá por su bienestar, mientras el empresario y el autónomo son vistos como egoístas y viles señores feudales que no tienen derecho a haber acumulado una fortuna cuantiosa.
Para las élites actuales, Robin Hood es un ejemplo de bondad y de caridad.
Hasta el momento, en nuestro despertar diario y en nuestra propia cruzada para estabilizar el mundo, tenemos más que claro que el oxígeno y el credo de estas élites es, precisamente, el manejo oscuro de un capitalismo maltrecho y maquiavélico—pero capitalismo al fin de cuentas.
También estamos al tanto de esa narrativa fake de los globalistas y la izquierda donde los políticos y personajes mediáticos viven como dioses, pero mantienen a la población con hambruna física, emocional y espiritual.
Cuando nos ponemos a ver el fondo de toda la narrativa de nuestros enemigos encontramos que la figura de un Robin Hood, en teoría, está queriendo ser representada por el tirano que se alza como gobernante y en las plutocracias que por medio de la mentira y la falsa empatía te pueden hacer pensar que “no tendrás nada y serás feliz.”
Un lema que sustenta las propuestas de la Agenda 2030.
Pero me gustaría que pusiéramos la lupa por un instante en la frase que define a Robin Hood en el folklore: "ROBA a los ricos para darle a los pobres.”
Repito, "ROBA a los ricos para darle a los pobres."
La palabra clave es ROBAR.
Si leemos los cuentos de Robin Hood nos daremos cuenta de que hay una fineza en esa manera de robar. Robin Hood, como ya hemos aclarado, es un caballero, posiblemente de origen noble con una pericia inigualable en el manejo de armas y de oratoria.
Podrían haber incluso similitudes con el personaje de Lancelot, un mercenario que se hace con Camelot y con la mujer de Arturo, pero que es más un antihéroe que un villano.
¿Por qué hago este inciso? Porque es muy importante que cuando nos referimos a Robin Hood no imaginemos un carterista o un miembro furtivo de las cortes malandras de Venezuela.
Robin Hood es fino. Robin Hood tiene estrategias. Robin Hood tiene un plan y tiene destreza.
Entonces para recapitular lo que hemos dicho hasta ahora…
Las élites global socialistas utilizan el discurso buenista de que hay que desplomar al rico y castigarlo por la osadía de tener fortuna.
El pueblo ve en esa intención nobleza y no envidia y fraude.
El pueblo vota a Robin Hood para que represente sus intereses.
Las élites practican un capitalismo sin fisura alguna y mantienen una idiocracia en todos los ámbitos de cualquiera sea la sociedad en que se hagan estas prácticas.
Hoy por hoy, Occidente casi entero se deja regir por estas propuestas.
¿Pero qué pasaría si yo les dijera que estas plutocracias se han mantenido en la cima, y han evadido su destrucción porque utilizan el hurto para enriquecerse a sí mismos?
Siempre hemos hecho alusión—y esta debe continuar—a los inmensos arsenales de riquezas que se han llegado a acumular tanto en organizaciones supuestamente sin fines de lucro (desde la Cruz Roja hasta cualquier chiringuito pro LGTB) como en manos privadas.
La destrucción del Chavismo en Venezuela, por poner un ejemplo, ha dejado al descubierto, que la plutocracia de Miraflores se extendía por todo un continente y tenía nexos en Medio Oriente.
Sabemos que el Castro Chavismo durante más de un cuarto de siglo robó a manos llenas, algo que prometió Hugo Chávez que con él se acabaría, porque lo de él iba a ser un gobierno del pueblo.
El gobierno de Chávez fue un titánico esquema satánico (literal y figurativamente) donde el robar fue sinónimo de gobernar, y gobernaban auténticos delincuentes de cuello blanco, tanto venezolanos como sus socios narco chavistas tanto en España, Colombia, Brasil, Nicaragua, como en el Cono Sur, con un peronismo nefasto que se había propuesto no morir jamás.
El gobierno de los que roban es el tema que hoy nos atañe.
A esto lo llamamos “cleptocracia.”
La cleptocracia, del griego kleptes (ladrón) y kratos (poder), es una forma de gobierno corrupto donde los líderes utilizan el poder político para saquear la riqueza pública y los recursos del Estado en beneficio propio.
¿Conocen ustedes los Diez Mandamientos de Dios?
Pues el séptimo en la lista es “No Robarás.”
Si sabemos que robando actuamos en contra de los preceptos de Dios, toda la leyenda de un Robin Hood se cae en pedazos. No hay perdón para Robin Hood si su heroísmo lo consigue pecando.
Seguimos…
Atentos a esta frase: “el pobre es pobre porque quiere.”
Sí.
Y a esto volveremos en unos instantes.
El afortunado declive y debilitamiento de las élites globalistas, han podido permitirnos hacer un arduo trabajo de arqueología ideológica que nos ha llevado a descubrir que la terrible corrupción de Occidente está basada, entre otros muchos métodos, en el robo. El asalto.
La cleptocracia sería explicada, usando la analogía de Robin Hood, como el robo a las instituciones que estarían sirviendo para instaurar y manejar cualquier gobierno, para dárselo a los ricos.
Pero hay más…
Atención con esto…
Un empresario puede no estar an tanto de ser parte de us esquema de cleptocracia. Un empresario que se precie de serio cumplirá con sus obligaciones fiscales. El problema de fondo está en que esas "obligaciones fiscales," podrían estar impuestas por una cúpula de poder corrupta.
Estas plutocracias podrían estarse lucrando a través del robo de un dinero que podría estar ligado a fondos públicos, o dinero de instituciones gubernamentales.
Mantener una cleptocracia es muy complicado.
No todos los empresarios son corruptos, al igual que no todos los políticos son corruptos. Al menos no en primera instancia.
Pero el sistema de gobierno que dice ser democrático, es decir, del pueblo, es una fantasía de Walt Disney.
Los gobiernos, hasta el momento, lo controlan élites invisibles y lo controlan organismos internacionales que se alimentan de dinero de contribuciones muy cuantiosas, y que en apariencia tienen una función benéfica y filantrópica.
Pero eso es sólo eso, una fachada…
Lo que funciona detrás de esa fachada, el hombre detrás de la cortina para utilizar la analogía del Mago de Oz, es una fuente de entramados de corrupción y crimen organizado que no tenemos, por el momento, capacidad de desmembrar completamente.
Pero saber que existen es un extraordinario y más que urgente comienzo.
Sin embargo, robar al Estado no es lo mismo que asaltar a un banco de esquina.
Robar a una organización internacional o una Cruz Roja no es lo mismo que vaciar la caja a un supermercado a punta de pistola.
Al igual que la prosa de las leyendas de Robin Hood es fina y cuidadosa, el entramado que existe en una cleptocracia es también muy muy fino y depende de muchísimos cómplices, incluso cómplices que no tienen conciencia de serlo.
El Kirchnerismo en Argentina y el Chavismo venezolano tienen un sin fin de ejemplos de cleptocracias que sólo vinieron a ver la luz con la llegada de estos nuevos “vengadores” de la nueva derecha que sí tienen intención de restaurar la democracia.
Pero ninguna de estas naciones que han podido empezar a ver la luz al final del túnel, tiene el impacto global—casi podría decirse universal—que tienen los Estados Unidos.
En este segundo período de Donald Trump, afortunadamente, el mandatario se ha propuesto, por fin, drenar el “pantano” de Washington, que posiblemente, esconde en sus aguas una de las cleptocracias más sofisticadas de toda la historia.
Minnesota, un estado del que quizá no siempre hemos oído hablar como protagonista o antagonista de nada extraordinario; un estado más bien gris y empobrecido, se ha puesto en el mapa como el centro de operaciones de un robo de magnitudes impresionantes.
Robo a las instituciones del Estado. Por estado entendamos el gobierno federal.
Minnesota se ha llenado en los últimos tiempos de inmigrantes de origen musulmán. Muchos de ellos ilegales.
Específicamente de residentes de Somalia.
El gobernador de Minnesota, Tim Walz, es una figurita de torta, mediocre y manipulable que, como buen fanático Demócrata, apoya todo lo peor de todas las diferentes ramas del wokismo existentes.
Walz saltó a la palestra por ser el candidato a la Vicepresidencia de Kamala Harris, otro títere.
Walz no sólo apoya la inmigración ilegal, sino que ha convertido su estado en un campo de refugiados somalíes de dudosa procedencia.
Otro personaje francamente aberrante en el pantano del gobierno de Minnesota es la diputada Ilhan Omar. A lo largo de los últimos diez años, este personaje se ha encargado de ser la voz cantante del terrorismo yihadista; es anti Israel hasta los huesos y se sabe que se casó con su propio hermano para obtener la residencia de Estados Unidos.
Sabremos más temprano que tarde que la llegada de Omar, así como la de Zohran Mamdani, tienen detrás dinero negro y dinero lleno de sangre.
Tanto Omar como Mamdani han llegado a infiltrarse en la política Estadounidense de la mano de la organización terrorista de los “Hermanos Musulmanes", financiada por dinero de Catar y de Irán primordialmente.
Aparte de la ideologización y la destrucción moral de nuestra civilización judeo cristiana, la presencia musulmana en Occidente ha probado ser un cajero automático para las cleptocracias de Oriente Medio.
Por qué es imprescindible saber quién es quién en el gobierno de Minnesota, porque en Minnesota se creó un esquema casi perfecto que está impactando no sólo al estado per se, sino a la nación completa.
De una manera muy sencilla esto es lo que pasó en Minnesota con la complicidad tanto de Walz, de Omar y de muchísimos otros funcionarios.
Estados Unidos contribuye anualmente con millones de dólares para ayudas a los ciudadanos de bajos recursos. Entre estos servicios tenemos el cuidado de menores de edad y bebés en guarderías.
A lo largo de muchos años, Minnesota tomaba este dinero público y en vez de darlo y administrarlo como debía, se lo robaba.
Hasta el momento se hablan de más de $9 BILLONES en fondos públicos y se estima que el fraude podría haber comenzado en el año 2018.
En medio de toda esta trama estaban residentes tanto legales como ilegales de Somalia que para beneficiarse de comisiones provenientes de estos pagos federales, abrían guarderías y centros de cuidado infantil fantasmas.
Tim Walz habría permitido que estas operaciones se llevaran a cabo en la más absoluta clandestinidad y la Diputada Omar, igualmente.
De hecho, Omar llegó a Estados Unidos con una cuenta bancaria que no pasaba de los $50,000. Hoy en día tiene una fortuna de más de $30 millones.
Para que tengamos una idea, esta señora sólo recibe un salario de $174,000 al año. Con eso lo digo todo.
Las investigaciones de la corrupción en Minnesota no han terminado, y no sólo no han terminado, sino que ya se sabe que estados como California, también a manos de los Demócratas han estado haciendo exactamente lo mismo durante años, y en California las cifras son bastante más escandalosas.
El gobierno de Trump, como es debido, ha suspendido todas las transacciones de las arcas públicas hacia Minnesota. Los ciudadanos somalíes ilegales están siendo arrestados y hay una investigación en el Congreso para la señora Omar que podría acabar con su deportación.
Pero lo más triste es descubrir que hemos mantenido y protegido una cleptocracia con nuestro propio dinero, es estudiar cómo pueden primero instaurarse y luego mantenerse por años sin ser destruidas por completo.
Para llevar a cabo un fraude de esta magnitud se deben tener en lugares estratégicos cerebros tanto brillantes como diabólicos.
El pueblo debe estar no sólo ignorante, a la par que adormecido y profundamente ideologizado, y por esto es que, volviendo al principio de este análisis, la figura de Robin Hood es un ente propagandístico excelente.
La mediocrización de toda una sociedad es menester para mantener una cleptocracia y muchísima gente está conforme y contenta con vivir en la miseria tanto económica como moral.
Las ansias de superación de millones de personas es limitada o completamente nula.
De ahí que debamos traer a colación esa frase tan trillada pero tan cierta como es “el pobre es pobre porque quiere.”
Una democracia perfecta es una especie en extinción. Quizá ya está extinta.
Pasamos, en el caso de Europa, de monarquías absolutistas a sistemas bipartidistas que son, y lo vamos descubriendo, cómplices o protagonistas de cleptocracias.
La Unión Europea que recoge millones en contribuciones e impuestos de los países miembros, vamos viendo como se ha enriquecido a través de comisiones y de crear agendas tóxicas que destruyen toda posibilidad que un ciudadano de a pie pueda vivir del fruto de su esfuerzo.
La fundación del ex-presidente Bill Clinton podría ser, alegadamente, una cleptocracia que se ha alimentado de la buena fe de muchos ciudadanos.
El actor Paul Walker, fallecido en extrañas circunstancias en el 2013 en un accidente de carro, era también un activista de causas humanitarias que viajó a Haití como embajador de la Fundación Clinton y lo que pudo haber descubierto y que quiso que se supiera, lo llevó a un posible homicidio del que sólo ahora empezamos a esclarecer los detalles.
Desmantelar una red de crimen organizado es quizá de lo más arriesgado que existe, porque a pesar de la infinita frustración que nos causa el no ver a los culpables entre rejas, la mala gestión en un operativo de esta magnitud podría desestabilizar la economía global.
El proceso debe ser cauteloso y lento, pero como ya hemos dicho, el saber de la existencia de estas minas de oro subterráneas de nuestros gobiernos, es ya un paso imprescindible.
Mientras las autoridades hacen su trabajo (una operación que podría tardar décadas) nosotros como ciudadanos tenemos opciones.
Quizá la opción más importante nos debe hablar desde nuestra propia alma y es dejarnos consumir por una pasión sin precedentes de estar informados y de desterrar el buenismo y todo lo que entendemos por políticamente correcto.
El político, cómplice o partícipe de una plutocracia cleptómana, va a querer seguir alimentando leyendas de héroes sin capas y quiere que el ciudadano se acostumbre a una vida de tercera calidad.
Está en nuestro poder el denunciar a esta masa de gente y el de instaurar un nuevo orden de pensamiento que nos pueda llevar a la reconquista de esta civilización tan vilipendiada y abusada.
Seamos optimistas pero no conformes.
Seamos bondadosos pero no buenistas.
Seamos humildes pero no pobres.
Seamos sencillos pero no mediocres.
En esta alborada de la celebración de los 250 de la República de Estados Unidos de América, recordemos las palabras de Thomas Jefferson grabadas a fuego en la Declaración de la Independencia:
“Consideramos que estas verdades son sagradas e innegables: que todos los hombres son creados iguales e independientes, que de esa igualdad en la creación derivan derechos inherentes e inalienables, entre los cuales se encuentran la preservación de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.”
Que no puedan robarnos nunca lo que nos ha sido dado por Dios. Ejercer nuestro derecho divino es nuestra manera de dar gloria a Dios.
¡Hagamos a la humanidad grande otra vez!

